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Políticamente... conservador

La derecha norteamericana como ejemplo para la española (II)

En la primera parte de esta colaboración mostramos las respuestas que la derecha norteamericana ha venido dando a la permanente propaganda de las izquierdas, es decir las tendencias que se agrupan como enemigas del liberalismo conservador. El caso de la nominación y confirmación del Juez Samuel Alito sirvió en la anterior entrega como paradigma revelador al respecto. No existe mejor ejemplo para comprobar la aspereza moral de esas izquierdas que el teatrillo montado en estas audiencias judiciales contra Samuel Alito por parte de los senadores del Partido Demócrata presentes en el Comité Judicial para la confirmación.
 
El lector interesado podrá leer por su cuenta las formulaciones y preguntas de senadores de la izquierda en el Partido Demócrata como Ted Kennedy, Joe Biden, Chuck Schumer, Dianne Feinstein o Pat Leahy. Cada vez que alguno de estos senadores, presionados por el activismo que los arropa y financia, lanzaba preguntas sobre temas judiciales, Samuel Alito respondía con el conocimiento propio de un juez de prestigio y con la elegancia de un conocedor de la Constitución. Su arrollador y notable conocimiento de la jurisprudencia probó una y otra vez que las negativas calificaciones y los ataques contra su persona y su papel como Juez Federal de Apelaciones resultaban tan maliciosos como infundados. Se trataba de la repetición de la historia con las audiencias del Juez John Roberts el pasado otoño.
 
La actitud de los senadores del Partido Demócrata –los amigos de John F. Kerry a quien José Luis Rodríguez Zapatero apuntó erróneamente como su favorito en las elecciones presidenciales de 2004- revelaba una vez más la enorme falta de ideas y de tacto en el ala más a la izquierda del Partido Demócrata. Para decirlo más claro, estas audiencias, unidas a otros asuntos con los que hemos abierto el 2006, está mostrando a la ciudadanía norteamericana que la izquierda se derrumba cada vez que entra en la batalla de las ideas.
 
Por todo lo que vamos contemplando en la vida política norteamericana, faro y guía de las políticas democráticas occidentales, sería deseable que los senadores y diputados de la derecha española tomaran buena nota de todo esto y que aprendieran a sistematizar un pensamiento verdaderamente ubicado en el liberalismo conservador. Al hilo con las situaciones que vive ahora nuestra España y como respuesta permanente a las falsas alegaciones de las izquierdas, hora es ya de avanzar en esa dirección.
 
En esta segunda parte de  nuestra colaboración haremos énfasis en este particular como invitación a la derecha política española a movilizarse y generar verdadera oposición. Porque cada vez que la derecha ha hecho eso, cada vez que el liberalismo conservador ha hablado claro y ha mostrado sus argumentos se ha evidenciado una claridad de ideas muy superior al desbarajuste de las izquierdas y los secesionismos antiespañoles.
 
Hacia una derecha liberal-conservadora sin empachos
 
Lamentablemente en España nos hemos acostumbrado a escuchar las mismas argumentaciones y frases demagógicas repetidas hasta la saciedad por el socialismo y el comunismo pasando por sus variantes independentistas y los supuestos partidos nacionalistas (mal llamados de “derechas” o “conservadores”) que sobreviven sobre la música anticonstitucional e ilegal del separatismo. A excepción de algunos valientes medios de comunicación, algunos tanques de ideas como GEES y un grupo de comentaristas políticos y periodistas de opinión, el dominio mediático está en las izquierdas gracias al despiste en materia de medios de comunicación de la acomplejada derecha.
 
Va siendo hora, por tanto, de que España y sus políticos de la derecha despierten de ese letargo y se unan a su amplia base social de votantes para llevar a cabo una seria estrategia de acción política, claridad de ideas y respuestas contundentes y menos ambivalentes. Cuando los políticos de la derecha española lo han hecho así, cuando hemos oído y visto a la derecha hablar claro y sin complejos, los resultados han sido claros y la respuesta ciudadana ejemplar. En realidad, la  historia moderna y contemporánea de España es la de la general ausencia de políticos de talla, pero también la de un pueblo español que se siente primero español y después todo lo demás. Cuando a ese pueblo lo pretende raptar un grupo de políticos mediocres, los resultados son los que ahora estamos viviendo.
 
