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Políticamente... conservador

¿Sexismo contra el sexismo?

¿Sexismo contra el sexismo?


¿A qué espíritu elemental se le ha podido ocurrir que una mujer, sólo por el hecho de serlo, va a defender los intereses de las mujeres mejor que un hombre? ¿De qué caletre atrabiliario ha podido brotar la peregrina idea de que las mujeres forman una clase social? ¿A qué esa euforia de alguna supuesta progresía por el rechazo del Tribunal Constitucional al recurso que solicitaba la supresión de los artículos de la Ley de Igualdad relativos a la composición de listas electorales, los que obligan a que en ellas figuren parecido número de hombres y de mujeres? Ese recurso, independientemente de las posibles segundas o torticeras intenciones de quienes lo presentaron, introducía un poco de cordura en ese apartado de la Ley que, diga lo que quiera el Alto Tribunal, conculca el principio constitucional de no discriminación por razón de sexo, cual se puso de manifiesto al prohibir que en un pueblo de Tenerife saliera adelante una candidatura integrada exclusivamente por mujeres.

 

¿Cómo alegrarse por el recorte de la libertad que supone que los ciudadanos no puedan agruparse como les venga en gana para solicitar el voto de sus semejantes? La cuestión esencial es que los ciudadanos no son exactamente hombres y mujeres, sino personas, y cuando se meten en política no lo hacen, o no deberían hacerlo, en función de su sexo, sino de sus ideas. ¿O cree alguien, por ejemplo, que una marquesa reaccionaria y clasista va a defender los derechos de sus criadas porque éstas son, como ella, mujeres, siendo esto lo único que tienen en común? ¿Quién puede suponer que un varón partidario a ultranza de la igualdad y de la justicia no va a defender las reivindicaciones y los intereses de sus conciudadanas porque no son hombres? Una ley contra el sexismo que rezuma sexismo por todos sus poros ha perdido una magnífica ocasión para rezumar un poco menos.

 

Rafael Torres

Diario Directo, 30 de enero de 2008

Entrevista a Mario Mauro, Vicepresidente del Europarlamento: El cristianismo y el futuro de Europa.

Entrevista a Mario Mauro, Vicepresidente del Europarlamento: El cristianismo y el futuro de Europa.

BRUSELAS, lunes, 28 enero 2008 (ZENIT.org).- ¿Hacia dónde va Europa? ¿Qué será de las raíces cristianas? ¿Sobrevivirá a la caída demográfica y a la crisis moral que la atenaza? ¿Logrará renovar y alimentar la esperanza de las nuevas generaciones? ¿Cómo logrará integrar tantos y diferentes flujos de inmigrantes?

Estas y otras preguntas ha hecho Zenit a Mario Mauro, vicepresidente del Parlamento Europeo, profesor de Historia de las Instituciones Europeas y autor del libro en italiano «El Dios de Europa» («Il Dio dell'Europa», Ediciones Ares, 2007).

--¿En qué punto está la Constitución Europea? ¿Hay posibilidades de que se reconozcan las raíces cristianas?

 

--Mauro: Aún conservando elementos de imperfección y con modestos progresos logrados en cuanto al proceso de decisiones, podemos afirmar que, tras la firma del Nuevo Tratado sobre la Unión Europea, la democraticidad de la Unión habrá crecido.

 

El órgano legislativo y representativo por excelencia, aquél que en todos los estados nacionales tiene competencia exclusiva (o casi) respecto a la iniciativa legislativa, es decir el Parlamento Europeo y con él los ciudadanos europeos, puede afirmar que es el gran vencedor del Tratado de Reforma.

 

Tratado que no tiene ya un carácter constitucional sino que mantiene importantes realizaciones en cuanto a legitimidad democrática, eficacia y refuerzo de los derechos de los ciudadanos (con algunas importantes excepciones respecto al Reino Unido y otros estados miembros): uno de los primeros artículos del Tratado de la Unión Europea (UE) define claramente los valores en los que se funda la Unión Europea, otro artículo enuncia sus objetivos. No siendo ya un documento de valor constitucional, la ausencia de una alusión a las raíces cristianas tiene menos peso y se puede considerar reabierta la partida.

 

--Usted es autor del libro «El Dios de Europa». ¿Puede decirnos sus conclusiones? ¿En qué cree la Europa de hoy?

 

--Mauro: El libro puede ayudarnos a responder a preguntas vitales para el futuro de nuestro continente. ¿Hay un hilo conductor de la historia europea que se pueda considerar vinculado a las decisiones históricas de De Gasperi, Adenauer y Schuman? ¿La Europa de hoy responde todavía al proyecto de los padres fundadores? ¿Cómo se puede volver a estas cuestiones fundamentales como la del pueblo europeo y sus aspiraciones? ¿Qué falta hoy en la «aspiración europea»? ¿Por qué, a pesar de los rechazos a la Constitución Europea, parece que nadie quiere afrontar con decisión el problema central de la identidad europea? ¿Cuáles son los espacios disponibles para el protagonismo de la sociedad civil europea? ¿Existe un reconocimiento real y concreto de la subsidiariedad a nivel europeo?

 

Benedicto XVI recuerda que los grandes peligros contemporáneos para la convivencia entre los hombres vienen del fundamentalismo --la pretensión de poner a Dios como pretexto para un proyecto de poder-- y del relativismo --considerar que todas las opiniones son igualmente verdaderas--. La involución del proyecto político que llamamos Unión Europea hoy tiene que ver con estos factores.

 

El problema de Europa nace del hecho de que la relación entre razón y política se ha desviado sustancialmente de la noción misma de verdad. El acuerdo político, que justamente es presentado como sentido de la vida política misma, se concibe hoy como un fin en sí mismo.

 

Por ello, he querido analizar las principales políticas de la Unión Europea usando como hilo conductor las intuiciones de los padres fundadores y la promoción de la dignidad humana propia de la experiencia cristiana. La situación de «impasse» que experimenta Europa debe conducirnos a una profunda reflexión.

 

Más allá de la capacidad de lograr un buen acuerdo sobre el presupuesto, el viejo continente está perdiendo el propio horizonte, la propia dimensión. Tras la era Kohl, Europa ha estado dominada por políticos sin la audacia necesaria para poder generar futuro y sin la fuerza para poder mantener la fe en la construcción política creada hace poco más de cincuenta años por los padres fundadores. Una generación de políticos que llegó a una idea de Europa, rechazada por los referendos francés y holandés, según la cual, la integración cada vez más intensa se ha convertido en un valor en sí misma.

 

--Actualmente, en la Unión Europea se practica un aborto cada 25 segundos y cada 30 segundos hay una separación familiar. A pesar de la grave crisis demográfica, en el Parlamento Europeo parece prevalecer una cultura que propone formas de familia alternativas a la natural, matrimonios homosexuales, píldoras abortivas y eutanasia, mientras que países como Polonia en los que los abortos disminuyen son criticados. ¿No cree que continuar con un modelo cultural malthusiano marcará la decadencia de Europa?

