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Políticamente... conservador

Balance legislatura I. Raíces antropológicas y culturales de la política de Zapatero

Balance legislatura I. Raíces antropológicas y culturales de la política de Zapatero


“No es la verdad la que nos hace libres, sino la libertad la que nos hace verdaderos”. Esta frase resume la orientación cultural de la legislatura Zapatero: la acción política no debe tener una referencia antropológica y moral, no está vinculada a tradiciones filosóficas o espirituales, sino que es la expresión de la autodeterminación total: los deseos individuales se convierten en derechos, y el poder es la garantía de que eso se cumple. Es la política de “extensión de los derechos”, que Zapatero sitúa como la perla de su legislatura.

 

El ser humano y la vida social serían como una página en blanco, son susceptibles de reinventarse por completo en función de un consenso social, que en la práctica es tremendamente moldeable por el poder (político, mediático y cultural). En el fondo es la victoria política de la corriente cultural del 68. Entonces fue derrotada políticamente, pero ha ido ganando palmo a palmo en el terreno de la cultura-mentalidad social. Es sintomática la admiración que el “atrevimiento” de Zapatero suscita en algunos intelectuales emblemáticos del progresismo. Paolo Flores d’Arcais lo demuestra durante su larga entrevista al presidente español en la revista Micromega. Es como si dijera: “tú te has atrevido a llevar a cabo en la realidad lo que nosotros manteníamos como hipótesis intelectual”.

 

Digamos, aunque sólo sea como apunte, que esta base nihilista del proyecto radical de ZP no explica sólo las políticas en materia de familia, bioética, educación y libertad religiosa, sino que está en el fondo de su aventura del pacto con ETA y la nueva configuración de España (la segunda Transición). De hecho, como señala el documento “Orientaciones morales ante la situación actual de España”, de la CEE, la Transición se basó en el ethos cristiano que compartía la inmensa mayoría de la sociedad española a finales de los setenta. Hoy la situación es distinta, y lo que queda de ese ethos sufre un verdadero fuego cruzado. Entre otras cosas, también por eso ZP desea una nueva Transición, basada sobre otra matriz cultural y de valores.

 

Lógicamente, aquellas tradiciones e instituciones que han moldeado nuestra historia común y que todavía hoy tienen un papel vertebrador, generador de comunidad y transmisor de valores, suponen un obstáculo para esa política de tabla rasa. El desprecio, más aún, la hostilidad hacia ese tejido de sociedad civil organizada ha sido una constante de la legislatura, y ello porque el poder se concibe como salvador, como educador y configurador de la sociedad. Así pues, no es difícil de entender que la Iglesia católica y la familia basada en el matrimonio hayan estado en el punto de mira.

 

Zapatero no ha ahorrado referencias a una sociedad marcada por una moral “carca”, atrasada en el desarrollo científico y cultural debido a los prejuicios religiosos y morales que traban todo su desarrollo. Aquí se perfila la idea de modernización que tanto gusta al PSOE, y que acaba de ser repropuesta como bandera para la próxima legislatura: ZP ha pedido cuatro años más para completar la modernización de España.

 

El punto de partida es claro: la España que conocemos es fruto de un complejo proceso histórico que nuestra izquierda no termina de digerir, y por eso pretende modelarla de una vez por todas según sus propios parámetros ideológicos. La política llevada a cabo en materia de familia, investigación biomédica, cultura y libertad de educación no deja lugar a dudas. Es significativo que los fichajes-estrella del Gabinete Zapatero en los últimos tiempos hayan sido los ministros Bermejo y Soria, caracterizados ambos por un fuerte componente anticatólico y una cultura política radical. Y no es difícil presumir que en el horizonte de esa modernización todavía incompleta, el PSOE de Zapatero contemple ya el dossier de la eutanasia (Bernat Soria ya lo ha dejado caer) y una revisión a la baja de los Acuerdos Iglesia-Estado (tal como reclaman los círculos de Peces-Barba, que llevan años calificándolos de “anomalía preconstitucional”).

 

La consolidación de la asignatura de Educación para la Ciudadanía, cuyo afeitado no está dispuesto a aceptar de ningún modo el Gobierno, es parte esencial de esa estrategia “modernizadora”. Se trata de “modelar” al buen ciudadano, que sólo podrá serlo si se alimenta de los valores definidos por un consenso que en última instancia controla y pilota el Estado a través de diversos instrumentos. Como ha dicho en varias ocasiones Peces-Barba, un católico, en cuanto tal, no puede ser un buen ciudadano; o con una formulación más blanda, no puede ser protagonista político.

 

José Luis Restán

Páginas Digital, 25 de octubre de 2007

Montan un lobby para reformar la Constitución: España "es objeto de todo tipo de vandalismo"

Montan un lobby para reformar la Constitución: España "es objeto de todo tipo de vandalismo"

Alejo Vidal Quadras. (Efe). Un grupo de entidades cívicas se han constituido en lobby para conseguir una reforma de la Constitución al considerar que ésta “ha sido liquidada” por José Luis Rodríguez Zapatero y su agenda territorial, en especial con el nuevo Estatuto de Cataluña. La propuesta “pone orden a la casa, una casa que ha sido objeto de todo tipo de vandalismo”, explica a El Confidencial Alejo Vidal Quadras, europarlamentario popular, quien ha formado todo un eje de acero para elaborar el documento junto a Iñaki Ezkerra, del Foro de Emua, y expertos en derecho público que desean permanecer en el anonimato.