Por eso insistimos en que la derecha política debe reflexionar y moverse adelante, entusiasmar a la ciudadanía y hablar sin lindezas sobre la base de argumentos. El caso judicial norteamericana que expusimos líneas atrás y la contundencia de la respuesta de la derecha norteamericana nos lleva a pensar en la fuerza de los argumentos de la derecha constitucional frente a los actuales hechos judiciales en España y el reciente auto del Juez Fernando Grande Marlaska haciendo frente al terrorismo. Por eso escribimos que la derecha tiene la obligación en España de hablar más claro y representar bien el ideario de su amplia base social. Cuando lo hace, gana.
 
La izquierda norteamericana, como la española, está llena de personajes que jamás pueden ser ejemplo y modelo ni de nada ni de nadie. Más allá de las cuestiones personales –contrastables por el interesado en las hemerotecas y aun en libros y artículos sobre el tema, desde los turbios episodios del senador Ted Kennedy a la X de Felipe González hasta llegar a las minorías independentistas que ahora controlan La Moncloa- lo que se desprende de todo esto es que estamos asistiendo a la desmitificación del libreto de las izquierdas, un libro intelectualmente exhausto.
 
En España estamos convencidos de que el libreto es todavía mucho peor que en el caso norteamericano, porque cualquiera de los políticos de las izquierdas españolas es una absoluta ruina intelectual al lado de los senadores demócratas norteamericanos, incluso de los peores de la nómina. Al menos estos últimos tienen unas pruebas y una historia política que pasar para alcanzar un puesto en la política, particularmente en el Senado. En España, cualquier comadre ocupa escaños y asientos en acción culiparlante como muestra el mismo actual Presidente del Gobierno Español y el equipo que lo rodea.
 
El silencio de estos pasados años del actual jefe de Gobierno en España durante los años de la corrupción, el saqueo de los fondos reservados, Filesa y otros varios escándalos son significativos del verdadero talante de las izquierdas actuales en España. No hace falta que entremos en la cuestión de la preparación y curriculum de nuestros políticos. Hacerlo incluiría también a algunos figurones de la derecha, que no faltan en España. Por eso resulta tan importante sanear nuestra clase política española y salir adelante con lo mejor que hay y a través de ideas claras. Digamoslo claro: si la derecha quiere ganar las próximas elecciones y evitar la quiebra definitiva de España debe actuar desde ahora mismo.
 
Insistimos que el saneamiento de la clase política española no se limita únicamente a los partidos de la izquierda: los del nacionalsocialismo, el comunismo, el independentismo anticonstitucional y otras matracas remuneradas con el erario público español-. El saneamiento pasa por prescindir de una amplia turba de mediocres políticos ubicados en las acequias y lindes del seno mismo del Partido Popular. El reciente caso del senador popular por Melilla y sus nefastas declaraciones resultan por sí mismas razón para cesarlo. No basta que Angel Acebes, el secretario general del partido de la derecha española, lo desautorice. Falta que lo expulsen directamente del partido y lo sustituyan por otra persona más competente. Dicho de otro modo, la derecha debe cortar de raíz la política barata y chulesca, las declaraciones demagógicas y pendencieras.
 
Estamos convencidos también de que entrar en la dinámica propagandística de las izquierdas es fallar en el análisis de la situación e involucrarse en peleas dialécticas que favorecen siempre a las izquierdas al poseer éstas a día de hoy la inmensa mayoría de los medios de comunicación en España. La derecha tiene suficientes argumentos e ideas para desmontar la falsificación de la realidad que Zapatero y sus aliados están planteando en la España de hoy. Para eso, hace falta ideas, reclutar gentes con compromiso, jóvenes emprendedores que desean colaborar para una España mejor. Para eso no sirven tampoco los cuatro nenes de camisa y caballito, como servidor presenció este verano en un supuesto encuentro de Nuevas Generaciones.
 
