Blogia

Políticamente... conservador

George Orwell: No he de callar...

George Orwell: No he de callar...


Dice el chiste que los bilbainos nacen donde les da la gana (en Cuenca pues, si les apetese). Podríamos decir tres cuartos de lo mismo de los hijos de la Gran Bretaña. De Orwell el primero, "tan inglés que nació en la India" (Julia Escobar dixit). Como Rushdie, Salman Rushdie, o como Hector Hugh Munro, Saki para los amigos de su prosa hilarante y brillantísima; como Thackeray y, en fin, como Rudyard Kipling, cantor por excelencia del Imperio de Su Majestad (la perenne reina Victoria, por aquel entonces).

Nació en la India, decimos; en 1903, en Motihari, un lugar cercano a la frontera con el Nepal, y se crió en Birmania, en el seno de una familia de la lower upper middle class –del estrato más bajo de la clase media alta, para entendernos–. Lo cual significaba, entre otras cosas, que el matrimonio Blair no andaba económicamente como para tirar cohetes, y sólo gracias a una beca pudo el chico, Eric Arthur le llamaron, estudiar en Eton, el college más elitista de Inglaterra.

En buena hora: cuatro años negros (1917-21) pasó en aquellas aulas, respirando aquel ambiente que le sacaba de quicio. Después lió el petate, abandonó la Madre Patria y regresó a la Chica, a probar fortuna en la Policía Imperial. Aquello fue salir de Guatemala para caer de bruces en Guatepeor: y es que la empresa colonial británica le traía por el camino de la amargura. Cansado y con mucho asco en las entrañas, volvió a poner tierra de por medio, de nuevo rumbo a Europa.

Llegaron entonces los tiempos del vagabundeo, de los albergues infectos, de las pensiones destartaladas; de tomarle el pulso a la mala vida. Y luego de contarlo; en su primera obra: Sin blanca en París y Londres (1933), que ya firma como George Orwell. (Dos diferentes versiones de por qué se decantó por el pseudonimato, aquí y aquí).

Y más tarde, España. Vino a luchar contra el fascismo y se llevó un tiro mientras combatía en el frente del Ebro (mayo del 37), lo cual entraba dentro de lo previsible. Lo malo vino después, cuando hubo de abandonar nuestra patria huyendo de sus compañeros de barricada, los comunistas, luego de que éstos desataran una cacería formidable contra todo aquel que no comulgara con la rueda de molino estalinista.

Su experiencia española ha quedado para la posteridad en Homenaje a Cataluña (1938), para muchos su mejor libro. Le costó dios y ayuda encontrar un editor que quisiera publicarlo, y más aún le costó ver en las librerías su siguiente obra, Rebelión en la granja (1945). El motivo fue el mismo en ambos casos: reducía a cenizas el paraíso soviético, en el que tantos creían en aquella hora.

Pero resistió y venció, por hablar en celiano (de Cela, se entiende), y sus yo acuso se publicaron y vendieron, e influyeron notabilísimamente en la opinión pública. Como prefacio a su celebérrima fábula política puso un texto nada endomingado ni huero y sí muy suyo, o sea, directo y claro desde el mero título: 'La libertad de prensa', en el que se pueden/deben leer cosas como las que siguen:

"En este país [Inglaterra], la cobardía intelectual es el peor enemigo al que han de hacer frente periodistas y escritores en general"; "Las ideas impopulares, según se ha visto, pueden ser silenciadas, y los hechos desagradables ocultarse sin necesidad de ninguna prohibición oficial"; "Será raro que alguien pueda publicar un ataque contra Stalin, pero es muy socorrido atacar a Churchill desde cualquier clase de libro o periódico";

o, y por no reproducir aquí el prefacio entero:

"La tolerancia y la honradez intelectual están muy arraigadas en Inglaterra, pero no son indestructibles, y si siguen manteniéndose es, en buena parte, con gran esfuerzo. El resultado de predicar doctrinas totalitarias es que lleva a los pueblos libres a confundir lo que es peligroso y lo que no lo es".