Los impulsores pretenden que la reforma de la Constitución forme parte del debate público durante las próximas elecciones generales. Para ello han constituido una plataforma de asociaciones cívicas – llamada Por la concordia nacional y la reforma constitucional- en la que se han integrado Convivencia Cívica Catalana, Foro Ermua, Fundación Concordia, Fundación para la Defensa de la Nación Española y Fundación Papeles de Ermua.

 

Proponen reformar la Carta Magna para cerrar “las vías de agua abiertas” en el edificio construido en 1978. A juicio de sus promotores, la situación actual pone en peligro la propia supervivencia de España a causa de los “abusos y desmanes” cometidos. Simultáneamente, asisten con preocupación a la ofensiva de los partidos nacionalistas: “todos, desde ERC a los que se definen moderados, como CiU o PNV, quieren referendos de autodeterminación”, sentencia Vidal Cuadras, que los tilda de “fuerzas secesionistas-separatistas”.

 

En su intento por demostrar que la reforma es posible, han elaborado un documento de cien páginas donde proponen una modificación de casi cuarenta artículos de la Constitución y que presentarán a la sociedad el próximo jueves, 25 de octubre, en el casino de Madrid. Les guía una convicción: regresar al espíritu de 1978 y que el Estado garantice la unidad nacional y la igualdad ante la ley de los ciudadanos en todo el territorio español, así como la cohesión y la solidaridad por encima del lugar de residencia.

 

La reforma que buscan requiere necesariamente del acuerdo entre socialistas y populares, pero parten de una llamativa premisa: creen necesario que, primero, el PSOE sea derrotado en las elecciones de marzo y este partido sustituya a su actual secretario general “por una persona dotada de sentido de Estado y del bagaje conceptual y moral apropiado para dirigir un gran partido nacional”, proclama uno de sus documentos.

 

Desde su paradigma, ven imposible hacer nada si Zapatero continúa al frente del PSOE. Y construyen el siguiente escenario político: que el presidente del PP, Mariano Rajoy, asuma sus postulados en el programa electoral de marzo de 2008; que éste gane las elecciones y que los socialistas se libren de un Zapatero fracasado y un nuevo PSOE se alíe con el ganador para reformar la Constitución. Tal alianza sería en forma de pacto de Estado o bien por medio de un gobierno de coalición, la famosa Grossen Koalitionen alemana.

 

Impulsados por Vidal Quadras -vicepresidente del Parlamento Europeo, ex presidente del PP catalán y catedrático de física-, en el documento han trabajado un grupo de expertos durante casi dos años. Entre ellos se encuentran catedráticos de derecho constitucional, abogados del Estado y juristas que han pedido que no se revele su identidad. “La gente está inquieta, ve que Zapatero ha puesto en peligro el sistema y quieren una reacción”, diagnostica el político catalán. Esgrime como prueba que en la reciente recepción del Día de la Hispanidad se le acercaron una decena de personas “para pedir que se haga algo, que esto no puede ser”. Reconoce que eran invitados “de las fuerzas armadas y la sociedad civil en general”.

 

Alfonso Guerra conoce la propuesta

 

El lobby ya está en marcha. Los impulsores se han reunido con Rajoy para explicarle el documento, con la esperanza de que lo incluya en su programa electoral, pero aún no tienen respuesta. También ha sido detallado a dirigentes socialistas críticos, incluido Alfonso Guerra, ex vicepresidente del Gobierno, inspirador de la Carta Magna y presidente, precisamente, de la Comisión Constitucional del Congreso.

 

El consenso entre PSOE y PP es necesario porque los artículos a alterar tienen las máximas garantías de blindaje de la Constitución. Cualquier cambio de texto exige del procedimiento más grave y sereno de los dos existentes. Es lo que técnicamente se denomina reforma agravada (artículo 168): modificación aprobada por mayoría cualificada de dos tercios de las Cortes, disolución inmediata de las Cámaras y convocatoria de elecciones legislativas, que son las que elaborarían la reforma, y referéndum posterior.

 

 

El documento defiende devolver al Estado aquellas competencias que le son propias, delimitarlas claramente y suprimir el artículo (150.2) que permite transferir las competencias del primero. También pretende garantizar la igualdad de los españoles, incluida la educación, y el uso del castellano como lengua común y oficial del Estado, sin perjuicio de las restantes lenguas españolas.

 

Respecto a Navarra, recomienda acabar con su interinidad suprimiendo la disposición adicional que deja la puerta abierta a su anexión al País Vasco. Además, pide la supresión de la distinción entre “nacionalidades” y “regiones” (artículo 2) y, en su lugar, explicar en el Preámbulo cómo surgió la unidad nacional: a través de las antiguas Coronas de Castilla y León y de Aragón, con las posteriores incorporaciones a la primera de los territorios históricos vascos y del Reino de Navarra.

 

@Julia Pérez

El Confidencial, 23/10/2007

 

RAJOY DEBERÍA LEER A RUSSELL KIRK. Qué es ser de derechas.

RAJOY DEBERÍA LEER A RUSSELL KIRK. Qué es ser de derechas.

