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Políticamente... conservador

El riesgo electoral de entregar a la izquierda la memoria histórica

El riesgo electoral de entregar a la izquierda la memoria histórica  

El pasado 31 de octubre, el Congreso de los Diputados aprobó la ley de memoria histórica, conforme a la cual se declara la ilegitimidad de las normas del Estado nacido de la última contienda civil. Como enseñaba Gómez Dávila, "la falsificación del pasado es la manera como la izquierda ha pretendido elaborar el futuro". De ahí que sorprenda la pasividad con la que el Partido Popular ha recibido esta iniciativa del Gobierno. Ya que no por defender el rigor histórico y la concordia frente a quienes quieren reabrir viejas heridas, al menos debería haber reaccionado contundentemente por conveniencia electoral: cuanto más acepta el centro acomplejado la reconstrucción de la historia, más crece entre los jóvenes la idea de que lo ilegítimo no es el franquismo, sino el propio Partido Popular.

No es de extrañar, entonces, lo que señala una de las últimas encuestas sobre intención de voto: si en marzo de 2008 votaran únicamente quienes podían hacerlo en 2004, Mariano Rajoy sería con toda seguridad el próximo Presidente del Gobierno. Pero la masa de nuevos votantes, aquellos que han cumplido 18 años con posterioridad a marzo de 2004, inclinan la balanza a favor del PSOE. Curiosamente, coincide con una de las conclusiones de la encuesta que sobre el franquismo realizó el diario El Mundo hace un par de años: con carácter general, los jóvenes que lo desconocieron tienen una imagen más negativa del Régimen de Franco que quienes por haberlo vivido aún guardan recuerdos de cómo fue realmente. Con estos datos, renunciar a la batalla de la verdad histórica pasa de la cobardía intelectual al suicidio político.

 

Volvamos a Gómez Dávila: "Los tontos se indignan tan sólo contra las consecuencias". Y, cuando a la estulticia le acompaña la ambición política, la acción ni siquiera va dirigida a paliar las consecuencias, más bien a acomodarse a ellas.

 

Olvidan los populares que "el estado moderno es pedagogo que no licencia nunca a sus alumnos", especialmente cuando está en manos de la izquierda, por lo que esta cesión al adoctrinamiento progresista no hará sino alimentar los deseos de los aprendices de brujo que juegan a construir una nueva sociedad, desligada de cualquier referente con el ser histórico y social de España. Nación, libertad responsable, orden, deberes, trabajo… ideas inaceptables para sujetos modelados por la ideología. No combatir la hegemonía cultural de la izquierda lleva a la oposición permanente, pues aún cuando abdicaran de sus principios, seguirían necesitando de esos carnets de legitimidad que reparte la intelligentsia progresista.

 

Por tanto, para volver al gobierno, nada le hace falta al Partido Popular como recuperar un discurso sólido y coherente, y defenderlo con gallardía. La derecha social ya ha demostrado, en esta legislatura, que con esos principios se puede ganar la calle.

Pablo Nuevo 

Fundación Burke, 2 de noviembre de 2007. 

   

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