Cuatro años después (1949) publicaba su otra obra más famosa: 1984, otro ataque demoledor contra el totalitarismo. Gentes como Neil Postman la adscribieron al género profético-apocalíptico (y añadieron que Huxley, con Un mundo feliz, y no Orwell fue quien dio en el clavo). Otros, nuestro Carlos Semprún sin ir más lejos, sostienen en cambio que "nada tiene de libro futurista: es la novela de la URSS, del totalitarismo comunista, jamás tan potente e imperial que como cuando [la] redactó y publicó".

La compuso en "la casa menos habitable de las Islas Británicas", si hemos de creer a un amigo que se acercó hasta aquella granja sin luz ni teléfono de la isla de Jura, en plenas Hébridas Interiores (E. Jordá, 'El revolucionario conservador', ABC Cultural, 21-VI-2003).

Ya no le dio más de sí la vida: Orwell, que nunca gozó de buena salud, murió víctima de la tuberculosis en enero del año 50. Pero mantuvo la pluma en alto hasta el último momento, tecleando "sin uñas en una máquina de escribir, acusándose de no haber trabajado lo suficiente" (Jordá, ibídem).

Llega la hora de echar el cierre, y nos pilla rumiando una certeza: cuánto mejor que una fotografía retratan a este San Jorge laico, azote de liberticidas y escribas sentados, los memorables versos del gran poeta:

No he de callar, por más que con el dedo,

ya tocando la boca o ya la frente,

silencio avises o amenaces miedo.

Por Mario Noya


Libertad Digital, suplemento Fin de Semana, 22 de julio de 2006

 

La vietnamización de Irak en los medios

Lo más destacado de este mes en Oriente Medio ha sido la resolución del problema Zarqaui. Sin embargo, con independencia de los éxitos logrados, el pueblo americano debe examinar y comprender la manera en que los principales medios cubren los acontecimientos de la región.

No escribo como blogger, espectador o experto instantáneo, figuras tan comunes hoy en día. Fui durante diez años reportero de primera línea en el San Francisco Chronicle, y resulté elegido secretario del sindicato del periódico, a pesar de mi reaganismo confeso. Conozco lo peor de los principales medios como Jonás conocía a la ballena: he estado dentro.

El "secreto" de la mendacidad del mainstream media es simple: los medios padecen un síndrome de Vietnam; uno distinto del típico "síndrome de Vietnam", de orden político y que se refleja, por ejemplo, en el temor a una intervención norteamericana en el extranjero. Los directivos, los redactores jefe, los reporteros, casi todos son miembros o productos de la generación de Vietnam, como yo. Pero, al contrario de los que fuimos izquierdistas y crecimos, la mayoría del mainstream media está obsesionada con una cosa: vietnamizar todo conflicto en el que América tenga intereses. Vietnam es su salvaguarda, el chupete pacifista que consigue que los bebés llorones duerman por las noches, incluso cuando ya han cumplido los 60 años.

Hagamos un repaso de lo que sucedió en Vietnam:

1) Estados Unidos hizo frente a un enemigo dotado de una significativa tradición marcial y una mezcolanza, desgraciada pero muy vigorosa, de nacionalismo y comunismo.

2) El enemigo vietnamita disfrutó, en distintas etapas del conflicto, del apoyo ilimitado de China y Rusia.

3) El Ejército americano se basaba en el servicio militar obligatorio.

4) La URSS, luego de desbancar a China como principal patrocinador de Hanoi, invirtió ingentes recursos políticos y económicos en esparcir por el mundo la especie de que EEUU era un monstruo imperialista.

Si pudiera establecerse alguna relación entre los puntos precedentes sería entre el tercero y el cuarto. La impopular leva y los conflictos sociales de los años 60 confluyeron con el esfuerzo propagandístico soviético para instilar en los americanos un derrotismo formidable.

Comparemos ahora Irak y Vietnam:

1) A diferencia de lo que ocurría con los vietnamitas, los iraquíes –excepto los kurdos– carecen de tradición de combate.

