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Políticamente... conservador

Hezbolá

Hezbolá

Hezbolá es el enemigo, el objetivo, la clave de esta guerra. Hasta qué punto obedece órdenes de Siria o Irán o ambos es imposible de determinar mientras israelíes y norteamericanos no revelen unos datos de inteligencia que no se adquieren para exponerla en la plaza pública. Sin embargo, eso no cambia nada. Lo que es seguro es que Hezbolá contaba con la respuesta israelí y la quería. Los errores de cálculo no sólo son posibles sino frecuentes. Pero Hezbolá venía contando con esta guerra y preparándose para ella desde el momento mismo en que los israelíes abandonaron el sur del Líbano hace seis años. Han convertido su lado de la frontera en una línea Maginot y una descomunal batería de misiles. Aunque la iniciativa haya sido del grupo terrorista, lo que también tendría sentido, no puede haberse lanzado a la aventura sin la luz verde de Damasco y Teherán. No tenemos pruebas pero no lo consideramos razonable.

A ambas capitales les viene bien la guerra, aunque nunca exactamente por los mismos motivos. Siria trata siempre de demostrar que, sin ella, el Líbano es un caos y Hezbolá un agresor incontenible. A Irán le viene de perlas otro elemento de distracción para los norteamericanos, cuando está ganando tiempo diplomáticamente antes de que su proceso de enriquecimiento de uranio sea tecnológicamente irreversible y tratando de sacar la mayor tajada posible en Irak.

Pero también hay sombras. Si la destrucción de Hezbolá llega muy lejos, ambos pierden una baza muy valiosa en su juego entre vecinos y en el ancho mundo. Sin duda han hecho las mismas cuentas que su patrocinado y han concluido que la aniquilación, que sería el objetivo israelí, no llegará demasiado lejos. Y eso significa una victoria para la organización libanesa. Pero una victoria demasiado rotunda también tendría sus desventajas para los patronos. Salir demasiado ilesa o reconvertirse en una insurgencia tan indomable como la sunní en Irak los haría demasiado independientes. Al fin al cabo, por mucho que le deban al vecino inmediato y al correligionario más poderoso y distante, no han sido nunca simples marionetas. También tienen intereses propios que pueden divergir de uno y otro y un margen de autonomía de decisión.

Al matar a cinco soldados y secuestrar a otros dos en territorio ocupado por Israel y pedir la luna en cuanto a intercambio de prisioneros están ya enseñando la oreja. Para Israel, militarmente en el interior de Gaza por idéntico motivo, ceder es lo mismo que tirarse al mar. No hay error de cálculo posible pero, por si hubiera dudas, los terroristas bombardean la tercera ciudad de Israel y dan a entender por todos los medios posibles que en su arsenal hay cohetes que alcanzan hasta Tel Aviv. Tienen al 60% de la población israelí a su merced y todo es cuestión de tiempo de que tengan a la totalidad. ¿En qué estarán pensando los que hablan de proporciones y proporcionalidades? ¿Qué más necesitan para darse cuenta? Para Israel no es una cuestión de seguridad interior, de más o menos terrorismo. Es una nueva guerra de supervivencia. Lo sabían y lo prepararon, a pesar de todos los indudables azares que la guerra implica. Por eso la población israelí ha reaccionado como una piña.

Quizás no tengan derecho a existir y deberían tirarse al mar sin que nadie los empuje. Pero no parecen dispuestos. Es difícil pensar en un país que, en las mismas circunstancias, no hiciera lo mismo de poder hacerlo. Excepto quizás España, que contempla adormecida como un presidente que cree gobernar un Estado que no es nación se dispone a desmembrarla y resolver el problema terrorista concediéndoles sus objetivos. Los que han puesto en él todas su complacencias y se dejan plácidamente manipular por él es lógico que se disfracen de Arafat. ¿Por qué no de Jomeini o del hijo de Laden?

GEES

Libertad Digital nº 827, 24 de Julio de 2006

Una visión neoconservadora del mundo de hoy

I.- En que creemos los Neocons

Para entender el credo de los neoconservadores, hay que tener dos cuestiones bien presentes: la primera, que no hay tal cosa parecida a una doctrina del neoconservadurismo, sino que se dan aportaciones de individuos ante cuestiones concretas y que varían en el tiempo. Hay neoconservadores, más que neoconservadurismo. Al menos, hasta cierto grado, pues también es verdad que todos los neocons coinciden en algunos asuntos básicos que sí son compartidos.

En segundo lugar, que hay una especie de corte epistemológico entre las dos generaciones de neoconservadores claramente marcadas en suelo americano: La primera, simbolizada por Irving Kristol y la segundo, caracterizada por, casualmente, su hijo, William Kristol. La primera generación, que tiene como arranque su anticomunismo y antitotalitarismo, no se centró en asuntos de política internacional, sino que prácticamente trabajó en su integridad en cuestiones sociales y culturales, esencialmente dando una batalla en contra de una sociedad progresivamente secularizada y carente de valores sociales por encima del individualismo y materialismo galopante, como era la sociedad norteamericana de los 60 y primeros 70.

La segunda generación, cuyos orígenes pueden correlacionarse con el ascenso de Ronald Reagan a la presidencia, está mucho más focalizada en los temas de política internacional. De hecho, tomando la base anticomunista de sus progenitores, harán de la derrota de la URSS una de sus preocupaciones centrales.

En los 90, esta nueva generación experimentará una nueva transformación, esencialmente de la mano del equipo que lanzará el Weekly Standard a mediados de los 90. No sólo propugnarán relanzar una política exterior neo-reaganita, sino que se desembarazarán completamente de los rasgos que aún conservaban del realismo y abogarán por una política americana activista y comprometida con la lucha contra el genocidio y las tiranías, en un programa expansivo de la democracia en el mundo.

La clave para entender la nueva generación de neoconservadores en los Estados Unidos (y parcialmente en Europa) es 1989 en tanto que fecha que simboliza, con la destrucción del muro y la posterior desmembración del imperio soviético y final desaparición de la URSS, el final del régimen bipolar de la Guerra Fría. A partir de ese punto en la Historia, el orden internacional le otorga una significativa preeminencia a América. Como dijo Charles Krauthamer, era “el momento unipolar” de los Estados Unidos, pues sólo ellos contaban con todos los ingredientes requeridos para ejercer como una auténtica superpotencia (poder militar, dinamismo económico, innovación tecnológica y voluntad de actuar como tal).

La disyuntiva que se le abría a los Estados Unidos a comienzos de los 90 era actuar como una potencia más (que no lo era), sujeta a todos los aspectos positivos y negativos de la trama institucional heredada de la Guerra Fría, retraerse de la escena internacional a fin de disfrutar de la nueva era de paz y tranquilidad (¿recuerdan aquello del final de la Historia de Fukuyama?) o aceptar comportarse como lo que realmente eran, una hiperpotencia, la única, de hecho, de talante liberal. O, en otras palabras, en una potencia hegemónica benigna.

