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La ruta del odio. 100 respuestas claves sobre el terrorismo. Reseña en Diario Liberal.

La ruta del odio. 100 respuestas claves sobre el terrorismo. Reseña en Diario Liberal.

Decía alguien de cuyo nombre no es preciso acordarse que no hay preguntas tontas, sino que  lo importante son las respuestas. Pues bien, en el caso que nos ocupa, el autor da respuesta inteligente a preguntas planteadas con inteligencia, unas veces siguiendo criterios lógicos, otras, recogiendo tópicos frecuentes, y finalmente, dudas, confusiones e incertidumbres frecuentes entre el público en general y los medios de comunicación en particular. Confusiones e incertidumbres que pueden llegar a ser peligrosas en un tema como el terrorismo.

El autor aborda el tema por donde se debe, es decir, por el concepto y las causas del fenómeno. Ya aquí agarra el toro de los tópicos y las confusiones por los cuernos, desactivando por medio de fundamentadas y ágiles respuestas ideas tan frecuentes como que el terrorismo constituye una especie de resistencia o guerrilla, un “arma de los pobres”, o un fenómeno con base etnológica. Estas no son más que “justificaciones”, que ocultan con frecuencia el origen ideológico del terrorismo. En unos tiempos en que al terrorismo de ETA, por ejemplo, se le aplica con generosidad el calificativo  de “fascista”, parece especialmente relevante trazar el árbol genealógico del que descienden la mayoría de los grupos terroristas hasta la aparición del yihaidismo, que no es otro que el del marxismo-leninismo. Ambas ideologías coinciden en la preeminencia de la utopía sobre el valor de la vida humana, lo que explica tanto la actuación de grupos terroristas, como el genocidio o el terrorismo de Estado. Huyendo de toda simplificación, sin embargo, no elude el autor ocuparse del terrorismo “de derechas”, pasando revista a sus diferentes manifestaciones a lo largo del siglo XX (e incluso XXI). Pero, a diferencia de la marxista-leninista, la violencia derechista surge normalmente como reacción ante la primera, y carece de homogeneidad en cuanto a objetivos y presupuestos ideológicos.
En cuanto al terrorismo islámico, aparentemente desvinculado del marxismo-leninismo, el autor destaca su parentesco con las ideologías totalitarias modernas: los islamistas se alinearon siempre con la URSS durante la Guerra Fría (como antes otro totalitarismo, el nazi, apoyó a los árabes contra los judíos), y los autores marxistas tuvieron gran peso en la formación intelectual de los precursores de la revolución islamista en Irán. Todo ello puede ayudar a orientarse al lector medio, perdido en un océano de términos (yihadismo, salafismo, islamofascismo) que, mezclados con conceptos confusos como los señalados al principio, no dejan ver el bosque.

Otra virtud tiene el libro, y es el de situar el terrorismo de ETA y GRAPO dentro de la historia y en el contexto del terrorismo internacional, evitando así el tan frecuente “ombliguismo” que aqueja a los españoles a la hora de tratar todo lo que les concierne, y que resumió Larra en su artículo “En este país”. Deshaciendo una vez más tópicos, se acomete con valentía la supuesta relación de ETA con la Iglesia: si bien es cierto que ésta amparó reuniones y suministró incluso algunos militantes, no lo es menos que también acogió a Comisiones Obreras, USO, PCE, democristianos y multitud de grupúsculos de izquierda, por dos motivos fundamentales: la eclosión del catolicismo social y el ambiente propicio del postconcilio, y (afirmación que sorprenderá a no pocos) el ser la Iglesia el ambiente donde se respiraba mayor libertad dentro del franquismo. Estos dos supuestos explican el espinoso tema de las actitudes de algunos prelados (afortunadamente superadas). Al contrario, la posición de la Iglesia al respecto es firme, a pesar de haber decrecido su presencia en la sociedad vasca (y española en general). Por su parte, el entorno abertzale se ha alejado definitivamente (si es que alguna vez estuvo cerca) del cristianismo, al asumir presupuestos neopaganos, ecologistas, feministas, y demás ismos propios del radicalismo multicolor en que ha ido a parar la “nueva izquierda”  tras la caída del Muro.

Las últimas respuestas que recoge el libro también lo son en el sentido de soluciones, o más bien de “esperanzas”: el papel de la sociedad civil en la lucha contra el terrorismo, el arrepentimiento e integración de los activistas (posible, como demuestran varios ejemplos), la intervención de los Estados desde una posición clara y valiente. Junto a las esperanzas, los “temores”, puesto que cualquier planteamiento buenista y poco realista pecaría de ingenuo. La misma existencia y extensión de las sociedades democráticas (con su defensa de los derechos humanos y la consiguiente limitación ética de la forma de luchar contra el terrorismo), las nuevas tecnologías y la globalización posibilitan la adaptación y la pervivencia del terrorismo. Frente a él, no cabe respuesta que no pase por un planteamiento ético.

