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Políticamente... conservador

Por qué los españoles no tienen hijos

Un país sin hijos es, probablemente, un país sin futuro. Al menos, es un país en el que cuesta mucho creer en el futuro. Tal parece ser el caso de España, que, en los últimos seis años, se ha convertido en el cuarto país del mundo con menos hijos: sólo Macao, Bulgaria y Letonia tienen menos hijos por mujer. Según las Naciones Unidas, desde 1995 las españolas tienen 1,1 hijos. La media mundial está en 2,6 hijos por mujer; la europea, en 1,5. Probablemente esta falta de hijos -que no repone la población- habla de una realidad innombrable: la escasa esperanza de esta sociedad en el futuro. La baja natalidad, en cualquier caso, es un preocupante grito de alerta: algo no funciona correctamente entre nosotros. Pero ¿quién escucha esa alerta? Y, sobre todo, ¿cómo se escucha?

La interpretación más común, y más injusta en mi opinión, es cargar sobre las españolas esa responsabilidad. Cuando las mujeres trabajan -dice el tópico-, nada más lógico que no quieran tener hijos. Eso no es cierto, para empezar, porque tener hijos es una decisión de pareja, salvo excepcionales casos. En España, según el Eurostat, el año 2000 trabajaban los dos miembros del 42% de parejas sin hijos y el 43,7% de parejas con hijos; las uniones con dos empleos han aumentado un 12% en ocho años. Se trata, pues, de una decisión compartida por los dos sexos. Pero eso es sólo la periferia de un tema de mayor calado: ¿por qué no se aborda, con claridad, que no tener hijos significa, sobre todo, que a los jóvenes les cuesta un gran esfuerzo creer en el futuro? ¿Qué clase de protesta social, pues, se está expresando a través de una natalidad tan baja?

Ayudar a la familia: he aquí lo último en programas políticos. Gobierno y oposición se han apresurado, en las últimas semanas, a proponer posibles soluciones al monumental estrés de las familias. Es como si, a unos y otros, les hubieran cogido por sorpresa una serie de datos que, desde hace mucho tiempo, conoce perfectamente la sociedad española. En 1950, las españolas tenían de media 3,8 hijos, y en 1970, cuando la política natalista del franquismo seguía en plena vigencia y no estaba permitida la divulgación de anticonceptivos, se bajó a una media de 2,8 hijos por mujer. Las parejas españolas llevan, pues, tiempo sin creer que ’los hijos llegan con un pan debajo del brazo’, y el realismo se ha ido imponiendo: pero nunca se había llegado a constataciones tan duras como la de los últimos años. ¿Por qué y cómo se ha dado el salto a la censura a la fecundidad? ¿Qué factores sociales han intervenido? En estos asuntos hay que hablar claro: ¿quién piensa si es que los jóvenes españoles tienen miedo a tener hijos? ¿Quién se pregunta por qué?

Los políticos, como si les diera vergüenza, ponen parches con ayudas más o menos ridículas a la familia en vez de ir a la raíz de la evidencia: los españoles no queremos tener hijos. En los cinco próximos años, si la tasa de fecundidad de España crece -está prevista una ligerísima subida- será debido a los inmigrantes. Eso tendremos que agradecerles a los de fuera. Ellos tienen menos prevenciones frente al futuro o, acaso, conocen menos la realidad. Ellos serán, pues, nuestro futuro.

Todo esto, desde luego, es política. Política de supervivencia; por ello, tal vez, la natalidad sigue siendo un tabú. Por ello las explicaciones al fenómeno no pueden ser meramente técnicas -los demógrafos hablan de, al menos, una generación ’retrasada’ en la procreación-, sino que han de integrar diversos puntos de vista capaces de explicar por qué las parejas jóvenes se hacen preguntas como éstas: ¿Sabremos cuidar al hijo? ¿Tendremos suficiente dinero para mantenerlo, darle una educación? ¿Lograremos que sea feliz? ¿Qué futuro podremos ofrecerle?

Hoy día no hay padre o madre español que no haya interiorizado ese deseo de felicidad y lo proyecte en el hecho de procrear: ¡los hijos tienen que ser felices! Éste es un imperativo cultural del cual hablan esos bebés abandonados en contenedores o a la puerta de un hospital, verdaderos símbolos de las dificultades de responsabilizarse de una nueva vida. Porque, acaso, los jóvenes que no tienen hijos no son unos egoístas, sino que valoran toda la carga de responsabilidad que hemos depositado -razonablemente, sin duda- en la reproducción. Es posible que se pregunten, como hacen gentes lúcidas en todas partes del mundo, si sus hijos vivirán mejor que ellos y no se atrevan a darse a sí mismos una respuesta positiva. ¿Quién tiene hoy respuestas creíbles y no virtuales al viejo interrogante del progreso generacional que ha movido la historia?