 

 

--Mauro: Sí y hay un peligro mayor. La decadencia de nuestro continente es sobre todo el resultado de una crisis de nuestra identidad europea como pueblo.

 

En este sentido, creo que el reciente discurso del Papa a los embajadores acreditados ante la Santa Sede, en el que ha expresado su esperanza de que la moratoria aprobada por la ONU sobre la pena de muerte pueda «estimular el debate público sobre el carácter sagrado de la vida», constituye el punto central del debate sobre la futura Europa.

 

Según mi experiencia, considero que los cinco puntos en los que se juega el futuro de Europa son la crisis demográfica, la inmigración, la ampliación, la estrategia de Lisboa y la política exterior. Puntos íntimamente relacionados entre sí por un mínimo denominador común: la identidad de Europa. Sin tener clara su identidad, Europa no podrá dar ningún paso adelante en esos cinco retos.

 

Corremos el riesgo de que la respuesta a la crisis demográfica sea puramente ideológica, privilegiando obras de ingeniería social. La UE no puede ignorar el factor cultural en la repercusión sobre los índices de fertilidad, es decir las convicciones personales que sostienen la apertura a la vida.

 

--Sin embargo, si se sale de las sedes de la política de Bruselas y Estrasburgo, parece que entre las nuevas generaciones ha nacido una cultura optimista y pro vida. En Londres hubo una manifestación contraria al aborto. En Madrid, las familias salieron a la calle el 30 de diciembre. El 20 de enero, en París, hubo una manifestación europea a favor de la vida. Antes de Navidad, en Estrasburgo, los movimientos por la vida europeos se reunieron y están tratando de recoger diez millones de firmas para pedir al Parlamento Europeo el reconocimiento de la persona desde la concepción hasta la muerte natural. Cuatro décadas después de la revolución del 68, ¿los tiempos cambian? Usted, ¿qué piensa?

 

--Mauro: Desde hace muchos años, siguen difundiéndose, sobre todo por los medios de comunicación más potentes y persuasivos y por parte de la mayoría de las formaciones políticas en Europa, ideas sobre la familia que, a decir poco, son erróneas o desviadas y no contribuyen absolutamente a ayudar a la sociedad civil, a la que no se hace más libre sino que se la vacía de toda certeza sobre la propia vida.

 

En este contexto alarmante, las manifestaciones y las iniciativas en defensa de la vida y de la familia tradicional, que en toda Europa encuentran cada vez más apoyo, son un claro signo de que hay personas que todavía creen, y que están dispuestas a luchar por ella, por el respeto de la dignidad y el carácter sagrado de la vida humana; vida que desde la concepción se realiza plenamente a través del nacimiento, el crecimiento, el matrimonio, la procreación y la muerte natural.

 

El desafío, antes que político, es educativo y cultural, parte de la concepción de la vida y de la persona que está en juego y de la honestidad intelectual con que se afronta. Aunque hay posturas fuertemente ideologizadas que resisten, está aumentando la apertura a una confrontación a partir de elementos de racionalidad y no de reacciones de tipo emotivo.

 

Y esto, a nivel europeo, emerge tanto entre los políticos como en la opinión pública. Aparte de algunas posturas cerradas a priori y enfocadas a la contraposición o a la demonización del adversario, está surgiendo una disponibilidad nueva a la confrontación, motivada por una creciente sensibilidad hacia la dignidad de la vida, gracias también a los resultados que proporciona la ciencia.

 

Como declaró recientemente el presidente de la Conferencia Episcopal Italiana, el cardenal Angelo Bagnasco, es necesario que las leyes se adecuen al estado del conocimiento, que cambia con el tiempo, especialmente en el campo bioético, y por ello he presentado, juntos a otros colegas, una interrogación escrita a la Comisión Europea, respecto a la financiación de la investigación sobre células madre embrionarias, en la que pedimos «valorar a la luz de los recientes descubrimientos científicos hechos por científicos japoneses si es todavía necesario continuar dando fondos a proyectos para la investigación sobre células madre que destruyen embriones humanos».

 

--Tras la multitudinaria manifestación de apoyo a la familia que se vivió en Italia en 2007 («Family Day), está teniendo un cierto éxito la propuesta de moratoria del aborto lanzada por el diario italiano «Il Foglio». ¿Qué opina?

 

--Mauro: Como en Londres, Madrid, París, Estrasburgo, también en Roma los italianos han salido a la calle para reafirmar una idea de vida y de familia «alternativa» a los modelos que la sociedad y la política están tratando de imponernos. Un modelo que sitúa en el centro al hombre y su búsqueda de la verdad.

 

¿Qué país será Italia dentro de treinta años? Es una pregunta que afecta a todos, de derecha y de izquierda, católicos y aconfesionales, como afecta a todos el evidente deterioro de la sociedad italiana y su clamorosa debilidad en la formación de las nuevas generaciones.

 

Porque si una sociedad libre no logra formar nuevos individuos capaces de gestionar responsablemente la libertad, estará fatalmente destinada a ver cómo crece su nivel de autoritarismo.

 

Recordé antes el reciente discurso del Santo Padre que, el 7 de enero, hacía un llamamiento a la comunidad internacional para que la moratoria aprobada por la ONU sobre la pena de muerte pueda estimular el debate público sobre el carácter sagrado de la vida humana. El 8 de enero, Giuliano Ferrara [director del diario], en «Il Foglio», recoge esta petición y lanza una propuesta de moratoria del aborto que suscita un animado debate.

 

Desearía que los gobiernos nacionales y los organismos internacionales clarifiquen el uso ambiguo de términos como «salud reproductiva», que en sus aplicaciones tienden a convertir las prácticas abortivas en un comportamiento estándar. Las instituciones internacionales, como las Naciones Unidas y la UE, no pueden transformarse en una especie de supermercado de los derechos; han nacido para favorecer la paz y el desarrollo, es decir para tutelar la vida humana y para garantizar la legitimidad de un derecho natural que toda la humanidad tenga como referencia.

 

--Junto a Elisa Chiappa, usted ha escrito el libro en italiano para niños «Pequeño diccionario de las raíces cristianas de Europa» («Piccolo dizionario delle radici cristiane d'Europa», ediciones Ares). ¿Qué historias, personajes e imágenes usaría usted para explicar la Europa cristiana a los niños?

 

--Mauro: Con este libro, Elisabetta y yo hemos tratado de contar a los más pequeños la Unión Europea de hoy, la Europa que fue y que a través de los siglos ha llegado a una fisonomía concreta, y la Europa que será, para hacerles comprender el mundo y la civilización en que han nacido y a la que de mayores darán su aportación.

 

Hemos tratado de hacerlo mediante un diccionario, palabras elegidas con cuidado y explicadas no sólo por un bonito texto sino por las bellísimas imágenes de Benedetto Chieffo. Para hacer todavía más sencillo e interesante el conocimiento de Europa, el libro tiene un anexo con «Eurovia», un juego sobre la bandera europea que propone una carrera atractiva e instructiva a través de todos los países de la Unión.

 

Estoy convencido de que la identidad civil y nacional de Europa se funda en las raíces culturales y religiosas de una tradición bimilenaria. Tenemos que ser capaces hoy de decir lo que somos. En qué creemos.

