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Políticamente... conservador

A los obispos españoles

A los obispos españoles

LEO algunas de las vilezas que un locutor de la radio de los obispos ha dedicado en su programa al director de este periódico: «Detritus», «escobilla para los restos», «miserable», «pobre enfermo», «despojo intelectual». Decía Cernuda que los insultos son «formas amargas» del elogio; y, desde luego, según quien los profiera pueden considerarse incluso timbres de gloria. De José Antonio Zarzalejos, como hombre que es, seguramente podrían predicarse algunos defectos; pero, desde que asumiera la dirección de ABC, se ha esforzado por preservar y aquilatar uno de los rasgos distintivos de este periódico centenario, que no es otro sino la defensa de los valores cristianos, «faro de civilidad» para España, como resaltaba el cardenal Bertone en la entrevista que nos acaba de conceder y como el propio Zarzalejos se encargaba de glosar en su Tercera de ayer. Esta vindicación de los valores cristianos no la hace Zarzalejos de modo retórico o puramente formulario: la hace porque cree en ellos, porque defiende su vigencia y estima la fuerza irradiadora y benéfica que siguen ejerciendo sobre la sociedad española; la hace porque forman parte de su genealogía espiritual, que es la misma de este periódico.

Desde hace años, la radio de los obispos ampara la sórdida campaña denigratoria que uno de sus locutores mantiene contra José Antonio Zarzalejos. Una campaña sostenida sobre sugestiones propias de la propaganda más manipuladora que ha causado enorme quebranto a este periódico; y, pese a todo, seguimos donde estábamos, defendiendo los valores cristianos en los que creemos, mientras nos llueven las bofetadas. A los obispos españoles les atañe una grave responsabilidad: están permitiendo que caigan el baldón y el desprestigio sobre quienes cada día nos partimos la cara por defender unos valores de los que se supone que ellos son custodios; están permitiendo (y esto es aún más estremecedor) que el odio perlado de espumarajos de alguien que jamás ha defendido esos valores -sino que cada día los refuta y contribuye activamente a que su influjo sobre la sociedad española sea cada vez menor- se propague desde los micrófonos de una emisora cuya principal misión debería ser evangelizadora. A la vez, están promoviendo a una derecha sin Dios cuyo ascenso causará a la Iglesia española aún más calamidades que las que hoy le causa el clima de relativismo progre imperante: una derecha cínica de la que ya ha desertado cualquier atisbo de humanismo cristiano; una derecha igual de laicista, desdeñosa de la dignidad de la vida y permisiva en lo moral que la izquierda más cochambrosa, pero con el agravante de que esta derecha que los obispos están contribuyendo a encumbrar traerá, además, la impiedad del neoliberalismo más crudo.

¿Por qué los obispos no ponen al frente de sus programas a periodistas católicos, que combatan los males de nuestro tiempo desde presupuestos acordes con la doctrina de la Iglesia? La falta de confianza en esos periodistas -que, sin duda, existen- denota, a la postre, falta de confianza en Quien los inspira; y esta falta de confianza constituye un pecado gravísimo, del que los obispos tendrán que rendir cuentas algún día. Entretanto, los obispos están dejando escapar la ocasión de brindar a la sociedad española, junto a la condena del estado de las cosas, una alternativa ilusionante fundada en el Evangelio, una alternativa que traiga esperanza a la sociedad española, y no el aciago encono que en ella se está enquistando. Un encono que halla una de sus expresiones más irracionales y energúmenas en los vituperios lanzados desde la radio de los obispos contra este periódico, defensor de los valores cristianos, y contra la persona que lo dirige, José Antonio Zarzalejos, gracias a quien todavía un bradomín como yo puede seguir manteniendo un rincón de papel y tinta para defender a la Iglesia.

Señores obispos: vuelvan a leer los denuestos que figuran el principio de este artículo; sospecho que los sayones que se ocuparon de zaherir a Jesús no se emplearon con mayor saña. Aunque también sospecho que el dolor más amargo no se lo causaban a Jesús los sayones que lo zaherían, sino el que los suyos no lo hubiesen conocido. Y ese mismo dolor es el que en ABC sentimos cuando comprobamos que ustedes siguen amparando tanta vileza.

 

JUAN MANUEL DE PRADA (www.juanmanueldeprada.com)

ABC, 12 de noviembre de 2007

Entrevista exclusiva al filósofo amenazado Robert Redeker: "El Islam político tiene la intención de transformar Occidente".

Entrevista exclusiva al filósofo amenazado Robert Redeker: "El Islam político tiene la intención de transformar Occidente".


El 19 de septiembre 2006, Robert Redeker, filósofo, profesor, miembro de Les Temps Modernes, publicó un texto titulado Frente a las intimidaciones islámicas, ¿qué debe hacer el mundo libre? en Le Figaro, donde afirma que los pensadores islámicos  radicales  influyen mucho en nuestras sociedades occidentales,  que la forma de la educacion islamica es el Corán donde cohabitan odio y violencia, y que si la historia del cristianismo tiene violencia es porque se aparta de las enseñanzas de Jesucristo. Desde entonces, Robert Redeker esta amenazado de muerte ya que el jeque islamista Youssef al-Qaradawi ha decretado una  una “fatwa”contra él. Ha concedido una entrevista a nuestra colaboradora Carmen Leal, profesora, miembro de Convivencia Cívica Catalana. 

    

(Carmen Leal – Especial para LD) El filósofo Robert Redeker es escritor, profesor de Filosofía en el Liceo Pierre Paul-Riquet de Saint-Orens-de-Gameville (Toulouse) y de la ENAC. Miembro del comité de redacción de la revista Les Temps Modernes, del comité científico del CALS (Universidad de Toulouse-le-Mirail), del comité de redacción de la revista Des Lois et des Hommes y de la comisión Filosofía – Ciencias Religiosas – Psicoanálisis del Centro Nacional de Libro (Centre National du Livre).

 

Pregunta: ¿Usted suponía que el articulo iba a tener unas consecuencias tan terribles?

 

Respuesta: Realmente el artículo no dice lo que piensan mis enemigos que dice, sino que exhortaba a los occidentales a valorar su propia cultura frente a las culturas que nos van llegando, sobre todo en lo que se refiere a la libertad de expresión como consecuencia de una sociedad abierta, a la libertad de pensamiento, esto es todo. Hay una cierta vergüenza a mostrar nuestra cultura ante las culturas que nos llegan y lo que ha conseguido nuestra sociedad .

Otra cosa es que por debilidad nuestra cultura esta cediendo ante costumbres que nos vienen impuestas desde otras culturas como el velo islámico que es signo religioso de sometimiento. En Francia, cada vez hay mas hombres musulmanes que se niegan a que sus mujeres sean atendidas en un Hospital por un hombre médico, exigen que sea una mujer médico con los problemas que eso comporta , y se esta permitiendo en los hospitales franceses. Hay un decreto ministerial en Francia en el que se permite que en las piscinas municipales haya distintos horarios para hombres y mujeres.Todo por la influencia de la comunidad musulmana  y de su religión que no permite a los hombres ver a una mujer con traje de baño.

