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Políticamente... conservador

Crimen, inmigración, y Rubalcaba colonialista

¿Cuándo se enfrenta una sociedad a un riesgo totalitario? Cuando no se puede hacer referencia a la sociedad. Cuando en el momento en que alguien intenta hacer referencia a ella, se desencadena una reacción implacable para desacreditarle. España corre ese riesgo, entre otros, como demuestra la ausencia de un verdadero debate sobre uno de sus mayores problemas: el de la inmigración. La llegada de los tristemente famosos cayucos es señal del crecimiento sin precedentes de la venida de inmigrantes que vienen a nuestro país fuera de la ley. Todo ello coincide con otra evolución que tiene a los inmigrantes y a la legalidad como protagonistas, y es el aumento del crimen. Las estadísticas no podrían desmentir la afirmación de que la llegada de inmigrantes y el aumento de la criminalidad no son hechos totalmente independientes.  El proceso de regularización masiva de inmigrantes puesto en marcha por el Gobierno, en contra de lo que eran sus objetivos declarados, ha aumentado el número de inmigrantes ilegales en España. Su política de papeles para todos es un auténtico reclamo para quienes quieren ganarse con ellos el pleno derecho a contribuir y beneficiarse de la riqueza europea. Las críticas de la Comisión Europea y del resto de los miembros de la UE no han sonrojado a nuestro Gobierno, que desconoce lo que sea la vergüenza. Mientras, los inmigrantes, en su práctica totalidad, acuden a España buscando un empleo con el que sostenerse y enviar una ayuda a sus familias. Pero buscarlo no es lo mismo que encontrarlo, y cuando no les es posible, estando ya fuera de la ley, dar el paso a la criminalidad no resulta difícil.  A todo ello sumemos que nuestro código penal es casi una invitación a cometer pequeños delitos con que ganarse la vida, en lugar de disuadir el delito. Ello tiene un efecto perverso para inmigrantes y naturales de nuestro país, pero de nuevo la situación es diferente para quienes ya están en una situación irregular. Por otro lado, la economía española, pese a sus crecientes desajustes y a su desaceleración, sigue siendo pujante y ofrece muchas oportunidades para quienes vienen de otros países. Pero no podemos evitar plantearnos qué ocurrirá cuando cambie nuestro ciclo de crecimiento, que se ha prolongado ya por más de una década. ¿Qué ocurrirá si, como parece probable, un aumento de los tipos de interés detiene el furor de la construcción sobre nuestros suelos y se produce paro en esta rama de nuestra economía? Ante la angustia de encontrarse sin la opción de un empleo, muchos repetirán su odisea, yendo a otros países, pero otros se dejarán tentar por el crimen, que exige menos esfuerzo y ofrece mayores recompensas.  Y no es lo único que debemos considerar. Hay bandas criminales que vienen a España a delinquir, provenientes de algunos países de América Latina y de Europa del Este. Su número es muy pequeño y en nada se parecen a la marea de personas que acuden a nuestro país a trabajar honradamente, pero su incidencia en el crimen es muy pronunciada. Vienen expresamente a delinquir, sirviéndose de un sistema penal que defiende al criminal frente a la víctima, y al hecho de que, por el momento, nuestras fuerzas policiales se enfrentan a nuevas fórmulas criminales, para las que no están por el momento perfectamente preparadas. La extrema violencia con la que actúan y el creciente número de viviendas que han sido asaltadas han sembrado el pánico en ciertas regiones de nuestra geografía. Ángel Acebes ha hecho referencia a este problema y la reacción totalitaria no se ha retrasado un sólo segundo. El PSOE niega la realidad, se niega incluso a mentarla, mientras que lanza una diatriba contra el secretario general del Partido Popular. La actitud de los socialistas no puede ser en este asunto más característica de ellos, más abyecta. Es ese perverso buenismo que quiere sustituir la realidad por las palabras. Como con ello no tienen suficiente, como no les detiene el rubor, como no conciben la moral, no hay nada que detenga a Alfredo Pérez Rubalcaba a la hora de decir, sin empacho, que a los socialistas españoles “nos va a tocar hacer estado” en África. La tradición de la izquierda mundial de despreciar a los países pobres y mirarles por encima del hombro tiene varias décadas de negra historia. Pero nuestros socialistas tienen que ir un poco más allá y han hecho coincidir las palabras de Rubalcaba con la acusación al PP de que son colonialistas por pedir que la Armada defienda nuestras fronteras. Que Rubalcaba se proclame Ministro del Interior de Mauritania no tiene nada de colonialista, sin embargo. Insultan la inteligencia de quien toma la decisión voluntaria de ejercerla.

