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Políticamente... conservador

Reforma inmigratoria a la francesa

Analicemos lo realmente básico en el debate sobre la inmigración. No, no quiero decir que repitamos los debates sobre el impacto económico o el número de inmigrantes o la diferencia entre legal e ilegal. No, vayamos a algo mucho más básico. ¿Por qué están aquí y qué quieren?

 La mayor parte de los inmigrantes provenientes del mundo entero viene buscando oportunidades económicas. ¿Por qué hacen eso? Porque nosotros somos ricos y ellos no. Para ser más exactos, nosotros tenemos una economía que funciona, que genera riqueza y ellos no. ¿Por qué funciona nuestra economía y la suya no? Nosotros tenemos un Estado de Derecho y ellos no. Lo crean o no, ese obsequio tan sencillo de nuestra herencia británica sigue dando grandes dividendos tanto a nosotros como al resto del mundo angloparlante.Estado de Derecho significa que existe una única serie de leyes que se aplican a todos por igual. No hay un conjunto de leyes para la gente en el poder y otro para el hombre corriente. Significa que los derechos de propiedad son algo relativamente seguro. Da lo mismo ser rico o pobre, trabajar para el gobierno o estar en las últimas; se puede comprar, vender y ser dueño de su propiedad y puede estar muy seguro de que seguirá siendo suya el día de mañana. El Estado de Derecho y los derechos de propiedad seguros crean un ambiente en el que la gente puede invertir, embarcarse en riesgos financieros y crear riqueza. Damos por hecho que nuestros ahorros estarán en el banco donde los dejamos. La mayoría de los norteamericanos no se preocupa de si ha dejado sus casas o negocios sin vigilancia.¿Cómo se puede crear corrupción sin realmente quererlo? Teniendo leyes que no se cumplan de manera uniforme. El principio del Estado de Derecho es que las mismas leyes son aplicables a todos y que todos saben más o menos cuáles son esas leyes y qué castigos hay por no cumplirlas. En muchos países del Tercer Mundo, hay tantas regulaciones que no es posible hacer negocios de manera legal. Grandes sectores de la economía operan en la economía sumergida, ilegalmente o, como se dice a veces, "de manera informal". En un sistema corrupto, la gente que tiene contactos puede llegar más lejos que el ciudadano común. Si mi cuñado es el jefe de policía, puedo conseguir licencias de construcción y mi negocio queda protegido. Pero si soy un pobre diablo tratando de ganarme la vida, puede que no. Esa inseguridad y ese trato injusto se confabulan socavando la energía que la gente debería estar usando para producir mejores artículos y, en ese proceso, contratar más trabajadores. Todo eso reprime la formación de capital y el desarrollo empresarial. Hacer que se cumpla la ley¿Qué tiene que ver todo esto con el debate sobre la inmigración? Tenemos una serie de leyes inmigratorias que no se están haciendo cumplir. Tampoco, obviamente, estamos haciendo que se cumplan las leyes laborales. Es casi seguro que los empresarios que contratan a trabajadores ilegales incumplen cada una de nuestras leyes laborales concernientes a horarios, sueldos, beneficios y condiciones de trabajo.Tanto las leyes inmigratorias como laborales están en compás de espera para ser aplicadas cuando sea conveniente. Ésta es una receta para socavar el Estado de Derecho, eso que nos hace más ricos que el resto del mundo. Y esto es verdad independientemente del contenido exacto de las leyes. Cualquier ley que no se piense hacer cumplir, o que se piense hacer cumplir de manera selectiva, invita a la corrupción. Pero al ver cómo se está desarrollando el debate de la inmigración, hay muchas más razones para estar preocupados por el Estado de Derecho. Las manifestaciones de las semanas anteriores revelan algo mucho más siniestro: la llegada a Estados Unidos de la política callejera a la francesa.Mire el control que tienen los sindicatos franceses de funcionarios sobre la política. Más de un millón de personas salió a las calles a protestar contra una ley que suponía un intento totalmente razonable de abordar el desempleo juvenil que ha permanecido por encima del 20% durante una década. Los sindicatos franceses de funcionarios organizaron a los estudiantes para que llenasen las calles, asustaran al gobierno y controlaran el "debate". Es hacer política usando la intimidación. Francia es una república bananera con mal tiempo. Si la izquierda se sale con la suya, lo verá pronto en alguna esquina cerca de usted.Los grupos izquierdistas están trabajando activamente en el debate sobre la inmigración. Los sindicatos y organizaciones izquierdistas trabajaron entre bastidores promoviendo las demostraciones estudiantiles de las semanas anteriores. Reflexione acerca de lo siguiente: se envió toda una serie de correos electrónicos durante el fin de semana del 24 y 25 de marzo. A la semana siguiente, los chicos de bachillerato en todo el país abandonaron las escuelas "de manera espontánea", ayudados y protegidos por grupos izquierdistas que incluían, en el caso de Los Angeles, a los propios funcionarios de las escuelas.El clero de Washington D.C, que organizó un servicio de oraciones para apoyar a los inmigrantes ilegales, fue patrocinado casi en su totalidad por grupos activistas de izquierda, envueltos en un fino velo de cristianismo. Asociaciones como The Center for Community Change, Association of Community Organizations for Reform Now y La Raza patrocinaron la concentración. Estos grupos están mucho más cerca del activismo antiamericano que de la fe cristiana. Mi verdadero temor respecto a la inmigración es la continua importación de personas que se conviertan en clientes del estado del bienestar y del aparato político que lo defiende. Mi parroquia tiene muchos mexicanos. Los aprecio. Ellos podrían salvar a la Iglesia Católica en Estados Unidos. Es un privilegio orar con ellos. Pero, por otro lado, no puedo soportar la idea de que los mexicanos se conviertan en clientes de por vida de la izquierda radical, con su política de identidad, su antiamericanismo con pretensiones de superioridad moral y su mentalidad subvencionadora. Piense lo que piense del equilibrio entre controlar el flujo futuro de inmigrantes y el humanitarismo para con los que ya están aquí, la introducción de una política callejera a la francesa es muy mala señal.

Si importamos políticas tercermundistas, destruiremos nuestra economía primermundista. Y todos, nativos e inmigrantes por igual, estaremos peor debido a ello.

 Por la doctora Jennifer Roback Morse, investigadora especialista en Economía del Instituto Acton para el estudio de la religión y la libertad y autora del libro: "Smart Sex: Finding Life-long Love in a Hook-up World".

*Traducción por Miryam Lindberg del artículo original.

Libertad Digital, suplemento Iglesia, 8 de junio de 2006  
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