          

Mariano Rajoy ha declarado a La Razón: "Hoy en día es muy difícil precisar qué es ser de derechas, de centro o de izquierdas". Estas palabras me hacen recordar la significativa anécdota del cuestionario planteado a Zapatero y Rajoy poco antes de las últimas generales: al llegar a la pregunta sobre cuál era su periódico favorito, Zapatero respondió que El País (eran otros tiempos), mientras que Rajoy citó el Marca. Uno proclamó sin vergüenza alguna su filiación política; el otro evitó tener que pronunciarse.

Ésta es la actitud que ha convertido España en una anomalía: probablemente se trate del único país occidental en el que no existe la derecha política; o, al menos, del único en que el líder del partido que en teoría representa a la derecha confiesa que tiene dificultades para distinguir a ésta de la izquierda.

 

Resulta evidente que si el líder del PP tiene dificultades para precisar, por ejemplo, la diferencia entre las propuestas de Izquierda Unida y las de su propio partido, entonces es que tiene un grave problema (o mejor: tenemos). Desde mi modesta posición, me atrevo a recomendarle, como remedio eficaz (aunque no infalible) para aclarar conceptos, el breve texto de Russell Kirk "¿Qué significa ser conservador?", que podrá encontrar fácilmente en la sección Ensayos Cortos de la web de la Fundación Burke. Allí, en diez puntos, se van desgranando algunas ideas que podrían, si las medita con calma, ayudarle a precisar su posición.

 

Allí descubriría que "los hombres y las naciones están gobernados por leyes morales", y que, en consecuencia, no tenemos "ningún derecho" a "intentar forzar imprudentemente la naturaleza humana o el delicado tejido de nuestro orden social". Corolario: la libertad, pisoteada en repetidas ocasiones por la izquierda, debe ser defendida por la derecha.

 

Y que no se nos diga que estamos hablando de vagas teorías: la libertad de educación (que, bajo el sistema actual de concierto educativo, no es plena) y la libertad de los padres para elegir la educación moral de sus hijos son cosas bien concretas. ¿Más concreción? Introducción del cheque escolar y derogación de Educación para la Ciudadanía: dos medidas que sí podrían galvanizar a la adormecida derecha social.

 

Escribe también Kirk que "la propiedad y la libertad están inseparablemente conectadas"; y añade: "Nivelamiento económico no es progreso económico". ¿Nos animamos a romper el consenso socialdemócrata y a dejar que cada vez más personas decidan qué quieren hacer con una mayor proporción del dinero que han ganado con su esfuerzo?

 

Más adelante leemos: "La sociedad moderna necesita urgentemente a la verdadera comunidad (…) Por medio de las iglesias, las asociaciones de voluntarios, los gobiernos locales y una variedad de instituciones, los conservadores se esfuerzan para mantener a la comunidad sana". La derecha cree en la sociedad civil, la izquierda en el Estado omnipresente. Una reforma de la ley electoral que ayudara a acabar con el excesivo poder de las estructuras de los partidos sería bien vista desde la derecha.

 

Ya para acabar (pero hay más: esto es sólo una degustación), encontraría la siguiente afirmación: "La innovación moral y política puede ser tanto destructiva como beneficiosa (…) Con Lord Falkland, [los conservadores] dicen: Cuando no es necesario cambiar, es necesario no cambiar". La institución familiar, tan sacudida durante esta legislatura, merece ser preservada. Una postura de derechas valora la base natural e histórica del matrimonio, y, en castizo, recuerda que "los experimentos, con gaseosa". Matrimonio es la unión de un hombre y una mujer; lo demás es otra cosa.

 

Aún queda mucho por redescubrir en el texto de Russell Kirk, cuyas implicaciones concretas son poderosas. Confiemos en que, si no Rajoy, algunos jóvenes con sentido de la responsabilidad y ganas de contribuir a una sociedad mejor lo lean con detenimiento. Estoy convencido de que les ayudará a perder complejos, a llamar a las cosas por su nombre y a precisar qué es lo que puede sacar a nuestra patria del atolladero en que entre todos la hemos metido.

 

Por Jorge Soley Climent

© Fundación Burke

España antes del odio

España antes del odio


A los 20 años se licenció en Derecho con matrícula de honor. A los 21 obtuvo el doctorado, con premio extraordinario. A los 22 ya era letrado del Ministerio de Gracia y Justicia. A los 23, abogado del Estado. A los 24 entró en política, de la mano de Antonio Maura, y a los 26 se convirtió en diputado por Orense. Con 32, y tras pasar por la Dirección General de la Administración, fue nombrado ministro de Hacienda. 

 

José Calvo Sotelo, uno de los políticos más influyentes y, a la vez, más desconocidos del siglo XX, fue precoz en todo, hasta en morir.

 

En la madrugada del lunes 13 de julio de 1936, un grupo de guardias de asalto capitaneados por el capitán Condés, un guardia civil de extrema izquierda que había sido apartado del cuerpo por unirse a la revolución del 34, se presentó en su casa de la calle Velázquez y se lo llevó preso. Tras un paseo bien breve, Luis Cuenca, pistolero socialista y escolta de Indalecio Prieto, le descerrajó dos tiros en la nuca.

 

El sábado de esa misma semana, el general Franco sublevó al ejército de África. La Guerra Civil había empezado.

