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Políticamente... conservador

Francisco Vázquez y la ingeniería social de la izquierda.

Francisco Vázquez y la ingeniería social de la izquierda.


Nuestro flamante embajador en el Vaticano, el católico socialista, o socialista católico (aquí el orden de los factores sí altera el producto), Francisco Vázquez, ha rectificado en parte sus anteriores declaraciones, por las que criticaba la multitudinaria manifestación recientemente celebrada en defensa de la “familia cristiana”; desmarcándose así de la ofensiva desatada desde la izquierda contra la Iglesia católica.

De modo que, y refiriéndose a algunas de las reacciones producidas ante esa celebración del pasado 30 de diciembre, Vázquez aseguró que “Hubo excesos, pero después hubo excesos intencionados en la repuesta a aquel acto, porque hay sectores y personas con nombres y apellidos concretos que están empeñados desde hace tiempo en una cruzada anti-Iglesia, que intenta relegarla a una posición de silencio”. Unas afirmaciones cuanto menos sorprendentes, pues él, miembro destacado del PSOE, parece ignorar que esos sectores y esas personas “con nombres y apellidos concretos”, no son voces aisladas y sin peso en el seno de la izquierda, sino portavoces representativos y totalmente consecuentes con el pensamiento radical que nutre “su” propio partido. El suyo.

 

Hay que ser bastante ingenuo como para que esta polémica haya cogido desprevenido a nadie. La izquierda española, que nunca fue especialmente original ni creativa, viene experimentando un proceso de radicalización, fruto de las nuevas coordenadas ideológicas del progresismo planetario. Aunque haya descartado, en su conjunto, las teorías y prácticas del desaparecido “socialismo real”, se viene rearmando doctrinalmente con nuevas corrientes elaboradas desde la eclosión del 68: feminismo radical, pensamiento crítico, multiculturalismo relativista…

 

Es incuestionable que buena parte de las políticas de izquierda viene determinada por un maquiavelismo pragmático que persigue la conquista del poder y su conservación a toda costa. Pero no carece de convicciones. Acaso no sean muy numerosas, ni estén excesivamente elaboradas. Pero ahí están.

 

Esta nueva izquierda, cocida en la explosión antiautoritaria y antitradicional del 68, enlaza con algunas de las señas de identidad de las izquierdas: fundamentalmente, el objetivo de una utópica sociedad igualitaria en la que hayan desaparecido las relaciones de explotación y los grupos reaccionarios. Pero, aunque ya no sea la clase obrera el actor revolucionario por excelencia, una novedosa ingeniería social izquierdista trabaja desde la cultura, los medios de comunicación, determinados movimientos sociales y el poder político, por esos ideales “de siempre”; aderezados con consumismo y bienestar sobre una buena base de individualismo. Ah, la gauche champagne…

 

En este nuevo tránsito revolucionario, algunas organizaciones sociales son bienvenidas e impulsadas, como precursoras de ese “ineludible” cambio social: ciertos sindicatos, docentes críticos, autoproclamados defensores de la sanidad pública, secciones del movimiento antiglobalizador, organizaciones abortistas y feministas radicales, intelectuales progresistas, juristas alternativistas… Todos ellos forman esa “sociedad civil” que, junto al PSOE, persigue la transformación de las mentalidades, generando nuevas realidades sociales. Unas nuevas estructuras “liberadas” de los viejos mecanismos de explotación, de diverso adjetivo: patriarcal, oligárquico, capitalista, burgués, reaccionario, anticuado, facha…

 

En este contexto, ni las Iglesias, ni el movimiento pro-vida, ni los grupos identitarios españoles, ni el movimiento cívico de resistencia al terrorismo, ni los padres y madres “confesionales” de alumnos, ni los grupos de víctimas críticos con el actual poder, ninguno de ellos forma parte de esa “sociedad civil” amparada por la izquierda: y es que son estructuras sociales que hay que eliminar, o al menos, acallar. Así se progresa.

 

De nuevo, también para el actual socialismo, la Iglesia es un obstáculo para “el” progreso. Por motivos diferentes que para sus antecesores comecuras y fusilafascistas del siglo XX. Pero, en cualquier caso, la conciben como una estructura “superada” del pasado. Y la admitirá, únicamente, en la medida en que sea una realidad minúscula o que, al menos, una vez domesticada, ya no moleste.

 

Por ello, esas invocaciones a la “familia cristiana” les han indignado tanto: por situar en el centro del escenario social el “quid” de la cuestión. Por atreverse a plantear alternativas concretas, por dar la cara. Tal es la razón última de esta confrontación no buscada por la Iglesia.

 

Para la ingeniería social progresista es objetivo irrenunciable el cambio de las mentalidades mediante la aparición de nuevas formas sociales –decíamos- que “produzcan” individuos dóciles al poder, que comulguen con el pensamiento “políticamente correcto”; sujetos autodeterminados y liberados, los llaman. De ahí la importancia de la Educación para la Ciudadanía; tal y como la entiende esa izquierda que persigue la hegemonía cultural al más puro estilo gramsciano.

 

De modo que cuando se habla de “sociedad civil”, según de quien se trate, se estará refiriendo a conceptos de significación y función difícilmente conciliables.

 

Semejante concepción de la política y del cambio social arrastra a la nueva izquierda a unos comportamientos que, por no pocos observadores, son calificados como totalitarios. Y no puede ser de otra manera, no en vano, es toda una dialéctica de poder la que, en última instancia, le mueve, siendo su pretensión inevitable el control y dirección de toda realidad social. Un totalitarismo al que no le gusta las disidencias y que atribuye legitimidad de actuación en política a los actores que él determine según su conveniencia táctica. De ahí que, en estos momentos, nieguen visibilidad social y, en última instancia, política, a la Iglesia y a cualquier otro actor independiente.

 

Francisco Vázquez es muy libre, como cualquier ciudadano español, de obrar según sus personales convicciones e intereses. Es más, algunos de sus comportamientos, a lo largo de todos estos años, han sido de agradecer; acreditando cierta valentía y libertad personal. Pero tenemos que ser conscientes de las ideas operativas que modelan la realidad y de la naturaleza de sus compañeros de viaje. Si Francisco Vázquez quiere mirar hacia otro lado, es su problema. Pero que no pretenda vendernos la moto.

 

Fernando José Vaquero Oroquieta

Diario Liberal, 17 de enero de 2008


La extraña teoría ZP sobre la ampliación de los derechos (II)

La extraña teoría ZP sobre la ampliación de los derechos (II)


Un segundo enfoque es profundizar sobre la idea de los derechos personales y sus límites.


Si dos personas del mismo sexo pueden casarse, y esto tiene un carácter tan excepcional en la historia y en el mundo, que constituye una anomalía, ¿por qué por la misma lógica de la ampliación no puede casarse un hombre con diversas mujeres, formando familias distintas, como está establecido en el derecho islámico?

El argumento que denigra a la mujer desaparece en el momento en que sea un matrimonio libre, querido y entre adultos, y se confiera el mismo derecho a ella, es decir que pueda casarse con diversos hombres, a pesar que al ser suya la maternidad, no permite una simetría con el matrimonio islámico.

¡Esto sí seria una verdadera ampliación de derechos! Afectaría a decenas de miles de personas que ya viven en esta situación, y reconocerían -otro argumento muy preciado por nuestros gobernantes- la realidad social, lo que ya esta en la calle y que afecta a decenas de miles de personas de confesión islámica.

Por otra parte, se ajusta mejor al fin del matrimonio que el homosexual, tiene tradición, amplia jurisprudencia y muchos países donde se practica y millones de personas que viven bajo la misma. No es una anomalía universal como el matrimonio homosexual.

 

Más todavía, ¿por qué no se legaliza la unión de los "poliamori", personas que se declaran "polienamorados", que quieren vivir con una nueva pareja y seguir con la anterior? En este contexto las personas bisexuales encontrarían el marco legal del que ahora carecen, sufriendo una discriminación en relación a los homo y hetero.

