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Políticamente... conservador

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Cartas a un joven conservador

Los principios claves del ideario de la derecha liberal-conservadora han sido siempre demonizados por las izquierdas. La misma palabra “conservador” produce (sobre todo fuera de los Estados Unidos) un rechazo que responde no sólo a cuestiones culturales y lingüísticas, sino a la falta de conocimiento sobre los principios que guían verdaderamente al conservadurismo de raíz norteamericana.


 Dinesh D'Souza, miembro de la Hoover Institution, es autor de varios libros y ensayos, algunos tan exitosos como Illiberal education, The virtue of prosperity y What´s so great about America. Se trata de un autor que con sólo 45 años ha sido ya capaz de transmitir con claridad y conocimiento los valores innatos y los principios claves del pensamiento conservador norteamericano. Llegado a Estados Unidos como estudiante de intercambio desde su India natal, D'Souza es hoy una referencia de primer orden y un autor a tener en cuenta tanto por su claridad de ideas como por el modo de transmitirlas.
 
Este ameno y bien pensado volumen no aspira a ser un denso estudio de teoría política, sino una primera introducción a los conceptos claves del conservadurismo. El libro se estructura a modo de epistolario: el autor escribe a un joven universitario una treintena de cartas sobre distintos aspectos del pensamiento conservador, con ejemplos reales de la vida occidental y los modos de enfrentarse a todo ello desde la visión conservadora estadounidense. Se trata, en último término, de una suerte de  introducción que inspira y motiva para comprender los fundamentos básicos del ideario conservador y lo que significa ser de derechas en el contexto norteamericano. Sería deseable una traducción al español, para convencer a muchos liberales de la necesidad de hablar, pese a las lógicas diferencias, de una derecha liberal-conservadora.
 
En su capítulo inicial, D'Souza muestra cómo el moderno conservadurismo norteamericano es muy diferente a la idea europea de "conservador" absolutista. El primero desecha la idea reaccionaria de mantener el viejo régimen y negar las formas de la democracia moderna. Ser conservador significa conservar los principios de la revolución americana, la que dio la primera gran Constitución liberal al mundo. En esos principios conservadores norteamericanos se hallan la defensa de la unidad nacional, el sentido de comunidad local, la importancia de la familia, la espiritualidad y la creencia en el mérito y en la responsabilidad individual. En el ámbito religioso se respetan la decisión personal y cualquier creencia, bajo la premisa de que existen unos principios morales compartidos por los humanos que, a través de la libertad, nos llevan a la búsqueda de la felicidad.
 
El verdadero conservador vela y respeta también los principios del liberalismo clásico en su preocupación por las cuestiones cívicas y sociales. En esto, D'Souza acierta al diferenciar el verdadero liberalismo de la falacia en que las izquierdas lo han querido convertir tras apropiándoselo, en una maniobra que ha confundido a muchos. Es así que la diferenciación entre las izquierdas y la derecha liberal-conservadora (o conservadora-liberal) resulta harto evidente.
 
Las derechas, según plantea D'Souza, enfatizan ideas y políticas dirigidas al individualismo (no al socialismo), al crecimiento económico (no a la redistribución de la riqueza), a la igualdad de oportunidades (no al igualitarismo totalitario), al amor por la nación y la tierra (no al desmembramiento de la unidad nacional ni a la vaguedad de la alianza de civilizaciones), a la defensa militar como medio de asegurar la paz (no al imposible diálogo con el terrorismo).
 
Capítulo a capítulo, D'Souza desgrana algunas de las ideas fundamentales de nuestro tiempo y abre los ojos a quienes, a inicios del siglo XXI, confunden lo que significa la verdadera defensa de los valores de la libertad. Es así como en este libro hallamos, por ejemplo, un desmantelamiento de lo "políticamente correcto", esa forma de represión bajo manto de liberación. Los liberales clásicos –en línea con los conservadores– rechazan tal concepto porque creen realmente en la libertad de expresión y en la individualidad. Las izquierdas, en cambio, pretenden servirse de él para suprimir los puntos de vista de aquellos a los que odian. De ahí que, por ejemplo, en los círculos universitarios de la progresía se impida hablar a cuantos no comulgan con las tesis impuestas por las izquierdas y su falacia del "multiculturalismo" –especialmente tratado en el capítulo 6–, la "diversidad", los programas de "Acción Afirmativa" (cap. 11), los reclamos radicales de ciertos "feminismos" (cap. 12) o la vaguedad del "postmodernismo" (cap. 13).
 
Conforme vamos deshojando Letters to a young conservative entendemos la fuerza de las razones de la ideología conservadora y su permanente lucha contra los modelos totalitarios estalinistas, maoístas, castristas… precisamente los mismos que las izquierdas han acariciado y mimado desde la ceguera marxista, en una confusión ideológica y moral de lamentables consecuencias. Es en este punto donde D'Souza incluye unas magníficas páginas (cap. 8) sobre la importancia histórica de la figura de Ronald Reagan, personaje al que el autor ya dedicó un libro completo y para quien trabajó como analista político en la Casa Blanca.
 