La globalización impedía en buena medida un aislamiento respecto al mundo, pues el dinamismo económico de Norteamérica sólo podía sostenerse beneficiándose de una mayor liberalización económica en general. Y, de hecho, la prosperidad bajo los años de Clinton puede explicarse por los beneficios de la globalización. La opción institucionalista y multilateral se vino enseguida abajo, toda vez que la apuesta de Bush 41 por un “nuevo orden mundial” quedó en nada habida cuenta de que nadie, salvo América, estaba equipado intelectual o materialmente para darle contenido. La crisis de los Balcanes dejó en evidencia que en contra de lo que se decía, “la hora de Europa” estaba lejos de haber llegado.

Los años que van de 1989 a 1995, es decir, del final del sistema bipolar a la intervención en Bosnia, van a marcar de manera clara el pensamiento de la nueva generación de los neoconservadores. Por un lado, se juzga que el esfuerzo de los años de Reagan para mermar al “Imperio del mal”, dieron sus resultados. Esto es, que la URSS cayó precipitadamente porque se la empujó a ello, no sólo por su implosión natural. La URSS fue debidamente vencida. En gran medida, esta lectura de los acontecimientos inspirará una gran confianza en la acción política para superar los demonios del mundo. Pocas cosas podían ser peores que el imperio soviético.

Bosnia, a su vez, servirá de campo de batalla ideológico entre quienes preferían que los estados Unidos se mantuvieran al margen al no estar sus intereses vitales o estratégicos amenazados, en la estela del realismo político, y quienes, como los Kristol y Kagan, defenderán una intervención americana robusta al entender que detener la barbarie en la zona es un interés estratégico norteamericano. El desarrollo de la idea de intervencionismo activo, defensa de los derechos de la persona y promoción de la democracia, cuajará en estos años en el ideario de los nuevos neocons.

De nuevo, una nota de precaución. No es justo pensar que son estos nuevos autores los que introducen estos temas. Con toda certeza se pueden encontrar sus prolegómenos intelectuales en la obra de sus predecesores, pero de manera esporádica o no sistemática, puesto que, como ya se ha dicho, las preocupaciones de la primera generación no giraban en torno a la política internacional. En todo caso, en aquellos donde sí eran un asunto central (y que podrían estar a caballo entre una generación y otra, como son los casos de Richard Perle y Paul Wolfowitz, entre otros) las ideas de intervención, imperialismo benigno, poder hegemónico, extensión de la democracia, y otras, ya estaban bien presente.

Sea como fuere, es en estos años cuando van a madurar los conceptos básicos que caracterizan las propuestas exteriores de los neoconservadores y que pueden abreviarse de la siguiente forma:

a) asunción del papel global de los Estados Unidos lo que unido a su naturaleza moral obliga a América a sumir un papel predominante o hegemónico en los asuntos mundiales;

b) convicción de que el uso de la fuerza puede hacerse de manera eficaz para promover los valores y los sistemas democráticos y liberales. Que la política de cambio de régimen es viable y deseable en aquellos casos que supongan un obstáculo real a un mundo mejor, bien porque sean una amenaza a la paz y la estabilidad, bien porque caigan en acciones genocidas;

c) acentuado escepticismo sobre la capacidad y la voluntad de actuar en tiempos de crisis por parte de la comunidad internacional y de los propios aliados de los Estados Unidos. La legitimidad internacional debe buscarse hasta donde sea posible, sin que esto suponga un veto a la capacidad de actuación por parte americana. Multilateralismo cuando sea posible, uní lateralismo cuando no quede más remedio.

Estas ideas se verán reafirmadas con la experiencia de Kosovo, donde quedó claramente patente la distancia que mediaba entre América y Europa a la hora de decidir y conducir operaciones de combate. Igualmente, Kosovo marcaría indeleblemente en el Pentágono y en la mente americana la imagen de una “guerra por comité”, en la que quien no ponía tropas disponía política y estratégicamente sobre quien sí las aportaba.

El segundo gran capítulo en la destilación del pensamiento neoconservador en materia internacional vendrá de la mano de los ataques islamistas del 11-S. Por primera vez, destacados personajes de la primera generación se unirán al esfuerzo de sus vástagos por intentar definir el papel que Norteamérica debe jugar en el mundo. Tanto Irving Kristol como, sobre todo, Norman Podhoretz, animarán el debate intelectual sobre los nuevos conceptos que se irán codificando en la práctica de la Administración Bush 43 en su guerra contra el terror. En ese sentido, la distancia entre las dos generaciones de neoconservadores se ha reducido notablemente.

Las ideas que se han diseminado en estos años a través de revistas como la ya citada Weekly Standard, pero también en la clásica Commentary, pueden resumirse en las siguientes:

d) estamos en guerra, nos guste o no. Una guerra declarada por el extremismo islámico, siendo Al Qaeda su vanguardia y cuyo origen no es el 11-S, sino la caída del Sha de Persia y la retirada soviética de Afganistán;

e) Al Qaeda y Bin Laden no son la jihad, son la punta del Iceberg, cuya masa está integrada por los clérigos radicales de la Hermandad Musulmana, el wahabbismo y el jomeinismo, en su vertiente ideológica, y el dinero del petróleo, sobre todo saudita, en su aspecto material;

f) la guerra contra el terror tiene que centrarse en lo más urgente, la eliminación de la amenaza de los terroristas, pero también en la lucha contra la ideología que los alimenta, el jihadismo o el extremismo fundamentalista islámico;

g) la introducción de la democracia, en su vertiente institucional y cultural, en el mundo árabe es un requisito imprescindible para prevalecer sobre el terror islámico. Es la única alternativa viable, por costosa y compleja que pueda resultar, para evitar el flujo constante de la frustración al odio y la violencia;

h) en el mundo actual, donde la proliferación del conocimiento y las tecnologías asociadas a los sistemas de destrucción de masas, así como en plena era del megaterrorismo con armas convencionales, confiar en la defensa pasiva y en la reacción policial, es simplemente inaceptable. La disuasión se ha agotado en su eficacia, la represalia no evitaría los daños inflingidos por un ataque devastador, por lo que sólo queda como herramienta válida la anticipación y la prevención;

i) en la medida en que estamos en una guerra global, hay que entender los hechos vinculados al jihadismo como un continuum, los puntos que unen el 11-S con Madrid, Londres, Casablanca o Hamas y Hizbuláh en su agresión contra Israel;

j) Israel, de hecho, ocupa en estos momentos un papel central en la lucha contra el terrorismo, no sólo porque está librando una batalla a grupos terroristas, sino porque, a través de ello, está luchando contra los designios de una potencia que es inspiradora en buena medida del terrorismo islamista y la jihad, como es Irán;

k) Vencer en Irak, igualmente, es asestar un golpe mortal a los planes del terrorismo islámico, a la vez que introducir un elemento de cambio fundamental en la dinámica política y social del Oriente Medio.

II.- De la influencia de los Neocons

Si los neocons han saltado a la fama se debe a dos acusaciones que hacen sus enemigos: haber secuestrado la mente del presidente George w. Bush desde el 11-S; y ser los inspiradores de la intervención para derrocar a Saddam Hussein en Irak.