La nueva generación real de la derecha española pasa por la creación de fundamentos e ideas, conocimiento de la historia política, pasa por leer a los grandes propulsores de la derecha liberal y conservadora. Y pasa, sobre todo, por la creación de un movimiento que entusiasme a la ciudadanía y que genere la búsqueda honesta de fuentes económicas para poder aumentar y producir más y mejores tanques de pensamiento –ampliar los existentes- y establecer nuevos y variados medios de comunicación en la derecha española.
 
En otro lugar hemos escrito ya que cuando el ideario liberal-conservador más avanza y más se fortalece y adelanta es precisamente cuando más claro habla y cuando presenta sin complejos sus ideas, sin medias tintas ni miedo al qué dirán. La supuesta “moderación”, el mal llamado “centrismo”, el “reformismo” casi arrepentido y toda esa bagatela de eufemismos mediadores con las izquierdas delatan un complejo innato en la derecha española-. Algunos de sus políticos de medio pelo parecen ruborizarse y ponerse nerviosos ante cualquier insinuación de las izquierdas al acusarlos, cuando menos, de “fascistas”, “franquistas” y otras mil injurias hechas ya partitura en el desafinada y archisabida opereta de las izquierdas.
 
El reciente caso de las palabras en Bruselas del eurodiputado socialista Yáñez contra la COPE es un caso paradigmático que debería servirle a la derecha para ver el nivel intelectual de sus oponentes políticos. Por eso hay que insistir en la tesis que sostienen estas páginas: que la derecha española debe tomar ejemplo de una vez de las estrategias e ideas de la derecha norteamericana.
 
En primer lugar, la derecha norteamericana no tiene ningún empacho en denominarse de derechas, o sea, liberal y “conservadora”. Sí, es el Partido Republicano donde sus miembros se consideran “republicanos” pero sobre todo “conservadores”. Es un conservadurismo equivalente a lo que nosotros denominamos pare España “liberalismo conservador”, o sea conservar una tradición, una cultura y unas formas de vida dentro del necesario progreso y avance de la humanidad. El lector observará la importancia del verbo conservar. La derecha norteamericana desea conservar su nación norteamericana, no elaborar una quimera a modo de nación de naciones. También la derecha norteamericana busca conservar la libertad individual, la de cada ciudadano, no una libertad impuesta por un Gran Gobierno omnipresente.
 
La derecha norteamericana anhela también conservar su Constitución y reformarla sólo cuando la ciudadanía lo reclame verdaderamente y cuando sea legítima y legalmente apropiado. En esa conservación de la Constitución, los norteamericanos parece que saben bastante más que los españoles, al menos al decir del número comparativo de constituciones usadas en la historia de uno y de otro país. Sigamos. La derecha norteamericana busca también conservar sus tradiciones y su herencia, o sea las de la tradición judeo-cristiana en una apertura a todas las culturas y creencias pero que nunca olvida la raíz occidental del fundamento de su identidad nacional. La derecha norteamericana desea asimismo conservar los valores familiares tradicionales, los del hombre y la mujer como núcleo de la familia. Quiere también conservar la idea del trabajo y la perspectiva del éxito personal y el derecho de todo ciudadano a buscar la felicidad sin imposiciones ni injustas restricciones gubernamentales.
 
Hay más. La derecha norteamericana desea también conservar la igualdad de oportunidades para todos y no el igualitarismo falseado bajo el proteccionismo de un Estado controlador y todopoderoso. La derecha norteamericana busca conservar la seguridad del individuo y la ciudadanía mediante la defensa de los valores constitucionales y la lucha sin cuartel contra los enemigos de EEUU, más allá del cobarde apaciguamiento ante los terroristas. En todo ello y para todo ello, la derecha norteamericana no se esconde y sus políticos tampoco haciendo frente continuamente a la carroña que llega día sí y noche también desde el antiamericanismo internacional y las izquierdas babeantes.
 
