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Políticamente... conservador

Dejadnos en paz: El origen de una nueva coalición de centro derecha en España

Dejadnos en paz: El origen de una nueva coalición de centro derecha en España "Todo empezó en una habitación no más grande que esta". Hoy, la coalición "Leave us alone", (déjanos en paz) reúne a 120 personas del centro derecha de los orígenes más heterogéneos, desde think tanks a periodistas, pasando por asociaciones sociales y políticos. La fórmula es sencilla: "di qué haces y compártelo con los demás". Y ahora se podría importar a España. Grover Norquist, coordinador de Leave us alone, ha compartido su experiencia en el domicilio de Ignacio Arsuaga, presidente de Hazte Oír, con una veintena de representantes de organizaciones como la Fundación Burke, Profesionales por la Ética, Asociación Española Cuba en Transición o ChequeEscolar.org, entre otras. La coalición española ya está en marcha.

LD (José Carlos Rodríguez) Grover Norquist no tiene el aspecto que estamos acostumbrados a ver en los políticos estadounidenses, quizá porque no sea uno de ellos. Es más bien un estratega del activismo político, con un estilo sencillo y franco. Leave us alone se gestó en los primeros años de la Administración Clinton. Entonces, con la Casa Blanca, Congreso y Senado en manos de los Demócratas, "comenzaron a hacer cosas que asustaron a la gente". Incrementaron los impuestos, aumentaron el gasto "en cosas estúpidas", "amenazaron a los home schoolers" (quienes educan a sus hijos en casa), propusieron que el Gobierno tomara el control sobre el sistema sanitario…

Leave us alone

Todas esas políticas movilizaron a las asociaciones de centro derecha en Estados Unidos. Algo había que hacer para resistir la avalancha de prohibiciones, regulaciones, aumento de impuestos y gasto y socialización que se venía encima con un partido Demócrata en el Gobierno y sin oposición en las cámaras. Lo primero que había que hacer es reunirse, y eso hicieron quince personas, invitadas por Grover Norquist, en un pequeño despacho de la capital. "Así que en la habitación teníamos 15 personas en los comienzos; cuarenta en 1994, sesenta en 1996, ochenta en 2000, y hoy hay 120 personas en la habitación, alrededor de una gran mesa", nos explica Norquist.

 

En esta coalición "no hay miembros. No hay un comité. No hay un presidente. Cuando invito a la gente a venir, es mi responsabilidad. Es una coalición del movimiento de gente que quiere hacer algo". Y el resultado es una auténtica transformación de la política estadounidense, una demostración más de su vitalidad y de que, a pesar de todos los condicionantes, la sociedad civil tiene allí un peso específico y una influencia que, en ocasiones, es determinante.

 

La mecánica de las reuniones de todos los miércoles es sencilla: cada asociación o grupo expone muy brevemente qué ha hecho para hacer avanzar sus ideas y qué planes concretos tiene para el inmediato futuro. Todo el mundo aprende de los demás o se beneficia de las estrategias de los demás, comparte recursos e ideas o simplemente se conoce para futuros contactos. Acuden "gente de la Casa Blanca, del Congreso y del Senado, periodistas y columnistas de la prensa conservadora, think tanks, grupos pro libertad de armas, grupos pro vida, grupos pro familia, grupos gays, hispanos… todos juntos".

 

Una coalición heterogénea...

 

¿Cómo es posible, "si a diez personas les cuesta elegir un restaurante al que ir", que decenas de asociaciones y grupos con intereses distintos y puntualmente incluso contrapuestos puedan sentarse en la misma mesa a ayudarse unos a otros? ¿Qué es lo que les mantiene unidos? La oposición a las políticas de izquierda. Esa es la respuesta más inmediata y el propio Norquist lo comparte en la reunión: "Si preguntas a cien personas ¿por qué no votas a la izquierda?, lo más seguro es que obtengas 50 ó 60 respuestas distintas. Está bien. No es necesario que todo el mundo esté de acuerdo en porqué votan al mismo candidato. Lo que es necesario es que todo el mundo vote en contra del otro candidato, y por tanto a favor de la alternativa".

