Blogia

Políticamente... conservador

En la calle el número 5 de la revista EL MANIFIESTO CONTRA LA MUERTE DEL ESPÍRITU Y LA TIERRA. “La Juventud: El hundimiento”

Sumario:

Editorial
Aires juveniles

Juventud
Javier Ruiz Portella
¿Juventud, maldito tesoro?


Pascual Tamburri
Una nueva juventud

Génesis García
Del lenguaje al aullido

Herminio Andujar
La dualidad educativa progresista

José Javier Esparza
Los héroes están cansados

Alain de Benoist
La cólera de los estudiantes

A fondo
Leopoldo Alas (versus)
Fernando Sánchez Drago
¿Política? No. Filosofía

H.C.F. Mansilla
Populismo e indigenismo en los países andinos

Un autor
Mariano González Campo
Gottfried Benn.
Una estética de lo inerte

Letras y Lecturas
Jorge Álvarez
¿Tolerantes Maimonides?

José Javier Esparza
¿Por qué es cristiano José Antonio Marina?

Isidro-Juan Palacios
Otros libros

Miscélanea
¡Mienten como bellacos!

El Foro del Manifiesto

Revista de Prensa
Juan Manuel de Prada
Serafín Fanjul
José Jiménez Lozano

 

LA OTRA TRAGEDIA DEL LÍBANO

LA OTRA TRAGEDIA DEL LÍBANO

Ni una sola voz se alzó desde la izquierda cuando el Líbano se convirtió en un títere de Siria tras una cruenta guerra civil en la que miles de cristianos fueron masacrados, expulsados de sus hogares u obligados a abandonar el país. Cuando las voces críticas contra la actuación de Israel arrecian desde esa izquierda y las televisiones nos llenan las retinas de imágenes de niños sufriendo la crueldad de los bombardeos judíos, provocando la lógica indignación popular, convendría recordar que los palestinos no siempre han sido las victimas indefensas de Sabra y Shatila, tal y como se nos quiere hacer creer desde los medios izquierdistas.


La presencia de la OLP de Arafat en el Líbano, tras su traicionero intento de derrocar la monarquía hachemita que había acogido generosamente a los fedayines palestinos, introdujo en el país un factor de desestabilización que llevó a una nación en la que convivían en un complejo equilibrio, cristianos maronitas, junto a musulmanes drusos, sunnitas y chiítas a una larga guerra civil que se saldó con la implantación de un régimen dictatorial controlado por Hafed al Assad y un coste en vidas humanas superior a los 55.000 muertos.

Los palestinos y los sirios atacaron con saña a los cristianos

Entre 1974 y 2000 se suceden ataques lanzados por milicias prosirias y palestinas contra enclaves cristianos, bastante más graves que los hoy protagonizados por Israel, sin que la izquierda española realizase la más mínima condena o simplemente prestase atención alguna a la tragedia.

Localidades como Beit Mellat, Kab Elias, Damour y Jieh, fueron asoladas en una campaña de limpieza étnica en el valle de Bekaa en la que causaron más de 300 muertos. Las iglesias de Damour fueron profanadas y las bandas palestinas cortaron los dedos de niños cristianos para asegurarse de que no pudieran disparar armas.

La intervención siria en 1976 causó más de 500 victimas morales entre los civiles cristianos a consecuencia de los bombardeos que de manera análoga a los hoy realizados por Israel, Siria empleó para imponer su presencia en el Líbano.

Los enfrentamientos entre las tropas sirias y palestinas con las milicias cristianas, representadas por las Falanges Libanesas, alcanzaron su punto álgido a partir de 1978. Emir Bechir Hoche Barada Aintours Checa, y Moiin Hatoum, fueron algunas de las aldeas donde se masacró sin piedad a sus habitantes cristianos, más de 1.000 civiles murieron. Sólo en Deir Dourit, devastada por completo, murieron 263 personas. La milicia privada de Rifaat Assad, hermano del presidente sirio, sitió las zonas que permanecían libres en los suburbios de Beirut y las hizo bombardear durante cinco días y cinco noches, con cañones y morteros, con un saldo de más de sesenta civiles muertos y trescientos heridos. En 1981 los bombardeos de los barrios cristianos de Beirut del Este lanzados por la OLP causaron 2.000 victimas civiles. En septiembre de 1983 más de cien aldeas en la región de Chouf fueron limpiadas étnicamente de cristianos por tropas drusas. En 1990 el general cristiano Michel Aun fue expulsado del poder por las tropas sirias, más de 700 cristianos fueron asesinados en las represalias subsiguientes.