 

P:¿Cómo le ha cambiado la vida un simple artículo en Le Fígaro?

 

R: Vivo como un proscrito. No puedo ejercer mi profesión de Profesor de Filosofía, he de cambiar de domicilio, y hasta para comprar el periódico, he de recorrer cincuenta kilómetros.

 

P: A Usted le han llamado “islamofóbico” ¿ se considera usted así ?

 

R: Eso es una tontería. Se empleó esa palabra para denominar a quienes condenaban las prohibiciones ilógicas de Homeini Se ha criticado el fascismo, el comunismo,el cristianismo. Se ha criticado una religión o un conjunto de ideas y no hemos colocado la palabra “fobia” a nadie. La crítica no es fobia, esto no es un adjetivo correcto simplemente se critican unas ideas y en el articulo se critican unas ideas religiosas.

 

P: Se critican las ideas, es decir se someten al pensamiento crítico.¿ Qué diferencia hay entre creer y pensar/razonar?

 

R: Para pensar se utiliza la razón,  es un trabajo de las luces de la inteligencia. La razon desliga de las propias creencias. El pensamiento se ejecuta incluso en contra de las propias creencias La creencia es un dogmatismo, es una prisión. En el pensamiento, uno busca la verdad aunque sea difícil de hallar, sin embargo en la creencia se acepta una verdad establecida. La verdad en el pensamiento racional en el trabajo científico es un hallazgo  y en el caso de la creencia la verdad es un “a priori” .

 

P: ¿ Todas las culturas son iguales y respetables?.

 

R: No . Hay culturas de violencia y otras de no violencia, de igualdad y de respeto. Hoy día tenemos mucho miedo a que nos tilden de “racistas” pero es absurdo decir “racista” a quien critica al islam, por ejemplo. Hay muchas etnias islámicas. Hay culturas totalitarias que no respetan los derechos humanos. No todas las culturas tienen los mismos valores, pensemos en la cultura azteca, con los sacrificios humanos, y en otras culturas antiguas. Hay culturas que no respetan la evolución. Desde círculos de izquierdas, se dice que hay que tolerar esas culturas y convivir bajo el epígrafe de la tolerancia de todas las culturas. Eso esta bien mientras no convivan aquí entre nosotros. Pues no, esa es una traición de la izquierda porque todas las culturas deben respetar la dignidad humana, la libertad, la igualdad y la solidaridad.

 

P: Se habla mucho de la “alianza de civilizaciones” ¿cómo podemos convivir en un mundo tan globalizado?

 

R: La democracia ha de pervivir. No se ha de adaptar el mundo occidental a la cultura musulmana, sino que ha de ser al revés, los musulmanes de aquí  han de adaptarse poco a poco a las reglas de occidente. Sigo diciendo que la palabra “racismo” nos da mucho miedo pero hay que luchar contra las ideas y no contra las personas y eso es muy distinto. Hay una gran desconfianza. El Islam político tiene la intención de transformar el mundo occidental y acercarlo hacia el islam. Sin embargo, en Occidente el estado laico no va en contra de ninguna religión en particular, sino que permite la práctica de la religión que tenga cada ciudadano. El Estado solo dicta las reglas de convivencia. A mi me choca mucho el velo islámico en las mujeres en las calles de Francia, siendo el velo un signo político.

 

P:¿Cabría la posibilidad de que se pusieran en contacto intelectuales demócratas de Francia con intelectuales marroquies, islámicos para interpretar de otra manera la religión?

 

R: Se ha de trabajar mucho porque hay mucho miedo. Los moderados de allí desconfían. Acercar posturas para integrar cuando se verifica que una cultura es “inferior” entendiendo por inferior menos libertades , menos igualdad de derechos entre hombre y mujer por ejemplo,  es muy difícil porque hay que renunciar a muchas cosas y esas gentes tienen la sensación de traicionar a sus ancestros.

 

P: ¿Qué me dice del terrorismo islámico?

 

R: Se habla del terrorismo como resultado de la miseria, como una especie de resultado de que la miseria deriva en conflicto social y de ahí a la revolución y al terrorismo como forma inmediata. No lo creo. Es una cuestión ideológica. Las personas que atentaron en EEUU y en Londres eran personas cultas, instruidas. Creo mas bien en una paranoia de grupo.

 

P: ¿ Cómo es posible que la cultura islámica tan potente hace siglos no haya evolucionado?

 

R: En el siglo I fue espléndida, aunque había una cara oculta, el esclavismo. La historia demuestra que el islam incorporó la esclavitud, pero a partir del siglo XIII hay una postura oscurantista que ha motivado su declive.

 

P: Como Usted es Profesor de Filosofía, háblenos de la Educación, de su concepción de la educación. ¿La educación está en crisis ?

 

R: No creo que sea solamente una crisis de la Educación, yo creo que la crisis está en el sistema de vida. No de la vida social, ni biológica , sino de la “vida humana”, del “ser” del hombre. Ya no sabemos qué es el hombre y por eso no sabemos qué es la escuela, qué es la educación.

 

P: ¿Y qué debe ser la educación , la formación del hombre?

 

R: La formación debe estar ligada a la tradición. No a una tradición cerrada en una nación o en una cultura folclórica ,sino a la tradición-fuerza que arrancando de una cultura concreta , limitada,  le lleva a una cultura universal. Tradición en el sentido espiritual, intelectual, lo que Hegel llama cadena de seres que piensan. Para mí significa vincular las nuevas generaciones a las viejas, porque la formación renueva el mundo. La enseñanza vincula un hilo dinámico que recorre el tiempo como el hilo de Ariadna. La enseñanza arranca al alumno del presente hacia el pasado, le pone en presencia de un mundo ausente, le pone ante Cervantes, Dante, Stendal, Durero o Goya; se le coloca ante el pasado, o sea que reorganiza la temporalidad. Al alumno se le incorpora a una tradición, a la de la mente humana. Mediante la enseñanza al alumno se le hace contemporáneo de los autores del pasado se le conduce a un tiempo intelectual. Pero además la educación va más allá porque  lleva  al alumno al mundo del pensamiento, al mundo de las ideas. Es un mundo espiritual, invisible, el mundo de la mente, le lleva al País del pensamiento, lo instruye como habitante de ese País. Educamos a los que nos sobrevivirán,se trata de no dejar morir lo que nos ha sido transmitido , de no dejar desertificar el País del Pensamiento. Y se trata de  preparar al otro para vivir después de nuestra muerte. Son dos conceptos :educación y muerte que nuestra época se niega a unir, pero  el hombre es el único ser vivo para el que la muerte es una preocupación.

 

P: ¿La escuela debe ser utilitaria?

