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Laicismo militante: o la cueva o la checa

Laicismo militante: o la cueva o la checa

Acostumbrados los católicos a resistir sin defensa los ataques continuos a la Iglesia, a su historia y a sus miembros, no extraña la campaña inquebrantable de los medios de comunicación encaminada a identificar, entre otras sutilezas, la locura del islamismo radical, o la intolerancia "propiamente" católica con la raíz de fanatismo que, según su particular teoría, todas las religiones encierran. No extraña por tanto tampoco el sutil paralelismo de este Gobierno combativamente laicista entre Iglesia y retroceso, o en palabras del Señor de los Talantes, la burda comparación entre ser católico y carca. 

Estos planteamientos, servidos en brillantes artículos en distintos periódicos, ilustres voces en algunas radios, emotivas películas, vibrantes canciones, se basan en una mezcla de mentiras y medias verdades, aderezado con grandes dosis de calculado silencio sobre la realidad de la Iglesia y su labor social y espiritual. A todo ello se une la repetición sistemática de las consignas anticatólicas, con lo que se consigue un efecto multiplicador del mal que pretenden estos luchadores de la libertad. En palabras de un periodista (si mi memoria no falla, Sánchez Cámara), "el progresismo talibán no pierde ocasión para emprender su particular cruzada contra la religión". Les bastan como mesa de manipulaciones para lanzar sus mensajes anti-religión sucesos ajenos a la dimensión real de ésta: muestra de ello fue el atentado del lejano 11 de septiembre, o recientemente las opiniones de la Iglesia sobre asuntos de actualidad que competen a su misión pastoral.

A partir de una manipulación burda del fondo, elaboraron una superficial teoría según la cual toda religión, especialmente las monoteístas, guarda en la recámara un poso de fanatismo, que llevado al extremo es el origen de los males del mundo, de las guerras, de las injusticias sociales. Igualmente el descubrimiento de algunos casos de pederastia en EEUU da carta de naturaleza a una infumable teoría anticatólica. Multiplicada esta teoría en el cine, en la televisión, en las radios, los ataques a los católicos y a su Iglesia son diarios y numerosos.

 

Aquellos teóricos del anticatolicismo, líderes de los más rancios prejuicios religiosos, tienen en España numerosos adeptos. Los nuestros son hijos espirituales de los asesinos aciagos del treinta y tantos español, y con el tiempo y muchísimo dinero han conseguido que la sociedad española, incluso los propios católicos, pongan en tela de juicio, cuando no nieguen directamente, la autoridad de la Iglesia para conducir a su rebaño por la senda que legítimamente quiera marcar. De forma que hoy en día decirse católico es un trauma, confesarse apostólico, un pecado social, y si además se declara la "romanidad" se es torturado en las modernas máquinas mediáticas que esta Inquisición del siglo XXI tiene preparados para quienes no acaten sus dictados relativistas, para quienes no comulguen, por lo civil, con este mensaje ultramoderno de "Dios no existe, luego todo vale".

 

Este planteamiento universal conduce en las conciencias sociales a que la religión sea la derrotada en la lucha entre fe y razón, entre el Dios-Hombre y la ciencia como único dios. Ésa es su victoria, la victoria de los que hacen de la libertad de expresión un campo vetado a la Religión en su conjunto y muy particularmente a la religión católica.

 

Tras el acto litúrgico, que no manifestación, de los pasados días en Colón el ministro Bermejo y el señor Blanco, líderes del frente popular anticatólico, de forma soez y miserable cayeron en el insulto y en tópicos varios. Decir que el encuentro de familias fue la participación de la Iglesia en campaña es mentir descaradamente. La campaña contra la Iglesia en 2008 empieza pronto y fuerte. El objetivo, seguramente, la revisión total del los acuerdos Iglesia-Estado, y la consideración de que la Iglesia Católica, no debe, no puede opinar. De ahí a la caza hay muy poco. Y lo que pretenden estos dos sujetos, unidos a la rancia izquierdona española, la política y la mediática, la circense y la "intelectual", ciegos por su totalitarismo y vesania anticatólica, es darle dos caminos a la Iglesia: o la cueva o la checa.

 

Ser católico en el siglo XXI es tan difícil como lo fue en los primeros siglos del cristianismo. La persecución es la misma, si bien se aplican métodos más modernos. Acaso es más difícil enfrentarse con la palabra o con los hechos, porque todo cuanto la religión católica realiza en beneficio del bien común, es ocultado por la espesa manta del laicismo o del ateísmo militante. Está permitido, y premiado, ofender a un religioso o religiosa, insinuar que mantiene relaciones con niños, que se lleva el dinero del cepillo, que utiliza su autoridad para influir conciencias, incluso eres el colmo de la progresía si denuncias los abusos económicos de la todopoderosa Iglesia. Lo contrario, para ellos, significa ser fascista, antiguo, o simplemente imbécil: defenderlos, o acusar de fanáticos, integristas, liberticidas, manipuladores, mentirosos, a quienes abusivamente denigran a la religión católica, a los católicos y sus manifestaciones. ¿Entenderá alguna vez esta progresía totalitaria que nos ha tocado en mala suerte, el significado de las palabras respeto y libertad de culto?

 

Si de una vez por todas dijéramos basta ya al insulto, a la mentira, a la manipulación, a la nueva confesionalidad laicista que pretende Zapatero y demás compañía rancia para el Estado, ¿no sería imponente la capacidad de presión católica? Se me ocurre un experimento: si los católicos españoles dejáramos de consumir los productos que soportan y aúpan la hediondez de los múltiples programas de televisión y sus burlas constantes a la religión católica, y no sólo eso, si durante un tiempo, como protesta pacífica, no consumiéramos telebasura, para empezar, ¿no conseguiríamos algo? No somos conscientes de la fuerza huracanada de una protesta católica pacífica y civilizada. Dejémonos de monsergas progres: católicos del mundo, ¡uníos!

 

Alfredo Casquero

El Semanal Digital, 2 de enero de 2008

Los 'teocons' se hacen con el mando en la Iglesia. Los sectores más conservadores de la Iglesia arrinconan a los moderados y aumentan su poder en la legislatura socialista

Los 'teocons' se hacen con el mando en la Iglesia. Los sectores más conservadores de la Iglesia arrinconan a los moderados y aumentan su poder en la legislatura socialista

"¿Qué hacemos con la Iglesia?". En octubre de 2004, siete meses después del triunfo electoral, la espinosa cuestión de las relaciones Iglesia-Estado había ya adquirido un cariz tan inquietante que José Luis Rodríguez Zapatero, María Teresa Fernández de la Vega, Alfredo Pérez Rubalcaba y José Blanco se sintieron obligados a reunirse en un cónclave monográfico. El asunto era inaplazable, entre otras razones, porque los colectivos militantes católicos más beligerantes ya habían empezado a distribuir folletos con el listado de acusaciones que compondrían los particulares "siete pecados capitales" del Gobierno socialista: el aborto, el divorcio, la eutanasia, las células madre, el matrimonio homosexual, la educación y la financiación de la Iglesia.

 

Ha reverdecido una ideología que quiere imponer las normas morales a la sociedad

Se trataba de ordenar un discurso oficial, hasta entonces confuso, y de establecer una estrategia para la legislatura que impidiera que la "guerra con la Iglesia" se sumara a los frentes de desgaste abiertos con la reforma autonómica catalana y la negociación con ETA.

 

Acuciada por la presión, la cúpula socialista decidió que en lo referente a los compromisos electorales se respetaría "el Gobierno de los hombres" y la separación Iglesia-Estado, pero que en lo tocante a la educación y a la financiación se facilitaría un marco negociador que debía rebajar los inflamados ánimos de la jerarquía eclesiástica. La vicepresidenta Fernández de la Vega se encargaría de pivotar esa estrategia tendiendo puentes hacia la Conferencia Episcopal y el Vaticano. Aquella estrategia mantiene sumidos en el desconcierto a los sectores más laicistas del PSOE y del resto de la izquierda, pese a que las cesiones en materia de educación y el acuerdo que elevó del 0,52% al 0,7% del IRPF la aportación voluntaria del contribuyente a la Iglesia católica no le han ahorrado al Ejecutivo la apertura explosiva del temido tercer frente.

 

Por primera vez desde la instauración de la democracia, la Iglesia española ha cruzado en esta legislatura el Rubicón que los obispos fijaron tras el Concilio Vaticano II cuando afirmaron el pluralismo político de los cristianos y negaron su apoyo al proyecto democristiano de Joaquín Ruiz-Giménez. Ha tomado partido, empujada por los vientos de una moral rescatada de la historia que está reactivando en la izquierda el viejo reflejo anticlerical.