Las generaciones jóvenes observan, creo que con horror, lo que sucede, aquí y ahora, en tantas familias: incertidumbre laboral -hay en España 450.000 familias con todos sus miembros en paro-, precariedad para pagar la vivienda, necesidad de dos sueldos en casa -tal vez por eso trabajan tantas mujeres en empleos imposibles-, horarios irracionales y agotadores. Observan los jóvenes cómo criar un hijo es una competición: búsqueda de guarderías y ayudas en una etapa; en otra, remedios para el fracaso escolar o apoyos para la guerra de abrirse camino en la vida; luego, la preocupación del botellón y las pastillas; finalmente, el vía crucis de los estudios y del trabajo. Todo eso aderezado con no pocas dosis de mal humor y de fatídicos descubrimientos como el desencuentro de los padres o que la vida no es lo que aseguran los anuncios de la televisión. Porque, hoy, las familias siempre tienen ese miembro fijo que es el catedrático/televisión: ahí está la verdadera educación. ¿Qué madre, qué padre o qué maestro se atreve a medirse con ella? Pero, eso sí, en una hipocresía sin límites, la responsabilidad de educar a un hijo recae todavía sobre unas familias totalmente vencidas por el electrodoméstico ideológico. La pregunta crucial, pues, para los jóvenes que observan esta secuencia vital acaba siendo: ¿para qué tener hijos?

Pero hay otras preguntas no menos insidiosas. En una sociedad flexible y móvil, como exigencia laboral, ¿quién se mueve, o se arriesga, con hijos a cuestas? En una cultura cuyo proyecto único es ganar dinero y ser productivo, ¿no resulta que los hijos sólo son un gasto, un retraso en la obligada com

petición?, ¿o es que hay que pensar en los hijos como en una inversión a largo plazo? En una época en la que todo se mide en términos económicos, ¿por qué habrían de librarse de eso los hijos?, ¿no es económico el estímulo que los políticos están dando a los padres a través de las subvenciones por hijo y otras fórmulas paternalistas que rozan la indignidad humana al fomentar este aspecto mercantilista de la fecundidad?

La protesta social que expresa la baja natalidad española no acaba en estas preguntas: hay otras muchas que acaban apuntando las dificultades de fondo de que es síntoma la ausencia de hijos. Valdría la pena reflexionar sobre la falta de respeto hacia todo lo que no es productivo -niños y viejos a la par- o sobre la ausencia de trabajos dignos que motiven de verdad a las personas y les devuelvan la dignidad de los seres humanos. Y las ganas de tener hijos florecerían.

Los españoles -esto es lo que muestra la baja natalidad- ya expresan su disconformidad: no creen, por ahora, en otro tipo de futuro posible. Y, de paso, al no tener hijos, lo que están anunciando, quizás, es la extinción de la especie; acaso por puro desencanto en la especie que conocen y su entorno: lo que llamamos España y los españoles. Si fuera así estaríamos ante un fracaso colectivo mayúsculo. De momento, todas las posibilidades están abiertas.

El País.

Jueves, 24 de octubre de 2002

El paradigma de la «ética global» busca suplantar la ética cristiana

Análisis del presidente del Consejo Pontificio para la Pastoral de la Salud

CIUDAD DEL VATICANO, 11 febrero 2003 (ZENIT.org).- En el nuevo contexto de la globalización, existe un proyecto de «ética universal» que quiere suplantar los valores cristianos, constata un representante de la Santa Sede.

El arzobispo Javier Lozano Barragán, presidente del Consejo Pontificio para la Pastoral de la Salud, ha analizado y criticado las características fundamentales del «Nuevo Paradigma», en un artículo escrito en la edición italiana de «L’Osservatore Romano» (11 de enero de 2003).

El artículo presentaba algunos de los temas fundamentales de la Jornada Mundial del Enfermo (http://www.worlddayofthesick.org), celebrada en Washington este 11 de febrero, memoria litúrgica de la Virgen de Lourdes, cuyas celebraciones ha presidido el mismo monseñor Barragán, en calidad de enviado especial de Juan Pablo II.

Ideología
Este «Nuevo Paradigma», según el arzobispo mexicano, está influenciado por estas corrientes ideológicas:

--Eclecticismo: «acepta cualquier afirmación sobre la conducta independientemente de su sistema, contexto y juicio;
--Historicismo: «según el cual la verdad cambia según su adecuación a una época determinada de la historia».
--Cientificismo: «para quien la única verdad aceptable es la experimentable científicamente»;
--Pragmatismo: «considera las decisiones éticas teniendo como único criterio la utilidad»;
--Nihilismo: «renuncia a la capacidad de alcanzar verdades objetivas»;

Características
Al describir el Nuevo Paradigma, monseñor Lozano Barragán ofrece estos rasgos característicos:

--«El bienestar global dentro del desarrollo sostenible es la finalidad de la nueva ética global».

--«Este bienestar global constituye la meta llamada "calidad de la vida"», que quiere decir, «la percepción del individuo de su posición en la vida, en el contexto de la cultura, y del sistema de valores en que se encuentra».

--La calidad de la vida cubre seis campos: «salud física, salud psicológica, nivel de dependencia, relaciones sociales, entorno (economía, libertad, seguridad, información, participación, ambiente, tráfico, clima, transporte...), espiritualidad (religión, creencias personales)».

--«Lo básico es la autodeterminación individual. Se prescinde de las obligaciones sociales».

Religión y espiritualidad
--«Las diferentes religiones existentes en el mundo no han sido capaces de generar esta ética global; por tanto deben sustituirse con una nueva espiritualidad, que tenga como finalidad el bienestar global, dentro del desarrollo sostenible».

--«La naturaleza, la tierra, llamada "GAIA", es divina e inviolable. El ser humano es un elemento suyo más, que sólo se entiende en armonía con la tierra».

--«Esta nueva ética se fundamenta en cinco pilares: derechos humanos y responsabilidad, democracia y elementos de la sociedad civil, protección de las minorías, compromiso por la solución pacífica de los conflictos y negociaciones transparentes, equidad intergeneracional».