En gran medida estas acusaciones se dirigen tanto desde la izquierda como desde la derecha más tradicionalista porque, en realidad, Bush 43 sí parece haber asumido buena parte del ideario de los neoconservadores. Cabe preguntarse si por un ejercicio intelectual o por la tozudez de los hechos. O tal vez porque las otras alternativas ideológicas no le dieran las respuestas adecuadas para hacer frente a los retos del mundo post 11-S.

Sea como fuere, el hecho es que lo que se conoce como doctrina Bush se ha asociado indisolublemente a ideario neoconservador.

De la misma forma, todo retraimiento de la ejecución de dicha doctrina por parte de la administración americana actual, suele leerse como una pérdida de influencia de los neocons en la política americana. Ya he argumentado en otra parte (Cuadernos de pensamiento político nº 10, “A dónde va América”) que sigue sin haber un cambio sustancial de la doctrina estratégica americana, a pesar de la fatiga de Irak y el penoso avance de la democracia en el mundo árabe. Por no hablar de las dificultades en Afganistán o el continuo chalaneo con Irán.

La única alternativa viable al neoconservadurismo para la política exterior americana no es una vuelta al realismo, porque sus recetas de apoyo a la estabilidad, están precisamente en la base de muchos de los problemas que hoy vivimos. Son recetas bien conocidas, además. Y, como digo, ya se sabe cuáles son sus resultados.

Hoy la única alternativa para América sería una especie de neo-aislacionismo. Una retirada estratégica apoyada por unos sistemas de defensa y homeland security que les asegurara la práctica impenetrabilidad de los terroristas en suelo americano. Pero ésta es una promesa demasiado arriesgada. Y costosa de mantener. Es más, aunque el suelo americano quedara debidamente protegido, los intereses de América en el exterior, que son muchos y crecientes, no. Desde mi punto de vista, esta corriente es peligrosamente ilusoria puesto que no tiene en cuenta la realidad de la globalización y el precio que tendrían que pagar todos y cada uno de los americanos por desengancharse de la misma. Para empezar por su nivel de vida.

Por tanto, la importancia de las ideas neoconservadoras no estriba en la presencia de tal o cual nombre en la administración americana; ni en la ejecución o no de tal o cual política en un momento dado. Sino en que representan el único marco teórico que le da suficiente esperanza a los dirigentes americanos. Lo bueno de definir la situación actual como una guerra es que una guerra da sólo dos opciones: Ganarla o perderla. Las alternativas al neoconservadurismo no prometen la victoria. Y mientras esto siga siendo así y no surja otra alternativa de esperanza para el pueblo americano, el gobierno no tendrá más remedio, le guste o no, que seguir promoviendo las ideas que ha venido defendiendo George W. Bush.

III.- De la centralidad de Israel

Una acusación constante a los neoconservadores americanos es de constituir una cábala judía que busca, en realidad, primar los intereses de Israel sobre cualquier otra lógica. Y es cierto que buena parte de los neocons son judíos. No obstante, lo que no se sostiene es que formen una secta pseudoreligiosa de oscuros propósitos. Esencialmente porque si algo son los neconservadores son publicistas de sus ideas. Ninguno rehúsa un buen debate ni esconde sus ideas. Bien al contrario. Por otra parte, a medida en que sus ideas han ido calando en más gente, las asimetrías personales crecen, desdibujando la fe de sus fundadores. Esto es todavía más cierto al hablar de la expansión del neoconservadurismo fuera de las fronteras de los Estados Unidos.

En todo caso, e independientemente de la religión -o la falta de- a la que se adscriba cada cual, es verdad que Israel juega un papel central en el ideario neocon. Por varias razones.

En primer lugar, por ser una democracia, la única democracia de hecho, en el Oriente Medio. Israel está en el Oriente Medio, pero es plenamente occidental y forma parte de occidente por sus valores e instituciones, a pesar de la geografía. Defender el único régimen liberal en la zona, es ya de por sí algo positivo para quienes quieren ver transformado todo el mundo árabe y musulmán.

En segundo lugar, porque Israel es un estado acorralado, en permanente peligro y amenazado por la continua agresión de sus vecinos, que nunca lo han aceptado. Permitir que las dictaduras y autocracias de la zona acabasen con el Israel democrático sería un grave golpe contra el mundo liberal y una traición a los principios democráticos. Israel tiene derecho a existir y a gozar de unas fronteras seguras y respetadas y no puede no debe aceptarse el chantaje de sus atacantes, sean gobiernos o grupos terroristas.

En tercer lugar, porque la amenaza sobre Israel ha ido mutando con el tiempo y ha pasado, de hecho, de ser producto del panarabismo y el nacionalismo palestino a formar parte de la ola de islamismo radical que asola el mundo árabe. Israel ha pasado a formar parte del puzzle del terrorismo islámico que lo combate en tanto en cuanto vanguardia del mundo democrático en tierra del Islam. Por eso, la solidaridad con Israel en la lucha contra el terrorismo no es un acto gratuito. Luchando contra Hamas y Hizboláh Israel está haciendo una enorme contribución a la lucha global contra el terror islamista.

Por último, Israel es inaceptable para los dictadores árabes, sean seculares o religiosos, porque les pone en evidencia: no hay nada intrínseco en la zona que impida a un pueblo disfrutar de la libertad y la prosperidad. Pero también Israel es importante porque es un irritante recordatorio para el mundo -y para los europeos más en particular- de la necesidad de amar al estado y de hacer sacrificios personales en su defensa.

Israel se ha convertido en las últimas décadas en la bestia negra de la izquierda y de los radicales europeos quienes han sumido ciegamente el discurso palestino más extremista, aquel que rechaza la existencia de Israel. Es más, la izquierda entiende ser anti-israelí como prolongación de su antiamericanismo. Al mismo tiempo, comparte con parte de la derecha carpetovetónica un anti-semitismo primario.

Por todo ello, ahora, los neocons entendemos que la supervivencia de Israel debe ser garantizada a toda costa. Su derrota o su desaparición supondría el auge del radicalismo islamista, al haber alcanzado uno de sus objetivos estratégicos. Igualmente, significaría un empuje para el radicalismo en Europa, tanto de la izquierda como de los propios musulmanes. Supondría haber perdido la esperanza de poder cambiar el Oriente Medio y, si me apuran, hasta de poder defendernos a nosotros mismos. Al menos a quienes sostenemos la visión de una Europa engarzada en Occidente, respetuosa de la libertad individual pero consciente de sus límites, con una clara conciencia de sus valores y tradiciones.