 

R: Para pensar hay que alejarse del cuerpo y de las pasiones. Sócrates decía que el alma razona cuando nada le perturba ( ruido o placer), necesita una especie de ascetismo. Para Platón el razonamiento es el vehículo que nos transporta hacia el pensamiento. En la metafísica de Aristóteles ya se dice que los hombres desean saber por el placer de saber. El saber debe ser “gratuito” no para beneficio de nada en concreto y es precisamente ese “saber gratuito” lo que nos diferencia de los animales que “aprenden para “. Este saber es propiamente humano y hay que hacer comprender al alumno ese placer. Ese placer se apoya en la nocion de ocio. La palabra “escuela viene del griego “skholé” (placer y ocio). Hoy interpretamos el ocio como no trabajo,  diversión y  consumo, sin embargo ocio es el espacio comun a maestros y alumnos  domde el espíritu puede estar desembarazado , es colocar al alumno  fuera de lo inmediato, de las necesidades de la sociedad para ir por otro camino hacia el Pais del Pensamiento. Recordemos a Platón en el mito de la caverna, uno de los prisioneros el que esta destinado a la libertad y al conocimiento de la verdad es desatado por la fuerza, arrancado de su miserable condición.

Estamos prisioneros de nuestros deseos en la caverna de Platón hay que salir de la caverna hacia la luz y para ello se necesita violencia, hay que violentar la voluntad del alumno para llevarle hacia la Luz del pensamiento.

“Escuela” se opone a la “cultura del resultado”, escuela es lo contrario de “trabajo”, del para qué saber, estudiar. Pues hay que decir que “para nada”, por el placer de “saber”. Y por qué saber ?, ¿por qué pensar? Cuando se pregunta para qué saber,para qué pensar hay que contestar que para SER, para “ser humano”, para distinguirse del animal, para llegar al Pais del Pensamiento.

La diferencia entre el hombre y el animal reside en la intuición de las esencias, según Kurt Gódel. El objetivo de la escuela es la “gratuidad” no la “inutilidad” . Decir que es inútil es un insulto.  La utilidad llegara por añadidura  y está subordinada a lo esencial. Aprender a pensar es aprender a distanciarnos de nosotros mismos, hay un desprendimiento, un alejamiento , eso supone hacer crítica.

 

P: ¿Es necesaria la educación para la sociedad ?

 

R: La preocupación de cualquier sociedad es la de sus supervivencia y para eso se necesita la educación. Hoy la preocupación de la sociedad por la educación no esta regida por el temor a su desaparición sino por la voluntad de poder y básicamente económico. El verdadero objetivo es el poder económico y es lo que motiva las ideas oficiales sobre la educación. Nos exponemos entonces a limitar la educación al utilitarismo. Sin embargo aprender a desprenderse de sí mismo significa aprender un espíritu crítico, aprender la crítica. La escuela debe enseñar a razonar. Sócrates dice que el alma razona mejor cuando no vienen a perturbarla ni audición ,ni visión, ni dolor, ni placer alguno,  cuando se concentra en sí misma. Solamente se puede alcanzar el Pais del Pensamiento cuando se ha aprendido a desprenderse de la sociedad, del mundo cotidiano y de sí mismo.

 

P: ¿Quién debe decir lo que debe ser la educación?

 

R: Desde luego no los economistas, , ni la opinión pública, ni el pueblo. La educación sobrepasa lo que un pueblo quiere en un momento determinado, porque los pueblos están impregnados en el presente. Tampoco puede ser la fábrica de hombres de la calle, el hombre de la tele-realidad, un hombre sin cualidades. Toda educación se pierde si cae en la idea democrática.. La educación ha de ser aristocrática, ha crear hombres singulares y no clones. Por lo tanto ha de ser “aristocrática”, entendiendo por aristocrática lo mejor para todos.

 

P: ¿Quién debe educar?

 

R: El pensamiento. Porque es el pensamiento quien debe educar a los educadores. Y es él quien debe definir lo que la educación debe ser, no la sociedad, no el pedagogismo, esa pedagogía moderna dominante desde 1980 y que no es mas que “enseñante de la ignorancia”,El mundo moderno vive bajo la losa de la “sociedad”, palabra de valor que ha suplantado a la palabra Dios. La sociedad es lo mas importante y la educación se piensa en relación a la sociedad. La educación se concibe como integración. Es un objetivo social, para asegurar la cohesión de la sociedad. Por eso la enseñanza se ha visto obligada a revisar a la baja sus exigencias intelectuales, sacrificando parte de la cultura para conseguir la integración.

 

P: ¿No se socializa el niño y el adolescente en la escuela?

 

R: Hablo de integración como adaptación. Adaptar a los niños al mercado. La escuela como lugar de integración en la sociedad ha llegado a ser la finalidad de la enseñanza. Un objetivo sociológico. J.J. Rouseau escribía en El Emilio hay que optar por hacer un hombre o hacer un ciudadano. Hoy la escuela ni siquiera existe para hacer “ciudadanos” sino para “aprender a vivir juntos”: la integración. Un concepto utilitarista de la educación. Se confunde educar con adaptar. La propia escuela debe ser adaptada al mundo contemporáneo, al mercado del empleo. Se pondera el éxito escolar con un vocabulario ajeno a la escuela y se habla de  “saber venderse” Se deja a la escuela sin armas  porque su finalidad ha sido el girar el espíritu hacia el mundo del pensamiento. Si la finalidad de la escuela es adaptarse a la sociedad, adaptarse a la producción, adaptarse para una profesión , la escuela se traiciona. Su papel se convierte en fabricar hombres-herramienta  para la empresa,para la industria, para la economía. Como si la función de lo humano fuese el rendimiento, he aqui el objetivo que ha subsumido todo lo demás. Y sin embargo Educar no es hacer que se tenga un buen rendimiento. Enseñar no es hacer que se tenga un buen rendimiento.

 

P: Pero la economía , el rendimiento, en una sociedad es algo a tener en cuanta en la educación  ¿o no?

 

R: A causa del imperio de la economía la cultura y su transmisión ha perdido parte de su legitimidad y las consecuencias han sido empobrecedoras, incluso en los programas escolares. Hay un desfase entre la economía y la cultura/enseñanza. No se trata de demonizar la economía ,ni la economía de mercado, sería ridículo, pero la economía no puede convertirse en regente de la vida colectiva. Entra en contradicción con la enseñanza de las Humanidades.

 

P: ¿Que papel debe jugar la educación en el siglo XXI ?

 

R: El de un contrapoder frente a  “cada vez mas rápido, mas alto,mas lejos” , el conformismo y el entretenimiento de masas. La educación humanista parece algo exótico. Se pretende que la educación se parezca a los medios de información, T.V. o Internet, que divierta, que no aburra. El entretenimiento nos envuelve y corresponde a la educación mantenerse separada del entretenimiento. Cuando he hablado de “ocio” es porque ese espacio de tiempo no es productivo . Leer un libro difícil, o estudiar durante semanas no es productivo. Los “ocios” de nuestra sociedad son espacios de tiempo liberados del trabajo pero no liberados de la producción de consumo. La educación se definiría como el “ocio”( tiempo no productivo)  liberado de los “ocios” sociales, ( tiempo no productivos pero consumista )

 

P: ¿La educación entonces se convertiria en un poder espiritual ?