Es de este modo, bajo el impulso de un ideario claro que no se tambalea, el modo en que la derecha norteamericana sigue ganando una a una casi todas las elecciones que se han ido dando en los últimos años. Así es como la derecha norteamericana ha ganado siete de las últimas diez elecciones presidenciales. Y así es como desde la fortaleza y claridad de ideas de un Ronald Reagan, la derecha liberal-conservadora sigue moviendo adelante sus ideas. Los políticos de la derecha estadounidense se preparan, estudian, se rodean de equipos de asesoramiento con ideas y talento, cuentan y apoyan a los centros y tanques de ideas que en su mismo pensamiento conservador van dando valoraciones de la situación que favorece el debate de las ideas y la búsqueda de soluciones.
 
Por eso, cada vez que políticos como Howard Dean –el líder de la campaña electoral del Partido Demócrata- o senadores izquierdistas como Ted Kennedy entran en el debate político salen escaldados porque sus argumentos fracasan ante el bagaje intelectual que el ideario de la derecha ha ido perfilando desde hace ya varios años. Tal ha sido el caso del tal Ted Kennedy al enfrentarse al Juez Samuel Alito en estos días de audiencia judicial, según mostramos anteriormente. ¿Debe o no tomar ejemplo la derecha española? En la politización del sistema judicial –que vimos en el caso Alito-, los españoles tienen gran experiencia debido a un sistema democrático que debe ser reformado en varios aspectos, desde la configuración de los tribunales judiciales en España a la cuestión de la Ley Electoral Española que premia a las minorías en perjuicio de las mayorías.
 
Reconozcamos que cada vez que la izquierda en EEUU ha atacado a la derecha en la persona misma del Presidente Bush ha salido escaldada porque la respuesta conservadora no se ha dejado esperar. Se debe esto a que en la vida norteamericana la derecha no se ha acomplejado nunca sino que ha ido creando unas bases y unos fundamentos ideológicos bien enraizados y fundamentados en el respeto a la Constitución y a las libertades. La izquierda busca mostrar lo contrario y cada vez que lo intenta falla estrepitosamente, pese a los apoyos internacionales y los gobiernos errantes como el de la actual España socialista.
 
Pensemos que en los últimos meses a Bush se le ha atacado de mil formas y maneras: con papeles falsificados sobre su servicio militar, con mentirosas acusaciones de ejemplares del Corán lanzados a un retrete en el Ejército, con el intento de hacer de Abu Ghraib un símbolo de la política norteamericana, con las falsas acusaciones sobre Guantánamo, con el Tratado de Kyoto, con Irak, con el escándalo del “lobby” Abramoff, con la supuesta espía Valerie Plame, con las escuchas “ilegales”, con las cárceles secretas de la CIA y los vuelos… Luego con la nominación de John Roberts y ahora con Samuel Alito… Así hasta hoy. Tanto acoso generó, sin duda, un descenso de popularidad del Presidente, normal en EEUU en todas las segundas legislaturas, pero un descenso que ya no es tal con la nueva subida en sus números de aceptación del Presidente y el progreso que es obvio no sólo en lo económico sino también en lo geopolítico.
 
Ninguno de esos casos, ninguno de esos ataques ha hecho doblegarse a la derecha norteamericana ni a la mayoría de sus líderes políticos. Cada vez que la derecha se ha decidido a responder ha acabado venciendo ante las acusaciones. Podríamos ir uno por uno desgranando cada uno de esos ataques y cada vez la derecha ha sido capaz de poner en evidencia a la izquierda y mostrar el talante falso y ridículo de sus ataques. A final de cuentas, a la izquierda le importa poco o nada la seriedad o el rigor de las acusaciones. Simplemente atacan, acusan porque algo queda, quebrantan la presunción de inocencia y luego andan por ahí corriendo y berreando con la Declaración de los Derechos Humanos en la mano, la misma que ellos no respetan como ocurre en los lugares donde las izquierdas suelen gobernar, desde Pekín a La Habana pasando por Caracas... y ahora también ya en Madrid.
 
Esas son las izquierdas, las del cupo feminista y sus amigas que luego callan cuando a Condoleezza Rice la insulta un viejo e impresentable comunista ruso. Pero en EEUU la derecha se lo dice a la cara hasta sacar los colores de estos senadores “progres” que viven del pataleo y la confusión, de la financiación de la extrema izquierda y de bobos útiles como Jimmy Carter. La derecha española debe tomar ejemplo.
 
