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Políticamente... conservador

La boda gay oficiada por Ruiz Gallardón divide al Partido Popular

La posición del Partido Popular "no ha variado en absoluto", dice el secretario de Comunicación del PP: la Constitución “no permite hablar” de matrimonio homosexual y el alcalde de Madrid debe ser “consecuente” con la línea de su partido. De cara a la opinión pública, sin embargo, el mensaje no queda tan claro. Varias personalidades del PP apoyaron la actitud de Ruiz Gallardón, aunque con palabras muy medidas para evitar un cisma o un enfrentamiento directo con la Iglesia. El portavoz socialista en el Congreso, López Garrido, sí explotó esta línea y calificó de “inaceptable en un Estado de Derecho” la aposición al matrimonio homosexual tanto de “algún sector del PP” como de “la Iglesia católica”

El alcalde de Madrid desoyó las peticiones del Arzobispado de Madrid y del secretario general del Grupo Popular en el Congreso, Jorge Fernández Díaz. Antes de oficiar el matrimonio entre dos militantes varones de su partido, se limitó a afirmar que cumplía con la legalidad, sin entrar en el fondo del asunto. A la ceremonia, entre otros, asistieron la diputada y ex ministra Celia Villalobos, algunos concejales del PP y el consejero de Sanidad de la Comunidad de Madrid, Manuel Lamela. No lo hicieron, pese a estar invitadas, la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, ni la secretaria de Política Social del PP, Ana Pastor. Rodrigo Rato, desde Washington, envió una carta de felicitación, según reveló uno de los maridos.

Fue el secretario de Comunicación del PP quien transmitió la opinión oficial que este acto merece a su partido. Gabriel Elorriaga tildó a Gallardón de “incoherente” y reiteró que la oposición del PP al llamado matrimonio homosexual "no ha variado en absoluto". Según Elorriaga, los populares defienden las regulación de las "uniones estables entre personas del mismo sexo", aunque de forma "distinta" al matrimonio, ya que la Constitución "no permite hablar" de matrimonio homosexual.

Con respecto a los cargos electos locales, Elorriaga dijo que deben al partido "coherencia y solidaridad". Es una cuestión sobre todo de imagen: "Es evidente que los miembros del PP en las corporaciones municipales tienen que cumplir la ley, y una cosa es que el partido discrepe y otra no aplicar la ley, algo que no nos hemos planteado; pero es cierto que en determinadas circunstancias la visibilidad de determinadas decisiones tienen una trascendencia política que va más allá del mero cumplimiento de las leyes".

Preguntado sobre esta cuestión, el presidente del Partido Popular de Cataluña, Josep Piqué, se limitó a afirmar que “la ley está en vigor y hay que cumplirla". Piqué no entró a valorar el suceso y añadió, en primera persona del plural, que "nosotros [el PP] tenemos discrepancias puntuales” con la modificación del Código Civil que permite el llamado matrimonio homosexual.

Distinto fue el mensaje que quiso transmitir el presidente del PP de Galicia, Alberto Núñez Feijóo. Para él, esta es una "asignatura zanjada en Galicia", y aludió indirectamente a su presencia en una boda entre dos varones militantes de su partido. "A mí no me reprime nadie", añadió. Ahora bien, Feijóo consideró que "es normal que la Iglesia dé su opinión" y se preguntó si "sólo pueden tenerla los partidos". La Iglesia "dice lo que tiene que decir".

Los maridos, en cambio, no ahorraron críticas contra la Iglesia, y llegaron a decir que, entre los invitados, había sacerdotes. La “jerarquía” debe bajar “a la base” y tener en cuenta las opiniones “de los marginados y de los más necesitados”, dijo uno de ellos.


La Iglesia, fuera de la ley

El portavoz parlamentario del PSOE, Diego López Garrido, siguió por esta línea, y sugirió que la dirección del PP y la Iglesia sostienen opiniones que están al margen del Estado de Derecho: “El alcalde Ruiz Gallardon actúa como un alcalde democrático, como debe ser. Lo que es llamativo es que algún sector del PP y de la iglesia católica se nieguen a aceptar la legalidad democrática. Eso es inaceptable en un Estado de Derecho, del que habla tanto siempre el PP".

A los miembros de su partido en Madrid, en cambio, no pareció hacerles tanta gracia el gesto del alcalde, quizá por temor a que el PP les robe apoyos que daban por seguros entre el colectivo homosexual. El portavoz de Juventud del PSOE en la Asamblea de Madrid, Javier Gómez, pidió al alcalde que no hiciera de la boda "un espectáculo mediático". Para el concejal socialista y activista homosexual Pedro Zerolo, "llama la atención" que el alcalde "apueste por una ley en la que no cree", con el único fin de hacerse "una foto con gays y lesbianas".

Análisis Digital, 30 de julio de 2006

La unidad de España como bien moral

¿Qué relación existe entre España y el cristianismo? El asunto puede ser analizado desde dos perspectivas: política o moral. Desde el punto de vista político, el debate sería en qué medida el cristianismo, la unidad católica, es un bien político para España. Desde el punto de vista cristiano, la cuestión es la de si España, como unidad política constituye un bien moral.

La primera perspectiva es la propia del debate, muy importante en el pasado, pero hoy preterido, de cuál es el papel del Cristianismo en la conformación de España como nación. La segunda perspectiva, es más reciente. La festividad de Santiago Apóstol, patrón de España y el debate suscitado en la Conferencia Episcopal Española por los cardenales Rouco y Cañizares son dos buenos motivos para reflexionar sobre esta cuestión: ¿es la unidad de España un bien moral?

