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Políticamente... conservador

Derecha política, hoy

La legislatura que vio nacer a la derecha social

La legislatura que vio nacer a la derecha social La legislatura Zapatero ha sido aciaga: ruptura de los consensos básicos, debilitación del tejido nacional, fortalecimiento del terrorismo etarra, radicalización social, sectarismo político… Pero al mismo tiempo, y en buena parte a causa de esa calamidad, esta legislatura ha visto también algo insólito: la movilización de la derecha social española, que ha roto su amodorrado silencio de los últimos tres decenios y ha salido a la calle para protestar contra las cesiones ante ETA, contra el desastre educativo o en defensa de la familia. Y no es sólo cuestión de voces en la vía pública: en la misma estela han surgido centenares de iniciativas, desde el mundo editorial hasta Internet pasando por el movimiento asociativo, que han transformado desde abajo el paisaje político español. En otros lugares, como Italia, lo vivieron antes.

Esta legislatura espeluznante ha sido el desencadenante definitivo de un movimiento social imparable llamado derecha social por algunos, rebelión cívica por otros o incorrección política por todos. Lo cierto es que hace años se venía gestando un descontento contra el sistema que en esta legislatura se ha hecho evidente.

Motivos:

1. Esta legislatura ha evidenciado la incoherencia del sistema. El pueblo es uno y el sistema los divide en izquierda y derecha, así como en naciones imaginarias.

 

Esta legislatura empezó muy mal y termina peor. La desunión del pueblo español es un hecho que se palpó en la pasada manifestación de Madrid y que ha sido una constante en los cuatro años de la era ZP. Los culpables de esta desunión son, evidentemente, toda la clase política nacional, cuyos intereses de partido prevalecen siempre sobre el interés común. Ese macabro atentado el 11 de marzo pulula como una losa ante el pueblo español, que hoy aparece desangelado, desunido, escéptico y cansado por la incompetencia de los políticos.

 

Esta legislatura empezó con un horrible atentado donde el PP, representado por Aznar, no actuó como debía, pues independientemente del protagonismo del atentado, el presidente debió reunir a la oposición desde el principio, encerrarse a cal y canto y decidir unidos la suspensión de las elecciones por el bien de España. De manera posterior, es el PSOE el que acosa y derriba "democráticamente" al PP del Gobierno y, no reconociendo las circunstancias irregulares en las que se produce su victoria, tampoco actúa como debiera e ignora a la oposición durante toda la legislatura.

 

2. La política no como servicio al pueblo sino como instrumento para perpetuarse en el poder.

 

En estos cuatro años de gobierno ZP, ha sido visible ante los españoles una realidad que en otros tiempos era más disimulada y es la extrema arbitrariedad en el uso de los atributos políticos para hacer de su capa un sayo y perpetuarse en el poder. El manejo indecente del uso de la justicia en beneficio propio, el uso del poder político para el beneficio del poder económico (Botín, Entrecanales...), los pactos impresentables con el nacionalismo separatista y la extrema izquierda que han obligado a replantearse el modelo de Estado, la negociación y concesiones políticas a ETA y su entorno…

 

3. Total desprecio hacia el pueblo en declaraciones y actos.

 

Las declaraciones políticas sobre el conejo o las propinas, los menosprecios hacia la familia tradicional o las amas de casa, los desprecios hacia las victimas del terrorismo, hacia aquellos que consideran a España una nación, hacia aquellos que profesan una creencia religiosa, hacia aquellos que sufren la delincuencia inmigrante… Ante estas agresiones del poder, el pueblo reacciona independientemente de su tradición política: un albañil de Lavapiés, votante tradicional del PSOE, estará harto de la delincuencia, de la inmigración, de que a una pareja homosexual la llamen matrimonio, de la ETA... La política convencional frena sus instintos de hastío, pero está cansado de aguantar lo que se le viene encima.

 

4. Anulación, acoso y derribo de las iniciativas independientes. Todo debe estar dentro de los parámetros establecidos.

 

Los sindicatos, la patronal, los medios de comunicación, las asociaciones ciudadanas, todos deben amoldarse a los valores del sistema; cualquiera que disienta es marginado social y económicamente. El aparato del sistema ha llegado a un momento de asentamiento irrespirable, el chalaneo de la derecha económica y el aparato político es incuestionable. Lo foros de libertad son atacados de manera brutal. Los valores de la modernidad son irrenunciables para la plutocracia de cualquier signo.

 

Conclusión:

 

Gran parte del pueblo ha percibido que este es el país donde los millonarios chanchullean con los políticos sin ningún pudor, donde el falso progresismo es el pensamiento unitario, donde en el mundo virtual y especulador bursátil se han obtenido los mayores beneficios de la historia, donde la inmigración nutre las empresas de especuladores sin escrúpulos que se pasan por el forro los derechos de los trabajadores; el país donde la Justicia es la herramienta de los que mandan para sus tácticas políticas, donde España carece de destino internacional, donde la patria común se cuestiona o relativiza hasta por el presidente del gobierno, donde los disidentes radiofónicos sufren el boicot sistemático, donde la familia natural es atacada.

 

Este no es el país que quiere el pueblo, pero sí el que demanda e impone la izquierda progresista y gran parte de la derecha económica. Los valores que nos tratan de imponer chocan frontalmente con el sentido común del pueblo español, que ha reaccionado saliendo a la calle y apoyando las iniciativas independientes que surgen en España.

 

El ámbito católico o las victimas del terrorismo son las áreas que más contundentemente han salido a la calle. Su independencia es absoluta, pues su protesta se asienta en valores que van mas allá de lo material, y el pueblo se identifica con ellos. Por eso el poder arremete contra la Asociación de Víctimas del Terrorismo, contra el Foro de la Familia, contra la Iglesia y la COPE, contra los historiadores independientes, contra todo aquello que se sustenta en convicciones o en valores frente a los que no pueden medrar con su dinero.

 

Esa es la base desde la que construir una derecha social amplia, similar a la italiana, que permita expresarse a los disidentes, alejada de iniciativas marginales y estériles.