Editorial de Libertad Digital, 28 de mayote 2006

 

Conferencia: LAS MENTIRAS DEL CODIGO DA VINCI.

A cargo de José Antonio Ullate, periodista y escritor. Ex redactor jefe del semanario ‘Alfa y Omega’ y del suplemento ‘Fe y Razón’ del diario ‘La Razón’. Jueves 1 de junio de 2006.20 horas.Salón Mikael(Plaza de la Cruz, Pamplona)

Organiza:
Movimiento Cultural Cristiano

Colabora:
Parroquia San Miguel

Más información:
629886659 y 606292333

COSTA RICA RECHAZA EL “MATRIMONIO HOMOSEXUAL”.

La Sala (IV) Constitucional de la Corte Suprema de Costa Rica declaró inconstitucional, por 5 votos contra 2, al llamado matrimonio entre homosexuales, al rechazar un recurso que pretendía su legalización. La acción pro-homosexual fue presentada en septiembre de 2003, por el abogado Yashin Castrillo Fernández, por considerar “discriminatoria la limitación para que personas del mismo sexo contraigan matrimonio”.Los magistrados consideran que tal discriminación no existe pues el concepto de matrimonio que recoge la Constitución Política proviene, históricamente, de un contexto donde se entiende que es entre hombre y mujer.Luis Fernando Solano, presidente de la Sala IV, declaró que “no se tomaron en cuenta criterios religiosos, sino de cultura jurídica”. Sin embargo, no descartó que el tema de la unión pero no el del matrimonio entre homosexuales, deba tratarse en el parlamento para crear una un normativa específica para la “uniones de hecho”. Recordamos que el reconocimiento legal de las llamadas “uniones de hecho” es la primera etapa que suele conseguir el homosexualismo para que a la postre se reconozca el llamado “matrimonio homosexual”, como afirma el Cardenal Alfonso López Trujillo, Presidente del Pontificio Consejo para la Familia, (vid. NG 706).La reacción homosexualPor eso, deja que desear el comunicado del Poder Judicial que dice: "La mayoría de la Sala consideró que en realidad existe ausencia de una regulación normativa apropiada, que regule ese tipo de uniones, sobre todo si reunen condiciones de estabilidad y singularidad, porque un imperativo de seguridad jurídica, si no de justicia, lo hace necesario. Es el legislador el que debe plantearse la necesidad de regular, de la manera que estime conveniente, los vínculos o derechos". Como siempre el homosexualismo no se da por derrotado. Su abogado declaró, "hay que continuar. Vamos a seguir por la vía de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos porque la violación de los derechos humanos es evidente", dijo Castrillo.Como en otros países el Movimiento Diversidad de Costa Rica, que agrupa a homosexuales, lesbianas, travestis y transexuales, asegura que el diez por ciento de los 4,2 millones de costarricenses pertenece a esa comunidad, lo que es una exageración que de tanto repetirse podría darse por aceptada. Se trata de la misma maniobra propagandística de los abortistas, inventarse cifras e imponerlas en la opinión pública por la fuerza de la repetición, contando con la complicidad o el acriticismo de los medios.Fuentes: La Nación (Costa Rica); EFE 23/24-05.________________________________NOTICIAS GLOBALES es un boletín de noticias sobre temas que se relacionan con la PROMOCIÓN Y DEFENSA DE LA VIDA HUMANA Y LA FAMILIA. Editor: Pbro. Dr. Juan Claudio Sanahuja; E-mail: noticiasglobales@noticiasglobales.org ; http://www.noticiasglobales.org ; Año IX. Número 653, 24/06. Gacetilla nº 776. Buenos Aires, 26 mayo 2006 