--«Los problemas que hay que solucionar son cuatro: el primer afecta al equilibrio hombre-naturaleza; el segundo el significado de la felicidad, de la vida y de la plenitud; el tercer examina las relaciones entre el individuo y la comunidad; y el cuarto contempla el equilibrio entre equidad y libertad».

Bioética
Esta teoría, según el prelado, impone tres principios a la bioética:

--El principio de autonomía: «una acción es buena si respeta la libertad del agente moral y de los demás».
--El principio de beneficencia: «hay que hacer siempre el bien y evitar el mal».
--El principio de justicia: «dar a cada uno lo que le es debido».

Estos tres principios, según explica el arzobispo, acaban hundiéndose el relativismo, pues, por ejemplo, según el principio de autonomía «quienes no tienen libertad no son considerados para esta acción moral, por ejemplo, los discapacitados, los niños, los fetos, los embriones».

El principio de beneficencia dice que hay que hacer el bien, pero no explica qué es el bien para los demás. Si no se sabe qué es el bien no se puede hacer coherentemente el bien. Y lo mismo sucede con las justicia, añade el prelado.

Nuevo Paradigma vs. cristianismo
El arzobispo explica que algunos de los valores que presenta el «Nuevo Paradigma» son compartibles: preocupación por el ambiente, derechos humanos, respeto de las minorías, de la democracia, la justicia social, la salud y la educación para todos.

Ahora bien, el «Nuevo Paradigma» se presenta «como una nueva espiritualidad que suplanta a todas las religiones, pues éstas no han sido capaces de preservar el ecosistema». En definitiva, «se trata de una nueva religión secular, una religión sin Dios, o si se quiere, un nuevo Dios que sería la misma tierra con el nombre de GAIA», insistió.

«La serie de valores que sostienen el "Nuevo Paradigma" son valores subordinados a esta divinidad que se traduce en el supremo valor ecológico, que llaman desarrollo sostenible. Dentro de este desarrollo sostenible la finalidad ética suprema sería el bienestar».

«Está claro que nos encontramos ante la negación total del cristianismo y del hecho fundamental del cristianismo, la Encarnación del Verbo, la muerte redentora de Cristo y su resurrección gloriosa. Si se acepta este hecho histórico, el presupuesto del "Nuevo Paradigma" fracasa totalmente».

«Esto no quiere decir que también los auténticos valores enunciados por el Nuevo Paradigma fracasan, que se trata de valores que no son ajenos al pensamiento cristiano, pero que encuentran su razón de ser en éste último».

El «Nuevo Paradigma», según constata el presidente del Consejo Pontificio para la Pastoral de la Salud, «experimenta uno de sus grandes problemas cuando percibe que todo se debe fundamentar en el consenso, un consenso que no procede de verdades objetivas, sino de opiniones subjetivas».

«Una auténtica Ética universal, que verdaderamente pretenda ser global, debe ser una Ética fundada sobre la objetividad del mismo hombre», que «tiene por finalidad al mismo Dios y, en última instancia, el hecho histórico de la Encarnación de Dios», concluye.

El prelado explica que el análisis del «Nuevo Paradigma» lo ha tomado de Kim Yersu, «A Common Framework for Ethics of the Tewnty first Century», publicado por la Division of Philosophy and Ethics de la Unesco el 15 de noviembre de 1999 (http://www.unesco.org/opi2/philosophyandethics/index.htm).

Nuevos estudios muestran los daños para la salud de la marihuana

Duras evidencias para una droga «blanda»

La última semana de Enero del 2003, Ed Rosenthal, que promueve el uso de la marihuana, ha sido procesado por un tribunal federal en San Francisco, informaba el New York Times el 21 de enero. Rosenthal ha sido procesado por su papel en el cultivo de marihuana para uso médico. Su negocio funciona bajo las leyes locales de la ciudad de Oakland, que lo permite para conseguir marihuana médica. Las autoridades federales están luchando contra la extensión de tales ordenanzas municipales.

Una serie inicial de referendos en los últimos años ha aprobado el uso limitado de la marihuana (también conocida como cannabis). Pero las encuestas del pasado otoño muestran un cambio de tendencia, informaba el 26 de noviembre el Washington Times. Los votantes en Nevada rechazaron una medida para legalizar la venta y uso de 3 onzas o menos de marihuana. Los votantes en Ohio y Arizona rechazaron propuestas para permitir la droga para fines médicos.
Incluso antes de noviembre, las propuestas sobre la marihuana habían tenido problemas. A principios de año, los defensores de la marihuana medicinal en Florida no lograron recoger suficientes firmas para convocar un referéndum. En Michigan, el Tribunal Supremo del Estado barrió una propuesta de la votación de noviembre por causa de errores técnicos en el texto.

El debate de entrada
Uno de los primeros argumentos para oponerse a la marihuana es que quienes la consumen pasarán luego de una droga a otra más peligrosa. Un estudio RAND de Diciembre del 2002 pareció apoyar a los legalizadores al decir que la marihuana no es una puerta de entrada a otras drogas. Pero, según se ha sabido después, muchos de los relatos de medios en el estudio eran inexactos. Andrew Morral de RAND declaró que había hecho todo lo que podía para demostrar que el estudio no derriba la teoría de la puerta de entrada, pero muchos no quisieron escucharle.
El estudio, de hecho, descubrió una alta incidencia de progresión de la marihuana al consumo de heroína y cocaína. El RAND también encontró que cuanto más joven es el nuevo consumidor de marihuana, y cuanta más frecuencia de consumo tenga, más probable es que se pase a la cocaína y la heroína.
Los problemas de interpretación se presentaron cuando el estudio observaba que los adictos pueden tener una tendencia natural al consumo de drogas y que la marihuana es precisamente la primera droga ilegal con que se encuentran.

