MADRID, sábado, 27 mayo 2006 (ZENIT.org).- No está resultando fácil encontrar una estrategia eficaz para ayudar a las familias europeas. Este mes el Instituto de Política Familiar publicaba un estudio titulado, «Informe de la Evolución de la Familia en Europa 2006». El informe observaba la creciente conciencia de proteger la familia y la vida familiar. Sin embargo, a pesar de esta preocupación, la familia cada vez sufre más presiones.
Las primeras secciones del informe consideran el problema del descenso del índice de natalidad y del envejecimiento de la población. Luego pasa a considerar la situación del matrimonio. En el periodo 1980-2004, el número de matrimonios en los 25 países miembros de la Unión Europea cayó en más de 663.600, a pesar de que la población creció en 31,1 millones. En el 2003, la media de edad al casarse era de 30 años para los hombres y 27,7 para las mujeres. En 1980, las edades eran de 26 y 23,3 años respectivamente.
Otra tendencia es el creciente número de niños nacidos fuera del matrimonio. No es posible hacer una estricta comparación de los actuales 25 miembros de la Unión Europea debido a la reciente incorporación de 10 países. Pero en los 15 antiguos miembros de la Unión, en 1980, sólo nacían de madres solteras y parejas sin casar el 9,6% de los niños. En el 2004 esta cifra se elevó hasta el 32,8%. La cifra en el 2004 para todos los 25 países de la Unión Europea es de 31,6%.
Esta media total oculta las amplias diferencias existentes entre los países. La proporción de nacimientos fuera del matrimonio en Suecia alcanza el 55,4%; en Dinamarca, el 45,4%; en Francia, el 45,2%; y en el Reino Unido, el 42,3%. Grecia e Italia, con un 4,9% y un 14,9%, respectivamente, tienen niveles relativamente bajos.
El índice de divorcios, por su parte, ha aumentado hasta cerca de la mitad en las últimas dos décadas. Desde 1990 hasta el 2004, se rompieron más de 10 millones de matrimonios en los 15 países de la Unión Europea, afectando a más de 16 millones de niños.
Para hacer frente a estos desafíos, los gobiernos están prestando más atención a las necesidades de la familia, indicaba el informe. Pero los recursos dedicados a ayudar a las familias son todavía limitados. Los gobiernos europeos gastan de media el 28% de su producto interior bruto en el sector social, pero sólo el 2% se dedica a la familia.
También aquí existen grandes diferencias. Una familia con dos hijos podría recibir al mes 611 euros (785 dólares al cambio actual) en ayudas en Luxemburgo. En Alemania esta cifra desciende hasta los 308 euros, y en el Reino Unido, hasta los 270 euros. Entre los 15 países de la Unión Europea los gobiernos de España, Italia, Portugal y Grecia son los que menos gastan en ayudar a las familias. Una familia con dos hijos recibe en España sólo 49 euros. Los nuevos países incorporados a la Unión también tienen niveles bajos. Una pareja con dos hijos recibiría sólo 38 euros en la República Checa, y 22 euros en Polonia.
Políticas a favor de la paternidad El informe del instituto no es el único en subrayar los problemas de la política familiar en Europa. La BBC publicaba en marzo una serie de artículo sobre el tema.
El artículo del 27 de marzo indicaba que, si las previsiones actuales sobre la tasa de natalidad resultan ser correctas, Estados Unidos, que ahora tiene 160 millones de habitantes menos que la Unión Europea, la habrá igualado para el 2050. Muchos países europeos tienen políticas ya en marcha, añadía la BBC, pero no queda claro qué éxito tengan estos incentivos.
Noruega es uno de los países que ha dado pasos importantes para ayudar a las parejas. Las madres noruegas tienen derecho a 12 meses de baja laboral con el 80% del sueldo, o a 10 meses con el sueldo total, informaba la BBC el 28 de marzo. Los maridos también tienen derecho a la baja, y deben tomarse al menos cuatro semanas de baja tras el nacimiento de un hijo.
No obstante, la tasa de natalidad de Noruega de 1,8 hijos por mujer, aunque alta para Europa, se queda corta para asegurar el nivel necesario para el relevo generacional. De igual forma, Suecia, cuyas políticas de bienestar familiar son igualmente generosas, tiene una tasa de natalidad de alrededor de 1,5 hijos por mujer.
Incluso Polonia, donde todavía prevalecen los valores católicos y cerca de dos tercios de su población va a Misa los domingos, está atravesando una crisis en la vida familiar. El 29 de marzo, la BBC comentaba que la tasa de natalidad polaca, de 1,23 hijos por mujer, está entre las más bajas de Europa. De hecho, la población ha descendido en medio millón en los últimos seis años.
Según la BBC, sólo una parte del cambio es achacable a presiones económicas. En vez de casarse jóvenes, más mujeres van a la universidad y planean conseguir un trabajo antes de crear su propia familia.
Según el artículo del 31 de marzo de esta serie de la BBBC, más del 10% de las mujeres en muchos países europeos alcanzan los 45 años sin haber tenido hijos. Muchas de ellas han hecho una elección deliberada de renunciar a una familia, comentaba Catherine Hakim, socióloga de la London School of Economics.
Prevé que el número de mujeres sin hijos se doblará en muchos países hasta el 20%, e incluso hasta el 30% en algunos casos, como Alemania. «La gente es muy consciente de lo que dice cuando afirma que tiene un estilo de vida diferente», añadía Hakim.