La Humanidad, absuelta

Acabamos de conocer el veredicto de un juicio que, atrapados como estamos en el cotidiano marasmo de noticias cercanas, ha pasado inadvertido para la mayor parte de la gente. Se trata de uno de los casos más sonados de la historia, con miles, si no millones, de víctimas, y en el que el principal sospechoso ha resultado absuelto.Sí, la Humanidad no tuvo la culpa de la extinción de los grandes mamíferos de la Edad de Hielo, como los mamuts y los caballos salvajes (Equus ferus). Al menos, eso es lo que se desprende de las investigaciones publicadas en la revista Nature por R. Dale Guthrie, de la Universidad de Alaska. Con ellas podría quedar casi resuelto un caso que ha provocado airadas polémicas científicas en los últimos meses. A principios de mayo se publicaron los últimos estudios que sugerían que la presión cazadora del ser humano había sido la causa principal de la desaparición de los grandes équidos de la Edad de Hielo. La "fiscalía" paleontológica había dado así un gran golpe de efecto ante el jurado. El acusado (el ser humano) estaba contra las cuerdas. Pero los abogados de la defensa contaban con un as en la manga: la investigación de Guthrie mediante el uso de la prueba del Carbono-14, un análisis químico que permite estudiar la edad de materiales orgánicos prehistóricos.  Según este científico, las grandes extinciones de mamuts y otras bestias similares tuvieron lugar en la frontera entre el Pleistoceno y el Holoceno, hace entre 13.000 y 10.000 años. De esa época datan los restos de osamentas de bisonte, ratones y humanos (especies que sobrevivieron), y de mamuts y caballos extintos, que Guthrie ha analizado. Todos los indicios parecen conducir a que la causa de tales desapariciones no fue exactamente la presión humana, sino la incapacidad de dichas especies para adaptarse a los cambios climáticos que la Tierra sufrió entonces. El aumento de la humedad y de las temperaturas experimentado en aquel periodo facilitó la migración de plantas comestibles hacia latitudes más septentrionales. Con ellas se trasladaron también los mamuts y los grandes équidos. Pero, conforme el clima se hacía cada vez más apacible, también aumentaron las condiciones para que la vegetación se fuera transformando, incluso en las tierras del norte. La vegetación baja de la que se alimentaban esos animales fue dejando lugar a otra más frondosa y arbórea.  El nuevo escenario trasladó la mayor parte de los nutrientes a la altura de las copas de los árboles, fuera del alcance de mamuts y équidos. Algunas especies, como los bisontes, pudieron adaptarse, pero otras acabaron por tirar la toalla y desaparecieron del planeta.  Esta idea contradice incluso las tesis que proponían que la matanza indiscriminada de mamuts por parte de los seres humanos no sólo produjo la desaparición de esta especie de mamífero gigante, sino que causó un cambio radical en la estructura vegetal del suelo que condujo a la extinción en cadena de otros animales.  Más bien, según la nueva tesis, la presión ejercida por los humanos sirvió sólo de remate final a una especie ya en peligro por causas naturales. Es probable que los mamuts, y cualquier otro animal, pudieran haberse recuperado de la caza masiva en otro entorno climático. Pero también es probable que, sin la presencia del hombre, estos miembros de la megafauna del Pleistoceno no hubieran sobrevivido al cambio de clima. El autor de este estudio asegura que no pretende desbancar la teoría de la caza masiva, sino proponer otros escenarios posibles que ayuden a dibujar un escenario que sigue siendo un misterio: el periodo en el que los gigantones de la naturaleza fueron borrados del mapa de modo sorprendentemente rápido. Sea cual sea su intención, lo que está claro es que al acusado principal, al ser humano, ya no le puede caer encima la máxima pena. Por Jorge Alcalde 

Libertad Digital, suplemento Fin de semana, 27 de mayote 2006

Sin valores, la globalización se rebela contra el hombre, advierte Lech Walesa

BILBAO, viernes, 26 mayo 2006 (ZENIT.org).- El presidente de la república de Polonia entre 1990-1995 y Premio Nobel de la Paz en 1983, Lech Walesa, considera que sin valores la globalización acabará rebelándose contra el hombre.