Otro estudio sobre la marihuana apareció recientemente en el Journal of the American Medical Association. Basado en 311 seguimientos de gemelos australianos, el estudio apoya la idea de que la marihuana puede conducir a drogas más fuertes, informaba el 21 de enero Associated Press.
Sólo uno de cada gemelo había fumado marihuana antes de alcanzar los 17 años. Los investigadores encontraron que los fumadores jóvenes de marihuana tienen cinco veces más probabilidades de caer en drogas más fuertes que su gemelo. Tenían dos veces más probabilidades de consumir opiáceos, incluyendo la heroína, y cinco veces más probabilidades de consumir alucinógenos, como el LSD.
El jefe de la investigación, Michael Lynskey, admitía que el estudio tenía algunas limitaciones, incluyendo la confianza en la información de los participantes sobre sus propias experiencias. Y no explica porqué el consumo temprano de marihuana puede conducir a drogas más fuertes.

Más monóxido de carbono
Lo que parece claro es que el consumo de marihuana entraña serios riesgos para la salud. Muchos tienen ideas incorrectas sobre la marihuana, afirmaba John Walters, director del Office of National Drug Control Policy, del gobierno de Estados Unidos, en un artículo en Associated Press el 17 de septiembre. En los centros de rehabilitación entran más adolescentes para tratar la adicción a la marihuana que para tratar el alcohol y todas las demás drogas ilegales juntas, afirmaba Walters.

El Cirujano General de Estados Unidos, Richard Carmona, observaba que la marihuana contiene de tres a cinco veces más alquitrán y monóxido de carbono que el tabaco. Y afecta el cerebro de forma similar a la cocaína y la heroína.

En el Reino Unido, la British Lung Foundation publicó un informe estableciendo que los cigarrillos de marihuana contienen un 50% más de agentes cancerígenos que el tabaco, informaba el Telegraph el 11 de noviembre. La Lung Foundation afirmaba que las investigaciones de los años 60 que sugerían que los cigarrillos de marihuana son inocuos ya no pueden sostenerse. «Tres o cuatro cigarrillos de cannabis son equivalentes a fumar 20 cigarrillos de tabaco al día en términos de riesgo de daño para el pulmón», decía el informe.

Además, los fumadores de marihuana tienden a inhalar cuatro veces más humo con un cigarrillo de cannabis, añadía Dame Helena Shovelton, jefa ejecutiva de la fundación. «Inhalas más profundamente y llenas tu inspiración con el humo más tiempo antes de exhalar», explicaba. «Esto tiene como resultado más monóxido de carbono y alquitrán entrando en los pulmones».

También suscita preocupación la salud mental de los consumidores de marihuana. El doctor Deepak Cyril D’Souza, profesor adjunto de psiquiatría en la Escuela Universitaria de Medicina de Yale, afirmaba que las personas que fuman mucho cannabis durante un largo periodo de tiempo pueden tener un riego más alto de desarrollar esquizofrenia, informaba el 6 de noviembre la BBC.

D’Souza presentó las nuevas evidencias sobre la unión entre cannabis y esquizofrenia en el Instituto de Psiquiatría, en el Hospital Maudsley de Londres. Su investigación sugiere que el cannabis puede inducir psicosis por su acción sobre los receptores de los cannabinoideos en el cerebro.

Preocupaciones similares levantaban una serie de artículos publicados el 23 de noviembre en el British Medical Journal. «Se ha establecido con claridad la unión entre cannabis y psicosis, y estudios recientes han encontrado unión entre el consumo de marihuana y la depresión», indicaba el Journal.

En cuanto a la unión entre marihuana y depresión, el Journal admitía que ha habido pocos estudios sobre el tema. Sin embargo, con la publicación de nuevos estudios sobre grupos en Estados Unidos y Australia, hay evidencia creciente de una relación entre ambas.

Mientras que admitía las dificultades de admitir una relación causal directa entre el consumo de marihuana y los problemas de salud mental, el Journal indicaba: «La explicación más aceptada es que el cannabis pone en marcha el mecanismo o recaída en la esquizofrenia en las personas con predisposición y por lo general también aumenta los síntomas».

Se han levantado dudas sobre la metodología de algunos estudios previos. Asimismo, puesto que muchos consumidores de marihuana también han consumido otras drogas esto condujo a algunos a especular que las demás substancias eran las culpables de los problemas mentales. Pero la entrega del 23 de noviembre del British Medical Journal publicaba un nuevo estudio que ha confirmado los primeros hallazgos y establecido que es la marihuana, y no las demás drogas, la que se asocia a la esquizofrenia.

El Consejo Pontificio para la Pastoral de la Salud, en su manual pastoral sobre drogas publicado en el año 2001, observaba los problemas de salud debidos a la marihuana y afirmaba: «Considerando todos los hechos, es irresponsable considerar el cannabis de una manera trivial y pensar que pueda ser una ’droga blanda’». La evidencia médica está mostrando cada vez más la dura sabiduría de esta posición.

¿Libertad de pensamiento?

