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Políticamente... conservador

Faltó De la Vega, pero no fue la única desmemoriada

Faltó De la Vega, pero no fue la única desmemoriada

 

Roma locuta, causa finita. No hace falta ser San Agustín para entender esta idea, que este domingo seguramente rondó la cabeza de Miguel Ángel Moratinos mientras se leían los nombres de 498 católicos muertos por amor a Cristo a manos, en buena medida, de los milicianos del PSOE en 1934, 1936 y 1937. Son las paradojas de la historia, pero ésta está ya escrita: no hay memoria subjetiva que valga contra los hechos proclamados en Roma.

 

Tal vez por eso, entre los asistentes no estuvo la vicepresidenta del Gobierno. María Teresa Fernández de la Vega estaba en Italia y pasó por Roma, pero no encontró tiempo para ir a la plaza de San Pedro. Entre asistir a una Misa e irse a Rímini, sin duda, De la Vega se nos fue a la playa; pero ya sabe lo que hay, y sabe que en plena campaña electoral enfrentarse a la Iglesia es un mal negocio. Quizás su olvido nació de ese cálculo.

 

Entre los 71 obispos españoles estaba, porque no podía faltar, el nuevo arzobispo de Pamplona, monseñor Francisco Pérez González. Con dieciséis navarros elevados gloriosamente a los altares era inevitable y su ausencia habría sido escandalosa, como lo fue la falta de memoria de De la Vega.

 

La memoria, por ser como es, se resiste a ser encorsetada en una ley facciosa. Y además es reversible y tiene al menos dos filos, como les explicaba yo aquí hace unas semanas: Qui gladio occidit, gladio occisus erit. Por eso al hacer la historia de unos acontecimientos los documentos ayudan más que los recuerdos. Cuando se haga la historia del 28-O de 2007 será mejor recurrir a los periódicos que a los recuerdos, del mismo modo que si queremos recordar lo sucedido en Pamplona en la tarde del 17 de marzo tendremos que consultar Diario de Noticias para ver qué gentes estaban por allí, qué banderas llevaban, o qué dijeron. La memoria, ay, a veces nos falla, sea en marzo o en octubre.

 

Cuando se haga la historia del 28-O tendremos que recordar que Zapatero no se atrevió a ir a Roma y que De la Vega, pese a estar en el mismo país, se olvidó de ir. Recordaremos que quinientos cristianos más están en los altares y que había navarros entre ellos. Recordaremos que había representaciones institucionales de muchas autonomías, que tenían beatos, aunque no de la Comunidad Foral de Navarra, a la que representó a título personal –eso sí, junto a una masa de peregrinos- el diputado popular Jaime Ignacio del Burgo. Los historiadores de mañana tendrán que debatir por qué esto fue así, pero fue así, tan cierto como que la Epístola de ayer decía aquello de Bonum certamen certavi, cursum consummavi, fidem servavi (2 Tim, 4, 7-8). Más por la historia que por la memoria, hay batallas que merecen ser libradas, porque aunque la memoria de los hombres sea endeble su dignidad –la de quienes la conserven- ha de ser imperecedera.

 

Pascual Tamburri

El Semanal Digital, 28 de octubre de 2007

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