 

Para tener una Europa mejor, debemos volver a creer, trabajar, movilizarnos por ella. Europa nace cristiana, bajo la protección de san Benito de Nursia, los santos Cirilo y Metodio, santa Catalina de Siena, santa Brígida, santa Teresa Benedicta de la Cruz (Edith Stein); no podemos dejar que sea presa de mistificaciones y manipulaciones.

 

Baste un ejemplo. La referencia al cristianismo está incluso en el símbolo por excelencia, la bandera, porque las doce estrellas provienen del culto a la Virgen María y están desligadas del número de estados adherentes. No todos lo saben, porque el verdadero origen de la bandera con doce estrellas ha sido objeto de un olvido culpable dentro de las instituciones comunitarias.

 

Hace falta, en pocas palabras, otro paso: existe la oportunidad para toda una sociedad de reencontrarse a sí misma y de reencontrar la propia identidad, el propio rostro, y también el propio fin, la razón por la que somos lo que somos ¿Tenemos o no tenemos el deber de responder a este reto? El diccionario tiene el sentido de clarificar y restituir el significado de las palabras que definen a Europa. Un primer paso hacia el reto al que estamos llamados.

 

--El jueves 10 de enero usted presidió la sesión plenaria para la firma de la Carta de los Musulmanes Europeos y pronunció el discurso introductivo. ¿Puede decirnos en qué consiste? ¿Qué significa este documento en el año que la UE dedica al diálogo interreligioso del que usted es delegado? ¿Ha previsto otros momentos de confrontación y debate?

 

--Mauro: Más de 400 organizaciones musulmanas de 28 países del continente, incluida Turquía, han firmado la Carta de los Musulmanes de Europa, elaborada por iniciativa de la Federación de Organizaciones Islámicas de Europa.

 

En los 26 puntos del documento, se recuerdan los derechos y las responsabilidades de los musulmanes, invitados a «una integración positiva», se sanciona la paridad entre hombre y mujer y se rechaza el terrorismo fundamentalista.

 

La Carta es un código islámico de buena conducta, compromete a la comunidad musulmana europea a participar en la construcción de una Europa común y de una sociedad unida, a participar además en el desarrollo de la armonía y del bienestar en nuestras sociedades y a desarrollar plenamente el papel de ciudadanos en el respeto a la justicia, la igualdad de derechos y a la diferencia. Por primera vez, una Carta da un código de conducta a los musulmanes de Europa que no debe estar en contradicción con las legislaciones europeas. Es un óptimo impulso al refuerzo del diálogo intercultural e interreligioso, también a la luz de la insistencia en el deber que tiene el musulmán de respetar al no musulmán. Es esperanzador que en la Carta de los derechos haya una parte dedicada a la familia como condición indispensable para la felicidad de los individuos y para una sociedad estable, y que incluya la apertura a una paridad entre hombre y mujer.

 

Por Antonio Gaspari

Ahora y aquí: otro proyecto es posible

Ahora y aquí: otro proyecto es posible

Tenemos un gobierno que en su programa electoral propone disminuir el IVA de los preservativos pero no de los pañales; que subvenciona y fomenta el aborto y no dedica ni un solo euro, ni un solo servicio, a atender a la mujer embarazada con problemas económicos; que llamándose progresista y de izquierdas establece una ayuda fiscal de 400 euros que sólo favorecerá a los ingresos más altos, acentuando así el proceso de injusticia social que este país ha ido acumulando a lo largo de estos años de crecimiento económico.

 

Ante ello y otras muchas cuestiones, como el caso de las leyes de excepción españolas, mucha gente considera que otro proyecto es posible. El acto del pasado 27 de enero, en Barcelona, es una constatación de ello.

 

Las propuestas que allí se hicieron, a pesar de nacer de una fuente cristiana, no necesitan de la fe para ser asumidas sino simplemente de la capacidad de razonar la bondad, e incluso la eficacia de las cosas. Es lo que podríamos calificar con propiedad de “catolicismo cultural”, que no exige de la fe, ni tan siquiera de una actitud de respeto hacia la Iglesia.

 

Mauricio Pera, el expresidente del senado italiano, agnóstico, es un exponente de esta concepción cultural, en este caso además con una gran simpatía hacia lo que la Iglesia representa. Pero hay otros prototipos, por ejemplo el de Joska Fisher, el conocido ex ministro de Asuntos Exteriores y Vicecanciller alemán, del partido de Los Verdes, un post progre 68, que se ha casado cinco veces por lo civil y que no tiene ningún empacho en proclamarse católico por cultura en unas recientes manifestaciones en La Vanguardia, en las que no manifiesta muy poca afinidad con la Iglesia.

 

Esta concepción, que nace de una cultura católica, promueve que la moral sí tiene sentido y debe guiar la vida pública sin menoscabo de las libertades individuales. Afirma que la verdad es distinta que la mentira, y que la libertad sirve precisamente para poder llegar a diferenciar una cosa de la otra. Constata que es algo muy distinto afirmar la libertad que cada uno tiene con su vida privada. Pretende que todas las conductas y relaciones que la libertad pueda generar tengan el mismo valor y significado para la sociedad y, por consiguiente, los poderes públicos deben establecer políticas de fomento para aquellas que son buenas para el presente y el futuro de la propia comunidad.

 

Es mejor que los niños nazcan a impedir con violencia su nacimiento, porque así no sólo se niega un derecho elemental, como es el derecho a vivir, a alcanzar la condición de persona, sino que además se comete un tremendo daño social y económico. Social al determinar que hay estados de vida humana que por su propia naturaleza no tienen derecho a existir. Económico porque representa una sangría de miles de millones de euros, perfectamente calculables en términos de capital humano, precisamente aquel que es más valioso en un mundo globalizado y competitivo.

 

Se trata de afirmar que es mejor el matrimonio, es decir un compromiso firme y sólido con voluntad de permanencia, abierto a la descendencia y con capacidad para educarla, que el individualismo en las relaciones de pareja, la fragilidad de los acuerdos, el cerrarse a tener hijos.

 

Nadie debe ser obligado a perder su soltería o a configurar una pareja de hecho o cualquier otra unión de convivencia, pero sí deben los poderes públicos, con sus leyes, favorecer a aquello que es bueno para el país, es decir a los matrimonios, a las estructuras familiares estables, a la voluntad de tener hijos, y a la reconciliación cuando existe conflicto como prioridad a la judicialización imperativa de dicho conflicto.

 

Se trata, también, de que es necesario que el proyecto educativo reconozca la autonomía de los centros para que así puedan adaptarse mejor a sus contextos sociales; el apoyo prioritario a aquellos que se encuentran con alumnos con mayores penurias socioculturales; la libertad de los padres para elegir centro de acuerdo con sus preferencias religiosas, morales y pedagógicas; evitar el sexismo inverso que está condenando a generaciones de muchachos al fracaso escolar en unos términos que duplican al de las chicas, sin que ni una sola voz se alce para preguntarse las causas de esta radical diferencia.

