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Políticamente... conservador

¡Cuidado! ¡Que vienen los liberales!

Un escogido ramillete de liberales incondicionales, procedentes de las dos orillas atlánticas, se reunieron el pasado miércoles 5 de julio de 2006, en Madrid, al objeto de compartir y reflexionar en torno a las cuestiones más candentes que aquejan a la democracia y a la libertad: neopopulismo, indigenismo, globalización, pobreza, inmigración, nacionalismo, fundamentalismo, seguridad… La ocasión: el III Foro Atlántico que, impulsado por el presidente de la Fundación Internacional para la Libertad, Mario Vargas Llosa, acogió la popular Fundación Iberoamérica Europa.

Políticos, economistas, diplomáticos, periodistas, empresarios, docentes universitarios, investigadores… Las diversas intervenciones supieron a poco: apenas 10 minutos magistrales por cabeza que dibujaban las líneas maestras de un pensamiento complejo y elaborado; además de sus breves respuestas a las preguntas del público. Naturalmente, es sabido que este tipo de eventos cumple, también, otro tipo de funciones: captar fichajes, conocerse, integrar nuevas entidades, estrechar amistades, hacer negocios…

Algún judío, bastante agnósticos, protestantes, incluso católicos próximos a las nuevas realidades eclesiales… Un ambiente “liberal”, más bien neo-liberal, incluso libertario en el sentido liberal del término, en el que a los abrazos y presentaciones sucedían expresiones del tipo “nos vemos en Washington”, con abundante uso de términos en inglés con marcado acento norteamericano; un entorno en el que un católico social, para más señas conservador, difícilmente puede encontrar fácil acomodo. No obstante, lo allí expuesto le sorprendería, y muy gratamente, en ocasiones.

Al sabroso pastel, de magníficas y brillantes exposiciones, no necesariamente compartidas por el cronista y en muchos casos en franca discrepancia, le puso la guinda José María Aznar con su denso discurso en el que, entre interesantísimas apreciaciones, al especificar la identidad de Europa, según su criterio, se remitió al liberalismo, la democracia y a los derechos humanos; aunque sin mencionar al legado judeo-cristiano. ¿Acaso una concesión al público mayoritario allí reunido?

Pero, seguramente, quien más impactó, además del disidente cubano Raúl Rivero, fuera el expresidente de El Salvador, Francisco Flores: joven, cercano, carismático, afable, modesto, culto… Al acceder al gabinete ministerial con apenas 29 años de edad, que después presidiría, encontró a su país fracturado: con una izquierda marxista-leninista -que venía de colgar sus armas después de muchos años de guerrilla y terrorismo- apenas encauzada por la senda democrática; con un tercio de la población en la emigración; y unas ratios micro y macroeconómicas terroríficas. En la actualidad, y junto a Chile, es uno de los países hispanoamericanos que goza de un crecimiento económico y social más armonioso, sólido y esperanzador. Excepciones, ambas, de los continentes hispanos.

Francisco Flores expuso, a su expectante auditorio, la receta aplicada a lo largo de estos años de duro trabajo: responsabilidad individual y colectiva; un modelo estimulante de país más un programa de gobierno realista; un nuevo vehículo político, su partido ARENA, que ayude a la sociedad y no la ahogue desde la oligarquía y la endogamia (¿se imaginan algo así en España?). Y todo ello aderezado con esa virtud cívica -que le apasionaba al describirla- incomprensible en nuestra piel de toro, incluso con adjetivos al uso: el patriotismo, como estímulo y conciencia de pertenencia que mira y trabaja a largo plazo.

Sin duda, España tiene cosas que aprender de lo que ocurre al otro lado del Atlántico. Un flujo y reflujo de personas, ideas, programas, experiencias y propuestas, que pueden contribuir a vivificar un país… y un continente. Y luego dirán que sólo nos une el idioma y las caderas de Shakira.

Fernando José Vaquero Oroquieta

Diario Liberal, 18 de julio de 2006

(http://www.diarioliberal.com/DL_opinion11.htm)

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