 

Termino robando una conclusión de Aurelio Padovani en su articulo Ex Roma Lux. Una derecha social, una opción política:

 

“Sin duda hay personas convencidas de las virtudes de esta línea de acción social y política, pero falta una vanguardia de tales características. Puede ser una cuestión de estilo, de azar, de voluntad o de comodidad individual. Puede también deberse a una conjunción negativa entre la tradición institucionalista, providencialista, mesiánica y pasiva de la derecha española, los vicios públicos y privados de la ultraderecha local y los evidentes atractivos de la vida contemporánea –incompatibles con una acción de vanguardia militante, salvo que ese Movimiento ya disponga, como en Italia, de una pequeña vida social autónoma. Pero lo cierto es que, salvo que se recuperen proyectos ahora mismo congelados, en España se puede dar la paradoja de disponer de todos los elementos objetivos necesarios para la consolidación de una derecha social y fallar precisamente el elemento subjetivo. Cuestión tal vez de pocas personas, que tal vez sí existan y sí estén preparando el trabajo remoto: ese horizonte comunitario, espiritual, ético y metapolítico, que explica el éxito y el porvenir de A.N., sería el primer punto en el orden del día de una A.N. española. Sin él, cualquier imitación no pasará de ser un intento de construir la casa por el tejado. Casi tan lamentable –“casi”, porque es preferible un militante que yerre que uno que se retire sin más a la vida privada- como la recurrente, estéril y esterilizante imitación de Le Pen, racionalmente menos atractiva e intelectualmente menos sugestiva, además”.

 

Alonso Calatrava

ElManifiesto.com, 27 de diciembre de 2007

Dejadnos en paz: El origen de una nueva coalición de centro derecha en España

Dejadnos en paz: El origen de una nueva coalición de centro derecha en España "Todo empezó en una habitación no más grande que esta". Hoy, la coalición "Leave us alone", (déjanos en paz) reúne a 120 personas del centro derecha de los orígenes más heterogéneos, desde think tanks a periodistas, pasando por asociaciones sociales y políticos. La fórmula es sencilla: "di qué haces y compártelo con los demás". Y ahora se podría importar a España. Grover Norquist, coordinador de Leave us alone, ha compartido su experiencia en el domicilio de Ignacio Arsuaga, presidente de Hazte Oír, con una veintena de representantes de organizaciones como la Fundación Burke, Profesionales por la Ética, Asociación Española Cuba en Transición o ChequeEscolar.org, entre otras. La coalición española ya está en marcha.

LD (José Carlos Rodríguez) Grover Norquist no tiene el aspecto que estamos acostumbrados a ver en los políticos estadounidenses, quizá porque no sea uno de ellos. Es más bien un estratega del activismo político, con un estilo sencillo y franco. Leave us alone se gestó en los primeros años de la Administración Clinton. Entonces, con la Casa Blanca, Congreso y Senado en manos de los Demócratas, "comenzaron a hacer cosas que asustaron a la gente". Incrementaron los impuestos, aumentaron el gasto "en cosas estúpidas", "amenazaron a los home schoolers" (quienes educan a sus hijos en casa), propusieron que el Gobierno tomara el control sobre el sistema sanitario…

Leave us alone

Todas esas políticas movilizaron a las asociaciones de centro derecha en Estados Unidos. Algo había que hacer para resistir la avalancha de prohibiciones, regulaciones, aumento de impuestos y gasto y socialización que se venía encima con un partido Demócrata en el Gobierno y sin oposición en las cámaras. Lo primero que había que hacer es reunirse, y eso hicieron quince personas, invitadas por Grover Norquist, en un pequeño despacho de la capital. "Así que en la habitación teníamos 15 personas en los comienzos; cuarenta en 1994, sesenta en 1996, ochenta en 2000, y hoy hay 120 personas en la habitación, alrededor de una gran mesa", nos explica Norquist.

 

En esta coalición "no hay miembros. No hay un comité. No hay un presidente. Cuando invito a la gente a venir, es mi responsabilidad. Es una coalición del movimiento de gente que quiere hacer algo". Y el resultado es una auténtica transformación de la política estadounidense, una demostración más de su vitalidad y de que, a pesar de todos los condicionantes, la sociedad civil tiene allí un peso específico y una influencia que, en ocasiones, es determinante.

 

La mecánica de las reuniones de todos los miércoles es sencilla: cada asociación o grupo expone muy brevemente qué ha hecho para hacer avanzar sus ideas y qué planes concretos tiene para el inmediato futuro. Todo el mundo aprende de los demás o se beneficia de las estrategias de los demás, comparte recursos e ideas o simplemente se conoce para futuros contactos. Acuden "gente de la Casa Blanca, del Congreso y del Senado, periodistas y columnistas de la prensa conservadora, think tanks, grupos pro libertad de armas, grupos pro vida, grupos pro familia, grupos gays, hispanos… todos juntos".

 

Una coalición heterogénea...

 

¿Cómo es posible, "si a diez personas les cuesta elegir un restaurante al que ir", que decenas de asociaciones y grupos con intereses distintos y puntualmente incluso contrapuestos puedan sentarse en la misma mesa a ayudarse unos a otros? ¿Qué es lo que les mantiene unidos? La oposición a las políticas de izquierda. Esa es la respuesta más inmediata y el propio Norquist lo comparte en la reunión: "Si preguntas a cien personas ¿por qué no votas a la izquierda?, lo más seguro es que obtengas 50 ó 60 respuestas distintas. Está bien. No es necesario que todo el mundo esté de acuerdo en porqué votan al mismo candidato. Lo que es necesario es que todo el mundo vote en contra del otro candidato, y por tanto a favor de la alternativa".

 

Pero hay una razón más de fondo y que será la que ponga a prueba la incipiente coalición española, que por el momento está sólo en la idea, y que puede resultar muy exitosa pero también puede perecer en sus primeros pasos. Norquist compartió con los asistentes la verdadera clave de la coalición estadounidense, que no en vano se llama Leave us alone, déjanos en paz: "Lo que mantiene unido al movimiento de centro derecha en los Estados Unidos es que, si tú preguntas a la gente: ¿Por qué estás en política? Entonces, los cuatro millones de afiliados a la NRA te dirán: quiero que dejen en paz mis armas. No quieren que el Gobierno les dé armas gratis. Sólo quieren que les dejen en paz. El movimiento a favor del home schooling, alrededor de un millón de americanos que educan a sus hijos en casa; ellos quieren que les dejen en paz. Quieren educar a sus hijos en paz, no que les subsidie el Gobierno".

