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Políticamente... conservador

El Estado, contra los padres

A este gobierno la responsabilidad de los padres con la educación de sus hijos le importa poco. Lo considera tan superfluo que se dedica a adoptar medidas que desvirtúan la naturaleza del significado de ser padre y ser madre, así como sus atributos.

La historia no es de ahora mismo como lo revela el Código Penal modificado en 1995 y que situó la edad de emancipación sexual en los 14 años, la más baja de Europa.

Pero en la era Zapatero las medidas en este sentido, por acción u omisión, se han multiplicado. Véase por ejemplo la nueva ley de educación que relega a los padres a la inexistencia, al tiempo que crea la categoría del comisario político municipal para intervenir en los centros concertados.

Lo legislado en el Código Civil, donde el padre y la madre como instituciones específicas desaparecen y son substituidas por el asexuado “progenitor”, hasta la ley de fecundación asistida que convierte la maternidad en la realización de un deseo machacando todas las condiciones, edad, salud, pareja, que necesita la familia de un niño para venir al mundo, en un proceso tan forzado como es éste.

Pero no es solo en el plano de las leyes donde se actúa, porque la acción de gobierno incorpora medidas eficacísimas en el día a día. Véase el caso de la pastilla abortiva del día después dispensada sin acto médico y, lo que seguramente es peor, sin conocimiento de los padres.

También la nueva línea interpretativa del “adolescente maduro” que justificaría el aborto sin necesidad del consentimiento de los padres. Cada vez más se les acorrala en un ámbito donde sus responsabilidades son enormes, como mínimo mantener a los hijos hasta la mayoría de edad, incluso la emancipación económica, mientras que les son recortadas sus atribuciones.

Un padre no puede evitar legalmente que su hijo Juan de 14 años se eche como pareja a Pedro, un concejal de 50 años.

Tampoco recibe información sobre los estragos nocturnos que puede registrar su hija en materia sexual.

Ahora, la ministra de Sanidad introduce una nueva reducción del papel de los padres. Constatado el problema de los niños obesos en España, manifestada su incapacidad para que se retiren las máquinas que expenden refrescos, patatas fritas y bollería de los colegios, como han hecho en Francia y en Estados Unidos; vista su incapacidad para establecer normas generales, subrayemos lo de generales porque es muy importante, sobre los menús del comedor escolar, ha decidido intervenir “manu militari” sobre los niños obesos y sus familias.

La señora Salgado establecerá menús diferentes a la hora de comer para los escolares que califiquen de obesos y los obligara a participar tanto a ellos como a sus familiares en actividades extraescolares para fomentar la nutrición saludable.

Es decir, en lugar de promover unas pautas alimenticias sanas para todos, se dedicará a señalar con el dedo, a estigmatizar a los obesos, para que así puedan ser todavía más objeto de burla por parte de sus compañeros. Su argumento sobre este último punto es “que no se puede caer en la inacción”.

Que diga esto la señora ministra responsable de la más perfecta inacción en relación a las listas de espera de la sanidad pública y el escándalo de Forum Filatélico y Afisa, es ridículo. Al proponer estas medidas la Sra. Salgado demuestra que es una perfecta irresponsable, que no entiende nada de educación y, mucho nos tememos, que sepa lo mismo de sanidad pública.

Son los padres quienes deben asumir la educación de sus hijos, con la ayuda personal y privada de tutores y maestros, sin caer en el grave error pedagógico de las “listas de gordos”. La escuela debe limitarse por la vía del ejemplo a promover la alimentación saludable para todos, sin máquinas de engordar y con menús saludables adaptados a las peticiones dietéticas justificadas, y religiosas que los propios padres puedan formular.

Eso es todo. Y ya sería mucho.

Editorial de Forum Libertas, 14 de julio de 2006

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