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Políticamente... conservador

El Reino Unido lucha contra la circuncisión femenina

Sacdiya Husein Ali tenía siete años cuando en su Kenia natal la llevaron a una casa donde fue agarrada contra un colchón por 10 mujeres que le separaban las piernas mientras otra la cortaba con una navaja.


Ali es una de los casi tres millones de mujeres y niñas que sufren una mutilación genital femenina cada año.

Esta práctica, también conocida como circuncisión femenina, supone la amputación parcial o total del clítoris. Normalmente es llevada a cabo por una mujer mayor, sin preparación médica, usando desde tijeras a tapas de envases de lata o pedazos de vidrio y sin aplicar anestesia o antisépticos.

La ablación, que tiene siglos de antigüedad, se realiza principalmente en África, pero ahora está siendo introducida en países occidentales por los inmigrantes.

"La circuncisión femenina es un gran problema en el Reino Unido", dijo Ensharah Ahmed, encargada de desarrollo comunitario en la Fundación para la Salud, el Estudio y el Desarrollo de las Mujeres, con sede en Inglaterra.

Forward estima que hay alrededor de 279.500 mujeres viviendo en Gran Bretaña que han padecido esa práctica, y otras 22.000 jóvenes menores de 16 años corren el riesgo de sumarse a ellas.

Este año la policía de Londres lanzó una campaña de concienciación al principio de las vacaciones estivales, un periodo en que consideran que es más probable que las mujeres que realizan la circuncisión lleguen a Gran Bretaña, o que las familias envíen a sus hijas a sus países de origen.

UN CRIMEN DE AMOR

La inspectora Carol Hamilton del Comando de Abuso Infantil de la policía de Londres dice que es difícil enfrentarse a lo que ella denomina un "crimen de amor", ya que las responsables creen que hacen lo correcto para sus hijas.

Tradicionalmente se realizaba para dar estatus y honor o porque era un requerimiento religioso. También se usaba para controlar el deseo sexual de una mujer y reducir la posibilidad de promiscuidad en el matrimonio.

Sin embargo, puede desfigurar, causar dolor extremo, secuelas psicológicas, esterilidad e incluso matar.

Una ley promulgada en 2003 declaró ilegal que los residentes en el país lleven a cabo esta practica y quienes incumplan la norma se enfrentarán a penas de hasta 14 años de cárcel.

"La mayoría de las comunidades dicen que es necesario, que es algo que necesitan para proteger su identidad cultural ahora que viven en otro país", dijo Hamilton a Reuters. "Pero en realidad es una tortura física y emocional para las niñas. Va en contra de los derechos humanos y necesitamos hacerle frente, pero debemos hacerlo lentamente".

Los líderes religiosos se oponen también a la ablación, especialmente en las mezquitas, donde los imanes estaban molestos porque se realizase en nombre del Islam.

Minuto Digital, 7 de agosto de 2006

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