La verdad como bien moral

Cualquier reflexión cristiana sobre España debe partir de una primera premisa y es el respeto a la verdad. Sin verdad no hay cristianismo. La sentencia evangélica –"la verdad os hará libres" (Jn. 8, 32)– constituye un presupuesto no negociable para cualquier reflexión cristiana. Y ese presupuesto existe para la moral privada y también para la moral pública. Así lo dijo la Conferencia Episcopal Española: "la vida política tiene también sus exigencias morales".

Partiendo de esta idea hay que sentar una segunda premisa: independientemente de cómo se la califique políticamente ("Nación", "Estado", "patria", "país",...), España es una realidad y no una invención. Es más, se trata de una realidad reconocida en la mismísima Sagrada Escritura. San Pablo, en su Carta a los Romanos, por dos veces, menciona a España (Hispania), al anunciar un viaje de evangelización (Rom 15:24 y 15:28). En consecuencia, el respeto a la verdad exige reconocer que España existe desde los tiempos apostólicos.

Las palabras de la Sagrada Escritura son las mismas Palabras de Dios convertidas en palabras del hombre. Las Sagradas Escrituras por ser sagradas para el cristiano, poseen una confiabilidad por la cual nosotros podemos poner toda nuestra confianza sobre lo que debemos creer y cómo debemos de actuar. Esta confiabilidad está basada sobre lo que la Iglesia llama inerrancia. Pío XII lo dejó bien claro:

"escritos [los libros de la Biblia] bajo la inspiración del Espíritu Santo, tienen a Dios por autor, y como tales fueron confiados a la misma Iglesia... [esta es] doctrina católica, que para los libros enteros con todas sus partes reivindica una tal autoridad divina, que está inmune de cualquier error"

Los nacionalismos y separatismos españoles a la luz de la moral

Las dos premisas anteriores no suponen, de momento, que la unidad política de España sea un bien moral, pero sí implican que una actuación moralmente buena no puede mentir o falsear que España existe. Ahora bien, estas premisas constituyen un criterio moral para analizar las ideologías de los nacionalismos y separatismos que han surgido en España. En este momento del razonamiento, no podemos, aún, dictaminar que los nacionalismos o separatismos sean, en sí mismos, moralmente malos. Ahora bien, sí podemos dictaminar que aquellos nacionalismos o separatismos que niegan la existencia de España son moralmente malos, por rechazar una verdad. Siguiendo el razonamiento establecido hasta aquí, aquellas ideologías que no sólo pretenden la independencia de determinados territorios, sino que además, niegan que España exista o haya existido, son moralmente malos.

A este respecto, junto al análisis de los textos fundadores de esos nacionalismos o separatismos, el lenguaje habitual es un indicio importante para evaluar la moralidad de los proyectos separatistas. Allí donde, deliberadamente, se oculta la palabra "España" siendo sustituida, sistemáticamente, por otras palabras o expresiones (como el "Estado", sin siquiera la adjetivación de "español"), existe un discurso moralmente malo por cuanto rechaza conscientemente la verdad. El ejemplo más elocuente de ello es el discurso del nacionalismo vasco donde no sólo se pretende la independencia de las provincias vascas, sino que se evita, sistemáticamente, mencionar la palabra "España". Los obispos de las diócesis vascas tienen así la grave responsabilidad de denunciar el silenciamiento consciente de la verdad. ¿Se habrá llegado en alguna celebración religiosa en las diócesis vascas a omitir o mutar la palabra "España" cuando haya cumplido leer en un acto religioso la Carta de San Pablo a los Romanos?

El hecho de que algunos nacionalismos, los que niegan la existencia de España, puedan ser calificados de inmorales, no deja aún resuelta la cuestión de la calificación moral de aquellos nacionalismos que pretenderían la independencia política de determinados territorios sin negar la existencia de España en otras dimensiones. Desde este punto de vista, cabría analizar la moralidad de las propuestas que negasen a España el calificativo de "Nación" pero no su existencia bajo otro tipo de calificativo. Un tal planteamiento, de darse, equipararía estos nacionalismos separatistas a los nacionalismos de los Estados-nación europeos que afirman la existencia de sus naciones sin negar, en ningún momento, por respeto a la verdad, que forman parte de Europa.

Conviene observar, a este respecto, que los Estados-nación europeos, que reconocen la existencia de sus naciones, pero también de Europa, impulsan el proceso de unidad europea, por considerar que el mismo es bueno. Sin embargo, nada impediría reconocer la existencia cultural de Europa y, sin embargo, oponerse a su unidad política. Lo que resultaría inmoral, por cuanto falso, sería el negar la unidad cultural europea por esas entidades políticamente independientes.

De aquí se extrae una primera conclusión. En este momento del razonamiento, los nacionalismos o separatismos surgidos en España podrían ser lícitos en cuanto pretendan una independencia política, pero resultarían inmorales en cuanto nieguen, oculten, tergiversen o falsifiquen la unidad cultural española.

La unidad de España como bien moral

Sentados las ideas que permiten calificar como moralmente aceptables o inaceptables las ideologías nacionalistas, la siguiente cuestión es la de considerar si la afirmación de España como unidad, no sólo cultural, sino también política, es buena moralmente.

La historia de España, se convierte, así, en un criterio indispensable para este juicio moral. ¿Ha sido la unidad de España un bien moral para la Iglesia?