Como la nada es indeterminable, vacía, el pensamiento fundado en ella es irresponsable y la irresponsabilidad una causa muy concreta de la anomia de las sociedades y del desgobierno. Así, para el pensamiento único nihilista imperante en las sociedades occidentales a partir de 1968, nada es verdadero y todo es posible, todo vale, todo es lo mismo, lo único real son los hechos, cualquier hecho es un hecho cultural igual a cualquier otro, todo es igual a todo, no hay nada firme y seguro. La estética, la moralidad, la religión, el derecho, la economía, la política, etc., son eminentemente subjetivos, a la carta, aunque quien sólo conoce su propia opinión y se aferra a ella no conoce gran cosa. Nunca se habría alcanzado una mayor libertad, pues lo privado, incluida la intimidad, para no ser sospechoso, ha de hacerse público. Todo eso constituye aparentemente la apoteosis de la libertad de pensamiento.
Sin embargo, la libertad de pensamiento del pensamiento único nihilista pone un límite a la libertad de expresión, la libertad de hablar y escribir. La oposición a esa libertad de pensamiento es anticuada, reaccionaria y debe ser omitida, ridiculizada, excluida o sancionada. Sólo se puede defender e imponer lo que siga el método de razonamiento neutral, pacifista, fundamentado en la indiferencia, pues lo que lo contradiga o se desvíe no es neutral sino belicista: el subjetivismo nihilista tiene así sus dogmas y prohíbe expresar la disconformidad con su método y con lo que difunde su unilateral pensamiento igualitarista. La censura política y social, incluso penal, cae implacable contra quien se aparte de esa línea pacifista, y los disconformes han de utilizar un lenguaje críptico, o de medias verdades concediendo de antemano que su crítica u oposición es sólo una relativa excepción a tener en cuenta. Dos ejemplos obvios: se puede defender públicamente con ardor el comunismo estalinista, pero no el racismo nacionalsocialista, aunque ambos son antecesores del pensamiento nihilista; se puede defender la homosexualidad con sus consecuencias y exhibiciones, mas resulta peligroso criticarla sin las debidas precauciones.
Tanto ha penetrado el nihilismo, que la libertad vacía del pensamiento nihilista se autoidentifica con el pensamiento democrático y hay ya una prohibición tácita -a veces expresa- de apelar a la libertad de conciencia. Como ésta siempre distingue entre el bien y el mal, no es neutral. La libertad de conciencia resulta ya casi tan extraña y provocadora como la apelación a la realidad o al sentido común, destruido por el nihilismo. No sólo de la tarea de escribir se puede decir que quien escribe se proscribe; también el decir normal, corriente, incluso coloquial, corre el riesgo de ser interpretado como agresivo a la sensibilidad pública. El pensamiento único nihilista ha sensibilizado tanto a las sociedades europeas que han perdido el sentido de la verdad y la realidad de las diferencias. Tocqueville descubrió en el siglo XIX una nueva forma de tiranía, la tiranía democrática, que Stuart Mill, más optimista, prefería llamar tiranía de la mayoría. De este último es el famoso párrafo: «Si toda la especie humana no tuviera más que una opinión y solamente una persona tuviera la opinión contraria, no sería más justo el imponer silencio a esta sola persona, que si esta sola persona tratara de imponérselo a toda la humanidad, suponiendo que esto fuera posible».
Tocqueville, Stuart Mill y muchos más, han visto en la tiranía de la opinión el mayor mal que amenazaba a las sociedades occidentales al paralizarlas, como está sucediendo, con el conformismo. Sin embargo, ninguno, salvo quizá Nietzsche, pudo pensar que esa tiranía -la tiranía totalitaria- llegaría a asentarse en opiniones fundadas en la nada. Creían que el mejor antídoto era la ilimitada libertad de pensamiento y expresión. No imaginaban que la libertad de pensamiento pudiera volverse contra sí misma y alcanzar el poder de aniquilar también la libertad de conciencia al oponerle dogmáticamente la del pensamiento.

Por Dalmacio Negro Pavón

La Razón, octubre de 2002

Los «lobbys» católicos ya ganan batallas

En un año han nacido tres grupos de presión cristianos que son la voz de la «mayoría silenciosa», consiguiendo ya sus primeras victorias Son E-Cristians.net, HazteOir.org y Profam

Los católicos ya tienen voz en la vida pública. Tres son los «lobbys» católicos que han surgido con fuerza en la escena de la política para defender los valores del humanismo cristiano. Un ex político de CiU fundó en marzo de 2001 la plataforma E-cristians, que agrupa a decenas de grupos católicos. Sus acciones han sorprendido por sus rápidos éxitos. Luis Laredo creó hace unos meses con otras 25 personas el grupo HazteOir.org, y Eduardo Hertfelder lidera a Profam, consiguiendo entre los tres «lobbys» católicos los primeros triunfos que empiezan a asustar a los políticos.

 E-Cristians.net

Josep Miró i Ardèvol es un veterano político de Convergencia i Unió que, cansado de comprobar como los cristianos no tenían ni voz ni influencia en la vida pública, decidió crear en marzo de 2001 la plataforma de acción E-cristians para intentar que los valores del humanismo cristiano tuvieran incidencia y capacidad de penetración en la sociedad. En la actualidad cuenta con 1.600 activistas que participan en las campañas que cada cierto tiempo se organizan desde esta plataforma. E-cristians ha conseguido dos sonados triunfos: el primero fue el de lograr que las televisiones públicas catalanas se autoregulasen, respetando los sentimientos religiosos de la población y dejasen de emitir blasfemias ofensivas a los creyentes. El Parlament de Cataluña firmó un protocolo para oficializar dicha regularización que obliga a todos los entes audiovisuales de la comunidad. La segunda acción consistió en frenar una campaña institucional de la Generalitat de promoción del preservativo entre adolescentes. E-cristians aglutinó la acción pidiendo la retirada de la campaña y que se adoptasen alternativas de educación sexual responsable, con la colaboración de los padres y maestros. La campaña se frenó, aunque no se aplicaron las alternativas propuestas.