 

Es necesario afirmar que las políticas de transformación económica a la búsqueda de una mayor justicia social compatible con la productividad, la competitividad, y la innovación, deben volver a ser el eje de las políticas públicas, en lugar de estas obsesiones, ya casi sospechosas, por todo lo que guarde relación con el sexo, bautizado de “nuevos derechos”.

 

Es urgente que nuestra sociedad y en especial los jóvenes asuman que la libertad lleva aparejada la responsabilidad, y esto significa tener conocimiento previo y asumir las consecuencias de sus actos.

 

Que en la educación de los jóvenes la educación sexual no puede ser convertida en una especie de preparación para un deporte de contacto, donde lo único importante es el preservativo, sino que debe estar integrada en su maduración sexual y afectiva. Carece de todo sentido situar la emancipación sexual en términos legales a los 14 años, y situar entre los 16 y 18 todas las demás mayorías, porque esto significa trivializar la importancia de dicha relación. Es imperioso devolver a la educación la importancia del respeto, del orden y del esfuerzo. Estos en si mismos no son nada más que medios al servicio de la formación del carácter y de la mejor eficacia en el trabajo colectivo.

 

Hay que negarle al Estado de manera rotunda toda intención de educarnos en cualquier ideología, incluida la del laicismo o cualquier otra de sus creencias. Aconfesionalidad, neutralidad del Estado, no significa solo que éste no pueda tener una religión, sino que no puede tener ninguna ideología, y que sus únicas normas son las que se encuentran reflejadas en la Constitución. Ni tan siquiera puede adoctrinar sobre las leyes que aprueba porque éstas son tan fungibles como la mayoría que las ha apoyado. Aunque debe, eso sí, velar para que los ciudadanos tengan una correcta información, estrictamente objetiva de sus contenidos.

 

Es necesario poner ante los jóvenes y los que no lo son tanto -aquellos que merodean los 40 o 45 años hacia abajo- el durísimo futuro que les espera para que con conocimiento de causa puedan plantear su opinión y sus preferencias políticas. Van a vivir simultáneamente cuatro crisis tremendas: la económica, la del estado del bienestar, la de la energía y la medioambiental. España está particularmente mal situada en relación a las cuatro, por imprevisión, por políticas equivocadas, por situación geográfica.

 

No podemos condenar a nuestros hijos y a nuestros nietos a la mentira de que la vida es una fiesta, que puede vivirse a base de rallita de coca, porrito o unos cuantos cubatas, que el trabajo no es nada más que un intervalo entre fiesta noctámbula y fiesta noctámbula de cada fin de semana, y que el amor es una simple tarea genital.

 

Estas y otras muchas cuestiones serán cada vez más asumidas y defendidas por la mayoría porque ahí se juega la vida real. Quizás sea la causa de que cada vez que afloran estas opiniones, sectores de esta extraña progresía de la desigualdad social, se manifiestan histéricos y, a falta de mejores razones, practican el insulto directo, la coacción y la amenaza.

 

Forum Libertas, 30 de enero de 2008

EL NEOMARXISMO

EL NEOMARXISMO

Se podría pensar que con la «Perestroika», la caída del Muro de Berlín y la apertura del Este, el comunismo ha sido superado. De hecho, los países satélites del Pacto de Varsovia han sido liberados de la dominación soviética y cuentan hoy con estructuras democráticas similares a las del occidente europeo; el muro de Berlín cayó y las dos Alemanias se han reunificado. El sistema económico del comunismo ha sido sustituido por sistemas orientados a la economía social de mercado occidental. Incluso en China se asiste a transformaciones económicas sustanciales por más que permanezca en pie el modelo político. Lo de Cuba parece cuestión de tiempo… En cambio, también podemos constatar el auge que está alcanzando, bajo el liderazgo de Hugo Chávez, el « socialismo del siglo XXI» así como el protagonismo de Lula, Evo Morales, Kirchner, Nicanor Duarte, Rafael Carrera, Daniel Ortega y Rodríguez Zapatero. Estos izquierdistas de comienzos del siglo XXI idolatran a Fidel Castro, uno de los déspotas más sanguinarios de la historia, y buscan eternizarse en el poder mediante el cambio de la constitución de sus países y la reelección ininterrumpida. El socialismo sigue avivando el populismo, inspirando despotismo e intolerancia, sembrando el odio, debilitando la libertad y el imperio de la ley y frenando el progreso de los pueblos.

 

La interpretación de este hecho puede ir en la siguiente dirección: el comunismo en cuanto aplicación de una filosofía, de una concepción de la vida, es un principio que puede ser realizado de distintos modos, conforme a las distintas características de los diversos períodos históricos. Aún más, su acción se adapta de modo necesario a las condiciones históricas. Por tanto, si bien el comunismo bolchevique se derrumbó, el comunismo mantiene una vigencia histórica, bajo formas calificadas como neomarxismo, neocomunismo o neosocialismo. Aunque también podríamos hablar de neoconservadurismo o neoliberalismo. Sería el magma en el que se mueven todos los que se desenvuelven en el ámbito democrático, una ideología común que va más allá de la aparente división entre derechas e izquierdas. Hoy más que nunca aparece recompuesta la unidad de los vencedores en la Segunda Guerra Mundial, rota temporal y aparentemente durante los años de la Guerra Fría.

 

Como consecuencia de esa adaptación a la realidad, el modelo de insurrección bolchevique fue descartado para definir y asumir un modelo distinto, más complejo y más profundo pues compromete orgánica e integralmente las conciencias de las personas. De hecho, la estrategia de acción política directa dio paso a una estrategia de acción cultural indirecta, fundada en un proceso de transformación de las mentalidades.

 

Fue el propio Carlos Marx quien estableció el principio materialista dialéctico según el cual la infraestructura (economía/materia) determina la superestructura (cultura/espíritu), razón por la cual la revolución debía ser realizada por el proletariado contra la burguesía, es decir, de abajo hacia arriba. Con el afán de realizar la revolución mundial y observando las dificultades que enfrentó el proceso revolucionario en Rusia, Antonio Gramsci, Secretario General del Partido Comunista italiano (1891-1937), profundizó el principio del materialismo dialéctico y adaptó el comunismo a la realidad de Occidente.

 

 

La estrategia gramsciana

 

Gramsci desarrolló entonces el concepto de hegemonía ideológica consignando que el movimiento entre infraestructura y superestructura es de carácter dialéctico. Es decir, que si la infraestructura material determina la superestructura ideológica, política, cultural y moral, esta superestructura a su vez puede tener vida propia y actuar sobre la infraestructura.

 

Partiendo de tal premisa, estableció un modelo revolucionario según el cual la hegemonía cultural es la base de la revolución comunista, significando con ello que ésta depende de la capacidad que las fuerzas revolucionarias adquieran para controlar los medios que permiten dirigir la conciencia y conducta social. Una revolución así entendida consiste en modificar de manera imperceptible el modo de pensar y sentir de las personas para, por extensión, terminar modificando final y totalmente el sistema social y político.