Ni una sola muestra de solidaridad por parte de la izquierda española, que ya ha asignado el papel de victimas y verdugos a su sectaria conveniencia. .

Minuto Digital, 27 de julio de 2006

No sólo en países musulmanes, también en EEUU: Dios entra en campaña electoral

Dios y política van cada vez más unidos en numerosos países de todo el mundo, de EEUU a India, pasando por Oriente Próximo o África. Este fenómeno creciente es objeto de análisis en el último número de Foreign Policy Edición Española, que se pregunta por qué Dios está ganando.

La idea inicial es que "la política global cada vez está más marcada por lo que podríamos llamar la política profética" y que eso viene sucediendo desde finales de los años 70, cuando "el ayatolá Jomeini, el presidente estadounidense Jimmy Carter, el evangélico Jerry Falwell y Juan Pablo II se paseaban por el escenario mundial".

Corriente soterrada
El detallado estudio lo firman los investigadores norteamericanos Timothy Samuel Shah y Monica Duffy Toft. Ambos aclaran que las protestas de miles de musulmanes contra las caricaturas ofensivas con Mahoma no fueron si no las "muestras más recientes de una profunda corriente soterrada que se extiende más allá del mundo musulmán".

Más allá de Alá
En efecto, señalan que "no ha sido Alá el único que ha lanzado todos los rayos", para mencionar, por ejemplo, a los evangélicos de EEUU, "que siguen sorprendiendo al establishment de la política exterior" de su país "con su influencia sobre asuntos sobre libertad religiosa, el tráfico sexual, Sudán y el sida en África".

En la Casa Blanca
Esos movimientos evangelistas cuentan con línea directa con la Casa Blanca. No en vano, "han surgido como una fuerza tan poderosa que en las elecciones presidenciales de 2004", las del segundo mandato de Bush, "la religión fue un factor más fiable de predicción de voto que el sexo, la edad o la clase social", como afirma la edición española de Foreign Policy.

Más religiosidad que nunca
Lo que sucede en EEUU puede trasladarse al 85% de la población, el porcentaje que cubre la Encuesta Mundial de Valores, citada por Samuel Shah y Duffy Toft y, según la cual, "hay más gente que nunca en el mundo con opiniones religiosas tradicionales". Otro estudio muestra que Brasil, China, Nigeria, Rusia, Suráfrica y también EEUU experimentan un "notable incremento de religiosidad".

Por la democracia
El informe va más allá de la radiografía y busca el diagnóstico. ¿Por qué Dios está ganando? Samuel Shah y Duffy Toft atribuyen el fenómeno, "en no poca medida, a la expansión global de la libertad". En síntesis: "Donde los sistemas políticos reflejan los valores del pueblo, normalmente reflejan las fuertes creencias religiosas de éste", explican.

América evangelista
En EEUU, "los evangélicos ejercieron una creciente influencia en el Partido Republicano, porque el proceso de elección presidencial dependía más de las primarias populares". Y en América Latina, la desaparición de "dictadores de izquierdas y derechas" ha convertido a los evangélicos "en un influyente bloque a la hora de votar". En Brasil, representan ya el 10% de los congresistas.

Neo-ortodoxias
Además de la extensión de la democracia, la modernización y las tecnologías también han contribuido a estas "neo-ortodoxias": un término que emplean los responsables del estudio para referirse a los movimientos evangelistas, a los salafistas y wahabitas del Islam o a los pentecostalistas de África, cuya religiosidad es "radical, moderna y conservadora".

Incompatibles
De ahí que Samuel Shah y Duffy Toft concluyan en Foregn Policy poniendo en duda la compatibilidad de la neo-ortodoxia con la democracia que, precisamente, ha contribuido a su expansión.