HazteOir.org

El lema del «lobby» HazteOir.org es el siguiente: «Nunca dudes que un grupo pequeño de ciudadanos reflexivos y comprometidos puede cambiar el mundo». Luis Laredo es su fundador y ya han conseguido muchísimos triunfos con sus campañas por internet. Y es que HazteOir.org asume como misión promover la participación de los ciudadanos en la política. «Creemos dice Álvaro Zulueta, su portavoz, que ésta es la mejor forma de recuperar la dignidad de la cosa pública y de hacer que nuestra democracia se convierta en algo real, participativo, durante los cuatro años que transcurren entre cada una de las elecciones». El portavoz señala que «creemos que la sociedad es anterior al Estado, que la política es esencialmente vocación de servicio, que los gobernantes tienen el deber de escuchar a los gobernados». Zulueta subraya que HazteOir.org «actúa desde una concepción cristiana del hombre y de la sociedad; afirmamos la dignidad de la persona humana y la importancia de valores como la libertad, la justicia y la solidaridad. Queremos contribuir a la construcción de una sociedad más justa, favorable a la realización integral de las personas. Por eso nuestros proyectos están destinados a afirmar y promover la participación política, la dignidad de la persona, y el valor de la vida».

HazteOir.org sigue trabajando por un mundo mejor gracias al trabajo desinteresado de un grupo de amigos que cree que el cambio es posible. Son Álvaro Zulueta, Ana Molinero, Antonio Vargas, Diego Barceló, Donata Mansi, Ignacio Arsuaga, Íñigo Lecanda, José Antonio Rodríguez, José Enrique Aguilar, Jacinto García-Romero, Javier Hernando, Javier Sota, Jorge Mira, Juan de Dios Dávila, Luis Laredo, Luis Losada, Luján Artola, Manuel Langa, Manuel López-Linares, María Áchón, María Luengo, María Utrilla, Pablo Stoger, Rafa Rubio y Rocío Montero, entre otros.

Profam

Eduardo Hertfelder lidera la plataforma Profam, que agrupa a más de 300 asociaciones familiares y educativas de Madrid. Estos días está muy contento y con razón. Gracias a su tozudez y el trabajo coordinado de todo su equipo ha logrado «congelar» el anteproyecto de ley que preparaba Ruiz Gallardón, en el que equiparaba las parejas homosexuales y la familia tradicional. En apenas un mes ha recogido 75.000 firmas de protestas, lo cual ha asustado al Partido Popular que ha tomado la decisión de «paralizar» esa ley ante las consecuencias electorales que se avecinan. Su estrategia ha logrado lo que muy pocos pensaban: doblegar al poder político sin medios económicos y capacidad mediática. Todo un éxito que invita a soñar.

 

La Razón, miércoles 19 de febrero de 2003

 

 

Los orígenes religiosos de la Revolución Francesa

 

Los orígenes religiosos de la Revolución Francesa
Autor: Dale K. Van Kley
Editorial: Ediciones Encuentro

 

Ahora que estamos empeñados en la reconstrucción de Europa, y que algunos legitimistas del nuevo orden –no sólo de las incorporaciones sino de los fundamentos– no hacen más que cacarear las raíces ilustradas y de modernidad, como fuente de sentido para eso y esto que llamamos Europa, no está de más acercarnos a la historiografía más novedosa, y por ende polémica, sobre la Revolución Francesa; es decir, sobre las ideas ilustradas, modernas a la par, que cristalizaron en un amplio y desigual proceso histórico que, para muchos, sigue siendo, aun hoy, el antecedente inmediato de nuestros regímenes, sistemas de vivencia y convivencia, y de los fundamentos de este orden prescrito y, probablemente, proscrito, nacional y supranacional.

 

¿Sobre qué principios se construyó la Revolución Francesa? ¿Cuáles fueron los motores de ese cambio político y social? ¿Cuáles sus corrientes internas y externas? La caída del muro de Berlín del predominio marxista en la interpretación de los orígenes de la Revolución Francesa –la de los principos universales de igualdad, libertad y fraternidad– nos ha permitido en los últimos años, también en la historiografía en lengua española, un nuevo horizonte de comprensión a partir de los estudios de varios historiadores, entre los que obligatoriamente hay que citar a Francois Furet. Muchos de ellos, superada la etapa en la que se pensaba que todo lo que pasó se había interpretado como una victoria de la burguesía capitalista en ciernes sobre la nobleza neofeudal que presentaba y representaba al Antiguo Régimen, no tuvieron otro remedio que recordar lo que Alexis de Tocqueville escribió en El Antiguo Régimen y la Revolución Francesa sobre los antecedentes y efectos de la citada revolución. Rota la miopía economicista, pasaron a primer plano la lupa religiosa, social y cultural.