 

Esta triste historia la conocemos, con excepción de las nuevas hornadas de estudiantes logsianos, casi todos los españoles. Calvo Sotelo, el aplicado estudiante, el joven político llamado a renovar la Monarquía alfonsina, el hombre-prodigio de la dictadura de Primo de Rivera, el rebelde con causa a quien se le prohibió entrar en España a pesar de haber sacado por dos veces acta de diputado, es un auténtico enigma.

 

Lo es porque desapareció del mapa en su momento justo de sazón. Y porque tanto a la izquierda como a la derecha sólo les ha interesado la última etapa de su vida, la de su trágica muerte. Bueno, a decir verdad, a la izquierda del pasado le interesó liquidarlo, y a la del presente ocultar ese capítulo vergonzoso y ruin; y qué mejor manera de hacerlo que ignorando a su protagonista.

 

La de Calvo Sotelo fue una biografía intensa, atada con cuerdas a la época que le tocó vivir; a unos años en que España viajó peligrosamente de la Restauración a la Dictadura, y de ahí a la República. Fue su muerte, precisamente, lo que marcó el fin de esta última y el inicio del capítulo más lamentable y bochornoso de nuestra historia. Es difícil concentrar tanto en tan poco.

 

José Rodríguez Labandeira, historiador de raza al que debo parte de mi incurable afición por la historia (fue uno de mis profesores en la universidad), se ha atrevido a roer un hueso que no está al alcance de cualquiera. Porque Calvo Sotelo es mucho más que el cliché ideológico que se ha distribuido al por mayor desde su asesinato. Es más, su final, por estúpido y cargado de odio, no quita ni pone un ápice de mérito a quien ya lo había hecho casi todo.

 

Nació a la política en los estertores de un sistema político, el de la Restauración, diseñado para durar por siempre pero que, apenas una generación después de haber sido alumbrado por los supervivientes del Sexenio, era un puchero podrido en el que se creía cada vez menos. El joven Calvo Sotelo, que bien podría haberse dedicado con gran provecho a la abogacía, o haber continuado la carrera judicial de su padre, se hizo maurista porque aborrecía lo peor de aquel régimen de compromiso.

 

Educado en la cultura del mérito y el esfuerzo, y tan empeñado en modernizar España como el más pelma de los regeneracionistas, no podía congeniar con aquel orden de cosas. Y Antonio Maura, el incombustible mallorquín que supo aunar en sí mismo las figuras de Cánovas y Sagasta, era la solución para los jóvenes de orden. Los que, yendo puntualmente cada domingo a misa, tenían lo que hoy se llama sensibilidad social, mientras soñaban con una democracia cristiana que aún no se había inventado.

 

Se hizo político, pues, por una cuestión de ideas, no por incapacidad para desempeñar otros menesteres, digamos, más honrados. Sólo por eso, en el país de los señoritingos con escaño y de los que se dedican a la cosa pública porque no valen para nada más, sería digno de ser recordado.

 

Entró en el Congreso de los Diputados en 1919, y en pocos años, y gracias a sus indudables dotes, llegó a ministro. Pero España ya no era la misma. Cuando en 1925 tomó posesión de la cartera de Hacienda, la Restauración era cosa del pasado y el Gobierno un asunto personal del general Miguel Primo de Rivera, dictador que, con "una letra a noventa días", se pasó siete años en la poltrona.

 

Al frente de Hacienda, Calvo Sotelo trató de poner el mismo orden que el general estaba imponiendo en la calle. En parte lo consiguió, aunque, justo es decirlo, con la receta equivocada. Fiel a su ideario de que más Estado es sinónimo de más prosperidad, se sacó de la manga monopolios como el del petróleo –que aún colea en la Guía Campsa que venden en las gasolineras–, intentó implantar algo parecido al IRPF y trató de reactivar la economía nacional mediante un ambicioso plan de obras públicas. Vamos, como cualquier socialista de los que creen que un país se moderniza con leyes y buenas intenciones...

 

Su país, que es el nuestro, más que modernizarse se volvió loco. Y la locura se lo llevó por delante. No merecía ese final, porque, aunque errado en lo sustancial, fue un hombre honesto, trabajador y brillante en casi todo lo que se propuso. Vivió España a fondo, la España previa al odio; o mejor dicho, la que, por la irresponsabilidad y fanatismo de sus líderes, acumuló el barro que no mucho después se transformó en lodo. Una España que no debiéramos olvidar nunca, ni a los que la poblaron. Calvo Sotelo, a su pesar, fue uno de ellos.

 

 

JOSÉ RODRÍGUEZ LABANDEIRA: ESPAÑA ANTES DEL ODIO. Claudia (Madrid), 2007, 518 páginas.

 

Libertad Digital, suplemento Libros, 12 de octubre de 2007

Nacho Uriarte "es España" y lidera una juventud diferente

Nacho Uriarte "es España" y lidera una juventud diferente


El presidente de Nuevas Generaciones, Nacho Uriarte, presentó este lunes 1 de octubre la campaña "Somos España" con la que los jóvenes del PP quieren celebrar la Fiesta Nacional el día 12 de octubre, precisamente cuando la unidad de España y sus símbolos son más agredidos por los radicales, pero también cuando más habitual es ver jóvenes con la bandera bicolor. Sin complejos, sin sectarismo, sin nostalgias. Los de Uriarte plantean "la fiesta que nos representa a todos y nos hace sentir orgullosos de España" y quieren llevarla, en tono festivo, abierto a todos y unidos todos bajo la bandera, a los pueblos y ciudades de las cuarenta y nueve provincias en las que existe NNGG. Es una vía de acción juvenil desenfadada, alegre, participativa y flexible, no institucional y sin complejos: un movimiento destinado a tener éxito y a marcar una generación, que además lo necesita.