 

...unida por un mismo adversario

 

Es decir, que cada asociación defiende las libertades por las que siente más aprecio, pero tiene que ser tolerante con las que los demás defienden también para sí. El acuerdo es fácil, porque todos comparten un mismo adversario, y porque cada grupo social organizado considera su propia área de interés como la decisiva a la hora de ejercer el voto: "No hay una lista que tengas que firmar para entrar en la habitación. No tienes porqué estar de acuerdo con todos. A lo mejor tú estás a favor de controlar las armas, pero no es el asunto que decide tu voto, sino a lo mejor por la libertad de enseñanza, porque tu asunto es el home schooling o la libertad de elección de centro".

 

Y por compartir las libertades

 

Esta misma razón es la que hace improbable una coalición similar pero de signo opuesto en España, como tampoco la hay en los Estados Unidos. No es que desde el otro lado no se esté trabajando con eficiacia para llevar sus planes de transformación, pero básicamente es una "takings coalition", como la llama Grover Norquist; una coalición de pedigueños que está orientada a sacar beneficios de la enorme capacidad del Estado para redistribuir. Y en el reparto siempre hay conflicto, mientras que en una coalición de centro derecha basta con el acuerdo de que desde el Gobierno se respeten los derechos de personas, empresas y familias de seguir sus propios criterios.

 

Una reacción esperada

 

Hace casi cuatro años, cuando Zapatero comenzaba a dejar ver su proyecto de transformación radical de la sociedad española, de las reglas del juego democrático (con un nuevo actor, antes proscrito, que es la ETA) e incluso de la historia misma de nuestra democracia, que ya no enlaza con la Transición sino con la II República, José Ignacio del Castillo mantenía una conversación con un grupo de amigos que, meses después, crearía el Instituto Juan de Mariana. En ella, Del Castillo preveía que la política de ZP iba a reavivar a la sociedad civil, que se iban a poner en marcha nuevas asociaciones y grupos, y que sería interesante que se pusieran en contacto entre sí para compartir conocimiento, experiencias y estrategias. Él vio entonces lo que efectivamente se ha producido y la reunión de varias personas con Grover Norquist en casa de Ignacio Arsuaga puede marcar el inicio de un cambio de alcance en la política española.

 

Un movimiento en marcha

 

Ahora llega el momento para que los participantes en esa reunión y otros que no estuvieron (UDE o GEES entre otros) sepan seguir el ejemplo de Grover Norquist. Entre la veintena de asistentes (otros 20 aproximadamente no pudieron acudir pese a estar invitados), se encontraba Jaime Ucelay, de Profesionales por la Ética, una asociación muy característica de la reacción social a la política de Rodríguez Zapatero. La asignatura Educación para la Ciudadanía ha despertado una oposición social que se le está volviendo en contra al Gobierno.

 

También estaban Rafael Rubio, de la Asociación Española Cuba en Transición, Lola Velarde, del Instituto de Política Familiar, Juan de Dios Dávila, de la Fundación Unidad + Diversidad, Carlos Cremades, de la Unión Familiar Española, Pepe Castro, de la plataforma ChequeEscolar.org, Bruno Soria, de Hazte Oír o Luis del Pino, de Peones Negros, entre otros.

 

También había representantes de think tank españoles, como Pablo Nuevo, de la Fundación Burke o José Carlos Rodríguez, del Instituto Juan de Mariana. O periodistas, como este último o Víctor Gago, de Libertad Digital, Miguel Gil, de Época o José María Marco.

 

Libertad Digital, 26 de diciembre de 2007

La derecha volátil

La derecha volátil Publica Emilio Campmany en Libertad Digital un interesante artículo sobre las cuestiones de estrategia electoral a las que el PP debe hacer frente de cara a las próximas elecciones de marzo.

El artículo comienza planteando algo en lo que creo que todos estamos de acuerdo: que es mucho lo que está en juego en estos momentos, por lo que una victoria clara del PP resulta imprescindible en esas elecciones.

Razona después Emilio que el PSOE, de cara a la cita electoral, afronta un desafío hasta cierto punto contradictorio: atraerse a los electores moderados y movilizar al segmento de votantes situado más a su izquierda, que tradicionalmente se debaten entre votar PSOE, votar IU o abstenerse. A ese doble desafío del PSOE le corresponde, según el articulista, otro doble desafío del PP: atraerse a los electores moderados y evitar que se movilice ese segmento de votantes más ideologizado del PSOE.

 

En consecuencia, Emilio Campmany concluye que el PP debe actuar con inteligencia y recomienda tres líneas de actuación básicas:

 

1.             aplazar hasta después de las elecciones las cuestiones más "delicadas", entre las que cita expresamente el 11-M o las cuestiones de lucha antiterrorista.

 

2.             incluir en las listas electorales a todo aquel que pueda sumar votos, y cita expresamente a Gallardón y Zaplana

 

3.             realizar una campaña de perfil bajo, similar a la que dio al PP la mayoría absoluta en 2000.

Puesto que Emilio plantea el debate, me permito recoger el guante y trataré de contestar a su artículo, analizando si es ésa la estrategia ganadora que el PP podría adoptar.

 

El artículo parte de algo en lo que todos estamos de acuerdo: es imprescindible que el PP obtenga una mayoría suficiente en las elecciones de marzo y, de cara a obtener esa mayoría, hay que adoptar la mejor de las estrategias posibles. Sin embargo, creo que Emilio se equivoca a la hora de determinar cuál es esa estrategia óptima. Y se equivoca porque cae en los mismos dos errores en que incurría otro reciente análisis electoral publicado en El País por César Molinas y titulado "El poder decisorio de la izquierda volátil", en el que se terminaba también recomendando al PP una estrategia de perfil bajo.