La bibliografía y la selección de 100 páginas web recogidas en los apéndices resultan especialmente útiles y contribuyen a hacer de este libro un verdadero vademecum, mucho más útil, claro y completo para el público en general (y para estudiantes y medios de comunicación, nos permitimos añadir) que las monografías especializadas, que pierden de vista lo que en definitiva interesa al lector: el por qué y el hasta cuándo.

La ruta del odio. 100 respuestas claves sobre el terrorismo es un libro de Fernando J. Vaquero Oroquieta. Málaga, Sepha, 2011. 429 pags. ISBN: 978-84-96764-90-3.


Milagrosa Romero Samper. Universidad CEU-San Pablo. Madrid.
redaccion@diarioliberal.com

http://www.diarioliberal.com/DL_opinion6.htm

5 de abril de 2011

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Por qué La Ruta del Odio. 100 respuestas claves sobre el terrorismo

Por qué La Ruta del Odio. 100 respuestas claves sobre el terrorismo

Cada año, el mercado editorial propone al lector español una media de 20 títulos relacionados con el fenómeno lacerante del terrorismo. Desde novelas trepidantes, pasando por amenos reportajes periodísticos, hasta sesudos ensayos especializados de intelectuales de prestigio.

Entonces, ¿qué puede aportar un nuevo título, elaborado en esta ocasión por un escritor desconocido?

Analizando esa marea, importante sin duda, de textos, pueden observarse algunas características comunes:

  1. Participan del discurso “políticamente correcto”; especialmente cuando afirman que el terrorismo está indisolublemente asociado a las religiones. E ignoran, generalmente, las auténticas matrices ideológicas que lo nutren y las complicidades subsiguientes.
  2. Se hace abstracción del protagonista absoluto de esta lacra, bien como víctima, bien como agresor: la persona y sus exigencias de verdad, belleza y sentido.
  3. Tienden a desvincular al terrorismo de la realidad social, individual y colectiva del mundo de hoy; cómo si fuera obra, exclusivamente, de seres tarados, psicópatas, peligrosos frikis de los extremismos de todos los signos. Eludiendo, así, el cómo personas que afirman luchar en nombre de una utopía, persiguiendo supuestamente que la bondad del ser humano prevalezca finalmente, cometen los crímenes más execrables, en contundente contradicción con lo que presuntamente les mueve.

La Ruta del Odio. 100 respuestas claves sobre el terrorismo pretende, modestamente, proporcionar desde la experiencia personal del autor (navarro comprometido con el movimiento cívico constitucionalista, funcionario de prisiones), y desde la reflexión teórica, una perspectiva global de esta patología social, abordando sin recato alguno esas carencias.

Y lo hace alimentado por la antropología católica y los más relevantes documentos elaborados por la Iglesia local: la Instrucción de la Conferencia Episcopal Española Valoración moral del terrorismo en España, de sus causas y de sus consecuencias, de 22 de noviembre de 2002; el libro Terrorismo y nacionalismo, de 2005, un estudio sistemático de la citada Instrucción efectuado por diez hombres y mujeres, intelectuales católicos de primera fila; y la Instrucción Pastoral, de 23 de noviembre de 2006, Orientaciones morales ante la situación de España.

Por todo ello, se insiste en este texto, especialmente, en que religión y terrorismo son incompatibles, proporcionando argumentos teóricos, y un notable anecdotario, que acreditan que esa asociación es totalmente incierta; no en vano, esas supuestas expresiones de terrorismo religioso se derivan del carisma de personalidades enfermizas situadas en la periferia de algunas confesiones religiosas que las han desautorizado y que, en última instancia, no son sino coartada pseudoideológica de sus desvaríos. Por el contrario, analiza su relación con los totalitarismos (también presente, paradójicamente, en un Occidente tan liberal, tolerante y progresista) y los tan incisivos y diversos  nihilismos.

En este contexto, también se nutre, especialmente, del texto de Luigi Giussani El sentido religioso, pues mejor que ningún otro puede explicarnos cómo las exigencias del corazón pueden ignorarse, violentarse o sublimarse, en aras de proyectos ideológicos y vitales contrarios a la naturaleza del ser humano. Como también explica que no pocos terroristas hayan recorrido el camino contrario, reconociendo sus errores merced, fundamentalmente, a encuentros personales rehumanizadores.

Y, para enganchar esta triste realidad con la vida de nuestro mundo, debía responderse a cuestiones tan acuciantes como la salud moral de individuos, sociedad y clase política; la globalización; la guerra ABQ y nuclear; el reto del islamismo radical; la crisis de la identidad occidental; la propuesta cristiana. Todo ello mediante la fórmula, de singular fortuna en España, de un catecismo muy particular que engarza con esa particular tradición.