También debería ser objeto de nuevos derechos en el ámbito matrimonial la perspectiva de género. El matrimonio debería poder ser secuencial, o como en el caso de los polis, múltiple, a fin de que realmente fuera el género opción cultural y, por tanto, necesariamente mudable a voluntad, polimórfico, el que constituyera el sujeto de la unión.

 

Todo esto son posibilidades que se fundamentan en los mismos términos que el matrimonio homosexual.

Y es que una vez se ha perdido el sentido y el fin, todo vale también en materia de “nuevos derechos”.

Porque los derechos solo pueden nacer de una observación lenta y decantada del derecho consuetudinario, de la costumbre, sancionada como un hecho positivo.

La adopción de un derecho es necesariamente fruto de un amplio consenso para que tenga un carácter universal, imprescriptible e inalienable, condiciones que evidentemente no se dan en las leyes Zapatero, que como hemos visto, son hechos prácticamente únicos, sin reconocimiento ni equiparación fuera de España, y adoptadas por una pequeña mayoría parlamentaria en una sola cámara.

 

La última razón es de breve enunciado: es injusto regular como igual, aquello que no lo es. La unión de un hombre y una mujer no puede significar lo mismo que la relación entre dos hombres o dos mujeres.

 

Por otra parte no puede invocarse como un nuevo derecho, lo que significa dejar sin protección a la institución que se regula. Es el caso del divorcio ultra rápido y el matrimonio. Una relación contractual perfectamente formalizada y con responsabilidades definidas no puede ser liquidada unilateralmente sin motivo, más allá del deseo, porque en este caso, el valor del contrato previo es nulo. Se destruye mediante la cláusula añadida del divorcio express, aquello que se pretende regular, el matrimonio

 

Lo que Zapatero ha generado no son nuevos derechos, sino nuevos conflictos y motivos de confusión, y a la vista están ya los resultados: la destrucción del matrimonio como institución insustituible y socialmente valiosa que organiza y dota de capital social y humano a la sociedad.

 

Editorial de Forum Libertas, 16 de enerote 2008

Esa derecha del dinero y la patronal…

Esa derecha del dinero y la patronal…

A Rajoy se le ha ocurrido fichar como número dos por Madrid a Manuel Pizarro, el numantino patrón de Endesa, es decir, un hombre del dinero. De la calidad profesional de Pizarro nadie duda. También está claro que, si se trataba de dorar las listas con gestores de gran estilo, la elección es un acierto. La pregunta, no obstante, no gira en torno a la calidad humana y profesional de Pizarro, sino en torno al mensaje que el PP quiere mandar a los españoles. Se trata de saber si el PP es capaz de ofrecer al electorado español algo más que un discurso de solvencia económica y eficacia técnica. Nuestra derecha parece convencida de que el horizonte único de la sociedad española es el bolsillo. Pero ese discurso ya lo formuló Aznar, y no salió bien.   


Manuel Pizarro dio a los españoles en general, y a los socialistas en particular, una extraordinaria lección de habilidad gestora y fidelidad a los propios accionistas cuando tuvo que lidiar con el terrible morlaco de la Opa sobre Endesa. Recordemos: Gas Natural (La Caixa) ataca, Endesa se defiende y, por el camino, nos enteramos de que había detrás una operación que implicaba a la oligarquía político-financiera catalana; portavoces del Gobierno reconocen, con ese desparpajo que les caracteriza, que esa Opa es “medio estatut”, y así nos encontramos de hoz y coz con un guiso donde se mezclan la política de partido, el mamoneo oligárquico, el caciquismo de aldea y la alta finanza internacional en aleación inextricable. En medio de este torbellino de presiones, Pizarro se clava al suelo, saca pecho y aguanta. Al margen de otras consideraciones, ese era exactamente su deber. Honor al capitán de empresa.

 

Vaya eso para aclarar que aquí el problema no está en la personalidad de Pizarro, sino en la elección del PP. Todo indica que esta elección obedece a una reflexión estratégica que podemos sintetizar en los pasos siguientes: a) Las elecciones van a decidirse en un estrecho margen de votos que básicamente coincide con el porcentaje de los indecisos; b) Esos indecisos no votarán en función de criterios ideológicos (si tuvieran ideología, no serían indecisos), sino que apoyarán a la opción que más confianza les inspire; c) El mejor modo de ofrecer confianza es mostrar a personas de seria reputación profesional, ese tipo de persona a la que le confiarías tu propio dinero o, como suele decirse, le comprarías un coche usado; d) Nadie ha dado mejor ese perfil en los últimos años que un tipo como Pizarro, que ha sido capaz de multiplicar los beneficios de sus accionistas en medio de una crisis atroz; e) Ergo, este es nuestro hombre. Pero esta reflexión da por acreditadas dos cosas que en realidad son muy discutibles. La primera que esa confianza que buscan los indecisos pueda traducirse en términos de confianza económica, es decir, que lo que busquen sea un gestor. La segunda, que la imagen pública de Pizarro, esto es, la que le ha construido la mayoría de los medios de comunicación en los últimos cuatro años, se corresponda con la que de él tienen en el PP. Ambas cosas son extremadamente dudosas.

 

El partido del homo oeconomicus

 

El PP presupone que el ciudadano razona en términos del “mejor interés individual”, muy al estilo del liberalismo clásico, y tiende a pensar también que ese interés se formula en términos estrictamente económicos, muy al estilo del neoliberalismo contemporáneo. La ecuación sería “interés = más dinero para mí”, y se traduciría en la equivalencia “confianza = un tipo que sepa ganar dinero”. Ahora bien, la mentalidad del español medio no suele transitar por ahí. En España, donde muchos años de proteccionismo han configurado una mentalidad social de ciudadano asistido, la gente tiende a mirar con hostilidad al que gana dinero y, al contrario, tiende a depositar su confianza en quien promete repartirlo. El caso de Andalucía es paradigmático: la mayoría de la gente prefiere mil veces que le den un subsidio a que le den una empresa, sobre todo si el subsidio puede chulearse con la suficiente holgura como para completar ingresos en negro. Aquí intervienen elementos de cultura política cuyo análisis nos llevaría demasiado lejos, pero que podemos sintetizar en esta idea: en España apenas existe una cultura social del individuo emprendedor, de manera que tampoco hay una cultura política que premie al gran financiero. En ese sentido, la figura de Pizarro puede suscitar más rechazos que adhesiones.

 

Aquí entra el segundo elemento del análisis, a saber, la imagen pública del protagonista de esta historia. En efecto, desde la mayoría mediática gubernamental se le ha construido a Pizarro una imagen cortada por los patrones más tópicos del anticapitalismo primario: el patrón sin patria ni escrúpulos que prefiere vender la energía nacional al mejor postor extranjero, antes que ponerla al servicio del interés de los españoles. Por supuesto que se trata de una imagen falsa y simplista hasta la náusea, pero la estrategia de comunicación del zapaterismo nunca se ha caracterizado por su sutileza. No hemos tardado en oír al tribuno demagogo diciendo lo previsible: “Ahí lo tenéis: ellos eligen a los que se llevan el dinero, y nosotros, a los que lo reparten para el pueblo”. ¿Burdo? Claro, pero de eso se trata.

 

Un poco más de tejas arriba, el episodio Pizarro incide en un rasgo de la derecha española que empieza a ser muy preocupante: su tendencia perenne a reducir el discurso político a la dimensión económica y su incapacidad manifiesta para modular discursos sugestivos en materia política, social o cultural. El PP parece convencido de que los “indecisos” no le votarán si se muestra como un partido de derechas, es decir, si plantea un discurso nítido de defensa de la identidad nacional, de restricción de la inmigración, de defensa de la familia y de la libertad de enseñanza, etc. Esto no es de ahora: lo vimos con Aznar, que hoy parece dispuesto a amparar grandes laboratorios ideológicos, pero que en sus ocho años de Gobierno no propuso a la sociedad española –sino muy tardíamente- otro horizonte que el de la prosperidad económica. “Enriqueceos”, nos dijo Aznar como Luis Felipe de Orleáns a los franceses de 1830. El resultado fue que la gente, cuando tuvo miedo, prefirió votar a otro.