 

R: El poder espiritual ya no pertenece a la Iglesia, pertenece a los grandes medios de comunicación del entretenimiento. No es la Iglesia quien da forma a lo imaginario,ni tampoco la escuela. Ahora el alma de los adolescentes la dirigen : MTV,  Skyrock, los video-clips y el deporte-espectáculo. La educación debería convertirse en la resistencia al vacío, a la vacuidad. La enfermedad de las sociedades modernas es el vacío según el filósofo Karel Kosic. La escuela se ha dejado invadir por ese vacío. La cultura se ha convertido en producto de consumo rápido y en una especie de parque temático. Todo es diversión y fiesta, pues la escuela debe ser anti-fiesta. Un contrapoder a ese poder que todo lo convierte en fiesta: Fiestas medievales con trajes de época. No el austero conocimiento histórico vinculado al trabajo del historiador   sino el consumo eufórico de una historia “disneysada”. Estamos ante una nueva barbarie que transforma cualquier asunto serio o de cultura,  en fiesta. La educación ha de transformarse en una muralla contra la fiesta, una contención al “homofestibus”

 

P: Entiendo que la educación ha de formar hombres, pero ¿qué es el hombre?.

 

R: Precisamente cualquier educación ha de responder a esa pregunta. Porque no es una respuesta simplemente científica como la darían las ciencias humanas sino que la respuesta es mucho mas rica y profunda. Es una respuesta filosófica. A esa pregunta el adolescente se hace otra ¿qué soy yo ? Y sobre todo ¿qué debo ser yo ? Nuestra época esta marcada por el empirismo, por el pedagogismo y por el conformismo. Pero el hombre no es lo que se ve de él. El ser hombre es algo invisible que se alcanza a ver con el pensamiento. El hombre no son “los seres humanos con quienes nos cruzamos cada día”. El hombre es una idea, y como idea solo existe en el pensamiento. Es un concepto filosófico  que ninguna sociología, psicología etc. puede decirnos qué es porque son ciencias de un solo plano. Hay un relativismo para el concepto de hombre.  En la cultura contemporánea es una cuestión tabú la cuestión del hombre porque implica otra interrogación ¿qué debe ser el hombre? Y obligaría a estropear el relativismo. En la cultura contemporánea se ha borrado el concepto de hombre. Michel Foucault constata”la muerte del hombre” en 1966. Las palabras y las cosas . Lo que ha muerto es el tema metafísico, la interioridad, la idea de hombre, una forma de hombre ideal que permitia la educación y la enseñanza en función de ese hombre universal.

 

P: ¿Por que ha muerto esa idea de hombre universal ?

 

R: Por tres motivos.  Las ciencias humanas, la reducción a la animalidad, y la reducción a la máquina ( el ordenador). Las ciencias humanas en la cultura moderna son incapaces de responder a la pregunta qué es el hombre de otra forma que no sea el relativismo. Ha muerto la base del hombre y se educa en función de una idea de hombre. ¿Cuál es el ideal de hombre a realizar ? Y esta es la causa de la crísis de la educación. El pedagogismo actual ha desplazado al hombre y ha colocado al niño en el centro del sistema. Al ser imposible pensar en una esencia de hombre, “un debe-ser” válido siempre, en todas partes, universal,  se ha desplazado el “debe-ser” del hombre,  al niño. El futuro ( que será hombre) al presente que es el niño. Pero el niño es el hombre que todavía no es, precisamente es niño es porque todavía no es hombre . Metafísicamente el niño se disuelve en el hombre.

 

P: Volvemos entonces al principio ¿hay una crisis de la vida humana?.

 

R: Sí ,hay una crisis de la esencia de la vida, El hombre ya no sabe ni por qué , ni cómo vivir. Las escuelas de la Antigüedad daban respuesta al cómo vivir. Durante muchos años en las escuelas de Francia  se daba respuesta a qué es un hombre y a cómo vivir. El hombre contemporáneo vive para consumir, para tener éxito, para no plantearse preguntas filosóficas, No vive para que su vida sea un éxito, sino para  tener éxito en la vida. Y tener éxito hoy supone alardear del consumo ostentoso, ser famoso  y poder consumir mañana mas que hoy. Cuando los que tienen estos éxitos, cantantes y futbolistas, son alzados como modelos de vida para niños y adolescentes existe una crisis. Cuando los modelos de vida son los famosos de la TV y no los 50 mejores hombres, mas relevantes intelectualmente, hay una crisis.  La crisis de la educación,la crisis de la enseñanza son ecos de una crisis mas profunda, de una crisis de la vida. La sociedad moderna esta afectada por una crisis de vida y una crisis de la muerte. Se deshumaniza y se animaliza la muerte. Nuestro mundo moderno no quiere pensar en ella, llamamos al psicólogo  para no pensar en ella.. Vivimos un presente líquido.   Lo líquido es la no durabilidad de las estructuras y de las formas sociales y esto no favorece a la escuela. Vivimos en un todo gelatinoso. La escuela intenta satisfacer a todo el mundo. La escuela no puede educar ni enseñar porque ya no sabemos  el Ser Hombres, vivir de una manera humana. Estamos ante una crisis metafísica de la que no saldremos hasta que no reconstruyamos la idea racional del hombre.

 

Libertad Digital, 8 de noviembre de 2007

El riesgo electoral de entregar a la izquierda la memoria histórica

El riesgo electoral de entregar a la izquierda la memoria histórica

 

El pasado 31 de octubre, el Congreso de los Diputados aprobó la ley de memoria histórica, conforme a la cual se declara la ilegitimidad de las normas del Estado nacido de la última contienda civil. Como enseñaba Gómez Dávila, "la falsificación del pasado es la manera como la izquierda ha pretendido elaborar el futuro". De ahí que sorprenda la pasividad con la que el Partido Popular ha recibido esta iniciativa del Gobierno. Ya que no por defender el rigor histórico y la concordia frente a quienes quieren reabrir viejas heridas, al menos debería haber reaccionado contundentemente por conveniencia electoral: cuanto más acepta el centro acomplejado la reconstrucción de la historia, más crece entre los jóvenes la idea de que lo ilegítimo no es el franquismo, sino el propio Partido Popular.

No es de extrañar, entonces, lo que señala una de las últimas encuestas sobre intención de voto: si en marzo de 2008 votaran únicamente quienes podían hacerlo en 2004, Mariano Rajoy sería con toda seguridad el próximo Presidente del Gobierno. Pero la masa de nuevos votantes, aquellos que han cumplido 18 años con posterioridad a marzo de 2004, inclinan la balanza a favor del PSOE. Curiosamente, coincide con una de las conclusiones de la encuesta que sobre el franquismo realizó el diario El Mundo hace un par de años: con carácter general, los jóvenes que lo desconocieron tienen una imagen más negativa del Régimen de Franco que quienes por haberlo vivido aún guardan recuerdos de cómo fue realmente. Con estos datos, renunciar a la batalla de la verdad histórica pasa de la cobardía intelectual al suicidio político.