El lector podrá confirmar si este libro, todavía calentito, responde a tan ambiciosas expectativas. En cualquier caso, el resultado de este libro habría sido muy diferente de no haberse gestado en el seno maternal de la Iglesia y en la compañía muy concreta de sus amigos cristianos.

 

 

La Ruta del Odio. 100 respuestas claves sobre el terrorismo.

Autor: Fernando José Vaquero Oroquieta
ISBN: 978-84-96764-90-3
Páginas: 429

22 euros.

http://www.editorialsepha.com/

 

http://www.paginasdigital.es/v_portal/informacion/informacionver.asp?cod=2239&te=&idage=&vap=0&codrel=1142

La ruta del odio

La ruta del odio

La existencia del terrorismo suscita muchas preguntas en la sociedad actual. Este libro responde a las 100 incógnitas más importantes, pretendiendo responder con sencillez y claridad; desde la lógica, el sentido común y las informaciones contrastadas. Y todo ello, con los ojos, la cabeza y el corazón puestos en la situación española en su encrucijada actual.

Una de las conclusiones del libro, a la que pronto llegará el lector, es la siguiente: el terrorismo moderno nace en el siglo XIX alimentado por el nihilismo/anarquismo, el nacionalismo extremo y el marxismo revolucionario. Ya en el siglo XX alcanzará categoría de «ciencia» de la mano del marxismo-leninismo. Por último, y gracias a la globalización, su alcance se ha hecho universal; circunstancia que augura que la imagen de Osama Bin Laden y la amenaza del yihadismo, junto a otras expresiones terroristas, sin duda, nos acompañarán durante muchos años.

 

La Ruta del Odio. 100 respuestas claves sobre el terrorismo.

Autor: Fernando José Vaquero Oroquieta
ISBN: 978-84-96764-90-3
Páginas: 429

http://www.editorialsepha.com/

EL SOL DE LOS MUERTOS. El martirio de la Rusia Eterna

EL SOL DE LOS MUERTOS. El martirio de la Rusia Eterna

 

Ivan Shmeliov es uno de esos grandes escritores del siglo XX que apenas son conocidos en España por falta de traducciones. Ahora, una nueva editorial, El Olivo Azul, de Sevilla, ha tenido el valor de empezar a darlo a conocer. Y lo hace con El sol de los muertos, considerada una de sus obras más importantes.

 

Como el resto su obra, El sol de los muertos está basada en la experiencia de Shmeliov. Pero no se trata de una autobiografía. Es que Shmeliov jamás dejó de vivir, pensar y escribir la realidad rusa. Nació en una familia moscovita tradicional y ortodoxa, y se crió en el culto a la Rusia Eterna. Luego se dejó llevar por la admiración hacia la Revolución. Cayó en el malentendido, compartido por bastantes de sus coetáneos, de figurarse que el golpe de estado de 1917 significaría el fin del régimen de autocracia que había asfixiado la vitalidad del país. El desengaño le llegó pronto, tras conocer de primera mano la situación de la Rusia rural bajo el poder de los bolcheviques, esos que iban a implantar una nueva sociedad libre y próspera y, de paso, alumbrar un hombre nuevo.

 

La ruptura llegará tras una tragedia. El hijo único de Shmeliov se había pasado al Ejército Blanco, y él mismo le siguió a Crimea. La familia aceptó una oferta de amnistía de los rojos. Ni que decir tiene que el hijo fue fusilado sin juicio previo. Shmeliov logró escapar y se instaló en Francia. Allí, desde lejos, siguió escribiendo obsesivamente, y en ruso, sobre Rusia. Murió olvidado en 1950.

 

Éste que publica ahora El Olivo Azul está considerado uno de sus mejores títulos, tal vez su obra maestra. Su publicación en Rusia tras el derrumbamiento del Muro de Berlín, junto con otras obras de Shmeliov, fue un éxito monumental, el desquite póstumo de un hombre que no sabía vivir fuera de su tierra y que hizo del idioma su patria, sin hacerse, eso sí, ilusión alguna acerca de lo que tal esfuerzo de sublimación significaba.

 

El sol de los muertos describe, por lo menos en parte, esta tragedia. Relata la situación en Georgia durante los primeros años de la Revolución, cuando las hambrunas provocadas por las medidas de planificación, la campaña contra los kulaks y las arbitrariedades de Lenin y el Gobierno revolucionario llevaron a la muerte por inanición a millones de personas.

