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Políticamente... conservador

Alarma: el nuevo totalitarismo en la 'educación para ciudadanía'

Variante moderna de la Formación del Espíritu Nacional, trata a los creyentes como el Imperio Británico a los indígenas coloniales: ignorantes a reeducar.

 

Vivimos bajo la amenaza de un nuevo totalitarismo cuyo mayor peligro radica en que se presenta disfrazado de todo lo contrario, aunque el ropaje sea lo suficientemente burdo como para que no oculte la realidad de la pretensión: configurar la sociedad bajo un solo modelo de pensamiento. Se trata de un totalitarismo blando, “soft”.

 

Pero atención esta disponibilidad plástica no significa menor peligro. Se trata de una textura y un comportamiento de ameba, y como este ser unicelular, atrapa en su blandura a sus presas y las disuelve para consumirlas.

 

Esto es el proyecto de educación para la ciudadanía, que una vez se van conociendo intenciones y contenidos confirman el miedo a que sea la versión postmoderna de la “Formación del Espíritu Nacional” del franquismo.

 

La Universidad Carlos III y la fundación CIVES, han puesto a punto el contenido de lo que puede ser la “Educación para la Ciudadanía” que está construida sobre un solo criterio: la exclusión del hecho religioso y el juicio al mismo desde el laicismo. Se trata de dar una formación “democrática y laica” es decir, lo de siempre, la democracia adjetivada, como en su momento se han impartido las democracias orgánicas o las democracias populares de los países del Este.

 

En su exposición de motivos se cargan a la “derecha conservadora” como si ésta no tuviera papel en una democracia normal, y llaman al que exista alternativa a la clase de religión, “contrarreforma educativa”. A quienes se oponen al intento de adoctrinar a nuestros hijos, les llaman “sectores ultra confesionales” y a pesar de ello, se autocalifican de “dialogantes, pluralistas y multiculturales”.

 

Pero no se trata de hipocresía, es algo peor, simplemente se lo creen. Ser democrático y pluricultural es simplemente y solamente, pensar como ellos.

 

El Estado se declara con el derecho de educar a nuestros hijos, un hecho insólito en una sociedad democrática, pero así está formulado en la doctrina del texto que comentamos. Se reinterpreta la constitución y se le da un carácter laicista con el marchamo incuestionable de la escuela de Peces Barba.

 

Califica al predominio de la religión católica en España de “pluralismo desequilibrado”, una anomalía que, por consiguiente, se debe corregir. Cuando decide meterse en honduras para establecer un código moral común, el texto se vuelve ininteligible por tautológico, o simplemente tópico, como cuando pretende que la sociedad se organice “sobre la base de una laicidad abierta, dinámica y flexible”. Porque este es el objetivo de la educación cívica, adoctrinar a los ciudadanos para la laicidad.

 

El temario está marcado por orientaciones morales determinadas en muchos aspectos, la concepción del hombre, de la mujer, lo que significa la vida, la orientación sexual. Este último aspecto será la puerta de entrada para formar a nuestros hijos en la homosexualidad.

 

Asimismo, introduce el adoctrinamiento sobre el agnosticismo y el ateísmo que, de esta manera, penetraría de la mano del propio Estado en la formación escolar.

 

La religión es presentada bajo estos términos: “la respuesta de la religión: mitos y leyendas religiosas, monoteísmos, politeísmos y panteísmos”. Es decir, se va a enseñar la religión bajo la perspectiva de quien trata una leyenda, metiendo en un mismo saco al cristianismo, al hinduismo y al chamanismo, por citar tres referencias concretas de este apartado.

 

Estamos, sin duda, ante el intento sistemático más importante que nunca se ha producido en España de configurar una mentalidad beligerantemente laicista entre los jóvenes, adoctrinarlos en principios morales acordes con ella y presentar la religión como algo propio de una creencia mítica, más o menos como la sociedad británica del Imperio presentaba a los “indígenas”, como unos seres que debían ser reeducados.

 

El que el procedimiento se revista de formas ligadas a las formalidades democráticas no altera el contenido. El problema está ahí, ahora hace falta ver como la sociedad civil y sus instituciones responden a este totalitarismo que viene.

 

Forum Libertas, 8 de marzo de 2006

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