 

Volvamos a Gómez Dávila: "Los tontos se indignan tan sólo contra las consecuencias". Y, cuando a la estulticia le acompaña la ambición política, la acción ni siquiera va dirigida a paliar las consecuencias, más bien a acomodarse a ellas.

 

Olvidan los populares que "el estado moderno es pedagogo que no licencia nunca a sus alumnos", especialmente cuando está en manos de la izquierda, por lo que esta cesión al adoctrinamiento progresista no hará sino alimentar los deseos de los aprendices de brujo que juegan a construir una nueva sociedad, desligada de cualquier referente con el ser histórico y social de España. Nación, libertad responsable, orden, deberes, trabajo… ideas inaceptables para sujetos modelados por la ideología. No combatir la hegemonía cultural de la izquierda lleva a la oposición permanente, pues aún cuando abdicaran de sus principios, seguirían necesitando de esos carnets de legitimidad que reparte la intelligentsia progresista.

 

Por tanto, para volver al gobierno, nada le hace falta al Partido Popular como recuperar un discurso sólido y coherente, y defenderlo con gallardía. La derecha social ya ha demostrado, en esta legislatura, que con esos principios se puede ganar la calle.

Pablo Nuevo 

Fundación Burke, 2 de noviembre de 2007. 

   

‘Cartas a un joven español’: el ideario de Aznar para una España futura

‘Cartas a un joven español’: el ideario de Aznar para una España futura

 

Aznar en compañía del famoso historiador británico Stanley Payne ha presentado ayer por la tarde su nuevo libro. Al igual que Sarkozy plasmó sus opiniones sobre como debería ser una nueva Francia en su libro “Testimonio”,  donde contaba sus propuestas políticas, Aznar ha querido plasmar los ideales que desearía arraigasen en una España futura de la mano de los jóvenes de hoy.

 

En el libro con 191 páginas y estructurado en torno a 17 capítulos (cartas), Aznar responde a las cartas que le dirige “un joven español” llamado Santiago, que no aparecen en el texto y que Aznar aprovecha para reflexionar sobre la libertad, la idea de España, el terrorismo, la educación o la familia.

 

“Querido Santiago: Como me hablas de España con una franqueza poco habitual, te voy a responder de la misma manera. En primer lugar, creo en una nación de ciudadanos libres e iguales ante la ley. En segundo lugar, creo que España es, no sólo una nación, sino una de las grandes naciones del mundo”. España y Libertad son las dos ideas que predominan en el libro de Aznar.

 

Aznar retoma la defensa de un patriotismo sin complejos. Es necesario reconocer la realidad histórica, la de la España real, con lo malo, pero también con lo bueno. España se dio a sí misma un objetivo que la llevó a desempeñar un papel fundamental, primero en Europa y luego en América […]. Como españoles, en nada de esto hay algo de qué avergonzarnos. Posteriormente, esta gran tarea entró en crisis […]. Pero los españoles interiorizaron el fracaso como algo propio, inherente a su naturaleza. Llegaron a creer que España era un problema, no que España tenía problemas. […]. Y al hacerlo, agravamos los problemas de la nación […].

 

José María Aznar denuncia que existe “un cierto esnobismo muy propio de la izquierda española que le lleva a negar el hecho nacional”, como si “declararse español fuera de mal gusto” o los símbolos de la nación “pudieran estar o dejar de estar de moda”, lo que considera “una frivolidad”, denunciando la preocupante la tendencia” de la izquierda de “avergonzarse de España” y reclama que se contemple la historia “sin complejos”

 

Aznar asevera que ha sido la propia izquierda la que ha “interiorizado la leyenda negra” sobre la historia de España y la que “más la ha propagado irresponsablemente”, y señala que este rechazo “llega al extremo de unir los esfuerzos con aquellos que niegan la nacionalidad española en sus dos sentidos, el de la unidad y el de libertad”.

El ex presidente del Gobierno, que centra buena parte de su libro en la defensa de la libertad, sostiene que todo régimen dictatorial o totalitario “está condenado al fracaso”. Señala como enemigos de la libertad al fundamentalismo islámico radical, y al nacionalismo porque la reduce “a la libertad de la nación, del pueblo, de la colectividad”.

 

Aznar dedica dos capítulos del libro a la lucha contra el terrorismo, tanto al islamista como al separatista. Así, defiende que la batalla contra este fenómeno “tiene que ser total” y recalca que se debe vencer “en sus dos dimensiones: deteniendo a sus miembros y desmontando la ideología criminal en que se basan”.

 

Aznar es contundente: “quienes buscan vencer al terrorismo, lo vencen”, mientras que “quienes defienden la negociación con los asesinos piensan en el fondo que no se les puede vencer, y que por lo tanto se debe llegar a un acuerdo con ellos”. Cree que ese acuerdo “para contenerles” y “apaciguarles” es inútil porque “la contención ante una organización totalitaria ha fracasado siempre, y siempre ha terminado por reforzar al criminal”. “Por suerte, hasta 2004 las cosas se hicieron bien y espero que el apaciguamiento no nos haya hecho retroceder demasiado”. “Hay que ser optimistas, como lo fuimos en 1996 con el terrorismo de la banda ETA. Nadie pensaba entonces que fuera posible romper el espinazo de la banda mafiosa y terrorista y, en 2004, estaba ya prácticamente muerta”.

 

Minuto Digital, 6 de noviembre de 2007

Balance legislatura II. Algunas reflexiones sobre la respuesta a esta situación

Balance legislatura II. Algunas reflexiones sobre la respuesta a esta situación


En primer lugar, la inminencia y la trascendencia evidente de la batalla política (elecciones de marzo’08) no debe hacernos olvidar que su trasfondo es de naturaleza ético-cultural. Zapatero no habría podido desarrollar estas políticas si no fuera porque ha conectado con la mentalidad de un segmento muy importante de la sociedad española, importante numéricamente y también desde el punto de vista de su influencia estratégica: sector joven, urbano, intelectuales, medios de comunicación, artistas (o sea, es convergente con la deriva de los opinion-makers).

 

El acoso legislativo, cultural y mediático que está sufriendo el mundo católico en España no debe hacernos olvidar que el abandono de la tradición cristiana es un dato consolidado desde hace años en amplios sectores de la sociedad española, más aún, es un fenómeno en expansión. Ciertamente, el Gobierno Zapatero ahonda en este surco y probablemente piensa que es buen momento para rematar la faena y conseguir la definitiva marginación histórica del catolicismo español, pero no olvidemos que la debilidad de éste viene de lejos, y que su incapacidad para articular una respuesta a la altura de las circunstancias tiene mucho que ver en el actual estado de cosas.