Propuestas Para tratar estos desafíos a la vida familiar, la última sección del informe del Instituto de Política Familiar contenía una serie de recomendaciones para las políticas gubernamentales. Entre las propuestas:
-- La Unión Europea debería adoptar una postura orientada a la familia en todas sus medidas. Esto no sólo implica promover la convergencia de las políticas familiares de los países miembros, sino también presionar por la igualdad de oportunidades para todas las familias, y evitar cualquier discriminación basada en el número de hijos, el nivel o la distribución de ingresos.
-- Los gobiernos deberían ayudar a los padres a tener los hijos que quisieran; proporcionar asistencia a los casos de crisis familiar; reconocer el derecho fundamental de los padres a educar a sus hijos; y ayudar a las familias con necesidades particulares.
-- Los gobiernos deberían aumentar los beneficios sociales dirigidos a las familias y asegurar que dichos beneficios aumentan de acuerdo a la inflación. Debería haber también un estándar mínimo para las bajas de maternidad y paternidad y para la asistencia a las familias que cuidan a parientes ancianos en casa.
El bienestar de las familias ha sido un tema constante en los discursos de Benedicto XVI de los últimos meses. El 13 de mayo, en su discurso a los participantes en la asamblea plenaria del Pontificio Consejo para la Familia, el Papa calificó a la familia basada en el matrimonio de bloque constructivo básico de la sociedad.
Es necesario que el Estado, continuaba, reconozca la importancia de la familia y que la ayude a llevar a cabo sus funciones. El Santo Padre también invitó a las familias a poner a Dios en el centro de sus vidas. Dios ayudará a la pareja casada en su tarea de criar a sus hijos, afirmaba.
La vida familiar corre un especial riesgo en el mundo actual y, para salvaguardarla, las parejas deben superar a menudo a las fuerzas culturales imperantes. Esto exige paciencia, esfuerzo, sacrificio y una búsqueda incesante de mutuo entendimiento. A pesar de estas dificultades todavía es posible, para las parejas de hoy, el ser fieles a su vocación, con la ayuda de Dios, afirmaba Benedicto XVI.
El Papa también expresó su esperanza en que una sólida vida familiar pueda ayudar a la sociedad, al proporcionarle ejemplos de cómo vivir los auténticos valores humanos y evangélicos. Las familias, por ello, no sólo reciben ayuda sino que también aportan una contribución esencial a la sociedad. Está por verse la rapidez con que se enraiza este mensaje. ZSI06052701
El país anda revolucionado ante la avalancha de inmigrantes ilegales que cada día arriba a nuestro suelo. Los canarios demandan la instalación de un sistema similar el empleado por la Guardia Civil para controlar el estrecho, el famoso SIVE. Incluso se pide ayude a la Armada para poner fin al flujo de los cayucos, las nuevas pateras.El hecho es que es verdad que nos encontramos ante un fenómeno nuevo tanto por su intensidad como por su duración. Lo malo es que lo que estamos viendo ahora es sólo el comienzo de algo que por fuerza va a ir a peor. Por fuerza porque depende de dos variables: la galopante demografía de nuestros vecinos del sur que vuelve del todo imposible la integración de millones de jóvenes en su sistema económico y social; y las expectativas de riqueza y bienestar que ofrece Europa. No nos engañemos, mientras España siga creciendo y disfrutando de una buena calidad de vida, los inmigrantes seguirán sintiéndose atraídos por nuestro país. No en balde se concentran en las autonomías más ricas y dinámicas.Controlar los flujos es una tarea condenada al fracaso por muchos medios que se pongan. Nadie va a ordenar hundir un cayuco, o abandonar a unos pobres desgraciados a su suerte en alta mar. Lo que se podrá hacer es canalizar las rutas de llegada, pero poco más.Lo que sí puede y debe hacerse, no obstante, es acabar con el cinismo legal que rodea todo el asunto. Si un inmigrante viene a España y encuentra trabajo es porque el mercado y su juego de la oferta y la demanda se lo permiten. Pero lo que no se debe permitir es que llevados por el buenismo y el humanitarismo mal entendidos un emigrante ilegal tenga más derechos de facto que uno legal o, incluso, que un español nativo. Es más, lo que no debe admitirse nunca, salvo que uno esté dispuesto al suicidio, es que un inmigrante crea que tiene garantizada la residencia burlando la Ley o que, siendo ya legal, puede acceder a la nacionalidad española cumpliendo unos fáciles trámites administrativos.El problema de la inmigración no tiene por qué ser un problema económico y si es un asunto de seguridad ciudadana es porque la legislación actual favorece a la criminalidad extranjera, que encuentra en España un marco más que permisivo. Pero la inmigración sí plantea un problema real, el de la identidad nacional. Desde luego es una exageración afirmar que todos los musulmanes son terroristas, pero tampoco deja de ser cierto que si no tuviéramos bolsas musulmanas en nuestro suelo, el 11-M no habría sido posible. Cuando ciertas prácticas religiosas, como el Islam, o actitudes nacionales, árabes y norteafricanas, impiden la plena integración, es la identidad española lo que se pone en juego si a sus descendientes, por ser nacidos en tierra de España, se las da gratuitamente nuestra nacionalidad. Esa es una triste realidad de la que los franceses ya cuentan con una amarga experiencia.La economía exige inmigrantes. Bienvenidos sean mientras se comporten como personas de bien. Que les caiga el castigo merecido, incluida la expulsión por vía rápida administrativa, si delinquen. Pero España no necesita de españoles que no lo son más que en sus pasaportes de nuevo cuño. Ahí radica el problema. Los Mustafá, Mohamed, Amil y demás, aunque sean nacidos en Lavapiés, responden a otros parámetros de identidad y comportamiento. Y la integración no puede consistir en darles todos los beneficios sociales sin exigir nada a cambio. Es más, no puede consistir únicamente en concederle el derecho a ser como son, esto es, respetar que sean distintos a nosotros. De seguir actuando así por nuestra parte, acabaremos dominados cultural e identitariamente. Es cuestión de tiempo y de matemáticas.