 

Pocas veces en la literatura se habrá podido sentir el agobio acuciante del hambre como en este relato. Yo, al menos, no lo había visto descrito nunca con tanta precisión, con tanta intensidad, con un realismo tan angustioso. Ahora bien, el lector no debe esperar una narración de atrocidades más o menos previsibles. Al revés, El sol de los muertos describe las consecuencias de una política –sin apenas hablar de ella– en el universo entero: en los seres humanos, en los animales, en la naturaleza.

 

A la brutalidad infligida por el poder, cada uno reacciona como puede: habrá quien trate de acumular alimentos, otros los robarán a sus vecinos; otros reparten lo que encuentran con ellos, también con los animales e incluso con los árboles, que acaban a su vez siendo víctimas de la atrocidad cometida por quienes quisieron dinamitar las leyes sagradas de la naturaleza, confundidas, en la literatura de Shmeliov, con las de la Santa Rusia.

 

En vez de limitarse a la denuncia, lo que ya sería bastante, El sol de los muertos se transforma así en algo aún más valioso. Shmeliov sabe como pocos expresar la pura esencia desmaterializada de lo que en Azorín se llamó las "pequeñas cosas". El hambre atroz, implacable, produce sobre la realidad el mismo efecto de desmaterialización que Shmeliov busca describir al intentar llegar al alma de la realidad. Además, el recuerdo convierte la evocación de una realidad perdida –doblemente, por haber sido sometida a la más brutal de las devastaciones y por vivir sólo en el recuerdo– en una presencia lacerante convertida en dolor, hasta tal punto que sólo es concebible de esa forma, purificada hasta el extremo.

 

Algunos de los grandes escritores rusos disidentes, por llamarlos de alguna manera, comparten esta sensibilidad. Ajmátova, Pasternak, Shalámov, también Soljenitsin, tienen el don de transmutar la más cruda descripción de la injusticia y la bestialidad en un canto a la dignidad del hombre. Shmeliov lleva el gesto aún más lejos: el martirio sin fin de una sociedad confundida con la misma naturaleza –eso es la Rusia Eterna– la vuelve aún más hermosa, por momentos casi radiante. El pavo real que vive en el huerto del protagonista realiza cada día su ritual esplendoroso, el almendro da flores al insinuarse la primavera, un insecto parece rezar al calor del sol, los niños se asombran con cualquier descubrimiento nuevo para ellos, una aristócrata intenta permanecer fiel a las buenas costumbres…

 

Shmeliov no se deja engañar por la nostalgia y sabe bien qué está retratando: lo que les espera a todos, después del sufrimiento y una prueba moral desorbitada, es la muerte, sin idealización alguna. Pero habiendo dejado al desnudo la esencia misma de la vida, también ha descubierto el núcleo de cualquier resistencia. Sin esperanza alguna, eso sí, ante lo que él mismo llamó el "espectáculo imponente" (entre exclamaciones) del totalitarismo comunista.

 

 

IVAN SHMELIOV: EL SOL DE LOS MUERTOS. El Olivo Azul (Sevilla), 2008, 271 páginas.

 

Por José María Marco

Libertad Digital/Libros, 18 de abril de 2008

La izquierda parásita. Cultura y poder

La izquierda parásita. Cultura y poder

 

  En este mundo lleno de progres que se niegan a poner en práctica aquello que predican, lo más fácil es repetir unos cuantos mantras proporcionados por los medios de izquierda para poder vivir (y muy bien) de la subvención pública. O, al menos, eso es lo que afirma el periodista Pablo Molina en Cómo convertirse en un icono progre (ed. Libroslibres), un libro que subraya cómo “la progresía reina. El medio ambiente cultural no sólo en España, sino en los países occidentales, es decir capitalistas, es claramente de izquierdas. Y buena culpa de ello la tiene la derecha política y su absurdo complejo de inferioridad”.

 

Por eso, no es extraño, según Molina, que haya acabado surgiendo esta izquierda de caviar, ideológicamente concienciada y económicamente potente, en tanto “resultado lógico de una ideología, la marxista, que se vio refutada por la realidad con la caída del Muro de Berlín, pero que ha encontrado otras maneras de seguir influyendo en la mentalidad de la gente. Cambiaron la utopía marxista por la paz perpetua, la fraternidad universal y el cambio climático, lo que, por otra parte, es mucho más rentable en términos económicos (sólo hay que ver su tren de vida). La cuestión es seguir expidiendo carnés de buen ciudadano”.

 

Claro que, afirma Molina, no es nuevo que los progres posean un alto nivel económico. “Jamás hubo una revolución de izquierdas que surgiera de la clase obrera. Siempre fueron intelectuales burgueses los promotores”. Con la paradoja añadida, en el caso de la España contemporánea, “de que la mayoría de referentes intelectuales del progresismo vienen del franquismo. Ministros, editores de periódicos, cantautores (como Víctor Manuel) que ganaban concursos de exaltación del generalísimo e incluso una actriz que se forró haciendo españoladas con Manolo Escobar y visitando anualmente El Pardo son los promotores del apoyo a Zapatero en las pasadas elecciones”. Por eso, que los artistas estuvieran en el estrado de Ferraz la noche en que el PSOE ganó las elecciones no es, para Molina, nada sorprendente. “Me pareció muy oportuno que acudieran a recordarle a ZP la deuda que tiene con ellos tras haberse significado de una forma tan clamorosa en su favor durante la campaña. Es sólo cuestión de negocios”.