Al participar en Bilbao en la I Jornada Católicos y Vida Pública, organizada por la Asociación Católica de Propagandistas y la Fundación Universitaria San Pablo CEU, el antiguo líder de Solidarnosc alentó en una rueda de prensa a mantener vivos los valores trascendentes en la construcción del siglo XXI.

«Los valores deben primar en la globalización y los sistemas de ésta; tenemos que educar a un hombre de conciencia, para poder construir la sociedad del futuro», afirmó.

Además, señaló, «cuanto más alto es el desarrollo tecnológico y cuantos más peligros hay, son más necesarios los valores».

En el contexto de integración de Europa, Walesa reconoció que «los católicos deben ser más activos». «La gente de fe, de conciencia --destacó-- tiene que ponerse a trabajar porque somos mayoría pero estamos dispersos y poco activos».

Las religiones, en particular la cristiana, aseguró, tienen un patrimonio de siglos «que nos permitirá vivir en paz», indicó, aclarando que «religión y política son complementarios y no deben invaden sus parcelas».

Walesa consideró que «con el final del siglo XX ha terminado la época de grandes divisiones. El desarrollo tecnológico nos ha llevado a la época del intelecto, de la información y de la globalización, que requiere otros programas y otras estructuras».

LOS SEÑUELOS DE LA POLÍTICA: Guía políticamente incorrecta de la ciencia

Parece como si los científicos gozaran de cierta inmunidad. Toleran el examen, pero preferiblemente si se hace dentro de sus propias filas (...) Los que no son especialistas en [un determinado] terreno temen entrar en el campo de los demás, como no sea con un espíritu respetuoso. Por todo lo cual raramente se producen desacuerdos. Y los sacerdotes de la ciencia no se ven molestados, que es lo que en el fondo les gusta.Pero la verdad es que la ciencia se ha politizado, y si los científicos no quieren criticarse unos a otros ¿quién lo va a hacer? Creo que los periodistas necesitarían involucrarse más en este asunto. No hacer simplemente reportajes sobre temas científicos, sino prepararse para poder ser más críticos.  Los periodistas son generalistas y, con frecuencia, muy proclives a adquirir conocimientos básicos en cualquier nuevo campo. Pero también se muestran muy reticentes a enfrentarse a los especialistas (...) Algunas veces los periodistas creen que es peligroso cuestionar a los expertos. En realidad, lo verdaderamente peligroso es no hacerlo. Un antiguo y admirable refrán que se oía a menudo en las redacciones de los periódicos en la época del Watergate decía: "No aceptes las limosnas que te da el Gobierno". Pero eso es algo que tiende a olvidarse cuando se trata de la Medicina. En cierta ocasión le pregunté a un periodista por qué se mostraba tan poco crítico con lo que decía el Gobierno sobre el sida. "Yo no soy médico", me respondió.  En el terreno político, incluyendo los temas que se refieren a espionaje o a política exterior, los periodistas se toman en general grandes libertades. Sin embargo, no siempre es así. También aquí suelen recibir llamadas telefónicas advirtiéndoles de lo que significa la seguridad nacional. Por todo ello, hace unos treinta y cinco años un grupo de editores importantes decidieron formar su propio cuerpo de jueces críticos. El contexto era en aquel entonces la guerra de Vietnam. La Administración Nixon trataba de impedir la publicación de los llamados Documentos del Pentágono, un cuerpo de informaciones que se mostraba crítico con la guerra. Entonces se intentó activar una serie de mandatos judiciales para impedir la publicación de tales documentos, aunque finalmente prevaleció el "derecho a saber" que tiene el público. El primero en hacer pública aquella información fue el New York Times, y los demás periódicos le siguieron. Y a todos nos vino bien aquello. El papel que juegan los periodistas cuando desafían al Gobierno es beneficioso, sean cuales fueren los mecanismos que utilicen para hacerlo. El problema estriba en que con demasiada frecuencia no se atreven a desafiar la política gubernamental, sino que la apoyan, incluso cuando los fines del