IV.- La batalla por Irak

No hay neocon que no apoyara la intervención en Irak. Aunque fuera por motivos y con argumentos diversos. De hecho, hay cuatro razones que salen normalmente a relucir en los debates:

a) el argumento humanitario. No era posible hacer la vista gorda más ante los horrores de Saddam para con su propio pueblo. Era de justicia poner fin a ese sufrimiento colectivo;

b) el argumento de seguridad nacional. Ante la erosión del régimen de sanciones y la constancia de la ambición de Saddam por hacerse con sistemas de destrucción masiva, lo más conveniente era derrocarle ahora y no tener que enfrentarse a él más tarde cuando ya tuviera esas armas a su disposición;

c) la lucha contra el terror. Sabiendo de las conexiones del régimen de Saddam con el terrorismo, incluido el islámico y Al Qaeda, así como del odio a América profesado por Saddam, su continuidad en el poder suponía correr un grave riesgo en el futuro mediato. Saddam podía alimentar a terroristas con sistemas de destrucción que resultasen muy dañinos para los Estados Unidos. Había que abortar esa posibilidad antes de que llegara a materializarse;

d) la democratización del Oriente Medio. Irak, librado del régimen de Saddam podía llegar a convertirse en un faro de cambio para toda la zona si enraizaba en su suelo el germen de una democracia liberal. Es más, podía pensarse que dada las circunstancias, Irak podía ser el país donde la democratización fuera más sencilla y rápida.

No hubo neocon que sostuviera como único argumento que la intervención era necesaria para eliminar una amenaza inminente por parte de Saddam. Es más, se puede argumentar que la guerra de Irak, en contra de lo que dicen sus críticos, no es un buen ejemplo de la doctrina Bush de acción anticipada. Sino más bien de un caso de guerra preventiva clásico: mejor ahora que más tarde.

Tampoco he encontrado neocons que critiquen la acción. Fukuyama por oponerse ahora a la intervención se declara él mismo fuera del campo del neoconservadurismo (si es que algún día estuvo dentro de él, cosa más que dudosa). Eso sí, lo que no faltan tampoco son críticas punzantes sobre la gestión de la Administración americana, y en especial del pentágono, de esta guerra.

Para los neoconservadores en su mayoría, no hay más opción que la victoria y se debe hacer cuanto se deba para lograrla, incluyendo un aumento de las tropas desplegadas en Irak y, sobre todo, un cambio de actitud en la conducción de sus operaciones. Si hay que combatir se combate; si hay que matar, se mata. Es tanto lo que está en juego, en términos de credibilidad de la política americana frente al mundo árabe, en relación a la lucha contra el terror, en el frente de la transformación del Norte de África y Oriente Medio, que si hay que imponerse brutalmente sobre el enemigo, mejor eso que prepararse calladamente para una derrota.

V.- Los Neoconservadores fuera de América

El “movimiento” neoconservador es de marcado origen americano. Su guerra cultural de los 60 y 70 así lo exigió históricamente. Sin embargo, a medida que los asuntos de política internacional y económicos comenzaban a despuntar en su agenda, el neoconservadurismo fue ampliándose, en especial a Europa, hasta convertirse en un ideario global.

En el caso europeo, los ecos de la guerra cultural en los Estados Unidos se sienten aquí como la reacción ante una profunda crisis de valores en Europa. Secularismo galopante, relativismo moral, areligiosidad, olvido del valor de la vida, despreocupación por las generaciones venideras. En suma, olvido del pasado y del futuro.

Este fenómeno, asumido de forma natural por la izquierda y la derecha, se va a ver en cuestión tras 1989, con el agudo contraste entre la Vieja Europa y la Nueva Europa, sociedades con el mismo fin compartido, paz, prosperidad y progreso, pero con expresiones concretas radicalmente distintas. Baste recordar, por ejemplo, quien estaba a favor de incluir una referencia al cristianismo en el preámbulo de l Tratado constitucional de la UE y quienes se opusieron a ello.

Por otro lado, la hegemonía del proyecto francés en el proceso de construcción europea, también llevará a muchos a replantearse el modelo de Europa que queremos para nuestro futuro. Frente a una Europa económica esclerótica e intervencionista, un sistema abierto y liberal; frente a una Europa contrapeso a los Estados Unidos, una Europa atlántica; frente a una Europa que no reconoce su propia identidad y la equipara a la de cualquiera, una Europa integradora sobre la base de nuestros principios, Historia y valores. En fin, frente a una Europa decadente, una Europa dinámica; frente a una Europa débil, un continente fuerte.

En gran medida, el debate sobre el futuro de Europa servirá para precipitar buena parte de las ideas neoconservadoras. Es más, servirá para descubrir cuantos neocons hay en Europa, promoviendo su contacto y su colaboración en una relativamente tupida red.

En cualquier caso, el detonante último fue, sin lugar a dudas, la crisis de Irak, expresión de todas las contradicciones entre europeos.

Llegado a este punto convendría preguntarse hasta qué punto la presencia en escena de Tony Blair y de José María Aznar impulsó el auge repentino de la comunidad de neocons en Europa, hasta ese momento relativamente marginada a los debates académicos.

VI. Los Neocons en España

En España había neoconservadores antes de Aznar y los habrá después de Aznar. No obstante, José María Aznar ocupa un lugar destacado en la formación del ideario neocon en nuestro país. Aunque él no lo sepa. Y no sólo por Irak, que como ya he dicho, sirvió de galvanizador en Europa.

La política de Aznar resulta importante porque expresa una visión de grandeza nacional para España, algo que cuadra muy bien con las ideas de los necons. Por ejemplo, hay que actuar en el mundo sin complejos; no pasa nada por defender los intereses nacionales; la fuerza es un elemento más de la realidad y si es necesario recurrir a ella porque todo lo demás fracase, pues se usa; los compromisos y las promesas están PARA ser cumplidas, pues la seriedad es una cualidad para cualquier nación que se precie; no todo vale, hay buenas ideas y malas ideas y hay buenas políticas y malas políticas; el mayor peso internacional conlleva mayor responsabilidad y, por ende, mayor sacrificio; la solidaridad con los amigos es un bien necesario; las instituciones internacionales sirven si son eficaces... en fin, toda la retahíla de nociones y conceptos que son bien conocidos.

Precisamente, porque Aznar tenía un modelo y un proyecto para España, abría la puerta a unas políticas distintas. Y así como Bush 43 se encontró el 12 de septiembre sólo, únicamente con las ideas de los neocons dando sentido a lo que tenía que hacer, la España de Aznar sólo podría haber seguido engrosando su valor de haberse seguido con el ideario neoconservador, porque todo lo otro no habría dado el mismo resultado. A la prueba está la realidad actual derivada del credo zapaterista.

En fin, si sigue habiendo un proyecto neoconservador, además de por la herencia de los años de Aznar, se debe a que los propios neocons españoles han sabido tejer una intensa red de relaciones con los colegas europeos y americanos, lo que les hace estar plenamente insertados en su conspiración universal.

Por Rafael L. Bardají (Ponencia impartida en FAES, el 25 de julio de 2006).

http://www.gees.org

Análisis nº 135, 27 de Julio de 2006

Nicolas Sarkozy, hablando claro

Franqueza, claridad de ideas y un carisma a prueba de revueltas callejeras y escándalos políticos. Sarko se está ganando a pulso la victoria en las presidenciales francesas de 2007.