I.P.A.

elplural.com, 27 de julio de 2006

Comunión y Liberación se da cita en el acontecimiento cultural de más relevancia del verano, la XXVII edición del Meeting de Rímini

El movimiento eclesial Comunión y Liberación celebrará del 20 al 26 de agosto la XXVII edición del Meeting de Rímini (Italia), bajo el lema, 'La razón es exigencia de infinito'

El movimiento eclesial Comunión y Liberación celebrará del 20 al 26 de agosto la XXVII edición del Meeting de Rímini (Italia), bajo el lema, 'La razón es exigencia de infinito'. Las jornadas, que se han convertido en "el encuentro cultural más importante del verano en el ámbito internacional", contará con la presencia de unas 700.000 personas, según informó Comunión y Liberación.

El programa de este año recorrerá todas las cuestiones de la actualidad internacional, especialmente el tema de la libertad religiosa, sobre todo teniendo en cuenta los últimos acontecimientos ocurridos en Oriente Próximo y la relación de la cultura occidental con el islam. La presente edición será inaugurada el día 20 con una misa presidida por el obispo de Rímini, Monseñor Mariano de Nicol, a la que seguirá el acto de apertura que contará con la presencia de la reina Rania Al-Abdullah de Jordania.

Para abordar el tema de la libertad religiosa, pasarán por el Recinto Ferial de Rímini numerosos expertos, entre los que destacará la presencia del profesor de Islamología en la Universidad San José de Beirut y en el Instituto Pontificio Oriental de Roma, Samir Khalil-Samir, quien participará el 21 de agosto en una mesa titulada 'Islam y Occidente. El desafío de la libertad religiosa', junto a la presidenta de la Asociación de Mujeres Marroquíes en Italia, Souad Sbai.

Ese mismo día, por la tarde, se celebrará un encuentro sobre 'El concepto de la razón en el Corán', a cargo del islamólogo Nasr Ab-Zayd, profesor de Estudios Islámicos en la Universidad de Leiden, y Stefano Alberto, profesor de Introducción a la Teología en la Universidad Sacro Cuore de Milán.

Otro tema que se abordará será el de la laicidad en una mesa redonda prevista para el 23 de agosto. El debate contará con la participación de los senadores italianos Rocco Buttiglione y Marcello Pera; el director del Centro de Estudios de Europa Central y del Este, Nikolaus Lobkowicz y el obispo de San Marino y presidente de la Fundación Internacional Juan Pablo II para el Magisterio Social de la Iglesia, monseñor Luigi Negri.

También estarán Carmen Carrón, de la Plataforma para la Familia, que participará en un encuentro sobre la familia; y Javier Prades, responsable de Comunión y Liberación en España, que intervendrá el 22 de agosto con una ponencia titulada '¿Es la razón enemiga del Misterio?'.

Análisis Digital, 26 de julio de 2006

Bush inédito

Los demócratas norteamericanos han hecho muchas tonterías en los últimos treinta años. Lo que no han hecho nunca es dejar de apoyar a Israel. Es uno de los raros puntos en que el consenso que una vez reinó en la política de EEUU permanece intacto. Ahora mismo, demócratas y republicanos apoyan sin fisuras al Gobierno israelí. Saben que sus intereses nacionales coinciden con los de Israel, y que, ante la provocación de los terroristas de Hamás y Hezbolá, Israel no tenía otra opción que desarbolar a estos grupos.

La Alianza de Civilizaciones tiene que organizarle una gira a Moratinos para que explique a los miembros del Partido Demócrata lo equivocados que están en este asunto y lo conveniente que es llevarse bien con los terroristas.

Mientras tanto, hay que apuntar que la pasada semana ha deparado dos novedades importantes, hasta el punto de que Bush ha dado dos pasos nuevos, inéditos en los anales de sus años en la Casa Blanca. El primero consiste en que por primera vez ha vetado una ley votada en el Congreso. Como se sabe, Bush era hasta ahora el primer presidente desde Garfield, en 1881, que no había ejercido nunca el derecho de veto que le otorga la Constitución. Esta actitud había suscitado fuertes críticas entre la coalición liberal-conservadora que le apoyó en las últimas elecciones presidenciales.

Se sabía, por ejemplo, que Bush no estaba de acuerdo con la ley de financiación electoral patrocinada por el senador republicano John McCain y por el demócrata Russ Feingold. Era una ley poco popular entre la derecha norteamericana, que pensaba, y sigue haciéndolo, que cercena la libertad de cada uno para apoyar al partido que le venga en gana. A pesar de todo, Bush la firmó, como ratificó proyectos presupuestarios que suponían un aumento de gasto considerado demagógico y desproporcionado por muchos en la derecha.