2) A diferencia de Vietnam, Irak no posee una identidad nacional. Irak es un país artificial desgajado del Imperio Otomano por los británicos. Alberga dos grandes comunidades lingüísticas (la árabe y la kurda) y dos tradiciones islámicas (sunnita y chiita), así como cristianos y otras minorías.

Las diferencias entre los budistas, los cristianos y las diversas sectas y minorías nacionales presentes en Indochina no son comparables con las que se dan en Irak. En Vietnam se podían explotar las rivalidades, pero se mantenían bajo control. En cambio, la tentativa wahabí de emprender en Irak una guerra contra los chiíes, los sufíes y los demás musulmanes es letalmente grave y tiende al descontrol, aunque puede ser, y será, derrotada.

El principal punto de contraste con Vietnam, y el asunto más importante para la coalición liderada por Estados Unidos, es éste: los chiitas y los sunníes nunca se unirán contra los Estados Unidos, a pesar de los comentarios recogidos en las calles de Bagdad por los gandules que trabajan para el mainstream media y los análisis de pega esparcidos por todo Occidente por los expertos de pega. Simplemente, esa conjunción no se va a producir. Por primera vez en toda su historia, los árabes chiitas han logrado hacerse con el control de sus lugares sagrados, Karbala y Nayaf; y lo han logrado gracias a George W. Bush. Nada cambiará ese hecho, ni siquiera una descomunal cantidad de desinformación propagandística.

3) En EEUU ya no hay servicio obligatorio. Como persona creyente, me gustaría sentir compasión por la estridente predicadora de la desmoralización, Cindy Sheehan, pero no puedo. Su hijo se alistó voluntariamente en las Fuerzas Armadas. Si no comprendió los riesgos de la batalla, la culpa es de ella por no haberlo educado bien. La Constitución no exige al presidente Bush someter a referéndum las decisiones relacionadas con la guerra, y, ciertamente, no está obligado a asumir las locuras izquierdosas de una bocazas de Berkeley.

4) Si bien los terroristas que operan en Irak cuentan con apoyos procedentes de Arabia Saudí y de todo el mundo wahabí, no disponen ni de los recursos ni de la capacidad intelectual de que disponían los comunistas soviéticos durante la guerra de Vietnam. La campaña islamista para minar el apoyo americano a la democratización de Irak ha obtenido unos pobres resultados, si se los compara con los que obtuvo el movimiento contra la guerra de Vietnam. En este punto, la izquierda radical ya no pesa tanto.

A pesar de las diferencias, los zombies de los grandes medios y los políticos demagogos pretenden convertir Irak en Vietnam. Parecen pensar que 1968 no acabará nunca y que América jamás estará a la altura de sus responsabilidades, como potencia global hegemónica, para con la democracia. Se equivocan.

Zarqaui está muerto. Ninguna muerte de ninguna figura norvietnamita o del Vietcong produjo un impacto tan negativo en la moral del enemigo. En Irak, Al Qaeda es una panda de irregulares. No es el Ejército de Vietnam del Norte.

Puede que los iraquíes quieran que los extranjeros abandonen el país, pero después que los yihadistas extranjeros; y es que no quieren vivir bajo un régimen de estilo talibán o saudí-wahabí. Quedó claro después de la batalla de Faluya: a los iraquíes les encantó ver el final del dominio yihadista, y cómo las tropas norteamericanas ponían en fuga a los criminales de Zarqaui.

Yo, como Laura Bush y tantos otros, creo que los americanos quieren mantener el rumbo en Irak. No obstante, el mainstream media continuará empeñado en convertir Irak en Vietnam. Ignorará las noticias importantes, distorsionará otras y hará uso y abuso de los titulares rimbombantes. Buscará paralelos con My Lai. Intentará atribuir más relevancia a Abú Grhaib que al 11-S. Afirmará, de la mano de sus pseudoexpertos, que la muerte de Zarqaui podría hacer aún más intensa la campaña de terror, bajo las órdenes de su sustituto. ¿De veras? ¿La muerte de Hitler llevó a una renovada ofensiva nazi? ¿La muerte de Stalin dio vida al comunismo? Sólo los que no piensan podrían aceptar las estupideces evacuadas por los medios y sus pseudoautoridades.