El primer gran momento de nuestra historia en donde esto ha podido verse fue el III Concilio de Toledo, celebrado el 8 de mayo de 589. Este acontecimiento, hoy tan silenciado, ha sido calificado, no sin razones, por algunos, como el acta de nacimiento de la Nación Española. En aquel momento, España era una unidad políticamente independiente. El poder político utilizó la unidad para favorecer la ortodoxia de la Iglesia Católica, lo cual hubiese sido notoriamente más difícil de no haber existido un poder político centralizado. En el III Concilio de Toledo, vemos las dos perspectivas apuntadas al inicio de este escrito: por un lado, el poder político obtuvo un reforzamiento de su posición gracias al apoyo que le brindó la Iglesia Católica... pero, por otro, la Iglesia Católica pudo más eficazmente combatir las doctrinas heterodoxas gracias al hecho de que hubiera una unidad política.

Lo mismo ocurrió en el momento de la Reconquista. Vista desde los intereses de la Iglesia (y no desde la perspectiva política), la expansión de la fe católica se vio notoriamente favorecida cuando los reinos independientes existentes en España actuaron concertadamente. El caso más señalado fue, sin duda, la batalla de las Navas de Tolosa, 1212. Igualmente, y desde la perspectiva cristiana (y no política), la derrota del islam en Lepanto (1571) fue posible porque España era una unidad política. De no haberlo sido, las dificultades para reunir una flota suficiente quizá habrían hecho imposible la victoria.

Conclusión


Antes se hablaba de lo que España debe al cristianismo, que es ciertamente mucho. Pero sólo ahora, cuando se ha producido una aceleración vertiginosa del proceso de desmembración territorial se ha planteado la cuestión de lo que la Iglesia debe a España. El hecho de que España haya sido una unidad, y que esa unidad haya sido puesta al servicio de los intereses de la Iglesia, ha permitido a ésta logros que, de estar España fragmentada políticamente, hubiesen sido altamente improbables. Por tanto, la unidad de España, indiscutiblemente, ha sido un bien moral. Ahora, la lectura de ciertos preceptos de los nuevos Estatutos catalán y andaluz nos revela que el proceso de desmembración parece ir paralelo a un debilitamiento de la convergencia de las leyes con las exigencias de la moralidad católica. En consecuencia, hoy en día, podemos afirmar que la unidad de España es un bien moral. Que España como unidad política pueda o no ser en el futuro moralmente buena para la Iglesia es algo que sólo el tiempo dirá.

Por Carlos Ruiz Miguel

Libertad Digital, suplemento Iglesia, 27 de julio de 2006

EL 'ABC' PUEDE PERDER EL SUPLEMENTO RELIGIOSO 'ALFA Y OMEGA'

La Conferencia Episcopal podría trasladar el suplemento ‘Alfa y Omega’, que hasta ahora se distribuye con el diario ‘ABC’, a ‘La Gaceta de los Negocios’ en cuanto éste pase a ser un diario general, con lo que el diario vasco-madrileño menguaría de atractivo para miles de lectores católicos.

¿Existe el lector católico? Muchos gestores de prensa sostienen que no, de la misma manera que otros tantos dirigentes políticos sostienen que tampoco existe el votante católico. Sin embargo hay que recordar que España fue el primer país que dispuso de una amplia prensa católica, que existió hasta los años 80. Salvo el ‘Ya’, el resto de los diarios da grandes beneficios a sus actuales propietarios, los vascos de Vocento: ‘Ideal’ de Granada, ‘Hoy’ de Badajoz y ‘La Verdad’ de Murcia. Por si acaso, y por muy snobs y acomplejados que sean los directores y propietarios de prensa de derechas, siguen manteniendo la sección de Religión, aunque se la entreguen a los progres.

El ‘Alfa y Omega’, suplemento de información religiosa elaborado por la archidiócesis de Madrid, se distribuye todas las semanas con el ‘ABC’. Al diario de Vocento le sale gratis y le aporta unos miles de lectores de los que tan necesitado está. El cardenal Rouco, por su parte, puede presumir ante los demás obispos españoles y europeos de tener un medio de comunicación.

El acuerdo entre la COPE y ‘La Gaceta’, por el que la emisora comprará el 24,9% del periódico y éste, por 18 millones de euros, el 10% de la radio, junto con la conversión del diario de economía en otro de información general, puede traer como consecuencia que el ‘Alfa y Omega’ cambie de cabecera. Por supuesto, la medida no será inmediata, pues la Conferencia Episcopal querrá ver cómo evoluciona el enésimo experimento de ‘La Gaceta’.

Es cierto que algunos obispos, los mismos a los que por sus ideas separatistas o por su amor a la tranquilidad les molestan los programas de la COPE, preferirían que ‘Alfa y Omega’ siguiese en ‘ABC’, pero también lo es que quien pone los medios y el capital es el arzobispado de Madrid. Al final, monseñor Rouco y monseñor Cañizares serán quienes tomen la decisión.

Para Vocento la marcha del suplemento constituiría una enorme pérdida, aunque quizás sus ejecutivos lo vean como una manera de desprenderse de los lectores ‘carcas’. Sin Alfonso Ussía, sin Jaime Campmany y sin el ‘Alfa y Omega’, ¿en qué se distinguiría el nuevo ‘ABC’ de ‘El País’?, ¿en las loas a la Monarquía y el ‘ingenioso’ chiste del octogenario Mingote?, ¿cuánto tiempo más aguantaría la caída de lectores y las arremetidas de Jiménez Losantos antes de entrar en pérdidas?

Minuto Digital, 26 de julio de 2006

No todo va tan mal

Francamente, lo que me preocupa son las dificultades con que aparentemente tropieza el Ejército israelí para destruir las bases terroristas de Hebzolá. Si se compara con otras guerras (como, sin ir más lejos, la de los Seis Días, en la que Israel tuvo que enfrentarse con los ejércitos de Egipto, Siria, Jordania, y prácticamente todo el mundo arabomusulmán, y venció rotunda y rápidamente; y en la que, por cierto, el general Ariel Sharon demostró su audacia e inteligencia militares), las operaciones actuales parecen torpes y lentas.