 

La frase “el dinero no lo es todo” tuvo aquí una plasmación de sabiduría cazurra, pero ello no le restó vigor. Rajoy viene ahora con lo mismo: “enriqueceos”. Muy bien. Pero todos sabemos que quienes se enriquecen, por lo general, son siempre los mismos, así de derechas como de izquierdas, y a mí lo que me interesa no es que se enriquezcan ellos, sino dar a mis hijos la enseñanza que yo quiero, que tener familia numerosa no me convierta en un menesteroso marginal, que dejemos de ser el paraíso europeo del aborto, que se garantice la supervivencia de España como unidad nacional, que la cultura social española se regenere y abandone su actual estado de sordidez e indecencia… Todo eso no es incompatible con el fichaje de gente como Pizarro, por supuesto. Pero Pizarro, que es un gran tipo, no me va a dar lo que yo necesito. Yo –y algunos millones como yo- necesito un estadista y un reformador, no un mago de los dineros. Al final, estamos en lo de siempre: la derecha del interés prevalece sobre la derecha de los principios. Y conviene recordar que las consecuencias de esa elección siempre han sido funestas.

 

José Javier Esparza

El Manifiesto, 16 de enero de 2008

Cuenta la libertad

Cuenta la libertad

Hay que hablar de Gallardón. Era el día para glosar más extensamente la figura de Manuel Pizarro. Para recordar su resistencia al poder desde que en Moncloa decidieron echarle de Endesa con una OPA de factura catalana que se adornaba con números de risa. Era el día para bucear en su perfil no económico, en su convicción nada mojigata del valor de la tradición occidental, en su pasión popperiana por las sociedades abiertas, en su catolicismo sin complejos. Por fin alguien para el centro derecha que, además de hablar de números y de buena gestión, tiene hipótesis culturales sobre las grandes cuestiones pendientes de nuestro país. Pero “la crisis de Madrid” ha desecho el dulce momento.

Salvo que Mariano Rajoy hubiera sido un torpe de remate, que no lo es, su silencio sobre la presencia o la ausencia de Gallardón en las listas de Madrid sólo tenía una explicación. La que daba en los últimos días gente bien informada: “Mariano lo tiene decidido, Alberto va en las listas, si no fuera así lo habría dicho mucho antes, es suicida abrir una crisis como ésta en plena precampaña”. El escándalo que algunos sentían por la posible presencia de Gallardón en el Congreso tenía mucho de bienintencionado moralismo.

 

Gallardón ha sido el niño bonito del progresismo, el único político del PP que asistió al entierro y al funeral laico de Polanco en el Círculo de Bellas Artes. La cercanía al Grupo Prisa, sus coqueteos con el mundo cultural de la izquierda, su abierta ambición, su ambigüedad en las políticas relacionadas con la vida y la familia, han provocado el rechazo entre muchas personas que quieren, con un sano deseo, que en el ámbito público español estén presentes determinados principios y valores. Junto a ese rechazo en nombre de los principios, algunos destacados líderes del PP y de su entorno mediático han desatado una auténtica cacería bastante menos noble –muy vinculada a sus intereses empresariales y su carrera- contra Gallardón. Todo indica que ha sido la presión de esa entente, que quiere posicionarse bien para el post 9 de marzo, la que ha forzado a Mariano Rajoy a anunciar, en un mal momento, que no va contar con el alcalde de Madrid. La agenda se la han hecho, mejor sería decir desecho.

 

Las cosas están difíciles para que Rajoy gane las generales, más aún para que consiga gobernar. Y era el momento de sumar, de contar con figuras como la de Gallardón, que podrían haber aportado brillantez para una campaña electoral que va a ser muy reñida, para un futuro Gobierno, para una posible labor en la oposición que necesita de gente no gastada.

 

Se puede discutir hasta la extenuación si el alcalde de Madrid habría obtenido más o menos votos que otro candidato en la capital sin llegar a conclusión alguna, pero lo cierto es que Gallardón representaba para toda España la imagen de un partido más abierto. Sus oponentes han conseguido apartarlo pero han muerto matando. ¿Y los principios y los valores? ¿No han salido ganando? No. La pretensión de que los políticos del PP, o los de cualquier partido, puedan encarnar un cambio que frene la destrucción de lo humano que se extiende en nuestra sociedad es utópica. A los políticos se les puede pedir que no la aceleren y, sobre todo, que sean permeables a aquellas realidades sociales que están ofreciendo una respuesta a esa situación.

 

Hace tiempo la Compañía de las Obras (asociación que une a empresas y entidades no lucrativas) acuñó el término “permeabilidad” como criterio para definir el voto. Era razonable votar a aquellas formaciones permeables a la construcción de realidades sociales nuevas. Tanto Gallardón como los líderes del PP que lo han derrotado están muy lejos de una cosmovisión efectivamente católica, o efectivamente anclada en unos principios firmes. Pero Gallardón, con todos sus alardes de progresismo, ha ejercido sus labores de Gobierno con un alto grado de “permeabilidad”, su proyecto ha estado abierto. El liberalismo puede también calzar botas de agua y protegerse con chubasquero. En nombre de la tradición se puede hacer también ideología. Para evaluar una política, nada mejor que estar pegado a cómo se tutela y alienta la libertad real, cómo se respetan las iniciativas sociales que expresan la dignidad de la persona.

 

Fernando de Haro

Páginas Digital, 16 de enero de 2008

800 personas abarrotan la presentación de un libro por Aznar y Del Burgo

800 personas abarrotan la presentación de un libro por Aznar y Del Burgo

Más de 800 personas asistieron a la presentación del libro "Vascos y Navarros en la Historia de España" realizada por José María Aznar y Jaime Ignacio del Burgo. Un acto de gran repercusión mediática donde el ex presidente del Gobierno recibió el respaldo y cariño de cientos de pamploneses que acudieron al acto ayer lunes a las 19,30 horas.

Pamplona, 14 de enero.- Más de 800 personas abarrotaron el salón del NH Iruña Park de Pamplona en la presentación del libro “Vascos y Navarros en la Historia de España”, de la mano de José María Aznar y Jaime Ignacio del Burgo.

José María Aznar afirmó en Pamplona que en las próximas elecciones de marzo, los españoles podrán conseguir que España sea "como cualquier democracia avanzada, donde un gobernante que ha engañado conscientemente a los ciudadanos en algo tan importante como negociar políticamente con los terroristas, queda inhabilitado para seguir gobernando".

 

El presidente de la Fundación para el Análisis y los Estudios Sociales (FAES) y ex presidente del Gobierno, José María Aznar realizó estas declaraciones durante la presentación en el Hotel Iruña Park, junto a Jaime Ignacio del Burgo, del libro 'Vascos y Navarros en la Historia de España.

 

A la cita acudieron centenares de personas, con entrada libre, y representantes políticos. Entre ellos, Alberto Catalán, como representante del Gobierno de Navarra, José Manuel Ayesa, presidente de la CEN, y miembros de UPN, como José Iribas, Rafael Gurrea, José Ignacio Palacios, o la concejala de Pamplona Cristina Sanz, entre otros.

 

En su intervención, Aznar sostuvo que en las elecciones de marzo los españoles tendrán la oportunidad de "evitar que el nacionalismo secesionista y anexionista y el oportunismo de izquierdas sigan dándose apoyo mutuo para sus objetivos de demoliciones compartidas".La izquierda española "ha tirado al cubo de la basura el principio de igualdad, ha renegado de la libertad y se ha entregado sin solución de continuidad al nacionalismo", afirmó.

 

El ex presidente del Gobierno también hizo alusión a la propuesta de referéndum de Ibarretxe, a la que calificó como "acto de secesión", convocado "desde la presidencia de un gobierno autonómico, pese a que esa pretensión es tan rotundamente ilegal que su mera proposición es un auténtico disparate."