 

Casi al mismo tiempo, Juventudes Navarras, a través de su presidente, mi amigo el parlamentario Sergio Sayas, se ha comprometido a no usar a los jóvenes como propaganda electoral ni como decorado de los mítines, y creo que esto sería un acierto. Es un estilo marcadamente distinto del de Uriarte, pero no por ello menos novedoso. Vamos a ver iniciativas sin duda atrevidas y originales, como la de no re-cavar los votos de los jóvenes (Diario de Navarra del 29 de septiembre, corregido después), quizás gracias a un Instituto de Juventud que, cómo no, supondrá un freno definitivo a la deriva y el abandono de este sector de la sociedad. Acción desde las instituciones y desde el presupuesto más que desde las plazas y en torno a la bandera. Otra vía de acción, que no tiene por qué ser peor; sólo foralmente distinta.

 

Activistas más heterodoxos que el blog de Pepiño

 

Quizás los de Uriarte no estén tan solos ni su activismo redescubierto sea tan raro, tan malo ni tan peligroso. Y anuncian su "desembarco" el día 12 en Navarra, como en las otras Comunidades donde la bandera no ondea, y eso forzará los cambios o las comparaciones. Me parece muy bien, porque la juventud española, como toda la europea, es más patriótica, militante y generosa, si se sabe llegar a ella, que lo que se suele pensar desde los despachos. Sobran ejemplos.

 

Se acaba de presentar en Italia el resultado de una encuesta a la que contestaron los participantes en una reunión anual de las juventudes de la derecha de aquel país, el Campo Base 2007 que tuvo lugar en agosto en Prata D´Ansidonia. Salvatore Santangelo (de la Ejecutiva de la asociación juvenil de Alianza Nacional, Azione Giovani) y Alfonso Magliocco (de la Ejecutiva estudiantil, en Azione Universitaria), conocidos por su campaña sarkozyana contra el 68, han hecho público un retrato sorprendente de la juventud italiana; sorprendente para quien insista en los tópicos y los lugares comunes del difunto siglo XX. Para Santangelo y Magliocco, el militante de la derecha joven no le gusta dejarse etiquetar, y esto se ve claramente en la encuesta. La juventud "de derechas" sorprende, deja las cosas claras y habla el idioma de quien vive en el tercer milenio. Bastante de lo que sigue puede aplicarse al camino que emprenden y a los jóvenes que van a poder movilizar las Nuevas Generaciones de Nacho Uriarte.

 

Más militantes que la izquierda abertzale

 

Dedicando como media más de treinta horas semanales a la militancia política (gratis, ni que decir tiene), los jóvenes de la derecha social italiana tienen ideas muy claras sobre el antipoliticismo: la mayoría cree que la campaña mediática de deslegitimación de la política es "una maniobra de algunos grupos de presión para debilitar la política y favorecer salidas tecnocráticas". Frente a esta tendencia, para los militantes de AG la política tiene que darse cuenta del amplio descontento y actuar rápidamente una reforma en profundidad, evitando derroches y privilegios. La reforma más urgente para promover el cambio de generaciones parece ser para ellos no sólo el voto a los 16 años sino sobre todo la promoción de asambleas juveniles y de consejos de la juventud municipales. Y desde luego no parece que los jóvenes quieran en Italia cuotas, ni femeninas, ni juveniles. Quieren oportunidades de defender principios, no huecos en las listas.

 

Salvatore Santangelo cree que lo más notable son las ganas de participar. La juventud "de derechas" quiere ser protagonista del futuro, y cree que los principales problemas del país son ahora mismo el coste de la vida, la vivienda, los contratos basura y la inmigración ilegal. Azione Giovani no se ha opuesto a la flexibilización del mercado de trabajo, pero ha exigido a su partido-matriz que se establezcan compensaciones sociales. Sobre la inmigración, el 60% es contrario a que los inmigrantes tengan derecho al voto, y un 30% creen en cambio que pueden tenerlo pero "después de un amplio número de años y sólo si respetan las reglas, trabajan, pagan los impuestos y conocen el idioma". Suma y sigue.

 

Más variopintos que todo el barrio de Chueca

 

Así que la juventud de derechas es de opiniones variadas y flexibles. ¿Una sorpresa? Según para quién. Desde luego estos matices se pierden si uno se apoltrona; por ejemplo, hay allí una juventud no hostil al Islam, "una realidad que hay que tener en cuenta sin rendirse". Y en política exterior, contrarios a la entrada de Turquía en la UE pero a la vez escépticos sobre el uso que Estados Unidos hace de su fuerza imperial; China es "el país que une lo peor del capitalismo con lo peor del comunismo" pero Rusia es "dura porque está obligada a defenderse de las provocaciones americanas". Y sobre las grandes cuestiones, Afganistán, Irak, un gran lamento por la ausencia de Europa. ¿Están locos estos jóvenes?