 

Molina inicia su libro con una dedicatoria a la clase media, “de cuyo esfuerzo diario se aprovecha toda una legión de parásitos”, como si el común de los españoles estuviera manteniendo a aquellos que critican el sistema en el que viven. Aclara Molina que “el estado del bienestar nos ha corrompido, así que en cierta forma todos somos parásitos. Depredamos a los demás todo lo que podemos a través de las regulaciones y la intervención de los políticos, pensando como buenos ilusos que hay otros que se perjudican más que nosotros”. Pero hay diferencias: “El socialismo corrompe al ser humano pero hasta en la depravación hay niveles. Los millonarios que viven de la subvención pública (artistas, cineastas, SGAE, etc.) están muy por delante en esa lamentable clasificación del obrero que acude a Hacienda a trincar los cuatrocientos euros que le prometió Zapatero”.

 

Y, claro está, la lista de gorrones que viven del esfuerzo ajeno no acaba, para Molina, en los artistas. Así, la telebasura es uno de los fenómenos donde más cinismo muestran los progresistas. De una parte, porque se suman sin pudor alguno a los preceptos capitalistas, afirmando que emiten lo que quiere la audiencia y que los programas se hacen para ganar dinero. Pero, de otra parte, en esos espacios se ataca a la derecha, no porque económicamente se esté en su contra, sino porque no se está de acuerdo con la clase de moral que proclama. “Por eso Sardá adornaba sus espacios fecales con abundantes críticas a la derecha, el catolicismo, Israel, Bush, etc. Conscientes de la vileza catódica que producen, necesitan un salvoconducto para seguir instalados en un plano moral superior. Parece mentira que millones de personas no se den cuenta de la forma tan grosera en que le están tomando el pelo”.

 

La universidad, en manos de la izquierda

 

 Al margen del entorno audiovisual, el ámbito en el que más progres hay por metro cuadrado es, según afirma Molina, la universidad. “Desde 1960 las instituciones académicas han estado en manos de la izquierda, que no sólo ha colocado a sus fieles sino que ha hecho que sus teorías sean las predominantes, especialmente en las ciencias sociales. Hoy en día para medrar en la universidad pública tienes que comulgar con ciertas premisas ideológicas. Sólo hay que darse una vuelta por los pasillos de cualquiera de nuestras universidades para comprobarlo. A veces parece que estás en un campamento de las FARC o del Sendero Luminoso”.

 

Cabría preguntarse, no obstante, si ambos contendientes no están utilizando las mismas armas, ya que el reproche público hacia quienes dicen una cosa y hacen lo contrario, que es la esencia del libro de Molina, ha sido también empleado con frecuencia por la izquierda. Por ejemplo, contra los religiosos llevaban una vida carnal diferente de lo que predicaban en público. Para Molina, estos reproches son válidos, vengan de un lado o de otro, porque “el cinismo es siempre criticable. Hay, no obstante, una diferencia. Mientras que el de derechas o el cura que contraviene sus principios en su vida privada es consciente de su vileza, el progre multimillonario no tiene el menor cargo de conciencia. Piense en Al Gore. Un tipo que se hace rico predicando el Apocalipsis climático, mientras posee minas contaminantes y consume con su jet privado más que cien mil familias normales. Pues encima le dan el Nobel. En cambio no sé de ningún cura pedófilo que haya recibido el Príncipe de Asturias por sus “méritos” pedagógicos”.

 

Sin embargo, hay una esperanza, para Molina, en la medida en que han surgido los últimos años muchos medios de comunicación, universidades e intelectuales de derechas. Algo de lo que habría que responsabilizar a Internet, “el medio que ha permitido este cambio cualitativo. Hoy en día los medios digitales más seguidos son de filosofía liberal-conservadora. El proceso es lento pero avanza imparable. Hace diez años no podíamos imaginar la situación que tenemos hoy, gracias a la cual las ideas de la derecha llegan a muchísimas más personas a las que lo hacía antes de la llegada de las nuevas tecnologías. ¡Por algo quiere Cebrián “regular” (o sea, censurar) la red!”