 

El análisis de los motores del cambio histórico, que hizo posible el cambio político y social francés, se amplió, por tanto, con la paleta de lo religioso y lo social. Es en este contexto en el que hay que dar el valor que tiene a la discutible y apasionante a aportación de Dale K. Van Kley, en la que nos explica cuáles fueron los actores religiosos y los caldos de cultivo más adecuados para las ideas ilustradas, y los procesos políticos que desarrollaron esas ideas. Si bien es cierto que el problema con el que nos encontramos, después de aceptar la tesis de que en la génesis de la Revolución Francesa existe un origen religioso, incluso cristiano, es definir de qué religión estamos hablando y de qué cristianismo. El autor, de formación y confesión calvinista, no obvia este hecho, a la hora de interpretar el rol que habían jugado, en los períodos previos al estallido revolucionario, tanto la monarquía católica francesa –con sus peculiaridades–, como el episcopado, los jesuitas, los jansenistas, los protestantes calvinistas, y un sinfín de partidos, denominaciones y agrupaciones que complicaban los movimientos en el tablero pre y post revolcuionario. Si bien es cierto que hay que destacar el análisis que hace de la influencia de la fe cristiana en la conformación de las facciones y los partidos revolucionarios, incluso en la influencia positiva y negativa en el pensamiento de los nuevos filósofos.

 

Hay que agradecer a Ediciones Encuentro esta contribución a la clarificación de este período, así como la presentación, que firma el profesor Gallego, en la que aclara no sólo el sentido y valor de este libro, además de interpretar, orientar y proyectar algunas ideas que facilitan una lectura crítica del texto: como recuerda el profesor Gallego, en el contexto de las relaciones entre el cristianismo y la democracia moderna, fueron «los teólogos católicos del siglo XVI los que se habían adelantado a definir la naturaleza pactista de la sociedad política». Hecho que olvidamos con demasiada frecuencia...

 

José Francisco Serrano 
 

 

 
 

 

 

 
 

 

Junio de 2005: la derecha social española en busca de su espacio político.

      El pasado mes de junio de 2005 ha sido testigo de un hecho sin precedentes en las últimas décadas: la manifestación multitudinaria, en las calles españolas, de una moderna derecha social que busca construir su identidad y su espacio político.

                El pasado mes de junio de 2005 pasará a la Historia reciente de España como el tiempo en el que la derecha social española manifestó inequívocamente su existencia, reafirmó una identidad colectiva, salió a la calle y exigió ser escuchada.

                Tres manifestaciones multitudinarias sucesivas han acreditado la existencia y configuración de unos sectores sociales ausentes de nuestras calles y plazas en las últimas décadas españolas, al menos en tales números, como un sujeto colectivo público provisto de una identidad y movido por unos valores precisos; una circunstancia de indudable trascendencia política.

                Ya con motivo de la celebración de la primera de tales manifestaciones, la del 4 de junio convocada por la Asociación de Víctimas del Terrorismo en contra de la negociación con ETA, el coordinador de Izquierda Unida, Gaspar Llamazares, realizó un significativo juicio que explica muchas cosas: “se trata de una manifestación de la derecha política”, dijo al referirse a quienes habían secundado dicha convocatoria días antes. ¿Quiere decir, con ello, que la que denomina “derecha política” no es pueblo?, ¿carece, entonces, de toda legitimidad para manifestarse?, ¿acaso sus planteamientos y exigencias no tienen derecho a expresarse por el supuesto pecado original político de “ser de derechas”?

                En las últimas décadas, básicamente, las calles españolas han estado ocupadas, en la expresión colectiva de las manifestaciones políticas multitudinarias, por la izquierda y los nacionalistas; salvo que nos remontemos veinte años atrás, unos tiempos en que la extrema derecha lograba sorprendentes éxitos callejeros que se traducían, invariablemente, en estrepitosos fracasos electorales, que terminaron por hundirla.

                Lo visto en el mes de junio ha sido otra cosa. La magnífica articulista progresista Paloma Pedrero, muchos de cuyos textos difícilmente pueden hacer propios los lectores conservadores del diario La Razón, en su escrito del sábado 25 de junio afirmaba también, con la lucidez que le caracteriza, que “Una parte importante de este pueblo tiene un pensamiento conservador y hay tres asuntos que, mal tratados, les patean el alma: la familia, el territorio y su Dios, tres asuntos importantes que el Gobierno actual, como es obligación de los gobiernos, no ha tenido la delicadeza de considerar a la hora de hacer su política social”. Se trata de un análisis muy acertado que nos servirá de partida, y también de conclusión, para las siguientes precisiones.

1.        Los asistentes a las tres convocatorias no han sido exactamente los mismos sujetos sociales. En la del 4 de junio, convocada por la Asociación de Víctimas del Terrorismo, predominaban los sectores conservadores, si bien no fueron pocos los progresistas y socialistas presentes. En buen número acudieron muchos movilizados por el Partido Popular. Pero también, los que lo hicieron a impulsos procedentes desde una instancia generalmente bastante crítica con el mismo: un grupo de combativos comunicadores de Cadena COPE, en el que destaca Federico Jiménez Losantos, quien cuenta con diversos apoyos y estructuras que difunden sus postulados (el diario electrónico Libertad Digital, la revista de pensamiento La Ilustración Liberal, diversas páginas web…). También acudió mucho ciudadano “cabreado”, “harto”, que rabiaba por poderlucir los colores nacionales…

2.        El sábado 11 de junio fue el Partido Popular el gran protagonista de la movilización efectuada en Salamanca en defensa de la unidad del Archivo de la Guerra Civil todavía allí ubicado. Con todo, fue una verdadera demostración de su –hasta ahora- inédita capacidad de movilización y de la existencia de unas bases dispuestas a algo que no se habían molestado prácticamente nunca en hacer: salir a la calle y dar la cara.