Gobierno son de evidente interés propio. El verdadero peligro está en no examinar a fondo el poder del Gobierno. Los periodistas examinan con lupa las afirmaciones del Pentágono, del Departamento de Estado o de la CIA (...) No se pretende conseguir con ello grandes avances en las relaciones internacionales, ni mucho menos. (...) Pero cuando se trata de temas científicos se muestran más reacios. El análisis de las afirmaciones científicas es algo que se ve generalmente relegado. El presupuesto del Instituto Nacional de la Salud se ha duplicado bajo el mandato del presidente Bush, y en lo que se refiere a la seguridad nacional se ha creado una gran muralla a partir del 11 de Septiembre. Es una muralla real y también simbólica: ¡No molesten! La clase sacerdotal de corbata y camisa blanca está trabajando. Busque su propio tratamiento. Y aunque uno debería pensar que les pagamos con nuestros impuestos, los periodistas se sienten intimidados. Habría que pedirles que emplearan con los jerarcas del Departamento de Salud Pública el mismo escepticismo que emplean con los del Departamento de Defensa. [...] [Por eso] se necesita una Guía políticamente incorrecta de la ciencia. En el campo de la ciencia, los Woodward y los Bernstein [1] no se han mostrado muy eficaces. Y sin una debida vigilancia los profesionales pueden a veces conducirnos a la muerte. En resumen, vale la pena comparar el tratamiento de la ciencia médica con lo que Thomas Carlyle llamó la "ciencia funesta", cuando se refería a la economía [...] En el siglo XIX la economía se conocía como "economía política", y estamos de acuerdo en que ése era su nombre correcto. La economía es más bien un asunto político que científico. Y la política es un campo en el que los periodistas no tienen miedo a pisar. Por lo que les estamos muy agradecidos (aunque Karl Marx fuera periodista). Durante décadas, como señala Michael Crichton, se consideró que la ciencia estaba por encima de la política. Después de todo, trataba con hechos y no con opiniones o juicios. Los hechos se comprobaban de forma experimental, y los experimentos se pueden repetir. La ciencia es un campo del saber que se autocorrige (una verdad a largo plazo). Por el contrario, la política es un campo de valores en contienda. Pero ha sucedido que la ciencia se puede politizar fácilmente. La razón más importante para ello es ésta: a menudo existe mucha incertidumbre en lo que se refiere a los hechos. En tales casos se pueden sustituir los hechos por preferencias, y esto puede resultar poco veraz. Un buen ejemplo de lo anterior es lo referente al calentamiento global. Suele decirse que, si no sabemos con certeza si hemos de coger un paraguas para ir al trabajo, ¿cómo vamos a predecir el clima que habrá dentro de cien años? Algunos de aquellos que hoy hablan con más fuerza del calentamiento global hablaban, hace veinticinco años, del enfriamiento global. Si el planeta se está calentando, ¿es responsable de ello la humanidad, o lo es el sol? Inevitablemente, al encontrarnos en semejante incertidumbre, la pugna por establecer hechos que se muestren relevantes se convierte en una pugna política. Son muchos los que no se dan cuenta de esto. En consecuencia, se ha iniciado sobre el tema del calentamiento global algo que recuerda a un auténtico debate. Está ampliamente aceptado que la meteorología es una ciencia inexacta, y que algunos de los alarmistas ven en ello, por ejemplo, un mecanismo político para frenar el crecimiento económico de Estados Unidos (...) [...] Toda aquella ciencia que se base en advertencias de mal agüero sobre el futuro debería resultar sospechosa, y habría que considerarla, casi por definición, politizada; aunque sólo fuera por el hecho de que las democracias, tal como se encuentran constituidas actualmente, responden con una desmedida prisa a cualquier aviso de crisis. En 1798, en Inglaterra, el economista Thomas Robert Malthus –un tipo lúgubre, seguramente– advirtió de que la población estaba creciendo con mayor rapidez que los recursos alimentarios. El Parlamento, sin embargo, no tomó ninguna medida, e hizo bien al actuar