Algunos observadores califican de espejismo la democracia en Oriente Medio. No lo es; pero, incluso si lo fuera, se trata de un concepto más honorable que ese otro espejismo, el de los "dos, tres, muchos Vietnam" (que diría el Che) en Oriente Medio que difunden los grandes medios y la idiocracia política.

Por Stephen Schwartz (Suleiman Ahmed Schwartz), musulmán sufí. Es el director ejecutivo del Centro por el Pluralismo Islámico, con sede en Washington.

Libertad Digital, suplemento Ideas, 19 de julio de 2006

Esperanza Aguirre recuerda a Zapatero que la Segunda República condujo a la mayor tragedia de nuestra historia

 

Esperanza Aguirre, la presidenta de la Comunidad de Madrid fue entrevistada ayer en el periódico el Mundo, donde asegura que “la gran obsesión del presidente del Gobierno es cambiar las reglas de juego.” Aguirre recuerda también que el modelo de Zapatero es la Segunda República

Esperanza Aguirre afirma que el presidente del Gobierno “está dando oxígeno a ETA y que mintió al afirmar que primero sería la paz y luego la política.” Aguirre asegura que “la gran obsesión del presidente del Gobierno es cambiar las reglas de juego.”

Además, “hay una voluntad de excluir al PP de la vida política, que comenzó a plasmarse en el Pacto de Tinell, y que está impregnando toda la política de Zapatero. Para nosotros, el PSOE es nuestro adversario político, pero para ellos somos su enemigo; quieren que el PP desaparezca y excluir cualquier posibilidad de que volvamos al poder, ahora y en el futuro.”

Aguirre pone como ejemplo que “todavía estamos esperando a que Zapatero condene algunas de las agresiones a la sede del PP, los insultos a nuestros líderes en la campaña electoral catalana, o los hechos ocurridos la semana pasada. Calla, luego otorga, porque quiere sacarnos del mapa como sea.”

Análisis Digital, 23 de julio de 2006

Violencia, religión y laicismo

¿DÓNDE estaba Dios? Esta era la pregunta que Benedicto XVI formulaba en Auschwitz, el mayor símbolo del mal y del terror que dejó el siglo XX. La misma cuestión podría plantearse en los trenes de Atocha o de Bombay; y la respuesta es obvia: Dios estaba allí mismo, en aquel terrible lugar, entre las víctimas, recluido en sus conciencias, pues a ese sitio le había confinado el nacional-socialismo. El laicismo de aquella ideología desterró a Dios de la sociedad alemana, y lo relegó al ámbito privado. Mató a Dios y lo sustituyó por el volckgeist, por la raza aria. Lo mismo había sucedido desde 1917 con la revolución soviética. Dios fue expulsado del ámbito público; y la religión, definida como el opio del pueblo, fue sustituida por el marxismo: «la única y auténtica verdad científica». Las ideologías políticas siempre han confundido la laicidad, que significa la necesaria separación entre lo espiritual y lo temporal, César y Dios, con el laicismo. Este exige que Dios desaparezca del ámbito público, para que sólo quede el César. El problema es que terminan suprimiendo la religión, matan a Dios, y se convierten en religiones laicas sustitutas, reemplazando a Dios por ideas tales como nación, raza o clase proletaria.

