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Políticamente... conservador

EL 'COMPROMISO' DEL MUNDO DEL CINE: T de Terrorismo

En lo relativo al extremismo ideológico y la violencia política, una de las pocas decisiones moralmente claras que Hollywood parece haber podido tomar es que el nazismo fue algo malo. De ahí en más, todo resulta confuso, grisáceo o relativo para los genios creativos de la industria del entretenimiento en celuloide. Tres películas de estreno reciente ilustran el punto: Munich, de Steven Spielberg, una realización edulcorada que muestra titubeo en condenar sin amages el terrorismo; Paradise Now, de Hani Abu Assad, una apología descarada del terrorismo suicida palestino, y V de Vendetta, de los hermanos Andy y Larry Wachowski, bizarro film que celebra sin ambigüedades el anarquismo y terrorismo de antaño. En Munich, en lugar de enfocarse en las obscenidades del terrorismo, Spielberg prefirió tratar los dilemas éticos del contraterrorismo, y, para empeorar aún más las cosas, termina sugiriendo que moralmente no hay mayores diferencias entre lo primero y lo segundo.

Aquí no hay buenos y malos, conforme al clásico patrón de Hollywood, sino personajes atormentados por el peso de sus conciencias en tanto avanzan en la consecución de su misión; ellos son los agentes israelíes que deben ajusticiar a los militantes palestinos que planearon y ejecutaron el asesinato de 11 compatriotas en las Olimpíadas de Munich de 1972. Las líneas entre lo justo y lo injusto, lo correcto y lo incorrecto, lo moral y lo inmoral, van gradualmente diluyéndose hasta transformarse en una masa acuosa que al evaporarse no deja tras de sí certeza ética alguna.

La frase más citada del film: "Toda civilización encuentra necesario negociar concesiones con sus propios valores", intenta sugerir que hay algo intrínsecamente errado en la noción de luchar contra el terror. Este film puede ser visto como un espejo de la confusión interna de su director en lo relativo a la lucha antiterrorista, acontezca ésta en Israel o en su país natal.

Paradise Now es un film de alto contenido político dirigido por un palestino nacido en Nazaret, portador de ciudadanía israelí, que actualmente reside en Holanda. Esta película, aún no estrenada en la Argentina, recibió entre otros el premio del Festival de Berlín y el Golden Globe a la mejor película extranjera, y fue nominada en la misma categoría a los premios Oscar de la Academia.

La película narra la historia de dos atacantes suicidas palestinos mientras preparan un atentado en Tel Aviv. Sus críticos han centrado sus protestas en la amabilidad del retrato de los atacantes, en la ausencia de sentimientos hacia las víctimas y en la glorificación del fenómeno del terrorismo suicida presente en la trama. El cineasta palestino se defendió aduciendo que el "verdadero terrorismo" emana de Israel, "el estado ocupador". Trágica e irónicamente, el día que Paradise Now recibió uno de sus premios en Europa, un terrorista palestino se inmoló en la localidad israelí de Netanya, matando a seis personas e hiriendo a varias otras.

Es muy lamentable que la comunidad artística mundial haya sido incapaz de sancionar un film que exalta el terrorismo. Que esta producción haya cosechado tantos premios en Europa y EEUU es un testimonio a la banalización occidental de la violencia política actual.

Es, no obstante, la película V de Vendetta la que uno debe ver para advertir hasta qué niveles ha llegado la trivialización del terrorismo. Esta película está inspirada en la historia de Guy Fawkes, el anarquista católico que en 1601 intentó volar el Parlamento británico. El film es absurdo en muchos aspectos, pero altamente inquietante en al menos uno: puede tener el efecto de que las audiencias salgan de las salas de cine aplaudiendo a un terrorista que logra hacer volar en mil pedazos el Big Ben mediante explosivos transportados en el sistema subterráneo londinense.

El estreno de V de Vendetta –planeado para noviembre de 2005– debió ser postergado hasta marzo de 2006, para tomar distancia temporal de los ataques de julio en Londres. Celebrar el terrorismo a cuatro meses de aquella pesadilla sería de mal gusto, habrán concluido los gurús marketineros del film. ¿Otros cuatro meses después estará bien?

Llamémoslo ironías del destino, si se quiere, pero hay algo de simbólico en ello. Es como si no importara cuánto Hollywood lo siga intentando: la realidad, tarde o temprano, termina haciendo añicos sus fantasías de celuloide. Y pocos casos ilustran esto como el del director árabe-americano Mustafá Akkad.

Akkad nació en Siria y se mudó a EEUU, donde estudió cinematografía. Si bien produjo la serie de películas Halloween, dedicó gran parte de su vida profesional a presentar una imagen positiva de los musulmanes, a quienes él consideraba que Hollywood no retrataba con justicia. En películas como Mohammed, Messenger of God, sobre la vida de Mahoma, o Lion of the Desert, sobre los beduinos que luchaban contra el colonialismo, este director aspiraba a presentar una épica musulmana divergente de los convencionalismos en los que, según él, los productores estadounidenses regularmente caían.

Estaba preparando una nueva película cuando murió. El film se llamaría Saladin, sería protagonizado por Sean Connery y su propósito sería proteger el Islam de las distorsiones occidentales. Tal como él mismo acotó: "El Islam ahora mismo está siendo retratado como una religión ’terrorista’ en Occidente, y al hacer este tipo de película estoy mostrando la verdadera imagen".

El 9 de noviembre de 2005 varios terroristas suicidas musulmanes fueron enviados por Abú Musab al Zarqaui hacia Ammán, la capital de Jordania. Una vez allí, se inmolaron en los hoteles Radisson, Grand Hyatt y Days Inn, provocando la muerte a docenas de personas.

Una de las víctimas fue Mustafá Akkad.

Julián Schvindlerman, escritor argentino. Autor de Tierras por paz, tierras por guerra.

Libertad Digital, suplemento Fin de Semana, 29 de abril de 2006

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