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Políticamente... conservador

Cuatro verdades sobre el peligro que nos acecha (que no es sólo ZP)

Cuatro verdades sobre el peligro que nos acecha (que no es sólo ZP)

Y ¿por qué ZP quiere romperlo todo: nación, familia, educación? Porque tiene un proyecto mesiánico. Un proyecto que no empezó con él, pero del que él es agente. Miradle a los ojos.

Mirad a los ojos de Zapatero y tal vez veáis lo que yo veo: un tipo convencido de haber hallado la piedra filosofal. Porque Zapatero tiene un proyecto, y ése es precisamente el problema. Todo lo que estamos viviendo en estos años puede parecer una mezcla absurda de irresponsabilidad y azar, pero no lo es. Al contrario, tiene un sentido. En el zapaterismo han venido a confluir las peores emanaciones de la actual izquierda europea y de la vieja izquierda española. El resultado es de pesadilla. ¿Nos dejarán decir cuatro verdades?

Una: El zapaterismo es un caso práctico de "ideología de la cancelación". Siniestro palabro, ¿verdad? Pero en realidad es muy sencillo. Hay que cancelarlo todo: patria, familia, moral, educación, identidad, porque todo eso es vestigio de un mundo retrógrado y oscuro. Hay que liquidarlo como se liquidan las existencias de una tienda –por cierre del negocio. Y hay que sustituirlo por unos dogmas nuevos de aliento progresista, "la revolución que nunca pudimos hacer", ahora con la anuencia de unos poderes financieros que ya no se sienten amenazados y que, aún más, están dispuestos a pagar la fiesta. Nihilismo y progresismo terminan siendo una única cosa. Por supuesto, el problema no es sólo nuestro: la "ideología de la cancelación" funciona en toda Europa. Pero sólo aquí se extiende desde el poder institucionalmente y sin resistencia. Todo lo que el Gobierno Zapatero está haciendo en España es pura ideología de la cancelación: un proyecto quizá descabellado, pero coherente, y que se ha convertido en horizonte único de la izquierda radical tras la caída del Muro de Berlín. Si no entendemos esto, no entenderemos nada de lo que vemos a nuestro alrededor.

Dos: A ZP le mueve una alucinación mesiánica, típica de la vieja izquierda española. Porque junto a esa "ideología de la cancelación", la zapateridad recoge, vulgarizada, una vetusta tradición de nuestra izquierda, a saber: que toda la Historia de España es un error gigantesco, que aquí no levantaremos cabeza hasta que haya una revolución como la francesa, que España no será un país digno hasta que la izquierda lo modele y que por eso, en fin, la izquierda tiene una misión providencial. Para esta visión de las cosas, si hay separatismo es porque la unidad nacional ha sido algo funesto, y si hay terrorismo, es porque la vieja España nunca ha sabido entender a los irredentos. La culpa siempre la tiene España, identificada todavía con el Imperio y la Contrarreforma, o sea "la derecha". Poco importa que haya habido revoluciones, constituciones y transiciones: estamos ante una interpretación mesiánica de la Historia que sencillamente prescinde de la realidad. Y así, bajo esta sugestión mesiánica, la disgregación del país no será tal, sino que aumentará la concordia, y el pacto con los terroristas no será claudicación, sino mensaje de paz. Patológico.

Tres: El objetivo supremo del poder, hoy, en España, es aniquilar cualquier vestigio de corte tradicional. Ya sea en la educación o en la estructura familiar, ya sea en la religión o en la identidad nacional, la política del PSOE marcha expresamente orientada al exterminio de todo lo que recuerde a la sociedad "vieja", de todo lo que pueda representar un obstáculo para la sociedad "nueva". Este proceso no ha empezado ahora: lleva muchos años en vigor. Pero sólo ahora se ha convertido deliberadamente en programa de gobierno. Se trata de dar la vuelta al mundo tal y como lo hemos conocido. Así se privilegiará a los transexuales y homosexuales antes que a las familias, a las minorías musulmanas antes que las mayorías católicas, a los que denigran a España antes que a los patriotas, a los terroristas antes que a las víctimas, a los alumnos incapaces antes que a los capaces, a los partidarios del aborto y la eutanasia antes que a los defensores de la vida, y todo ese largo etcétera de inversiones que nos está poniendo el mundo cabeza abajo.

Cuatro: Es urgentísimo tomar conciencia de lo que tenemos enfrente. No es sólo el programa pasajero de un Gobierno elegido por cuatro años. Es un proyecto muy amplio de ingeniería social. Esta gente quiere crear una sociedad nueva edificada sobre tópicos ideológicos considerados como dogmas de fe. Y como son dogmas, poco les importa que sean racionalmente infumables. A la tarea de expandirlos por todas partes se emplean no sólo los políticos, sino también la orquesta mediática afín, los funcionarios de altos organismos internacionales y una nutrida legión de fanáticos semi-ilustrados que creen combatir por el "progreso". Tan fuerte es su presión que no sólo se ejerce desde la izquierda, sino también, con frecuencia, desde la derecha. Hoy mandan. En realidad, llevan mucho tiempo mandando. Va siendo hora de plantear una resistencia.

Simpática nota de un lector: "Es que usted sólo critica, pero no propone soluciones". Respuesta en dos tiempos. Uno: para curar la enfermedad que nos aqueja, es imprescindible conocer antes cómo y por qué se ha contraído. Dos: el tratamiento, con su permiso, a partir de la semana que viene. Pero a más de uno no le va a gustar la receta.

 

José Javier Esparza

El Semanal Digital, 10 de noviembre de 2006

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