 

La estrategia gramsciana estaba diseñada del siguiente modo:

 

1. Para imponer un cambio ideológico era necesario comenzar por lograr la modificación del modo de pensar de la sociedad civil a través de pequeños cambios realizados en el tiempo en el campo de la cultura. Había que construir un nuevo pensamiento, entendido como el modo común de pensar de la gente que históricamente prevalece entre los miembros de la sociedad. Para Gramsci, esto era más importante, y prioritario, que alcanzar el dominio de la sociedad política (conjunto de organismos que ejercen el poder desde los campos jurídico, político y militar).

 

2. Para lograr este objetivo era necesario adueñarse de los organismos e instituciones en donde se desarrollan los valores y parámetros culturales: medios de comunicación, universidad, escuela... Después de cumplido este proceso, la consecución del poder político caería por su propio peso, sin revoluciones armadas, sin resistencias ni contrarrevoluciones, sin necesidad de imponer el nuevo orden por la fuerza, ya que el mismo tendría consenso general.

 

Un modelo histórico de actuación de acuerdo con estos principios sería la mentalidad ilustrada preparando el terreno para lo que luego sería la Revolución Francesa y el liberalismo extendido por toda Europa y América gracias al cambio de pensamiento hegemónico promovido desde el siglo anterior.

 

3. Para tener éxito, habría que sortear dos obstáculos: la Iglesia Católica y la familia.

 

 

La Escuela de Frankfurt

 

La estrategia dispuesta por Gramsci fue proyectada por la llamada Escuela de Frankfurt, originalmente fundada en 1923 como Instituto para el Nuevo Marxismo y luego denominado Instituto para la Investigación Social para encubrir su objetivo sentido político.

 

Por autores como Georges Lukács, Max Horkheimer, Theodor Adorno, Wílhelm Reich, Erich Fromm, Jean Paul Sartre, Herbert Marcuse, Jürgen Habermas, etc., se formula la doctrina del neomarxismo y a partir de él la izquierda elabora un concreto programa de acción estructuralista que logra una decisiva influencia en distintos campos del pensamiento, en la psicología (Lacan), la educación (Piaget) y la etnología (Levi Strauss), entre otros.

 

 

El neomarxismo regresa a Europa

 

Fueron básicamente estas elaboraciones ideológicas las que activaron y sustentaron el proceso revolucionario de los años sesenta del siglo XX, siendo particularmente efectivas entre los estudiantes de las Universidades de Francia y Alemania. Asimismo, estas ideas también serían la base tanto del llamado eurocomunismo como del neosocialismo desarrollado en distintas latitudes durante los años ochenta y noventa.

 

Estas raíces norteamericanas de la actual izquierda europea han sido expuestas con detalle por Paul Edgard Gottfried (La extraña muerte del marxismo, Ciudadela, Madrid, 2007) y es una de las circunstancias que explican la escasa repercusión que en los comunistas y socialistas ha tenido la caída de la Unión Soviética: ideológicamente estaban más vinculados a USA que a la URSS y, probablemente, un régimen «duro» que se presentaba como paradigma de la ortodoxia comunista resultaba para ellos un obstáculo más que una referencia.

 

 

Componentes de la mentalidad y de la estrategia neomarxista

 

El principio constitutivo de esta creencia radica en un materialismo que niega la existencia de un principio anterior y superior al hombre. Explícitamente se niega la existencia de un Dios creador, se rechaza la existencia del alma humana y, por tanto, de toda esencia y toda trascendencia del ser. Se impone un sistema teóricamente multiculturalista basado en un relativismo absoluto, el cual implica la negación de la existencia de verdades absolutas de validez universal.

 

Asumiendo tales premisas, ¿cómo se manifiesta concretamente este nuevo tipo de acción revolucionaria?

 

La aplicación de este sistema procura generar un ánimo hostil contra todo tipo de autoridad, contra toda forma de jerarquía y orden sea en el terreno religioso o en el civil. La autoridad se degrada sistemáticamente en la Iglesia, el Estado, la familia o la enseñanza. Este quebrantamiento del orden natural conduce a una completa pérdida de principios y un radical decaimiento en la moral. Se desencadenan las pasiones en los niños y adolescentes a través de una educación sexual estatal o de los medios de comunicación que gestan un ambiente de impureza omnipresente. A fin de romper la estructura del sistema social, se introduce un igualitarismo radical proyectado en la ideología de género que proclama la superación del actual modelo de sociedad mediante la transformación de la diferenciación sexual en puras categorías culturales y, por consiguiente, opcionales y elegibles.

 

Una vez destruido el universo de valores hasta entonces vigentes, su lugar está siendo ocupado por una nueva hegemonía: la de esa mentalidad, hoy dominante, sustrato permanente de una práctica política socialista que es, al mismo tiempo, la consecuencia y el principal motor del proceso.

 

Al servicio de esta estrategia se ponen medios tan dispares como la democracia, la demolición del Estado nacional, la inmigración, la infiltración y auto-demolición de la Iglesia, la memoria histórica, la educación para la ciudadanía o la cultura de la dependencia promovida por una gestión económica de los recursos dirigida por el Estado.

 

 

¿Hay alternativa?

 

Si existe, únicamente será posible en la medida que tenga lugar la recuperación de la hegemonía en la sociedad civil. Algo que implica la lucha por la Verdad, que no se impone por sí misma, y la capacidad de generar instrumentos coercitivos que, al amparo de la ley, actúen como freno de las tendencias disgregadoras.

 

Ángel David Martín Rubio

Conferencia pronunciada el día 24 de octubre de 2008, en la Universidad San Pablo-CEU, en el marco del ciclo “Conversaciones en el Valle”, organizado por la Hermandad del Valle de los Caídos

 

El PSOE quiere hablar de ciudadanía, es un gran tema

El PSOE quiere hablar de ciudadanía, es un gran tema

Zerolo lo puso de su propia cosecha. El secretario de movimientos sociales del PSOE, que hizo de telonero este martes en la Conferencia de Ciudadanía antes de que interviniese Zapatero, con su deje canario definió rápidamente su modelo para fundamentar la vida en común: “una sociedad mestiza, del Arco Iris, laica, integrada sobre la base de los valores... de los valores republicanos”. Personalísima interpretación, que no parece de momento la doctrina de Ferraz. ¿Cómo quedará la cosa?

Cuestiones como éstas son las que más nos interesan a los que hacemos Páginas Digital. Las listas y las luchas de poder dentro de los partidos son, sin duda, relevantes. Pero una publicación como la nuestra tiene especial interés en dedicarse a analizar los contenidos de la precampaña y de la campaña. Ignacio Santamaría lo hacía el pasado lunes con su artículo sobre la Conferencia de Educación del PP. Y la dedicada a Ciudadanía del partido en el Gobierno merece también atención, mucha atención.

Los socialistas han hecho bien al seleccionar este tema como uno de los prioritarios, vinculándolo a la inmigración. Constituye unos de los retos esenciales que tiene nuestra sociedad. La integración de la inmigración y el hecho indiscutible de que estamos asistiendo a un proceso de mestizaje exige replantearnos, de nuevo, qué entendemos por ciudadanía. La Comisión Europea ha recordado recientemente que no sólo hay que abordar en este campo “los aspectos económicos y sociales de la integración, sino también los problemas relacionados con la diversidad cultural”. La diversidad cultural que viene de fuera y también la diversidad cultural y religiosa interna, que aumenta, cuestionan el modelo de ciudadanía a lo Peces Barba, el viejo modelo de la Revolución Francesa que privatiza las creencias.