La historia enseña, una y otra vez, que no hay atajos. Las sociedades humanas avanzan siguiendo el camino duro; no hay alternativa. El comunismo prometía la Utopía en la Tierra. Tras tres cuartos de siglo de sufrimientos indecibles, la Unión Soviética colapsó entre privaciones y miserias, dejando a la inmensa Rusia con una economía no mayor que la de la minúscula Holanda. Ahora asistimos al espectáculo que nos depara otro experimento hedonista, la UE, en el momento en que aprende las cosas desagradables de la vida.La Unión Europea se erige sobre una fantasía: que los hombres y las mujeres pueden trabajar cada vez menos, tener vacaciones cada vez más largas y jubilarse a una edad más temprana al tiempo que ven crecer sus ingresos, en términos reales, y su nivel de vida. Este milagro debe ser obra y gracia de una iluminada regulación burocrática de todos y cada uno de los aspectos de la vida.La UE es un concepto francés, y en gran medida sigue siendo gestionada con ideas francesas. Y Francia es el país arquetípico de la Unión. Si usted tiene un trabajo fijo en el Hexágono, su vida es, en teoría, idílica: trabaja 35 horas a la semana; por lo general, tiene cuatro semanas de vacaciones en agosto y otras tres a lo largo del año, además de 11 festividades nacionales; y recibe una completa atención médica incluso durante la jubilación. La edad de retiro varía, pero ahora suele estar en los 55 años. Las pensiones pueden ascender a entre dos tercios y tres cuartas partes del salario percibido en el momento de acceder a la jubilación. Todo esto es maravilloso, pero depende, incluso en teoría, de que la Unión Europea se expanda continuamente, de que su economía funcione a pleno rendimiento, de que su productividad se incremente sensiblemente y de que el mundo viva en una paz profunda, resguardado en un lujoso nido, mullido y bien tranquilo. Pero en la vida real las cosas son distintas. La UE ha descubierto, desde el otoño de 2001, que tiene poca capacidad para determinar los acontecimientos porque sus fuerzas armadas son reducidas, carecen de recursos suficientes y están obsoletas y mal entrenadas. Aparte de provocar problemas en la ONU, Francia y Alemania –esos antiguos gigantes militares que una vez hicieron temblar al mundo– son meras comparsas. Francia, seguida de la aún más reticente Alemania, se ve obligada a tomarse en serio la Defensa por primera vez en muchos años, con lo que sus cálculos presupuestarios se han visto desbordados. Francia recibió un tremendo golpe cuando más de 10.000 ancianos murieron, exhaustos, durante una ola de calor –algunos de ellos, mientras se encontraban, supuestamente, bajo cuidado médico en los hospitales–. Por culpa de la jornada semanal de 35 horas y las largas vacaciones de agosto, los hospitales estaban cortos de personal. Las familias de los que murieron también estaban de vacaciones. Y, otro duro golpe que cayó al mismo tiempo, el Gobierno francés descubrió que su plan de beneficios al desempleo para trabajadores a tiempo parcial de la industria del ocio, aunque generoso, no contaba con la financiación suficiente y estaba al borde del colapso. El Gobierno decidió súbitamente suspender los beneficios. A resultas de ello los trabajadores fueron a la huelga, y prácticamente todos los festivales culturales importantes, el orgullo de la industria turística francesa, hubieron de ser cancelados. Todo esto son síntomas de una dolorosa enfermedad: una depresión, de alcance continental, nacida del descubrimiento de que la prosperidad de la UE es una casa construida sobre la arena. Mientras la economía americana remonta, la de la UE permanece estancada, rozando la recesión. La jornada semanal de 35 horas es espléndida... si uno tiene un empleo; pero ¿qué pasa con los millones de personas, y cada vez son más, que están fuera del mercado laboral y cuyos subsidios se ven amenazados ahora por recortes o por adelantos en el plazo de vencimiento? El paro, ya elevado, está creciendo en Francia y Alemania. Hay planes para recortar la mano de obra en prácticamente todas las industrias. Los trabajadores han pasado a ser demasiado caros, especialmente en Francia y Alemania, donde los pagos a la Seguridad Social cuestan al empresario casi tanto como los salarios. En una tentativa desesperada por poner su economía en movimiento, Francia está determinada a recortar los impuestos, aunque esto elevará su déficit a unos niveles estrictamente prohibidos por las normas que rigen para la divisa común europea, el euro. París se arriesga, así, a que le sean impuestas enormes multas, o, más probablemente, a que se derrumbe la confianza en el euro. La verdad es que la UE ha estado viviendo por encima de sus posibilidades, y las facturas le están llegando puntualmente. Los pronósticos para la Europa continental son siniestros. El plan de mejora perpetua del que depende la UE se basa en la expansión económica contínua. No hay previsión para el estancamiento. Como vemos en Japón, el estancamiento, una vez entra en escena, puede durar muchos años. Los americanos deberían estar contentos, sobre todo por la suprema bendición de contar con una economía gestionada por empresarios, no por burócratas, o que –bajo una sabia gobernanza– se gestiona a sí misma. El eminente historiador Paul Johnson acaba de presentar su último libro: American Presidents Eminent Lives Boxed Set: George Washington, Thomas Jefferson, Ulysses S. Grant. Libertad Digital, suplemento Exteriores, 23 de mayo de 2006
Un encuentro en Roma subraya responsabilidades y desafíos
ROMA, sábado, 20 mayo 2006 (ZENIT.org).- Un encuentro reciente en Roma ha considerado la «grieta generacional» desde una perspectiva diferente. En lugar de las preocupaciones normales sobre el mal comportamiento de la juventud, el tema a debate fueron las obligaciones de la generación adulta con respecto a los más jóvenes.
