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Políticamente... conservador

Zapatero engañó a Rajoy y quiere además engañar a Navarra

Los complejos del líder del PP y de su equipo han dado una victoria al presidente del Gobierno, corregida después ante la evidencia del engaño. Ahora quiere engañar a los navarros.

9 de junio de 2006.  Un viajero que volviese hoy a España tras un par de años en el extranjero no entendería nada de lo que está sucediendo. Problemas que se consideraban solucionados en un pasado lejano ocupan hoy las portadas de los periódicos. Lo imposible ha sucedido o se considera probable que suceda. Y toda esta revolución tiene un nombre, el de José Luis Rodríguez Zapatero, y un estilo, el del engaño y la mentira.

Pero el hombre y el estilo tienen la complicidad necesaria de la cobardía ajena. Nos da miedo pensar que lo que vemos sea cierto. Nos atrincheramos en ideas infantiles como "no puede llegarse a eso". Y en último caso recurrimos a ese necio lugar común que hace estragos también en los gabinetes de la derecha, la idea de que "para vencer elecciones es necesaria una política centrista, que consiste en asumir principios de la izquierda y una imagen gris aunque fashion".

No obstante, los momentos decisivos no admiten ni políticas timoratas ni dirigentes confusos. Zapatero ha demostrado a Rajoy que los complejos generan derrota, y el debate sobre el estado de la Nación fue una buena prueba de cómo la izquierda es capaz de rentabilizar, mediante la mentira y en beneficio de los nacionalistas, los complejos ajenos. Y ahí se vinieron abajo todos los asesores, los diseños, las prudencias y las sandeces: se perdió.

En la Transición, Navarra estuvo a punto de perderse porque no faltaban políticos acomplejados. No obstante, hubo un hombre sin complejos que representó con éxito, de hecho y por escrito, la misma Navarra foral y española que Zapatero está dispuesto a descuartizar.

Nota oficial de la Diputación Foral en defensa de la libertad de Navarra

"En los momentos difíciles de la Historia, Navarra ha sabido reaccionar con energía, con firmeza, y ha mantenido siempre su identidad foral. En todas sus vicisitudes a través de los siglos, lo mismo adversas que favorables, Navarra ha sabido ser fiel a sí misma y jamás hizo traición a sus principios y a sus fueros.

Ahora, en estos azarosos días, un nuevo peligro se cierne sobre Navarra cuando existen fuertes presiones tendentes a incluirnos en proyectos de regionalización y preautonomía que ni histórica, ni jurídica, ni políticamente han tenido razón de ser en lo que a nosotros afecta. Voces extrañas a nosotros lo demandan con insistencia, y sorprende que alguien pueda prestarles atención sin oír siquiera a los genuinos representantes de Navarra.

Las actitudes de intimidación no van con nosotros. Porque todo lo que trata de imponerse por la fuerza, al final la fuerza lo destruye. Lo único indestructible es el espíritu navarro dispuesto siempre a luchar por sus fueros y por defender su personalidad peculiar.

Nuestro No rotundo a tales intentos está avalado por la Historia y la razón. Nunca pasó por nuestra mente ordenar las cosas en casa ajena. Por ello estimamos de justicia que otros no se propasen a sojuzgarnos en nuestra propia casa, en la que solamente debemos mandar los navarros.

Navarra desea vivir en paz, pero rigiendo y resolviendo ella sola sus propios problemas.  La Diputación de Navarra, consciente de su responsabilidad ante Dios y ante la historia, entiende que ha llegado el momento de que los navarros manifiesten pública, libre y pacíficamente su repulsa ante el intento de que otros dispongan de su propio destino, implicándola –sin su consentimiento- en un proyecto preautonómico que Navarra no necesita y del que debe permanecer ajena".

No es fácil engañar a los navarros

Durante demasiados meses Zapatero ha tenido fácil engañar a Rajoy, al menos en parte, o al menos aparentemente. Los navarros –muchos de nosotros- somos gente de talante abierto y franco, pero francamente poco acomplejado y por ende de más difícil engaño. Lo era don Amadeo Marco, que como vicepresidente de la Diputación firmó el texto anterior convocando a todos los navarros a una gran manifestación popular en defensa de la Navarra foral y española.

Viene al caso recordarlo por varias razones. La primera, porque el engaño que se va a intentar en 2007 ya se intentó en 1977, y fracasó a raíz del movimiento popular de resistencia que emergió en este documento y en la manifestación de aquel 3 de diciembre. La segunda razón, muy personal, es que aquel fue mi primer acto político, pues me llevaron a ella con mis siete años recién cumplidos, y sigo creyendo válidos los principios de entonces. Y la tercera es que allí estaba, como jefe entonces de las juventudes navarristas, José Ignacio Palacios Zuasti, buen amigo y navarro de una pieza, que hasta ayer fue consejero del Gobierno de Navarra y que hoy sigue representando lo más limpio y altruista del patriotismo español. El engaño fracasó porque personas como él lo denunciaron entonces y lo combaten hoy.
 Pascual Tamburri
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