 

El Plan Estratégico de Ciudadanía e Integración 2007-2010 aprobado por la Secretaría de Estado de Inmigración es realista. Reconoce que se está produciendo en España un incremento de la interculturalidad –es un acierto que se haya desechado el término multiculturalidad, contaminado por una fuerte carga de relativismo-, que el fenómeno puede ser enriquecedor pero que también puede producir conflictos. Es realista al reconocer que “para lograr una sociedad cohesionada e integrada no es suficiente con la consecución de la igualdad”. Hay que afirmar lo que llama “unos valores básicos compartidos”. ¿Y cuáles son esos valores? El Plan los identifica con los derechos constitucionales. Es una solución diferente a la adoptada por los diseñadores de los contenidos de Educación para la Ciudadanía, que han metido dentro de los valores supuestamente compartidos elementos, como la ideología de género, que suponen una clara invasión de la conciencia.

 

Si la nueva ciudadanía tiene como eje el contenido de la Constitución, bienvenida sea, porque garantizará una auténtica pluralidad. Pero nuestra Constitución no tiene nada que ver con el Arco Iris y los llamados “valores republicanos” de Zeloro. Ése es más bien el contenido del documento “ Laicidad, manifestaciones religiosas e instituciones públicas”, presentado hace unos días por la Fundación Alternativas, el ala más laicista del PSOE. Los “valores republicanos” son los que ahora Sarkozy quiere dejar atrás con su concepto de “laicidad positiva”. Por el contrario, nuestra Carta Magna consagra, para la construcción de la ciudadanía, la colaboración con las confesiones religiosas, especialmente con la católica. Ese principio es el que ahora, paradójicamente, el presidente de la República Francesa considera moderno y cierto socialismo quiere abolir.

 

Una nueva ciudadanía basada en la laicidad positiva está dispuesta a recoger toda la riqueza social de las diferentes culturas y tradiciones, atendiendo a las que más peso tienen. Esto último es lo que le falta al Plan Estratégico de Ciudadanía , que habla de una interculturalidad abstracta que no tiene en cuenta la cultura, la católica, más numerosa en nuestro país. Habrá que examinar con atención la redacción del programa electoral socialista para ver de qué lado cae la cosa.

 

Una pista: cuando se anunció el borrador del programa se habló de la creación de unos “observatorios de laicidad”. Su objetivo, a todas luces, era imponer el “zerolismo”. Caldera, que era responsable de ese borrador, tardó horas en negarlo. ¿Al PP no le interesan estos temas?

 

Fernando de Haro

Páginas Digital, 23 de enero de 2008

La New Age o la gnosis postmoderna. La Nueva Era, en el fondo, es narcisismo y autismo misticoide

La New Age o la gnosis postmoderna. La Nueva Era, en el fondo, es narcisismo y autismo misticoide

Uno de los rasgos que caracteriza a nuestro mundo es el renacimiento de las antiguas ideas gnósticas en la forma de la llamada New Age. Al margen de las afinidades entre algunos ingredientes del gnosticismo en cuanto sistema ideológico y la New Age, ésta puede ser catalogada como una forma de gnosis.

Esta nueva forma de gnosis se adentra en las profundidades del yo mismo, trata de explorar las fuerzas ocultas de la mente, de la conciencia, también en sus estratos inconscientes. La idea prototípica de la gnosis es que el ser humano se salva a sí mismo a través del conocimiento.

Según la New Age, el hombre debe aspirar a la expansión de la conciencia, es decir, a su desarrollo máximo hasta llegar al estrato freático de la energía crística. Cuando se llega a este nivel, se extingue la luz de los sentidos y de la razón.

 

El yo consciente queda, entonces, inundado por corrientes luminosas nuevas que lo llenan de gozo y de paz. Entonces aparecen los estados alterados de la conciencia y sus fenómenos derivados: la iluminación, los éntasis, los éxtasis, los viajes astrales, la clarividencia, la clariaudiencia, las locuciones o voces interiores y las mil y una formas de adivinación.

 

La New Age es radicalmente egocéntrica, o mejor, psicocéntrica. Pues el objeto de esta nueva forma de gnosis no es Dios, sino el hombre, pero no el hombre íntegro en su unidad psicosomática, sino su espíritu, su conciencia. Se niega la alteridad, la vinculación a otro ser, la religación con el Fundamento último de la realidad. De ahí la peculiaridad de la gnosis en cuanto iluminación o revelación.

 

La iluminación de la New Age, como la gnóstica, no consiste en un mensaje recibido de Dios distinto del hombre. Se trata de una autorevelación o iluminación interior, o sea, de un mensaje emitido en y desde el inconsciente, que se manifiesta sobre todo en los estados alterados de conciencia.

 

Los acólitos de la Nueva Era, como los gnósticos del siglo II, sienten una especie de horror a la doctrina dogmática proclamada desde fuera, desprecian la autoridad de la Iglesia católica en cuanto intérprete de la Revelación, aunque acepten las revelaciones individuales esotéricas.

 

El absoluto psicocentrismo de la New Age explica, asimismo, que su gnosis, como la gnóstica, sea también salvífica. El hombre se salva a sí mismo por sus propias fuerzas y esfuerzos.

 

Para tal salvación cuentan mucho los grados extraordinarios de expansión de la conciencia y de los llamativos fenómenos místicos, pero tienen también su importancia las actividades de la vida ordinaria bien hechas, la meditación o concentración psicológica, el optimismo voluntarista, el recurso a la medicina y dietética alternativas.

 

Así se llega, ya en esta vida, al estado de gozo, paz, armonía con uno mismo, con los demás, con el entorno ecológico y con el universo. Pero cada uno se salva por obra de la mente, no por la fe, ni por la gracia de Dios.

 

En definitiva, la New Age es una espiritualidad narcisista, cae en el autismo o ensimismamiento psico-misticoide, encerrado en sí mismo y al margen de la llamada cuestión social y de la preocupación por los demás, especialmente de los más necesitados. Tal situación es fruto del psicocentrismo y del fatalismo astrológico de la New Age, así como de su creencia en la reencarnación o renacimiento y en los ciclos cósmicos.

 

Desde la perspectiva de la New Age, las religiones institucionalizadas quedan reducidas a exteriorizaciones, más o menos fosilizadas y degeneradas, de ese núcleo común. Las diferencias existentes entre las diversas religiones serían producto del relativismo o de las circunstancias socioculturales, que son distintas en los diferentes pueblos, culturas y épocas históricas.

 

Este nuevo desafío no es algo radicalmente nuevo en la historia. Se trata de una nueva reformulación. Frente a la gnosis postmoderna, se debe reiterar una y otra vez que lo que salva es el amor y no el conocimiento, que quién salva es Dios y no el ser humano.

