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Políticamente... conservador

La derecha ha perdido porque perdió el buen humor

La derecha ha perdido porque perdió el buen humor

Hace unos meses, en ABC, Juan Manuel de Prada anticipó uno de los asuntos más graves que el PP tiene hoy entre manos. Recordaba el comunista que "tradicionalmente, el humor ha sido una flor de la inteligencia que se cultivaba en huertos conservadores: los grandes humoristas que en el mundo han sido nunca han estado adscritos a ideologías izquierdistas". Y es así: ni Robespierre, ni Lenin, ni Stalin ni sus séquitos ni mucho menos sus sucesores han sido gentes dadas a la sonrisa. Se tomaban en serio a sí mismos, y hay pocas cosas tan aburridas como ésa. La derecha (ya saben ustedes, la malvada reacción frente a tanto luminoso progreso) ha mirado durante tres siglos la realidad con un cierto escepticismo y con distintas formas de sentido del humor. Desde Oscar Wilde a La Ametralladora y desde La Codorniz a Luis Escobar Kirkpatrick, marqués de las Marismas, la derecha se ha reído. De todo: de sí misma para empezar y de los demás para continuar.

 

Cree De Prada, y las evidencias están ahí, que las cosas han cambiado: "Los teleñecos de la Cuatro o los monólogos de Buenafuente son exponentes de ingenio pero sus premisas ideológicas son inequívocamente izquierdistas" mientras que "en la programación de un canal televisivo como Telemadrid, en donde se supone que prevalece una mirada sobre la realidad menos contemporizadora con los postulados de la izquierda" … "el humor brilla por su ausencia". Una novedad, y una pena.

 

Antes el político demasiado serio, y sobre todo demasiado consciente de su propia importancia, era el político de izquierdas, que venía a ofrecer un progreso maravilloso y a exigir por él un precio de sangre y dinero, normalmente ajenos por cierto. Si alguien viene predicando la salvación y tal no está bien reírse, así que se reía la izquierda. Si acaso pecaba de aburrimiento esa forma lamentable de derecha acomplejada, con alma de izquierda, que eran y son los democristianos. Pero a fuerza de complejos, es decir de creer en la superioridad de la izquierda, hemos padecido una generación de políticos de derechas serios, aburridos, enfadados y agrios, en público y, lo que es peor, en privado. España no tenía nada tan soso desde la tecnocracia franquista; y la generación López no tenía que afrontar elecciones, pero la generación Rajoy sí.

 

Un coñazo, oigan, y perdonen la confianza. Y pensar que esta gente pide en tono apocalíptico los votos de personas que aún han conocido a Fernando Vizcaíno Casas y a Rafael García Serrano. ¿Ustedes se imaginan lo que aquellos dos podrían haber hecho con las ministras de cuota, con la educación para la ciudadanía, con el nuevo matrimonio y con los ridículos internacionales? Pues lo mismo que Benavente o que Arniches: el zapaterismo se habría convertido en materia de burla y esperpento, y sobre todo se habría evitado algo que tenemos que arreglar y que De Prada diagnosticó con precisión: "La derecha española no es creativa; ha renunciado a ofrecer una alternativa estéticamente atractiva que deje al desnudo la roña progre. Y esta falta de creatividad se traduce en una actitud siempre defensiva, mohína, casi acorralada. La derecha española acepta resignadamente la hegemonía de la visión del mundo postulada por la izquierda; sus únicos modos de combatirla resultan o bien enfurruñados (de ahí la impresión grimosa de cabreo que destila) o bien acomplejaditos (de ahí la impresión no menos grimosa de tibieza y pusilanimidad)".

 

"La derecha española carece de dotes para provocar, mediante la levadura del humor, resquebrajaduras y contradicciones en esa visión del mundo propia de la izquierda; carece de respuestas irónicas que descompongan la hegemonía progre". Todo eso ahora; para mañana tenemos que empezar a cambiar: empezando por la ironía, que tal vez no sirva en la radio pero que en directo es infalible. Mucho más que el cabreo. Les hace perder los papeles, se lo aseguro. Y además es tan relajante. 

 

Pascual Tamburri

El Semanal Digital, 26 de marzo de 2008

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