 

EL CASO DE MADRID

Para centrar el debate, lo mejor es prescindir de las opiniones y acudir a los datos. Veamos cuáles han sido los resultados de las últimas elecciones autonómicas y municipales en el municipio de Madrid (obsérvese, a la hora de comparar los resultados, que los censos electorales para los comicios autonómicos y municipales son distintos, debido al voto de ciudadanos comunitarios):

 

AUTONOMICAS (MUNICIPIO DE MADRID)

              Electores 2007: 2.258.496

              Votos PP 2007: 865.134

              % Censo 2007: 38,3%

              Electores 2003: 2.348.226

              Votos PP 2003: 831.337

              % Censo 2003: 35,4%

 

MUNICIPALES (MUNICIPIO DE MADRID)

              Electores 2007: 2.404.697

              Votos PP 2007: 877.544

              % Censo 2007: 36,5%

              Electores 2003: 2.484.328

              Votos PP 2003: 874.264

              % Censo 2003: 35,2%

 

Como puede verse, en el año 2003, Esperanza Aguirre y Ruiz Gallardón obtuvieron un porcentaje de voto sobre censo prácticamente idéntico. Sin embargo, cuatro años después, Esperanza Aguirre conseguía casi 34.000 votos más, mientras que Ruiz Gallardón sólo lograba atraer a 3.300 votantes adicionales. Como consecuencia, Aguirre pasaba del 35,4% al 38,3% de voto sobre censo en el municipio de Madrid, mientras que Ruiz Gallardón subía sólo del 35,2% al 36,5%.

Si aplicáramos la lógica contenida en el artículo de Emilio Campmany o el de César Molinas, sería imposible explicar estos resultados, porque, si alguien representa dentro del PP la supuesta "moderación" y el supuesto "centrismo", ése es Ruiz Gallardón, mientras que Esperanza Aguirre es sistemáticamente calificada (o descalificada) por el acorazado mediático pro-gubernamental como la representante del ala más "dura" del PP. En consecuencia, debería haber ocurrido todo lo contrario: el análisis de Campmany o de Molinas "exigía" que Gallardón hubiera subido más que Esperanza Aguirre.

¿Qué es lo que sucede? Pues que el análisis de Molinas y de Campany es incorrecto. Y es incorrecto desde dos puntos de vista distintos, ya que da carta de naturaleza a dos mitos que no están corroborados por la realidad.

 

PRIMER MITO: "El discurso moderado atrae nuevos electores por el centro"

En realidad, es posible que los discursos moderados atraigan a nuevos electores centristas, pero a costa de perder electores por el otro lado del espectro. Campmany y Molinas reconocen que eso es así en el caso del PSOE, pero curiosamente no aplican el mismo razonamiento al PP. Lo importante no es cuántos electores nuevos se atraiga uno, sino el balance final: si para ganar 1.000 votos centristas se pierden 5.000 votos de electores más ideologizados, la jugada no puede ser más catastrófica.

En el caso de la izquierda, Campmany y Molinas apuntan, correctamente, a que existe una bolsa flotante de electores (la "izquierda volátil") que en cada elección dudan entre votar PSOE, votar IU o abstenerse. Pero es que también existe una bolsa flotante de votos similar en la derecha (lo que podríamos denominar la "derecha volátil"), que en cada elección optan por depositar su confianza en el PP, o quedarse en la abstención por considerar al PP demasiado "blandito".

Y, mientras que Esperanza Aguirre supo, con un discurso firme en el fondo y suave en las formas, movilizar a esos potenciales abstencionistas del PP, la figura y el discurso supuestamente "moderados" de Gallardón suscitan en una parte de los votantes del PP un rechazo que le hace perder votos por la derecha sin llegar a atraer a ningún porcentaje significativo de electores por la izquierda.

En consecuencia, no es verdad que la estrategia óptima pase necesariamente por moderar el discurso, porque un discurso excesivamente descafeinado puede desmovilizar al segmento más combativo del electorado propio.

 

SEGUNDO MITO: "Un discurso firme moviliza al electorado del bando contrario"

De nuevo, basta con recurrir a los resultados en el municipio de Madrid para ver que eso no es necesariamente así. Entre 2003 y 2007, los votos de izquierda (PSOE+IU) pasaron del 32,8% al 28,4% del censo en las elecciones autonómicas y del 30,1% al 26,0% en las municipales. Es decir, hubo una caída ligeramente mayor para la izquierda en las autonómicas (4,4 puntos) que en las municipales (4,1 puntos). Lo cual demuestra que el discurso más firme de Esperanza Aguirre no sólo no suscita más rechazo que el de Gallardón sino que, por el contrario, parece ayudar más a que el elector de izquierda se decante por la abstención.

Lo que moviliza al electorado del bando contrario es la demagogia, la agresividad, el histrionismo o la mala educación. Pero un discurso firme basado en la razón no sólo no tiene por qué movilizar al votante del bando contrario, sino que puede ser mucho más útil electoralmente que un discurso melifluo, contradictorio o vacío de contenido.

 

LA ESTRATEGIA GANADORA

En consecuencia, no son ciertos los planteamientos en que se basa el análisis de Campmany. Ni los discursos moderados implican necesariamente una mejora de los resultados electorales, ni los discursos firmes movilizan necesariamente a los electores del partido opuesto.

Las elecciones de marzo son, efectivamente, unas elecciones cruciales. Pero, precisamente por ello, lo que no se puede pretender es acometer esas elecciones tratando de vender a los potenciales electores del PP una normalidad que no existe.

 

Si Rajoy afrontara la campaña eludiendo los temas de fondo (terrorismo, vertebración territorial, desafíos que la Constitución afronta) y se dedicara a hablarle a los electores simplemente de gestión económica, de infraestructuras o de cambio climático, lo que conseguiría es que buena parte de sus potenciales votantes se plantearan si merece la pena votar a alguien que parece no darse cuenta de cuáles son los problemas a los que nos enfrentamos. Lo que mucha gente espera, y más en épocas de incertidumbre, es que quien aspira a gobernar aspire, antes que nada, a liderar. Lo cual pasa, en primer lugar, por señalar a la gente cómo piensan encararse los principales problemas que haya en el horizonte.