3.        El Foro de la Familia, avalado especialmente por algunas organizaciones próximas a la Iglesia católica, ha logrado, el 18 de junio, un éxito callejero inimaginable meses atrás. El apoyo decidido de algunos obispos, que apostaron decididamente por la misma, ha contribuido a su éxito. Varios miles de nacionalistas catalanes, socialistas cristianos del partido SAIN…, una plural manifestación social que no puede despacharse con unos simples adjetivos simplificadores, cuando no despectivos. También concurrieron muchísimos simpatizantes del Partido Popular. Pero, por la buena recepción entre los manifestantes de los contenidos de algunas pancartas, y otros diversos materiales distribuidos entre los mismos, no es aventurado afirmar que entre muchos de todos ellos estaba muy vivo un sentimiento crítico ante un Partido Popular que ha decepcionado, con su práctica política concreta, a los electores más sensibilizados con la situación de la familia y la defensa efectiva de la vida.

Por ello, debemos insistir: sociológicamente, no existe una total correspondencia entre los asistentes a las tres manifestaciones. Pero las mismas indican, desde nuestro modesto entender, una serie de hechos:

1.        Se está configurando una plural derecha social que comparte un ideario conservador en su concepción de España, la familia, la defensa de la vida y el orden político; si bien algunos sectores son más sensibles que otros a las políticas sociales.

2.        Esa derecha social no encuentra completo acomodo en el seno de un Partido Popular que notoriamente mira hacia el centro izquierda; es decir, hacia las tendencias sociales aparentemente en ascenso y que valora como el campo de batalla electoral por excelencia. Y más, cuando cree tener cautivos a los votos católicos.

3.        El Partido Popular, electoralmente y en este inédito indicador social de las movilizaciones ciudadanas, cuenta, como uno de sus activos más sólidos, con los amplios sectores de esa derecha social que todavía cree que este partido todaía puede representarle. Debemos preguntar a los dirigentes del Partido Popular, ¿qué otros sectores sociales articulados, dinámicos, con identidad colectiva y arraigo ciudadano, pueden movilizarse en apoyo de las posturas de su partido, cada vez más aislado social y mediáticamente?

4.        Ese sentimiento de desamparo, expresado por esos cientos de miles de manifestantes y tambien –previamente- con motivo del referéndum al proyecto constitucional europeo en España, ya ha sido captado por otras instancias: nos referimos a los minúsculos y plurales partidos políticos que, de momento sin fortuna, centran su estrategia de crecimiento en una progresiva sintonía con los sectores más dinámicos y vivos que se han manifestado a lo largo de este mes.

Por todo ello, ese mes ha sido muy importante: por lo expresado y acaecido, pero también por el potencial existente. Una realidad que deberá ser correctamente analizada y encauzada, mediante las respuestas políticas más adecuadas, si no se quiere desaprovechar esta nueva ilusión colectiva.

 Fernando José Vaquero Oroquieta

(Publicado en Arbil, anotaciones de pensamiento y crítica Nº 95 – 96, julio – agosto de 2005).

La percepción conservadora de Europa

¿Cómo nos ven los americanos? Y más en concreto, ¿qué  idea tienen de los europeos los conservadores norteamericanos? Es posible que  la distancia les aporte algo de perspectiva y que sus juicios puedan servirnos para reflexionar desde este lado del Atlántico.

En una conversación, no hace muchos meses, con un destacado editor norteamericano, al hablar del futuro de Europa, me dijo: “sintiéndolo mucho creo que lo más probable es que acabéis siendo como el norte de África. Tras la romanización y el florecer de una potente cultura cristiana que dio a la Iglesia a figuras de la talla de san Agustín, la ribera sur del Mediterráneo quedó anegada por la marea islámica que ha borrado todo recuerdo de aquella civilización cristiana”.

 

 

Es el mismo temor que expresa George Weigel en su penúltimo libro, The Cube and the Catedral, publicado en España bajo el título de Política sin Dios por Ediciones Cristiandad. La imagen escogida esta vez es la de Bizancio, la sofisticada civilización cristiano oriental que sucumbió a los embates del Islam hace ahora casi 700 años, y así se nos presenta el probable futuro de la catedral de Notre Dame de París como una futura Santa Sofía.

 

 

William Murchison, editor del Dallas Morning News y episcopaliano, retoma el  tema en un artículo en Touchstone en el que aporta algunos datos que vienen a reforzar esta impresión de fin de ciclo. Quizás el más impactante es el que señala que el número de musulmanes británicos que asisten a las oraciones del Viernes supera ya el de anglicanos que asisten a la iglesia los domingos.

 

 

Pero el análisis que hacen los conservadores norteamericanos va más allá y reconoce, con por ejemplo el pensador inglés Roger Scruton, que el partido no se juega únicamente entre Occidente y el Islam, sino que existe una disputa incluso de mayor calado en el interior de Occidente entre  los herederos del iluminismo ilustrado y quienes se resisten a ver erradicada  toda referencia religiosa del ámbito público. De hecho, afirman, es esta lucha interna la que explica la debilidad occidental para enfrentarse  al reto de una creciente inmigración musulmana y los fallidos intentos de integración de la misma.

 

 Seguramente se podrá afinar más el análisis y añadir nuevas variables, pero ¿quién se está planteando esta cuestión en Europa? ¿o es que el  velo de lo políticamente correcto ha caído sobre nuestros ilustres y refinados intelectuales europeos?

 

Publicado en American Review el 20-02-2006 por Jorge Soley Climent