Otro aspecto de sumo interés es la crítica demoledora de D’Souza a los grandes gobiernos. Nuestro autor rompe con el tópico izquierdista de que el sector privado está motivado por la usura y el sector público por un noble idealismo y lanza una llamada a la urgente necesidad de reducir el tamaño del Gobierno norteamericano, tanto en el plano federal como en el local.
 
También se ocupa de la falsa idea de la polarización económica y la distancia entre ricos y pobres. D'Souza deja claro, con pruebas más que convincentes, que el capitalismo –no el Gran Gobierno– es el único medio para generar riqueza y prosperidad entre los ciudadanos, tanto individual como colectivamente. El 80% de los millonarios que hay actualmente en Estados Unidos partieron de la nada, y se hicieron ricos por iniciativa propia y por unos mecanismos fiscales –justo los que apoyan los conservadores– basados en la reducción de impuestos y el aliento de la iniciativa privada y la creación de riqueza.
 
Especialmente interesantes son, asimismo, las valoraciones que vierte sobre la manipulación de las izquierdas en diversos frentes de la vida pública norteamericana: en algunos sectores universitarios (cap. 14), en buena parte de los medios de comunicación (cap. 15), en el sistema judicial (cap. 16); y las páginas que dedica a cuestiones latentes como el derecho a llevar armas (cap. 17), el matrimonio homosexual (cap. 23), el aborto (cap. 25), la globalización (cap. 26) o la inmigración (cap. 27).
 
Los últimos cuatro capítulos hablan del éxito del conservadurismo estadounidense, analizan el estado del antiamericanismo izquierdista y contextualizan los valores del Partido Republicano, así como algunas de las conexiones ideológicas entre la Administración Reagan y la de George W. Bush.
 
Letters to a young conservative es una primera entrada para conocer los valores conservadores estadounidenses, algunos de los cuales no están muy lejos de lo que en España hemos calificado como derecha liberal-conservadora. A su vez, sirve para acallar la mala fama de dicho ideario.
 
 
Dinesh D'Souza, Letters to a young conservative. Basic Books (Nueva York), 2005. 229 páginas.

 

Por Alberto Acereda
Libertad Digital, 8 de septiembre de 2005

 

"La Constitución traicionada" (Libros Libres), nuevo libro de Aleix Vidal-Quadras

La Editorial LibrosLibres ha presentado el jueves 21 de abril de 2006 en Barcelona el nuevo libro de Aleix Vidal-Quadras, "La Constitución traicionada". Presentaron la obra el ex presidente del Tribunal Constitucional, D. Manuel Jiménez de Parga; el vicepresidente tercero del Congreso de los Diputados y ponente constitucional, D. Gabriel Cisneros; y el autor y vicepresidente primero del Parlamento Europeo, D. Aleix Vidal-Quadras.

El ex presidente del Partido Popular de Cataluña, Aleix Vidal-Quadras, publica este mes abril un nuevo libro donde realiza una radiografía completa del nuevo Estatuto de Autonomía de Cataluña. En «La Constitución traicionada», Vidal-Quadras anuncia los peligros que puede acarrear la aprobación final del polémico texto. Asimismo denuncia la inconstitucionalidad de dicho Estatuto y analiza punto por punto las vulneraciones orquestadas desde la Generalitat contra la Carta Magna del 78.

El peaje electoral.
En su nuevo libro el político barcelonés analiza también las claves que han permitido que el nacionalismo imponga sus tesis secesionistas en La Moncloa, acusando al actual partido en el poder de estar pagando sus pactos electorales con el famoso tripartito catalán que le dio la llave del gobierno. «Los españoles que deseamos seguir siéndolo, y que aún somos por fortuna mayoría, hemos de entender lo que está sucediendo en este período aciago de nuestra historia común, porque si no sabemos lo que nos pasa, como se lamentaba Ortega, lo que se vecina será mucho peor de lo que imaginamos. Y lo que pasa es que uno de los dos grandes partidos nacionales ha cedido a la tentación diabólica de un trueque fáustico: ha entregado España a los nacionalistas a cambio del poder eterno».

Llamamiento a la responsabilidad ciudadana.

Ahora que el Congreso ha aprobado el Estatuto y que, previsiblemente, también pasará rápidamente por el Senado, la pelota está en manos de la ciudadanía. Es por ello que, en el proceso de reflexión que se abre ante la votación en referéndum por parte de los electores, «La Constitución traicionada» se convierte en una herramienta imprescindible para poder descifrar los recovecos escondidos del nuevo Estatuto y que son desconocidos para la mayoría de los votantes. Ante una decisión tan importante, el ciudadano tiene que disponer de todos los argumentos posibles en sus manos, sobre todo cuando se trata de algo de tanta importancia como puede ser la aprobación de un texto que viene a modificar principios básicos recogidos en nuestra Constitución.