 

Cabe preguntarse si el espectáculo de agitación religiosa es cosa de la jerarquía católica o sólo de una parte de ella. ¿A quién representan los 18 obispos que promovieron y participaron en la manifestación contra el matrimonio homosexual el 18 de junio de 2005 y la media docena de prelados que desfilaron también el 12 de noviembre de ese año en la marcha contra la reforma educativa? ¿La Cope es una anomalía dentro de la Iglesia o la punta de lanza de un movimiento involucionista ascendente? ¿Quién manda en la Conferencia Episcopal?

 

Aunque las encuestas del CIS señalan que el electorado del PSOE está formado mayoritariamente por personas que se reclaman católicas, la jerarquía eclesiástica ha anudado en estos años un maridaje opositor con el PP, tan comprometedor que a algunos sectores religiosos y de la propia derecha empieza a resultarles embarazoso. La disposición de Rodríguez Zapatero a olvidar sus propias palabras -"más gimnasia, menos religión", dijo en la campaña electoral; "la Iglesia debe cumplir su compromiso de autofinanciarse", indicó, adentrada ya la legislatura-, no ha apagado el fuego reprobador, como tampoco lo ha hecho el pacto educativo sellado con la enseñanza concertada religiosa, financiada al cien por cien por el Estado.

 

Además de renunciar a ampliar la legislación sobre el aborto y a abordar la eutanasia, el Gobierno ha mantenido la asignatura de religión en la escuela -como oferta obligatoria, aunque sin computar a los efectos de la nota final-, y ha estabilizado laboralmente a cargo de las arcas del Estado a los 15.000 profesores de la asignatura, 8.000 de ellos en la escuela pública, que la jerarquía eclesiástica selecciona y despide a su libre albedrío, guiada por criterios tan extravagantes para la moral civil como "vivir en pecado" o divorciarse. Pese a los efectos apaciguadores del 0,7% del IRPF, porcentaje con el que ningún obispo podía soñar al inicio de la legislatura, el magma de deslegitimación del Gobierno sigue crepitando.

 

"No se puede colaborar con el mal", ha sentenciado públicamente el arzobispo de Toledo y Primado de España, Antonio Cañizares, ante la negativa de la Federación Española de Religiosos de la Enseñanza (FERE) a secundar el llamamiento a la objeción de conciencia en la asignatura de educación para la ciudadanía. A juicio del portavoz de la Conferencia Episcopal, recientemente consagrado obispo, Juan Antonio Martínez Camino, el matrimonio homosexual "es la cosa más terrible que ha ocurrido en 20 siglos". Y según la carta pastoral emitida por el obispo de Huesca, Jesús Sanz, "la sospecha" de la matanza del 11-M "mira al Gobierno".

 

Una organización jerarquizada y de naturaleza oligárquica que no conoce la democracia interna y excluye a las mujeres del sacerdocio cuestiona a diario la calidad y hasta la existencia misma de la democracia española, al tiempo que se erige en actor político de primer orden. ¿Qué ha pasado en España para que la Iglesia emita un discurso tan catastrofista y adopte semejante protagonismo político?, se preguntan también en los foros internacionales.

 

Lo que está pasando, dicen personas bien situadas en la jerarquía episcopal y reiteran cristianos de base, socialistas católicos y cargos de la Administración, es que asistimos al reverdecimiento de una ideología neotradicionalista que lleva en su seno la vieja tentación de imponer al conjunto de la sociedad las normas morales propias de la Iglesia.

 

Esa ideología, alentada por los vientos involucionistas del anterior pontífice, se ha asociado con el pensamiento político neoconservador de una parte de la derecha española y ha dado lugar a un híbrido que en los ambientes católicos progresistas se conoce como "los teocons".

 

Grupos como Comunión y Liberación, Asociación Católica de Propagandistas, Hazte oír, Foro Español de la Familia, Legionarios, Plataforma E-cristians y otros muchos se suman a organizaciones como el Opus o los Kikos, en un movimiento diverso pero convergente en la descalificación, la presión y la movilización políticas.

 

Son gentes que anatemizan todo lo que hace y dice el Gobierno, que contraponen la "ley natural" a las leyes de la mayoría parlamentaria, que juzgan aberrante la laicidad propia del Estado aconfesional y que, imbuidos de la "santa indignación", enarbolan la teoría de que la Iglesia española está hoy perseguida "por la ofensiva laicista gubernamental".

 

He aquí lo que se escribe en el número 77 de la revista Abril: "Desde luego, la sibilina persecución del sistema liberal, callada, tranquila, constante pero sin estridencias, ha causado mucha más apostasía que la de Decio, la de la Convención o la del Frente Popular. Obvio ha sido para el enemigo: si la sangre de los mártires fertiliza la tierra, no derramemos sangre y la tierra quedará estéril. (...) El lavado de cerebro de nuestros niños y adolescentes para que sus esquemas mentales sean incapaces de tolerar algo que no sea el sincretismo aguado a caballo entre el deísmo masónico y el panteísmo spinoziano se hará cada vez más intenso. El pensamiento único se impondrá irremediablemente; éste es el panorama más creíble".

 

Aunque muchos de estos grupos se sitúan en la base militante laica o en los aledaños de la estructura piramidal católica, el movimiento neo tradicionalista alcanza también a purpurados del anillo cardenalicio y está bien presente en la Conferencia Episcopal. Pocos dudan de que el cardenal y arzobispo de Madrid, Antonio María Rouco Varela, exponente genuino del neotradicionalismo hispano, maneja, en gran medida, los hilos del máximo órgano institucional católico español que preside el conciliador Ricardo Blázquez, obispo de Bilbao.

 

Dada la correlación de fuerzas, Ricardo Blázquez, "un obispo entre cardenales", "un coronel entre generales", puede ser sustituido dentro de unos meses al frente de la Conferencia Episcopal, bien por el propio Rouco Varela o por un prelado de su misma adscripción ideológica. "Si opta al cargo y se va a una votación sin acuerdos previos, el arzobispo de Madrid lo tendrá fácil porque hace tres años sólo le faltó un voto para alcanzar los dos tercios que necesitaba para su tercera reelección consecutiva. Ahora, le bastaría con el respaldo de la mitad de los 76 obispos con derecho a voto", opina un sacerdote, observador privilegiado de lo que acontece en la Conferencia Episcopal.

 

"El problema de Ricardo Blázquez es que no ha podido asentar su posición, ni imponer la alternativa templada en la que también se encuentran obispos como Carlos Amigo, de Sevilla, Luis Martínez Sistach, de Barcelona, y algunos taranconianos [el arzobispo de Madrid Vicente Enrique y Tarancón, que dirigió la apertura de la Iglesia tras el franquismo], así que necesitaría un gesto de apoyo vaticano", indica Carlos García de Andoin, coordinador general de Cristianos Socialistas del PSOE.

 

"El núcleo más conservador está consiguiendo nombramientos de jóvenes obispos neotradicionalistas y ya hay prelados de la Conferencia Episcopal que forman parte de Comunión y Liberación", añade.

 

Tras la experiencia de esta legislatura, en la que el Gobierno ha renunciado a revisar los acuerdos con la Santa Sede de 1979 -nada más tomar posesión de su cargo, el presidente Zapatero viajó a Roma para tranquilizar al Vaticano en este aspecto-, la izquierda más laicista continúa haciéndose la pregunta de qué hacer con la Iglesia católica.

 

Desde el Gobierno se defiende la estrategia marcada con el argumento de que "hay que administrar los frentes" y establecer prioridades. "El dinero es menos importante que lograr promulgar leyes como la del matrimonio homosexual. Tenga en cuenta que en Italia ni siquiera han podido sacar adelante una ley de parejas de hecho. La situación no está para reformas constitucionales, ni para modificar los acuerdos con la Santa Sede", indica una alto responsable de la Administración. El empeño del Ejecutivo socialista está ahora en evitar que el resto de las confesiones religiosas se sientan discriminadas.

 

Según la directora de Asuntos Religiosos, Mercedes Rico, se está trabajando para que el millón de protestantes españoles pueda contar el próximo año con la casilla de la declaración de la renta que les permitirá destinar el 0,7% del IRPF a su organización. A su juicio, la mayoría de los obispos españoles son moderados, "conservadores, pero moderados", indica. "Y lo que pasa", añade, "es que, además, buena parte de la izquierda sólo tiene en la cabeza el modelo francés de separación radical Iglesia-Estado, que sí es una excepción en Europa".