No resulta muy difícil plantar cara a esas izquierdas que sueñan siempre con subir los impuestos, con manipular a su gusto la judicatura y con organizar lo que se enseña en las universidades y en las escuelas, bajo el guiño de los mequetrefes de Hollywood, tan dados ahora a tildar de primitivo, rudimentario y homófobo al pueblo norteamericano al que le importa un rábano esa historia de amor de dos cowboys en Wyoming. Hablamos de la misma izquierda norteamericana que lleva usando el idéntico libreto durante varios años, del mismo Hollywood que David Victor Hanson ha equiparado con un auténtico terrorismo intelectual en línea con lo que nosotros también describimos aquí hace unas semanas al tratar de Hollywood como arma política.
 
En cualquier caso, la realidad es que las izquierdas sobreviven –tanto en España como en EEUU. Pero sobreviven sobre la premisa fundamental de que el ciudadano medio es idiota, estúpido, ignorante, desinformado, incapaz de saber qué es lo bueno para él, lo bueno para la sociedad y para su país. De ahí que el mensaje sea: nosotros, el Gran Gobierno, cuidamos a los ciudadanos, hacemos una gran infraestructura gubernamental y para eso necesitamos de dinero e impuestos salidos de los ciudadanos. La derecha, en cambio, debe apostar por su idea asentada de que cada ciudadano puede y debe ser lo mejor posible como decisión y mérito individual y jamás bajo los dictados de una banda de burócratas a sueldo público.
 
Para que todo eso ocurra, hace faltan individuos con fuerza, confianza, valor, individuos que se arriesguen a avanzar y a los que, bajo una economía libre y sin trabas, les llegue el premio lógico por sus esfuerzos. Mientras las derechas reales premian el esfuerzo y el trabajo, las izquierdas se convierten en proteccionistas y cercenan el esfuerzo individual y la búsqueda de prosperidad. El problema de la derecha española es que no explica ni repite nada de esto, como tampoco explica que el hecho de ser libres no viene por descontado, sino que la libertad hay que protegerla y cuidarla al calor de la Constitución y al calor de un Ejército de soldados listos para defender España y no reconvertidos en miembros de acciones “humanitarias”.
 
Como sobre la base de las ideas, las izquierdas no tienen argumentos contra el pensamiento liberal-conservador, su solución es el activismo judicial. Por eso tratamos y expusimos la importancia del caso Alito líneas atrás. Y vale recordar que se trata de la misma izquierda norteamericana que quiso dar al traste la confirmación de John Roberts y, antes, con el Juez Thomas –a este último sacándole la falsa historia de acoso sexual contra Anita Hill-. No extraña así que los paralelismos sean interesantes respecto a España. Piénsese por ejemplo cómo en nuestro país el gobierno socialista actual ignora e incumple la Constitución cuando y como le da la gana, manipula el Poder Judicial y altera la Justicia, según muestra el actual Fiscal General del Estado o algunos miembros del Consejo General del Poder Judicial, por dar sólo dos ejemplos. El resultado es que la izquierda, una vez más en la historia de España, acaba quebrantando la estabilidad y la unidad nacional.
 
Por todo cuanto decimos, la derecha española debe salir adelante con fuerza, con explicaciones bien diseñadas sobre la violación del articulado de esa Constitución. Debe mover montañas y acudir a su base social para movilizarla, crear ideas y hacer frente a la manipulación de la democracia española y de la Constitución nacional. Sin embargo, decepciona ver cómo buena parte de los representantes políticos de la derecha en el Partido Popular de Cataluña aparecen medianamente callados, comedidos, se acomplejan y apenas rechistan. Les falta hacer, insistimos, lo que desde hace varias décadas viene realizando la derecha norteamericana: salir al combate de las ideas.
 