 

Esteban Hernández

ElConfidencial.com, 16 de abril de 2008

 

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El Libro negro de la Revolución Francesa: toda la verdad

El Libro negro de la Revolución Francesa: toda la verdad

Les Éditions du Cerf acaban de publicar Le Livre Noir de la Révolution Française, obra colectiva a la que han prestado su pluma reconocidos autores como Pierre Chaunu, Jean Tulard, Emmanuel Le Roy-Ladurie, Jean de Viguerie, Ghislain de Diesbach y Jean des Cars (por no citar sino aquellos cuyos libros nos son más conocidos). Como era de esperar, el grueso volumen ya ha suscitado la controversia. Los medios universitarios y periodísticos del país vecino se hacen eco de ella. No podía faltar, por supuesto, la descalificación por parte de aquellos para quienes la Revolución sigue siendo un tótem intocable y claman indignados contra los “integristas” y “ultras” católicos que, según ellos, escriben cosas absurdas (tal es el juicio categórico, por ejemplo, del catedrático de Historia de la Revolución Francesa de la Universidad de París I-Panthéon-Sorbonne). Confesamos que estos improperios son justamente los que nos han hecho más atractivo el libro y nos han animado a leerlo. Tal como pasa con todo lo que escribe Pío Moa, cuyos detractores son sus mejores propagandistas. Los diferentes capítulos-artículos de Le Livre Noir de la Révolution Française son sinceramente apabullantes y cada uno invita a leer el siguiente. En ulteriores ocasiones iremos glosando y comentando los más importantes a la espera de que aparezca la traducción española, que nos auguramos que no tarde para que cunda aquí el ejemplo y sea una nueva contribución para desbrozar la espesa maleza que invade nuestro panorama intelectual.

 

Una revisión que viene de lejos

 

Entre la conmemoración del primer centenario y la del segundo de la Revolución Francesa (1889 y 1989 respectivamente) se verificó un cambio saludable en las mentalidades y en las actitudes. De los fastos ditirámbicos y triunfalistas de la Tercera República –masónica y rabiosamente anticlerical y antimonárquica– se pasó a las celebraciones más ponderadas de la Francia de Mitterrand, durante las cuales se puso de manifiesto el desgaste del mito revolucionario. Ese mismo año, como contrapunto, se recordaba el cuarto centenario de la Casa de Borbón con el advenimiento al trono de Enrique IV, lo cual dio lugar a importantes manifestaciones de los diferentes grupos monárquicos, que ya habían organizado por todo lo alto los festejos del milenario de los Capetos en 1987 y volverían a mostrar poder de convocatoria para el sesquimilenario de la conversión de Clodoveo en 1996, cosa impensable cien años atrás.

 

¿Qué había pasado? Simplemente que la historiografía había dejado de acatar los dictados de la propaganda jacobina republicana y comenzaba a estudiarse los hechos despojados de sus disfraces y pudibundas vestimentas, en su implacable desnudez. Un libro –hoy clásico– abrió la brecha en la espesa muralla de la censura ideológica: La Révolution Françaisede Pierre Gaxotte, que ha conocido múltiples ediciones y traducciones desde su aparición en 1928 y sigue constituyendo un punto de referencia obligado para los estudiosos, incluso para aquellos que no están de acuerdo con su visión crítica del mito fundador del mundo moderno.

 

La Revolución, en efecto, se divulgaba como un hecho liberador: de la opresión, del despotismo, de la miseria, de la servidumbre a los que tenían sometido al pueblo la monarquía y los que de ella vivían (el clero y la nobleza). La Revolución había proclamado el triple lema de libertad-igualdad-fraternidad, desarrollado en la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, y lo había impuesto no sólo a Francia sino al mundo entero. En lo sucesivo, todos los movimientos subversivos del orden establecido –desde la Insurrección de Julio hasta la Revolución de Octubre– se reconocieron en la gesta cuyo punto de partida simbólico fue la toma de la Bastilla, la “fortaleza del despotismo”. En cuanto al baño de sangre que sobrevino en la Francia revolucionaria, se lo disculpaba como un mal necesario para la regeneración nacional, para la “salvación pública”. Ya algunos autores como Franz Funck-Brentano se habían ocupado en refutar ciertos aspectos de la cuestión (por ejemplo, la verdadera naturaleza y compleja realidad del Antiguo Régimen). El libro de Gaxotte desmontaba todo el  andamiaje.

 

Sin embargo, el dominio tradicional que detentaba la izquierda en el mundo intelectual francés era difícil de contestar. Gaxotte fue acusado de monárquico y contrarrevolucionario, una manera de desacreditar al autor sin tomarse la molestia de refutar sus tesis. La Revolución sólo podía ser contada por los jacobinos (Aulard) y los marxistas (Lefèbvre, Soboul). Habría que esperar todavía a 1965 para que François Furet, con la colaboración de su cuñado Denis Richet, encendiera el polvorín con su libro de casi un millar de páginas también intitulado La Révolution Française, que marcó un antes y un después en la historiografía. Un segundo volumen, Penser la Révolution Française (publicado en 1978), contribuyó decisivamente a desacralizar el mito, incidiendo en la necesidad de liberar al análisis histórico de la Revolución de la leyenda, de la poesía y lo panfletario y de mostrar crudamente los hechos. Contemporáneamente, desde el mundo anglosajón (Elizabeth Eisenstein, George Taylor), se planteaba la crítica al uso unívoco de conceptos como feudalismo, burguesía y capitalismo, presentes en la interpretación marxista.