 

Pese al vocerío reinante, también en España hay un terreno de encuentro propicio para el acuerdo. El documento que la Conferencia Episcopal publicó el 22 de abril de 1986 juzga como alternativas igualmente inaceptables, tanto la pretensión de "imponer a todos las normas morales de la Iglesia para la vida social" como el propósito de "eliminar cualquier intervención de la Iglesia en la vida pública inspirada en la fe".

 

Hay pues en la instrucción misma de la Iglesia una descalificación expresa de los comportamientos que han aflorado en la presente legislatura y que difícilmente encuentran asiento en el principio, tan abusivamente utilizado por el integrismo, de que "en caso de conflicto hay que obedecer a Dios antes que a los hombres".

 

Parece claro que un sector del clero pretende recuperar a través de las palancas política y mediática el ascendente moral y espiritual que la Iglesia ha perdido en la sociedad. "En el contexto actual, se corre el riesgo de ver enemigos donde no los hay", afirman Jesús Romero y Tiscar Espigares, responsables de la Comunidad de San Egidio, dedicada a ayudar a los desfavorecidos.

 

"Tanto los creyentes como los no creyentes nos enfrentamos a problemas comunes y el diálogo es el único camino que puede dar frutos y posibilitar las respuestas serenas. No hay que olvidar que la Iglesia primitiva gozaba de la simpatía del todo el mundo y que si ha sobrevivido 20 siglos es porque ha trabajado por los pobres y necesitados", dicen.

 

Si eso es así, la Iglesia debería buscar a su principal enemigo dentro de ella misma: en los seminarios clausurados por la sequía vocacional, en la escasa capacidad de atracción de un magisterio que condena el preservativo, la píldora y el divorcio, en la miopía y los temores que le hacen vivir de espaldas a la realidad, añorando tiempos pretéritos o confortándose con la alegre estadística de que el 90% de los españoles se declara católico.

 

La realidad es que los católicos practicantes no superan el 30% de la población, que el porcentaje de contribuyentes que marcan en exclusiva la casilla de la Iglesia católica es el 23% y que únicamente hay 20.000 sacerdotes, la mayoría de edad avanzada y sin recambio a la vista. Más bien parece que la huida hacia delante de una parte del episcopado puede precipitar su marginación y provocar que la izquierda española vuelva a hacer del anticlericalismo una equivocada seña de identidad.

 

JOSÉ LUIS BARBERÍA - San Sebastián – El País, 30/12/2007

 

 

El pestilente error de la libertad

El socialista Gregorio Peces-Barba, uno de los siete padres de la Constitución, propone modificar los convenios con Roma. A su juicio, parte del problema reside en la referencia explícita a la Iglesia católica inscrita en el apartado constitucional que aborda la cooperación del Estado con las confesiones religiosas. “Jordi Solé Tura, Miquel Roca y yo mismo estábamos en contra de esa mención expresa, pero no insistimos lo suficiente, porque, sencillamente”, dice, “entonces no podíamos imaginar que las cosas llegarían al extremo al que han llegado”. De hecho, en los tiempos en los que la jerarquía eclesiástica parecía haber abandonado las posiciones ultramontanas, el conjunto de la izquierda asistió pasivamente a las decisiones adoptadas por los Gobiernos de González: convenios con la Santa Sede, pactos con los colegios concertados, participación en el IRPF..., que han ido conformado el privilegiado estatus de la Iglesia española. Antiguo democristiano, Peces-Barba sostiene que la Iglesia católica no está regulada por las leyes españolas, tampoco por la Ley de Libertad Religiosa, y que el hecho de que sólo asuma el marco constitucional y los acuerdos con la Santa Sede “crea zonas exentas a la acción del Estado”.Lo que le alarma, en todo caso, es la involución integrista que aprecia en la jerarquía eclesiástica, el traslado al ámbito político de la consideración de que la Iglesia es la detentadora y la administradora de la Verdad con mayúsculas, la verdad de Dios.“No aceptan la distinción público-privado que está en el artículo 27 de la Constitución y, en el fondo, siguen pensando como en el siglo XIX, cuando decían que la libertad de conciencia era un pestilente error”, indica Peces-Barba.

 

 

 

Nota: el artículo al que se refiere el autor del reportaje es “Persecuciones religiosas, ayer y hoy”, de Arturo Fontangordo (revista Arbil, no Abril, 77).

El extraño hecho de una celebración por la familia

El extraño hecho de una celebración por la familia

Estamos ante un hecho extraño. Indiscutible. La convocatoria para la celebración de este domingo en la Plaza de Colón de Madrid ha suscitado un movimiento de adhesión en muchísimas personas que quieren reunirse gozosas para expresar ante todos el bien que significa para ellas la familia. No deberíamos minusvalorar esta respuesta. Desde hace décadas estamos recibiendo mensajes que van en dirección opuesta: muchas series de televisión, películas y mucha literatura invitan a lo contrario. Ante ese impresionante despliegue de medios, lo normal sería que la familia hubiera dejado de interesar. Pero hay algo que tenemos que reconocer casi sorprendidos: esa impresionante maquinaria no ha mostrado ser más potente que la experiencia elemental que cada uno de nosotros ha vivido en su familia, la experiencia de un bien. Un bien del que estamos agradecidos y que queremos transmitir a nuestros hijos y compartir.

 

¿De dónde ha nacido este bien del que estamos tan agradecidos? De la experiencia cristiana. No siempre fue así, como testimonia la reacción de los discípulos la primera vez que oyeron hablar a Jesús del matrimonio. «Y se acercaron a El algunos fariseos para probarle, diciendo: '¿Es lícito a un hombre divorciarse de su mujer por cualquier motivo?'. Y respondiendo El, dijo: '¿No habéis leído que aquel que los creó, desde el principio los hizo varón y hembra?'. Y añadió: 'Por esta razón el hombre dejará a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne. Por consiguiente, ya no son dos, sino una sola carne. Por tanto, lo que Dios ha unido, ningún hombre lo separe'. Los discípulos le dijeron: 'Si así es la relación del hombre con su mujer, no conviene casarse'». (Mt 19,3-6.10).

 

No tenemos, pues, que sorprendernos. Lo mismo que a tantos de nuestros contemporáneos y muchas veces a nosotros mismos, a los discípulos también les parecía imposible. Sólo la gracia de Jesucristo ha hecho posible vivir la naturaleza original de la relación entre hombre y mujer.

 

Es importante mirar este origen para poder responder a los desafíos que tenemos que afrontar. Los católicos no somos distintos a los demás, muchos de nosotros tenemos problemas en la vida familiar. Constatamos con dolor cómo entre nosotros hay muchos amigos que no perseveran ante las numerosas dificultades externas e internas por las que atraviesan. Ni siquiera a nosotros nos basta con saber la doctrina verdadera sobre el matrimonio para poder resistir todos los envites de la vida. Nos lo ha recordado el Papa: «Las buenas estructuras ayudan, pero por sí solas no bastan. El hombre nunca puede ser redimido solamente desde el exterior» (Spe Salvi, 25).

 

Necesitamos hacer nuestro lo que hemos recibido para poderlo vivir en la nueva situación que nos toca afrontar, como nos invita Goethe: «Lo que has heredado de tus antepasados/ debes reconquistarlo de nuevo/ para poseerlo verdaderamente».

 

Para reconquistar de nuevo la experiencia de la familia necesitamos aprender que «la cuestión de la justa relación entre el hombre y la mujer hunde sus raíces en la esencia más profunda del ser humano y sólo puede encontrar su respuesta a partir de ésta», como ha dicho Benedicto XVI. En efecto, la persona amada nos revela el «misterio eterno de nuestro ser».

 

Nadie nos despierta tanto y nos hace tan conscientes del deseo de felicidad que nos constituye como el ser querido. Su presencia es un bien tan grande que nos hace caer en la cuenta de la profundidad y la verdadera dimensión de este deseo: un deseo infinito. Las palabras de Cesare Pavese sobre el placer se pueden aplicar a la relación amorosa: «Lo que un hombre busca en el placer es un infinito, y nadie renunciaría jamás a la esperanza de conseguir esta infinitud». Un yo y un tú limitados se suscitan recíprocamente un deseo infinito y se descubren lanzados por su amor a un destino infinito. En esta experiencia se desvela a ambos su vocación.