 

Creo que es importante desechar la idea de que existe un sustrato católico poco menos que intocable en España, una especie de reserva que nunca se agota y a la que siempre podemos apelar. La des-cristianización de amplios sectores sociales es tan profunda que se ha perdido cualquier familiaridad con los contenidos fundamentales del anuncio cristiano, y los valores que de él derivan se han visto vaciados de su significado original. Ya no basta apelar mecánicamente a tradición católica española (aunque sea ciertamente espléndida) ni al derecho natural (aunque este concepto refleje un valor antropológico irrenunciable) para abrir un nuevo espacio al anuncio cristiano y para defender eficazmente los fundamentos de una civilización que sólo se explica por siglos de educación cristiana. Lo que hace falta es que los hombres y mujeres de esta sociedad secularizada vuelvan a encontrar el cristianismo como un hecho presente y relevante, que responde a sus interrogantes y deseos.

 

Por otra parte, el resto de pueblo cristiano que perdura en España es aún sociológicamente muy apreciable, mucho más de lo que permiten pensar unos medios de comunicación empeñados en reflejar una imagen social despojada de cualquier referencia católica. Sin embargo, no es oro todo lo que reluce: conocemos bien las dificultades actuales para transmitir la fe a las nuevas generaciones en el seno de las propias familias, las parroquias y las escuelas católicas, así como el cansancio en la pastoral y la incapacidad de formular un juicio cultural relevante.

 

Se trata, por encima de todo, de hacer presente la novedad humana del cristianismo cada día, también para esa mayoría de ciudadanos para los que se ha vuelto irrelevante, de modo que puedan medir de nuevo sus aspiraciones y problemas con la propuesta de la fe dentro de la vida cotidiana. Por eso es necesario que el testimonio cristiano cobre una visibilidad de la que ahora se encuentra privado, una presencia viva a través de obras en todos los campos: familiar, empresarial, cultural, educativo…. La misión pasa ineludiblemente por estas presencias allí donde se desarrollan los intereses reales de la gente, y por eso demanda ante todo la libertad necesaria para construir.

 

Es cierto que esta tarea no puede desligarse (y de hecho no está desligada) del servicio a la dignidad humana en todas sus dimensiones: defensa de la vida desde la concepción y hasta la muerte, promoción del verdadero matrimonio y de la familia, lucha contra la pobreza y la exclusión social. El hecho de que estos valores se vean claramente amenazados por las políticas del actual Gobierno socialista plantea al mundo católico un reto que es parte de la misión antes descrita.

 

Este reto se plantea principalmente en la base cultural de estos proyectos, que es la que les permite gozar de un significativo consenso social. La batalla cultural en favor de la vida y de la familia es urgente e inexcusable para el mundo católico, porque es ahí donde existe la oportunidad de un verdadero encuentro con el drama del hombre contemporáneo, para el que Cristo es la única respuesta. Pero además, porque sin empezar a ganar (o al menos a plantar cara) en este terreno, será imposible ganar la batalla estrictamente política, que requiere siempre el realismo de lo posible.

 

Por todo ello, la lucha por la libertad de la Iglesia (no sólo de las instituciones eclesiásticas) debe ser la cuestión principal de este momento. Libertad para construir y, sobre todo, libertad para educar. Porque la novedad que el cristianismo ha traído al mundo sólo puede conocerse y abrazarse a través de un encuentro humano, y sólo puede arraigarse a lo largo de un camino educativo en la vida. Evidentemente, la mejor manera de defender la libertad es ejercerla, y no debemos dar por supuesto que las comunidades cristianas estemos en condiciones de hacerlo, porque hay una debilidad educativa que es evidente en nuestras familias, parroquias, asociaciones y escuelas.

 

Páginas Digital, 2 de noviembre de 2007

Anasagasti, los mártires y el bipartidismo de los "Homo oeconomicus"

Anasagasti, los mártires y el bipartidismo de los "Homo oeconomicus"

Una de las cosas que suele aparecer en esta modesta columna es el problema de la crisis de la inteligencia de las elites dirigentes.

Se trata de un tema tratado hace tiempo dentro de la cultura occidental por, entre otros, Julien Benda en su célebre obra La Trahison des Clercs y nuestro José Ortega y Gasset en La rebelión de las masas. Sin embargo, ninguno de estos dos autores, que aducimos como ejemplo, escribieron en nuestra turbulenta época ni tampoco se ocuparon de, lisa y llanamente, la estupidez y la necedad humanas. Así, por ejemplo, Anasagasti ha publicado un texto titulado Santidad, ¿y los curas vascos? en el que explica la muerte, probablemente injusta, de dieciséis sacerdotes vascos en la Guerra Civil española y recrimina al Papa por "el manto de silencio".

 

De acuerdo con Anasagasti, "según la Iglesia católica, el mártir es quien es ejecutado por el mero hecho de ser religioso y quien da la vida por Cristo. No tengo ningún comentario ni reparo que hacer a esta iniciativa pero sí al hecho de que dieciséis sacerdotes vascos asesinados por las tropas sublevadas en 1936 no reciben el mismo trato o, por lo menos, la consideración de si su muerte puede considerarse o no causa de martirio. Les mataron sin más y a pesar de las reiteradas propuestas para que sean recordados nadie dice nada. Y eso que la sublevación del general Franco fue bendecida como una Santa Cruzada". Anasagasti, al que la inteligencia solo se le presupone, no entiende que los mártires beatificados por la Iglesia en octubre son "mártires" porque fueron víctimas de fuerzas políticas que aspiraban al exterminio físico de los representantes de la Iglesia y de lo que ésta representaba; de ahí que les obligaran a blasfemar, a pisar el crucifijo y cosas parecidas.

 

Incluso Anasagasti puede entender que aquél que da testimonio de una idea y se deja matar por ella –en el caso de los curas beatificados, y para más inri, perdonando a sus verdugos- es normalmente considerado por esa idea como "mártir" de la misma, sea cual sea dicha idea. A los curas vascos no se les mató por el hecho de ser curas, ni se les obligó a blasfemar ni a ciscarse en los símbolos de la Iglesia. Por eso los dieciséis curas vascos pueden ser asesinados o incluso mártires de una idea absurda como es el nacionalismo vasco. Pueden ser lo que Anasagasti quiera pero el hecho es que su caso difiere del de los mártires beatificados por la Iglesia. Para entender esto no hace falta ser nacionalista vasco, ni budista ni anarquista, sino simplemente querer comprender, algo que no entiende Anasagasti quizás porque, por su condición de político, jamás le han pedido la cualificación intelectual que en España le piden a cualquier currito –simple mortal- hasta para regentar una taquilla del Metro.

 

Y es que en nuestra época es imprescindible no dejarse arrastrar por el torbellino partidista. Esta es condición sine qua non para ser un hombre verdaderamente libre. Yo he de dar gracias a Dios por no ser de izquierdas y por no ser liberal –ni neoliberal ni paleoliberal tampoco-, algo que me provoca la frecuente sensación de no tener árbol donde ahorcarme pero que también me aporta la tranquilidad de no tener que justificar lo injustificable, solo por el hecho de que lo defienda mi secta.