Un reformista liberal incrustado en un país que abomina tanto del liberalismo como del reformismo. Así le definen quienes han seguido de cerca la trayectoria del actual ministro del Interior francés, Nicolás Sarkozy, líder del partido conservador gobernante y más que probable aspirante de la derecha gala a las presidenciales de 2007, según escribe Maite Alfageme para la revista Época.

Un animal político. Un tipo que entiende la gestión de lo público con la mentalidad de un ejecutivo eficaz. Que abomina de la palabrería vacua de la mayoría de sus colegas, que hablan y hablan -dice- y no hacen nada.

De un tiempo a esta parte, muchos analistas internacionales han querido ver en él al hombre que puede salvar del naufragio las desvencijadas tablas de la política europea. A nadie escapa que si Sarko consigue instalarse finalmente en el Eliseo y logra enderezar el timón de una Francia desnortada, su ímpetu no tardará en revolucionar también el maltrecho tablero de la Unión Europea.

Pero antes de salvar a Europa de su inmovilismo, tendrá que rescatar a Francia de su decadencia. Y en ello anda.

Los últimos meses han sido testigos de su eclosión. En mayo de 2004, tras la crisis que supuso el no de los franceses a la Constitución Europea, Sarkozy se quedó a las puertas de ocupar el cargo de primer ministro -en sustitución del dimisionado Jean Pierre Raffarin-, una responsabilidad que Chirac encomendó finalmente a Dominique de Villepin, su más íntimo enemigo.

Sarkozy accedió entonces a la cartera de Interior. Una plataforma que, contra pronóstico, le ha catapultado a los más altos índices de popularidad en los sondeos de opinión a raíz de los incidentes acaecidos en los suburbios de las grandes ciudades el pasado otoño, y de su discurso de “tolerancia cero” con la violencia desatada durante aquellas semanas.

Además, Sarko ha conseguido salir airoso de la crisis del Contrato del Primer Empleo, la gran derrota de Villepin. Y los franceses se han puesto de su parte en el llamado caso Clearstream, ese escándalo mayúsculo en el que Villepin encargó a los servicios secretos que le involucrasen falsamente en un sucio affaire de comisiones ilegales.

Aunque lo que realmente le ha hecho subir enteros a ojos de la opinión pública es la Ley de Inmigración recientemente aprobada en la Asamblea gracias la mayoría conservadora de la cámara legislativa, y a pesar del ruido y las protestas -que atufan a electoralismo- orquestados por la izquierda “pancartera” desde la oposición.

Porque la ley Sarkozy aborda sin complejos el problema de la inmigración. Endurece la obtención de los permisos de residencia. Establece una “inmigración escogida, no sufrida”, en función de las necesidades del mercado laboral y la capacidad de acogida de Francia. Suena, en fin, tan políticamente incorrecta como valiente, justa, firme y convincente. Tanto que, cuando le acusan de flirtear con los votantes de la extrema derecha, Sarko tiene a bien contestar: “Si Le Pen dice que el sol es amarillo, yo no puedo replicar que es azul...”.

Periodista Digital, 27 de julio de 2006

Deriva totalitaria

Que no, que Europa no pedía esta educación para la ciudadanía

La Ministra de Educación, Mercedes Cabrera, pretende presentar la nueva asignatura de Educación para la Ciudadanía como algo normal y habitual en Europa. Afirma que responde a criterios emanados de la Unión Europea para brindar a nuestros hijos los instrumentos adecuados para participar en la sociedad.

Una vez más nos encontramos ante la manipulación de los datos reales hasta convertirlos en un engaño, lo que constituye una de las formas más reprobables de entender la política, una actitud que quiebra lo fundamental en política: la confianza.

Es un engaño porque lo que dice la UE constituye una orientación general dirigida a constatar lo obvio: lo bueno que sería que los ciudadanos fueran conocedores y partícipes de las instituciones y en particular de las europeas. Es la reacción al fracaso de la Constitución Europea.

De ello, en ningún caso puede colegirse que deba existir una asignatura sobre este tema. Más bien lo contrario. La civilidad no puede ser objeto de exámenes y notas, sino de conocimiento vivido y ejercitación de la experiencia personal, algo a lo que la escuela puede contribuir, pero que surge esencialmente del seno de la familia, y es acompañado, por las instituciones de la sociedad: de la parroquia al grupo scout, pasando por la ONG, o el club deportivo. En toda esa galaxia es donde los ciudadanos son educados.

Desde el punto de vista docente, la recomendación de la UE más bien se trata de una orientación transversal. Desde la historia a la religión, pasando por la filosofía y las ciencias sociales. Es este cuerpo que debe proporcionar los conocimientos para forjar buenos ciudadanos. Y no un adoctrinamiento específico cuya orientación establece el gobierno de turno.

La vía escogida por el Gobierno español es la habitual en los regímenes totalitarios o de vocación totalitaria; esto es, aquellos que conciben al Estado como la razón y causa fundamental de todo, ya que, por consiguiente, reducen a la sociedad civil a un sujeto amorfo que debe ser moldeado por la doctrina del poder.

El Gobierno se erige en juez ético y moral, extralimitándose absolutamente en sus funciones. Como predicaban desde El País los autores del temario, el Estado debe pasar a ser quien se encargue de la moral, esto es, de establecer el bien y el mal.

Las leyes se convierten en la única fuente de la moral; es decir se sacralizan. Esto es un absurdo.

La mayoría parlamentaria no es una carta blanca para modelar la sociedad a su gusto en lo que se refiere a sus valores morales e instituciones sociales, sino un aval para gestionar los asuntos públicos que corresponden a la administración y la moral no lo es en los regímenes democráticos. Lo fue cuando el franquismo con la “Educación del Espíritu Nacional” y lo volverá a ser ahora con la Educación para la Ciudadanía, si el respeto al derecho de los padres y al principio de subsidiariedad, no impera en el gobierno.

Porque una cosa es que los alumnos conozcan bien la Constitución y los Estatutos de Autonomía, en el bien entendido que como toda obra humana pueden ser modificados con otra correlación política y, otra el establecimiento moral de lo que está bien y lo que no lo está. Mezclar, confundir una cosa con la otra, es precisamente, el síntoma totalitario.

Adoctrinar a nuestros hijos, imponer una interpretación legal de la memoria histórica y practicar la ingeniería social, son los tres grandes atributos de la práctica totalitaria. Los tres los utiliza el gobierno de Rodríguez Zapatero.

Josep Miró i Ardèvol

Forum Libertas, 28 de julio de 2006

El alto el fuego en el Líbano es posible y, por tanto, un deber, asegura el Vaticano

Declaraciones del secretario de la Santa Sede para las Relaciones con los Estados

CIUDAD DEL VATICANO, jueves, 27 julio 2006 (ZENIT.org).- Si bien la Santa Sede valora aspectos positivos de la Conferencia internacional para el Líbano que se celebró en Roma este miércoles, ha manifestado su decepción ante la falta de determinación para exigir el alto el fuego.

Así lo ha explicado este jueves el arzobispo Giovanni Lajolo, secretario para las Relaciones con los Estados, en una entrevista concedida a «Radio Vaticano» en el que analiza los resultados de esta cumbre en la que estuvo presente como observador (sin derecho a tomar la palabra).