 

Por eso los poetas han visto en la hermosura de la mujer un «rayo divino», es decir, un signo que remite más allá, a otra cosa más grande, divina, inconmensurable respecto a su naturaleza limitada. Su belleza grita ante nosotros: «No soy yo. Yo sólo soy una señal. ¡Mira! ¡Mira! ¿A quién te recuerdo?». Con estas palabras ha sintetizado el genio de C. S. Lewis la dinámica del signo de la que la relación entre hombre y mujer constituye un ejemplo conmovedor. Si no comprende tal dinámica, el hombre sucumbe al error de detenerse en la realidad que ha suscitado el deseo. Entonces la relación se acaba por hacer insoportable.

 

Como decía Rilke, «ésta es la paradoja del amor entre el hombre y la mujer: dos infinitos se encuentran con dos límites. Dos infinitamente necesitados de ser amados se encuentran con dos frágiles y limitadas capacidades de amar. Y sólo en el horizonte de un amor más grande no se devoran en la pretensión, ni se resignan, sino que caminan juntos hacia una plenitud de la cual el otro es signo».

 

En esta situación se puede comprender la inaudita propuesta de Jesús para que la experiencia más bella de la vida, enamorarse, no decaiga hasta convertirse en una pretensión sofocante. «El que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí. El que encuentre su vida, la perderá; y el que pierda su vida por mí, la encontrará» (Mt 10,34-37.39-40). Con estas palabras Jesús desvela el alcance de la esperanza que su persona constituye para quien le deja entrar en su vida. No se trata de una ingerencia en las relaciones más íntimas, sino de la mayor promesa que el hombre ha podido recibir: sin amar a Cristo -la Belleza hecha carne- más que a la persona amada esa relación se marchita. El es la verdad de esa relación, la plenitud a la que los dos mutuamente se remiten y en la que su relación se cumple. Sólo permitiéndole entrar en ella es posible que la relación más bella que tiene lugar en la vida no decaiga y, con el tiempo, muera. Nosotros sabemos bien que todo el ímpetu con el que uno se enamora no basta para impedir que el amor se oxide con el tiempo. Tal es la audacia de su pretensión.

 

Aparece entonces en toda su importancia la tarea de la comunidad cristiana: favorecer una experiencia del cristianismo para la plenitud de la vida de cada uno. Sólo en el ámbito de esta relación más grande es posible no devorarse, porque cada uno encuentra en ella su cumplimiento humano, sorprendiendo en sí una capacidad de abrazar al otro en su diferencia, de gratuidad sin límites, de perdón siempre nuevo. Sin comunidades cristianas capaces de acompañar y sostener a los esposos en su aventura será difícil, si no imposible, que la culminen con éxito.

 

Ellos, a su vez, no se pueden eximir del trabajo de una educación de la que son los protagonistas principales, pensando que pertenecer al recinto de la comunidad eclesial les libra de las dificultades. De este modo se desvela plenamente la naturaleza de la vocación matrimonial: caminar juntos hacia el único que puede responder a la sed de felicidad que el otro despierta constantemente en mí, hacia Cristo. Así se evitará ir, como la Samaritana, de marido en marido (cf. Jn 4,18), sin conseguir apagar su sed. La conciencia de su incapacidad para resolver por sí misma el drama, ni siquiera cambiando cinco veces de marido, le hace percibir a Jesús como un bien tan deseable que no puede evitar gritar: «Señor, dame de esa agua, para que no tenga más sed» (Jn 4,15).

 

Sin la experiencia de plenitud humana que hace posible Cristo, el ideal cristiano del matrimonio se reduce a algo imposible de realizar. La indisolubilidad del matrimonio y la eternidad del amor aparecen como quimeras inalcanzables. Estas, en realidad, son los frutos de una intensidad de la experiencia de Cristo, tan gratuitos que aparecen a los mismos esposos como una sorpresa, como el testimonio de que «para Dios nada es imposible». Sólo una experiencia así puede mostrar la racionalidad de la fe cristiana, como una realidad totalmente correspondiente al deseo y a la exigencia del hombre, también en el matrimonio y la familia.

 

Una relación vivida así constituye la mejor propuesta educativa para los hijos. A través de la belleza de la relación de sus padres son introducidos, casi por ósmosis, en el significado de la existencia. En la estabilidad de esa relación su razón y su libertad son constantemente solicitadas para no perderse semejante belleza. Es la misma belleza, resplandeciente en el testimonio de los esposos cristianos, que necesitan encontrar los hombres y mujeres de nuestro tiempo.

 

Julián Carrón

El Mundo, 29/12/07

 

La extrema derecha se organiza electoralmente

La extrema derecha se organiza electoralmente

Ignasi Perelló , Valencia

La ultraderecha española se está reorganizando. El objetivo: conseguir resultados electorales significativos. Pero sus diferentes intentos organizativos chocan con su tradicional fragmentación

MADRID. El 15 de noviembre, miles de personas protestaron en Vallecas por el asesinato de Carlos. / Quieres Callarte

Tras la autodisolución de Fuerza Nueva, a raíz de su estrepitoso fracaso electoral en 1982, la ultraderecha española no ha tenido ni un partido ni un líder que consiga aglutinar el voto ultra. Caracterizada por constantes enfrentamientos entre grupos y monumentales broncas entre sus líderes, la extrema derecha española mira con envidia los resultados de sus amigos del Frente Nacional francés y el liderazgo aglutinador de Jean Marie Le Pen. Sin embargo las diferencias persisten y en la apuesta por la vía electoral ya se perfilan varias corrientes claramente enfrentadas.

Manuel Canduela, líder de Democracia Nacional (DN), aglutina los residuos neofascistas más violentos y extremistas. En su órbita pululan otros grupos más minoritarios, como Alianza Nacional (AN), directamente vinculada al terrorismo ultra, o Combat España, una coordinadora de neonazis extremadamente violentos. Desde la llegada de Canduela a la dirección de DN, hace cuatro años, el partido que naciera como un intento de imitar los pasos de Le Pen, ha degenerado en un grupo filonazi.

Canduela, condenado por asociación ilícita, ve ahora con cierto vértigo el panorama que se presenta a raíz del asesinato en Madrid del joven antifascista Carlos Javier Palomino a manos de un soldado de extrema derecha simpatizante de su partido.

El máximo enemigo y competidor de Canduela, José Luís Roberto, líder de España 2000 (E 2000), tardó pocas horas en condenar el asesinato del joven antifascista refiriéndose a la culpabilidad de “quien ha convocado irresponsablemente una manifestación”, en clara alusión al presidente de DN.

España 2000

Y es que E 2000 “ha adquirido una vida y un rumbo propio que la han alejado progresivamente de la extrema derecha”, según una declaración publicada tras las elecciones municipales del pasado 27 de mayo. Elecciones en las que el partido de Roberto subió en votos y obtuvo representación en dos localidades valencianas de más de 15.000 habitantes. El citado documento, cuya autoría se atribuye al recién llegado Ernesto Milá, anuncia la nueva estrategia de los ultras. Esta vía lepenista pretende aglutinar a la Plataforma per Catalunya (PxC), que cuenta con 18 concejales, y a Iniciativa Habitable (IH), una candidatura ultra disfrazada de ecologista liderada por el ex falangista Manuel Leal Gil. Para ello pretenden, a imagen del FN francés, introducir su discurso fácil y populista contra la inmigración en las clases trabajadoras, especialmente en los cinturones industriales de las grandes ciudades. La estrategia es simple: adaptar su discurso a los nuevos tiempos, ganar presencia institucional y visibilidad mediática y convertir a los inmigrantes en auténticas bestias negras. En el País Valenciano y Cataluña, el discurso de los ultras se aleja -aunque sin abandonarlo ni mucho menos- del anticatalanismo y del españolismo a ultranza y abandera la islamofobia. Es el caso de las campañas del líder de PxC, ex miembro de Fuerza Nueva en Cataluña, contra las mezquitas. En Valencia el partido de Roberto suele organizar manifestaciones legales contra la inmigración y partidos de fútbol “sólo para españoles” en barrios de fuerte presencia extranjera caracterizados por una convivencia pacífica.

La llegada a E 2000, el pasado enero, de Ernesto Milá ha consolidado esta vía. Su alianza con José Luís Roberto tiene un claro objetivo: articular la representación de las tres formaciones -IH, PxC y E 2000 suman en total 30 concejales- y conseguir una candidatura unitaria para las elecciones al Parlamento Europeo. Pero el camino hacia la unidad está lleno de obstáculos. Uno de ellos es Madrid, donde Roberto y los suyos no tienen tanta influencia. En la capital española hay, además, competidores.