 

"Ese inadmisible acto de secesión" sólo podrá celebrarse "si ocurre algo que los ciudadanos españoles pueden evitar, que gobierne en España esa izquierda descreída que quiere mantenerse en el poder a cualquier precio, engañando a los españoles siempre que les convenga", según Aznar.

 

Según el presidente de las FAES, el lema de Zapatero es gobernar "como sea", es decir, "negociando políticamente con los terroristas y mintiendo a los españoles sobre esa negociación, poner encima de la mesa de la negociación con los terroristas la soberanía nacional, la Constitución y la territorialidad, es decir, la entrega de Navarra, y negarlo todo en público para confesar finalmente que no se dijo la verdad".

 

Millones de ciudadanos, subrayó Aznar, "nos quedamos estupefactos e indignados cuando supimos que el mismo que había firmado el Pacto Antiterrorista en la Moncloa por la mañana, por la tarde ya se había reunido en secreto con los terroristas para negociar lo contrario de a lo que en público se había comprometido esa misma mañana". Después supimos "que las negociaciones políticas con los terroristas siguieron hasta 2004", añadió. "Pudimos constatar lo que ya habían publicado diversos medios de comunicación: que todo eso era una nueva mentira y que Zapatero siguió negociando políticamente con los terroristas pocos días después de que estos asesinaran a dos personas en un atentado".

 

En los últimos años, "hemos asistido atónitos a la reescritura política de la historia, retorciendo los hechos y reanimando los peores fantasmas del pasado para que sea el rencor y la división quienes enmienden la plana de la propia historia, algo que ha ocurrido con la Ley de Memoria Histórica". Una ley, "que sólo ha buscado azuzar la división y el odio entre los españoles".

 

Asimismo, Aznar se preguntó "si alguien duda de que después de todo estos lamentables episodios, si ganaran las elecciones, seguirían gobernando 'como sea', es decir, entregando la libertad, renunciando a la dignidad y traicionando a la verdad?".

 

Todo ello, concluyó, podrá evitarse el 9 de marzo, "es una obligación moral que nos compromete a todos los españoles, también -y muy especialmente- a todos los navarros, porque, de todos los españoles, sois vosotros, los navarros, los que probablemente más os jugáis en este envite".

 

En primer lugar, y sobre todo, "es una obligación moral si queremos que España siga siendo España, que siga siendo la Nación de ciudadanos libres e iguales que consagra la Constitución de 1978. Esa Nación unida y plural, respetuosa con los fueros, con las lenguas, con la diversidad".

 

Por su parte, Jaime Ignacio del Burgo aseguró que el peor problema de la sociedad navarra y de la vasca "es el adoctrinamiento de las nuevas generaciones, a través del sistema educativo, en la peculiar visión del nacionalismo vasco, basada en la atroz manipulación de la realidad histórica".

 

Asimismo, apuntó que hay jóvenes vascos y navarros que creen a "pies juntillas que Euskal Herria existe desde el comienzo de los tiempos, que en 1936 España invadió Euskal Herria y que si hoy Navarra no forma parte de Euskadi, se debe a la política genocida de Franco".

 

Con todo, concluyó Del Burgo, "el nacionalismo vasco de todo signo, moderado, o inmoderado, democrático o revolucionario, pacífico o violento, parece haber hecho suya la consigna del dirigente comunista chino Mao, responsable de la esclavitud de su pueblo, cuando ordenó a sus seguidores 'Corromped la historia'".

 

A continuación, reproducimos el contenido íntegro de las intervenciones de José María Aznar y Jaime Ignacio del Burgo:

 

JOSÉ MARÍA AZNAR

 

Es un placer acompañarles hoy aquí, en Pamplona, y un honor poder hacerlo para presentar un libro acompañarles hoy aquí, en Pamplona, y un honor poder hacerlo para presentar un libro tan científicamente sólido, tan riguroso y tan oportuno como el que hoy nos convoca: Vascos y navarros en la Historia de España.

 

Se trata de un libro que recoge los trabajos de unas jornadas celebradas entre 2003 y 2004 para analizar la contribución de los vascos y de los navarros a la cultura y a la Historia común de España. El libro recuerda, una vez más, que esa contribución de vascos y navarros al acervo común ha sido extraordinaria.

 

El libro explica con maestría la trayectoria histórica de Navarra como comunidad propia y singular y, simultáneamente, como parte de la Nación española, al tiempo que pone en evidencia la tremenda falsedad de quienes, en sus ansias secesionistas, anexionistas y totalitarias, no han tenido reparo alguno en falsear y manipular hechos históricos incuestionables en pos de sus objetivos.

 

El libro demuestra, en efecto, con la objetividad propia de los auténticos historiadores, con la fidelidad estricta a los hechos y acontecimientos históricos, que el proyecto secesionista y anexionista del nacionalismo vasco, insensible al horror provocado por el terrorismo de una banda asesina, se alimenta de una historia inventada.

 

Ese proyecto separatista sólo tiene cabida en las mentes de quienes inventan naciones y utilizan o recogen los frutos de la violencia para reclamar soberanías imaginarias, sacrificando la libertad de muchos y la vida de otros, y negando la existencia de la Nación que nos une a todos, que es España.

 

La Sociedad de Estudios Navarros me concedió el honor de prologar este libro. Escribí entonces, y mantengo ahora, que este libro demuestra que “Navarra y el País Vasco -o, más exactamente, navarros y vascos- están en la Historia de España y son ellos mismos Historia de España, de la mejor España, ésa que se fragua con la lealtad hacia una idea común que trasciende la diversidad de lo que eran fragmentos del futuro Estado común”.

 

El libro muestra este engarce común a partir del estudio académico de quince profesores, quince estudiosos de la materia que nos ocupa. Creo que éste es el ámbito en el que la Historia debe ser analizada y sometida a debate. Puede y debe ser sometida a controversia académica desde el más escrupuloso respeto a la realidad de los hechos.

 

Lo que vemos en los últimos tiempos, lamentablemente, es otra cosa. Asistimos atónitos a la reescritura política de la Historia, retorciendo los hechos y reanimando los peores fantasmas del pasado para que sean el rencor y la división quienes enmienden la plana a la propia Historia.

 

Esto es lo que ha ocurrido en estos últimos años con la denominada Ley de Memoria Histórica.

 

Como explica el profesor Varela Ortega, la propia denominación de la Ley incurre en una contradicción en sus propios términos. La memoria es una capacidad de cada individuo, individualmente considerado. Las memorias colectivas, simplemente, no existen, por definición. Cuando alguien pretende crearlas es porque busca algo muy distinto a cualquier cosa que tenga que ver con la Historia.

 

Porque aquí lo que se ha buscado es azuzar la división y el odio entre los españoles. Y es que se trata, en efecto, de una Ley promovida por un gobierno que prefiere remover nuestro peor pasado en lugar de trabajar por un mejor futuro. Mi opinión es que la historia hay que dejársela a los historiadores. Los políticos están para otra cosa. Están para mejorar la vida de las personas.

 

Los buenos historiadores, como los que han contribuido a este libro, son los que deben ocuparse de hablar y escribir de Historia.

 

En ese mismo proyecto de reescritura política de la Historia se enmarca la creación de eso que han denominado Euskal Herria, de inventadas raíces milenarias. Todo vale, al modo en el que Orwell imaginó a su alienado Winston Smith, para destruir y reinventar cada día las falsedades que convengan a la actual alianza política entre el nacionalismo secesionista y anexionista y la izquierda oportunista.

 

Porque, para asombro de muchos, la izquierda española, ayuna de ideas tras el derribo del Muro de Berlín, no se ha esforzado en reencontrar su cuerpo ideológico, como sí ha hecho la izquierda de muchos otros países desarrollados, de una forma mínimamente decente y coherente.