La falta de un acuerdo sobre el alto el fuego explica, según el prelado, el que en muchos sectores de la opinión pública se haya considerado como decepcionante este encuentro, promovido por los gobiernos de los Estados Unidos y de Italia, con la participación de otros 16 países, entre los que destacan los miembros del Grupo sobre el Líbano, y de organizaciones internacionales.

«No se logró la unanimidad de los participantes, pues algunos países consideraban que el llamamiento no habría tenido el efecto deseado. Se consideraba más realista expresar el propio compromiso para obtener, sin dilación, el cese de las hostilidades: compromiso asumido y que puede ser de hecho mantenido», explica el representante vaticano.

«Una suspensión inmediata de las hostilidades es posible, por tanto, es un deber», aclara en la entrevista.

Según explica, «la posición de quien considera que ante todo hay que crear las condiciones para que no se vuelva a violar la tregua es sólo de un realismo aparente, pues estas condiciones pueden y deben crearse con otros medios que no sean la muerte de personas inocentes».

En este sentido, considera también «problemático» el que en la declaración final, redactada por los representantes de Estados Unidos (la secretaria de Estado Condoleeza Rice) e Italia (el ministro de Asuntos Exteriores, Massimo D’Alema) se limitaran «a invitar a Israel a ejercer la máxima moderación».

«Esta invitación tiene por su propia naturaleza una inevitable ambigüedad, pues el respeto por la población civil inocente es un deber preciso e impostergable», afirma.

El arzobispo señala, sin embargo, cuatro elementos positivos de esta conferencia.

En primer lugar, «el hecho de que los países de diferentes partes del mundo, desde Canadá hasta Rusia, se hayan reunido con la conciencia de la gravedad de lo que está sucediendo en el Líbano, reafirmando la necesidad de que éste recupere cuanto antes su plena soberanía, y que se hayan comprometido a ofrecerle su propia ayuda».

El segundo aspecto positivo citado por Lajolo es «la petición de conformar una fuerza internacional, bajo el mandato de las Naciones Unidas, que apoye a las fuerzas regulares libanesas en materia de seguridad».

En tercer lugar, subraya el compromiso de la Conferencia «por ofrecer ayuda humanitaria inmediata al pueblo del Líbano y la garantía de un apoyo a su reconstrucción con la convocación de una conferencia de donantes».

Por último, considera también positivo «el compromiso adoptado por los participantes, tras la clausura oficial de la Conferencia, de mantenerse en continuo contacto sobre los ulteriores desarrollos de la intervención de la comunidad internacional en el Líbano».

El secretario de Estado, el cardenal Angelo Sodano, quien este miércoles por la tarde recibió en el Vaticano al primer ministro libanés, Fouad Siniora, tras la conclusión de la Conferencia, en una entrevista concedida este jueves a «Il Corriere Della Sera» también manifestó su decepción ante la falta de un acuerdo sobre un «alto el fuego inmediato».

«Nos encontramos antes un problema humanitario de primer orden y en su solución todos los hombres de buena voluntad deberían encontrar la manera de colaborar», dice el purpurado que estará en este cargo hasta septiembre.

«También hay que salvaguardar la integridad del Líbano, pero obviamente hoy hay que dar la prioridad a las vidas humanas», añadió el cardenal Sodano, subrayando que el Papa sigue lo que sucede en ese país con gran atención y preocupación.
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Lengua y poder en Cataluña

Karl Marx dejó escrito que la cultura dominante era la de la clase social dominante. Su contemporáneo J. Stuart Mill llegaba a las mismas conclusiones: "Dondequiera que existe una clase dominante, la moral pública derivará de los intereses de esa clase". Si esto es verdad, nos ayudaría a explicar la muerte de la ciudadanía como herramienta de participación legítima en la política de Cataluña y la degradación cultural a la que está sometido el castellanohablante.

A riesgo de simplificar, se puede decir que el 50% de la población de Cataluña es originariamente castellanohablante, inmigrante y de recursos económicos humildes (exceptúese, si se considera significativo, una élite ilustrada castellanohablante muy adinerada pero reducida en número). Encuadrados en los cinturones industriales o en las zonas rurales, con trabajos manuales, la mayoría de castellanohablantes tiene escasa o nula incidencia en las decisiones políticas de nuestra sociedad. La consecuencia es una desigual distribución entre cargos sociales y lenguas. Mientras una la acapara la clase social dominante, la otra, la castellanohablante, no baja de los andamios, no llega a los despachos donde se deciden derechos y libertades.

Recuerda mucho a la teoría de los tres tercios que caracteriza a las actuales sociedades desarrolladas. Aplicada y adaptada a Cataluña, el tercio más reducido numéricamente estaría formado por la clase dirigente, cuyo origen se asienta en las sagas familiares burguesas de estos dos últimos siglos. El segundo tercio correspondería a los profesionales liberales, los comerciantes, los funcionarios, los trabajadores asalariados cualificados y una casta de apóstoles de la cultura nacional que viven de recrear la realidad virtual a que antes nos referíamos. Este segundo tercio es muy numeroso. Junto con el primero, ocuparía del 50 al 60% de la sociedad. El resto estaría encuadrado en el tercer tercio: los asalariados manuales, los parados y los marginados.

La característica que llama más la atención es que estos grupos sociales se podrían reconocer nítidamente por la lengua en que se expresan: los dos primeros, mayoritariamente en catalán, y el tercero en castellano. Es muy difícil que un albañil o una señora de la limpieza te hable en catalán, pero casi imposible que un responsable político utilice el castellano en los espacios oficiales, a no ser que estemos en período electoral.

Esa geografía lingüística, en sí, no es buena ni mala. Pero indica la desigual distribución de las dos lenguas entre las tres clases sociales. Y eso, a su vez, vicia las relaciones de igualdad entre origen lingüístico y poder político. La mitad de la población castellanohablante carece de poder económico y cultural, y como consecuencia no tiene representación política; al carecer de ésta, su lengua y su cultura no están representadas. El círculo se cierra.

Empezar por reivindicar el derecho a estudiar en lengua materna es el primer paso para dignificar la cultura culpabilizada y excluida; no para enfrentarla a la otra, sino para disolverla en los derechos ciudadanos ordinarios de cualquier sociedad democrática, extrayéndola de toda mística nacional.

Las lenguas no serían así refugio de patriotas ni de integristas lingüísticos, ni coartada, disculpa o recurso para marginar a nadie. Un derecho nada más, tan ordinario e inviolable como la igualdad del hombre y la mujer.

"El pez no percibe su propia humedad". Es su medio. Esta frase de un librito mágico del que no recuerdo ni el título, pero sí sus metáforas para explicar la teoría de la relatividad, la escribió Ernesto Sábato cuando aún era físico y muy joven. Pero ilustra lo que quiero añadir a lo teorizado hasta aquí.