 

Consejos para la derecha

Las elecciones norteamericanas del próximo noviembre para el Senado y el Congreso estarán más reñidas que nunca. El analista político Hugh Hewitt recoge, en su reciente libro Painting the map red, las acciones que, a su juicio, puede y debe emprender la derecha para revalidar y hasta aumentar su mayoría en ambas cámaras.

 

Desde 1994 el Partido Republicano ha ido ganando fuerza y triunfos en ambas cámaras; el apogeo se alcanzó en los comicios de 2004. Pero la batalla de noviembre tiene difícil pronóstico. Con su bagaje como analista político y comentarista radiofónico, Hugh Hewitt señala en Painting the map red algunas de las claves de esas elecciones y los pasos que la derecha liberal-conservadora debería dar para repetir triunfos y hasta ensanchar la distancia con los oponentes.

 

 

 

Varios analistas –incluidos algunos conservadores– han venido apuntando la más que posible pérdida de congresistas y senadores por parte de la derecha republicana en noviembre. El huracán Katrina, la guerra de Irak, el caso Abramoff, el encausamiento del líder de la mayoría conservadora (Tom DeLay) y la falta de acuerdo en materia migratoria son algunos asuntos que se perciben como susceptibles de producir una notable pérdida de asientos republicanos en el Congreso y hasta en el Senado.

 

 

 

A contracorriente, Hewitt aspira a que la derecha gane las elecciones y pinte de rojo –el color del Partido Republicano– los estados de la Unión. De ahí que trace una suerte de hoja de ruta para incrementar la representación política liberal-conservadora y que el Partido Republicano gane no sólo las elecciones de 2006, también las presidenciales de 2008.

 

 

 

Hewitt propone una táctica ofensiva que haga frente –sin complejos– al fanatismo del ala más radical del Partido Demócrata. Frente a la repetida y pregonada "cultura de la corrupción", demagógicamente utilizada por la izquierda contra la Administración Bush, Hewitt exige una mejor comunicación de los datos y los hechos, incluida la realidad del permanente ataque desde los medios de comunicación contra todo lo que suene a conservador y al Partido Republicano liderado por Bush. 

 

 

 

Frente a la maquinaria propagandística de las izquierdas –agrupadas en grupos promocionados por socialistas de caviar como George Soros o cadenas de televisión como la CNN de Ted Turner–, Hewitt plantea los modos en que la derecha puede y debe entusiasmar a la ciudadanía. Junto a la férrea defensa de los valores del ideario liberal-conservador, el ataque al radicalismo de las izquierdas requiere de la demostración de sus dichos y hechos.

 

 

 

El repaso de los asuntos relevantes, desde los individuales a los sociales, pasando por la defensa de la raíz espiritual judeo-cristiana y el liberalismo económico, se realiza bajo estrategias muy iluminadoras. Estamos ante un libro indispensable para entender los entresijos y retos inmediatos de la vida política norteamericana. Más importante todavía: constituye una valiente apuesta plagada de objetivos y mensajes claros y útiles para la derecha norteamericana y, de paso, para el ideario liberal-conservador transatlántico.

 

 

 

Painting the map red da cuenta de los mensajes que permiten desvelar la farándula que dirige hoy el Partido Demócrata y su paulatina radicalización hacia la izquierda, con el apoyo de grupos y medios de comunicación. Hewitt denuncia el falso pacifismo y la incompetencia para la defensa de la seguridad nacional, consecuente con su rechazo a todo lo militar, del Partido Demócrata; su odio innato a la religión, especialmente al judaísmo y al cristianismo; su intento de manipular el poder judicial; su tergiversación de conceptos tradicionales, como el de matrimonio, para luego atacar a la derecha, así como su voluntad de envenenar el proceso político y liquidar las instituciones, a menos que éstas sigan los mandatos de su sectarismo ideológico.

 

 

 

En su afán por defender los principios liberal-conservadores, Hewitt llega a proponer a los electores de la derecha que no voten más a aquellos representantes que –como el senador republicano Lincoln Chafee– traicionaron a sus representados en la anterior legislatura.

 

 

 

El lector español entenderá que las estrategias aquí trazadas por Hewitt para alcanzar una efectiva campaña electoral se forjan sobre unos valores verdaderamente sentidos, herederos del sano conservadurismo de Ronald Reagan y defendidos hasta el final, lejos del acomplejado "centrismo". Bien mirado, estamos ante un libro muy apropiado, de recomendable lectura y envío urgente a Génova 13.

 

 

 

 Por Alberto Acereda

 

 

Hugh Hewitt: Painting the map red. The fight to create a permanent republican majority. Regnery Publishing (Nueva York), 2006; 256 páginas.

 

 

Libertad Digital, suplemento Libros, 21 de abril de 2006

 

La atroz realidad de la Larga Marcha

Liderados por Mao Zedong, 100.000 comunistas del Ejército Rojo iniciaron en 1934 la Larga Marcha hacia el noroeste a lo largo de 10.000 kilómetros, en su huida desde la provincia de Jiangxi (este), donde los nacionalistas de Chiang Kai-shek habían sitiado la recién proclamada "república soviética". Sólo 40.000 llegaron a su destino en Shaanxi.