La Pontificia Academia de Ciencias Sociales tuvo su 12ª sesión plenaria del 28 de abril al 2 de mayo sobre el tema «¿Desaparece la juventud? Solidaridad con los niños y los jóvenes en una época turbulenta». En la mañana del primer día de sesiones, el cardenal López Trujillo, presidente de la Pontificio Consejo para la Familia, trató el tema de «El don de la Vida».
Se centró en los primeros momentos de la relación entre las dos generaciones: es decir, la transmisión de la vida. La procreación humana, explicaba el cardenal, es vista por la Iglesia como el fruto de un total darse a sí mismos. En este contexto, se considera a los hijos como el supremo don del matrimonio, y la familia, un santuario de vida.
Los hijos son tanto un don como una responsabilidad, apuntaba el cardenal – un don que viene, en primer lugar, de Dios. Son también una responsabilidad conjunto para el marido y para la esposa. El «nosotros» de los padres se convierte en el «nosotros» de la familia y, desde los primeros momentos de la vida del niño, comienza el proceso de educación. Desgraciadamente, si los padres no cumplen con esta responsabilidad, los hijos pagan un alto precio. En algunos casos, se les puede considerar «huérfanos con padres vivos», afirmaba el cardenal López Trujillo.
Las familias también se enfrentan a desafíos externos, añadía, refiriéndose a las presiones de los círculos neomaltusianos que buscan restringir el número de hijos. Otras dificultades surgen de dentro, cuando prevalece un punto de vista egoísta de la sexualidad, en la que el amor no se da como un don, sino que se reduce a placer.
Frente a estas dificultades, el cardenal López Trujillo, invitaba a las familias a dar a sus hijos valores sobre los que puedan construir para dar significado a la vida y a sí mismos. Esta «urgente necesidad de comunicar certezas», afirmaba, es de suma importancia en un mundo que destila subjetivismo y relativismo moral.
En su presentación, Kenneth Arrow, un profesor de economía de la Universidad de Stanford, sostenía que las obligaciones éticas de los padres no se han estudiado a fondo. El discursa secularista de hoy ve a todos los individuos teniendo derechos y obligaciones, afirmaba Arrow, «pero no una énfasis especial en la relación padres-hijos».
Valorar a los hijos Visto desde una perspectiva económica, los recursos fluyen de los padres a los hijos, que no son todavía miembros productivos de la sociedad. Así, bajo una perspectiva utilitaria resulta difícil desarrollar una teoría de la justicia que proporcione lugar suficiente a los hijos. El premio Nobel Gary Becker da un paso más en la teoría económica, al considerar a los hijos como bienes de consumo duraderos, permitiendo que su bienestar entre dentro del bienestar de la familia. Visto desde esta perspectiva, los padres actúan como administradores de sus hijos.
Arrow consideraba importante desarrollar más este concepto de los padres como administradores. Es especialmente importante a la luz del siempre mayor número de hogares con un solo progenitor. La extensión del divorcio unilateral ha tenido un impacto negativo significativo en el bienestar de los hijos, añadía. Por otro lado, la capacidad del Estado para compensar los defectos de las situaciones familiares de pobreza es muy limitada.
Pierpaolo Donati, de la Universidad de Bolonia, también consideraba algunos de los problemas a que se enfrentan los niños y los jóvenes. Entre los desafíos que mencionaba están:
-- La ciencia y la tecnología aplicadas a la procreación humana amenazan la dignidad del ser humano desde el momento mismo de la concepción.
-- La erosión de la familia como institución social quita una de las protecciones primarias de los hijos.
-- Las presiones económicas tienen diversas manifestaciones: explotación de menores como trabajadores; indiferencia hacia los que no producen; y presión por adoptar un estilo de vida centrado en el materialismo.
-- Las presiones psicológicas y culturales vuelven más problemático el paso de la adolescencia a la edad adulta.
Donati también observaba que, paradójicamente, la proliferación de declaraciones y cartas de los derechos del niño y de informes sobre su situación han hecho poco por mejorar estos temas. En muchos casos se han convertido en poco más que un indicador de problemas, más que lograr algún verdadero progreso en la protección de los niños.
En general, insistía Donati, necesitamos cuestionar el tipo de civilización mundial que estamos construyendo y el lugar que los niños y jóvenes tendrán en esta civilización. Con demasiada frecuencia, indicaba, el miedo al futuro invade la cultura secularizada actual, percibiendo sólo los riesgos y las dificultades.
Contra esta visión, la Iglesia expresa su esperanza en la juventud. Donati citaba las palabras del Papa Juan Pablo II en «Tertio Millennio Adveniente», No. 58: «El futuro del mundo y de la Iglesia pertenece a las jóvenes generaciones».