El Papa, en Valencia, ha vuelto a prevenir del nuevo laicismo ideológico que nos predican. «Prescindir de Dios, actuar como si no existiera, o relegar la fe al ámbito meramente privado, socava la verdad del hombre, e hipoteca el futuro de la cultura y de la sociedad». En esta coyuntura, el laicismo se presenta levantando la bandera de la paz, frente a la violencia y el terrorismo, que se persuade consecuencia del fanatismo religioso y el fundamentalismo. Esta nueva versión no se satisface con la omisión de Dios, propia del ateísmo tradicional. Postula un ateísmo positivo, una deconstrucción religiosa, que primero realice una crítica y destrucción definitiva de los tres monoteísmos principales, judaísmo, cristianismo e islamismo. Para que después de rechazar cualquier existencia de lo trascendente, entronice a «la vida terrena en único bien verdadero», como catequiza Michel Onfray. Así se conseguirá el pleno hedonismo; es decir, el bienestar y la emancipación de los cuerpos y las mentes de mujeres y hombres; que, como escribía el citado, «solamente puede producirse mediante una descristianización radical de la sociedad».

Esta es la idea que se quiere transmitir de Dios y la religión por el pensamiento hegemónico. Identificando al fundamentalismo con la religión, se presenta a esta como el primer factor determinante de la violencia en el mundo actual. Muestras de ello lo constituyen frases tales como la expresada por Pilar Manjón: «Las religiones monoteístas dan muertos». O análisis como el formulado por Slavoj Zizek, afirmando que hoy en día «la religión aparece como fuente de una violencia exterminadora de un extremo a otro del mundo», manifestada en «las acciones de los fundamentalistas cristianos, musulmanes o hindúes». O bien el realizado por Salman Rushdie, considerando que las religiones monoteístas se han convertido en el principal problema de las democracias occidentales. Al cabo, para acabar con estos conflictos, la solución que se nos propone es fácil: el ateísmo.

Escribía Zizek que «el ateísmo es un legado europeo por el que merece la pena luchar», pues genera un espacio público en donde los creyentes pueden sentirse a gusto. Si para encontrar esa herencia en Europa hay que hallarla en la Revolución Francesa, entonces sí estará en peligro la religión. Pero todos ellos olvidan que el espacio público democrático nació en las colonias americanas, precisamente para garantizar la libertad de cultos. Que representa la dimensión pública, propia del carácter comunitario que tienen todas las religiones positivas. Puesto que para creer basta con la conciencia individual, no es necesaria la democracia. Como así sufrieron los ciudadanos europeos que vivieron tras el telón de acero, incluida la devastada tierra del yugoslavo.

Esta oportunista concepción laicista puede tener su eco en el planteamiento pacifista de nuestro Gobierno. En esta dialéctica es fácil caer en la tentación de contraponer paz y religión, y deducir la necesidad de suprimir esta para poder culminar con éxito el proyecto demagógico de paz en el que están empeñados, que les permita continuar en el poder. Como siempre, existe una gran mentira ideológica: el fundamentalismo no es una cuestión religiosa, es una cuestión política.

Porque el fundamentalismo es la ideologización política de la religión; es convertir una determinada religión en una ideología política, que sirva de instrumento revolucionario para conquistar y mantener el poder. El problema es de la política, no de la religión; menos del cristianismo, en cuyo origen está el «dar a Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César», y separar lo espiritual de lo temporal. El cristianismo no puede prometer el paraíso en la historia como si fuera una ideología política. «Pues mi reino no es de este mundo, si fuera...». Sí, definitivamente Dios estaba en los campos de concentración alemanes, en los hábitos carmelitas de las hermanas Stein; con su pueblo: el pueblo judío. Pues, como el propio Benedicto XVI dijo en otra ocasión: Dios no está entre los crucificadores, sino entre los crucificados.

Por JESÚS TRILLO-FIGUEROA MARTÍNEZ-CONDE. Abogado del Estado

ABC, 22 de julio de 2006.

Los falsos mitos de hoy, y sus remedios

La religión laica nos pide que seamos invulnerables, infalibles e inflexibles.

La religión “laica” tiene unos mitos, para situarse en el éxito, sin fallos o al menos que no se noten, proponiendo un “modelo” que hay que seguir...

Thomas Wiliams analiza tres de ellos: la invulnerabilidad, la infalibilidad, y la inflexibilidad.