 

"La leyenda acababa de nacer", explica Sun Shuyun, que ha presentado recientemente su segundo libro, The Long March (La Larga Marcha , Harper Collins) en Pekín.

 

"Nací en la década de los 60. Debido a la hambruna, sólo comíamos fideos, potaje y harina. Cuando me quejaba, mis padres me decían: 'Piensa en los de la Larga Marcha, que todavía comían menos y no se quejaban'", recuerda Sun.

 

La periodista ha recorrido durante diez meses el épico trayecto y ha atravesado en autobús y tren ocho provincias (Jiangxi, Hunan, Guangxi, Guizhou, Yunnan, Sichuan, Gansu y Shaanxi) para recoger los testimonios de 40 supervivientes (del total de 500) octogenarios y nonagenarios y desempolvar archivos inéditos.

 

"Hablando con ellos descubrí que su sufrimiento y lo que superaron fue en realidad peor de lo que nos habían contado, en especial entre las mujeres", señala al referirse al hambre, las gélidas temperaturas y la dureza de un endiablado terreno.

 

repudiados y ejecutados "Los supervivientes fueron repudiados. En los cincuenta pidieron ser readmitidos por el Partido Comunista, algo que no sucedió hasta 1989, cuando empezaron a percibir pensiones", explicó una emotiva Sun. Mao había encarcelado o ejecutado a la mayoría durante la Revolución Cultural (1966-76).

 

Mientras estos héroes desconocidos cayeron en el olvido, la versión oficial forma parte de una mercadotecnia sin fisuras.

 

El primer mito propagandístico que desbarata es el de la batalla en el puente Luding (Sichuan, suroeste), según el cual 22 soldados rojos acabaron con toda una división nacionalista que les esperaba armada hasta los dientes. "Creo que la batalla nunca tuvo lugar", desveló la periodista y productora televisiva (BBC , Channel 4 ), nacida en China, pero educada en Oxford (Reino Unido).

 

La autora del libro explica la increíble victoria por la negociación previa entre Mao y el "señor de la guerra" local, Liu Wenhui, para que traicionara al ejército de Chiang y les permitiera el paso por el puente a cambio de premiarlo en el futuro régimen comunista con un ministerio.

 

Otro de los mitos que desmonta Sun fue el del periodista estadounidense Edgar Snow, que entrevistó a todos los líderes comunistas a su llegada a Yanan (Shaanxi), testimonios recogidos en Red Star over China (1936), uno de los best-seller del siglo.

 

"No fue él quien decidió unirse a los rojos en Shaanxi. Fue Song Qingling (viuda de Sun Yat-sen y cuñada de Chiang Kai-shek) quien lo reclutó para dar a conocer al mundo lo que el comunismo estaba haciendo. Creo que Mao era un genio de la propaganda, pero ni siquiera él esperaba tener tanto éxito", explica Sun.

 

Sin embargo, los héroes reales fueron campesinos depauperados ajenos por completo a la política. "No sabían lo que era el comunismo. Era gente tan pobre que se unió al Ejército Rojo porque éste requisaba las riquezas de los terratenientes y las repartía entre los soldados y los locales".

 

Aunque las mujeres no eran aceptadas por el Ejército Rojo, como algunas de las esposas de los líderes estaban embarazadas y viajaban con ellos, tuvieron que reclutar también a campesinas para atajar rumores sobre favoritismos.

 

Al llegar a Sichuan, la Primera División se reunió con la Cuarta, de forma asombrosa compuesta en su mayoría por mujeres: los maridos y los hijos eran adictos al opio, por lo que no hubo más remedio que reclutarlas a ellas.

 

Dos tercios de las soldados rojas, adolescentes entonces, quedaron estériles de por vida, debido a las violaciones del enemigo y a la dureza de la marcha, que les impedía descansar incluso durante la menstruación.

 

Una normativa estricta prohibía a los soldados rojos acercarse a las reclutas, pero no sucedió lo mismo con el enemigo, los Señores de la Guerra musulmanes, que violaron a la mayoría en el noroeste.

 

Además, hasta 6.000 soldados eran niños, apenas adolescentes, que eran abandonados cada vez que suponían un lastre para seguir avanzando, por lo que la mayoría murió de hambre, asesinado o mutilado por el enemigo, y el resto fue adoptado por los nómadas del altiplano tibetano.

 

Quizás fue éste el destino de los tres hijos que tuvo Mao con su esposa de entonces, He Zizhen, antes y durante la marcha. La angustia por la pérdida la confinó de por vida a un hospital psiquiátrico.