 

No se trata de que Rajoy adopte un tono apocalíptico o se dedique a descalificar sistemáticamente a su adversario. Se puede ser claro y contundente sin caer en la zafiedad. A Rajoy le sobran argumentos para pedir el voto apelando a la razón y al interés de los ciudadanos, sin necesidad de hurtarles ningún debate.

El ejemplo Sarkozy demuestra que la firmeza y la contundencia, lejos de ser un handicap electoral, pueden ayudar a conformar una mayoría en torno a un proyecto común. Pero, para ello, es necesario que esa firmeza y esa contundencia se articulen de manera ilusionante. Esperanza Aguirre, por ejemplo, ha sabido despertar esa "ilusión por Madrid".

 

¿Es capaz Rajoy de despertar una ilusión similar en los ciudadanos? Yo creo que sí. Pero, desde luego, no va a poder hacerlo si el PP enfoca la campaña como si fuera una oposición a cátedra o un examen de cultura clásica. Rajoy necesita convencer a los electores de que puede sacarles del laberinto, necesita persuadirles de que con él existe futuro, necesita mostrarse como el que mejor puede defenderles de los problemas que les acechan.

Rajoy necesita, en suma, enamorar a los electores para conseguir una mayoría suficiente. Y yo no conozco que exista ninguna forma de enamorar a alguien recurriendo al perfil bajo. Vender una "ilusión de perfil bajo" es un imposible metafísico.

 

En realidad, todos sabemos cuál es la receta mágica para encarar unas elecciones: "trata a tus electores como a ti te gustaría que te trataran si no fueras tú el candidato". Lo cual se traduce en muchas cosas distintas. "Trata a tus electores con respeto", por ejemplo. "Demuestra que les consideras personas racionales", por ejemplo. "No des nunca su voto por sentado", por ejemplo. Y, por encima de todo: "Háblales de lo que a ellos les preocupa, porque para ellos no hay problemas más importantes que los suyos". Si no les dices cómo vas a solucionarles lo que ellos perciben como un problema, lo más probable es que te quedes sin su voto.

 

Luis del Pino

Libertad Digital, 25 de diciembre de 2007

Aznar da la razón a Jiménez Losantos, y lo hace en italiano

Aznar da la razón a Jiménez Losantos, y lo hace en italiano

 

Si ustedes quieren ver algo realmente interesante y escuchar algo que la derecha española en su conjunto compartirá, miren lo nunca visto: una entrevista a José María Aznar ¡hablando en italiano! (y los hemos oído peores) y dando la razón a quienes, desde distintas ideas y en muy distintos modos, creemos que Europa necesita una derecha sin complejos. Por si se les hace duro al oído, sus declaraciones han sido puestas por escrito.

 

Dos hombres de derechas, ¿y qué pasa?

 

Aznar ha viajado a Roma a presentar la traducción de su libro Ocho años de gobierno, acompañado por el presidente de Alleanza Nazionale Gianfranco Fini. El ex presidente ya respaldó en mayo junto al político italiano el nacimiento de la Fundación Fare Futuro, un think tank ahora ligado FAES, del partido de la derecha nacional italiana. Como informó Elsemanaldigital.com, FAES y Fare Futuro patrocinan además un nuevo encuentro mundial de disidentes.

 

Gianfranco Fini no es de centro, la verdad. Del centro de Bolonia, como mucho. AN nació del MSI postfascista tras el congreso de Fiuggi y es el principal partido de derecha de la coalición de centroderecha que sostuvo en el poder a Silvio Berlusconi y que ahora mismo las encuestas dan como vencedora en unas elecciones que Romano Prodi se resiste a convocar. Es de derecha, y lidera un partido que, con su entramado social y su historia, es heredero de toda la derecha italiana de los últimos dos siglos; un partido con problemas como todos los partidos, pero un partido sin complejos para ir a los ciudadanos diciendo qué es y qué quiere. Un partido de Gobierno, además, porque Fini ha sido vicepresidente y ministro de Asuntos Exteriores con Berlusconi durante bastantes años. Así que no hace falta ser de centro para ganar elecciones y gobernar.

 

La Derecha también existe

 

La línea de AN, con el respaldo de Aznar, viene a coincidir con el diagnóstico de ayer mismo de Federico Jiménez Losantos en El Mundo al afirmar que "el centrismo en el poder es sólo eso: el disfrute del poder, con ínfulas de eternidad. El centrismo en la oposición es otra cosa: desde Alzaga a Gallardón siempre ha sido una forma de deslegitimar a la derecha en su conjunto para garantizarse un trato amable por parte de la izquierda, a la que objetiva y, a veces, subjetivamente sirve". ¿Duro? Eso no es nada: para el locutor "lo que caracteriza al centrismo, digamos, profesional, es su carácter excluyente, su modo de hacer política en función de la captación de votos, pero a costa de despreciar a la inmensa mayoría social de la derecha, a cuya sombra electoral procura vivir. El político de derechas se dice de centro por costumbre y rentabilidad. Pero el centro nunca se define contra la izquierda sino contra la derecha. Es el auto-odio conservador, un viático para un suicidio".

 

Del dicho al hecho: un trecho, no un abismo

 

Veamos. Si Aznar lo dice, Fini lo hace y Losantos lo cree, ¿por qué en España triunfa la autocensura centroide fracasada en Italia? Bueno, claro, allí el centro (democristiano, cómo no) mostró durante cuarenta años su rostro más corrupto, y durante el mismo tiempo la Derecha aguantó el tirón en su nicho social. A partir de 1994 la sociedad se abrió y encontró que allí había todo un movimiento popular con mucho que ofrecer a la nación. Hace unos años, la verdad, habríamos envidiado solamente la capacidad de organización y de movilización social de esta gente; hoy no existe ni siquiera ese diferencia, porque también en España la derecha social lleva cuatro años en la calle. Si Rajoy llega al poder será gracias a esas ideas y a esa gente, no a lomos de un centro al que sabemos cojo, tuerto y machorro. Válido como animal de compañía en una coalición o u partido, pero incapaz de tirar del carro.

