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Políticamente... conservador

¿Por qué Chesterton? Relato de los principios de esta revista

¿Por qué Chesterton? Relato de los principios de esta revista

La pregunta que titula estas páginas es la que ha pronunciado en los últimos meses el 99 por ciento de las personas a las que hemos dado cuenta de la fundación de esta revista. “¿Por qué Chesterton?” Esta reiteración, en ningún modo molesta, es la que nos obliga a escribir estas líneas a modo de presentación de la publicación mensual que tiene entre las manos. Sabemos, porque es una verdad estadística, (si es que verdad y estadística pueden ir en la misma oración) que usted también se pregunta por qué Chesterton. Aclaremos sus dudas, por tanto.

 

“Chesterton, la revista” nace como homenaje al gran escritor inglés Gilbert K. Chesterton (1874-1936), conocido como “el apóstol del sentido común”, reconocido por sus siglas GKC y admirado como uno de los más grandes articulistas de toda la Historia del Periodismo. Su escritura poética, la originalidad de sus planteamientos, su agudeza crítica y una cultura profundísima conforman la esencia de un genio de la narrativa. Pero no es su inmenso poder literario, o no sólo, lo que encumbra la figura corpulenta de Chesterton y lo que nos “obliga” a bautizar esta revista en su honor. Por encima de cualquier otro aspecto está su visión cristiana del mundo. Como asegura uno de sus biógrafos, Dale Ahlquist, presidente de la American Chesterton Society, “nunca se ha recalcado lo suficiente que Chesterton fue un pensador completo. Por eso, este autor supone un reto para el mundo moderno. Hemos llegado a preferir el pensamiento incompleto y las cosas fragmentadas. De esa manera, no tenemos que pensar en nuestras contradicciones; por esto, no nos preocupa que nuestro trabajo contradiga nuestros ideales o que nuestras ideas políticas contradigan nuestra fe, porque mantenemos cada una de ellas en compartimentos estancos. Pero Chesterton fue verdaderamente consecuente. Fue consecuente porque su fe tocó todo. Escribió sobre todos los temas y todo lo que escribió estaba imbuido de su fe”.

 

En esa definición se encierra el fin primero y último de la fundación de esta revista: dar a los lectores los mecanismos de análisis, pensamiento e información suficientes y honrados para que nada pueda contradecir su fe. Por si queda alguna duda, no tenemos, ni debemos tener, ningún pudor en definir a Chesterton como una revista cristiana, española, constitucionalista y libre.

 

Sólo esos cuatro principios son inamovibles en esta publicación. El resto, todos los ideales o ideologías que no ataquen con obstinación nuestros principios tienen cabida en sus páginas. No somos conservadores en exclusiva, ni tampoco liberales, democristianos, centrorreformistas (?), o distributistas. Somos todo eso. Ortodoxos en lo religioso, respetuosos con la Doctrina Social de la Iglesia y eclécticos –dentro de lo que es el abanico doctrinal de lo que se conoce como “derecha”– en política y economía. Chesterton es independiente de cualquier poder temporal, asociación o grupo de interés. Su trabajo es el de tratar de influir en nosotros. El nuestro es el de rechazar cualquier imposición. Somos libres incluso del propio pensamiento de Gilbert K. Chesterton. En él buscamos aliento e inspiración, pero no es, ni debe ser, la única fuente de la que bebamos.

 

Podrá resultarle extraño a cualquier lector avezado que la revista Chesterton se defina con tanta claridad y no masculle el rumiado discurso de la corrección timorata con el fin de atraer a lectores sin importar su procedencia ideológica. Podría resultarle curioso, insistimos, a la luz de la situación de la Prensa en España, país en el que innumerables medios sin ideología se han adueñado de la calle con un notabilísimo éxito comercial.

 

Pero esta revista no quiere la calle. Ansía el salón de su casa, su butacón favorito de lectura, la tumbona en la terraza, el sosiego de la sobremesa dominical, el vagón del tren de largo recorrido, el asiento de ventanilla en un vuelo a Roma o a Nueva York... Nuestro trabajo, en la mejor definición de Periodismo que hemos conocido, es el de conseguir que se le quede fría la taza de café.