Soy perfectamente consciente de que no es el mismo tipo de guerra, y de que no puede tener, por lo tanto, el mismo ritmo. Hace años que las organizaciones terroristas palestinas utilizan cínicamente a los niños y a la población civil como escudos, para entorpecer los ataques del Ejército israelí, porque éste siempre intenta evitar al máximo las víctimas civiles.

Esta táctica islámica de guerra total, en la que hasta los niños se convierten en combatientes y bombas humanas, si tiene su eficacia en el terreno, dicha eficacia se multiplica con creces, desde el punto de vista político y propagandístico, con la complicidad casi unánime de los medios occidentales, que han sentado como dogma la falacia según la cual el Ejército israelí se dedica exclusivamente a matar niños, mujeres y ancianos.

Estamos asistiendo a lo mismo estos días, masivamente, con el histerismo de siempre. Ahora bien, y para retomar mi preocupación inicial, cabe preguntarse si el uso casi exclusivo de la aviación para terminar con las bases de misiles iraníes que bombardean diariamente Israel y liquidar la infraestructura militar de Hezbolá es lo más indicado, precisamente cuando los grupos armados y las bases de misiles son móviles y, además, se "protegen" en medio de la población civil. Antes de bombardear, Israel avisó, y pidió a los habitantes que se alejaran, pero el Hezbolá se lo impidió, como hace siempre, con su chantaje de terror y sangre.

Pienso, por lo tanto, que no podrá evitarse una intervención terrestre de importancia, con la infantería avanzando de casa a casa, por así decir, para ir descubriendo y destruyendo las bases de misiles, los depósitos de armas y explosivos, etcétera. La aviación se ha convertido en un factor esencial de las guerras modernas, pero en estas guerras contra "civiles" armados mezclados con civiles sin armas la infantería me parece indispensable. Digan lo que digan Kofi Annan, Javier Solana o el "islamizado" Zapatero descalzo.

Vale la pena recordar que hace 40 años el Líbano no era un país musulmán, ni siquiera se reivindicaba árabe; presumía, al revés, de ser el más occidental de los países del Próximo Oriente. Era un país próspero y pacífico, algo así como una "Suiza" –empleando una imagen muy usada– en una región con eternos conflictos. Si se convirtió en un caos no fue por culpa de Israel, como afirma la Internacional de la Mentira, sino por culpa de las organizaciones palestinas.

Expulsados militarmente de Jordania (en el denominado "Septiembre Negro"), muchos palestinos se refugiaron en el Líbano, y la plana mayor de la OLP, con Arafat a la cabeza, los primeros. Eso ocurría a principios de los años 70. Intentaron en el Líbano conseguir lo que no consiguieron en Jordania, o sea, imponer su poder.

Comenzó una guerra civil que duró unos 14 años (1975-1989) y terminó con la ocupación siria. Pero fueron las falanges cristianas libanesas (culpables de la masacre de Sabra y Chatila) las que se enfrentaron a la OLP y pidieron auxilio a Siria, contra los palestinos. Siria intervino brutalmente; contra los palestinos, primero, y para hacerse con todo el Líbano, después. Recuerden cómo los sirios acorralaron a Arafat y a su estado mayor en Trípoli (Líbano), y fue un navío de guerra francés quien les salvó in extremis y les condujo a Túnez. Todos los países árabes, como la progresía mundial, se gargarizan a diario con la solidaridad para "la heroica lucha del pueblo palestino", pero los jordanos y los sirios los masacraron cuando pudieron, en Jordania y en el Líbano. Hoy mucho ha cambiado, salvo lo esencial: el terrorismo.

El más evidente de los cambios es que el islam radical ha conquistado las organizaciones terroristas palestinas. La OLP era mucho menos integrista musulmana, y por ello los señoritos marxistas de la Sorbona, y del Gijón, la veneraban, pero Hamás, Hezbolá (partido de Alá) y las demás "brigadas de mártires" se han sumido en el fanatismo islámico más extremista.

Otros acontecimientos internacionales han desempeñado un papel, como la implosión de la URSS. Ayer, países como Egipto, Siria o Irak estaban en la "zona de influencia" soviética y proclamaban el socialismo árabe (más que el Corán), pero todo era un mejunje totalitario. Hoy, Egipto y Jordania no tienen la misma actitud agresiva contra Israel, y fácil es imaginar, en cambio, lo que haría hoy un Irak dirigido por Sadam Husein sin la intervención militar aliada. Debido a esa misma y necesaria intervención militar, Siria, por ejemplo, se muestra algo más prudente, retirándose a medias del Libano, y dudando más que ayer en atacar a Israel. Pero el terremoto islámico en esa y otras regiones del mundo ha convertido Irán en la primera potencia enemiga. La más pura coránicamente.

En cuanto a la situación política libanesa, es un rompecabezas absoluto: los aliados de la guerra civil se convierten en enemigos, y viceversa. Lo único cierto es que Hezbolá está en el Gobierno, y que el presidente libanés le defiende, y que ningún ministro se atreve a criticar al "partido de Alà", o a exigir que libere a los rehenes y cese sus tiras de misiles contra Israel. El simpático Amos Oz podrá afirmar que el Hezbolá es enemigo a la vez del Líbano y de Israel: no pasa de ser un vapor calenturiento. O una tontería.

Teniendo en cuenta la voluntad, hipócrita o cínica, de destruir Israel, que es lo único que tienen en común todas las organizaciones terroristas y la casi totalidad de los países arabomusulmanes, es muy posible que la guerra dure y se extienda. Ver a Israel tan solo en medio de esa tormenta da escalofríos. Me da escalofríos. ¿Quién va a defenderle, si no son los USA? Por otra parte, porque no hay que ser únicamente pesimistas, si esta situación de crisis grave permite a Israel destruir las instalaciones nucleares iraníes, eso sí que constituiría un gran paso hacia la paz; la verdadera, que no es la rendición.