 

"El papel de la derecha es indispensable, son necesarios nuestros valores y nuestros puntos programáticos: ningún Centro ´moderado´ es capaz por sí solo de dar respuestas adecuadas a la radicalidad de los problemas a los que nos enfrentamos". Y sin dudas, "es evidente que cualquier idea de fusión entre la Derecha y el Centro debe ser absolutamente rechazada". En cambio, "una Derecha más fuerte y más abierta, sin complejos de inferioridad, un centroderecha más rico en interlocutores y en aliados, un gran relanzamiento de temas programáticos fuertes y concretos, tales deben ser nuestros objetivos". Lo dice el ex ministro de Agricultura y dirigente de AN, Gianni Alemanno, pero sin duda podría suscribirlo en estas fechas electorales gran parte de la derecha democrática española. Que escucha a Aznar.

 

Pascual Tamburri

El Semanal Digital, 12 de diciembre de 2007

El Manifiesto de los cinco principios no negociables

El Manifiesto de los cinco principios no negociables

El amigo Burke, Edmund para los amigos, aseguraba que “para que triunfe el mal sólo es necesario que los buenos no hagan nada”. Falta poco para las próximas elecciones generales en España y hay una serie de españoles huérfanos. Me refiero a los católicos coherentes con su fe, entre los que deberían contarse, supongo, los ocho millones que pierden una hora de su día de descanso para hacer algo tan poco popular, y en principio tan poco divertido, como acudir a misa.

El Partido Popular está feliz. No tiene por qué preocuparse del voto cristiano, por dos razones:

 

1. Por el gran invento de esa estadista luminoso que fue José María Aznar, quien, ayudado por esa otra lumbrera llamada Pedro Arriola, y por un montón de almas laicas, sentenció que “el voto católico no existe” y...

 

2. Porque las formaciones extraparlamentarias que han tratado de obtener ese voto han sufrido la merma propia de los católicos en el foro: en cuanto se reúnen dos surge una herejía, un cisma o una apostasía. En resumen, una bronca enorme. Entre católicos, ya se sabe, el número ideal de socios es impar e inferior a 3.

 

Por tanto, don Mariano se puede permitir el lujo de abofetear a los católicos cuanto les plazca mientras se rinde, sumiso y servil, ante ese voto de centro que vaya usted a saber qué es. Porque claro, los católicos tienen que votar al PP, sí o sí.

 

Y así es como llegamos a la gran paradoja: un país con ocho millones de católicos practicantes y un 70%, unos 30 millones de personas, que se dicen católicos, pero en el que dos partidos que promulgan leyes anticristianas -sí, anti-, como son el PSOE y el PP, se reparten el 85% de los votos. Curioso ¿no?

 

Ahora bien, ¿qué es una política cristiana? Pues como no nos vamos a poner de acuerdo entre la parroquia, acudamos al Papa. En su carta pastoral Sacramentum Caritatis, Benedicto XVI nos sorprendía con el siguiente párrafo:

 

“Es importante notar lo que los Padres sinodales han denominado coherencia eucarística, a la cual está llamada objetivamente nuestra vida. En efecto, el culto agradable a Dios nunca es un acto meramente privado, sin consecuencias en nuestras relaciones sociales: al contrario, exige el testimonio público de la propia fe. Obviamente, esto vale para todos los bautizados, pero tiene una importancia particular para quienes, por la posición social o política que ocupan, han de tomar decisiones sobre valores fundamentales, como el respeto y la defensa de la vida humana, desde su concepción hasta su fin natural, la familia fundada en el matrimonio entre hombre y mujer, la libertad de educación de los hijos y la promoción del bien común en todas sus formas.(230) Estos valores no son negociables. Así pues, los políticos y los legisladores católicos, conscientes de su grave responsabilidad social, deben sentirse particularmente interpelados por su conciencia, rectamente formada, para presentar y apoyar leyes inspiradas en los valores fundados en la naturaleza humana.(231) Esto tiene además una relación objetiva con la Eucaristía (cf. 1 Co 11,27-29). Los Obispos han de llamar constantemente la atención sobre estos valores. Ello es parte de su responsabilidad para con la grey que se les ha confiado”.

 

¿Ven qué fácil? Vida, familia, libertad educativa y bien común. La vida la han fastidiado por igual PP y PSOE. Éste introdujo el aborto, pero aquel inició la masacre de embriones y potenció en España el aborto químico, con la píldora abortiva y la postcoital. El PSOE se lleva la palma en ataques contra la familia, con el gaymonio y, aún más, con el divorcio express. En educación, el PSOE vende relativismo y el PP liberalismo, el PSOE le cede el poder a los funcionarios y el PP a los empresarios: ambos consideran que creer en algo es una forma de fanatismo y ambos odian el cheque escolar. Respecto al bien común es algo tan concretable como cualquier otra cosa. Ahí el PSOE lleva ventaja al PP, con una apuesta por la subida del salario mínimo interprofesional (SMI), que un católico sólo puede aplaudir con ganas y del que sólo puede surgir una crítica: los salarios bajos aún siguen siendo bajos en España,  con ellos es difícil formar una familia numerosa, familia que, en el mundo actual, constituye la marca de fábrica de una existencia comprometida. Y luego salario maternal.

 

A estos cuatro principios no-negociables, yo añadiría un quinto, asimismo repetido tanto por este Papa como por su antecesor: la libertad religiosa, verdadera piedra angular de las libertades individuales en el siglo XXI.

 

Ahora bien, decía Einstein que es más fácil romper el átomo que romper un prejuicio. Por tanto, es necesario olvidar las éticas y comprender que las ideologías hace tiempo que transitaron por el crepúsculo y ahora viven en noche oscura; de ellas, sólo queda precisamente eso: prejuicios. Por tanto, lo lógico es que esos cinco principios constituyan un banderín de enganche para quien quiera apuntarse, independientemente de su estación de procedencia. Es igual que venga de la derecha o de la izquierda, del liberalismo o del socialismo, del centralismo jacobino o del nacionalismo soberanista. Si cree en la vida, la familia natural, la libertad de enseñanza, la justicia social -o concreción moderna del bien común- la libertad de culto, los cinco principios no negociables... entonces puede apuntarse a esta agrupación electoral, a esta coalición, modelo Izquierda Unida, donde cada partido, formación o asociación, puede sentirse cómodo... sea cual sea su origen.