Hay demasiadas evidencias falsas, demasiadas personas invisibles, muchos, muchos derechos conculcados, ninguno de los cuales es difundido o denunciado. Son los derechos de los que no tienen micrófonos, escenarios ni blocs. Son muchos, pero sus miserias no se teorizan. Tampoco por parte de los intelectuales conscientes. Simplemente no están en su universo cotidiano. Y lo peor, no entendemos sus dificultades porque no sufrimos sus experiencias. Veamos.

El catalán es un criterio de demarcación excluyente. Ni todas las personas llegan a la comprensión o dominio de las lenguas en las mismas condiciones, ni todas tienen las mismas oportunidades, ni todas tienen las mismas capacidades. Si añadimos a eso que la imposición lingüística en Cataluña se ha hecho de golpe y no de grado, después de un régimen traumático que impidió el acceso al conocimiento del catalán desde la escuela y por lo mismo impidió a más del 70% de la población adulta acceder al mercado laboral con las misma oportunidades, habremos de concluir que la imposición del catalán ha sido una frontera arbitraria para usurpar poder político, social y laboral.

En la década de los 80 era difícil encontrar un director o un jefe de estudios en colegios e institutos que no utilizara el catalán por sistema. Unas veces por imposición y otras por precaución, todos los puestos de poder fueron ocupados por catalanohablantes, que además ejercían de catalanistas por defecto. Iba en el cargo. Eso explica por qué se impuso la inmersión en silencio. La evidencia es extensible al resto de sectores laborales: uno a uno han ido cayendo bajo la condición previa del conocimiento del catalán.

No es de recibo que de pronto, por razones históricas o de cualquier otra índole, pueda un gobernante imponer una norma imposible de cumplir por la mayoría pero beneficiosa para una minoría. Para los casos en que es inevitable saber catalán, ¿no sería lógico darle un tiempo al aspirante para que se adecue a la nueva realidad sin que vea mermados sus derechos? Por ejemplo, hoy no puedes presentarte a ninguna oposición en Cataluña si no pasas previamente el conocimiento de catalán, hablado y escrito. Esto impide la igualdad de todos los españoles ante la ley. Sin embargo, cuando a finales de los 70 y principios de los 80 hubo que recurrir a profesores de catalán y no había suficientes se dio un plazo de 5 años para aquellas personas que, sin tener título académico alguno, supieran catalán. Una medida que resolvió un problema y no marginó a nadie. ¿Por qué al revés no se puede hacer...?

No seamos ingenuos: la inmersión en catalán y la hipócrita defensa de la lengua minoritaria nada tienen que ver con la pedagogía ni con la ecología lingüística, sino con políticas de exclusión. Y éstas se han aplicado y se aplican en la escuela, y se extienden inexorablemente a toda la vida social, política y laboral. Todo eso no tiene nada que ver con el mercado, sino con el totalitarismo.

Por Antonio Robles

antoniorobles1789@gmail.com

Libertad Digital, suplemento Ideas, 26 de julio de 2006

Fernández Díaz reprocha a Gallardón su intento de “parecer progre”

El secretario general del Grupo Popular en el Congreso, Jorge Fernández Díaz, volvió a criticar ayer al alcalde de Madrid por haber oficiado en la víspera un matrimonio homosexual. Fernández Díez reprocha a Ruiz Gallardón su deslealtad, y afirma que, tras este gesto, el PSOE está “frotándose las manos”

El Partido Popular continúa inmerso en una polémica tras la boda entre dos homosexuales oficiada el sábado por el alcalde de Madrid. Como ya hizo el viernes, el secretario general del Grupo Popular en el Congreso, Jorge Fernández Díaz, argumentó en términos de lealtad al partido, a lo que añadió, en líneas el discurso del secretario popular de Comunicación, Gabriel Elorriaga, un reproche a Gallardón por el daño inflingido a la imagen del PP. En otras palabras: desde el PP, apenas se ha querido entrar, hasta ahora, en el fondo del asunto: ¿Se puede llamar matrimonio a la unión entre dos personas del mismo sexo? ¿Es el matrimonio una institución natural, o una creación del Estado?

"Al margen de las creencias de cada uno –dijo Fernández Díaz-, cuando uno milita en un partido, y más cuando milita en puestos de responsabilidad, ha de ser especialmente leal con las decisiones que legítimamente adopta su partido, y nuestro partido es público y notorio se ha manifestado muy claramente: votamos en contra de esa Ley en el Congreso y en el Senado y, además, la tenemos recurrida ante el Tribunal Constitucional".

Díaz recuerda también al alcalde de Madrid que la ley no le obliga a oficiar personalmente una boda homosexual, y "mucho menos con esa trompetería y parafernalia". Eso no significa que el Ayuntamiento de Madrid deba negarse a casar a homosexuales. “Es evidente que las leyes, independientemente de que estés de acuerdo o no con ellas, se tienen que acatar. ¡Faltaría más! Pero la ley no obliga a que el alcalde de Madrid oficie una boda”, dice Fernández a Europa Press. Lo que hizo Ruiz Gallardón, por tanto, “es un acto de muy de clara deslealtad política". Lo correcto hubiera sido conciliar "el cumplimiento de la ley con la solidaridad y lealtad con las decisiones del PP, y haber actuado en este tema como mínimo con discreción y con prudencia".

La explicación a la actitud del alcalde es muy simple, a juicio del secretario del Grupo Popular en el Congreso: "A algunos lo que les interesa es hacer mucha trompetería para parecer muy progres", mientras que "los que defendemos posiciones de lealtad, solidaridad y de sentido común parecemos carcas".

El mayor beneficiario de toda esta polémica es el PSOE, en el que hoy “están frotándose las manos". En concreto,"López Garrido y Zerolo están encantados con lo que ha hecho Gallardón, quien ha creado un problema donde no existe trasladando una imagen de división del partido absolutamente artificial".

Análisis Digital, 31 de julio de 2006

Familias sin hijos

Los informes revelan cambios en las actitudes hacia los niños

PISCATAWAY, sábado, 29 julio 2006 (ZENIT.org).- La vida sin hijos es una realidad social en aumento para un creciente número de adultos norteamericanos.

Ésta es la conclusión de la edición 2006 del informe sobre el matrimonio, «El Estado de Nuestros Matrimonios», publicado hace dos semanas por National Marriage Project, que tiene su sede en Rutgers, la Universidad Estatal de Nueva Jersey.

Hasta hace poco tiempo, la mayor parte de la vida adulta trascurría con los hijos jóvenes que formaban parte del hogar. Sin embargo, la combinación de una edad tardía para casarse, menos hijos y una esperanza de vida más larga ha dado como resultado que una parte significativamente mayor de la vida adulta trascurra sin que haya niños en el hogar.

El informe, titulado «Vida sin Hijos», tiene como autores a Barbara Dafoe Whitehead y David Popenoe. Comienzan observando el gran número de recientes publicaciones que se quejan de las dificultades en la crianza de los hijos. Muchas entrevistan muestran también que los padres informan de menores niveles de felicidad en comparación con quienes no son padres. De hecho, un creciente número de parejas casadas ven actualmente a los hijos como un obstáculo para su felicidad marital.

