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Políticamente... conservador

Resistencia frente a la mentira

A juzgar por las informaciones de los medios libres, la campaña por el referéndum del nuevo Estatuto de Cataluña fue la campaña de la resistencia democrática frente a la mentira del neofascismo, de la libertad y el civismo frente a la presión violenta y el insulto, de la sociedad libre frente a unas instituciones corruptas y corruptoras.

Una vez conocido el resultado, ¿cuál es la lectura más inquietante? Que no ha triunfado la democracia real, no ha triunfado la resistencia sino la apatía frente a la mentira; la sociedad catalana está enferma y la clase política se felicita. Y ¿cuál es la lectura más sana y, por tanto, la más verdadera, para la mejora de la convivencia entre los españoles? Sin duda que dos de cada tres ciudadanos de Cataluña no han dado su respaldo al proyecto personal de Zapatero de destruir el espíritu constitucional de 1978.

Me resisto a creer que el ser humano elija deliberadamente la mentira como camino. Albergo la confianza cristiana de que todo ser humano es un bien en sí mismo, que tiende a buscar la verdad, la belleza y el bien, y a evitar la mentira y el mal; aun cuando, como dijo San Pablo de sí mismo, no hace el bien que le atrae, sino el mal que le seduce. Pero, a pesar de no perder la confianza primera, creo que en algunos se hace más patente lo segundo: ante la falta de capacitación, pensamiento y credibilidad, ciertos personajes de la vida pública toman el camino de la mentira porque es más rentable y cosecha beneficios inmediatos; a la vez que coloca en posición incómoda o fuera de juego a los contrincantes que optan por el camino de la rectitud.

La opción por la mentira y por todas las manifestaciones afines está en la raíz de los procesos de desmantelamiento (de disolución, dijo Alfonso Guerra) de la unidad de la Nación española y, en consecuencia, del modelo del Estado constitucional. Nada sucede a la luz del día. Una clase política, muy desacreditada, acumula deterioro y mediocridad, mientras una masa ciudadana, en general dormida o distraída, parece no inquietarse ante la pérdida de la libertad y la falsificación del sistema democrático. La alta abstención en el referéndum del nuevo Estatuto de Cataluña es un fracaso más de una clase política que se empeña en destruir el consenso y el espíritu de reconciliación de la Constitución de 1978, para enfrentar de nuevo a los españoles. Se confirma así, una vez más, que ZP lidera una estafa nacional de consecuencias nefastas imprevisibles.

Es así de tremendo y terrible, pero esta valoración viene avalada por la aparición de informaciones cada día más detalladas y convincentes. Hoy se sabe, por ejemplo, que todo se viene gestando, desde hace varios años, en el tenebroso teatro negro de los actores nacional-socialistas; y que los socialistas, a la vez que firmaban el Pacto Antiterrorista y por las Libertades con el Gobierno del Partido Popular, hablaban de pactos contrarios con los nacionalistas y con la facción política de los terroristas. Después vino la formación del Tripartito en Cataluña, el encuentro de Carod Rovira con la ETA en Perpiñán, el Pacto del Tinell en el cual los partidos nacionalsocialistas firmantes se comprometían a excluir al Partido Popular de cualquier acuerdo; y la masacre del 11-M y los acontecimientos de asedio salvaje a las sedes populares, los insultos y las agresiones al que osa disentir y expresarse en libertad...

Este es el escenario en el que ZP administra su particular teatro negro, que no tiene nada que ver con la excelencia artística y creadora del fantástico "Teatro Negro" de Praga, quizá el mejor del mundo. El teatro negro de ZP reúne sobre el más oscuro y tenebroso escenario a cómplices de asesinos, neofascistas, traidores, encubridores, farsistas, guionistas maquiavélicos, saltimbanquis, encantadores de serpientes, engañabobos, bromistas, muñecos lenguaraces, provocadores... ¿Cómo entender esta forma de hacer política si no es desde la opción por la mentira como arte de ganar la partida al contrario?

Hacemos memoria de todo ello, no con la mala idea de contar fracasos, crispar los ánimos o sembrar la desconfianza y el desconcierto, sino con la firme voluntad de que la verdad se abra camino en el orden político, hoy muy escaso de este valor y principio. La práctica de la mentira está creando el humus de la corrupción radical de nuestro sistema democrático, de la desmoralización, el advenimiento de una sociedad sin principios consistentes y sin solidaridades exigentes.

Benedicto XVI, en el Mensaje para la Jornada de la Paz 2006, recordó especialmente a los católicos que se practica la mentira cuando no ajustamos lo que decimos y hacemos al orden divino inscrito en la realidad de las cosas y de la conciencia. Este orden divino exige respetar la dignidad de la persona y reconocer el valor sagrado de toda la vida humana.

La falta de respeto a la vida humana, a la dignidad de la persona y a los derechos y libertades está a menudo camuflada en expresiones y leyes ambiguas, en silencios y en dejación de responsabilidades de quienes están investidos del mandato público de defenderlos. La opción por la mentira y sus expresiones afines impregna la política tal como la practica Zapatero y así aparece traducida frecuentes veces en ciertos medios de comunicación. Cuando lo que decimos y hacemos no se ajusta a un criterio humanamente lleno de verdad, iluminación, norma y seguridad, cada verdad se convierte en criterio absoluto. De este modo, todo es posible, rige el "como sea" en función de los objetivos que se persigan.

En este contexto, la campaña por el referéndum del Estatuto de Cataluña ha sido una muestra más de la elección de la mentira como argumento político. Ha sido una campaña falsificada por la intimidación, la persecución, la manipulación y el secuestro de la información. Una parte significativa de los pacíficos y cívicos defensores del "no" fue sistemáticamente discriminada y atacada incluso desde las instituciones. El uso partidista de las instituciones y de los recursos de que dispone a favor de una opción, por un lado, y la utilización de la violencia legitimada en contra de otra opción, pone en entredicho la legitimidad del resultado. Zapatero y sus socios dieron un paso más en la versión actual del neofascismo, que estigmatiza y excluye en función de la idolatría del territorio, la sangre y la lengua.

Optar por la mentira no acarrea más que la presión constante de verse obligado a recurrir a la trampa, la manipulación, el juego sucio, las deslealtades, la ocultación de los hechos, la persecución, la inseguridad y el temor. Optar por la senda de la mentira requiere cargar el equipaje de prejuicios y desconfianza. Pero es insostenible pretender mantenerse en el camino del engaño, no lo ha resistido el socialismo real. Aunque, con Zapatero al frente del Partido Socialista, no veo ninguna posibilidad de regeneración ética de su partido y de la actividad política.

En cambio, la opción por la verdad nos hace libres, buscadores de la verdad inscrita en la realidad de la vida, acogedores de todos los que buscan la verdad, conjugadores de todas las verdades. "La verdad os hará libres", reza el lema de la cadena COPE. A los ciudadanos libres, que no acudimos a la violencia, al engaño y al juego sucio, nos queda la resistencia democrática, despertar y salir a la vida pública con nuestras convicciones y trabajar de manera perseverante. Es inmensamente más gratificante y constructivo pisar el sendero de la búsqueda y la proclamación de la verdad sobre aquello que nos hace más personas, más solidarios, más fraternos y más prójimos de todos, incluso más compasivos con los que intentan destruirte. Resistir a la mentira con la verdad, para regenerar la vida pública, es un servicio prioritario.

Juan Souto Coelho es miembro del Instituto Social "León XIII"

Libertad Digital, suplemento Iglesia, 22 de junio de 2006 

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