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Políticamente... conservador

II República: ¿de qué siente orgullo Zapatero?

En su reciente comparecencia en el Senado, el presidente Rodríguez Zapatero ha formulado tres afirmaciones en relación a la II República que necesariamente deben de preocupar a la sociedad española.
Afirmó:
-que nos podíamos sentir orgullosos de aquel período de  nuestra historia,
-que su gobierno heredaba muchas de sus políticas
-y que aquella Constitución republicana “iluminaba” a la actual.
La República fue para una buena parte de los españoles, una ilusión. Véase a Ortega y Unamuno, por citar a dos personalidades relevantes. Al poco tiempo se había transformado en un mal sueño que evolucionó en pesadilla y terminó como una gran tragedia, la peor que ha vivido España a lo largo de su historia.
En el corto periodo que va del abril de 1931 a julio de 1936, cuando se inició el golpe de estado que dio lugar a la Guerra Civil, la República estuvo sembrada de arbitrariedades por parte de los gobernantes que la  promovieron: asesinatos políticos, insurrecciones, represalias brutales y un discurso continuado sobre la toma violenta del poder y la  proclamación de la dictadura del proletariado.
En todo ello el PSOE participó en  primerísima linea y por tanto tiene una responsabilidad histórica que nunca ha revisado ni por la que nunca ha pedido perdón, cosa que por ejemplo sí hizo la Iglesia Española en el año 2000.
De hecho, ninguno de los protagonistas bélicos se ha presentado ante a los españoles diciendo: “lo reconocemos, lo hicimos mal, tenemos buena parte de culpa. Nos ha servido de lección”. No solo esto, sino que va Zapatero y proclama formalmente su orgullo.
¿Orgullo de qué? ¿De los 6.800 curas, religiosos y monjas asesinados, la inmensa mayoría mucho antes que los obispos se inclinaran por el lado de Franco? Solo entre julio y agosto del 1936 se liquidaron a más de 3.000, y ya eran cerca de 6.000 en diciembre de aquel año.
En buena medida esta masacre, una de las mayores de la historia moderna junto con las cometidas por los comunistas y la revolución mejicana, ayudan a explicar el alineamiento posterior de la Iglesia. Hasta 12 obispos fueron asesinados y otros miles de laicos católicos pasaron por el paredon o fueron “paseados” por el simple hecho de serlo. Más de 20.000 edificios religiosos fueron destruidos y con ellos se perdió un patrimonio artístico de un valor incalculable.
Ante esto Zapatero debería haber callado o, mejor todavía, proclamado su congoja y su petición de perdón como representante de una de las fuerzas políticas que tanto daño hizo. El que el franquismo fuera una dictadura que evolucionó hasta confluir con la oposición en un régimen democrático, en ningún caso justifica el terrible daño que la República hizo a todos los españoles. Lo contrario del olvido no es la memoria, sino la verdad.

Editorial de www.forumlibertas.com, 10 de abril de 2006

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