 

Pero hay una razón más de fondo y que será la que ponga a prueba la incipiente coalición española, que por el momento está sólo en la idea, y que puede resultar muy exitosa pero también puede perecer en sus primeros pasos. Norquist compartió con los asistentes la verdadera clave de la coalición estadounidense, que no en vano se llama Leave us alone, déjanos en paz: "Lo que mantiene unido al movimiento de centro derecha en los Estados Unidos es que, si tú preguntas a la gente: ¿Por qué estás en política? Entonces, los cuatro millones de afiliados a la NRA te dirán: quiero que dejen en paz mis armas. No quieren que el Gobierno les dé armas gratis. Sólo quieren que les dejen en paz. El movimiento a favor del home schooling, alrededor de un millón de americanos que educan a sus hijos en casa; ellos quieren que les dejen en paz. Quieren educar a sus hijos en paz, no que les subsidie el Gobierno".

 

...unida por un mismo adversario

 

Es decir, que cada asociación defiende las libertades por las que siente más aprecio, pero tiene que ser tolerante con las que los demás defienden también para sí. El acuerdo es fácil, porque todos comparten un mismo adversario, y porque cada grupo social organizado considera su propia área de interés como la decisiva a la hora de ejercer el voto: "No hay una lista que tengas que firmar para entrar en la habitación. No tienes porqué estar de acuerdo con todos. A lo mejor tú estás a favor de controlar las armas, pero no es el asunto que decide tu voto, sino a lo mejor por la libertad de enseñanza, porque tu asunto es el home schooling o la libertad de elección de centro".

 

Y por compartir las libertades

 

Esta misma razón es la que hace improbable una coalición similar pero de signo opuesto en España, como tampoco la hay en los Estados Unidos. No es que desde el otro lado no se esté trabajando con eficiacia para llevar sus planes de transformación, pero básicamente es una "takings coalition", como la llama Grover Norquist; una coalición de pedigueños que está orientada a sacar beneficios de la enorme capacidad del Estado para redistribuir. Y en el reparto siempre hay conflicto, mientras que en una coalición de centro derecha basta con el acuerdo de que desde el Gobierno se respeten los derechos de personas, empresas y familias de seguir sus propios criterios.

 

Una reacción esperada

 

Hace casi cuatro años, cuando Zapatero comenzaba a dejar ver su proyecto de transformación radical de la sociedad española, de las reglas del juego democrático (con un nuevo actor, antes proscrito, que es la ETA) e incluso de la historia misma de nuestra democracia, que ya no enlaza con la Transición sino con la II República, José Ignacio del Castillo mantenía una conversación con un grupo de amigos que, meses después, crearía el Instituto Juan de Mariana. En ella, Del Castillo preveía que la política de ZP iba a reavivar a la sociedad civil, que se iban a poner en marcha nuevas asociaciones y grupos, y que sería interesante que se pusieran en contacto entre sí para compartir conocimiento, experiencias y estrategias. Él vio entonces lo que efectivamente se ha producido y la reunión de varias personas con Grover Norquist en casa de Ignacio Arsuaga puede marcar el inicio de un cambio de alcance en la política española.

 

Un movimiento en marcha

 

Ahora llega el momento para que los participantes en esa reunión y otros que no estuvieron (UDE o GEES entre otros) sepan seguir el ejemplo de Grover Norquist. Entre la veintena de asistentes (otros 20 aproximadamente no pudieron acudir pese a estar invitados), se encontraba Jaime Ucelay, de Profesionales por la Ética, una asociación muy característica de la reacción social a la política de Rodríguez Zapatero. La asignatura Educación para la Ciudadanía ha despertado una oposición social que se le está volviendo en contra al Gobierno.

 

También estaban Rafael Rubio, de la Asociación Española Cuba en Transición, Lola Velarde, del Instituto de Política Familiar, Juan de Dios Dávila, de la Fundación Unidad + Diversidad, Carlos Cremades, de la Unión Familiar Española, Pepe Castro, de la plataforma ChequeEscolar.org, Bruno Soria, de Hazte Oír o Luis del Pino, de Peones Negros, entre otros.

 

También había representantes de think tank españoles, como Pablo Nuevo, de la Fundación Burke o José Carlos Rodríguez, del Instituto Juan de Mariana. O periodistas, como este último o Víctor Gago, de Libertad Digital, Miguel Gil, de Época o José María Marco.

 

Libertad Digital, 26 de diciembre de 2007

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