Ante un enemigo cuya única voluntad es que Israel desaparezca del mapa –y además lo dice–, la única solución que le queda es el heroísmo. Porque cuando hace una concesión: retirada del sur del Líbano, o de Gaza, por ejemplo, sus enemigos se aprovechan para acrecentar sus agresiones, considerando que si se retira es porque tiene miedo y, por lo tanto, es el momento de atacar. El cuento de nunca acabar: Israel tiene que ganar esta batalla.

Tenía la intención, al comenzar esta crónica, de señalar y comentar, con admirativa sorpresa, las opiniones de quienes, en España, defienden, en esta ocasión, y contra viento y marea, el derecho a la existencia de Israel, porque de eso se trata, de su existencia como país soberano y democrático, como país "nuestro": "El único camino para nuestra supervivencia es entender de una vez por todas que Israel somos nosotros", ha escrito Adolfo García Ortega (El País, 20-7-2006); o el artículo de Hermann Tertsch, en ese mismo diario, el pasado martes, que ya le ha valido el varapalo de Ignasi Guardans, eurodiputado (ni se atreve a precisar de qué partido), y poquísimas opiniones sensatas más, perlas arrastradas por el lodo de la propaganda staffel proislamista.

Hay que ser conscientes de que lo que escribamos el puñado de verdaderos amigos de Israel es como plumas al viento, en tiempos de guerra e infamia. Nos queda el consuelo moral de haber dicho "no". Y la voluntad de repetirlo.

Por Carlos Semprún Maura

 

Libertad Digital, suplemento Fin de Semana, 22 de julio de 2006

Las fosas de Mérida

La unilateral recuperación de la memoria histórica que se está llevando a cabo por la izquierda española ha vuelto a poner de actualidad unos enterramientos en el entorno del cementerio de Mérida que no eran ningún secreto para la historiografía que se ha ocupado de la Guerra Civil en Extremadura. Un informe del Ayuntamiento de Mérida fechado en la década de los cuarenta y publicado en mi libro Paz, Piedad, Perdón... y verdad afirma con toda claridad que «al ser liberada la ciudad por el Glorioso Ejército y con posterioridad a esto fueron sancionados por la autoridad aquellos que hicieron fuego contra las armas nacionales y cuyos cadáveres según noticias adquiridas por esta alcaldía fueron dados sepultura en las inmediaciones del cementerio» Si a ellos añadimos las ejecuciones de las sentencias dictadas por Consejos de Guerra, el total de muertes registradas en Mérida se sitúa algo por encima de las quinientas personas como se documentó con toda precisión en una Memoria de Licenciatura presentada por María del Mar Alvarez Román en la Universidad de Extremadura (1989). Todo ello hace inexplicable el auténtico baile de cifras, a cual más disparatado, que se ha leído en la prensa en los últimos días: unas veces eran mil, otras dos mil, otras cuatro mil...

Pero no son estas las únicas tumbas existentes en el cementerio de Mérida. Cuando las tropas nacionales entraron en la ciudad emeritense pusieron fin a los asesinatos que, por orden del comité frentepopulista habían comenzado el 7 de agosto y continuaron en los días siguientes. Podemos citar solamente dos casos, una figura de tanto relieve para la historia local como el que fuera alcalde D.Francisco López de Ayala y el militar D.Federico de Manresa de quien consta documentalmente que fue «sometido a los mayores martirios, hasta el día 8 expresado que lo asesinaron por haberse negado rotundamente a ponerse al frente de una Batería que los rojos habían traído de Madrid para combatir a nuestro glorioso y triunfante Ejército Nacional, negativa que dio ante el Comité marxista reunido en pleno y después de tenerle sometido durante más de una hora a interrogatorio». En términos semejantes, el resto de los caídos se negó a ponerse al servicio de los revolucionarios aunque este gesto les costara la vida.

Tampoco se puede ignorar que, en su inmensa mayoría, las víctimas que reposan en las fosas comunes del cementerio de Mérida pueden ser identificadas por su participación en los excesos cometidos durante el período revolucionario, bien en la ciudad o en el territorio que un periódico publicado por los comunistas en Castuera llamaba la “Extremadura Roja” y en el que se cometieron centenares de asesinatos.

Personalmente preferiría que se dejara reposar a todos los muertos de la Guerra Civil bajo una cruz que fuera símbolo de reconciliación, unidad y verdad pero si otros prefieren seguir manipulando la historia y emplearla como arma al servicio de su demoledor proyecto político, habrá que recordarles que fueron los ahora llamados “republicanos” quiénes comenzaron a derramar la sangre de sus enemigos sobre las tierras extremeñas.

Angel David Martín Rubio

La España del acomodo

Quiero hablarles del espíritu de comodidad y entrega que parece haberse apoderado de Cataluña y España toda desde las matanzas del 11-M, o incluso antes, desde que el Gobierno de Aznar cedió ante la huelga "general" convocada por los dos sindicatos políticos el 20 de junio de 2002.

Cierto es que en España siempre ha habido un sector de la opinión pública pacifista y estatista, blandeador y contemporizador, pero ahora su líder campa por sus respetos a la cabeza del Gobierno, entre el balido aprobador y el silencio pusilánime de los corderos.