 

TRINCHERA DE LA LIBERTAD

 

A todos los que aquí escriben les hemos ofrecido un proyecto de libertad que parte de la premisa de que no todas las páginas de papel deben acabar “envolviendo el pescado”. Si eso fue lo que les atrajo de la revista cuando afirmaron que estarían con nosotros, no lo sabemos. Lo que sí conocemos es que sólo una persona, un gran periodista, muy chestertoniano por cierto, rechazó la decentísima proposición de incorporarse a nuestra nómina de colaboradores. Ese éxito de convocatoria nos conduce a creer que compartimos con ellos la certidumbre de que en España se echan de menos más medios de comunicación que confronten el sentido común con ciertas ideologías que parten de sustratos irreales, sentimentales o descaradamente demagógicos, cuando no falsarios.

 

Vivimos tiempos de eslogan, en los que millones de personas se sienten acorralados por consignas y lemas facilones contra los que no se puede contraponer nada más que la convicción de que lo que dicen no es cierto. Pero también vivimos tiempos de corrección política y de escasa formación del pensamiento por los cuales no resulta fácil hacerse respetar. Esperamos que nuestra revista no sirva sólo como lectura distraída, sino que ofrezca las claves que permitan a los lectores tener los argumentos precisos con los que entablar combate (verbal) con cualquier adversario. En este punto, además, queremos presentar una de las grandes apuestas de la revista: muchos de los reportajes y análisis que se publicarán bajo nuestra cabecera ofrecerán “argumentarios” que sirvan como complemento al texto principal. En esta misma página tienen un ejemplo concreto del efecto que buscamos: clarificar conceptos básicos o responder en forma a los eslóganes del contrario siempre con la máxima de la concisión.

 

Otra de las principales propuestas de la revista gira en torno a lo que hemos dado en llamar, hasta que encontremos un nombre mejor, como “reportaje-ficción”. Nuestra primera entrega tiene por título “Don Mendo en La Moncloa”, al que seguirá, en el mes de marzo, “Sherlock Holmes y el caso del 11-M”. Aunque, como dice el viejo dicho “no te justifiques o acabarás dando ruedas de prensa”, el lector encontrará una larga explicación del director de Chesterton sobre la teoría y práctica de esta apuesta en las páginas 10 y 11 de este número.

 

La revista se asienta, y aquí ya sin posibilidad de fallo, sobre las grandes firmas de nuestros colaboradores. César Vidal, Dios mediante, ofrecerá cada mes un capítulo de “Semblanzas de la Historia de España” con sus inevitables y esperadísimos paralelismos. Pío Moa contará la Transición democrática española para que no caigamos en la tentación de olvidar. Aleix Vidal-Quadras responderá, desde la reflexión y su profundo conocimiento, a los tópicos nacionalistas. Ana Samboal nos ilustrará sobre Economía, en todas sus vertientes. Luis del Pino ha excavado una trinchera de libertad en la revista desde la que discurrirá sobre los movimientos civiles de la derecha. David Gistau, uno de los mejores articulistas, redescubrirá Argentina y el Cono Sur para los españoles; mientras Alicia Álvarez Baratas hará lo mismo, pero con ese gran desconocido que es EE UU. Álex Rosal, presidente de esta Casa, revelará “Historias ocultadas”. Don Pedro Trevijano, sacerdote y experto en bioética, será nuestra voz autorizada dentro de la Iglesia. José Ángel Agejas, profesor de Ética en la Universidad Francisco de Vitoria, diseccionará a los nuevos ídolos mediáticos: los protagonistas de las series de televisión. Carmen Thous ilustrará a los lectores sobre protocolo empresarial y, a veces, personal. Vicky Vilches disfrutará de “Libertad incondicional” para hablar de las tendencias de la sociedad. Javier Badía, uno de los mejores periodistas españoles, pondrá los puntos sobre las íes en “La buena educación”. Joaquín Vila inaugurará, “Por libre”, nuestro suplemento cultural, “Donmiguel”, que cerrará la escritora Angelina Lamelas con el sabor literario del “Mar del Norte”.

 

En “La Gallina Ilustrada”, suplemento de humor de la revista, nuestros articulistas son tres descubrimientos: Emilio Campmany, Javier Quero y Pedro Fernández-Barbadillo.

 

A todos ellos, y a una partida de jóvenes valores como Ignacio Peyró, Kiko Méndez-Monasterio, José Barros, Ángel Villarino, Sara Dago y José Antonio Méndez, nuestro máximo afecto. Que Dios nos ayude. Mil gracias.

 

 

Lea el resto del artículo en la revista Chesterton; a la venta en los mejores quioscos de toda España al precio de 3 €.

 

Fuente: http://chesterton.es

 

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