Es curioso que un presidente considerado por muchos un radical, incluso un revolucionario, se haya mostrado tan conciliador con el Congreso, incluso cuando, como ocurrió en su primera presidencia, su partido no tenía la mayoría en el Senado.

La ley sobre financiación pública a la investigación con células madre, aprobada por el Senado esta semana después de haber obtenido el visto bueno del Congreso, ha hecho saltar todas las resistencias. Era un trágala para Bush. Habrá quien entienda el veto como un gesto a su propio electorado, en tiempos difíciles como los que corren. Es más probable que Bush se haya negado a ratificar la ley por pura y simple convicción moral. Le enfrentará a algunos miembros importantes de su partido, entre ellos Bill Frist, el líder de la mayoría republicana en el Senado.

No acaban ahí las novedades. Otra muy notable es que Bush ha hablado oficialmente ante la NAACP (esta organización presume de ser la más antigua en la defensa de los derechos civiles. La veteranía se la disputa la NRA, la National Rifle Association, fundada en 1871 y según la cual la posesión de armas es un derecho protegido por la Constitución).

La National Association for Advancement of Colored People (Asociación Nacional para el Progreso de las Personas de Color) fue fundada en 1909 por un grupo de afroamericanos encabezados por W. E. B. DuBois, uno de los líderes más influyentes y probablemente más nefastos que ha padecido la población negra de Estados Unidos.

DuBois pensaba que la vía para la mejora de la situación de los negros debía venir por la acción del Gobierno. Desde la NAACP promovió sus ideas acerca de la prioridad absoluta de la igualdad legal, que debía ser reconocida por el Gobierno como paso previo a cualquier otro avance. Lo primero era la lucha legislativa y política. La económica, es decir la individual, vendría después. El reconocimiento de la población blanca carecía de relevancia.

Durante mucho tiempo estas ideas parecieron exóticas. Prevalecían las de otro líder negro, Broker T. Washington (1856-1915), que había nacido esclavo, consiguió estudiar, fundó una institución universitaria que se convirtió en uno de los grandes centros de promoción de los afroamericanos, el Tuskegee Institute de Alabama, y preconizó siempre el trabajo duro, la confianza en uno mismo y el progreso económico como única vía para superar la discriminación y la desigualdad racial. Si se gana dinero, solía decir Washington, la igualdad llegará inevitablemente.

A partir del movimiento por los Derechos Civiles de los años 60 se pusieron de moda las ideas de DuBois. Éste había acabado elogiando a Stalin y a Mao, incluso renunciando a la ciudadanía norteamericana. Pero eso no importó. La vía de la radicalidad resultaba atractiva, y desde entonces la NAACP ha preconizado con éxito que la reforma política debe ser previa a cualquier reforma moral personal (como parece lógico, dada esta manera de pensar, la NAACP también ha tenido problemas de financiación muy serios).

En las últimas campañas electorales la NAACP adoptó una actitud militante contra Bush y el republicanismo. Invitado a participar en la convención nacional de la organización en 2004, Bush había declinado asistir, aunque manifestó su respeto por la larga lucha que la NAACP lleva sosteniendo desde hace un siglo contra el racismo. Ahora se ha presentado en la convención nacional de la organización, y pronunciado un discurso de alto voltaje moralista en contra de cualquier segregación.

Al parecer, fue consultada incluso una antigua colaboradora de Al Gore, Donna Brazile, pero las palabras de Bush son perfectamente consistentes con lo que siempre ha dicho acerca del problema heredado de la esclavitud y la segregación. Le acompañó, eso sí, Condoleezza Rice, que fue acogida con una ovación.

Obviamente, Bush no está en posición de desperdiciar ningún apoyo para su partido. Ante la NAACP, prometió su ratificación para la renovación, por otros veinticinco años, de la Voting Rights Act, la famosa ley de 1965 cuya vigencia acaba de ser renovada en el Senado, en buena medida a iniciativa de la Casa Blanca, un año antes de que fuera estrictamente necesario, dado que prescribía el año que viene.

Con su promesa, Bush cosechó grandes aplausos. Según todas las crónicas, se mostró natural y relajado, mucho más de lo que la atmósfera envenenada que ha presidido las relaciones entre la NAACP y su Administración dejaba prever.