Fíjense que he dicho "estatista", porque los blandos consienten en que el Estado se rinda en su nombre ante los grupos de matones que defienden sus rentas a costa del interés de la mayoría. Ejemplos recientes abundan. Recordemos cómo ha defendido el Gobierno la opa de Gas Natural sobre Endesa frente a la contraopa de E.ON, por empeño catalanista del ministro de Industria, Sr. Montilla, a quien el consejero económico de Zapatero, Miguel Sebastián, ha proclamado gran liberal hace unos días.

En un artículo anterior preguntaba yo: "¿Ganará el Gobierno español esta batalla tan mal planteada? ¿Son legales los decretos obstruccionistas del Gobierno? ¿Son éticas esas medidas? ¿Favorecen la tan mentada Agenda de Lisboa, cuyo objeto es hacer más competitiva la economía europea? ¿Se beneficiará de todo ello la economía española?". La respuesta a todas esas preguntas está resultando ser que no, pero el mal no se consumará porque el mercado parece tener una conciencia mucho más viva de lo que conviene que la silenciosa ciudadanía. ¿Se tendrá en cuenta a Montilla tamaña metedura de pata? La respuesta es, también, que no.

También podría recordarles el ridículo papel del Gobierno español en la cuestión de la OPA de Mittal sobre la productora de acero hispano-franco-luxemburguesa Arcelor. Los ministros de Industria de los países concernidos querían mantener el poder político que aún ejercían sobre sus acerías recién privatizadas, sin darse cuenta de que en realidad estaban defendiendo las rentas de gestores poco atentos al interés de los accionistas. Otra vez lo mismo: los accionistas han forzado una solución económica contra la político-sindicalista del Gobierno, al que la opinión pública parece haber concedido la bula de la Santa Cruzada.

En dos asuntos recientes ha vuelto a manifestarse la misma actitud acomodaticia de la opinión ante la rendición incondicional del Estado frente a rentistas y defensores de situaciones privilegiadas: Iberia y Radio Televisión Española.

La intervención pública en Iberia en defensa de intereses bastardos se pasa de la raya. Primeramente fue la entrada de Montilla como caballo en cacharrería, cuando la compañía aérea decidió reducir sus vuelos en el aeropuerto de El Prat, vista la competencia que, gracias a Dios, le están haciendo otras compañías. La opinión catalana, que aún no ha entendido que Iberia es una compañía privada, vio en esa decisión la larga mano de un "Madrit" siempre dispuesto a dañar a Barcelona. El ministro Montilla –ahora envuelto en la cuatribarrada en vez de en la roja y gualda– decidió regalar a Iberia unos terrenos públicos (mejor dicho, del público) en el aeropuerto catalán para incitarla a no reducir su actividad allí, una decisión que daña a las compañías aéreas competidoras de Iberia.

Aún más grave y revelador ha sido el acuerdo entre Iberia y su sindicato de pilotos, el Sepla. En este caso la ministra de Fomento ha intervenido para conseguir que los pilotos desconvoquen la huelga, a cambio del compromiso de la aerolínea de no presentar expediente de regulación de empleo de pilotos ni llevar a cabo despidos durante la vigencia del acuerdo, hasta el 31 de diciembre de 2010. Ese acuerdo ha evitado pérdidas para la compañía y molestias para los pasajeros, dicen los acomodaticios. Pero ¿tiene razón la ministra al considerar el pacto como "un éxito"? Pues no. Para hacer de la economía española un sistema capaz de verdadera competencia y sano crecimiento sería necesario romper el poder dañino de algunos sindicatos como el Sepla. Los pilotos tienen que comprender que no son quién para decidir la estrategia de Iberia, y que sus privilegios son los que pueden hundirla.

Igual debilidad ha mostrado la Sociedad Estatal de Participaciones Industriales (SEPI) al conceder las prejubilaciones y las bajas incentivadas propuestas para reducir la plantilla de RTVE y legalizar, ante la Comisión Europea, otra ayuda más del Ministerio de Economía. Si el Ente Público fuera una empresa normal en curso de reestructuración, las bajas incentivadas serían a costa de los accionistas y la prejubilación de los 52 hasta los 65 años, un dispendio a costa de todos los españoles. Pero en el caso de esta corporación pública tanto dan prejubilaciones como bajas: todo lo financia el público.

Mi pregunta es: ¿qué habría importado una huelga en RTVE? Nada, pues hay otras cadenas privadas a las que el público puede acudir. Esta debilidad negociadora no es sino un síntoma del deseo enfermizo de diálogo y acuerdo social evidenciado por Rodríguez Zapatero.

Por Pedro Schwartz

© AIPE

Libertad Digital, suplemento Ideas, 26 de julio de 2006

 

Gallardón oficiará su primera boda gay porque “su obligación es aplicar con toda normalidad una ley vigente

El alcalde de Madrid insistió en que las leyes, una vez son aprobadas, obligan a todos y esta es, en su opinión, una de las razones por las que el Ayuntamiento de Madrid, con toda normalidad, autoriza la boda de dos personas del mismo sexo cuando lo solicitan"

El alcalde de Madrid, Alberto Ruiz-Gallardón, aseguró ayer que su decisión de oficiar el próximo sábado su primera boda gay, en concreto entre los militantes del PP Javier Gómez y Manuel Ródena, "no ha generado absolutamente ningún tipo de reproche por parte de nadie", y subrayó que, a pesar de la discrepancia de su partido con esta norma, lo único que ha hecho es cumplir con su obligación de aplicar "con toda normalidad" una ley vigente.

En rueda de prensa posterior a la Junta de Gobierno del Ayuntamiento, Ruiz-Gallardón recordó que no es la primera boda civil de personas del mismo sexo que autoriza, ya que, según explicó, "la capacidad legal para permitir los matrimonios en los ayuntamientos es exclusiva del alcalde".