 

 

Brujería: una de wicca y otra de candomblé en La Vanguardia y El Periódico

http://www.forumlibertas.com/frontend/forumlibertas/noticia.php?id_noticia=3286 

 

Merovingios, templarios, códigos y hermandades secretas atestan las librerías

http://www.forumlibertas.com/frontend/forumlibertas/noticia.php?id_noticia=1614  

 

Por qué el Yoga, en la filosofía y en la práctica, es incompatible con el Cristianismo

http://www.forumlibertas.com/frontend/forumlibertas/noticia.php?id_noticia=6591  

 

El timo del Evangelio (gnóstico) de Judas

http://www.forumlibertas.com/frontend/forumlibertas/noticia.php?id_noticia=5519 

 

¿Vuelven las sectas gnósticas?

http://www.forumlibertas.com/frontend/forumlibertas/noticia.php?id_noticia=5583 

 

 

Francesc Torralba Roselló   

Forum Libertas, 21 de enero de 2008

Autorretrato de una insuficiencia: El divorcio de Rajoy

Autorretrato de una insuficiencia: El divorcio de Rajoy


Lo dijo Rajoy este fin de semana, sábado 19, en la radio, en Onda Cero. Isabel Gemio, más sibilante que sibilina, le preguntaba con “intención”, muy progre ella, qué mantendría y qué eliminaría, si ganaba las elecciones, de las medidas implantadas por Zapatero. Y fue ahí donde el presidente del Partido Popular declaró que no eliminará el “divorcio exprés”, pese a que ha sido una de las bestias negras de la derecha social en esta legislatura. Eso sí: Rajoy dice que sustituirá la asignatura de Educación para la Ciudadanía. ¿Qué pondrá en su lugar? ¿Filosofía, Historia, Constitución, Humanidades en general? No: “inglés, informática, nuevas tecnologías y sociedad de la información”. Ante todo, mucho progreso. De verdad que Rajoy se ha retratado.   

 

Primera constatación: a Rajoy no le preocupa especialmente la familia como institución. Porque el “divorcio-exprés” ha sido una medida deliberadamente anti familiar. Lo que está en discusión no es el hecho del divorcio en sí mismo, es decir, la posibilidad legal de que un matrimonio se rompa en determinadas circunstancias; lo que está en cuestión es una modalidad de divorcio absolutamente arbitraria, que somete la estabilidad del vínculo matrimonio al arbitrio –precisamente- de una de las partes y propugna su disolución en tiempo récord. Esa medida es mala para la institución familiar por varias razones. Primero, porque prescinde por completo del interés de los hijos. Además, porque considera el matrimonio como una asociación temporal de voluntades individuales, y no como una entidad social en sí mismo. En tercer lugar, porque estimula la irresponsabilidad de la gente a la hora de contraer matrimonio y fundar una familia: si tan fácil es romper el lazo, ¿para qué preocuparse de asegurarlo?

 

Segunda constatación: Rajoy no está dispuesto a presentar batalla en cuestiones de principio. La de la familia es una de esas cuestiones. Es obvio que Rajoy no quiere parecer “de derechas”. Por cierto que la defensa de la familia no tendría por qué ser necesariamente un asunto “de derechas”: en Gran Bretaña o en los Estados Unidos, fueron los gabinetes de Blair y Clinton quienes reintrodujeron las políticas de promoción familiar; si en España es distinto, es por razones muy singularmente nacionales. Razones que exigen que toda política de defensa de la familia deba realizar un ejercicio pedagógico previo, para volver a convencer a la gente de que estamos ante una cuestión decisiva para la supervivencia social. Es obvio que este tipo de ejercicios está muy lejos de las prioridades del PP, y no sólo, por supuesto, en materia familiar. El PP no se presenta a los ciudadanos como un partido que defienda una plataforma de principios; más bien se limita a “chupar rueda” de los principios que la intelligentsia de izquierdas ha sentado, quizá morigerando alguno de sus aspectos.

 

Tercera constatación: Rajoy es sensible a la protesta social contra la imposición obligatoria de la asignatura “Educación para la Ciudadanía”, lo cual es una buena cosa; pero su alternativa rehuye cualquier compromiso con valores o, una vez más, con principios, y se orienta expresamente hacia el mundo de la eficacia técnica, de la “performance” económica. Inglés, nuevas tecnologías, sociedad de la información: frente a una formación ideológica sectaria como la que Zapatero predica, una instrucción técnica y neutra, sin alma. Por supuesto que el inglés o la informática son asignaturas precisas en el sistema de enseñanza, pero ya existen. Por el contrario, en los últimos años (incluidos los ocho del PP) han retrocedido escandalosamente los contenidos de tipo humanístico, filosófico, histórico, ético, es decir, los que dan razones para vivir, aquellos que las asignaturas técnicas no proporcionan. A no ser que consideremos que la razón de la vida es la eficacia técnica; tal parece el caso de Rajoy.

 

En conjunto, la impresión que se deduce de este retrato que el propio Rajoy se ha confeccionado es de lo más desoladora. Una filosofía social absolutamente individualista, donde nada –ni siquiera la familia- se antepone a los derechos del individuo; donde no hay asidero desde el que asentar principios firmes, sino una simple observación neutra de los principios que marcan otros; donde el horizonte de las personas y las sociedades se circunscribe a la eficiencia técnica y económica, a cuyo servicio se pone la educación. Es la expresión más gráfica vista hasta hoy, en la política española, de la pesadilla de la civilización técnica: un sistema de egoísmos individuales donde toda esperanza se reduce a ser una eficiente pieza en la gran máquina de la civilización económica. ¿Y con eso nos quiere motivar?

 

P.S.: Y sí, claro que, además de esas cosas, Rajoy ha dicho otras más interesantes. Pero la pregunta es: si el objetivo final es que todos seamos eficientes piezas de la Megamáquina, ¿qué importancia tienen todas esas otras cosas?

 

José Javier Esparza

El Manifiesto, 21 de enero de 2008

Guía imprescindible para derechistas americanos... y españoles

Guía imprescindible para derechistas americanos... y españoles

 

El conservador auténtico es un individuo que está dispuesto a defender sus principios y valores a capa y espada incluso en las circunstancias más adversas. Michael Gerson, el speech writer que ha producido tal vez los discursos más inspirados del presidente George W. Bush, realiza en Heroic Conservatism un verdadero tour de force para arrojar luz sobre las tinieblas, para que el idealismo venza al pesimismo; para colocar al conservadurismo, esa palabra tan extraña a nuestra cultura política, en el lugar que se merece.

No es fácil ser un buen escribidor de discursos, declaraciones y alocuciones varias. Sobre todo cuando se trabaja para otra persona. En el mundo anglosajón es toda una profesión, y los líderes políticos hacen lo que esté en su mano para contar con un buen responsable de sus palabras públicas. En España son muy pocos los políticos que escriben ellos mismos sus intervenciones. Normal. Ya no lo es tanto que la figura del escriba quede en el fondo de los armarios las más de las veces, y que se fustigue a quienes ponen su pluma al servicio de los demás con el término peyorativo negro. Tras este estado de cosas encontramos tanta hipocresía como cicatería.