En primer lugar, no podemos estar todo el día en tensión estresante para no ofrecer nuestro “lado malo”: somos vulnerables y es bueno que así sea, la imperfección es una cualidad que evita el hundirse, fomenta la esperanza de ir mejorando, en una maduración progresiva.

Es más, eso nos permite poner más atención y evitar las piedras que nos hacen tropezar, pues como dice Pope, «los necios corren allí donde los ángeles no se atreven ni a pisar».

El fundamento de nuestra confianza no ha de ser la mentira de la feria de las vanidades, el cartón repintado, sino la grandeza de la verdad del hombre, como decía Machado: “¿tu verdad? No: la verdad. Ven conmigo a buscarla. La tuya guárdatela”.


Por eso, no nos preocupa conocer que tenemos fallos: la humildad nos permite conocer nuestros límites, y –a partir de la realidad de “encontrarse existiendo”, de estar contentos ante la vida-, siempre tendremos un punto de insatisfacción como el artista que vive en la esperanza de acabar mejor su obra.


La rigidez puede aparecer si falta la sinceridad por debilidad o malicia, como vemos en los “talibanes” de hoy (tanto fundamentalistas religiosos como laicistas), hay como una falta de juicio...

Ante esa falsa cultura, una conciencia formada nos lleva a ser flexibles, a tener cierta al "relajación" o "distensión", y no tomarnos las cosas a la tremenda, saber reír, gozar de las cosas sencillas, relativizar los problemas... lo hermoso de la madurez es su armonía: saber reír, conversar, apreciar a los demás, admirar las maravillas de la naturaleza..., cualidades humanas que expresan la belleza de la vida, que sabe descubrir la persona verdaderamente madura.

Hay un tiempo de reír y un tiempo de llorar, tiempo el callar, y tiempo de hablar... tiempo de ponerse serio y tiempo de broma, pues la responsabilidad no está reñida con el buen humor, como dice el libro Eclesiastés... La madurez significa tener la capacidad para discernir entre un tiempo y otro, y para saber lo que conviene en cada ocasión.


Por tanto, ante los tres mitos hay que poner tres realidades: vulnerabilidad, falibilidad, flexibilidad. Como recordaba Mayra Nobledo, tres elementos fundamentales se contraponen a los mitos mencionados: formación de la conciencia, sinceridad de vida y la virtud de la prudencia.

No basta saber las cosas: hay que vivirlas, para que la opción sea verdadera, como no basta proyectar una casa, hay que construirla.

Es muy importante que ante una "religión" laica super-rígida en lo que no es básico (que marca de coche se usa, cómo se cuida la línea, etc.) y que descuida cosas importantes (afectividad, atención a la familia, sentido de la vida...).

El proyecto del hombre (ser imagen de Dios por el conocimiento y el amor) se ha de llevar adelante con el «estado de hombre perfecto, a la madurez de la plenitud de Cristo» (Ef 4, 13), es decir, «revestirse del Hombre Nuevo, creado según Dios, en la justicia y santidad verdaderas» (Ef 4, 24).

Llucià Pou Sabaté

Forum Libertas, 24 de julio de 2006

Felipe González "planta" a jóvenes socialistas y lanza un dardo a ZP

Sonadas son las discrepancias del ex presidente del Gobierno con quien lidera su partido. La última la protagonizó el fin de semana a consecuencia de la foto del pañuelo palestino.


El ex presidente del Gobierno, Felipe González, era una de las estrellas principales que se esperaban en el festival internacional que las Juventudes Socialistas de todo el mundo han celebrado durante toda esta semana pasada en la Universidad de Alicante.

Su esperada presencia -prevista para el pasado viernes 21 de julio- no se produjo por lo que unos desconcertados organizadores no supieron dar explicación alguna a esta ausencia. Y es que González ni se molestó -según señalan- en anunciar previamente su ausencia. Así que con cara de circunstancias, y por lo que cuentan los asistentes muy contrariada, la ministra de Medio Ambiente, Cristina Narbona, asumía parte del contenido de la disertación que tendría que haber protagonizado el ex presidente del Gobierno.