 

 

La cara más terrible de Mao

 

La efigie del fundador de la República Popular aún preside la plaza de Tiananmen, en Pekín, pero su mito se tambalea dentro y fuera de China. Una biografía realizada por la lingüista Jung Chang y su marido, el historiador Jon Halliday, muestra el lado oculto del Gran Timonel a los 30 años de su muerte. La obra describe a un Mao que durante décadas ejerció un poder absoluto sobre la cuarta parte de los habitantes de la Tierra y que fue responsable de la muerte de más de 70 millones de personas en tiempo de paz. "Ni siquiera Hitler o Stalin llegaron a tanta barbarie", afirma Jung Chang en Mao: La historia desconocida , resultado de 10 años de investigación. El libro desmonta la imagen de un líder humanista e idealista, preocupado por el campesinado. "Los campesinos le eran indiferentes, los despreciaba", explica la autora para quien Mao era "absolutamente inmoral". Según su investigación, se comportaba como un déspota y en la Larga Marcha disponía de porteadores y sirvientes que le frotaban la espalda. "No tenía otra ideología que mantenerse en el poder, murió reñido con la más mínima higiene corporal y obsesionado por el sexo con muchachas jóvenes", concluye la escritora.

 

 

“Noticias de Navarra”, 18 de abril de 2006

Para aprender liberalismo

¿Cuáles son los libros a que debe uno acudir si quiere aprender lo más básico desde una perspectiva liberal? Por comenzar por la economía, mi primera recomendación sería para La teoría de la economía, de Wilhem Röpke. El autor dice que es el libro que hubiera querido tener de joven para introducirse en la materia, y seguramente no hay otro tan bueno sencillo y completo a la vez. La economía en una lección, de Henry Hazzlitt, acerca al lector de forma sencilla al razonamiento económico, con aplicaciones a situaciones concretas. Un libro más sistemático, pero del que el lector sacará mucho provecho son los viejos Principios de Economía, de Carl Menger. Ya, quien quiera profundizar y adquirir un conocimiento profundo de cómo "funciona" una sociedad, que se acerque con tiempo a las páginas de La Acción Humana, de Ludwig von Mises.

 

Pero la economía no es sino la interacción humana en un entorno institucional. De modo que es muy necesario entender cómo funcionan las instituciones, como el derecho, la propiedad, el dinero... La Libertad y la Ley, de Bruno Leoni, es una de esas joyas que le hacen a uno crecer en menos de trescientas páginas. Henri Lepage escribió un libro excelente, ¿Por qué la propiedad?, que lleva al lector a aprender lo más importante sobre esta institución fundamental. En español puede acudir a Propiedad y libertad, de Richard Pipes, y si habla inglés, no deje de leer The Noblest Triumph, de Tom Bethell. Si hablamos de instituciones y liberalismo, Friedrich Hayek es el nombre de referencia, y para acercarnos a su pensamiento sin tener que desentrañar sus obras más difíciles, lo mejor es leer La fatal arrogancia.

 

Para entender bien las sociedades libres es necesario captar la esencia de su opuesto, el socialismo. Acudamos de nuevo a Hayek para leer Camino de servidumbre, y también a Pipes, en su breve pero útil Comunismo. Si se desea profundizar, la crítica teórica del socialismo está en el libro del mismo nombre de Ludwig von Mises, y la histórica en El libro negro del comunismo, así como en el breve pero excelente El Holocausto, de César Vidal.

 

Es necesario saber cómo hemos llegado hasta aquí, quizás la mejor guía sea La riqueza y la pobreza de las naciones, de D. Landes. La mejor historia del siglo XX, sigue siendo Tiempos modernos, de Paul Jonson y para saber en qué situación estamos, la Defensa del capitalismo global, de Johan Norberg. Y si lo que le interesa al lector son las cuestiones de política económica, que no deje de leer Libertad de elegir de Milton Friedman. Fuera de catálogo, Riqueza y pobreza, de George Gilder.

 

Y como no todo está en los libros y estamos en la era de Internet, además de la página en la que ya está el lector, puede buscar buenos artículos en liberalismo.org, los comentarios del Instituto Juan de Mariana, e incluso Webinversor para aprehender lo esencial de la filosofía de la inversión. Que por falta de opciones no sea. En eso consisten las sociedades libres.

 

 

José Carlos Rodríguez es miembro del Instituto Juan de Mariana

Libertad Digital, 17 de abril de 2006

 

 