 

Desde entonces y, sobre todo, con ocasión del bicentenario, se ha enriquecido la reflexión histórica sobre la Revolución Francesa con nuevos e interesantes aportes. Entre éstos no podía faltar la visión que podríamos llamar anticonformista y que, por supuesto, ha incorporado y se ha beneficiado de las adquisiciones de la investigación histórica desde los tiempos en los que un Burke (Reflections on the Revolution in France) y un Joseph de Maistre (Considérations sur la France) ofrecían la visión conservadora de la Revolución o en los que un abate Barruel (Mémoires pour servir à l’Histoire du Jacobinisme) y un Crétineau-Joly (L’Église Romaine en face de la Révolution) enarbolaban la interpretación católica de unos hechos que remecieron la sociedad europea de la época e iban a influir en ella duraderamente.

 

Le Livre noir de la Révolution française. Bajo la dirección de Renaud Escande. 884 pp. Les Éditions du Cerf. Collection « L’Histoire à vif ». Enero 2008.

 

Rodolfo Vargas Rubio

El Manifiesto, 10 de abril de 2008

Un clásico olvidado del siglo XX. Reaparece “Dios ha nacido en el exilio”, de Vintila Horia

Un clásico olvidado del siglo XX. Reaparece “Dios ha nacido en el exilio”, de Vintila Horia La editorial Ciudadela acaba de reeditar una magnífica novela de un amigo mío: Dios ha nacido en el exilio, de Vintila Horia.

 

Abro este libro al azar y en las páginas 196 y 197 leo lo siguiente: un individuo ha matado a su mujer con la excusa de que ésta sufría empujándola por las escaleras de su casa; anuncia al protagonista su boda con su amante a la vez que le culpa a él de haberle inducido al crimen. Un asesinato disfrazado de compasión y un asesino que exige su derecho a la felicidad. ¿Describe la novela el presente o el futuro? No, está ambientada en el Imperio romano y fue publicada en 1960. Hablo de Dios ha nacido en el exilio, ganadora del antes afamado Premio Goncourt.

 

¡Qué alegría verla reeditada! Fui amigo de su autor, Vintila Horia, durante unos pocos años, pues él murió en 1992; en ese tiempo su amistad fue generosa, decisiva e iniciática. Hasta ahora “Dios ha nacido en el exilio” sólo podía leerse en ediciones de los años 60 encontradas en librerías de viejo. Un prólogo acertado cuenta la vida de Vintila así como los avatares de la novela. Si en los años 60 la persiguieron los comunistas y sus tontos útiles, hoy la ignorarán los progres y los marxistas devenidos en nihilistas.

 

¿Es una novela histórica? No, es una novela religiosa. La búsqueda de Dios por unos hombres. Un argumento que vale para cualquier época, incluso para ésta. Sólo que Horia lo sitúa en el Imperio romano y en los años del nacimiento de Jesucristo. El protagonista es el poeta Ovidio, desterrado por el emperador Augusto a Tomis, en la lejana Dacia, hoy el puerto de Constanza, en Rumanía. Allí, el poeta exquisito es forzado a vivir junto a bárbaros, mercaderes, legionarios, prostitutas, deportados... y algo le une a muchos de ellos: el deseo de conocer al Creador y de liberarse de un poder despótico . En el puerto se difunden todos los mitos y rumores sobre deidades: dacios, egipcios, romanos, griegos..., incluso llegan noticias sobre la venida del mesías que esperan los judíos.

 

¿Aparecen batallas, duelos, conspiraciones? Tampoco. Los únicos combates que hay los libran los hombres contra sus miedos, sus rutinas y sus desesperaciones. Nuestra vida cotidiana.

 

¿Es fácil de leer? ¿Desde cuándo el mapa del tesoro es sencillo? Y aquí el tesoro es la Paz.

 

Una novela que nunca obtendría el Planeta. Por eso hay que leerla. Éste es el tiempo para el que fue escrita.

