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Políticamente... conservador

La guía en la tormenta, y 5: el paso decisivo

9 de junio de 2006.  ZP nos ha metido en la tormenta: una nación que promueve su propia disolución, un Estado convertido en rehén político del terrorismo, una sociedad que se autodestruye entre la general indiferencia. De nada sirve añorar los viejos tiempos del consenso, retroceder hasta los cimientos de un sistema, el de 1978, que ya ha muerto. Para salir de la tormenta hace falta un mapa nuevo.

Los trazos de ese mapa están claros. Para detener la disolución nacional: terminar el Estado de las Autonomías, delimitar definitivamente las competencias del Estado y las comunidades, reformar la ley electoral y eliminar el privilegio de las minorías nacionalistas. Para defender la autoridad política de la nación frente al terror: retomar todas las medidas de presión judicial, política y social precisas para combatir al terrorismo, aislar a quienes lo protegen y, más aún, cegar sus expectativas últimas, es decir, hacer imposible la autodeterminación del País Vasco. Para regenerar el tejido social y detener el nihilismo: reformar la educación según un principio de excelencia, defender la familia, afirmar principios de esfuerzo y sacrificio, no sólo de placer y beneficio.

Este mapa podría ser igualmente abanderado por la derecha o por la izquierda, cada cual desde su respectiva tradición. Pero ambas, izquierda y derecha, parecen prisioneras del lugar que les ha correspondido en el Sistema del 78. La izquierda, en lo nacional, está en la disipación, y en lo social, en la disolución; la derecha, en lo nacional, está en la contención, y en lo social, en la inhibición. Es como si no tuviéramos escapatoria. Y sin embargo, para salir de la tormenta es preciso dar el paso.

Como alguien tiene que dar el paso, y como la situación es la que es, la iniciativa corresponde a la derecha: es ella la que, por estar en la oposición, puede plantear una reorientación general, clausurar el sistema del 78 y refundar nuestra realidad colectiva. Por encima de fulanismos y riñas de pasillo, ese es el mapa que necesita el PP para ser realmente alternativa. Y tiene que enseñárselo a los ciudadanos para que éstos, democráticamente, puedan sancionarlo. Muchos millones de españoles –por ejemplo, los que se han manifestado en estos últimos dos años- están deseando decir sí a una refundación de este carácter.

Por supuesto, nada se logrará sin conflictos. Todo el programa preciso para salir de la tormenta exigirá, en uno u otro momento, entrar en conflicto con los vencedores del sistema del 78, aquellos mismos que, con su victoria, lo han destruido. La palabra conflicto amedrenta a muchos, pero ¿qué estamos viviendo hoy sino un profundo, interminable conflicto? Toda política es conflicto. Y aquí se trata, simplemente, de reivindicar que frente a la voz dominante haya otra voz; que frente a la ruptura ejecutada por ZP, camino de la tormenta, haya una alternativa de cielo despejado. Es el momento.

(Ya, ya: habrá quien, por pavor al conflicto, preferirá dejar que todo se descomponga. Bien: que lo diga).
 José Javier Esparza 

El Semanal Digital, 9 de junio de 2006

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