Cabe recordar que la nueva marca electoral del tradicionalismo español, el Frente Nacional, se presentaba en una manifestación el 28 de octubre secundada, según sus organizadores, por 5.000 personas. Su presidente, el falangista José Fernando Cantalapiedra, se postuló en una escenografía cuidada y moderna como el líder de la “nueva España”. Madrid es también el campo de batalla que se disputan DN y el FN, ya que en varias ocasiones han puesto a prueba sus capacidades de convocatoria con actos simultáneos. Por ejemplo, el 11 de noviembre convocaron separadamente marchas contra la llegada masiva de inmigrantes extracomunitarios. Una por el barrio de Salamanca, organizada por el FN; la otra, de DN, en Usera, cerca de donde moría Carlos.

El asesinato del joven antifascista hizo saltar todas las alarmas entre los ultras lepenistas. Las demandas de ilegalización de las organizaciones fascistas desde amplios sectores sociales y políticos -incluyendo al Partido Popular- pueden empañar los planes de la nueva ultraderecha española. La rápida condena por parte de Roberto del asesinato pretende distanciarle de las agresiones fascistas pero su impresionante historial y el de los suyos le delata. La nada discreta actividad de los fascistas que apadrina incluye palizas, agresiones, amenazas y acumula numerosas denuncias. Además, su partido E 2000, pese a una imagen renovada y a un ideario “populista social y democrático” no logra convertirse en la “casa común del patriotismo”.

Sus conexiones policiales, así como sus actividades empresariales en la prostitución, hacen recelar de sus proyectos políticos a muchos ultraderechistas, especialmente al fundamentalismo católico, capitaneados por el Movimiento Católico Español y Alternativa Española, y al racismo sin tapujos de DN y AN. Roberto es el cerebro de ANELA, la patronal de la prostitución y se lucra con dicho negocio (ver DIAGONAL nº 47). El que nueve de cada diez trabajadoras de los clubs de ANELA sean extranjeras también irrita notablemente a sectores ultras. Además Roberto acoge en sus listas a propietarios de burdeles, lugares que se han convertido en auténticos centros culturales para los ultras valencianos. Y como líder tiene defectos: sus apariciones televisivas resultan desastrosas.

Por su parte, el FN francés reclama unidad a sus colegas pero al tiempo ha diversificado sus contactos. Pese a preferir a DN, casi todas las organizaciones ultras españolas participan en los encuentros del Frente Nacional francés. Alain Lavarde, el delegado de Le Pen en el Estado español, observa a sus camaradas desde su residencia en Benidorm. Antiguo capitán paracaidista del ejército francés en Argelia y ex miembro de la organización ultra OAS, Lavarde es fundamental para los proyectos electorales ultras: puede ser la llave del apadrinamiento político y económico del FN francés.

PANORAMA ULTRA

El cerebro

El proyecto de renovar el movimiento ultra español tiene, según diversas fuentes, como principal ideólogo a Ernesto Milá Rodríguez. Nacido en Barcelona hace 55 años, ha sido un activo dirigente de los grupos neofascistas españoles más violentos desde la Transición. Estrechamente vinculado al terrorismo fascista europeo de los ‘70 -era amigo íntimo del fascista italiano Stefano Della Chiae, implicado en numerosos atentados-, la Policía española lo consideró el ultra mejor relacionado con las tramas negras internacionales. En 1995 ingresa en la dirección de DN, pero unos años más tarde abandona la formación tras la llegada de Canduela. En enero de 2007 se integra en el partido España 2000, del que es responsable de prensa. Tras las elecciones municipales de mayo, a Milá se le atribuye la autoría de la declaración estratégica “Preparemos la respuesta identitaria del movimiento antiinmigración”.

Un barniz ecologista

Manuel Leal Gil, nacido en Madrid en 1968, es el fundador de la plataforma electoral Iniciativa Habitable/Madrid Habitable, de la que es el coordinador para todo el Estado. Pese a un nombre amable que suena a ecologista y un programa aparentemente de centroizquierda, es una plataforma xenófoba. Además, el pasado de Leal lo delata: número 12 en la candidatura de Falange Española por Madrid en 1996, candidato de España 2000 al Congreso por Madrid en 2000, posteriormente aparece en las listas del partido nazi Movimiento Social Republicano (MSR) en las municipales de 2003 y estatales de 2004. Su gran éxito, los diez regidores en Extremadura que Iniciativa Habitable conseguía en las elecciones municipales de 2007, con la alcaldía de Miramontes y sobre todo la misma representación que PSOE y PP -cinco concejales- en la localidad de Talayuela, tras liderar una campaña contra la construcción de una mezquita.

El tradicionalismo

La corriente quizá más dividida y esperpéntica del panorama ultra español es la que agrupa al tradicionalismo. Además de la avanzada edad de buena parte de sus bases, son crónicos sus enfrentamientos. Por ejemplo, hay cinco organizaciones que se reclaman falangistas. Sin embargo, algunos sectores del tradicionalismo pretenden renovar su discurso españolista incorporando el rechazo a la inmigración. Así, el presidente del Frente Nacional (FN), José Fernando Cantalapiedra, que recientemente ha abandonado La Falange, afirmaba en el acto de presentación de esta iniciativa electoral querer defender a “los trabajadores españoles frente a la inmigración”. La nueva marca electoral tradicionalista, que cuenta con el respaldo de Infonacional, portal ultra de referencia, pretende presentarse a las elecciones de marzo y a las europeas de 2009. Propone “cerrar las puertas a los inmigrantes no europeos”.

Hablando catalán

“En estos momentos en Cataluña no nos interesa relacionarnos con todo lo franquista, la bandera española, el águila, que las llevamos en el corazón, pero políticamente no nos interesa”. Estas declaraciones de José Anglada Ruis emitidas hace unos años por un canal de televisión valenciano le retratan, porque aunque Anglada habla catalán habitualmente, tiene una larga militancia españolista. Líder de Fuerza Nueva en Cataluña, tras su disolución pasó por diversas organizaciones ultras hasta formar parte de la candidatura de la Agrupación de Electores Ruiz Mateos al Parlament de Catalunya en el ‘92. Heredero del discurso del Moviment Patriòtic Català y del grupo terrorista Milicia Catalana, que envolvía de catalanismo una realidad fascista y españolista, es el creador del partido ultra PxC. Afirma que “el Islam es un peligro. La gente de la calle está harta de la invasión”. En las pasadas municipales triplicó sus votos en Cataluña.

http://www.diagonalperiodico.net/article5074.html

España (y Europa) se juegan su futuro en Kosovo: y vamos perdiendo

España (y Europa) se juegan su futuro en Kosovo: y vamos perdiendo

Vientos de guerra y de independencia en los Balcanes. Y de incertidumbre para España. Kosovo romperá la Europa de Zapatero y su secesión conviene sólo a Bush. Palabra de José María Aznar.

                                            

Ha habido sorpresas en España por lo que José María Aznar explicaba este martes en una entrevista a ABC: la inminente independencia de Kosovo no es una buena noticia para España, no es jurídicamente fácil de defender, conviene a los enemigos de una Europa fuerte y de unas verdaderas naciones-Estado soberanas, está patrocinada por grupos islamistas y terroristas y se asienta en el lugar de origen de la delincuencia organizada más peligrosa. A Estados Unidos puede interesarle en este momento, pero no a España. Lo dice Aznar, que carga aún con el sambenito de "proamericano" por su relación con George Bush, y que sin embargo deja muy claro que "la confianza entre naciones no consiste en opinar siempre lo mismo", sino en ser fiable defendiendo cada uno su interés. ¿Sabe Zapatero cuál es el de España?

 

¿Qué está pasando?

 

La presidencia de turno eslovena de la Unión Europea tiene que afrontar la mayor crisis interna de la UE en décadas, mayor incluso que el fracaso constitucional. La provincia serbia de Kosovo está bajo ocupación de la OTAN desde la guerra de 1999. Entonces una campaña mediática sobre supuestos abusos serbios contra la minoría albanesa musulmana se convirtió en casus belli y legitimación de la injerencia internacional. Hoy Kosovo es parte de Serbia pero Belgrado no participa en la administración. Las autoridades locales, albanesas y avaladas por la ONU, van a proclamar su independencia. Si Europa reconoce esa soberanía se abrirá una nueva era en las relaciones internacionales, en la que España no tiene nada que ganar.

