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Políticamente... conservador

Democracia de baja intensidad

Los ciudadanos y ciudadanas de Catalunya estaban ayer llamados a pronunciarse en referéndum sobre una reforma estatutaria. La consulta estaba destinada a decidir sobre la versión sustitutiva del Estatut de Sau (1979), pero a diferencia de aquel, que se cimentó sobre el pacto del conjunto del catalanismo con el Estado, el nuevo texto ha sido rebajado entre CiU y PSOE. El Estado español, ante cualquier intento de cuestionar el modelo territorial establecido tras el franquismo, saca a la luz una doctrina que se puede resumir en que un estatuto, y en general, cualquier otro acuerdo que incida en el modelo de relaciones entre una parte, en este caso Catalunya, y el todo, el Estado español, precisa de una mayoría clara, de un aporte de legitimidad en las urnas que no deje lugar a dudas sobre la voluntad de perdurar que acompaña a una norma básica.

Ese dogma, bien discutible, es asumido a su manera por entidades supraestatales, como la Unión Europea, que lo han aplicado ante procesos que conllevan un cambio de estatus jurídico-político. Tal es el caso del referéndum celebrado el mes pasado en Montenegro, en el que a los ciudadanos de esa república se les impuso desde Bruselas una doble premisa para ver reconocida su voluntad democrática.

La primera, que votara el 50% del electorado, la segunda que la opción independentista cosechara más del 55% de los sufragios. El primer baremo saltó ayer por los aires en el referéndum catalán. La abstención superó el 50% y el nuevo Estatut fue refrendado con el apoyo del 36,19% del total del censo ­aunque tres de cada cuatro de los electores que acudieron a votar dijeron «sí»­.

Los defensores del Estatut festejaron anoche el respaldo de casi el 74% dado al acuerdo sellado en Moncloa por Mas y Zapatero, pero aunque el presidente español quiera con ese dato pasar la «página catalana», es difícil de ocultar la baja intensidad democrática de todo el proceso.

Frente al argumento simplista de que la ciudadanía eligió la playa frente a la urna cabe cuanto menos preguntarse por qué. Y habrá que sumar al análisis ambiental, factores de fondo como el hurto del acuerdo del Parlament, las maniobras tácticas de los partidos, la no respuesta a la demanda nacional ... No parece de recibo zanjar la cuestión con que ganó el «sí», sin tener en cuenta esa enorme reserva mostrada por la ciudadanía ante la forma y el fondo de esta reforma estatutaria. -

Editorial de Gara, 19 de junio de 2006
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