 

Lo que está claro es que los cristianos, o aquellos que crean en esos cinco principios, independientemente de su credo, no podemos perpetuar ese mal menor, que amenaza con ser mayor, el llamado centro-reformismo, es decir, el Partido Popular.

 

¿Quién se apunta al manifiesto de los 5 principios no negociables?

 

Eulogio López

Hispanidad.com, 11 de diciembre de 2007

Romper con el Partido Popular en Navarra no es la solución. Reorganizarlo, tampoco.

Romper con el Partido Popular en Navarra no es la solución. Reorganizarlo, tampoco.

La maniobra ya ha sido hecho pública por un digital regional  (http://www.tribunadenavarra.es/detalle_noticia.php?num=591): el ex senador por UPN José Javier Viñes, histórico militante de notable ascendencia dentro del partido, ha elaborado -junto a otras personas- un documento en el que propone la ruptura ordenada con el Partido Popular; aunque se titule eufemísticamente “Un nuevo acuerdo UPN-PP”.

 

Su diagnóstico es sencillo. Si UPN no ha alcanzado la mayoría absoluta en las pasadas elecciones forales, lo que acarreó la parálisis institucional navarra subsiguiente, ha sido fundamentalmente a causa de una agotada relación con el Partido Popular. Un análisis apenas avalado por algo de cálculo numérico en torno a la proyección de UPN en la política nacional. Y una explicación muy elemental, en cualquier caso: la culpa siempre la tienen otros; el PP. Nada de autocrítica. Pero, de ser así, ¿acaso los electores únicamente votaron en clave nacional? ¿De nada sirve el “trabajo interior” de UPN en la Comunidad Foral? O, acaso, ¿no será que ese análisis enmascara otras carencias y dificultades?

 

UPN pretendía, ilusoriamente, un nuevo triunfo histórico: ganar las elecciones… ¡y con mayoría absoluta! No fue posible, y ya sabemos qué vino después: sorpresa, parálisis, idas y venidas socialistas (molestos árbitros de la nueva situación), y un gobierno de Miguel Sanz en precario a merced de un desconcertante PSN-PSOE.

 

Ese objetivo era ilusorio, pero legítimo. Y, para alcanzarlo, únicamente eran posibles dos alternativas. La primera y más sencilla: abrirse hacia el centro y los socialistas descontentos (mediante la recuperación de buena parte del electorado de la escisión CDN, al borde ya de la extinción; y movimientos-puente, como el de Ciudadanos de Navarra). Y bien decimos sencilla, pues para ello únicamente se precisaba algo de marketing electoralista, bastante intuición, y mucha improvisión. La segunda, que implicaría un paciente trabajo a largo plazo: una batalla cultural, social y política, en el seno de la sociedad navarra, que persiga ganar para los valores que siempre ha encarnado UPN, nuevas voluntades y sectores sociales. De situarse a la defensiva, a tomar la iniciativa. Es más, ambas alternativas podían -¡deben!- solaparse: trabajo a corto y a largo plazo. Táctica y estrategia.

 

Pero se ha excluido la segunda; no en vano, para tal empeño se precisa una labor de debate ideológico, un oscuro y poco reconocido trabajo social, una dinamización de las estructuras del partido y sus organizaciones amigas… y ¡una buena autocrítica!: reflexionar, diagnosticar, corregir. Y seguir trabajando. Una perspectiva, por cierto, totalmente ausente en el documento del que hablamos.

 

Si un partido actúa a remolque de las tendencias sociales, configuradas éstas por instancias culturales totalmente ajenas, incurrirá en mero electoralismo; alejándose entonces de los valores que lo configuraron y del espíritu de sus fundadores. Así, poco a poco, ese partido perderá su identidad y se convertirá en una simple oficina electoral; casa común de dispares intereses particulares, no siempre defendibles, acogidos a ideales progresivamente ambiguos y etéreos.

 

Por contra, la labor social y cultural sin proyección política se pierde en el esteticismo. No ha sido el caso. De hecho, si alguien trabaja la cultura y los movimientos sociales, en Navarra, no es precisamente el sujeto navarrista.

 

En este contexto, no nos extrañan propuestas como la de Viñes.

 

Si UPN pierde algunas de sus esencias, tal y como denuncian no pocos en privado, pero muchos menos en público, tampoco sería la solución una reorganización del Partido Popular. No en vano, este partido, de ideales y destinatarios similares a los de UPN, también sufre algunos de los vicios antes diagnosticados. Así, desde algunos sectores emergentes (buena parte de víctimas del terrorismo, algunos medios de comunicación, muchos ciberactivistas, el incipiente tejido asociativo identitatio español, objetores a Educación para la Ciudadanía…) se realizan, al Partido Popular, las mismas críticas que hemos escuchado aquí dirigidas a UPN.

 

Pero, aunque nuevos sectores conservadores y liberales no se sientan totalmente acogidos en el PP, y la identidad católica se alarme ante la postergación de sus rostros más representativos en la batalla por las listas y en las estructuras burocráticas populares, han optado en su inmensa mayoría por la misma vía: trabajar desde la sociedad civil y desde el Partido Popular. Ni escisión, ni auto-exclusión.

 

Estos sectores podrían optar por la creación de un partido netamente conservador a la derecha del PP. Así, el segundo podría desplazarse cómodamente hacia el centro, peleando a las claras por los sectores basculantes entre PSOE y PP: profesionales liberales, operarios especializados, inmigrantes nacionalizados… estratos individualistas “políticamente correctos”, en suma. Y ya vendrían después las políticas de alianzas. Como Izquierda Unida y el PSOE, más o menos. Pero ello no va a ocurrir.

 

En todo caso, esa dinámica sería totalmente ajena a la propuesta por quienes opinan que debe reorganizarse el Partido Popular en Navarra como freno a la supuesta deriva de UPN. Sin embargo, unos y otros compartan un diagnóstico análogo: ambos partidos no son capaces de generar respuestas atractivas a los retos actuales, ni identidades colectivas, ni ilusión. No saben, o no quieren, construir una verdadera cultura política.