En realidad, es posible que, más allá de cualquier posible consideración electoral, la presencia del presidente en la convención de la NAACP y la falta de tensión que ha exhibido tengan un significado algo dramático; o peor aún, revela una posición cínica por parte de la Administración Bush.

Desde mediados de los años 60 los negros votan al Partido Demócrata. Éste se apoya en una oligarquía, perfectamente bien representada en la asamblea de la NAACP, que vive en muy buena medida de venderle a la población negra su condición de víctima inocente de un sistema explotador. La situación es sumamente paradójica, porque la población negra es, en su mayoría, bastante más conservadora de lo que lo son sus líderes, casi todos ellos progresistas de la franja radical.

El caso es que una parte muy importante de la población negra se zafó de la segregación, pero no para asumir sus derechos y sus responsabilidades (como había preconizado Broker T. Washington), sino para depender de los programas del Estado benefactor que Johnson bautizó como Gran Sociedad, gestionados, en buena medida, por personas relacionadas con organizaciones como la NAACP.

Se ha creado así una comunidad desestructurada, con lazos familiares débiles, alta tasa de delincuencia y menor formación que el resto de la población. En vez de impulsar el progreso, la intervención del Gobierno ha corroído la consistencia moral del grupo y la capacidad de las personas para superarse. Eso sí, a cambio, los demócratas se han asegurado el voto de los afroamericanos por medio de organizaciones como la NAACP.

Los esfuerzos de Bush por romper esta dependencia –como ha tratado de evitar que ocurra con los hispanos– no han tenido éxito. En 2004 avanzó algo entre el electorado negro, pero sobre todo lo hizo en condados y estados –como Ohio– donde la comunidad negra está estructurada gracias a otro tipo de organizaciones, como algunas iglesias. Fue un avance muy pequeño, y tal vez momentáneo. Según una encuesta AP-Ipsos de junio, el 86% de los negros desaprueban la gestión de Bush, frente al 56% de blancos. El desastre del Katrina y el diluvio de demagogia caído desde entonces no han mejorado las cosas.

En estas condiciones, la negativa de Bush a acercarse a la NAACP tenía un cierto valor simbólico. Más que una revancha, se podía interpretar como un gesto de confianza: Bush pensaba que podía llegar directamente a los ciudadanos negros sin pasar por organizaciones como ésta, de tinte a veces casi mafioso.

Al parecer, no ha sido así. Ha prevalecido la política, y probablemente se habrá perdido la oportunidad de un cambio en la población negra norteamericana.

Por José María Marco

Libertad Digital, suplemento Exteriores, 24 de julio de 2006

Los complejos de la derecha.

¿Está la derecha condenada a avergonzarse siempre de sí misma? Esta pregunta surge de la observación de su falta de ánimo en defender los valores que tradicionalmente se le han atribuido. Esto viene ya de antiguo. El proceso comenzó posiblemente a principios del siglo XX con el cuestionamiento de la moral victoriana, y no hizo más que avanzar durante el siglo con el sucesivo desmoronamiento de los valores tradicionales, alcanzando su clímax en los años sesenta y posteriores, mostrando a una derecha cada vez más medrosa y dispuesta a adaptarse a los nuevos tiempos, abandonando u ocultando sus principios.

En el antivictoriano Grupo de Bloomsbury, con su Virginia Woolf, John M. Keynes, Lytton Strachey, E. M. Forster, Bertrand Russell, Clive Bell y demás, se observan ya los elementos que caracterizan al «progresista» moderno: odio al Imperio, pacifismo, desprecio a la religión y a la patria, individualismo, particularismo… y homosexualidad. Esta última estimulada en parte por el deseo de transgredir la moral tradicional. En este círculo estaba la semilla de lo que floreció plenamente cinco décadas después, en los años sesenta. Entonces se trataba de una elite, cuya influencia fue modesta de momento.