A propósito del totalitarismo

Notable cuadro descriptivo de las prácticas totalitarias del siglo XX, la obra colectiva Une si longue nuit (Una noche tan larga) –publicada bajo la dirección de Stéphane Courtois– permite zanjar definitivamente ciertos puntos controvertidos, empezando por la legitimidad política y moral que resulta de la comparación entre la Alemania nazi y el comunismo soviético, y que llega a considerar estos dos regímenes más allá de lo que los distingue como representantes típicos de una forma política radicalmente nueva: el totalitarismo.
Falta por saber si el totalitarismo, en tanto producto innegable de la modernidad, ligado en su práctica a la racionalidad tecno-burocrática de las sociedades industriales, no tiene también cierto parentesco con otras formas políticas modernas. George L. Mosse pudo escribir que «Robespierre se habría sentido plenamente en casa en una reunión nazi de masas». Algunos podrían establecer también un paralelo entre el jacobinismo de 1793 y lo que Jacob Talmon llamó la «democracia totalitaria». Jacques Julliard afirmó por su parte: «El totalitarismo es, quizá, la democracia menos el sistema liberal representativo». Propósito que parece inscribirse en falso contra la alternativa contenida en el título de la colección donde aparece esta obra: «Democracia o totalitarismo».
Pero podríamos ir más lejos. Preguntarse acerca del totalitarismo exige, en efecto, examinar la mentalidad que la sostiene, identificar la naturaleza de sus aspiraciones. El fenómeno totalitario está fechado históricamente; pero la mentalidad que lo hace posible viene sin duda alguna de más lejos.
Los regímenes totalitarios han masacrado a gran escala y de una manera nunca antes vista. ¿Pero por qué lo hacen? Los amos de dichos regímenes no masacran por placer –hay que recordarlo– pero no sabemos por qué considerarían necesarias dichas masacres. No basta con describir el crimen; hay que preguntarse por las motivaciones del criminal.
Podríamos evocar aquí temas como la absolutización de la subjetividad («sólo me interesan los míos, los demás hombres son demasiados»), el deseo titánico o mesiánico de crear un «hombre nuevo» –deseo acorde con la exaltación del novum propio de la ideología del progreso– o incluso el tema del tercero excluido, que consiste en considerar al mundo dividido en dos campos en donde uno debe desaparecer («quien no está conmigo está contra mí»).
Pero el corazón del totalitarismo está en otra parte. Lo que los regímenes totalitarios buscan cuando quieren erradicar al «enemigo de clase» o «de raza», no es solamente suprimir cualquier oposición. Es alinear el conjunto del cuerpo social en un modelo único que se presume como el mejor. Es en el fondo la pasión de lo Mismo, la voluntad de reducir a lo único cualquier diversidad humana, cualquier complejidad de lo social, lo que los hace suprimir cualquier diferencia, cualquier desviación, cualquier pluralidad. Para definir esta voluntad por uniformar podríamos aludir a la ideología de lo Mismo y trazar su genealogía. Hace mucho, esta se limitaba a establecer que los hombres –más allá de lo que los distinguía en su existencia concreta– eran portadores de un alma que los ponía en una relación de igualdad ante Dios. Pero en la era moderna esta idea fue rebajada a la esfera profana. A la idea de que todos los hombres son fundamentalmente los mismos se suma la convicción de que también lo debían ser aquí abajo, al precio de suprimir las diferencias. En suma, se trata de hacer siempre a los hombres más semejantes. Es lo que los regímenes totalitarios han intentado hacer sólo que con mayor brutalidad.
Si admitimos que esta pasión por lo Mismo está en el corazón del totalitarismo, entonces las formas que asume se vuelven secundarias. Si definimos al totalitarismo no por sus prácticas ni por sus métodos, sino por su intención y su finalidad, se nos revela otra visión. Y nos conduciría a responder sin optimismo la cuestión que plantea Courtois: «Sólo el futuro dirá si el fenómeno totalitario no ha sido más que un paréntesis en el corazón del siglo XX, o si sigue su curso bajo una forma nueva en el siglo XXI».

Así, la ideología de lo Mismo más que nunca se encuentra en marcha. El irresistible movimiento de globalización, de esencia tecno-económica y financiera, cada día tiende más a desarraigar a los pueblos y las culturas, a las identidades colectivas y los modos de vida diferenciados. Los poderes públicos disponen además, hoy día, de medios de control que los antiguos regímenes totalitarios apenas pudieron soñar. ¿No sería posible llegar con suavidad, e incluso con el consentimiento de las víctimas, al estado de uniformidad que los sistemas totalitarios intentaron instaurar mediante la violencia? Tocqueville y Nietzsche, en registros muy diferentes, parecen haber previsto esto. El planeta transformado en un inmenso mercado homogéneo, una sociedad de vigilancia que poco a poco impone su designio: la «nueva forma» del totalitarismo no puede ser otra más que ésta.


 Alain de Benoist (traducción de José Antonio Hernández García).

La Nouvelle Revue d’histoire, 2004.

Vidal Quadras dice que la "embestida secesionista" del Estatuto es "inconstitucional"

En su nuevo libro "La Constitución traicionada", el ex presidente del PP de Cataluña  examina las claves que han permitido "que el nacionalismo imponga sus tesis secesionistas en La Moncloa" y acusa al PSOE de "estar pagando sus pactos electorales con el famosos tripartito catalán que le dio la llave del gobierno".

Vidal-Quadras ve su libro como una herramienta útil para "los españoles que deseamos seguir siéndolo, y que aún somos por fortuna mayoría", para entender "lo que está sucediendo en este periodo aciago de nuestra historia común, porque si no sabemos lo que nos pasa, como se lamentaba Ortega, lo que se avecina será mucho peor de lo que imaginamos".  Lo que está sucediendo, según el eurodiputado del PP, es que "uno de los dos grandes partidos nacionales ha cedido a la tentación diabólica de un trueque fáustico: ha entregado España a los nacionalistas a cambio del poder eterno".