 

La izquierda española ha tirado al cubo de la basura el principio de igualdad, ha renegado de la libertad y se ha entregado sin solución de continuidad al nacionalismo.

 

Queridos amigos, en otoño de este año, si no lo remediamos a tiempo, está convocado lo que no es otra cosa que un acto de secesión. Está convocado desde la presidencia de un gobierno autonómico, pese a que esa pretensión es tan rotundamente ilegal que su mera proposición es un auténtico disparate.

 

No es tarea de los historiadores poner freno a los políticos, como ya he dicho. Ni siquiera puede serlo cuando asistimos a los peores desvaríos de algunos políticos. Ésa es una tarea de todos los políticos que aún mantienen alguna dosis de sentido de Estado. Y aún más que de los políticos, es una tarea que requiere el concurso y el respaldo de los ciudadanos, de todos nosotros.

 

Ese inadmisible acto de secesión convocado para el otoño sólo podrá celebrarse si ocurre algo que los ciudadanos españoles pueden evitar. Sólo podrá ocurrir si sigue gobernando en España esa izquierda descreída que quiere mantenerse en el poder a cualquier precio, engañando a los españoles siempre que les convenga.

 

Su lema es “como sea”, faltando a la verdad cuando les interesa. Que ése es su lema y su método de engaño nos lo ha demostrado este gobierno en esta legislatura, como ayer certificó su máximo dirigente.

 

En su objetivo de lograr las cosas “como sea”, da igual que España sea una Nación de ciudadanos libres e iguales, como dice nuestra Constitución, o que sea otra cosa muy distinta. Porque ¿qué más da cuando se afirma que hasta la propia Nación es un concepto discutido y discutible?

 

Gobernar “como sea” significa negociar políticamente con los terroristas y mentir a los españoles sobre esa negociación. Significa, como sabemos que ha ocurrido, poner encima de la mesa de la negociación con los terroristas la soberanía nacional, la Constitución y la “territorialidad”, es decir, la entrega de Navarra. Y negarlo todo en público para confesar finalmente que no se dijo la verdad.

 

Porque el protagonista de este disparate nos ha confirmado que, efectivamente, esos temas han estado en la mesa de negociación con los terroristas. La excusa o justificación ahora es, no se lo pierdan, que no se llegó a un acuerdo. Al parecer, da igual que esos asuntos fueran objeto de negociación. Millones de ciudadanos, como quien les habla, nos quedamos estupefactos e indignados cuando supimos que el mismo que había firmado el Pacto Antiterrorista en la Moncloa por la mañana, por la tarde ya se había reunido en secreto con los terroristas para negociar lo contrario de a lo que en público se había comprometido esa misma mañana.

 

Después supimos que las negociaciones políticas con los terroristas siguieron hasta 2004.

 

Ayer supimos también que el presidente del gobierno decidió sentarse a seguir negociando políticamente con los terroristas pocos días después de que estos asesinaran a dos personas en un atentado. Con esos terroristas a los que él mismo había llamado “hombres de paz”.

 

Aquel atentado terrorista, que el presidente del gobierno ha calificado varias veces de “trágico accidente mortal”, tuvo lugar precisamente un día después de que él mismo nos garantizara a todos los españoles que un año después todo iría mucho mejor.

 

El presidente del gobierno nos prometió después de ese atentado terrorista que la negociación estaba literalmente suspendida. El Ministro del Interior lo reiteró y aclaró “diciendo” que estaba completamente “finiquitada”, “liquidada”.

 

Ayer pudimos constatar lo que ya habían publicado diversos medios de comunicación: que todo eso era una nueva mentira.

 

Tampoco nos dijeron la verdad cuando excarcelaron a un sanguinario terrorista responsable de veinticinco asesinatos, que fue algo que decidió el gobierno pero que quiso atribuir a los tribunales de justicia.

 

Igualmente lamentable ha sido durante estos años el uso torticero de la fiscalía, manipulada a antojo para legalizar o ilegalizar a trozos a las formaciones políticas del entramado terrorista, según convenga en cada momento.

 

Y hoy muchas personas de bien se preguntan: ¿es posible confiar en los responsables de todo esto?

 

¿Puede alguien fiarse de quienes han engañado tantas veces a todos los españoles?

 

¿Puede tener alguien duda de que después de todo estos lamentables episodios, si ganaran las elecciones, seguirían gobernando “como sea”, es decir, entregando la libertad, renunciando a la dignidad y traicionando a la verdad?

 

Porque, ¿cómo vamos a creerles ahora cuando dicen que no volverán a negociar con ETA cuando acaban de admitir que nos mintieron? ¿Cómo nos vamos fiar de quien admite que nos ha mentido una y otra vez?

 

En marzo podremos evitar que estas cosas continúen sucediendo. No podremos evitar que siga gobernando en el País Vasco ese nacionalismo vasco que ha hecho suyas las reivindicaciones políticas de los terroristas. Aunque quizá lo ha hecho para así disimular que son los de las pistolas quienes les marcan la agenda política.

 

Pero sí podremos evitar algo muy importante. Podremos evitar que el nacionalismo secesionista y anexionista y el oportunismo de izquierdas sigan dándose apoyo mutuo para sus objetivos de demoliciones compartidas.

 

Y podremos también conseguir que España sea como cualquier democracia avanzada. En esas democracias un gobernante que ha engañado conscientemente a los ciudadanos en algo tan importante como negociar políticamente con los terroristas queda inhabilitado para seguir gobernando.

 

Podemos y debemos evitarlo el próximo mes de marzo. Es una obligación moral que nos compromete a todos los españoles. También –y muy especialmente- a todos los navarros. Porque, de todos los españoles, sois vosotros, los navarros, los que probablemente más os jugáis en este envite.

 

En primer lugar, y sobre todo, es una obligación moral si queremos que España siga siendo España. Que siga siendo la Nación de ciudadanos libres e iguales que consagra la Constitución de 1978. Esa Nación unida y plural, respetuosa con los fueros, con las lenguas, con la diversidad. Si queremos mantener el proyecto democrático que nos ha permitido los mejores años de libertad y prosperidad de nuestra historia reciente, debemos ser conscientes de que en marzo se ponen en juego muchas cosas.

 

En estos cuatro años hemos asistido al ensayo general de lo que puede ser una representación trágica de naciones inventadas. Hemos visto Estatutos que crean naciones inexistentes. Hemos conocido que ha habido negociaciones con terroristas en las que un Gobierno ha puesto la soberanía, la libertad y la dignidad encima de una mesa de negociación mientras se despreciaba a las víctimas del terrorismo. Y debemos saber que esa alternativa no es obligatoria. Podemos y debemos evitarla. Los autores de este libro repasan con la minuciosidad de su oficio momentos muy dolorosos de nuestra Historia que no debemos repetir ni siquiera como farsa.

 

Me gustaría terminar expresando un deseo que está en nuestra mano cumplir si nos lo proponemos entre todos. Mi deseo es que los historiadores de las próximas generaciones puedan relatar cómo los españoles todos -los navarros, los vascos, los andaluces, los catalanes, los gallegos, los riojanos, los aragoneses, los extremeños, los murcianos, los valencianos, los castellanos, los canarios, los isleños…-, cómo los españoles todos logramos superar un difícil bache. Cómo esta crisis nacional puedo superarse con la voluntad de la mayoría, apostando por la libertad, la justicia y la dignidad. Mi deseo es que los historiadores puedan relatar cómo logramos recomponer lo mucho que nos une para seguir construyendo entre todos un futuro común que para los historiadores será, seguirá siendo, la Historia de España.