 

Una historia complicada

 

Kosovo, el "campo del mirlo", fue el escenario histórico más antiguo del pueblo serbio. Al final de la Edad Media Serbia intentó sin éxito detener en Kosovo la invasión turca de Europa. Durante siglos el actual territorio de Kosovo fue ocupado por los musulmanes, que fomentaron su islamización y la inmigración albanesa, con un progresivo descenso del porcentaje de población serbia y cristiana. Kosovo es desde entonces multiétnico y multireligioso, y con esas características fue autónomo dentro de Serbia en la Yugoslavia de Tito. Cuando los países occidentales fomentaron la partición de Yugoslavia en los años 90 del siglo XX Kosovo siguió dentro de Serbia, pero la represión serbia de los actos terroristas del Ejército de Liberación de Kosovo (UCK) dio pie a la intervención militar de la OTAN, liderada por Estados Unidos y Alemania, avalada después por la ONU. Hoy la ocupación extranjera puede convertirse en secesión, y Serbia, con el respaldo de Rusia, ya ha advertido que quien reconozca esa independencia ha de atenerse a las consecuencias. Europa, presidida por Eslovenia, parece dispuesta a dar ese paso.

 

El problema jurídico

 

El gran problema, aún no resuelto del todo en dos siglos de liberalismo y nacionalismo, es quién es una nación y quién no tiene derecho a constituirse en Estado. Una nación no es cualquier conjunto de personas con unas características comunes; hay una serie mucho más compleja de requisitos –que no es el lugar de debatir- para esta indefinible creación intelectual de Europa Occidental. Y además no está escrito que todo grupo humano que diga ser una nación, o del que sus gobernantes locales digan tal cosa, haya de serlo o que por serlo deba ser soberano. Como dijo Aznar, "es un grave error cambiar las fronteras; y sería además un precedente muy negativo en Europa reconocer un principio de libre determinación". Si se aceptase semejante premisa jurídica se habría anulado cualquier posibilidad de orden y de paz en Europa, a escala mucho mayor incluso que cuando se escuchó a Woodrow Wilson.

 

Wilson no fue culpable de que los Balcanes sean como son, pero sí de mucho de lo que ha sucedido en Europa tras la Primera Guerra Mundial. En Kosovo se está a punto de aceptar una locura equivalente a los 14 Puntos más el tratado de Versalles, como si los europeos no supiésemos que negar a los Estados –Serbia en este caso- el derecho a resolver sus asuntos internos, anulando su soberanía, sólo ha traído guerras y genocidios. De no haber muerto en 1924 el principal acusado de Nuremberg debió ser Wilson, y en futuros juicios lo serán los gobernantes europeos si dan ahora este paso. También Alemania deberá responder por lo que en su momento hizo con Eslovenia y Croacia, que está en la raíz de este nuevo abismo.

 

El peor precedente posible para España

 

No hay por qué andarse con rodeos. Si los precedentes de la doctrina que puede hacer de Kosovo un Estado son nefastos, las consecuencias pueden ser aún peores. Si Kosovo sale adelante cualquier minoría supuestamente nacional de cualquier país europeo podrá invocar el precedente. Alegar unas diferencias respecto al conjunto del país, de uno u otro signo, de diferente entidad, con los oportunos medios de presión en la opinión pública exterior, sumados a una supuesta represión supuestamente cruenta: he ahí todo el negocio. Habrá derecho/deber de injerencia para unos y habrá derecho a la autodeterminación para otros. Y nadie que apoye esto ahora podrá después escandalizarse cuando minorías danesas, vascas, flamencas, laponas, galesas, bretonas o sorabas lo planteen. Y no olvidemos que este "debate político profundamente inmaduro" planea sobre la "charca en la cual el nacionalismo quiere construir unas naciones al margen de España".

 

El trasfondo ideológico, lo único no totalmente negativo

 

Es curioso que hoy aparezcan en franca decadencia las tendencias individualistas radicales que han impugnado durante dos siglos, y sobre todo durante el último medio, la dignidad del concepto de Patria. Hoy a bastantes pueblos les parece que sólo se puede resistir a los torbellinos de la anarquía y de la globalización si plantan los pies en la tierra nativa y renuevan (o inventan) una tradición nacional. La idea del Estado-Nación parece ser, de nuevo, la única capaz de devolver cierto valor a la vida de una civilización como la nuestra, en la que se han devaluado demasiado los principios espirituales y han desaparecido casi todos los puntos de referencia común para la conducta de los hombres. Como ha dicho Aznar, "cuando el jefe de tu gobierno dice que no sabe si existe la nación, tenemos motivos para estar preocupados; y cuando ese mismo jefe de gobierno, dos años después de decirlo se envuelve en la bandera nacional para todo, hay motivos para estar preocupado. Entonces, lo digo claramente: yo creo en la nación española, yo creo que España ha hecho grandes cosas históricamente; creo que como todas las naciones del mundo hemos tenido nuestros aciertos y nuestros errores, pero podemos confiar razonablemente en ella". La nación- pero la nación real, no las inventadas- vuelve a ser protagonista de la política en Europa.

 

Las palabras que durante milenios han iluminado la mente, reconfortado el corazón y servido a las gentes de nuestra estirpe para reconocerse entre la marea de pueblos han perdido hoy poder sugestivo. Pero la palabra "Patria" sube su cotización y se enriquece con valores cada vez más numerosos, de naturaleza moral, cultural, económica y social. Al margen de matices, que haya europeos dispuestos a fundar un Estado o a defender una nación es algo mejor que el individualismo y su inexorable consecuencia, el relativismo. El gran problema es que algunas de esas identidades son hijas del relativismo y caballos de Troya del mismo, en vez de baluartes de identidades objetivas. Pero, como ha explicado magistralmente Jesús Laínz, "el problema de los nacionalismos no es la idea de nación", sino la manipulación de ésta y sus falsificaciones. "No hay que atacar a las falsas construcciones identitarias por ser identitarias sino por ser falsas": que es el problema de Kosovo.

 

La geopolítica: Zapatero está del lado equivocado

 

El Derecho, tal y como se ha entendido en Europa en los siglos del Ius publicum europaeum, rechaza la independencia de Kosovo. Crear un Estado artificial en los Balcanes puede interesar al mundo islámico y a los Estados Unidos, pero no a Europa, y esto lo dice Aznar, para escándalo de quienes lo creían en otras coordenadas ideológicas. Esa independencia es un precedente pésimo para la paz en el continente, y además puede extenderse hacia el Oeste. No hay derecho a esa secesión, y a España además le conviene oponerse a ella por todos los medios. Dentro de todo, la única buena noticia es que la Rusia de Vladimir Putin no es la de Boris Yeltsin, y eso es especialmente bueno para los Estados mediterráneos de la Unión, inmovilizados ante esta locura colectiva del bloque alemán y de sus semicolonias danubianas. Serbia tiene razón, y una parte de su razón es la de España.

 

Pascual Tamburri

El Semanal Digital, 27 de diciembre de 2007

Las cifras insisten: la inmigración no es la solución

Las cifras insisten: la inmigración no es la solución

Existe la idea perfectamente equivocada de que la inmigración constituye la respuesta a la incapacidad colectiva de este país para traer el número suficiente de hijos al mundo. Es decir la cifra necesaria para asegurar su viabilidad económica, al tiempo que esto hace sostenible a nuestro sistema público de pensiones. Es una convicción profundamente equivocada como muestran las cifras del Instituto Nacional de Estadística.

En un escenario de baja inmigración la población española en el año 2050 sería de 43,9 millones de habitantes, ligeramente inferior a la actual de 44,2 millones. Algo más de un tercio de esta población tendría más de 64 años, serían jubilados reales o potenciales, mientras que la gente en edad de trabajar se situaría en algo más de la mitad, el 54%.

En estas condiciones el país no sería factible. Habría un número demasiado reducido de personas activas en relación al total, que dado la proporción de inactivos sería prácticamente de 1:1, contando claro está los menores de 16 años. Para situar una referencia la cifra de activos en la actualidad bordea el 70%.

 

Está claro por consiguiente que España entraría antes de aquella fecha en una situación de colapso y empobrecimiento. Tanto es así, que en un reciente estudio sobre las perspectivas mundiales del importante grupo financiero Société General, concluye que la renta por persona en España el 2050 será un 27% inferior a la del año 2005. De hecho este país es el que presenta la peor perspectiva de Europa.

 

Pero si nos atenemos al escenario de alta inmigración con una población total en el 2050 de 53,2 millones de personas, es decir prácticamente diez más que en el escenario de baja inmigración (y esto significa nada menos que casi un 25% más población), las cifras no varían de manera suficiente.

 

Habría un 31% de población mayor de 64 años, en lugar del 33% del escenario de baja inmigración, y un poco más de activos, un 56%, es decir una magnitud que a duras penas superaría la mitad de los habitantes. Por consiguiente el peso que recaería sobre la gente en edad de trabajar para sostener al resto continuaría siendo excesivo.