 

Si se les pregunta por sus líderes preferidos admiran con pasión a Sarkozy, Aznar, Arafat y Kirchner: y si es una sorpresa la presencia del líder palestino, más aún lo es la del argentino, quizás una muestra de simpatía a la que allí justamente y aquí neciamente se llama América Latina. Más bien odiados Fidel Castro, G.W. Bush, Sharon y Margareth Thatcher, y en cambio sus personajes de referencia cultural, poetas identitarios, artistas militantes, van desde Juan Pablo II a Bobby Sands: decididamente están locos.

 

Quizás son, sencillamente, gentes de su siglo y militantes de unas ideas. Para esta derecha joven el enemigo principal es la hegemonía cultural de la izquierda, seguida del pasotismo y sólo en tercer lugar el comunismo, que es un peligro relevante sólo para el 20% de los afiliados. Para ellos, pasadas ya las luchas del siglo XX, hay que hacer política prescindiendo de las viejas barreras y de los viejos frentes, manteniendo sin complejos los principios pero sin miedo a las nuevas formas, a las nuevas alianzas sociales. Rejuveneciendo el liderazgo, eso sí.

 

A Uriarte, si va por ahí, le irá bien

 

Quizás por eso tienen, además de su propia música "alternativa" gustos musicales muy poco previsibles: llevan el ipod lleno de Pink Floyd, Vasco Rossi, rock (con mucha carga de metal: esto puede gustar en especial a Uriarte) y mucha música italiana, sin desdeñar el tecno; los militantes de derecha ven menos televisión que la media, y dentro de eso prefieren las transmisiones deportivas, porque además juegan al fútbol (cada vez menos) y al rugby (cada vez más: pero en serio), el boxeo y la esgrima. Odian las transmisiones de telebasura y les gusta el cine, en especial pas películas épicas y de ación. ¿Verdad que está locos? Sin embargo un público así es el que invoca y convoca Uriarte con su "Somos España". Le irá bien.

 

La juventud europea de centroderecha, de derecha social, es si se quiere ecléctica o quizás alocada, pero en todo caso coherente consigo misma y con sus valores de referencia. No es poco, y no en todas partes triunfa lo mismo. La modernidad, la frescura, la aventura, la tradición, la transgresión y la identidad: todo eso define una juventud militante frente a una juventud institucionalizada. Y no es un juego: lo que Uriarte puede movilizar ahora con sus "desembarcos" son ya las ideas de referencia del movimiento juvenil más grande de Italia (no sólo de la derecha) y de una de las grandes bazas de Berlusconi para vencer las próximas elecciones a través de la movilización social. Nuevas Generaciones tiene a su alcance gentes igualmente capaces.

 

Pascual Tamburri

El Semanal Digital, 1 de octubre de 2007

¿Homenajeará UPN a la bandera española?

¿Homenajeará UPN a la bandera española?


(RD/Ana Abaurre).- Algunos habrán sentido terror al leer semejante titular, pero es lo que se comenta en los corrillos de los afiliados a UPN. Sus socios del PP les han puesto contra las cuerdas sin tan siquiera imaginarlo. Nuevas Generaciones ha anunciado que celebrará el 12 de octubre, Día de la Hispanidad, movilizaciones de desagravio a dos de los símbolos de nuestra democracia: la bandera española y el Jefe de Estado.

 

Y las miradas se vuelven hacia Príncipe de Viana 4. ¿Qué hará UPN y sus juventudes? ¿Asumirán como propios los homenajes o evitarán a la prensa durante una semana para evitar la temida pregunta? Lean, lean, que la iniciativa de los populares tiene jugo:

 

"Nuestra casa, nuestra nación, nuestra gente. Somos España. Acude a celebrar la fiesta de todos". Este es el título, pero lo más llamativo es que en el PP han dejado los complejos a un lado para mostrar sin pudor y a lo grande la bandera "rojigualda".

 

Este año va a ser de lo más divertido el Día de la Hispanidad. En Madrid, como siempre, mandará el desfile de las Fuerzas Armadas. Nada nuevo. Pero en Pamplona puede vivirse un día histórico. Los populares han pedido ayuda a los alcaldes, en este caso a la alcaldesa Yolanda Barcina, para unir a todos en torno a los símbolos democráticos. ¿Cuál será su respuesta?

 

Lo que está claro es que en el PP se han cansado de las medias tintas. Con la decisión de UPN se probará si los regionalistas están derivando en un nacionalismo navarro o mantienen la línea de su presidente Miguel Sanz: la de la Navarra foral y española.

 

Reportero Digital Navarra, 2 de octubre de 2007

Un navarrismo encorsetado.

Un navarrismo encorsetado.

Un navarrismo encorsetado.

 

Repasando el listado de ciudades españolas en las que se ha celebrado, el pasado día 27 de septiembre, una de las actividades de la Fundación para la Defensa de la Nación Española, en concreto los denominados “Observatorios de la Nación”, he advertido, con cierta sorpresa, que nuestra Pamplona no se encontraba entre ellas. Por el contrario, sí se celebró en otras capitales especialmente “sensibles” a la ofensiva de los nacionalismos excluyentes; Barcelona y La Coruña, por ejemplo. ¿Será, entonces, que en Navarra no tenemos ningún problema con los nacionalismos? ¿En nada nos afecta el desafío lanzado por nuestro simpático vecino Juan José Ibarretxe?

 

Pero, si miramos un poco más el panorama navarro, veremos que, esta aparente “ausencia”, en una de tantas expresiones del movimiento cívico de resistencia, no es caso único.

