Blogia
Políticamente... conservador

LOS LAZOS QUE COMPROMETEN: Cristianismo por cable

Se está librando una batalla entre distintos grupos evangélicos sobre una propuesta de ley que obligaría a los operadores de televisión por cable a ofrecer a los consumidores la opción de abonarse a su servicio escogiendo canal por canal

Por un lado, los cristianos conservadores y las organizaciones pro familia como Concerned Women for Americay Parents Television Councilestán a favor del llamado plan "a la carta" argumentando que permitiría a las familias un mayor control sobre el tipo de contenido que entra en sus hogares.

Por otro lado están las emisoras como Trinity Broadcasting Network y la Christian Broadcasting Network de Pat Robertson, que argumentan que la capacidad de los clientes para poder escoger individualmente los canales de pago socavaría su capacidad para llegar a los no cristianos.

En lo que ambos grupos fallan es en asumir que la opción (o la falta de ella) de canales en la televisión por cable es ante todo un asunto político.

Los temas de desregulación, privatización y gestión de la competencia por parte del gobierno se convierten en asuntos bastante espinosos en los casos de servicios esenciales como electricidad, agua y gas natural. La naturaleza voluntaria y no esencial de la televisión por cable la relega inmediatamente a un área en la que la intervención del gobierno debería ser mínima.

Las organizaciones laicas preocupadas con la regulación de la televisión por cable como Consumers for Cable Choice  y Cable Choice Now!no esconden su intención de apoyarse en el poder coercitivo del gobierno para alcanzar sus objetivos. En esencia, éstos son grupos políticos de presión y los grupos cristianos están ajustándose cada vez más a esa imagen. La politización de la televisión por cable es un indicio de la preocupación evangélica contemporánea con el poder político, un resultado en el que los grupos laicos y cristianos a menudo no se diferencian debido a sus métodos y objetivos.

Pero al recurrir al "gran garrote" de la regulación del gobierno, estos grupos están evadiendo procedimientos más responsables y métodos socialmente sensibles para conseguir sus fines.

Bajo la apariencia de defender los intereses de los niños y las familias y el rubro de la opción individual, los grupos evangélicos de presión ignoran la opción más básica que los cristianos tienen para hacer que se oiga su opinión: la opción de apagar la televisión.

Los operadores de cable, como entidades que buscan sacar un beneficio, por naturaleza están interesados en que sus clientes estén contentos con los servicios que les ofrecen. Si los activistas de la opción tomaran en consideración seriamente los intereses económicos de las compañías operadoras, se darían cuenta del poder fundamental que los consumidores poseen. Los boicots, las campañas de cartas y las coaliciones cívicas organizadas por personas privadas pueden ser formas efectivas de indicar un claro deseo del consumidor por mayores opciones de televisión.

Si la suficiente cantidad de consumidores hiciera oír su opinión, no estaríamos viendo estas apelaciones poco afortunadas a favor del intervencionismo del gobierno. Las pocas ganas de los activistas pro opción del cable de hacer uso de métodos no coercitivos de rectificación habla de su elemental desgana para sacrificarse y organizarse.

Puede que tome tiempo, energía y paciencia el intentar comunicarse con empresas y corporaciones. También hace falta organizarse y buscar recursos para juntar el suficiente poder del consumidor para hacerse oír de manera concertada. En lugar de trabajar diligentemente para crear ese tipo de campañas cívicas, es mucho más fácil usar la tradición largamente establecida del activismo político a través de los enraizados grupos de presión. En vez de buscar el recurso a la coerción política, hay que replantearse la idea de apagar la televisión. Muchos cristianos evangélicos, entre los que me incluyo, disfrutamos tanto con la cultura popular que no tenemos ganas de sacrificar el estar sin un medio potencialmente problemático y poco esencial como es la televisión por cable, ni siquiera durante el relativamente corto tiempo que tomaría hacerle llegar el mensaje a las operadoras.

En vez de molestarnos en instalar sistemas de bloqueo de canales o de vigilar más de cerca los hábitos televisivos de nuestros hijos, es más fácil tener a otro, como el gobierno, asumiendo la responsabilidad. En vez de cancelar nuestros abonos de televisión por cable y darle el dinero a nuestras iglesias, estamos tentados a consentir el materialismo seductor de la cultura televisiva.

Como promedio, los cristianos evangélicos donan alrededor del 4% de sus ingresos a grupos de beneficencia. En 2002, el encuestador George Barna, basándose en un conjunto de encuestas, concluyó que "el feligrés promedio pasa más tiempo viendo la televisión en un día que en todos sus ejercicios espirituales de una semana entera".

Si es cierto que la mala programación de la televisión por cable "supera con creces" lo bueno, como afirma Lanier Swann, directora de relaciones gubernamentales de Concerned Women for America, lo responsable para proteger a nuestras familias es abstenerse de patrocinar semejante medio corrupto hasta el momento en el que podamos inclinar la balanza aceptablemente a favor de lo bueno.

Imagine el tiempo y los recursos financieros que podríamos usar al servicio del reino de Dios si la preocupación cristiana con la televisión por cable se colocase en la perspectiva adecuada.

Jordan Ballor es editor asociado con el Instituto Acton para el Estudio de la Religión y la Libertad en Grand Rapids, Míchigan. 

 Libertad Digital, suplemento Iglesia, 22 de junio de 2006  

0 comentarios