Desafíos
Algunas de las presentaciones durante el encuentro resaltaron la gran diversidad de problemas a los que se enfrentan los jóvenes. Paulus Zulu, de la Universidad de KwaZulu-Natal, de Sudáfrica, trató el problema de los niños excluidos de África. En muchos casos los gobiernos son incapaces de poner a disposición de la población los bienes y servicios básicos. Estos lleva a altos niveles de mortalidad infantil, hambre, y a graves deficiencias en la educación.
Mina Ramírez, del Asian Social Institute de Manila, en Filipinas, también trató los problemas relacionados con la salud y la educación. El trabajo infantil y la explotación sexual presentan también una serie de desafíos.
Kevin Ryan, de la Universidad de Boston, habló sobre la situación de los jóvenes en Norteamérica. Indicó tres factores dominantes:
1) Una familia con problemas y debilitada. Estados Unidos y Canadá tienen en conjunto 88,3 millones de personas con menos de 20 años. Los cambios en la vida familiar en las últimas décadas han conducido a que haya mucho menos contacto entre padres e hijos, además de una reducción de la autoridad de los padres. Unos lazos matrimoniales menos estrechos y las presiones económicas han llevado más problemas a la familia.
2) Colegios con muchos recursos, pero desiguales. En Norteamérica hay muchas universidades buenas, pero muchas de sus escuelas elementales y secundarias son académicamente pobres, con resultados mediocres. Aunque una vez la educación sirvió de nivelador social, la tendencia actual la lleva a ser fuente de estratificación social.
3) El mundo cultural de los jóvenes altamente sexualizado, debido a los medios. La televisión, internet, la música, los mensajes instantáneos y el creciente número de dispositivos portátiles que hacen que los jóvenes pasen más tiempo en contacto con los medios que en clase. Los medios suelen explotar la sexualidad y ahogar la conciencia de los costes físicos y psicológicos de una actividad sexual descontrolada.
A este factor hay que añadir la dificultad a la hora de transmitir la fe a los jóvenes. Los adolescentes católicos, además, pagan un mayor precio que otros grupos cristianos cuando se trata de cuestiones de práctica religiosa y creencias.
Ryan invitaba a la Iglesia a hacer un esfuerzo global, tanto por parte del clero como de los laicos, por evangelizar a los jóvenes, comenzando con los padres que tienen que ser los primeros educadores religiosos de sus hijos. Este nuevo programa educativo debe desarrollar mejores materiales educativos y requerirá la participación de un gran número de laicos.
No obstante, no debe limitarse a aprender, afirmaba Ryan. La juventud necesita que se le enseñe cómo actuar como cristianos y que se le dé oportunidades para testimoniar su fe. Ryan también animó que se dé una gran cabida a la oración y al culto como parte de un esfuerzo educativo renovado. Dar la fe es una forma clave para que los adultos puedan mostrar su solidaridad con la próxima generación. ZS06052002
El experto señala que “las tres tentaciones del investigador son el sensacionalismo, la vanidad mediática y las presiones económicas”“La ética debe regir la investigación y el comportamiento que corresponde a los valores inherentes a la persona humana... los científicos no pueden exigir una ética hecha a su medida y dependiente de las circunstancias”, afirmó este domingo, 14 de mayo, el neurólogo catalán Jordi Cervós en la clausura del XXII Congreso Mundial de la FIAMC.Ante una sala repleta, el doctor Cervós dedicó su intervención a La ética en la investigación científica. Aborto, investigación con células madre y eutanasia fueron los ejes de su exposición y una buena muestra de cómo la investigación puede caer hasta lo más bajo si se deja seducir por las tres grandes tentaciones del científico: El sensacionalismo, la vanidad mediática y las presiones económicas.La falta de honradez científica se ve reflejada en algunas ocasiones con inusual desvergüenza. Es el caso de los conflictos que se presentan en la muerte y en la forma de morir y que tiene su expresión máxima en la eutanasia: Algunas encuestas, con un lenguaje manipulado, plantean si se prefiere morir con o sin dolor, para en una segunda fase lamentar la existencia de “vidas inútiles por vejez avanzada o enfermedad incapacitante”, constató el neurólogo.La ‘muerte dulce’, una falaciaCitando palabras de un experto en bioética, el doctor Gonzalo Herránz, “la eutanasia hace daño a los que en ella intervienen, a los que la observan, a los que les llega la noticia”, dijo Cervós, quién también destapó la falacia de lo que se suele llamar ‘muerte dulce’: “El médico que aplica la muerte a uno de sus pacientes y considera que ha hecho bien ya no puede dejar de hacerla: entra en una bolsa de arena movediza, que lo va tragando lenta pero inexorablemente. Lo que comienza siendo una eutanasia en casos excepcionales se convierte para ciertos pacientes en un derecho exigible a la muerte dulce; para los allegados, es una invitación tentadora a verse libres de preocupaciones y molestias; para ciertos médicos es un recurso sencillo, que ahorra tiempo y esfuerzos”, sentenció.Una última y trágica fase se alcanza con la eutanasia involuntaria. El médico llega a concluir que es irracional el deseo de ciertos pacientes de seguir viviendo, pues tienen por delante de sí una perspectiva de vida detestable y abusiva. El deseo de seguir viviendo de esos pacientes es un deseo injusto, que provoca un consumo irracional de recursos económicos y humanos. “Se acaba expropiando al paciente de su libertad de escoger seguir viviendo”, denunció Cervós. “La experiencia holandesa muestra de modo evidente que, en materia de eutanasia, es imposible poner límites legales a los potenciales abusos, nacidos de la compasión de los médicos, de la fatiga de la familia, del desgaste de los mecanismos de control. La enseñanza que nos viene de dicha experiencia es que la eutanasia no completa la medicina sino que la sustituye e incluso destruye. La falta de ética del investigador y del médico es reflejo de la falta de ética general, ética que parte del reconocimiento de la dignidad de la persona, tanto del médico como del paciente”.