Esto no quiere decir que la mayoría de las parejas rechacen tener hijos. Sin embargo, existe una sensación cada vez mayor de agitación a la hora de adquirir las responsabilidades de la paternidad. Por supuesto que nunca ha sido fácil criar a los hijos, pero hay buenas razones por las que un número creciente de padres sienten que aumenta la presión, explica el informe.

El debilitamiento de los lazos conyugales contribuye a las dificultades de tener hijos. Las mujeres que cohabitan, explica el informe, pueden posponer la maternidad hasta que tengan una mejor sensación del futuro de su relación a largo plazo. Si esperan demasiado, sin embargo, esto las coloca en el riesgo de no tener nunca hijos. Tener un matrimonio infeliz es otra fuente de incertidumbre. Las parejas que se preocupan sobre si se divorciarán son las que más probablemente no tengan hijos.

El cambio en las familias
Citando informes de la Oficina del Censo, Whitehead y Popenoe presentan cuánto han cambiado las estructuras familiares.

- En 1970 la edad media del primer matrimonio para las mujeres era de menos de 21 años. La edad del primer matrimonio ha subido actualmente un poco por encima de los 26. En el caso de las mujeres que han cursado carreras universitarias de cuatro años la edad es incluso mayor.

- En 1970, el 73,6% de las mujeres, con edades entre los 25 y los 29 años, habían entrado en la etapa de edad en que estaban dedicadas a criar a sus hijos, y vivían con al menos un niños menor a su cargo. En el 2000, esta proporción cayó hasta el 48,7%. Para los hombres, en el mismo arco de edades, en 1970, el 57,3% vivían con sus propios hijos en el hogar. En el 2000 esto se ha precipitado hasta el 28,8%.

- En 1960, el 71% de las mujeres casadas tenían su primer hijo en los primeros tres años de matrimonio. En 1990, esta proporción se ha dividido por la mitad, hasta el 37%. Así, tras casarse, las parejas actualmente pasan más años sin tener hijos.

- En 1970, el 27,4% de las mujeres y el 39,5% de los hombres, en edades entre los 50 y los 54 años, tenían al menos un menor a su cargo en su hogar. En el 2000, esta proporción ha caído hasta el 15,4% y el 24,7%, respectivamente.

- Además, un creciente número de mujeres no tienen ni un solo hijo. En el 2004, casi una de cada cinco mujeres en sus primeros cuarenta no tenía hijos. En 1976, era sólo una de cada diez.

- La proporción de hogares con hijos ha descendido desde la mitad de todos los hogares en 1960 a menos de un tercio actualmente – la proporción más baja de la historia de Norteamérica.

En general, por tanto, hace unas décadas la vida antes de tener hijos era corta, con poco tiempo entre el fin de la escolarización y el comienzo del matrimonio y la vida familiar. La vida después de los hijos también era reducida, con pocos años antes del fin de la edad laboral y el comienzo de la ancianidad.

Menos divertido
La cultura contemporánea ha reflejado rápidamente los cambios en la vida familiar, observa el informe. Cada vez es más común encontrarse con que los años dedicados al cuidado de los hijos son presentado como menos satisfactorios, comparados con los años anteriores y posteriores.

La vida adulta sin hijos es presentada como si tuviera un significado y un propósito positivo, y como si estuviera llena de diversión y libertad. La vida con los hijos, por contraste, es vista llena de presiones y responsabilidades.

En general, la vida sin los hijos se caracteriza por centrarse en uno mismo. «De hecho, el mandato cultural para los jóvenes sin hijos y los mayores libres de ellos es ‘cuídate a ti mismo’», comenta el informe.

Los años pasados criando a los hijos son justo lo contrario. Ser padres significa centrarse en aquellos que son dependientes y subordinar las necesidades adultas a los requerimientos de los hijos.

Por medio de la compensación, la cultura tradicional celebraba normalmente el trabajo y el sacrificio de los padres, pero esto ahora ha cambiado. Cada vez más, la imagen popular de los padres es negativa. Los nuevos estereotipos van del hiper competitivo padre deportivo que gritan a sus propios hijos, a aquellos que ignoran los problemas que sus hijos indisciplinados causan a otros en los lugares públicos.

La última variante son los así llamados «padres helicóptero», que reciben el nombre de la forma en que supuestamente sobrevuelan sobres sus hijas y descienden para rescatarlos de las consecuencias negativas de su comportamiento.

Los programas televisivos se han reído mucho de los padres, observa el informe. Desde hace poco las madres también están siendo mostradas como inadecuadas, incapaces de sobrellevar sus responsabilidades sin la ayuda de una asistenta, o siendo excesivamente indulgentes y negligentes.

En contraste, algunos de los programas de televisión más populares en Estados Unidos en los últimos años, como «Friends» y «Sex and the City», han celebrado la vida glamorosa de los solteros jóvenes de ciudad.

Prejuicios contra los hijos
Qué puede traer esto en el futuro, se pregunta el informe. Para empezar, menos apoyo político a las familias. En las últimas elecciones presidenciales, los padres formaban menos del 40% del electorado. Menos votos se traducen en menos apoyo a la financiación de escuelas y actividades juveniles. Algunas comunidades a lo largo del país están intentando ya mantener los impuestos de propiedad restringiendo la construcción de casas asequibles para una sola familia.

En términos culturales este prejuicio en contra de los hijos es probable que aumente. El entretenimiento y los pasatiempos para adultos – juego, pornografía y sexo – son uno de los sectores de la economía que más rápido crece y de los más lucrativos.

Por el contrario, ser un padre devoto es cada vez más un motivo de descrédito despiadado, observa el informe. De hecho, la tarea de ser madre es ahora vista por un creciente número de personas como indigna del tiempo y los talentos de una mujer educada. De esta forma los valores clave que apoyan la crianza de los hijos – el sacrificio, la estabilidad, la formalidad y la madurez – reciben menos atención.

«Es bastante duro criar hijos en una sociedad que está organizada para apoyar esta tarea tan esencial», observa el informe. «Considere cuánto más difícil se hace cuando una sociedad es indiferente, en el mejor de los casos, y hostil, en el peor, a aquellos que se ocupan de la siguiente generación», concluye.

La familia, «fundada en el matrimonio indisoluble entre un hombre y una mujer», es el lugar donde el hombre y la mujer «puede nacer con dignidad, crecer y desarrollarse de un modo integral», explicaba el Papa en su homilía en la Misa conclusiva del Encuentro Mundial de las Familias, en Valencia, España, el 9 de julio.

«La alegría amorosa con la que nuestros padres nos acogieron y acompañaron en los primeros pasos en este mundo es como un signo y prolongación sacramental del amor benevolente de Dios del que procedemos», observaba.

Esta experiencia de ser acogidos y amados por Dios y por nuestros padres, explicaba Benedicto XVI, «es la base firme que favorece siempre el crecimiento y desarrollo auténtico del hombre, que tanto nos ayuda a madurar en el camino hacia la verdad y el amor, y a salir de nosotros mismos para entrar en comunión con los demás y con Dios». Un fundamento que cada vez se ve más erosionado en la sociedad de hoy.
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