Presentado como "herramienta imprescindible" para "descifrar los recovecos escondidos del nuevo Estatut y que son desconocidos para la mayoría de los votantes", el libro pretende ayudar al votante a "disponer de todos los argumentos posibles en sus manos, sobre todo cuando se trata de algo de tanta importancia como puede ser la aprobación de un texto que viene a modificar principios básicos recogidos en nuestra Constitución".

En la presentación, que tendrá lugar en el World Trade Center de Barcelona el próximo día 20, intervendrán el expresidente del Tribunal Constitucional, Manuel Jiménez de Parga, y el vicepresidente tercero del Congreso de los Diputados y ponente constitucional Gabriel Cisneros.

Libertad Digital, 16 de abril de 2006

UNA VISIÓN CRÍTICA SOBRE LA REPÚBLICA Y LA GUERRA CIVIL: tres libros importantes.

Van saliendo últimamente algunos libros serios sobre la Guerra Civil, de los cuales paso a comentar tres: El exilio republicano, de Milagrosa Romero Samper, en Ediciones Encuentro; El crimen que desató la Guerra Civil, de Alfredo Semprún, en Libros Libres, y la reedición de Historia del Ejército Popular de la República, de Ramón Salas Larrazábal, en La Esfera de los Libros.

 

 

El primero es el mejor estudio, con mucho, desde los valiosos trabajos de Javier Rubio, y muy oportuno, pues con pocas cosas se ha hecho una labor de falsificación tan sistemática como con el exilio de posguerra. Sobre él se ha fabricado una inmensa literatura lacrimógena, olvidando que, como la misma guerra, fue una consecuencia final de la destrucción de la legalidad por el Frente Popular.

 

 

 

Dentro de la mixtificación imperante, las izquierdas suelen empezar por incluir entre los exiliados a quienes habían huido de las izquierdas –que fueron muchos, en gran parte intelectuales, como aclaró en su momento Gregorio Marañón–, y a otros que habían asentado sus vidas en el extranjero ya antes de la guerra (Picasso, incluido a menudo entre los exiliados, sería un buen ejemplo). Todos por igual figuran como "exiliados del franquismo" en la falaz literatura corriente.

 

 

 

De similar modo, el carácter no democrático del grueso del exilio se manifiesta, además de en sus ideologías, en el arribo y amparo de muchos de sus componentes en regímenes como el PRI mejicano o la dictadura de Trujillo en Santo Domingo. Precisamente, no hace mucho los "republicanos" tributaron un encendido homenaje a la memoria de Lázaro Cárdenas, uno de los gobernantes más corrompidos de Méjico y, desde luego, nulamente democrático. Está bien esa gratitud, a condición de no confundirla con una inexistente "defensa de la democracia".

 

 

 

Milagrosa Romero trata también otro aspecto muy poco confesable de la emigración, ocultado sistemáticamente en la historiografía izquierdista: el de los cuantiosos tesoros robados por el Frente Popular al patrimonio histórico y artístico español y al patrimonio de los particulares, incluyendo entre éstos a la gente pobre que depositaba bienes familiares en los montes de piedad. Se trata de hechos perfectamente conocidos por los testimonios de las mismas izquierdas, salidos a la luz a causa de las disputas por el botín; aunque insuficientemente documentados, a causa de la comprensible opacidad de la gestión.

 

 

 

Por supuesto, debemos distinguir entre el exiliado de a pie y los dirigentes, estos últimos no más demócratas ni honrados –en su mayoría– que cierto enterrador de Montesquieu especialista en la explotación demagógica del exilio, entre otras destrezas.

 

 

 

La segunda parte del libro, más de la mitad de él, trata los avatares políticos de los jefes exiliados hasta la reunión de Munich, en 1962, una historia tan poco edificante, en general, como las anteriores. Y muy mal conocida para la mayoría, aunque merece mucho la pena conocerse. Este libro viene a llenar una laguna importante, y el lector no quedará defraudado.

 

 

 

Dice Alfredo Semprún que su libro sobre el asesinato de Calvo Sotelo "no es de historia, sino un reportaje". Error. Es un buen libro de historia y a la vez un reportaje, no hay contradicción entre ambas cosas. Una manía hoy corriente, confundiendo la pesadez con el rigor, quiere pasar por libros de historia "verdaderos" unos romos y burocráticos estudios, abundantes en citas pero escasos de análisis inteligente.

 

 

 

Semprún no es historiador profesional, en el sentido de que no se dedica profesionalmente a la investigación histórica, ni siquiera en el sentido que le dan los pedantes historieteros progres, según los cuales para escribir autorizadamente sobre el pasado es imprescindible sufrir sus lecciones falsarias –y hoy sabemos hasta qué punto lo son– y sus exámenes sectarios. Pero su reportaje tiene un valor historiográfico muy superior al de tantos enredosos libracos que por ahí circulan. Como contestó Stanley Payne a unas pintorescas observaciones de Tusell:

 

 

 

"Parece, pues sobreentenderse que sólo los profesores pueden tener un pensamiento serio o escribir convenientemente sobre historia. Semejante idea sería particularmente grotesca en países como Inglaterra o Estados Unidos, donde la mayoría de las mejores y más leídas obras de historia no las escriben profesores".

