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Políticamente... conservador

Algunos pierden las elecciones tres años antes de convocarse

Algunos pierden las elecciones tres años antes de convocarse

La claridad compensa, y curiosamente el PP es la mejor prueba. Porque el centroderecha ha sido derrotado allí donde se ha avergonzado de ser lo que realmente es –una derecha social y plural en una España unida y moderna- y ha arrasado donde ha mostrado sin complejos su rostro. Valgan como ejemplos geográficos de lo uno y de lo otro Cataluña y Madrid.

 

Esto tiene mucho que ver con dos cosas íntimamente relacionadas, la selección y formación de la clase política y las relaciones con el adversario político. Pasadas ya las elecciones de 2008 nuestra próxima gran cita va a ser en 2011, en unas autonómicas (y forales) en las que el centroderecha se juega mucho y Navarra todo. Ahora que queda tiempo, veamos qué problemas tenemos.

 

¿Se pueden eludir los principios?

 

Una práctica cazurra limita la exposición de los principios y valores de un partido al odioso "ya sabemos por qué estamos aquí", y prefiere dedicar el tiempo de formación a versiones adocenadas de técnicas de comunicación política con un par de décadas de retraso. El orden eficaz a largo plazo –demostradamente- es el inverso al que se sigue: debería ser anterior la definición de principios irrenunciables, después la selección del personal, a continuación su formación doctrinal mínima, y por último la formación práctica. Al menos, ésta no puede ser la única: cuando se presta nula atención a las convicciones son seguras las derrotas estructurales futuras.

 

Salvo que se quiera el poder a corto plazo, y se subordine todo a ese anhelo. El centroderecha español ha recibido muchas críticas por la selección de algunos candidatos, y sin duda más de una estaba justificada. Pero se ha callado en cambio la enorme responsabilidad de los encargados de formación que han promovido hacia arriba a un par de generaciones en las que el deseable pragmatismo se ha convertido en un agnosticismo estéril. Si se quiere algo más que un sillón la lealtad a unos principios es inexcusable; esa firmeza en las propias convicciones permite, además de ser creíble, relacionarse con el adversario sin caer en ningún extremismo. Porque tan indeseable es el fanatismo histérico de quien no sabe qué cree como la volubilidad de quien no cree nada.

 

Cómo tratar al adversario

 

En Navarra, el número de votos obtenido por Zapatero el 9-M es el mayor de la historia, 115.837. Son más votos que en la victoria de 1982 y que en el repunte de 2004. A un año de su desgarro interno el PSOE se ha recuperado entre nosotros de una manera espectacular. Tales son los frutos electorales del pacto UPN-PSOE, cuyo único beneficiado es el partido de la rosa. Se ha evitado, con mucho miedo primero, mucho cariño después y un abrazo del oso a la inversa al final, un hundimiento más que posible hace poco tiempo. ¿Buenas noticias? ¿Por qué y para quién?

 

Si el PSOE fuese totalmente de fiar –es decir, si compartiese con UPN los principios esenciales- podrían ser buenas noticias. Pero si algo demuestra la primera legislatura de Zapatero es que el PSOE es marxista, de Groucho, y que está dispuesto a casi todo con tal de conseguir el poder y de imponer su agenda progre. Esa agenda no es ni puede ser la del centroderecha navarro. Tendría triste gracia aplicarla primero desde el poder para evitar que la izquierda gobierne, alimentar a ésta mientras tanto y al finar ser igualmente desalojados, eso sí habiendo renunciado a elementos esenciales del propio ideario. La manera de conseguir un PSOE fiable no es extender un cheque en blanco a su actual dirección, sino en todo caso favorecer el diálogo con esa amplia parte de la izquierda que es antes honrada y española que antiderechista. Favorecer al adversario, si éste sabe dónde va, sólo hace que al día siguiente uno se encuentre con un rival más vigoroso.

 

A día de hoy los votos contrarios a la Navarra foral y española –los de quienes se negaron a estar el 17 de marzo de 2007 en el paseo de Valencia- pesan más que en mayo de 2007. A mi juicio las causas locales han de buscarse en el trinomio valores-selección-formación y en una idea errónea de cómo se trata a un adversario político. La falta de claridad no compensa, y para 2011 no falta tanto. 

 

Pascual Tamburri

Elsemanaldigital.com, 12 de marzo de 2008

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