En tiempos del presidente demócrata Franklin Delano Roosevelt, pocos habrían apostado por el éxito de la derecha norteamericana y sus valores. La permanente defensa del ideario liberal-conservador fue dando sus frutos. Cierto es que en 1964 la derecha norteamericana se vio decepcionada al no salir elegido como presidente su candidato Barry Goldwater. Lo mismo ocurrió en 1976 cuando Ronald Reagan tampoco fue elegido. Peor aún, la derecha perdió mucha credibilidad cuando Richard Nixon erró en el caso Watergate, el mismo sobre el que todavía vive el Partido Demócrata en la actualidad. La derecha reconoció sus errores y decidió mejorar sus planteamientos, hablar claro y directo sobre temas y hechos. Al final, tras patéticos años con Jimmy Carter y la vergüenza y humillación en el caso de los rehenes en Irán, la derecha y el pueblo norteamericano tuvo a Ronald Reagan.
 
Para llegar a eso, la derecha pensó, trabajó, peleó ideológicamente dejando claras sus ideas, sus creencias, el fondo constitutivo de su ser político, ese “ser de derechas” del que escribió Germán Yanke para el caso español. Desde diversos frentes, la derecha se metió en el debate político, en la batalla de las mentes y los corazones del pueblo norteamericano. Desde entonces hasta 1994 con el éxito electoral en las dos cámaras de gobierno en Washington. Luego llegó la presidencia de Bush y así hasta hoy. Al final, en el análisis y debate de los temas los días de las izquierdas estaban contados en EEUU y ahora la derecha va viendo ya los frutos de ese esfuerzo.
 
Pensemos por un momento en España lo que se podrá hacer cuando la derecha se dé cuenta, por fin, de que no puede seguir avergonzándose de su pasado. Precisamente porque su pasado histórico es mucho más brillante que el del golpismo de las izquierdas, a pesar de lo que se nos cuente desde la  reinvención socialista y separatista de la historia de España. El pueblo español, y no sólo su base social de la derecha, está falto de ideas claras, necesitado de menos burocracia y menos falsificación política. Al pueblo español hay que explicarle las mentiras del llamado “estado del bienestar”, lo negativo del proteccionismo económico gubernamental socialista, lo falaz de la manipulación de los sindicatos en la vida política, el error de la subida de impuestos, la falsa santificación de la sanidad pública universal, el control de los medios de comunicación, las empresas y los mercados, la falta de libertad en materia educativa, lingüística y legislativa.
 
Para explicar todo eso hace falta empezar de una vez por todas. Sobran políticos de medio pelo y se necesitan verdaderos representantes del pueblo con talento e ideas. En la derecha española hay algunos buenos políticos, pero sobran otros tantos que se han dormido ya en la comodidad de un cargo casi vitalicio. Hay voces interesantes que deben salir a la palestra y no seguir el guión de dirigentes que necesitan ser ya renovados porque han aportado poco o nada a la mejora de la España democrática. Cuesta escribir esto pero hay que hacerlo si realmente España quiere seguir siendo España.
 
El modo de hacerlo es crear nuevos votantes, mostrar y contrastar las realidades, la historia, los hechos, los números, como ya van haciendo algunos comentaristas, diarios y tanques de ideas en España. Por eso, cuando comprobamos la reciente historia de EEUU podemos verificar las enormes diferencias en la política que desarrolló Reagan respecto a Carter, o el mismo Bush respecto a Clinton. No se olvide que mucho de lo que hoy el mundo está sufriendo por obra del terrorismo procede de la mala política de un presidente demócrata –ligado a varios grupos del activismo de las izquierdas- más ocupado en las becarias que en solventar las amenazas a la libertad. Y en España, repasemos y comparemos a Aznar con González o con el mismo Zapatero. No hace falta ser un experto en política para observar dónde estaba España y donde está ahora como nación en el escenario y el concierto internacional.

Todo cuanto decimos sobre la situación actual de la política norteamericana, sobre los avances de la derecha y el paulatino fracaso de la izquierda en EEUU debería ser, a nuestro juicio, un ejemplo a tener muy en cuenta por la derecha española y su principal partido, el Partido Popular. En estos mismos días, Daniel Rodríguez Herrera exponía con claridad la necesidad de utilizar bien los recursos de internet para llevar a cabo la batalla de ideas. Explicaba cómo la derecha norteamericana había logrado que los militantes tuvieran ideas claras sobre el ideario de su partido y las maneras de ayudarlo.
 