 

 

 

El reportaje histórico de Semprún tiene muchos méritos, uno de ellos el de mostrar el rápido proceso de descomposición social y política sufrido por España tan pronto alcanzó el poder el Frente Popular, en febrero del 36, creándose un doble poder desde la calle mientras el poder presuntamente legítimo vulneraba la ley y amparaba los desmanes y socialistas y anarquistas rivalizaban en demagogia, a veces a tiros entre ellos. Aunque no se lo propone explícitamente, el libro demuestra lo que nadie puede dudar a la vista de los testimonios y de la sucesión de hechos: el Frente Popular, al que es afecto el actual presidente del Gobierno, el "rojo" Zapatero, aniquiló la Constitución republicana hasta extremos inverosímiles, hasta el extremo de que sus propios órganos de seguridad se convirtieron, en buena medida, en grupos terroristas o protectores del terrorismo.

 

 

 

Una pequeña laguna en este excelente reportaje, y sobre la que he propuesto más de una vez una investigación a fondo: la implicación de Prieto en el crimen. No hay pruebas, desde luego, pero todos los indicios apuntan a él con fuerza.

 

 

 

Entre los varios libros esenciales que los profesionales de la desvirtuación histórica han logrado borrar de la universidad hay uno absolutamente clave: la Historia del Ejército Popular de la República, de Ramón Salas, mucho más de lo que su título indica. Para entender la importancia de esta obra conviene advertir que antes de ella las historias de la Guerra Civil apenas habían recurrido a los archivos.

 

 

 

Hugh Thomas había elaborado su libro a base de otros libros y memorias, tratados con algunos prejuicios socialdemócratas pero con inteligente sentido común, lo cual, junto con una visión artística bastante más elevada que tantas otras pedestres historias, le permitió escribir un trabajo que con justicia se ha hecho clásico. Pero sus debilidades de método la condenaban a verse superada antes o después. Salas, en cambio, se apoyó de modo constante en los documentos de archivo, "que suelen escribirse sobre la misma realidad, sin preocupación de imagen ni de lo que vaya a decir la Historia en el futuro".

 

 

 

El resultado fue sencillamente demoledor para las leyendas elaboradas por la propaganda de la Comintern y aceptadas brutamente por una historiografía, incluso de derecha, más interesada en parecer progresista que en la veracidad de sus contenidos.

 

 

 

Pero los intelectuales orgánicos han demostrado poseer una piel de hipopótamo frente a los desmentidos de sus teorías, junto con una elaborada tradición propagandística y una habilidad sobresaliente para adjudicarse fondos públicos. Y gracias a estas dudosas habilidades han logrado neutralizar durante muchos años al "historiador franquista", "militar", "no universitario" y, por supuesto, "no científico", ya que Salas prescindía de la "metodología científica marxista", de rigor en la universidad durante muchos años, y todavía hoy, de modo más encubierto.

 

 

 

Del mismo modo, aplicando la "metodología marxista" en su más cruda acepción, es decir, mediante un sectarismo y una falta de honestidad intelectual apabullantes, han logrado erradicar a otros grandes de la historiografía sobre la Guerra Civil: Bolloten y Martínez Bande, que, concuerdo en ello con Ricardo de la Cierva (otro "erradicado"), forman con Ramón Salas el trío imprescindible para conocer la Guerra Civil.

 

 

 

Debemos felicitarnos de la recuperación de Historia del Ejército Popular de la República, que debiera figurar en la biblioteca tanto de estudiosos profesionales como de aficionados al tema. Al compararla con decenas y cientos de libros escritos posteriormente, apreciamos hasta qué punto la historiografía puede retroceder en lugar de avanzar, un poco como retrocedió la biología en la URSS bajo los auspicios de Lisenko, promotor del materialismo dialéctico aplicado a la agricultura.

 

 

 

Por supuesto, el tiempo pasa, hay nuevas aportaciones y nada es absolutamente definitivo. Por poner un detalle, creo que Salas tiende a minusvalorar algo la impronta soviética, tanto en el ejército como en la política del Frente Popular, la cual quedó determinada por Stalin desde el momento en éste recibió el grueso de las reservas financieras españolas y dispuso de un partido por completo sometido a sus órdenes y que pronto lograría la hegemonía, pese a su pequeñez inicial.

 

 

 

 

 

Milagrosa Romero Samper: El exilio republicano. Encuentro, 2005; 344 páginas.

 

Alfredo Semprún: El crimen que desató la Guerra CIvil. Libros Libres, 2005; 244 páginas.

 

Ramón Salas Larrazábal: Historia del Ejército Popular de la República. La Esfera de los Libros, 2006; 3.572 páginas (5 volúmenes).

 

 

Pío Moa

 

Libertad Digital, suplemento libros, 6 de abril de 2006