 

Las cifras siempre son áridas pero tienen la virtud de reflejar con menos distorsiones la realidad. En este caso la realidad es solo una. La inmigración –al margen de otras consideraciones que también existen- no es suficiente.

 

El problema decisivo para el futuro de España, donde se juega su ser o no ser, no es ETA, o la disgregación. Eso son en todo caso riesgos, pero hoy por hoy la liquidación asegurada viene de la mano de la insuficiente natalidad, que convierte a este país en uno de los más inviables de Europa, para no decir el que más.

 

Solo con una recuperación importante del número de nacimientos que nos aproxime a la tasa de reemplazo de 2,1 hijos por mujer podemos encontrar solución. Ese es el poder a largo plazo de Estados Unidos, que disfruta ya hoy de aquella cifra de nacimientos, o de Francia con 2,0 hijos por mujer, o Irlanda con 1,78. Y esa es nuestra gran debilidad: solo 1,28 hijos por mujer.

 

Mientras tanto, los abortos oficiales (la realidad es peor) significan ya uno de cada cinco nacimientos, y subiendo. Porque, hay que subrayarlo España es de los pocos de occidente, junto con Holanda donde el aborto crece. La nuestra es una extraña política de estado.

 

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Forum Libertas, 28 de diciembre de 2007

La legislatura que vio nacer a la derecha social

La legislatura que vio nacer a la derecha social

La legislatura Zapatero ha sido aciaga: ruptura de los consensos básicos, debilitación del tejido nacional, fortalecimiento del terrorismo etarra, radicalización social, sectarismo político… Pero al mismo tiempo, y en buena parte a causa de esa calamidad, esta legislatura ha visto también algo insólito: la movilización de la derecha social española, que ha roto su amodorrado silencio de los últimos tres decenios y ha salido a la calle para protestar contra las cesiones ante ETA, contra el desastre educativo o en defensa de la familia. Y no es sólo cuestión de voces en la vía pública: en la misma estela han surgido centenares de iniciativas, desde el mundo editorial hasta Internet pasando por el movimiento asociativo, que han transformado desde abajo el paisaje político español. En otros lugares, como Italia, lo vivieron antes.

Esta legislatura espeluznante ha sido el desencadenante definitivo de un movimiento social imparable llamado derecha social por algunos, rebelión cívica por otros o incorrección política por todos. Lo cierto es que hace años se venía gestando un descontento contra el sistema que en esta legislatura se ha hecho evidente.

Motivos:

1. Esta legislatura ha evidenciado la incoherencia del sistema. El pueblo es uno y el sistema los divide en izquierda y derecha, así como en naciones imaginarias.

 

Esta legislatura empezó muy mal y termina peor. La desunión del pueblo español es un hecho que se palpó en la pasada manifestación de Madrid y que ha sido una constante en los cuatro años de la era ZP. Los culpables de esta desunión son, evidentemente, toda la clase política nacional, cuyos intereses de partido prevalecen siempre sobre el interés común. Ese macabro atentado el 11 de marzo pulula como una losa ante el pueblo español, que hoy aparece desangelado, desunido, escéptico y cansado por la incompetencia de los políticos.

 

Esta legislatura empezó con un horrible atentado donde el PP, representado por Aznar, no actuó como debía, pues independientemente del protagonismo del atentado, el presidente debió reunir a la oposición desde el principio, encerrarse a cal y canto y decidir unidos la suspensión de las elecciones por el bien de España. De manera posterior, es el PSOE el que acosa y derriba "democráticamente" al PP del Gobierno y, no reconociendo las circunstancias irregulares en las que se produce su victoria, tampoco actúa como debiera e ignora a la oposición durante toda la legislatura.

 

2. La política no como servicio al pueblo sino como instrumento para perpetuarse en el poder.

 

En estos cuatro años de gobierno ZP, ha sido visible ante los españoles una realidad que en otros tiempos era más disimulada y es la extrema arbitrariedad en el uso de los atributos políticos para hacer de su capa un sayo y perpetuarse en el poder. El manejo indecente del uso de la justicia en beneficio propio, el uso del poder político para el beneficio del poder económico (Botín, Entrecanales...), los pactos impresentables con el nacionalismo separatista y la extrema izquierda que han obligado a replantearse el modelo de Estado, la negociación y concesiones políticas a ETA y su entorno…

 

3. Total desprecio hacia el pueblo en declaraciones y actos.

 

Las declaraciones políticas sobre el conejo o las propinas, los menosprecios hacia la familia tradicional o las amas de casa, los desprecios hacia las victimas del terrorismo, hacia aquellos que consideran a España una nación, hacia aquellos que profesan una creencia religiosa, hacia aquellos que sufren la delincuencia inmigrante… Ante estas agresiones del poder, el pueblo reacciona independientemente de su tradición política: un albañil de Lavapiés, votante tradicional del PSOE, estará harto de la delincuencia, de la inmigración, de que a una pareja homosexual la llamen matrimonio, de la ETA... La política convencional frena sus instintos de hastío, pero está cansado de aguantar lo que se le viene encima.

 

4. Anulación, acoso y derribo de las iniciativas independientes. Todo debe estar dentro de los parámetros establecidos.

 

Los sindicatos, la patronal, los medios de comunicación, las asociaciones ciudadanas, todos deben amoldarse a los valores del sistema; cualquiera que disienta es marginado social y económicamente. El aparato del sistema ha llegado a un momento de asentamiento irrespirable, el chalaneo de la derecha económica y el aparato político es incuestionable. Lo foros de libertad son atacados de manera brutal. Los valores de la modernidad son irrenunciables para la plutocracia de cualquier signo.

 

Conclusión:

 

Gran parte del pueblo ha percibido que este es el país donde los millonarios chanchullean con los políticos sin ningún pudor, donde el falso progresismo es el pensamiento unitario, donde en el mundo virtual y especulador bursátil se han obtenido los mayores beneficios de la historia, donde la inmigración nutre las empresas de especuladores sin escrúpulos que se pasan por el forro los derechos de los trabajadores; el país donde la Justicia es la herramienta de los que mandan para sus tácticas políticas, donde España carece de destino internacional, donde la patria común se cuestiona o relativiza hasta por el presidente del gobierno, donde los disidentes radiofónicos sufren el boicot sistemático, donde la familia natural es atacada.

 

Este no es el país que quiere el pueblo, pero sí el que demanda e impone la izquierda progresista y gran parte de la derecha económica. Los valores que nos tratan de imponer chocan frontalmente con el sentido común del pueblo español, que ha reaccionado saliendo a la calle y apoyando las iniciativas independientes que surgen en España.

 

El ámbito católico o las victimas del terrorismo son las áreas que más contundentemente han salido a la calle. Su independencia es absoluta, pues su protesta se asienta en valores que van mas allá de lo material, y el pueblo se identifica con ellos. Por eso el poder arremete contra la Asociación de Víctimas del Terrorismo, contra el Foro de la Familia, contra la Iglesia y la COPE, contra los historiadores independientes, contra todo aquello que se sustenta en convicciones o en valores frente a los que no pueden medrar con su dinero.

 

Esa es la base desde la que construir una derecha social amplia, similar a la italiana, que permita expresarse a los disidentes, alejada de iniciativas marginales y estériles.

 

Termino robando una conclusión de Aurelio Padovani en su articulo Ex Roma Lux. Una derecha social, una opción política:

 

“Sin duda hay personas convencidas de las virtudes de esta línea de acción social y política, pero falta una vanguardia de tales características. Puede ser una cuestión de estilo, de azar, de voluntad o de comodidad individual. Puede también deberse a una conjunción negativa entre la tradición institucionalista, providencialista, mesiánica y pasiva de la derecha española, los vicios públicos y privados de la ultraderecha local y los evidentes atractivos de la vida contemporánea –incompatibles con una acción de vanguardia militante, salvo que ese Movimiento ya disponga, como en Italia, de una pequeña vida social autónoma. Pero lo cierto es que, salvo que se recuperen proyectos ahora mismo congelados, en España se puede dar la paradoja de disponer de todos los elementos objetivos necesarios para la consolidación de una derecha social y fallar precisamente el elemento subjetivo. Cuestión tal vez de pocas personas, que tal vez sí existan y sí estén preparando el trabajo remoto: ese horizonte comunitario, espiritual, ético y metapolítico, que explica el éxito y el porvenir de A.N., sería el primer punto en el orden del día de una A.N. española. Sin él, cualquier imitación no pasará de ser un intento de construir la casa por el tejado. Casi tan lamentable –“casi”, porque es preferible un militante que yerre que uno que se retire sin más a la vida privada- como la recurrente, estéril y esterilizante imitación de Le Pen, racionalmente menos atractiva e intelectualmente menos sugestiva, además”.