 

Más concretamente, nuestros amigos de la COPE se empeñan en demostrar que únicamente la "derecha liberal" encarna una alternativa al nihilismo de la izquierda. Desgraciadamente es éste un planteamiento bastante pobre. De hecho el Homo oeconomicus está por igual en la base del liberalismo y del marxismo, las dos formulaciones más importantes de la actual ideología dominante. Para el primero, es el hombre que consume a quien hay que defender; para el segundo, es el hombre productor. Ambos, sin embargo, se mueven dentro de los parámetros de la "alienación económica" porque es el modo de consumo o el modo de producción lo que determina la estructura social. Marxismo y liberalismo comparten también el optimismo antropológico, nacido de su matriz racionalista, por la que los hombres –definidos como agentes económicos- obran siempre en provecho de su mayor interés: en el caso del liberalismo buscan su mayor "bienestar" material y en el caso del marxismo obran en provecho de sus "intereses de clase". No es de extrañar que, dentro de ese optimismo antropológico, el liberalismo y el marxismo aspiren ambos a la desaparición del Estado, el primero mediante la apoteosis del mercado, auténtico garante de la "libertad" económica, y el marxismo mediante la instauración de la sociedad "sin clases".

 

El liberalismo ha supuesto en la historia la reivindicación de la libertad para las nuevas formas de poder que nacen frente al Estado y para los que las manejan, sean estas o no democráticamente elegidas. Hoy, con el marxismo políticamente desarbolado, el liberalismo es la doctrina por la cual la función económica se emancipa de lo político y justifica esa emancipación. Para ello, el liberalismo caricaturiza el poder del Estado denunciando su "ineficacia" –sistemática y sin excepciones- y los "peligros del poder"; de ahí la histeria dogmática frente a cualquier "nacionalismo" económico".

 

Por otro lado el liberalismo se esfuerza por hacer bascular al Estado hacia lo económico, sustrayéndole competencias que van a parar sistemáticamente al mercado, y poco a poco, invertir así la antigua jerarquía de funciones en la cual lo económico estaba subordinado a lo histórico y a lo espiritual. Gracias a esto, una nueva casta económico-financiera –que permanece incuestionada tanto en lo teórico como en la praxis democrática- atrae para sí la sustancia del Estado y secuestra paulatinamente la capacidad de decisión política. El gobierno y el Estado deben exclusivamente mantener la seguridad –sin la cual no hay libertad de comercio- y defender la propiedad económica. El Estado ha de delegar sus funciones en favor de los que verdaderamente entienden las leyes "cósmicas" de la economía, con lo que el poder político del Estado es tan solo un mal necesario.

 

En el liberalismo es el aprendizaje del éxito económico lo que selecciona a los "mejores", de manera que el mencionado éxito económico, injustificable cuando no es la consecuencia de una superioridad espiritual, se confunde con el éxito sin más. Se suprimen aristocracias, estamentos y privilegios y es lo económico el nuevo criterio de selección que instaura una nueva aristocracia del dinero en el lugar del viejo orden.

 

Por supuesto, la igualdad no desaparece sino que encuentra nuevo fundamento en el dinero. Hoy ya no se es rico por ser poderoso, sino que se es poderoso por ser rico. Y el rico aspira al mantenimiento de una jungla económica, justificada desde el liberalismo, donde la libertad equivale a la libertad del zorro en el gallinero, de manera que las desigualdades subsistentes se deben a la imprevisión y a los errores de gestión -del Estado, naturalmente-, pero nunca al mercado convertido en nuevo dios laico.

 

Toda esta cosmovisión subvertida cercena la dimensión espiritual del hombre desde su misma raíz, igual que hace el marxismo, y por eso sirve para explicar que el indiferentismo religioso y el materialismo práctico, así como la crisis social generalizada consecuencia de los anteriores, sienten sus reales en las sociedades occidentales donde el liberalismo se ha transformado –por analogía inversa- en la religión de la época.

 

Constituye un gravísimo problema que el liberalismo y sus derivados, frente a los desmanes de una izquierda nacida dentro de la matriz común revolucionaria, haya secuestrado toda posibilidad de alternativa y se presente a sí mismo como la única salvación posible. Debido a ello la crisis es mucho más profunda de lo que se cree y hace más necesario que nunca reivindicar el factor espiritual de la persona como única tabla de salvación posible. Pero antes, para recuperar la esencial libertad de pensamiento, hay que romper la diabólica tenaza del bipartidismo cerril.

 

Eduardo Arroyo

El Semanal Digital, 3 de noviembre de 2007

Faltó De la Vega, pero no fue la única desmemoriada

Faltó De la Vega, pero no fue la única desmemoriada

 

Roma locuta, causa finita. No hace falta ser San Agustín para entender esta idea, que este domingo seguramente rondó la cabeza de Miguel Ángel Moratinos mientras se leían los nombres de 498 católicos muertos por amor a Cristo a manos, en buena medida, de los milicianos del PSOE en 1934, 1936 y 1937. Son las paradojas de la historia, pero ésta está ya escrita: no hay memoria subjetiva que valga contra los hechos proclamados en Roma.

 

Tal vez por eso, entre los asistentes no estuvo la vicepresidenta del Gobierno. María Teresa Fernández de la Vega estaba en Italia y pasó por Roma, pero no encontró tiempo para ir a la plaza de San Pedro. Entre asistir a una Misa e irse a Rímini, sin duda, De la Vega se nos fue a la playa; pero ya sabe lo que hay, y sabe que en plena campaña electoral enfrentarse a la Iglesia es un mal negocio. Quizás su olvido nació de ese cálculo.

 

Entre los 71 obispos españoles estaba, porque no podía faltar, el nuevo arzobispo de Pamplona, monseñor Francisco Pérez González. Con dieciséis navarros elevados gloriosamente a los altares era inevitable y su ausencia habría sido escandalosa, como lo fue la falta de memoria de De la Vega.

 

La memoria, por ser como es, se resiste a ser encorsetada en una ley facciosa. Y además es reversible y tiene al menos dos filos, como les explicaba yo aquí hace unas semanas: Qui gladio occidit, gladio occisus erit. Por eso al hacer la historia de unos acontecimientos los documentos ayudan más que los recuerdos. Cuando se haga la historia del 28-O de 2007 será mejor recurrir a los periódicos que a los recuerdos, del mismo modo que si queremos recordar lo sucedido en Pamplona en la tarde del 17 de marzo tendremos que consultar Diario de Noticias para ver qué gentes estaban por allí, qué banderas llevaban, o qué dijeron. La memoria, ay, a veces nos falla, sea en marzo o en octubre.

 

Cuando se haga la historia del 28-O tendremos que recordar que Zapatero no se atrevió a ir a Roma y que De la Vega, pese a estar en el mismo país, se olvidó de ir. Recordaremos que quinientos cristianos más están en los altares y que había navarros entre ellos. Recordaremos que había representaciones institucionales de muchas autonomías, que tenían beatos, aunque no de la Comunidad Foral de Navarra, a la que representó a título personal –eso sí, junto a una masa de peregrinos- el diputado popular Jaime Ignacio del Burgo. Los historiadores de mañana tendrán que debatir por qué esto fue así, pero fue así, tan cierto como que la Epístola de ayer decía aquello de Bonum certamen certavi, cursum consummavi, fidem servavi (2 Tim, 4, 7-8). Más por la historia que por la memoria, hay batallas que merecen ser libradas, porque aunque la memoria de los hombres sea endeble su dignidad –la de quienes la conserven- ha de ser imperecedera.