así. Pero el genio tutelar de Malthus en lo referente a los índices matemáticos de crecimiento siguió confundiendo a los estudiosos durante años, por más que tales índices estuvieran basados en cálculos erróneos. A pesar de ser un gran científico, el hombre estaba equivocado. Hace unos treinta años –siempre dentro del mundo occidental– volvieron a resurgir los temores de superpoblación malthusianos. Ahora se veía el asunto como una crisis a escala mundial. El biólogo Paul Ehrlich vaticinó que morirían de hambre millones de americanos (realmente, habría estado más acertado si se hubiera referido al problema de la obesidad). Estados Unidos facturó al extranjero miles de millones de preservativos. Sólo en 1990, según una estimación oficial, se enviaron 7.000 millones. Sin embargo, y como contraste, ahora empezamos a oír hablar de los problemas potenciales que presenta la reducción de la natalidad. En 2000, se creyó que el estallido de una "pandemia" de sida y VIH (virus de inmunodeficiencia humana) en los países subsaharianos podía llegar a ser tan alarmante que incluso el vicepresidente Al Gore y la secretaria de Estado Madeleine Albright llevaron el asunto al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Se trataba, según se decía, de una enfermedad que se transmitía por vía sexual; así pues, se volvieron a necesitar los preservativos. Hoy día, los países subsaharianos tienen el índice de crecimiento de población más alto del mundo (aunque puede estar usted seguro de que los preservativos seguirán necesitándose ahora más que nunca). Los acontecimientos futuros son de índole desconocida; y, para abreviar, la incertidumbre se convierte en una buena oportunidad para todos aquellos que buscan una forma de politizar la ciencia. Todos los departamentos gubernamentales se enfrentan básicamente a los mismos incentivos. Se benefician tratando de persuadirnos de que no podemos seguir viviendo sin ellos. Esto tal vez pudiera ser cierto en lo referente a aquellos departamentos ya veteranos, como las secretarías de Defensa, Estado y Justicia; pero la cosa resulta menos clara en aquellos otros que se han creado más recientemente en base a una supuesta emergencia (a la mente me viene ahora, por ejemplo, la Agencia para la Protección del Medioambiente). Todos estos organismos utilizan las mismas campañas publicitarias: "El problema es más grande de lo que podemos imaginar; pero no se preocupen: estamos esforzándonos en resolverlo. Así que ¡aumenten nuestro presupuesto, ya!". Los periodistas deberían sospechar de este tipo de campañas, tanto si pretenden incrementar nuestros temores como si quieren hacerlo con nuestras esperanzas. Tomemos el caso del Proyecto del Genoma Humano. Desde sus inicios se trató de un proyecto gubernamental, "un tema que debería ser llevado al Congreso", como afirmó el gurú de la ciencia James Watson, tratando de darle mayor realce. Se dijo que se lograrían grandes ventajas en el campo médico con ese proyecto, pero hasta ahora no se ha materializado ninguna de ellas; y, probablemente, seguirán sin materializarse. Sin embargo, aparte de algunas críticas (justificadas) por parte de la izquierda, deplorando su ideología "determinista", el proyecto del genoma no ha recibido más que alabanzas por parte de toda la prensa. En el ámbito de la ciencia básica, el proyecto genoma puede enseñarnos mucho, al final; aunque sólo sea para revelarnos la inmensidad de nuestra ignorancia. Probablemente el concepto del gen tendrá que ser revisado, y habrá que volver a escribir nuevos textos (...) [...] Cuando parece surgir una oportunidad ventajosa y los inversores privados la desdeñan, la cosa no debe de estar muy clara. En el caso del genoma, se pudo comprobar que el "negocio modelo" resultó inapropiado, pero el error de cálculo todavía fue peor. Incluso la ciencia lo miró con recelo. Lo mismo puede suceder con la investigación sobre las células madre. Y aunque los fondos gubernamentales se han visto restringidos, la investigación es legal. No obstante, si las promesas de indiscutibles ventajas médicas son tantas y tan grandes, ¿por qué resulta