 

JAIME IGNACIO DEL BURGO

 

Debo comenzar por el capítulo de agradecimientos. En primer lugar, mi gratitud a la Fundación FAES, que preside José María Aznar y a cuyo patronato me honro en pertenecer. En su día, la FAES nos financió la realización de las Jornadas que dan sentido al título del libro que presentamos hoy y que también ha contado con el patrocinio de la Fundación. En segundo lugar, a José María Aznar por haberse desplazado hasta Pamplona para compartir con la Sociedad de Estudios Navarros este acontecimiento cultural y por haber demostrado no sólo con palabras sino sobre todo con hechos su gran amor a Navarra, la tierra de sus antepasados. Mientras José María Aznar ejerció la presidencia del Gobierno nadie jugó con el destino de Navarra. Fueron ocho años de intensa colaboración con el Gobierno de Navarra que se tradujo en frutos extraordinariamente fecundos para nuestra tierra. Digo esto porque es de bien nacidos ser agradecidos. Y Navarra ha tenido en José María Aznar un amigo de verdad. Por eso, a las seis de la tarde de aquel aciago 14 de marzo de 2004, cuando parecían soplar ya vientos de derrota, sentí el deber de llamar a la Moncloa para decirle: “Pase lo que pase, la historia te recordará como el mejor presidente de nuestra democracia”. Cada día que pasa, a pesar de la infame campaña de descalificación de que es objeto desde la izquierda y el nacionalismo, me ratifico más en ello.

 

En segundo lugar, mi gratitud a los autores de las ponencias que se contienen en este libro. Excluyendo mi trabajo sobre “Vascos y navarros en la lucha por la legitimidad española: las guerras carlistas”, todas los demás poseen una calidad científica y un rigor histórico difíciles de superar. José Andrés-Gallego centra magistralmente la cuestión en su ponencia sobre “Vascos y navarros en la Historia de España: algunas claves interpretativas”. Francisco Javier Navarro aporta un luminoso trabajo sobre “Las raíces de la antigüedad”. Ángel Martín Duque demuestra por qué es tenido como gran maestro de nuestra historia medieval en su ponencia titulada “En torno a la identidad socio-cultural de los navarros en la Edad Media”. Luis Javier Fortún relata la importancia del cristianismo navarro en el devenir eclesial español en su trabajo sobre “Navarra y la Iglesia española”. Alfredo Floristán formula una visión extraordinariamente clarificadora sobre la participación de “Vascos y navarros en la monarquía española del siglo XVI”. Juan B. Amores Carredano prueba cómo la condición castellana de las Provincias Vascongadas y la incorporación de Navarra a la Corona de Castilla fue causa determinante de la intensa presencia de “Vascos y navarros en América”. Agustín González Enciso destaca la aportación de los navarros al gobierno de la Monarquía en su ponencia sobre “El protagonismo económico de los navarros en la España del siglo XVIII”. Joaquín Salcedo Izu refleja su gran erudición como historiador del Derecho en su interesante ponencia sobre “Representación política y presencia navarra en Madrid. La Navarra institucional en la Corte”. Rafael Torres Sánchez nos descubre cómo funcionaba el “lobby” navarro en Madrid en los siglos XVII y XVIII en su trabajo sobre “Emigrantes y financieros navarros en la Corte madrileña”. Miguel Ángel Baquer, excelente historiador militar, rescata del olvido a tantos y tantos vascos y navarros que sirvieron con honor en los ejércitos de España en dos magníficas ponencias tituladas “Presencia vasca” y “Presencia navarra en la milicia española”. José Manuel Azcona descubre en su ponencia “Los pensadores navarros del siglo XIX y Sabino Arana”, cómo el fundador del nacionalismo vasco se inspiró en el pensamiento del fuerismo navarro, para desnaturalizarlo en su propuesta separatista. Y, por último, Carlos Mata ofrece aspectos inéditos sobre “La aportación de Navarra a la literatura española”, que conducen a la conclusión de que el cultivo de las letras no es algo ajeno a nuestro viejo Reino. A todos ello, algunos de los cuales nos honran hoy con su presencia el reconocimiento y gratitud de la Sociedad de Estudios Navarros.

 

En tercer lugar debo hacer una mención especial a la Editorial Laocoonte y a su director, Arturo del Burgo, a quien debemos la edición de este volumen de extraordinaria calidad tipográfica y que se suma a otro gran libro que desde hace unos días está en las librerías bajo el título de “Mola frente a Franco”, obra póstuma de Félix Maíz y que ha permanecido inédita desde 1980. En ella se incluye una introducción histórica sobre “La España de la guerra civil” de la que soy autor. Aprovecho la ocasión para anunciar que en breve Editorial Laocoonte publicará dos nuevos libros. Uno de ellos, titulado “La tribu navarra”, es obra de José Antonio Jáuregui, uno de los grandes pensadores navarros del siglo XX. Fue escrito en 1977 y no consiguió publicarlo. El otro es de otro autor también desaparecido, el sacerdote Javier Marcellán, que ha sido revisado y aumentado por Santiago Cañardo, y que se titula “Mártires de Navarra”, que pretende rendir homenaje al centenar y medio de sacerdotes, religiosos y monjas de Navarra que por su fidelidad a Cristo obtuvieron la palma del martirio durante la guerra de 1936.

 

Y cierro este ya largo capítulo de agradecimientos con mi gratitud a cuantos habéis querido acompañarnos en esta tarde invernal y de forma especial a las autoridades aquí presentes, encabezadas por la alcaldesa de Pamplona, Yolanda Barcina, y los consejeros del Gobierno foral Alberto Catalán y Amelia Salanueva. Y permitidme finalmente que salude también a los diputados y senadores –y de un modo especial a Carlos Salvador- que me han acompañado en las Cortes Generales durante la legislatura que hoy concluye y en la que he puesto punto final a mis casi treinta años de vida parlamentaria en las Cortes Generales.

 

Dicho esto permitidme unas breves consideraciones sobre la razón de ser y la oportunidad de este libro en el momento presente. Todos los pueblos se han sentido la necesidad de conocer sus raíces, saber cómo se forjó su personalidad, cómo vivieron sus antepasados, cuáles fueron sus días de gloria y de derrota y quiénes se distinguieron por su dedicación a la política, a la milicia, al arte, a las ciencias para rendir homenaje a cuantos dejaron huella en la conformación de la identidad colectiva.

 

Ciertos episodios históricos sirven para apuntalar el orgullo nacional. No es de extrañar que se tienda a mitificar todo aquello que contribuya a reforzar la cohesión de la tribu –utilizando la expresión de José Antonio Jáuregui- y a oscurecer los episodios que conduzcan a lo contrario, aunque el actual revisionismo histórico deje mal parados a unos y otros. Los navarros, por poner un ejemplo, estamos convencidos de que la victoria de las Navas de Tolosa en 1212, que evitó que toda España cayera bajo el dominio musulmán, fue poco menos que una gesta exclusiva de nuestro rey Sancho VII el Fuerte. El tapiz que figura en el despacho del presidente del Gobierno foral no puede ser más expresivo. Ahí está nuestro gigantesco monarca, montado a caballo y blandiendo su temible maza, en el momento de arrollar a la guardia del Miramamolín a quien puso en humillante fuga. Las cadenas de nuestro escudo dan fe imperecedera de que en las Navas nuestro Sancho el Fuerte salvó a la cristiandad entera en un golpe de audacia y valentía. Las crónicas de la batalla de los historiadores castellanos, aunque no omiten la acción de nuestro rey, atribuyen la victoria al genio militar de Alfonso VIII que pudo así resarcirse del estrepitoso fracaso de Alarcos, donde a punto estuvo de perderse la cristiandad española. También los vizcaínos de López de Haro, al servicio del rey castellano, hicieron prodigios de valor en las Navas. Pero a pesar de las exaltaciones propias de cada bandería, hay un fondo de verdad incuestionable: con más o menos acento castellano, navarro o aragonés hubo una batalla, la de las Navas, donde los reyes cristianos españoles dejaron a un lado sus diferencias y secundaron el llamamiento a la Santa Cruzada proclamada, en nombre del Papa, por el arzobispo de Toledo, cuya sede episcopal desempeñaba el navarro Jiménez de Rada. Y tampoco hay duda de que la victoria de las armas cristianas acabó definitivamente con el sueño de restaurar el Andalus musulmán.