"Otra cosa -añadió- es que el regidor delegue en cada uno de los casos en otros concejales, cosa que yo hago habitualmente porque si no haría imposible que las pudiese celebrar todas una única persona", precisando que actúa igual en bodas entre homosexuales que entre heterosexuales.

Además, Ruiz-Gallardón subrayó que solamente autoriza directamente estas bodas cuando los contrayentes tienen un interés especial, "como es el caso -dijo- de estos dos compañeros del PP, que me lo han solicitado".

"Nosotros (el PP) hemos mantenido una discrepancia con relación a esta ley pero este hecho no significa que una vez aprobada por las Cortes Generales debamos o podamos no aplicarla", precisó. Finalmente, insistió en que las leyes, una vez son aprobadas, obligan a todos y esta es, en su opinión, una de las razones por las que el Ayuntamiento de Madrid, con toda normalidad, autoriza la celebración de dos personas del mismo sexo cuando lo solicitan". "Son muchísimos los alcaldes del PP que hacen lo que tienen que hacer: aplicar la ley", concluyó.

Análisis Digital, 28 de julio de 2006

La guerra jihadista contra la India

¿Es esto el comienzo de la guerra jihadista contra la India? Sí y no. Sí, es una guerra jihadista contra la India, pero no, las explosiones en los trenes no eran el principio de esa guerra. Al contrario que Estados Unidos, España o el Reino Unido, los hindúes llevan años siendo objeto de pequeños estallidos de la guerra santa. Los atentados de ayer en los trenes de Mumbai (antes Bombay) no son los primeros ataques contra la patria hindú. En octubre del 2005, atentados terroristas mataban a más de 60 personas en la capital de la India, Delhi. La propia Mumbai fue objetivo de ataques terroristas que masacraron a 55 personas e hirieron a 180 en agosto del 2003. Y en diciembre del 2001, grupos jihadistas lanzaban incursiones contra el parlamento de la India matando a un buen número de personas también. La puesta de miras sobre la democracia más poblada de la Tierra lleva años teniendo lugar, incluso antes del 11 de Septiembre, a manos de los seguidores de la ideología Salafi-Tablighi, con raíces comunes con la doctrina terrorista de al-Qaeda. Las explosiones del 11 de julio en Mumbai encaminadas contra inocentes civiles son el último eslabón en una cadena de crímenes dirigidos contra la población hindú por militantes que siguen órdenes y que están involucrados en un camino irreversible de violencia. ¿Pero quién lo hizo y por qué?

Los expertos hindúes y las fuentes de seguridad están seguros de que un jihadista hindú, Daoud Ibrahim, está probablemente detrás de la organización de los ataques terroristas de Mumbai, igual que está acusado de tener un largo historial de acciones similares. Ibrahim es un musulmán hindú que siguió la ideología islamista y se comprometió a emprender la jihad contra los hindúes y el Estado de la India. Se cree que en el pasado juró su Bay'a (compromiso de fidelidad) a Osama Bin Laden. Ibrahim tiene redes jihadistas dentro de la India y está relacionado con organizaciones islamistas de Cachemira a ambos lados de la frontera con Pakistán.

El principal "movimiento", que empieza en Pakistán y se extiende por el interior de la provincia hindú de Cachemira es el Laskar-e-Taiba, que fue fundado a finales de los años 80 por Hafiz Mohammad Saeed. Laskar-e-Taiba significa presuntamente "Los soldados del Puro". También podría significar lingüísticamente "los Buenos soldados" o "Los mejores soldados", en referencia a ellos como la vanguardia de los muyahidínes de la región. En realidad, los "Laskars" son una forma de Talibanes en Cachemira cuyo objetivo es establecer un emirato en la provincia hindú de Cachemira antes de unir fuerzas con los islamistas de Pakistán y los Talibanes de Afganistán para crear un "Principado Jihadista" masivo y poderoso al sur de Asia, que se extienda desde Irán a China.

La Laskar Taiba se encuentra bajo los auspicios ideológicos de una fundación de corte wahabí en Pakistán, la Markaz Dawa ul-Irshad, creada también a finales de los años 80. Algunas informaciones concluyen que la "Dawa" es el barco nodriza, mientras que la "Laskar" es el ejército, uno de sus brazos armados. En la jungla del fundamentalismo del sur de Asia, las redes están entremezcladas, pero bien conectadas entre sí. Los jihadistas Salafi-Tablighi de Pakistán y sus homólogos en la India tienen dos enemigos: uno estratégico y el otro un enemigo interino. El Estado de la India es visto como un enemigo que obstruye la independencia de Cachemira y el establecimiento de un emirato. Al igual que en el caso de Chechenia, los islamistas secuestran la "causa étnica" y la transforman en masacre jihadista. La "Laskar" y sus partidarios dentro de Cachemira y el resto de la India han desplazado en realidad el centro de su lucha de la separación clásica de la India al establecimiento de un régimen Talibán en el norte de la India, cuyo objetivo real sería radicalizar a la fuerte comunidad musulmana de 100 millones de personas en la India. Las informaciones indican que esta penetración es ahora representada por el Movimiento de Estudiantes Islámicos de la India (SIMI), acusado por fuentes hindúes de ser una asociación de la Laskar. De ahí que el tema de la "Talibanización" de la India se haya convertido en la principal amenaza para la India y por efecto de rebote, también para el Presidente de Pakistán Musharref, puesto que el segundo enemigo interno para la suma de todo los jihadistas desde Waziristán a Cachemira no es otro que el presidente de Pakistán. Ellos creen que "él no ayuda lo bastante contra la India", como afirman en sus páginas web y, obviamente, en Al-Jazira.

