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Políticamente... conservador

El dilema de Rajoy

Rajoy se encuentra ante un dilema diabólico. Por un lado, están los cantos de sirena del pacificador Zapatero y de sus asesores más progresistas. Por otro, la siempre difícil batalla por los principios.

 

Hasta ahora, Rajoy había mantenido más o menos un equilibrio entre la firmeza en la defensa de la Constitución y de los principios del Pacto Antiterrorista y el abandono de la lucha as favor del matrimonio, la familia y la vida. Creía de esa manera agradar a los dos flancos de su electorado.

 

Lo que ahora está en juego es el total desprecio de la base electoral tradicional del PP, el hasta ahora voto cautivo o “voto útil”. Si opta por unirse a la cohorte de los aduladores del Pacificador, si cede a las tentaciones del síndrome de Estcolmo, Rajoy tiene asegurada una existencia tranquila. Sólo tendría que avalar el argumento gubernamental de que el Estatuto no rompe la solidaridad y la igualdad de los españoles, que respeta la Constitución. O al menos abandonar en manos de Zapatero la gestión del “desarrollo autonómico” y del “proceso de paz”, censurando toda crítica. A cambio, el Pacificador le reservaría el calificativo de estadistas y obtendría el favor del imperio Prisa. Eso sí, no volvería a ganar unas elecciones.

 

La otra vía, la de la defensa de la Constitución y de los principios, presenta muchos riesgos. Un camino que conlleva sangre, sudor y lágrimas y que implica la aparente marginación política del PP. Aislamiento por parte del resto de las fuerzas políticas y de los medios afines al Pacificador. Y sin embargo, ésta es la única vía que le permite diferenciarse del PSOE y que le asegura mantener una base electoral sólida, identificada con el ideario y el proyecto del PP. Votantes que ante los errores de cálculo del Pacificador –no olvidemos que Rodríguez Zapatero está jugando con el fuego de una banda de terroristas- le permitirían ganar unas elecciones.

 

En los Estados Unidos, los expertos del marketing político lo tienen muy estudiado. Sin no defienden los valores con los que se identifican tus electores, olvídate de ganar votos. No les vendría mal a los estrategas del PP viajar más al otro lado del atlántico, para aprender esta lección básica. A lo mejor, hasta se animaban a defender a la familia.

Ignacio Arsuaga. Hazte oír.
Semanario Alba. Nº 79, (7 a 13 de abril de 2006).

 
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