Inmediatamente después de asumir que el gurú del socialismo no iba a acudir a la cita, la organización del congreso trató de ponerse en contacto con el propio González para tratar de ofrecer una explicación del por qué del plante.

Fuentes socialistas cercanas a los organizadores han afirmado a Elsemanaldigital.com que llegaron a hablar con la secretaria personal del ex presidente del Gobierno español aunque "las respuestas fueron evasivas". Fue entonces cuando intervino el artífice del encuentro, el secretario general de las Juventudes Socialistas de España (JSE), el alicantino Herick Campos, quien en conversación telefónica obtuvo respuestas más claras que justificaron la ausencia de Felipe González.

Y las respuestas ofrecidas por el propio González no pudieron ser más contundentes. El ex presidente del Gobierno evitó acudir a la cita porque dijo -según fuentes solventes- no compartir "ni una sola de las palabras y gestos" con los que el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, obsequió a los asistentes durante la jornada de apertura del evento. González "lamentó profundamente" la fotografía de Zapatero con el ya famoso pañuelo palestino, denominado kufiya, y se apuntó, aseguran las mismas fuentes, en buena medida a las tesis del PP que denunció, desde el primer momento el incidente de la fotografía, como "israelofobia" del presidente Zapatero.

González transmitió también a los organizadores que no compartía la línea del foro internacional de jóvenes socialistas a quienes acusó de haber tomado partido por "quienes apoyan acciones terroristas". Además destacó -en su conversación con la organización según las mismas fuentes- que comportamientos como estos "son los que provocan serios conflictos diplomáticos". Con todo ello, el ex presidente se negó a remitir un telegrama, o comunicación, excusando su anunciada asistencia al cónclave.

El encuentro internacional de Juventudes Socialistas, organizado por la Unión Internacional de Juventudes Socialistas y las Juventudes Socialistas de España, ha reunido durante una semana en Alicante a más de 4.500 jóvenes de 120 países diferentes que han tomado, como si de un camping se tratase, la Universidad de Alicante. Situación ésta que ya denunció Elsemanaldigital.com y que ha sembrado el malestar en la comunidad educativa por el uso que el PSOE hace del campus alicantino.

Felipe González tenía previsto asistir el pasado viernes a un debate sobre el desarrollo sostenible.

El Semanal Digital, 24 de julio de 2006

Nace en México una línea directa para opinar sobre programas de televisión

La encabeza la Asociación «A Favor de lo Mejor»

MÉXICO DF, martes, 18 julio 2006 (ZENIT.org-El Observador).- Como un intento de dar voz a los telespectadores, se ha puesto en marcha la línea telefónica «¡eXprésate», alentada por la Asociación «A Favor de lo Mejor».

Surgida de la iniciativa de empresarios católicos, «A Favor de lo Mejor» es actualmente el único contrapeso que tienen las televisiones privadas sobre el contenido de sus programas, a menudo cargados de violencia y propuestas de carácter sexual incluso en el llamado horario infantil.

Con la línea telefónica directa «¡eXprésate», «A Favor de lo Mejor» ha puesto en marcha una campaña para incentivar que el auditorio de las dos grandes cadenas nacionales de televisión (Televisa y TV Azteca), así como de las múltiples emisoras de televisión por cable y vía satélite, pueda exteriorizar su opinión y ésta tenga influencia en la legislación local sobre el tema.

La Asociación –a cuyo frente está Francisco González Garza-- subraya que permanecer pasivos ante mensajes que lesionan los valores de la familia es el peor de los escenarios para acabar con la violencia y el sexo que inundan las pantallas mexicanas.

El lema de la campaña para motivar a los espectadores del país a manifestar su rechazo, o, si es el caso, respaldar programas formativos es: «¡La indiferencia nos perjudica a todos!».

«A Favor de lo Mejor» pone a disposición de todos una línea en la que se puede opinar sobre los contenidos de los medios de comunicación, ya sea una opinión positiva, si el contenido es enriquecedor, o si por el contrario se encuentra el contenido ofensivo, se insiste.