 

Un speech writer, como demuestra Gerson en estas páginas, no es un escritor que le cuela lo que quiere a quien le toca dar la cara. Los grandes políticos tienen sus propias ideas, y la mayoría de las veces lo que les falta es tiempo, no recursos estilísticos o retóricos, para componer sus discursos. El speech writer debe comprender qué pasa por la mente de su jefe, contar con cierta sensibilidad personal y destilar con elocuencia el ideario latente o emergente de aquél. Con todo, hay speech writers que son más que eso, que son elementos clave en la formulación de las políticas que se anuncian en los discursos. Que son asesores. Michael Gerson es uno de ellos, aunque su modestia innata le impida propagarlo.

 

Tengo el placer de conocerle personalmente. Hasta donde sé, su influencia va mucho más allá de la derivada de haber creado frases o expresiones que pasarán a la historia, como la de "Eje del Mal", empleada por vez primera por Bush en su discurso del Estado de la Unión de 2002, o la de "conservadurismo compasivo", que el presidente de EEUU ha empleado numerosas veces para describir su filosofía política. Gerson ha opinado y debatido sobre cuestiones de decisión en el círculo íntimo de Bush en la Casa Blanca, del que han formado parte gentes como el todopoderoso Karl Rove, con el que no siempre ha estado completamente de acuerdo.

 

En España, las más de las veces los discursos de los políticos en activo tienen por objeto ensalzar lo ya conseguido, codificación material que rápidamente se transforma en venta electoral o partidista. Compromiso, cumplimiento y seriedad suelen ser las pautas que marcan estas intervenciones. En Estados Unidos la práctica suele ser distinta, y los discursos se utilizan como instrumentos para fijar posiciones y anunciar rumbos futuros. De ahí la importancia de personas como Gerson para la difusión de lo que se quiere y debe transmitir.

 

Heroic Conservatism no sólo da cuenta de las relaciones de Gerson con Bush desde que éste le llamara a su lado, allá por el año 2000, cuando aún no había accedido a la Presidencia, sino, y sobre todo, de los valores que ha de defender el conservadurismo en América hoy en día; y quien dice en América dice en el resto del mundo, empezando por España.

 

Creo acertar si digo que, para Gerson, su mejor discurso fue el que compuso para la ceremonia de inauguración del segundo mandato de George W. Bush. Por una sencilla razón: Gerson es un conservador idealista, de fuertes creencias religiosas, convencido de la igualdad de las personas, algo en lo que coincide plenamente con el inquilino de la Casa Blanca. 

 

Tuve la oportunidad de asistir a aquella ceremonia, que tuvo lugar en una mañana nubosa, ante un Capitolio rodeado por la nieve. Y no me cuesta nada decir que las palabras de Bush me impresionaron profundamente. Eran revolucionarias, y prometían abrir un nuevo capítulo en la acción exterior norteamericana. Bush se dirigió al mundo, muy en especial a aquellos países con regímenes dictatoriales, para augurar una nueva era de libertad. Sólo en libertad puede el individuo desarrollarse y disfrutar de su dignidad con plenitud. Sólo en libertad pueden los pueblos prosperan adecuadamente. Sólo en libertad pueden alcanzarse la seguridad y la paz internacionales.

 

Bush se dirigió asimismo a los disidentes (he aquí una constante en su trayectoria): les prometió apoyo para sus causas, para lograr unas sociedades mejores y libres de miedos. "La supervivencia de la libertad en nuestro suelo depende cada día más del éxito de la libertad en las tierras de otros –afirmó el presidente–. La mejor esperanza de paz para nuestro mundo es la expansión de la libertad en todo el mundo". Corolario de Gerson, aquí, en Heroic Conservatism: o expandimos la libertad, o será la violencia lo que se expanda.

 

Gerson es un idealista plenamente consciente de las posibilidades que ofrece el mundo real. Y ve como, todo el mundo, la gran distancia que a veces separa a la retórica ambiciosa del presidente Bush de la prudencia táctica con que se mueve su Administración. Sabe que no se puede hacer todo. Pero sabe también que sin planteamientos idealistas y ambiciosos la política se vuelve descarnada y se va reduciendo a una mera lucha por el poder.

 

Gerson no es ningún idiota, y sabe, además, que no son éstos buenos tiempos para la lírica; que Ben Laden sigue vivo y Al Qaeda no está acabada; que el radicalismo islámico continúa sumando puntos y que Irak ha cebado el escepticismo. Y que el mundo es un lugar incierto en el que América está siempre sometida a discusión. De ahí que con Heroic Conservatism trate de arrojar luz sobre la oscuridad, de recuperar la visión y la ilusión.

 

Es plenamente consciente de que el descontento ha crecido entre los conservadores: los objetivos son más costosos de alcanzar de lo que se esperaba; los resultados, aún, demasiado ambiguos; la crítica de los oponentes, más aniquiladora. Pero, les advierte, sucumbir a la fatiga, dejarse tentar por el cinismo y querer volver a una situación ya obsoleta e irrecuperable no es una opción, sino un inmenso error.

 

Este libro trata, en buena medida, de América; pero puede resultar muy provechoso para quien lo lea con la mente puesta en España.

 

En los últimos meses no han sido pocos los dirigentes del PP que han emitido declaraciones que tenían por objeto poner distancia con determinadas decisiones del Gobierno Aznar, especialmente con la de apoyar la intervención aliada en Irak. Pero su deseo de pasar página les puede llevar a convertirse en meros apéndices de la izquierda de Rodríguez Zapatero. Y no es el momento para ello.

 

"Yo creo que la seguridad de nuestra nación depende del idealismo en el exterior", escribe Gerson. Y añade. "Creo que la unidad de nuestro país depende del idealismo en el interior; y creo que mi partido, el Partido Republicano, debe ser el portador de ese discurso de idealismo y coraje ante una nación cansada en un momento crucial, o bien encarar un juicio severo de la Historia". Pocas palabras podremos encontrar más apropiadas para nosotros, los españoles.

 

Para mí, si hay una lección que los actuales dirigentes del PP debieran aprender es que el conservadurismo es más fuerte cuando se muestra fiel a sus ideales. Aquí al lado, en Francia, tienen el ejemplo de Sarkozy, por si no quieren buscar analogías históricas más remotas o distantes. Hacer ejercicios de travestismo para llegar a votantes recalcitrantes es lo opuesto al coraje y a la claridad moral que debe imperar en nuestras filas en estos momentos preelectorales. Si se quiere entender por qué, este magnífico libro de Gerson, no sólo bien escrito y ameno, sino pletórico de ideas e ideales inmutables, puede ser una gran ayuda.

 

 Por Rafael L. Bardají

GEES, reseñas nº 114   |  21 de Enero de 2008

 

(Del libro Heroic Conservatism. Why Republicans need to embrace America’s ideals (and why they deserve to fail if they don’t), de Michael J. Gerson. Harpers & Collins, Nueva York, 2007. Publicado en Suplementos Libros de Libertad Digital, 17 de enero de 2008)