 

Así, no es ningún secreto afirmar que en una parte significativa de Navarra prácticamente es imposible estudiar en castellano. Pero si lo intentas -¡tamaña audacia!- se te informará, por parte de los directivos de los colegios públicos allí existentes, que el hacerlo así puede ser un grave problema para el futuro y la socialización de tus hijos; pues en las clases y en el patio únicamente interactuarán con un reducido número de alumnos, en buena mayoría “inmigrantes poco integrados y de bajo nivel cultural”... Conclusión inmediata: para estudiar en castellano, en tales supuestos, habrá que hacerlo en Pamplona, y en un centro concertado; ya vivas a 25 o 90 kilómetros de la capital navarra. Lo sorprendente es que, ante semejante contexto, gestado y desarrollado bajo gobiernos forales no nacionalistas, todavía no haya surgido en Navarra -¡qué menos!- ninguna asociación en defensa del idioma castellano; tal y como ha acaecido en Cataluña y Galicia. Y no será porque esta problemática no haya afectado expresamente a numerosos docentes y padres.

 

Y una constatación. Navarra no está jugando un gran papel, precisamente, en el seno de otro incipiente y extraordinario movimiento cívico: el de la objeción de conciencia a la asignatura de Educación para la Ciudadanía; por cierto, implantada en nuestra Comunidad Foral por el gobierno de UPN. Mientras tanto, los mejores puestos, de tan peculiar ranking, se los han ganado las comunidades de Castilla-La Mancha y Madrid… por goleada.

 

Estas peculiaridades, acaso, ¿son connaturales a la idiosincrasia navarra? Pero, ¿no era Navarra uno de los territorios españoles más vanguardistas en conciencia, organización y movilización sociales? O, ¿acaso se encuentran garantizadas, in saecula saeculorum, la continuidad nacional, la universalidad del castellano y el derecho de los padres a que el Estado no deforme la conciencia de sus hijos?

 

Desde el análisis social, cultural y político,  no existen las coincidencias. Cada situación tiene antecedentes y causas, próximas y remotas. Y rastrearlas no es competencia exclusiva de sociólogos o profesionales de la cultura y la política; ni, mucho menos, manifestación de intereses ocultos o auténticas traiciones.

 

En Navarra disfrutábamos de un espejismo incuestionable: los consensos colectivos básicos parecían garantizados para varias décadas más. El centro-derecha ganaba elecciones sucesivamente, jugando el socialismo navarro –tanto político como sindical- el papel razonable de una oposición democrática. Salvo por parte de algún “iluminado”, “empeñado en encontrar problemas donde no los había”, las disciplinadas y fieles bases sociales de UPN apenas cuestionaban las decisiones de sus dirigentes, ya afectaran al partido o a las instituciones. Y, en coherencia, aunque se percibieran errores en las labores de gobierno, no se denunciaban. Ni, mucho menos, se organizaban movimientos críticos con “los nuestros”; no fueran acusados tales comportamientos de desleales o encubridores de apetencias personales inconfesables.

 

Pero el espejismo se ha roto. UPN ha ganado de nuevo, aunque sin alcanzar una mayoría absoluta; y el nacionalismo vasco ha avanzado aprovechándose del cierre en falso de la endémica crisis socialista, acentuada en esta ocasión por una mala asimilación de las decisiones tácticas de José Luis Rodríguez Zapatero.

 

La situación es nueva, estimulante, y muy inquietante. Por ello es muy importante reflexionar al respecto; lo que no quiere decir que ajustemos la realidad a los propios deseos. La izquierda en Navarra se está recomponiendo: todos están de acuerdo. Pero, ¿qué significa exactamente? En cualquier caso, es mucho presumir el asegurar que los espacios ganados por el nacionalismo vasco al PSOE puedan retornar a tan histórico partido por “arte de magia”. No en vano, si en algo es experto el nacionalismo vasco militante, es en la conquista de espacios sociales que sabe administrar muy bien. Además, ¿qué es más atractivo para un joven izquierdista hoy, un socialismo navarro burocratizado y en crisis, o una izquierda abertzale –en cualquiera de sus tendencias- que propone identidad, comunidad y objetivos?

 

El “no ir contra los nuestros”, antes descrito, es un comportamiento que jamás debe desdeñarse. Pero puede convertirse en una justificación del retraimiento y falta de miras de una sociedad acomodada. A su vez, puede ser el escudo protector de cortos intereses partidarios -o personales atrincherados en el partido- antepuestos al bien común.

 

Existen, además, algunas otras actitudes que, en política, pueden ser muy dañinas. Por ejemplo, el síndrome de hacerse perdonar la vida: conceder unilateralmente “guiños” a los rivales para tratar de ganar su confianza, aplicar algunas de sus políticas (en educación, cultura, idioma) para desactivar sus apoyos electorales y atraerlos… Pero, después, vienen las consecuencias. Así, si se hace el trabajo a la manera de los demás, es posible que sean ellos quienes cobren, finalmente, el jornal.

 

Y no nos olvidemos del síndrome centrípeto. De modo que, para “centrar” al partido, habría que alejarse de toda muestra de extremismo, real o ficticio; aunque luego tan respetable “centrismo” se concrete fundamentalmente en magnitudes macroeconómicas, marginando políticas, símbolos, e ideales “incómodos”… para los eternos rivales.