Un golpe devastador para la derecha burguesa fue el triunfo de la Revolución de Octubre de 1917 en Rusia, que tuvo muy poco de grandiosa, pese a los bellos delirios estéticos de S. M. Eisenstein. En aquel golpe de Estado no hubo grandes masas que se rebelaran contra la tiranía, ni hazañas titánicas, sino la ocupación de puestos clave por parte de un limitado número de personas con un también limitado número de muertos. Éstos ya vendrían después. Lenin confesó más tarde, en unos de sus raros momentos de franqueza, que aquella revolución sólo se podía haber dado en un país como Rusia. Pero el efecto de esta victoria sobre el pensamiento europeo fue inmenso. Al poco, triunfó Mussolini en Italia, y la intelectualidad se dividió a favor del comunismo o del fascismo. En aquella época, años veinte y treinta, las ideas liberales burguesas iban declinando y parecían destinadas a desaparecer. No ocurrió así, pues los fascismos fueron destruidos en la II Guerra Mundial, y la Unión Soviética se derrumbó cuarenta y cinco años más tarde, con lo que el comunismo desapareció como opción económica válida. Parecía que la derecha liberal burguesa era la lógica beneficiaria. Pero desde la llegada de Franklin D. Roosevelt a la Presidencia de Estados Unidos a principio de los años treinta, con la consiguiente ocupación por parte de «liberals» izquierdistas de toda la Administración, se había ido produciendo un fenómeno de cambio en las ideas de la sociedad liberal burguesa que iba dejando arrinconada en este terreno a la derecha tradicional. El cambio se había desarrollado fundamentalmente en el campo de la moral y las costumbres, afectando directamente a la cultura, transformándola. Siguiendo conscientemente o no la teoría marxista de Antonio Gramsci, quien preconizaba que había que atacar directamente y sin demora la cultura burguesa sin esperar el advenimiento de la dictadura del proletariado, se estima que los componentes de la Escuela de Frankfurt (M. Horkheimer, H. Marcuse, W. Benjamin, T. Adorno, E. Fromm, etc.) tuvieron un papel muy relevante en este cambio de cultura tanto en América como en Europa. La última vuelta de tuerca se dio en los años sesenta con la revolución contracultural. En estos momentos, estamos viviendo el resultado de estos ataques profundos a la tradición cristiana occidental. Quedan sólo residuos de la antigua moral victoriana, la cual, si bien toma su nombre de la reina Victoria de Inglaterra, lo cierto es que estaba vigente más o menos en todo el mundo occidental en sus líneas esenciales.

En el presente, los medios de comunicación (cine, televisión, Universidades, Editoriales, Prensa y Radio) están fundamentalmente en manos «progresistas» e izquierdistas, que detentan también la mayor parte del poder económico. La auténtica derecha, la clásica, la conservadora liberal, ha quedado muy disminuida. Se ha convertido en una derecha vergonzante, puesto que, ante la presión ambiental, no se atreve ya a defender los tradicionales valores cristianos que eran su patrimonio ideológico. En muchos de sus componentes anida el deseo de ser considerados también «progresistas», y esto les empuja a desempeñar un papel muy ridículo y lamentable. Más deplorable es aún la posición de las Iglesias, tanto la católica como las protestantes, que, salvando las excepciones de rigor de las altas jerarquías, están muy lejos, debido a su amilanamiento o a su participación en el pensamiento secular, de atreverse, no digo a combatir, ni siquiera a criticar levemente esta situación.

En España, donde las tendencias, las malas tendencias, de Europa se crispan y exageran, tenemos el caso curioso de un Presidente que, llegado al Poder a impulso de causas anómalas, empuja y acelera de forma enloquecida el proceso disolvente de la nación tanto en el campo político como en el moral. Y la derecha está más acomplejada que en ninguna otra nación de Occidente, pues el fantasma de la dictadura le sigue atosigando.

Parecería que la derrota final de la derecha está asegurada. Sin embargo, existen algunos datos externos que permiten la duda: en Estados Unidos se desarrolla una reacción muy fuerte que está consiguiendo triunfos importantes; en España se han dado manifestaciones de protesta de enormes dimensiones…

Y es que hay algo intrínseco al proceso disolvente con lo que creo que hay que contar: que es profundamente antinatural. Tanto el aborto como la unión sodomítica, que son las más graves consecuencias de la ideología que ha ido imponiéndose, constituyen transgresiones frontales de la ley natural. Sabemos que los «progresistas» niegan la existencia de tal ley. Pero los que pensamos que sí existe nos hacemos la pregunta: ¿puede una sociedad seguir un camino aberrante y permanecer próspera y tranquila por tiempo indefinido? Parece imponerse la respuesta negativa.