 

Por todo ello insistimos: romper con el PP, en Navarra, no es la solución; y reorganizarlo, tampoco.

 

 

Fernando José Vaquero Oroquieta

Diario Liberal, 10 de diciembre de 2007

Nacionalismo y perfil bajo. El centrismo equivocado

Nacionalismo y perfil bajo. El centrismo equivocado Los resultados negativos de la estrategia del centrismo sobre el electorado liberal y conservador son evidentes: no se crean identidades, ni motivación, ni liderazgo, ni respuesta al adversario, ni ilusión, ni argumentos. 

Entre los estrategas políticos se ha consolidado un único discurso que a ojos vista está desquiciando el régimen democrático. Y lo hunde porque se basa en dos tópicos cuya definición y contenido son erróneos; me refiero al manido "perfil bajo" y al "centrismo".

La base de estos lugares comunes es que la sociedad española es mayoritariamente de izquierdas. Por esto, dicen, si el PSOE no gana las elecciones se debe a que reparte su voto con IU, y porque el elector progresista, por pureza ideológica, se abstiene. El estratega de la derecha infiere de aquí que es mejor no mostrarse para no movilizar (o molestar) a la izquierda y repetir un discurso centrista.

Los resultados negativos de esta estrategia sobre el electorado liberal y conservador son evidentes: no se crean identidades, ni motivación, ni liderazgo, ni respuesta al adversario, ni ilusión, ni argumentos. Todo lo contrario, se acaban asumiendo, por inmersión social y mediática, los postulados de la izquierda. Es entonces cuando se recurre al "centrismo", y se dice, con desparpajo, que una gran parte del electorado es de centro porque se ubica en el 5 cuando le piden que se sitúe ideológicamente entre el 1 y el 10. ¿Es esto serio?

 

Pensar que el único condicionante del voto es la ubicación izquierda-derecha es desconocer la historia de la democracia y los rudimentos básicos de la sociología electoral. Y tan erróneo es lo anterior como el pensar que la victoria está en el centro, en la equidistancia entre los planteamientos políticos, cuando la estabilidad parlamentaria de los gobiernos depende de los nacionalistas (separatistas en su casi totalidad). Es absurdo, por tanto, concentrarse en la tangente izquierda-derecha si la plasmación del programa electoral del partido vencedor, que consigue en torno al 40% del voto, depende de una minoría que reúne sólo el 3%.

 

¿Qué es entonces ser de centro? ¿Aceptar la cosmosivión de los independentistas? ¿Proponer la negociación política con ETA? ¿Asumir el "derecho a decidir"? ¿Comprar el voto del BNG para evitar la reprobación de la ministra de Fomento? Porque la obligación de buscar el apoyo parlamentario de los secesionistas para obtener estabilidad gubernamental se reduce a moldear la política a sus exigencias.

 

El planteamiento de las elecciones que se nos vienen encima como una dicotomía entre la izquierda y la derecha es una ucronía, cerrar los ojos al cambio que está teniendo lugar, y posponer el enfrentarse a los problemas. Lo que se va a dirimir es el mantenimiento del régimen surgido con la Constitución de 1978, puesto en peligro por ese centrismo basado en la cesión a los independentistas. La lástima es que nadie proponga una simple y justa modificación de la ley electoral que prime a las opciones con sentido de Estado sobre las que sólo buscan el hundimiento de éste para crear el suyo propio.

 

Jorge Vilches

Libertad Digital, 7 de diciembre de 2007

Las sombras del PP

Las sombras del PP Rajoy, duro es reconocerlo, lucha contra las sombras. Las suyas y las de otros. No quiso subir el cuadrilátero cuando el Gobierno lo retó y ahora ya es tarde.  

Rajoy no asistió a la manifestación de la AVT. La Rebelión Cívica se resintió. Malo. Sombras. Elorriaga dice que España no se rompe sino que se multiplica. El discurso sobre España del PP se resquebraja. Malo. Sombras. Costa sugiere pactos postelectorales con los nacionalistas. La solvencia del discurso nacional creado por la oposición corre el riesgo de disolverse en el nihilismo tecnócrata del antiguo ministro. Malo. Sombras. Saez de Santamaría, después de haber quemado cuatro millones de firmas contra el Estatuto de Cataluña, justifica que al pueblo no le importa quién gobierne sino que lo haga con eficacia. Esta señora no pide, como haría cualquier militante de base con un poco sentido común, el voto para el PP por su honradez y eficacia en el Gobierno y en la oposición, sino que cuestiona la eficacia de un "partido" abstracto como si fuera un hombre-masa, de esos que pueblan a cientos las universidades españolas. Malo. Sombras. Y, además, Rajoy reitera que gobernará en minoría. No entiendo por qué este hombre no pide mayorías. Malo. Sombras.

 

El PP crea sombras por todas partes y se allana a los golpes de efectos cotidianos que produce la fábrica socialista. No pasa un día sin que los socialistas dejen de producir alguna fantasmagoría. Algún engaño. El espectáculo lo dominan a la perfección. Y, encima, nadie habla de ETA y Otegi, de ETA y De Juana, de ETA y Navarra, en fin, de los negocios del Gobierno de Zapatero con el terrorismo de ETA. No están. Nadie los cita. Son sombras lejanas. Eso es terrible para el PP, sencillamente porque no hay posibilidad de combate. No hay dos boxeadores en el ring, entre otras razones porque a uno no se le permite subir al cuadrilátero. El combate está suspendido por falta de oponente.

 

Rajoy, duro es reconocerlo, lucha contra las sombras. Las suyas y las de otros. No quiso subir el cuadrilátero cuando el Gobierno lo retó y ahora ya es tarde. Y, encima, las sombras de las leyes de matrimonios homosexuales, de "Educación Cívica" y el famoso laicismo amenazan con quitarle votos, que irían, naturalmente, al partido de Vargas-Llosa. El famoso "monstruito liberal", ese progre de salón, que tanto gustaba alimentar al PP.

 

Veo, pues, sombras por todas partes. Ojalá me equivoque y todo sea un problema de visión achacable a la edad.

 

Agapito Maestre

Libertad Digital, 28 de noviembre de 2007