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Políticamente... conservador

Marx, Engels y otros racistas formidables

Karl Marx es el héroe de algunos líderes de sindicatos y organizaciones de derechos civiles, incluidos aquellos que organizaron las recientes protestas en EEUU contra el proyecto de ley sobre inmigración. Es fácil ser marxista si no se han leído sus escritos.

La mayoría de la gente reconoce que las predicciones de Marx sobre el capitalismo resultaron un fiasco. Lo que la mayoría no sabe es que Marx era un racista y un antisemita de tomo y lomo. Marx escribió, acerca de la anexión de California por parte de EEUU luego de la guerra que enfrentó a este país con México: "Sin violencia jamás se ha conseguido algo en la historia". Y a continuación se preguntaba: "¿Es una desgracia que la espléndida California fuera arrebatada a los vagos mexicanos, que no sabían qué hacer con ella?".

Por su parte, el coautor del Manifiesto comunista, Friedrich Engels, añadía: "Hemos sido testigos de la conquista de México, y nos hemos alegrado. Es en interés del propio México que quede bajo la tutela de Estados Unidos". Puede uno encontrarse con gran parte de las ideas de Marx en un libro escrito por el ex comunista Nathaniel Weyl y titulado Karl Marx, Racist (1979).  

En una carta que dirigió en de julio de 1862 a Engels, Marx se refería a su rival político Ferdinand Lassalle, asimismo socialista, en los siguientes términos: "Para mí está completamente claro ahora, como lo prueban la forma de su cráneo y su pelo, que desciende de los negros de Egipto, suponiendo que su madre o su abuela no se mezclaran con la negrada. Esta unión de judaísmo y germanismo sobre una base negra tiene que producir un producto peculiar. La protuberancia del colega es, asimismo, la propia de la negrada".  

Engels compartía gran parte de la filosofía racial de Marx. En 1887 el yerno de Marx, Paul Lafargue, se postuló para concejal en un distrito parisino que contaba con un zoo. Engels sostenía que Paul tenía "un octavo o un doceavo de sangre de negrazo". En una carta fechada en abril de 1887 y dirigida a la esposa de Paul, Engels escribía: "Al estar, en su calidad de negro, un paso más cerca del reino animal que el resto de nosotros, sin duda es el representante más adecuado para ese distrito".  

Aunque mucho menos reivindicado que Marx, Thomas Carlyle es otra figura histórica inapreciable. Carlyle es conocido por aplicar a la economía el apelativo descalificatorio de "ciencia funesta" (dismal science), una inversión del término "gaya ciencia", o "gay saber", con que en aquel entonces (1849) se aludía al conocimiento que servía para introducir mejoras en la vida.  

La mayoría de la gente ha aprendido, incorrectamente, que el término "ciencia funesta" hacía referencia a las agoreras predicciones de Thomas Malthus de que la población mundial crecería más rápidamente que el suministro de alimentos, lo que condenaría la Humanidad a la pobreza y la hambruna perpetuas. Mi colega de la Universidad George Mason, el profesor Davy Levy, y Sandra Peart cuentan la verdadera historia en su libro The Secret History of the Dismal Science: Economics, Religion and Race in the 19th Century, de 2001.  

Carlyle empleó por primera vez el término "ciencia funesta" en un panfleto que publicó en 1849 y que llevaba por título An Occasional Discourse of the Nigger Question. Allí atacaba las ideas de Adam Smith, John Stuart Mill y otros economistas del libre mercado y el Gobierno limitado por su creencia en la igualdad fundamental del hombre y por su oposición a la esclavitud. Que la economía asuma que todo el mundo es igual y que todos merecen igualmente la libertad resultaba ofensivo para Carlyle, y le llevó a calificar a la economía de "ciencia funesta".  

Carlyle sostenía que los negros eran subhumanos, "ganado bípedo" que necesitaba la tutela de los blancos, poseedores de la "fusta benéfica", si iba a contribuir al bien de la sociedad. Carlyle no era, en modo alguno, el único en denunciar la economía por sus posturas contrarias a la esclavitud y en favor de la igualdad. Una figura no menos histórica, y muy socorrida en Navidad, Charles Dickens, compartía las posiciones de Carlyle en lo relacionado con la esclavitud y con los negros.  

Marx, Engels, Carlyle y Dickens, todos ellos compartían una creencia inmemorial que ha prevalecido hasta nuestros días: algunas personas están dotadas de una sabiduría y una inteligencia sobresalientes y tienen por cometido imponerlas a las masas por la fuerza.  

Walter Williams 

Libertad Digital, suplemento Fin de semana, 1 de julio de 2006

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