Efectivamente, la derecha norteamericana, a través de su órgano, el Comité Nacional Republicano (RNC, “Republican National Committee”), aprovecha cualquier oportunidad para animar a su base electoral y generar entusiasmo. Se proponen y organizan incluso fiestas y encuentros voluntarios en las casas de los afiliados del Partido Republicano para ver al Presidente dar su discurso anual del Estado de la Unión, se favorece la creación de tales encuentros y fiestas, ideas y contactos desde lo local a lo estatal. Incluso se promueven reuniones abiertas de afiliados en restaurantes y grupos para animar a nuevos afiliados. Hay paquetes de ayuda pagados privadamente por el propio comité de la derecha política para la creación de esos encuentros y el impulso del ideario liberal-conservador.
 
Lo mismo cabe decir con la promoción de imágenes e informes para revitalizar los valores de la derecha liberal-conservadora, como el reciente vídeo en Tributo a Ronald Reagan al cumplirse en estos días veinticinco años de su primer juramento como Presidente en 1981. Tal es la democracia vivida y contemplada desde la raíz misma del pueblo norteamericano, de ahí que juzguemos que no resultaría muy difícil iniciar un esfuerzo en esa dirección por parte del Partido Popular.
 
En el caso español, todo esto parece una quimera porque ni los militantes ni los simpatizantes, ni los dirigentes de la derecha española tienen demasiado claro cuáles son sus objetivos y sus estrategias. La habilidad de movilizar a su base social ha sido en España siempre muy superior desde las izquierdas que desde las derechas. Aun así, la iniciativa para recoger firmas en favor de la libertad de expresión para la cadena COPE y las manifestaciones contra el terrorismo y en favor de la Constitución son prueba clara de que la base social de la derecha española está deseosa de un liderazgo claro y contundente.
 
En resumidas cuentas, el caso de las audiencias de confirmación del Juez Samuel Alito al Tribunal Supremo en el Comité Judicial del Senado es un ejemplo que nos ha servido para verificar la labor ideológica de la derecha norteamericana y que debe servir de reflexión para España. Por eso estamos convencidos de que la labor del ideario liberal-conservador norteamericano encarnado en el Partido Republicano debe ser un espejo en el que la derecha política española y el Partido Popular deben mirarse una y otra vez para avanzar. Hay que dejar claros algunos principios y elaborarlos en un verdadero programa. Se necesita hablar más de la fortaleza de España como nación y de la importancia de creer en la libertad y la responsabilidad individual. Hace falta insistir en la igualdad para todos, bajo una justicia equitativa, sin prejuicios de raza, sexo, religión o cualquier incapacidad.
 
Se requiere insistir la importancia del libre comercio, el fomento de la iniciativa individual como fuente de oportunidades, crecimiento económico y prosperidad. Lo mismo en cuanto a la defensa de un gobierno reducido y nada intervencionista, responsable fiscalmente pero que permita que el ciudadano conserve en su bolsillo la mayor cantidad posible del dinero que gana. Estas son algunas de las ideas que hace falta explicar y contrastar en España con lo que las izquierdas predican y luego hacen. Lo mismo decimos en cuanto a la defensa del fundamento liberal-conservador de que la función clave del gobierno es la de velar por la libertad y proporcionar la seguridad de los ciudadanos, así como ocuparse de proveer a los ciudadanos únicamente los servicios básicos que no son ofrecidos por los individuos o por las organizaciones privadas.
 
También la derecha española debe explicar que bajo la Constitución que une a todos los españoles, la nación que llamamos España debe buscar ideas innovadoras para enfrentarse a las dificultades del futuro, valorar y mantener nuestra fortaleza y orgullo nacional, al tiempo que luchamos por la libertad y la paz en el mundo. Y luchar por la paz significa defendernos de quienes nos atacan, incluidos los que quieren romper la nación y violentar la Constitución.  Podríamos seguir. Cerraremos aquí diciendo que se requerirá todavía de mucho tiempo, pero la labor hay que comenzarla inmediatamente, al menos antes de que no quede ya una España que gobernar.

 
 
Alberto Acereda es catedrático universitario, escritor y analista político, especialista en temas culturales transatlánticos.

Colaboraciones nº 778   |  2 de Febrero de 2006

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