‘Preembrión y aborto: Sin justificación científicaDe los problemas derivados de la muerte y la forma de morir, a los que se fomentan con el embarazo. Cervós ejemplificó los riesgos que se dan en este campo centrándose en los avances en la reproducción humana. “Cuando se pierde o no se acepta la existencia de un hecho diferencial que determina la persona humana, -dijo- es evidente que se pierden los principios fundamentales de la ética. Esto se manifiesta también en una falta de honradez en las conclusiones científicas. Cuando se quiere justificar el aborto se niega que el embrión humano tenga alguna relación con la persona humana. Para ello, se inventan incluso palabras como preembrión que no tienen ninguna justificación científica pero permiten establecer cómodamente un espacio de tiempo en el que se pueden tomar medidas abortivas”.Esta ambigüedad en la determinación de lo que es la vida humana y cuándo y cómo se puede acabar con ella, que es reproducida sin autocrítica por la mayoría de medios de comunicación, representa un peligro no sólo para la comunidad científica sino también para la opinión pública, que acaba por aceptarlas ingenuamente.Células madre embrionarias, pura mercancíaOtro ejemplo lo encontramos en la investigación con células madre embrionarias. Cervós basó su argumentación, en este apartado, en lo que sería un paso más a la negación de dignidad humana del embrión e incluso del feto humano hasta el momento de nacer. “No puede sorprender que se esté hablando de células madres embrionarias humanas como si se tratara de una mercancía”, afirmó. El experto neurólogo denunció una amplia “falta de honradez científica”: Por una parte, “se silencia que se pueden obtener células madre sin necesidad de recurrir a embriones humanos”; mientras que, por otra parte, “se presenta la utilización de embriones humanos como un gran remedio para gran número de enfermedades, por ejemplo el Alzheimer”. “No sólo se trata de que no se ha curado ni a un solo enfermo de Alzheimer con células madre, sino que nadie puede explicar cómo habría de ser una terapéutica de dicha enfermedad con células madre”, dijo, contundentemente, basándose en sus conocimientos en el campo de la neurología.Vanidad injustificadaLa tentación de dar como novedades grandes descubrimientos que, después, en ocasiones, resultan ser un fiasco, no afecta sólo a los medios de comunicación, sino que “algunos científicos -explicó el Dr. Cervós- no pueden resistir la tentación de salir en los periódicos como autores de descubrimientos que ni tan siquiera existen. Un ejemplo patente lo hemos tenido recientemente con el descubrimiento del fraude del científico del coreano Hwang Woo-suk, que había anunciado la clonación de un ser humano”.Al sensacionalismo fácil y la vanidad mediática de algún científico se añade otra circunstancia, explicó el Dr. Cervós: “Estamos ante una inflación en la producción científica. Hay una inflación de resultados y de científicos que trabajan sobre un mismo campo. Y es esta inflación la que puede llevar fácilmente al investigador a modificar, por no utilizar la palabra falsear, sus resultados para poder publicar lo más pronto posible”. En demasiadas ocasiones, este hecho se produce “por la necesidad imperiosa de presentar resultados para seguir recibiendo dinero para la investigación”, concluyó el experto. Forum Libertas, 17 de mayo de 2006
Cuando las delgadas jóvenes de ahora quieran ser madres, tal vez sus pelvis les impidan dar a luz.
La Trinca erró el tiró de lleno.Si en sociedades con dificultad para acceder a los alimentos la gordura es prueba de posición social y belleza, en Occidente hay un claro rechazo al obeso. Ya con seis años, los niños atribuyen características negativas a los obesos, una imagen que se mantiene en el mundo laboral. Hace unas semanas oí en TV usar la palabra gordo como insulto. La locura se ha disparado: el mercado del adelgazamiento ha alcanzado proporciones muchimillonarias y la imagen de extrema delgadez de la modelo de los sesenta Twiggy Lawson se ha convertido en estándar.
Los medios de comunicación son promotores del problema. Un estudio de 1986 demostró que las presentadoras de televisión eran mujeres jóvenes –el 35% con menos de 26 años– y muy delgadas –el 65%–. En los noventa, la British Medical Association estableció una relación entre el mundo de la moda y el aumento de la anorexia y la bulimia: mientras en una mujer sana los niveles de grasa están entre el 22% y el 26%, en actrices y modelos era menos de un 10%. Los modistos también son culpables: Calvin Klein, Dolce & Gabanna, Victorio y Lucchino... contratan –o piden– modelos de peso un 25% por debajo del de la mujer típica. Y las agencias aprietan a sus representadas controlando hasta las centenas de gramo. Modelo Lolita. Ahora hemos dado un paso más; vamos hacia un modelo de belleza de Lolita. Los modistos promueven, con sus pantalones de cadera baja, una mujer con cuerpo de niña, sin curvas. Para conseguirlo, ¿qué mejor que reducir al límite la ingesta de alimentos? Sin aporte no hay desarrollo. ¿Qué ocurrirá cuando las jóvenes de ahora decidan convertirse en madres? Con esas pelvis, quizá les sea imposible dar a luz: intuyo un aumento de las cesáreas. Y de las operaciones para aumentar los senos.