 

Alguien podrá alegar que asociar movimientos sociales con navarrismo es un exceso. Es evidente que no todos los movimientos sociales existentes son navarristas. Es incuestionable, también, que otros movimientos son vocacional y explícitamente vasquistas; muchísimos, por cierto. Existen iniciativas sociales imbuidas de ideologías distintas a las anteriores. Y, ¡cómo no!, todos conocemos numerosas entidades plurales en las que conviven sensibilidades ideológicas muy dispares. ¡Incluso las hay apolíticas…! Pero nadie puede negar que el navarrismo político ha sido -y es- un movimiento popular, enraizado en la sociedad y alimentado por su savia.

 

Entonces, vistas esas concretas diapositivas de nuestro paisaje social, debemos preguntarnos si el navarrismo está dormido. Más bien había que decir que su pulso vital está un poquito bajo; pues el corsé –ajustado voluntariamente en buena medida, pero también impuesto por convenciones no escritas- le está ahogando. Y, en consecuencia, se encuentra un tanto acobardado. El advertirlo no debe escandalizar a nadie: sus oponentes ya lo han hecho hace tiempo.

 

Habrá que seguir, entonces, las pautas del médico: buenas costumbres, alimentación sana, y ¡a moverse!; no sea que por permanecer tanto tiempo en la cama, al paciente se le olvide andar. Todo lo anterior, en política, se traduce en adhesión sincera a los principios, prácticas democráticas y trabajo militante. Y, especialmente, acogida e impulso de las libres iniciativas sociales partícipes de los ideales comunes. No nos engañemos: Navarra y el navarrismo no sobrevivirán si la sociedad civil no es libre y creativa.

 

 

Fernando José Vaquero Oroquieta 

Diario Liberal, 30 de septiembre de 2007


La política rompe tres matrimonios más

La política rompe tres matrimonios más

La política rompe tres matrimonios más

 

Cuando uno ve la dureza y las dificultades de la vida pública, se sorprende de que personas sin convicciones profundas que defender, que podrían tener otros medios de vida, opten por ser políticos profesionales. No lo entiendo la verdad: jornadas sin límite, disgustos y sapos que tragar, y vidas privadas difíciles cuando no arruinadas fácilmente, ¿Vale la pena? Aunque cerca tenemos casos aún más pintorescos, citemos de momento tres ejemplos actuales pero no navarros de matrimonios hundidos de políticos de primera fila.

 

¿Quién no recuerda a Segolène Royal y François Hollande? Quizás sólo la ilusión del poder los mantenía unidos, o quizás la decepción de la derrota los socialistas franceses los dividió para siempre. Lo cierto es que esta pareja, que pudo ser hegemónica en la izquierda europea, se rompió.

 

Ahora bien, a la derecha las cosas no son mucho mejores. Nicolas Sarkozy conquistó, es cierto, de manera aventurera a "su" Cecilia, la original y lejana prima de Alberto Ruiz-Gallardón, pero su unión parecía liquidada antes de acercarse el político a la cima de su carrera, en la presidencia de la República. Tal vez haya habido una reconciliación, o quizás la relación entre los dos no se ajuste a los cánones convencionales. Es difícil saberlo, pero lo innegable es que Cecilia ha formado parte de la campaña política de Nicolas y es parte de su imagen pública. ¿Casualidad? Tal vez.

 

Lo que sin duda no es casualidad, ni era previsible, era la ruptura entre Daniela y Gianfranco Fini. No es lo mismo, aunque lo parezca. El político boloñés, líder de la derecha italiana, conoció a su mujer cuando ambos eran militantes de base de su partido, trabajadores en el Secolo d´Italia, el órgano oficial de prensa. No fue una historia fácil, en un partido jamás confesional pero sí anclado en ciertas convenciones conservadoras, porque Daniela ya tenía un marido, que era Sergio Mariani. En 1988, cuando Fini se convirtió por primera vez en secretario general del partido al morir Giorgio Almirante, la historia se hizo pública, con la noticia nunca explicada pero siempre rumoreada de que Mariani había tenido que ser atendido de un disparo en el hospital. Tampoco era tan extraño, en ciertos ambientes, recurrir a medios contundentes para defender las razones de uno; ciertamente ni Segolène ni Cecilia han sido disputadas de manera tan intensa, pero tampoco ellas han sufrido las agresiones violentas del terrorismo izquierdista y Daniela, esto es cierto, sí.

 

Sin embargo la vida política es dura y puede hacer daño incluso a los más unidos y a los que por definición comparten los más sólidos principios. El tiempo en común es poco, las tentaciones son muchas, otras mujeres y también otras muchas cosas. Ahora se han separado, y tal vez el próximo 3 de octubre, cuando el Real Madrid se enfrente a "su" Lazio, podremos ver a Daniela, como a ella le gusta animando sus colores. No es una mujer derrotada, pero sí debe ser un motivo de reflexión. ¿Merece la pena? Las tentaciones son muchas, y aunque se lleven con cierta discreción, dejan cicatrices a veces imborrables. Si esto le ha pasado a Gianfranco Fini, que es un hombre de una pieza aunque uno no comparta todas sus decisiones y opiniones –y ciertamente yo no lo hago- ¿qué no podrá pasar a políticos más ligeros, frágiles y cercanos?

 

Pascual Tamburri

El Semanal Digital, 22 de septiembre de 2007