Es necesaria, por tanto, la recuperación de los principios tradicionales y esta tarea de regeneración le corresponde a la derecha (guste o no al mayoritario clero «progre»). La batalla partidaria ha de darse en el terreno moral más que en el de las ideas económicas, pues aquí apenas hay diferencias entre derechas e izquierdas. El acomplejamiento debe cesar necesariamente. Si es el miedo a perder votos lo que paraliza, conviene recordar que George W. Bush (guste o no este señor) ha ganado por dos veces la Presidencia de Estados Unidos gracias al voto decidido de la «Mayoría moral».

Antonio de Oarso

El Risco de la Nava, Nº 332, 18 de julio de 2006.

DELINCUENCIA E INSEGURIDAD: RETO AL ESTADO

Thomas Hobbes fue el primer filósofo de la modernidad que articuló la tesis del pacto de renuncia de derechos individuales a cambio de la protección de un soberano poderoso, aunque su teoría goza hoy de bastante menor popularidad que la de Jean-Jacques Rousseau, plasmada en “El contrato social”, de agudizado individualismo y sustento ideológico de los estados liberales. Podríamos debatir acerca de sus aportaciones doctrinales, pero el acuerdo sería unánime a la hora de señalar la legítima defensa frente a la agresión injusta como uno de los derechos fundamentales de todo individuo, derecho que resulta menguado y condicionado por la legislación penal. Personalmente soy una decidida defensora de dicha mengua y me repugna la libérrima aplicación del principio de autodefensa armada en los EE.UU. Pero, y en este punto suscribo la teoría de Hobbes, siempre y cuando el Estado asuma su responsabilidad y cumpla con su obligación de custodio y salvaguarda de la vida, la integridad física, la libertad y el patrimonio de los ciudadanos.

Ese entramado teórico se desmorona ante nuestros ojos aquí y ahora. España se convirtió hace ya tiempo en un paraíso de delincuentes, por efecto de las legislaciones penal, procesal y penitenciaria. En los últimos siete años se ha detectado un imparable ascenso de los delitos perpetrados por extranjeros, hasta alcanzar la proporción de ocho de cada diez. Analizando la casuística delictiva puede observarse una especialización según nacionalidades:

A. Las llamadas bandas latinas (ñetas, salvatruchas, latin-kings…) incurren preferentemente en pequeños robos, amenazas, extorsiones callejeras y agresiones. Sus integrantes son jóvenes inadaptados que imitan el modelo del desarraigo por antonomasia: el de los jóvenes hispanos marginales y automarginados de los barrios hispanos en EE.UU. Operan en demarcaciones urbanas cuyos límites son fruto del pacto o de la guerra entre bandas diferentes.

B. Los inmigrantes del África negra están especializados en la venta ambulante de todo tipo de falsificaciones, desde prendas de vestir y complementos hasta películas y música en CD y DVD y suelen operar por cuenta de terceros, frecuentemente de nacionalidades asiáticas. No pocos de los delincuentes africanos aspiran a obtener un mayor rédito de su actividad criminal y penetran en el sustancioso mercado de la droga: han llegado a desplazar a los gitanos de la “gama baja” del sector, es decir el comercio de cocaína más adulterada y de menor precio.

C. Los magrebíes (marroquíes, tunecinos y argelinos) comercian preferentemente con los derivados de la marihuana. Es creciente su participación en delitos contra la propiedad, violaciones y atracos a mano armada.

D. Los chinos abarcan una amplia gama de infracciones penales, desde la extorsión hasta la explotación laboral de menores pasando por el blanqueo en negocios aparentemente legales de dinero procedente de otras actividades ilícitas. Su particular hermetismo llega, de momento, hasta el punto de reducir casi exclusivamente sus actos criminales al interior de su propia comunidad.