Me lo contaba un cura este domingo: se acaba de legalizar la clonación terapéutica. El PSOE ha despreciado las enmiendas introducidas por el PP en el Senado, de manera que la Ley de Reproducción Asistida (vulgo tráfico de embriones) vuelve a su objetivo inicial. Como andábamos todos con la atención distraída por la bronca parlamentaria, los estragos del Estatut y el timo de las estampitas, apenas nadie ha caído en la cuenta del suceso. Y también ha pasado casi desapercibido no para mi cura- ese disparate de la Diputación General de Aragón que pretende conceder a las menores de edad el derecho a abortar sin el consentimiento de los padres de la niña. El gobierno aragonés incluye esta medida dentro de una ley llamada "del Derecho de la Persona". Qué cuajo, carajo.
Con todo, lo peor es que semejante marejada nihilista se está asentando en medio de una cierta indiferencia. Se diría que no hay nadie con voz suficiente para plantar cara. Ese papel debería corresponder a la oposición parlamentaria, pero ésta anda muy ocupada en otras cosas. Esta semana la veíamos en vehemente protesta por ese asunto de las detenciones ilegales. ¿Bronca callejera? ¿Barricadas incendiarias? ¿Asalto de ministerios? ¿Manifestaciones ante Ferraz? No, no: simplemente, una gamberrada en las Cortes. En esta actitud del PP hay algo tristemente cómico, como aquella vez que ese muchacho tan formalito, el primero de la clase, espejo de virtudes burguesas, hizo una pintada en el retrete y pasó a considerarse un audaz subversivo. No es más decente, por cierto, el malestar de los medios "moderados" ante este episodio, que juzgan inconveniente para el buen orden parlamentario: esos prudentes opinadores son el tipo de hombre que asiste a una matanza y sólo se preocupa porque la sangre ensucia la alfombra. El glosario popular tiene un nombre para ellos: "cagapoquito".
Como tampoco hay una oposición civil vertebrada, la única institución en condiciones de responder es la Iglesia. A muchos nos podrá resultar incómodo que el debate social, en España, lo protagonicen las sacristías, pero las cosas son como son: fuera de los ámbitos católicos, parece no haber nadie con criterio ético, filosófico, social- para mantener la cabeza en su sitio. Y esto, seguramente, también forma parte de la enfermedad general.
Conviene no perder de vista dónde estamos: nos encontramos ante un profundo proceso de transformación de la sociedad española en su sistema político y en sus principios éticos. En ambos frentes, el zapaterismo pretende trastocar las cosas sin el necesario consenso social. Si va ganando y nadie dude que así es-, ello se debe sobre todo a la incapacidad de quienes deberían oponer resistencia.
- ¿Y qué puedo hacer yo? pregunta el ciudadano desbordado por la marea.
Hablar. Mucho y en todas partes. Que nadie calle. No hay resistencia más inútil que la del disidente mudo.
WASHINGTON, sábado, 13 mayo 2006 (ZENIT.org).- La Comisión para la Libertad Religiosa Internacional de Estados Unidos ha publicado la semana pasada su informe anual sobre la situación mundial. Ha anunciado también las recomendaciones de este año para el secretario de estado sobre «países de especial preocupación», CPCs en la jerga del gobierno.
Según la Ley sobre Libertad Religiosa Internacional de 1998, Estados Unidos designa como CPCs a aquellos países cuyos gobiernos están implicados o toleran violaciones sistemáticas y manifiestas del derecho universal a la libertad de religión o creencia.
Tras el informe del año pasado, la Secretaria de Estado, Condoleeza Rice, designó como CPCs los siguientes países: Corea del Norte, Eritrea, Irán, China, Arabia Saudí, Sudán, Vietnam y Myanmar (la antigua Birmania). El informe de esta semana recomendaba que estos ocho países siguieran en la lista, y que se añadieran Uzbekistán, Turkmenistán y Pakistán.
La comisión, o USCIRF para ser breves, también tiene una «lista de observación» de países con graves problemas en cuanto a libertad religiosa. El informe de este año añadía Afganistán a la lista de Bangladesh, Bielorrusia, Cuba, Egipto, Indonesia y Nigeria.
El USCIRF también supervisa de cerca la situación de la India, Rusia y Sri Lanka. Además, continúa estando «especialmente preocupado» por Irak.
Sobre este último, el informe del USCIRF indica que «siguen las cuestiones fundamentales sobre el contenido final de la constitución, y sobre cómo se implementarán las disposiciones sobre libertad religiosa y otros derechos fundamentales a través de la legislación». Como consecuencia, los derechos humanos, incluyendo la libertad religiosa, siguen en peligro. El informe también expresaba su preocupación por la violencia en Irak debida a la intolerancia religiosa, al igual que por los ataques a los lugares de culto.
Están en especial peligro las comunidades minoritarias, incluyendo a los cristianos irakíes. Debido a la violencia continuada, los cristianos están abandonando el país, y el USCIRF advertía que el éxodo puede significar el fin de una larga presencia cristiana.
Post-Talibán
En cuanto a la presencia de Afganistán en la lista de observación, el informe comentaba que las condiciones han mejorado desde los días del régimen talibán, pero que el año pasado ha sido problemático para la libertad religiosa.
La nueva constitución afgana tiene defectos, que incluyen la falta de protecciones claras del derecho de religión o creencia, indicaba el informe. Esto tiene como resultado un creciente número de procesos penales y otras actuaciones oficiales contra los individuos.
Los defectos constitucionales se han visto exacerbados por el Tribunal Supremo del país, «que sigue siendo dirigido por un Juez que rechazó la ayuda sobre estándares internacionales de derechos humanos de la Comisión».