 

Ni Navarra ni el País Vasco son ajenos a estas manifestaciones de historicismo patriótico. Los navarros nos sentimos orgullosos de la tierra que nos ha visto nacer. El sentido de autoestima de los vascos parece un hecho indiscutible. No hay nada de malo en ello siempre que no genere un absurdo complejo de superioridad respecto a las demás tribus del planeta. Pero hay una gran diferencia entre lo que ocurre en la mayoría de los pueblos y lo que sucede entre nosotros. Lo cierto es que desde la aparición del nacionalismo de Sabino Arana la historia está tan directamente implicada en nuestro debate político que se utiliza como arma arrojadiza de unos contra otros.

 

Si viniera por estos pagos un extraterrestre, bilingüe claro es, y se pusiera a ojear ciertos medios de comunicación navarros o vascos llegaría a la conclusión de que las vanguardias vasco-castellanas del duque de Alba están a punto de hacer su aparición por la Barranca o que la aviación alemana calienta motores para arrasar la histórica villa foral de Guernica. Si nuestro extraterrestre se diera una vuelta por cualquier ikastola saldría de ella con la idea de que su nave había aterrizado en medio de un pueblo indómito, que aunque no figure en los mapas tiene por nombre Euskal Herria y que desde antes de la prehistoria era dueño de estas tierras. Aprendería que este pueblo indomable se encuentra sometido por dos poderosos Estados -España y Francia- que han practicado y practican una política genocida contra un idioma venerable nacido nada menos que de la confusión de las lenguas en Babel. Y saldría convencido de que esta nación vasca de siete territorios –que serían seis si hace quinientos años no se hubiera desdoblado uno de ellos- había sido conquistada por la fuerza o con maña y furto por sus malvados vecinos por lo que no logrará vivir en paz mientras no consiga romper sus cadenas y recuperar la libertad.

 

Pido perdón por haber descrito con una cierta dosis de humor negro lo que considero es el peor problema de la sociedad navarra y de la vasca: el adoctrinamiento de las nuevas generaciones, a través del sistema educativo, en la peculiar visión de la historia del nacionalismo vasco, basada en una atroz manipulación de la realidad histórica. Hay jóvenes vascos y navarros que creen a pies juntillas que Euskal Herria existe desde el comienzo de los tiempos, que en 1936 España invadió Euskal Herria y que si hoy Navarra no forma parte de Euzkadi se debe a la política genocida de Franco que la separó del tronco común mediante una actuación ferozmente represiva. Y es que el nacionalismo vasco de todo signo, moderado o inmoderado, democrático o revolucionario, pacífico o violento, parece haber hecho suya la consigna del dirigente comunista chino Mao, responsable de la esclavitud de su pueblo, cuando ordenó a sus seguidores: “¡Corromped la historia!”.

 

¿Qué se puede hacer ante esta situación? Pues seguir la consigna de Mao pero en la dirección contraria. Y si me permitís dar algún consejo diría: “¡Restaurad la historia!”. Porque se pongan como se pongan, digan lo que digan, escriban lo que escriban, mientan lo que mientan, los hechos históricos no se pueden cambiar.

 

Las viejas piedras del monasterio de Leyre –y las de Iranzu, la Oliva, Fitero o Irache- siempre nos recordarán que Navarra nació a la historia del hermanamiento entre la cruz y la espada porque hubo un tiempo en que la fe y la libertad estaban estrechamente vinculadas; la campana de Roldán en Ibañeta nos hablará de la gesta de nuestros antepasados en Roncesvalles, convertido más tarde en punto de partida de ese camino de universalidad cristiana y española que es el de Santiago; la maza de Sancho el Fuerte será símbolo perenne de la solidaridad de Navarra con el resto de los pueblos de España; el palacio real de Olite nos transportará a otro de los momentos de esplendor cultural del reino aunque comenzaremos a percibir el desgarro de la mítica figura del Príncipe de Viana y de la trágica división fratricida de agramonteses y beaumonteses de la que los muros derruidos de la fortaleza de Maya hablarán por sí solos; la Sala de la Preciosa de la Catedral de Santa María la Real, donde se reunían en Pamplona nuestras viejas Cortes, darán testimonio silente de cómo la incorporación de Navarra a la Corona de Castilla en 1515 fue de igual a igual, permaneciendo como reino de por sí e identificándose a partir de entonces hasta el extremo con las empresas de la monarquía española; ante el castillo de Javier sentiremos el aliento de Francisco, el más universal de los navarros, elevado a los altares de la mano de aquel gran vasco universal, Iñigo de Loyola, que pusieron al servicio del Papado esa gran Compañía de soldados de Cristo que en su inicio tuvo un acento marcadamente español; el monolito de Noáin dedicado a los “afusilados” en la guerra de la Independencia contra la tiranía de Napoleón volverá a hablarnos del heroísmo y sacrificio del pueblo navarro en defensa de la libertad de España; en Tierra Estella y la Sierra de Urbasa todavía escucharemos el eco de la carlistada de Zumalacárregui que al frente de sus voluntarios vascos y navarros trató inútilmente de sentar al rey legítimo de España en el trono de Madrid; y, por último, bajo el monumento a nuestra Ley Foral que se yergue majestuoso frente al Palacio de Navarra, nos reafirmaremos en la idea de que la libertad no nos la regala nadie y se conquista día a día con el esfuerzo de todos.

 

“Vascos y navarros en la historia de España” es una modesta aportación de la Sociedad de Estudios Navarros a la restauración de nuestra historia. Estoy seguro de que quien lea sus páginas, sin orejeras ni ideas preconcebidas, llegará a la conclusión de que desconectada de España no hay historia vasca ni navarra pero que sin la contribución de vascos y navarros España se queda sin historia.

 

La Tribuna de Navarra, 15 de enero de 2008

La extraña teoría ZP sobre la ampliación de derechos (I)

La extraña teoría ZP sobre la ampliación de derechos (I)

En unas recientes y extensas declaraciones efectuadas en el transcurso de la entrevista con el director de El Mundo, el presidente Rodríguez Zapatero ha vuelto a presentar el matrimonio homosexual y la nueva ley del divorcio, como una ampliación de los derechos.

A poco que se reflexione es lógica esta reiteración en este argumento, porque en realidad es el único que han esgrimido, y que se repite una y otra vez, machaconamente, sin exponer nunca por qué tales desafueros constituyen en realidad “derechos”.

La primera verificación de su afirmación ya constata su inanidad. Se trata de la comparación, un método generalizado en todos los ámbitos del conocimiento. Si se trata de una ampliación de derechos, ¿cómo es que no están reconocidos en ninguna norma internacional?

 

Preciso. Nos referimos exactamente a lo que ha hecho Zapatero, no a ninguna generalidad, más o menos abstracta, es decir nos referimos al matrimonio entre personas del mismo sexo y su derecho de adopción, por una parte, y el matrimonio de rescisión unilateral sin alegar causa, por otra, y con solo tres meses de casados. Esto es el desastre, y no otra cosa.

 

Continuando en el ámbito internacional, solo Holanda tiene matrimonio homosexual con adopción (en Bélgica este último atributo no existe; se pueden casar pero no adoptar). Y no será porque no se haya intentado en multitud de países. Gran Bretaña, Suecia, Alemania, Francia, Australia, entre otros, han rechazado tal posibilidad.

 

Todos los referendos llevados a cabo en los distintos estados de Estados Unidos, se han perdido. Hace décadas que el lobby homosexual lo intenta sin éxito.

 

¿Son acaso todos estos países mucho más restrictivos con los derechos de las personas que el nuestro, o acaso son más rigurosos y justos, y no confunden una unión por razones de atracción sexual y sensible, con el matrimonio?

 

Porque en el fondo el daño extraordinario que se comete con el matrimonio homosexual, no radica en unas pocas bodas homosexuales, sino en el efecto pedagógico de la ley sobre el conjunto de la población, desvirtuando el sentido y fin del matrimonio.