 

PEDRO FERNÁNDEZ BARBADILLO

elmanifiesto.com, 20 de marzo de 2008

 

 

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Un análisis de Alexandra Viatteau: Totalitarismo blando y sociedad infantilizada

Un análisis de Alexandra Viatteau: Totalitarismo blando y sociedad infantilizada

Los libros de historia podrán decir lo que quieran, hacernos creer que totalitarismos como el soviético cayeron hace casi veinte años y que, en consecuencia, vivimos en el mejor de los mundos: en un estado de bienestar en el que la gente ha dado la espalda a esos experimentos de ingeniería social que caracterizaron al siglo XX. El estalinismo ha muerto y ha triunfado un concepto de la libertad sin límites que nos vacunaría de volver al pasado. Si encima tenemos la suerte de vivir en la Europa posmoderna, le hemos dicho definitivamente adiós a esos tiempos de penuria y ciega obediencia a consignas de partido o líderes carismáticos. Pero una historiadora francesa de origen polaco, Alexandra Viatteau, se empeña en despertarnos de esos ensueños, del "no pasa nada" elevado a la categoría de dogma incuestionable. Mas si presentar este discurso en Francia se encuentra con el rechazo o la indiferencia, ¿qué podríamos decir de España, país instalado en la poshistoria salvo en lo referente a la mitificación de algunos acontecimientos sucedidos desde 1931?

 

Alexandra Viatteau ha publicado un libro, La société infantile (éditions Hora Decima, 2007), en la que se atreve a comparar el totalitarismo de la URSS, pues es una especialista en la historia de ese país y de la Polonia comunista, con las actitudes mentales extendidas en nuestra sociedad occidental posmoderna. El panorama presentado por la autora, en el que no sería difícil ver a España como alumna aventajada, nos presenta a una sociedad que se deja llevar por el visceralismo de las emociones colectivas y evita las cuestiones de fondo. En muchas ocasiones todo intento de raciocinio recibe como respuesta el grito o el insulto. Es muy característico de una sociedad infantil cuya existencia debe bastante a un sistema que pretende ser educativo aunque no eduque precisamente en la responsabilidad. A este respecto, Viattaeu denuncia que la enseñanza se está convirtiendo en un ejercicio de relaciones humanas más que de transmisión de saberes, los profesores son más "acompañantes" o de "apoyo" que educadores; y lo peor es que los conocimientos no se construyen alrededor del saber sino de la discusión permanente. Por lo demás, hemos llegado al extremo de que todo comunicador que se precie, debe exhibir nutridas dosis de ironía o de provocación, y sería capaz de justificar sus gesticulaciones o insultos en nombre de la justicia o de un mundo mejor. ¿Y qué decir del mundo de la creación artística, el de los “subversivos subvencionados”, en expresión de Viatteau? Esos creadores imponen sus gustos en la creencia de que no existe la verdad, aunque por lo visto tampoco la inteligencia o el buen gusto. Vivimos tiempos de un narcismo colectivo, y cuando hay narcisismo impera el tribalismo, segura antesala del odio. Sin embargo, no todo es perceptible en el mundo de lo “políticamente correcto” porque un neolenguaje, no muy diferente al del 1984 orwelliano, sirve para ocultar la realidad.

 

¿Cómo hemos llegado a esta situación de “totalitarismo blando”, una expresión que agradaría a un Tocqueville, denunciador de la tiranía de la mayoría? Viatteau nos recuerda que es el resultado del hedonismo libertario de mayo del 68. Los años han puesto al descubierto que más que una rebeldía, aquel movimiento era una nueva forma de conformismo materialista y cínico. Con todo, la profesora franco-polaca insiste en buscar relaciones de la situación actual con la época soviética. Por ejemplo, Lenin era un especialista en la manipulación de las masas y un fustigador de la moral burguesa. Stalin calificaba a los psicólogos de “ingenieros de almas”, y hoy en día algunos dogmas del psicoanálisis están contribuyendo, según Viatteau, a la fabricación de un nuevo tipo de hombre totalitario. Pero quizás un modelo para nuestro tiempo sería el de Wilhem Reich, predicador de la liberación sexual y militante comunista, en el que las ansias liberadoras pasaban sobre todo por escapar de la prisión del cuerpo y dar riendas sueltas a los deseos. Todo lo contrario de la idea aristótelica de que la libertad verdadera pasa por un hombre dueño de sí mismo y de sus impulsos. Quizá los “bohemios burgueses” de nuestro tiempo sean un buen ejemplo de que el marxismo o el leninismo no han muerto por completo, pese a que la bandera roja fuera arriada del Kremlin.

 

Libros como el de Alexandra Viatteau nos pueden parecer un tanto desordenados en su aluvión de interesantes ideas y reflexiones, pero tienen el indudable mérito de llamar la atención sobre un totalitarismo de nuevo cuño, “un fascismo interiorizado y voluntario”, en expresión de su autora.

 

Antonio R. Rubio Plo, Historiador y Analista de Relaciones Internacionales 

Análisis Digital, 7 de marzo de 2008

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