Además, la falta de control eficaz por parte del gobierno de la mayor parte del país, a excepción de los alrededores de la capital, Kabul, ha llevado a un deterioro progresivo de la situación de la libertad religiosa y de otros derechos humanos en muchas provincias.
Visita a China
China, por su parte, ha aumentado su control sobre los líderes religiosos, afirmaba el informe norteamericano. Los miembros del USCIRF han visitado China por primera vez el pasado agosto. Entre otras reuniones, se encontraron con representantes de las organizaciones religiosas «patrióticas». Estos organismos aprobados oficialmente se limitan a cinco creencias: budismo, catolicismo, Islam, protestantismo y taoísmo.
El coste del reconocimiento oficial ha sido alto, observaba el USCIRF. Las organizaciones aprobadas deben someterse a que el gobierno controle sus actividades. También han aceptado restricciones sobre qué doctrinas y tradiciones pueden enseñar. Se ha informado de que algunos líderes cristianos han tenido que refrenarse sobre las enseñanzas que implican la segunda venida de Jesús, la sanación divina, la práctica del ayuno, y el nacimiento virginal.
«La mayoría de la práctica religiosa en China tiene lugar fuera del sistema de las organizaciones aprobadas por el gobierno», indicaba el informe del USCIRF. Esto a pesar de las graves penas legales para quienes se implican en actividades religiosas no aprobadas.
Los budistas en el Tíbet y los musulmanes en la región de Xinjiang también se enfrentan a graves restricciones en la práctica de sus religiones, y el informe acusaba a las autoridades de graves abusos de los derechos humanos en estas dos regiones.
Otro país de la lista CPC es Vietnam. El gobierno «sigue cometiendo violaciones sistemáticas y manifiestas de la libertad de religión o creencia», indicaba el informe. En mayo del 2005, el departamento de estado de Estados Unidos anunció un acuerdo con Hanoi sobre algunas directrices que demostraran una mejoría en las condiciones de la libertad religiosa.
«El expediente de cumplimiento de este acuerdo por parte de Vietnam tiene altos y bajos», sostenía el USCIRF. Algunos presos han sido liberados y se ha abierto un cierto número de lugares de culto religioso. Se han suavizado algunas de las restricciones a los budistas y católicas. Pero todavía existen restricciones.
África en conflicto
Sudán ha sido otro país señalado con preocupación en el informe. El 9 de enero de 2005, las partes en conflicto en la guerra civil norte-sur firmaron un acuerdo de paz. Las disposiciones sobre libertad religiosa, no obstante, no han sido respetadas, según el informe norteamericano.
La situación ha mejorado algo en el sur, según el informe. Pero en la parte norte de Sudán todos los habitantes, incluidos los cristianos y los seguidores de las religiones tradicionales africanas, están sujetos a la Charia, o ley islámica. Se requiere la aprobación del gobierno para la construcción y uso de lugares de culto, y aunque se conceden con regularidad permisos para construir mezquitas, normalmente se deniega el permiso para construir iglesias. De hecho, durante más de 30 años, el gobierno ha negado el permiso para construir iglesias católicas en las zonas bajo su control.
Se suele atacar las iglesias construidas sin permiso. Además, las propiedades de la iglesia que han sido reconocidas legalmente son vulnerables de ser expropiadas. El informe observaba el caso de unas instalaciones recreativas católicas que fueron confiscadas por el gobierno para el uso privado del Partido del Congreso Nacional.
Aunque no se ha aplicado en los últimos años, todavía existe en Sudán la pena de muerte por apostasía del Islam. Los convertidos al cristianismo se enfrentan, por lo general, a tantas presiones sociales y acosos oficiales que no pueden permanecer en el país.
La religión también es un elemento de conflicto en Nigeria. El informe norteamericano indica que, desde que el presidente Olusegun Obasanjo llegó al poder por elección popular en 1999, más de 10.000 nigerianos han sido asesinados en ataques sectarios y comunales y por represalias entre musulmanes y cristianos. Los últimos conflictos incluyen el asesinato de al menos 120 musulmanes y cristianos durante las protestas de febrero pasado sobre las caricaturas del profeta Mahoma. Las protestas han fomentado las tensiones religiosas y étnicas.
Los cristianos en los estados del norte, donde se ha adoptado la Shariah, se quejan de discriminación por parte de los gobiernos controlados por musulmanes y hablan de sus comunidades como de ciudadanos de segunda clase.
Financiar el odio
Otro país que ha sido incluido en la lista negra del USCIRF es Arabia Saudí. El informe de este año comentaba que el gobierno sigue prohibiendo cualquier forma de expresión pública religiosa que no sea de la escuela del Islam sunní oficialmente reconocida. Las autoridades también reprimen la práctica religiosa privada.
El informe acusaba también al gobierno saudí de seguir financiando «actividades a través del mundo que apoyan una extrema intolerancia religiosa, el odio, y, en algunos casos, la violencia hacia los no musulmanes y los musulmanes no afectos».
La violencia por motivos religiosos persiste en Pakistán, el informe observaba que esto explicaba por qué se recomendó que el país se añadiera a la lista CPC. Además, la respuesta del gobierno a este problema, aunque ha mejorado «sigue siendo insuficiente y no totalmente eficaz».
El informe observaba que algunas de las leyes del país implican penas de prisión por motivos de religión o creencias. La situación se complica dada la alianza política del gobierno pakistaní con los partidos religiosos militantes, que ha reforzado a estos grupos y les ha dado influencia en los asuntos del país.
Una tendencia que va contra la corriente de la separación entre la Iglesia y el Estado. ZSI06051302