 

Lo que le confiere su carácter valioso e imprescindible para la sociedad, no es ciertamente con quien se va a la cama uno, o con quien vive, sino el carácter de única institución capaz de tener hijos y educarlos. De ahí su mismo nombre y la protección que sobre él todas las sociedades ejercen.

 

Este grave problema, el de la destrucción del sentido y fin del matrimonio (precisamente aquello a que se refirieron los cardenales el día 30 en Madrid, y sobre lo que tanto protestan los socialistas), se acentúa con la ley de Zapatero sobre el divorcio.

 

Si en el matrimonio homosexual solo se podía citar a Holanda, en este último caso no hay referencia posible de un estado independiente donde se practique el divorcio en las condiciones de España. Ni tan siquiera los de acrisolada tradición divorcista. Ni tan solo en la laicista y republicana Francia, que modifico su ley el mismo año pero mantuvo los casos tasados de responsabilidad o motivo en la ruptura, y una jerarquía entre ellos.

 

¿Es que el resto del mundo donde impera el estado de derecho, en algunos países sin interrupción desde hace siglos, es ciego y no ve esa ampliación de derechos?

 

Mientras, España, donde el ciudadano se ha visto reducido a ser un simple mirón de la política al que solo se le pregunta cada cuatro años para que de un cheque en blanco, resulta que puede dar lecciones al resto del mundo.

 

En cualquier supuesto no se puede negar que bajo un análisis comparativo la argumentación de Zapatero no se sostiene.

 

Editorial de Forum Libertas, 15 de enero de 2008

Los islamistas europeos a favor de la yihad o guerra santa

Los islamistas europeos a favor de la yihad o guerra santa

Hasta 400 organizaciones islámicas de una treintena de países europeos han unido sus fuerzas en Bruselas para presentar un documento de 26 puntos en el que definen qué significa ser musulmán en Europa.

Con la llamada Carta de los musulmanes europeos, las organizaciones radicales pretenden combatir lo que ellos denominan  ‘prejuicios a los que se enfrenta la comunidad musulmana, fomentar la participación política y social y servir de referencia a los cerca de 20 millones de musulmanes que viven en Europa’.

Siete años ha tardado la Federación de Organizaciones Islámicas de Europa (FIOE por sus siglas en francés) en dar con un texto del agrado de todos los firmantes.

 

La Carta destaca el derecho de los musulmanes a levantar mezquitas y a practicar la religión a través de cuestiones cotidianas, como la vestimenta o la alimentación, en alusión al velo y a la comida Halal. Entienden la yihad [guerra santa] como “uno de los medios de los que dispone cualquier Estado soberano cuando necesita defenderse de una agresión”.

 

“Queremos que la opinión pública europea sepa cuál es la posición de los musulmanes europeos”, explicó Fouad Alaoui, vicepresidente de la Unión de Organizaciones Islámicas de Francia, vinculada a los islamo-estalinistas Hermanos Musulmanes de Egipto. Alaoui estima que la inmensa mayoría de los musulmanes europeos respaldan el texto. Los representantes de la FIOE calculan que las organizaciones que apoyan la Carta representan en torno a un cuarto de los musulmanes que viven en Europa.

 

Para Karim Chemlal, presidente de la Liga de Musulmanes de Bélgica, uno de los mayores problemas es “la infrarrepresentación de los musulmanes en la política europea”, debida, a su juicio, a la “discriminación” a la que se ve sometida su comunidad religiosa.

 

Minuto Digital, 13 de enero de 2008

El surfista Zapatero

El surfista Zapatero

La maratoniana entrevista que ha publicado el diario El Mundo con el presidente del Gobierno tiene la virtud de definir con más precisión algunos rasgos de la personalidad de José Luis Rodríguez Zapatero que ayudan a entender su cambiante y oscura gestión política.

Sus respuestas y sobre todo sus reacciones espontáneas ante algunas cosas que le suceden durante la charla con Pedro J. Ramírez revelan que el Zapatero real no se ajusta al retrato que a veces se ha pintado de él como gran ideólogo que, encerrado en su despacho, diseña fríamente una gran transformación de la sociedad española y de la estructura del Estado. El jefe del Ejecutivo es más bien un oportunista ambicioso que ha llegado al poder y se ha mantenido en él a lomos de una marea ideológica que se ha ido formando a lo largo de los últimos 30 años.

 

Zapatero es como un buen surfista que ha sabido encaramarse con su tabla a la cresta de unas olas que se empezaron a formar hace años y que ahora rompen con fuerza en las arenas de la política española arrastrando consigo a la conciencia colectiva. Durante estos cuatro últimos años ha surfeado, manteniendo el equilibrio, apoyándose algunas veces en partidos más moderados, más fieles a la Constitución, pero estableciendo sus principales alianzas con fuerzas extremistas del nacionalismo o de la izquierda, o bien grupos abiertamente antisistema.

 

Culturalmente, Zapatero se apoya en un pensamiento que se ha ido fraguando a lo largo de tres décadas. Son muchas las películas y novelas sobre la guerra civil y la posguerra las que han servido para crear una determinada visión mítica sobre la que se apoya la Ley de Memoria Histórica. Son muchas las películas y series de televisión que han servido para vender como algo normal y conveniente el individualismo, la soledad y las relaciones de interés sobre los lazos familiares y la amistad sincera, antes de poder sacar adelante leyes como la del matrimonio homosexual o el “divorcio-exprés”.

 

En este tipo de pensamiento confluyen la izquierda, buena parte del nacionalismo, el feminismo y el ecologismo, unidos en la creencia de ser los dueños del avance de la historia, del progreso, de la modernidad.

 

Oportunista obsesionado sólo con aquellos que le pueden mover la silla. Es muy ilustrativa su primera reacción ante el dato del 2% de superávit: “A más de uno le va a sorprender esta cifra…je, je”. Ésta no parece una reacción propia de alguien que debía considerarse presidente de todos los españoles, con la preocupación puesta en el interés general. Por eso sus acometidas más punzantes y las más habituales se dirigen siempre hacia un partido: el PP, por ser el único que puede disputar a los socialistas la victoria en las urnas y por tanto el acceso a la Moncloa. Es el enemigo a batir, más aún que aquellos que socavan el actual marco de convivencia, en los que el Gobierno se ha apoyado.

 

Pone los pelos de punta la pobreza de ideas que muestra el presidente cuando se le pregunta sobre la educación o las relaciones con la Iglesia. A pesar de decir que es el “tema más importante de la entrevista y en el que más ha trabajado”, las preguntas sobre la educación se las ventila hablando del alto índice de analfabetismo que había en España hace 30 años y de la importancia de aprender inglés, y deja traslucir en este asunto un conformismo muy preocupante.

 

De las polémicas suscitadas en torno a leyes como la del “divorcio-exprés” o el matrimonio gay sólo se defiende argumentando que el Gobierno ha cumplido los compromisos electorales del PSOE, pero lo cierto es que el matrimonio entre personas del mismo sexo con permiso para adoptar niños no estaba en el programa socialista, donde sólo figuraba una referencia a una ley de uniones de hecho. Un detalle que hace pensar que su calculada ambigüedad respecto a la cuestión del aborto se convertirá, en caso de que vuelva a presidir el Gobierno, en un apoyo a una ley de plazos que permita abortar en todos los supuestos.

 

Es excesivo considerar a Zapatero el responsable de la gradual desintegración del marco institucional y territorial, del deterioro de la familia y de la convivencia, del incremento del relativismo moral o de las ofensivas laicistas. No es el impulsor intelectual de todo eso, sino alguien que ha arrimado el ascua a la sardina, que ha aprovechado determinadas corrientes culturales e ideológicas en beneficio propio. Por ello, los empeños de quienes son conscientes de estas emergencias no deben centrarse tanto en derribar a Zapatero como en construir alternativas desde todos los ámbitos.

 

Ignacio Santa María

Páginas Digital, 14 de enero de 2008