 

Pascual Tamburri

El Semanal Digital, 28 de octubre de 2007

Una reforma constitucional para un muerto con buena salud.

Una reforma constitucional para un muerto con buena salud.


Ayer se presentó públicamente una propuesta de reforma constitucional elaborada por la plataforma Por la concordia nacional y la reforma constitucional; entidad integrada por Convivencia Cívica Catalana, Foro Ermua, Fundación Concordia, Fundación para la Defensa de la Nación Española y Fundación Papeles de Ermua.

 

Sin duda, aunque ya anunciada, es una magnífica noticia. Y lo es por varios motivos.

 

Ante todo, se demuestra que la sociedad civil española no goza de tan mala salud como se temía; pues esta propuesta, independientemente de su destino, se ha gestado en su seno, y, aunque algunos conocidos políticos del Partido Popular se encuentran entre sus promotores, para nada puede afirmarse que se trate de una iniciativa partidaria. De hecho, cuando Mariano Rajoy ha sido interrogado el mismo día al respecto, en La Mañana de COPE, ha afirmado que planteará su propia reforma en unas próximas jornadas de su partido. Chico prudente.

 

Con todo, no estamos acostumbrados a este tipo de iniciativas. Es más, en España estamos habituados a que de la política se ocupen los políticos. Y más cuando el actual régimen parece excluir las fórmulas de participación que no pasen por los partidos políticos; unas estructuras más bien endogámicas, alejadas de la sociedad, y casi reducidas a unas coyunturales oficinas electorales.

 

Por otra parte, aunque bien recibida –y muy esperada- entre los sectores más comprometidos y activistas del entorno del Partido Popular, la propuesta tiene pretensiones transversales; pues bien puede ser compartida por simpatizantes de otras formaciones: Ciudadanos, UDP… incluso por algún que otro socialista.

 

El Partido Popular tendrá que definirse al respecto. Acaso termine elaborando una propia, tal y como ha anunciado su presidente, aunque no sea en los mismos términos. Pero, haga lo que haga, habrá que recordárselo.

 

Éste es uno de los defectos del sistema actual. Si no participan de la dinámica partidaria, las iniciativas nacidas en la sociedad civil encuentran dificultades añadidas; ante todo, una falta de interlocución política. ¿Falta cultura participativa? Algo de eso hay. Pero, para subsanarlo, los partidos han hecho más bien poco: están más interesados, generalmente, en escucharse a sí mismos, y a cuantas voces dóciles les acompañan, que en mantener diálogos constructivos con las diversas identidades sociales. Quien sabe. Acaso, esta iniciativa que comentamos señale un cambio en la tendencia…

 

Por supuesto que los partidos políticos son necesarios; pero únicamente cumplirán su verdadera función si saben establecer un flujo y reflujo de iniciativas, diálogos y reflexiones, con las entidades y personalidades más comprometidas de la sociedad a la que dicen servir. Pura higiene democrática.

 

Y seguimos pensando en que es una buena noticia, pues no se trata de un hecho aislado.

 

La sociedad española, aletargada y ninguneada, campo de experimentos utópicos, viene generando, en los últimos años, algunos movimientos sociales muy interesantes.

 

El más conocido y determinante, tal vez, ha sido el impulsado por las mismísimas víctimas del terrorismo. Especialmente, y a partir del trabajo de la AVT y del Foro Ermua, se ha ido generando una opinión pública simpatizante y responsable que se ha movilizado reiteradamente, asumiendo actuaciones que tal vez hubiera correspondido desarrollarlas a los políticos.

 

Pero existe otro fenómeno, acaso menos perceptible mediáticamente, que hay que constatar. Nos referimos a un cierto movimiento identitario español. Desde Foro Ermua, de alguna manera, y, explícitamente, desde la Fundación para la Defensa de la Nación Española, aunque con el concurso de diversas entidades regionales y locales, se viene consolidando un estado de opinión convergente en la necesidad imperiosa de una restauración de la nación española en sus diversas expresiones: estatal, cultural, social, territorial, humana… Despacio y con prudencia. Pero ahí está. Y que siga avanzando.

 

Otro fenómeno social, de notable impacto mediático y que ha nacido desde la precariedad más hiriente, es el movimiento de objeción de conciencia a la Educación para la Ciudadanía. Madres, padres y alumnos, con el concurso de algunas organizaciones, pero, dotándose de sus propias entidades, se han movilizado valerosamente en defensa de las libertades, en suma. No obstante, si bien hemos de destacar el extraordinario valor que han hecho gala al dar un paso nada cómodo al frente, la indiferencia e incomprensión que han encontrado muestran los niveles extremos de atomización alcanzados por la sociedad española. Pero estos ciudadanos han puesto el dedo en llaga: su interés por la educación marca el futuro. Una sociedad que declina en su responsabilidad educativa, será golpeada por todo tipo de modas y patologías individuales y colectivas.

 

Y no acaba ahí la cosa. Recordemos las iniciativas que desde el veterano movimiento pro-vida se han consolidado recientemente, caso del Programa Red Madre, y la revitalización de Jóvenes Pro-Vida. Una auténtica referencia moral colectiva.

 

Culturalmente, también asistimos a todo un arco de iniciativas: desde la implantación de nuevos colegios, pasando la edición de revistas “políticamente incorrectas”, el lanzamiento de nuevos títulos por editoriales de espíritu militante… sin olvidar el activismo desbordante desplegado en la blogosfera.

 

Y que me perdonen los protagonistas de otras realidades no aludidas.

 

Sin triunfalismos, pero con realismo, y ante generalizados pesimismos y derrotismos, hay que constatar la existencia de estas realidades esperanzadoras para el futuro de la sociedad española.

 

Que sepan los Ibarretxes, Carod-Roviras, Zapateros y Cebrianes, que el muerto que quieren enterrar, pese a los golpes recibidos, sigue gozando de buena salud. Y dará mucha guerra.

 

 

Fernando José Vaquero Oroquieta

 

 

P.D.: Una pregunta impertinente. El pasado 12 de octubre, ¿dónde estaban las decenas de miles de militantes de Nuevas Generaciones? ¿No se iban a manifestar por toda España, especialmente en las localidades y territorios más difíciles? ¿O, acaso, abarrotaban sus sedes? La política real no se reduce a campañas mediática, cartelitos y consignas por internet. Ni a moverse por un puesto “seguro” en una lista electoral. Así no se ganan voluntades. ¡Qué contraste con esas manifestaciones de la sociedad civil!

 

 

Diario Liberal, 26 de octubre de 2007