E. Las bandas organizadas de delincuencia transnacional están compuestas por ciudadanos de la Europa Oriental. Son un sector delictivo de crecimiento exponencial, tanto en número de integrantes, como en crímenes cometidos. Por ende, puede afirmarse sin dudarlo un instante que representan el mayor motivo de alarma pues su modus operandi se caracteriza por una brutalidad insólita y extrema. A finales de la década de 1990 comenzaron a introducirse en España antiguos miembros de la guerrilla separatista albanesa de Kosovo, el UÇK de triste memoria y mitificado por una prensa irresponsable al dictado de las consignas norteamericanas. Su hipócrita solicitud de “asilo político” les facilitó el inicio en España de las mismas prácticas que habían estrenado en el sur de Serbia: pillaje, saqueo y asesinato sin escrúpulos. Tras ellos llegaron y siguen llegando oleadas de rumanos, búlgaros y rusos – no pocos de ellos antiguos miembros del ejército o policía de sus respectivos países.

El Estado de Derecho se quiebra en España por varios flancos y el de la impunidad de los delitos, o la desorbitada benevolencia de las penas impuestas, es uno de ellos. Parafraseando a Guillaume Faye podemos afirmar que los extranjeros en España, en su mayoría, son trabajadores y no delincuentes aunque es indudable que la mayoría de los delincuentes son extranjeros. Que los españoles somos un pueblo hospitalario es una realidad indudable, pero en ningún caso deseamos convertirnos en víctima colectiva de la hez internacional. Y ante esta disyuntiva la respuesta posible y necesaria es única: quien ha confundido esta tierra con un coto de caza ha de salir de su error a bordo de un avión tras ser fulminantemente expulsado de España. El status jurídico de residente extranjero queda reservado para quien con nosotros desee trabajar y vivir en paz; quien retribuya nuestra generosa acogida con su desprecio por nuestras leyes sólo merece la condición de repatriado.

Inmaculada Mompó

Bitácora Pi

http://bitacorapi.blogia.com/

21 de julio de 2006

Los democristianos alemanes y el Parlamento polaco salen en defensa de la vida del embrión

Ante la perspectiva de que la Unión Europea diera su apoyo –más moral que económico- a la investigación con embriones, el Parlamento Europeo aprobó, por mayoría abrumadora, una resolución a favor de “la protección legal de la vida de todo ser humano”. Los Democristianos por la Vida, de la CDU alemana, advirtieron de que “la degradación de los seres humanos a material de investigación” amenazaría la unidad europea

Los ministros de investigación de la Unión Europea alcanzaron ayer un delicado compromiso, no carente de contradicciones, en el que se evita, sin embargo, legitimar la destrucción de embriones humanos para fines científicos. Polonia, Austria, Malta, Eslovaquia y Lituania lo consideraron insuficiente y votaron en contra, pero no se unieron a este bloque Alemania y Luxemburgo, lo cual hubiera bastado para frenar la aprobación de los nuevos presupuestos para investigación científica.

Tras las críticas de varios dirigentes democristianos en las últimas semanas, el grupo Democristianos por la Vida se pronunció ayer de forma contundente contra el proyecto inicial. Su presidente, Mechthild Löhr, insistió en el argumento de que “Alemania es el mayor contribuyente la UE, y no puede ser que nuestros impuestos se utilicen para algo que aquí está penado, y además con buenos motivos”. Añade Löhr que “la investigación con células embrionarias significa la destrucción de vida humana para fines de investigación. Además, hay alternativas con células madre adultas, que tienen un gran potencial”. Pero más allá de que esas técnicas respetuosas con la vida se hayan demostrado más eficaces cuando se trata de curar a pacientes, Löhr no quiere perder de vista el debate sobre los principios: “El hombre nunca puede, no importa en qué fase, ser degradado a material de investigación”, dice. Advierte Löhr, además, de que “con este tipo de comportamientos se pone en peligro la unidad europea”.

Hubo también contundencia en el pronunciamiento de la Cámara Baja polaca, que, por 341 votos a favor frente a 47 en contra, adoptó una resolución en la que se afirma que “esas prácticas reprobables son inconsistentes con la ley polaca”, ya que la Constitución de este país reconoce el derecho “a la protección legal de la vida de todo ser humano”. En declaraciones a Lifesite.net,Bogna Bialecka, de un grupo pro vida polaco, se lamentó de la desinformación general sobre esta tema, ya que –dice- ha cundido el mensaje de la “prensa liberal”, que se centra en las promesas terapéuticas (aún no demostradas) de la investigación con células madre embrionarias, mientras que silencia que implican la destrucción de vidas humanas.

Análisis Digital, 25 de julio de 2006