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Políticamente... conservador

Hacia el tercer suicidio de la derecha española

10 de abril de 2006.  Así, a bote pronto, salen tres, ¿no? El primero, en 1931: entre el hundimiento de Miguel Primo de Rivera y el autodesplome de la monarquía alfonsina, la derecha se escinde entre los que aceptan colaborar en el marco republicano y los que cultivan la doctrina tradicional. Para entendernos: de un lado sale Gil-Robles y del otro Acción Española. Si la izquierda no hubiera saboteado al Gobierno de la CEDA desde 1933 y, sobre todo, en 1934, quizá la derecha republicana hubiera podido sobrevivir –y, con ella, la propia República. No fue así. Luego vino Franco.

El segundo suicidio, en 1976: desde el desmantelamiento del régimen de Franco hasta las primeras elecciones, la derecha se escinde entre los que apuestan por el nuevo sistema constitucional –la UCD- y los que permanecen afectiva y doctrinalmente vinculados al régimen anterior. La fuerza que pilotó el cambio de sistema fue precisamente la derecha constitucionalista, pero, a cambio, la derecha social quedó excluida de la vida pública, condenada a un lugar secundario. No empezó a recuperarse hasta que Aznar reinventó la UCD. Jamás habría vuelto al poder sin los grandes desmanes socialistas de los GAL y la corrupción.

El tercer suicidio puede ser –puede- el que hoy tenemos entre manos. La guerra mediática sólo es una de sus manifestaciones. Tras la explosión del aznarismo bajo las bombas del 11-M y ante el cambio de sistema que está auspiciando el Gobierno ZP, la derecha se escinde entre quienes niegan toda legitimidad al zapaterismo y quienes, al contrario, aceptan la nueva situación como algo inevitable. No es difícil marcar los campos ni atribuir nombres y rostros a cada uno de ellos. Lo más inquietante es la pasión con que las gentes de la derecha, en todos los ámbitos, están tomando partido por unos u otros. Eso es lo que despierta temores de suicidio. Nadie en la derecha ganará: todas las bajas, al final, estarán en el mismo campo.

Una constatación, si no una ley: con la izquierda en el poder, a la derecha siempre le ha costado muchísimo volver a gobernar. Porque la izquierda española, ya sea en fórmulas revolucionarias o democráticas, tiende a desplegar una mecánica de poder excluyente y frentista, basada en la sustracción de toda legitimidad al oponente. Hoy estamos ante un proceso de ese género: la gran ofensiva del PSOE y sus aliados no se dirige contra una alternativa electoral, sino contra los principios, los valores, la propia historia que podría fundamentar esa alternativa.

¿Remedios? Seguramente no hay: el tercer suicidio de la derecha seguirá consumándose y es imposible saber qué nueva conmoción podrá empujar a este singular Fénix a renacer de sus cenizas. Pero, de momento, podríamos ir intentando algo inédito en esta orilla: buscar la reconquista en el nivel más hondo, el de la calle, las aulas, las conciencias. Toda reconquista exige partir de un baluarte inexpugnable.

José Javier Esparza

El Semanal Digital


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