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TIRANTE EL BLANCO: El sexo como interpretación de la Historia

¿Es el sexo el motor de la historia? Muchos atribuyen esta hipótesis hermenéutica a Freud, y en parte –sólo en parte– es cierto, pero las tesis del doctor vienés eran mucho más inteligentes que ese reduccionismo tan radical. Una cosa es desvelar la importancia personal y social de la sexualidad, algo considerado tabú hasta Freud, y otra muy distinta es que todo tenga detrás una razón o motivación sexual. Pues esto es lo que cree a pies juntillas Vicente Aranda, que acaba de estrenar Tirante el Blanco.

 

 

Vicente Aranda se ha caracterizado siempre por el fuerte contenido sexual de sus filmes. Un sexo explícito y reconocido –por la gente, no por él– como su sello personal. Baste recordar algunas escenas de Paz Vega en Carmen, o la interpretación sexual de la figura de la reina Juana la Loca en el homónimo film. En Tirante el Blanco se acerca de forma muy personal a la novela medieval de Joanot Martorell Tirant lo Blanc, escrita en valenciano a partir de 1460 y publicada en 1490.

 

La novela, con componentes autobiográficos del mismo autor, narra los amores y pendencias del caballero Tirante con un estilo que combina un realismo directo y crudo con los ideales caballerescos de la época. El héroe se inicia participando en competiciones en Inglaterra y prosigue sus aventuras en Francia, para terminar salvando el Imperio Bizantino frente a los turcos otomanos.

 

Aranda no se centra en el aspecto militar –sólo hay dos batallas en el film–, sino en las intrigas amorosas de la corte. Tirante utiliza su victoria para vencer la natural oposición de la princesa Carmesina (Esther Nubiola) a entregar su virginidad. Carmesina es la presumible y única heredera del Imperio. Tirante es joven y atractivo, pero no es de origen noble. Es, pues, "necesario" embarazarla antes de la boda.

 

Son las mujeres de la corte –Estefanía (Ingrid Rubio) y Placerdemivida (Leonor Watling)– las que se afanarán por salvar el Imperio haciendo que se produzca el encuentro carnal entre Tirante y Carmesina. La Viuda Reposada (Victoria Abril) lucha contra este propósito, no porque esté a favor de los turcos, sino porque ella también está perdidamente enamorada de Tirante. En fin, un culebrón.

 

Ciertamente, la novela original es muy sensual y picaresca, con muchas similitudes con La Celestina. Ello le sirve a Aranda para desplegar todo su oficio en escenas subidas de tono. El otro componente de la novela, el religioso, expresión de la mentalidad medieval –que ya declinaba entonces–, está en la película más como discurso oficial insincero –como una superestructura ideológica en sentido marxista– que como ideal configurador de la vida real. De esta formal, al reducir las motivaciones políticas y personales de los personajes a deseo sexual, se reduce todo el horizonte del deseo humano y las múltiples evocaciones religiosas del film quedan vaciadas de sentido.

 

Es una pena que una producción tan cara se eche a perder por una miopía de guión que sólo ve lo inmediato y que escamotea a los personajes un horizonte ideal. Aproximarse al siglo XV con la perspectiva de un "salidillo" del siglo XXI es renunciar a entender una época y el sentido de la sexualidad que tenían los hombres de entonces.

Por Juan Orellana Libertad Digital, suplemento Religión, 12 de abril de 2006.

 

 

 
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