Pero sobre las nubes del magma hindú-paquistaní, Osama Bin Laden ha decretado sus fatwas mortales contra el "infiel" del sur de Asia. En sus cuatro últimos mensajes al menos - grabaciones de audio o de vídeo - difundidos en Al-Jazira o colocados en la página web al Sahhab, Osama bin Laden y Zawahiri criticaban a los hindúes como un enemigo a aborrecer. Lanzando acusaciones contra el billón de hindúes del subcontinente, sin distinguir entre gobiernos e individuos, los jihadistas jefes ordenaban a sus huestes que derramaran la sangre de las masas hindúes con argumentos ideológicos.

De nuevo aquí, después de Estados Unidos, España, Gran Bretaña, Rusia y otras naciones objetivo del terrorismo, la India tendrá que declarar la identidad de los criminales, no sólo en términos de sus nombres y los nombres de sus organizaciones, sino el nombre de su ideología y su contenido. Contra más expanden sus sangrientas fronteras los jihadistas contra la comunidad internacional, más se aíslan a sí mismos entre "infieles" y musulmanes por igual.

¿Pero qué puede y debe hacer la India para contrarrestar la guerra jihadista contra sus ciudades? Cualquier observador puede predecir que los trenes de Mumbai no serán los últimos en ser atacados en el futuro. La penetración en el segundo país más grande del mundo es profunda y extensa, y por encima de todo, está respaldada a lo largo de la frontera por los poderosos fundamentalistas de Pakistán. Según los informes, casi todo puesto en el principal bazar de toda ciudad - grande pequeña - de Pakistán tiene una caja de donativos para la Lashkar destinada a recaudar fondos para "la lucha en Cachemira". El grupo fue prohibido en la práctica por el gobierno en el 2002; sin embargo, aún opera por todo el país, dentro de Cachemira, y ahora ha extendido sus tentáculos en lo profundo de la India. Los segundos pueden tratar con las ramas dentro de las muchas provincias de la India, pero las raíces están hundidas profundamente y son abonadas dentro de Pakistán.

De ahí que el presidente paquistaní Musharref tenga que presionar desde Occidente y el gobierno hindú desde Oriente para contener y aislar a la red terrorista jihadista. ¿Pero sabe estar el presidente paquistaní a la altura de la misión?

Inmediatamente después de los ataques, el General Musharref y su Ministro de Exteriores denunciaban "el acto repulsivo". Esto era lo adecuado para enfriar las relaciones India-Pakistán ¿Pero cruzaría la línea el comandante en jefe del Ejército Paquistaní y cargaría contra la Laskar-e-Taiba dentro de su propio país? Es una necesidad muy arriesgada, a la vista del sólido atrincheramiento de los jihadistas en el segundo país musulmán más grande del mundo. Al este, en la frontera con Afganistán, las tribus Pashtún talibanas controlan Waziristán, donde se cree que se esconde Osama bin Laden. Al oeste, a lo largo de la frontera con la India, se extiende la Laskar. En el centro y en el interior de las grandes ciudades conspiran los partidos islamistas del país, intimidando a los partidos seculares una vez influyentes. En medio, se encuentra Musharref con su ejército. La cuestión tiene que ver con la influencia islamista dentro del Ejército y el servicio de Inteligencia. Hace unos cuantos meses, un ex alto mando de las fuerzas armadas advertía en una página web, "Musharref haría mejor en retirar sus tropas de Waziristán si no quiere ver explotar la intifada".

Al-Qaeda, la directiva de la Dawa, la Laskar y sus aliados dentro de la India comprenden esta geografía mortal. Juegan al cobarde tanto con Pakistán como con la India, manipulando a uno contra el otro. El ataque dentro de la India fue una orden estratégica procedente del alto mando jihadista con la esperanza de presionar a Delhi para responder contra el propio Pakistán, y a Islamabad para responder a la respuesta de la India. Está claro que bin Laden quiere una guerra más amplia entre estas dos potencias nucleares del subcontinente asiático. Y cree que puede provocar esa guerra atacando las ciudades de la India.

Este es el motivo por el que creo que vendrán más ataques.

Y finalmente, para relacionarlo en casa, ¿dónde está la conexión americana? ¿Hay una? Los diplomáticos americanos, por supuesto, tienen que seguir las tensiones entre las dos potencias nucleares de la India y Pakistán, como ya están haciendo. Pero la [Agencia de] Seguridad Nacional norteamericana tiene que ser consciente de estos ataques contra Mumbai, puesto que la Laskar Taibe no es ajena a nuestras costas. Apenas hace tres años, un grupo jihadista conocido como "la célula de Paintball de Virginia" se entrenaba para "extender el apoyo a la Laskar e Taiba". En realidad, a 60 millas del centro de Washington, un buen número de creyentes en la jihad americanos de nacimiento y seguidores de la ideología de al-Qaeda se entrenaban en combate urbano. Entré ellos se encontraba un tal Ismael Royer, de CAIR, que ahora está encarcelado como parte de una conspiración jihadista contra los infieles.

Si una célula de la Laskar-e-Taiba se preparaba para el terror a poca distancia de la capital norteamericana, nadie puede garantizar que los amos de la jihad no den algún día órdenes de descarrilar también trenes americanos.


Por Walid Phares

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Colaboraciones nº 1102 | 20 de Julio de 2006

El Dr. Walid Phares es un experto en terrorismo, fundamentalismo islámico y movimientos yihadistas. Es miembro decano de la Fundación de la Defensa de las Democracias y escribe en publicaciones especializadas como Global Affairs, Middle East Quarterly, and Journal of South Asian and Middle East Studies además de para diversos periódicos de renombre mundial y de opinar para medios como CNN, MSNBC, NBC, CBS, ABC, PBS y BBC.

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