 

Alonso Calatrava

ElManifiesto.com, 27 de diciembre de 2007

Dejadnos en paz: El origen de una nueva coalición de centro derecha en España

Dejadnos en paz: El origen de una nueva coalición de centro derecha en España

"Todo empezó en una habitación no más grande que esta". Hoy, la coalición "Leave us alone", (déjanos en paz) reúne a 120 personas del centro derecha de los orígenes más heterogéneos, desde think tanks a periodistas, pasando por asociaciones sociales y políticos. La fórmula es sencilla: "di qué haces y compártelo con los demás". Y ahora se podría importar a España. Grover Norquist, coordinador de Leave us alone, ha compartido su experiencia en el domicilio de Ignacio Arsuaga, presidente de Hazte Oír, con una veintena de representantes de organizaciones como la Fundación Burke, Profesionales por la Ética, Asociación Española Cuba en Transición o ChequeEscolar.org, entre otras. La coalición española ya está en marcha.

LD (José Carlos Rodríguez) Grover Norquist no tiene el aspecto que estamos acostumbrados a ver en los políticos estadounidenses, quizá porque no sea uno de ellos. Es más bien un estratega del activismo político, con un estilo sencillo y franco. Leave us alone se gestó en los primeros años de la Administración Clinton. Entonces, con la Casa Blanca, Congreso y Senado en manos de los Demócratas, "comenzaron a hacer cosas que asustaron a la gente". Incrementaron los impuestos, aumentaron el gasto "en cosas estúpidas", "amenazaron a los home schoolers" (quienes educan a sus hijos en casa), propusieron que el Gobierno tomara el control sobre el sistema sanitario…

Leave us alone

Todas esas políticas movilizaron a las asociaciones de centro derecha en Estados Unidos. Algo había que hacer para resistir la avalancha de prohibiciones, regulaciones, aumento de impuestos y gasto y socialización que se venía encima con un partido Demócrata en el Gobierno y sin oposición en las cámaras. Lo primero que había que hacer es reunirse, y eso hicieron quince personas, invitadas por Grover Norquist, en un pequeño despacho de la capital. "Así que en la habitación teníamos 15 personas en los comienzos; cuarenta en 1994, sesenta en 1996, ochenta en 2000, y hoy hay 120 personas en la habitación, alrededor de una gran mesa", nos explica Norquist.

 

En esta coalición "no hay miembros. No hay un comité. No hay un presidente. Cuando invito a la gente a venir, es mi responsabilidad. Es una coalición del movimiento de gente que quiere hacer algo". Y el resultado es una auténtica transformación de la política estadounidense, una demostración más de su vitalidad y de que, a pesar de todos los condicionantes, la sociedad civil tiene allí un peso específico y una influencia que, en ocasiones, es determinante.

 

La mecánica de las reuniones de todos los miércoles es sencilla: cada asociación o grupo expone muy brevemente qué ha hecho para hacer avanzar sus ideas y qué planes concretos tiene para el inmediato futuro. Todo el mundo aprende de los demás o se beneficia de las estrategias de los demás, comparte recursos e ideas o simplemente se conoce para futuros contactos. Acuden "gente de la Casa Blanca, del Congreso y del Senado, periodistas y columnistas de la prensa conservadora, think tanks, grupos pro libertad de armas, grupos pro vida, grupos pro familia, grupos gays, hispanos… todos juntos".

 

Una coalición heterogénea...

 

¿Cómo es posible, "si a diez personas les cuesta elegir un restaurante al que ir", que decenas de asociaciones y grupos con intereses distintos y puntualmente incluso contrapuestos puedan sentarse en la misma mesa a ayudarse unos a otros? ¿Qué es lo que les mantiene unidos? La oposición a las políticas de izquierda. Esa es la respuesta más inmediata y el propio Norquist lo comparte en la reunión: "Si preguntas a cien personas ¿por qué no votas a la izquierda?, lo más seguro es que obtengas 50 ó 60 respuestas distintas. Está bien. No es necesario que todo el mundo esté de acuerdo en porqué votan al mismo candidato. Lo que es necesario es que todo el mundo vote en contra del otro candidato, y por tanto a favor de la alternativa".

 

Pero hay una razón más de fondo y que será la que ponga a prueba la incipiente coalición española, que por el momento está sólo en la idea, y que puede resultar muy exitosa pero también puede perecer en sus primeros pasos. Norquist compartió con los asistentes la verdadera clave de la coalición estadounidense, que no en vano se llama Leave us alone, déjanos en paz: "Lo que mantiene unido al movimiento de centro derecha en los Estados Unidos es que, si tú preguntas a la gente: ¿Por qué estás en política? Entonces, los cuatro millones de afiliados a la NRA te dirán: quiero que dejen en paz mis armas. No quieren que el Gobierno les dé armas gratis. Sólo quieren que les dejen en paz. El movimiento a favor del home schooling, alrededor de un millón de americanos que educan a sus hijos en casa; ellos quieren que les dejen en paz. Quieren educar a sus hijos en paz, no que les subsidie el Gobierno".

 

...unida por un mismo adversario

 

Es decir, que cada asociación defiende las libertades por las que siente más aprecio, pero tiene que ser tolerante con las que los demás defienden también para sí. El acuerdo es fácil, porque todos comparten un mismo adversario, y porque cada grupo social organizado considera su propia área de interés como la decisiva a la hora de ejercer el voto: "No hay una lista que tengas que firmar para entrar en la habitación. No tienes porqué estar de acuerdo con todos. A lo mejor tú estás a favor de controlar las armas, pero no es el asunto que decide tu voto, sino a lo mejor por la libertad de enseñanza, porque tu asunto es el home schooling o la libertad de elección de centro".

 

Y por compartir las libertades

 

Esta misma razón es la que hace improbable una coalición similar pero de signo opuesto en España, como tampoco la hay en los Estados Unidos. No es que desde el otro lado no se esté trabajando con eficiacia para llevar sus planes de transformación, pero básicamente es una "takings coalition", como la llama Grover Norquist; una coalición de pedigueños que está orientada a sacar beneficios de la enorme capacidad del Estado para redistribuir. Y en el reparto siempre hay conflicto, mientras que en una coalición de centro derecha basta con el acuerdo de que desde el Gobierno se respeten los derechos de personas, empresas y familias de seguir sus propios criterios.

 

Una reacción esperada

 

Hace casi cuatro años, cuando Zapatero comenzaba a dejar ver su proyecto de transformación radical de la sociedad española, de las reglas del juego democrático (con un nuevo actor, antes proscrito, que es la ETA) e incluso de la historia misma de nuestra democracia, que ya no enlaza con la Transición sino con la II República, José Ignacio del Castillo mantenía una conversación con un grupo de amigos que, meses después, crearía el Instituto Juan de Mariana. En ella, Del Castillo preveía que la política de ZP iba a reavivar a la sociedad civil, que se iban a poner en marcha nuevas asociaciones y grupos, y que sería interesante que se pusieran en contacto entre sí para compartir conocimiento, experiencias y estrategias. Él vio entonces lo que efectivamente se ha producido y la reunión de varias personas con Grover Norquist en casa de Ignacio Arsuaga puede marcar el inicio de un cambio de alcance en la política española.

 

Un movimiento en marcha

 

Ahora llega el momento para que los participantes en esa reunión y otros que no estuvieron (UDE o GEES entre otros) sepan seguir el ejemplo de Grover Norquist. Entre la veintena de asistentes (otros 20 aproximadamente no pudieron acudir pese a estar invitados), se encontraba Jaime Ucelay, de Profesionales por la Ética, una asociación muy característica de la reacción social a la política de Rodríguez Zapatero. La asignatura Educación para la Ciudadanía ha despertado una oposición social que se le está volviendo en contra al Gobierno.

 

También estaban Rafael Rubio, de la Asociación Española Cuba en Transición, Lola Velarde, del Instituto de Política Familiar, Juan de Dios Dávila, de la Fundación Unidad + Diversidad, Carlos Cremades, de la Unión Familiar Española, Pepe Castro, de la plataforma ChequeEscolar.org, Bruno Soria, de Hazte Oír o Luis del Pino, de Peones Negros, entre otros.

 

También había representantes de think tank españoles, como Pablo Nuevo, de la Fundación Burke o José Carlos Rodríguez, del Instituto Juan de Mariana. O periodistas, como este último o Víctor Gago, de Libertad Digital, Miguel Gil, de Época o José María Marco.

 

Libertad Digital, 26 de diciembre de 2007