El número de teléfono local es: 01 800 250 25 25. También se puede dirigir un correo electrónico a expresate@afavordelomejor.org.
ZS06071806

Rajoy defiende la Constitución mientras Zapatero se juega España

El presidente del PP, Mariano Rajoy, anunció ayer que su partido presentará un recurso ante el Tribunal Constitucional contra el nuevo Estatuto de Autonomía de Cataluña. Para el centroderecha político "se ha modificado el planteamiento del Estado", ya que José Luis Rodríguez Zapatero ha aceptado que España puede estar compuesta de varias naciones; y además estaría en cuestión la igualdad de los españoles, por la erosión de competencias exclusivas del Estado que Maragall, Mas y Carod-Rovira han logrado con los votos socialistas.


Todo esto es verdad. Sin embargo la realidad es, en cierto, sentido, aún más preocupante.

El 35%" de los votos de una región, Cataluña, ha bastado legalmente para cambiar de hecho la estructura territorial del Estado. Zapatero no consiguió ni con el 11-M una mayoría suficiente para reformar el Título Octavo de la Constitución, ni desde luego los principios generales de los Títulos Preliminar y Primero. Pero una triquiñuela formal le permite legislar contra la Constitución desde los nuevos Estatutos, seguro como está de obtener para eso tanto las mayorías caciquiles necesarias en las distintas regiones y, después, el respaldo del Tribunal Constitucional, politizado.

¿Quiere esto decir que Rajoy no tiene nada que hacer con su recurso y que no hay solución para los males del zapaterismo? Una cierta derecha cobarde y acobardada piensa así, desde su pesimismo atávico. Es la misma derecha que, en nombre de sus prejuicios historicistas, aplaudió o se sonrió cuando Zapatero cabalgó en el islamismo para llegar al poder. Siempre hay un carca dispuesto a pensar que no hay solución, o que ésta debe provenir sólo de la Providencia y de sus derivados.

Es verdad que Zapatero ha metido a España en un atolladero más político que jurídico. Ciertamente la idea de una reforma "de hecho" de la Constitución aprovechando una de las muchas fallas del texto de 1978 demuestra que éste, lejos de ser perfecto, fue el resultado de un compromiso en un momento del pasado. Ese momento está ya lejos de la realidad y aquella componenda demuestra que ha envejecido mal. Pero todo tiene solución, y nada es irreversible.

Técnicamente cualquier Gobierno futuro y cualquier mayoría parlamentaria futura podrán deshacer lo que ahora hace Zapatero, o podrán, por elevación, dejar en papel mojado todas las divagaciones estatutarias. Por eso es importante el recurso del PP: porque revela en el PP y en Rajoy una voluntad de no adaptarse al "nuevo régimen" zapateril, y de corregirlo sin piedad.

Diga lo que diga el Tribunal Constitucional, en el siglo XXI España es una nación. Tan plural como se quiera, pero sólo una nación y sólo una soberanía. Zapatero no lucha contra la Constitución, ni los separatistas catalanes quieren destruir la Constitución, ni ETA pide el fin de la Constitución. Todos ellos están unidos contra el ser histórico de España, que es anterior y superior a la Constitución, y que es lo que verdaderamente debe defenderse de la mentira, de las insidias y de la cobardía.

España no existe porque lo diga la Constitución; España es una nación, un Estado, un sujeto soberano y una comunidad histórica mucho antes de existir esta Constitución. Antes al contrario, la realidad nacional de España es soporte inexcusable de la Carta Magna y de la democracia, que si no no existirían. Por esa razón lo que Rajoy debe defender no es la letra, más o menos equivocada en distintos puntos, de 1978, sino su núcleo esencial: un pueblo, una identidad, una nación, una libertad.

Y esto es, como atinadamente señaló Luis Miguez, un patriotismo español no "de la Constitución, sino en la Constitución". Sobre eso hemos de construir.

 

Pascual Tamburri

 

El Semanal Digital, 23 de julio de 2006