esencial que se comprometa en el asunto el Gobierno federal? ¿Es que acaso los grandes inversores saben algo más de lo que conocen los redactores de los grandes titulares de prensa? A veces los periodistas pasan por alto estas cuestiones. Quizás la razón estribe, en el caso de las células madre, en que el tema se ha enmarcado dentro de una especie de enfrentamiento entre las promesas científicas y la ética reaccionaria. Los científicos lo prefieren así. Pero las dificultades todavía no resueltas por la ciencia raramente se convierten en titulares. Otros temas son "políticos" de manera diferente. Tomemos, por ejemplo, la investigación sobre el cáncer. (...) durante tres décadas el Instituto Nacional del Cáncer ha seguido una teoría errónea sobre los orígenes de esta enfermedad: la teoría de la mutación genética. No es que los científicos involucrados en este trabajo –la gran mayoría de los investigadores sobre cáncer– hubieran adoptado tal teoría por motivos políticos. No era así. Si el argumento que expongo es correcto, el problema que subyacía en todo esto se debía al recorte de fondos gubernamentales que impedía la búsqueda de otras teorías alternativas. Una estrategia gubernamental que permitiera este contraste de teorías en las investigaciones hubiera parecido producto del descuido, no mucho mejor que un método de tanteo. Dicho claramente: la mayor parte del dinero empleado en la investigación hubiera sido "despilfarrado"; y a los políticos no les gustan esas cosas porque temen la censura. Prefieren que sean los expertos los que decidan, ya sea por consenso o mediante un comité, y ser ellos los que distribuyan los fondos. Por el contrario, la investigación del sector privado, por su propia naturaleza, sigue el método del tanteo. Se invierte el capital en un amplio abanico de ideas e investigaciones, de las cuales tal vez sólo una de ellas resulte rentable. En el sector privado a esto se le llama "riesgo", no despilfarro. Los grandes avances científicos que hemos visto en las últimas décadas, en el campo de los ordenadores y de la tecnología informática, han conllevado muchos riesgos y una gran cantidad de inversiones "despilfarradoras". Pero también se han conseguido enormes progresos. Históricamente, las teorías competitivas han representado la fuerza impulsora del progreso científico. Los investigadores aislados y las compañías privadas han constituido las fuentes más provechosas de estos avances. Y de la misma forma que sucede con el sistema de mercado competitivo, en la empresa privada, que sirve para fomentar la innovación, sucede también en el campo de las teorías científicas competitivas, que conducen a la investigación de nuevas teorías.  Cuando todos los huevos de la investigación se encuentran en el mismo canasto, la cosa es muy diferente. La conveniente competición se puede ver estancada, o totalmente eliminada, si tal es lo que decreta el Gobierno (como sucedió bajo el comunismo). Cuando prevalece una única fuente de ingresos, casi siempre se convierte la ciencia en la criada de la política. Pero no suele verse, en nuestros periódicos más importantes, el reconocimiento de que sea esto un problema. La revista Science, por ejemplo, vigila muy de cerca los gastos gubernamentales en temas científicos, estableciendo sin vacilar una correlación entre "más" y mejor. Las inversiones gubernamentales han promovido también la idea de que una teoría científica puede ser considerada veraz si dispone de suficiente apoyo (...) Una teoría aceptada por el 99% de los científicos puede estar equivocada. Pero los comités del Instituto Nacional de la Salud que deciden qué proyectos serán aprobados por el presupuesto se hallan inevitablemente formados por científicos que están muy de acuerdo con semejante teoría (...) La teoría de la evolución también se ve apoyada por un consenso total. Pero ¿es verdadera? La dificultad para saber lo que son los hechos (o lo que fueron) es, una vez más, una tarea gigantesca. Los hechos tuvieron lugar hace cientos de millones de años, cero más o cero menos, y la decadencia física ha convertido aquellos hechos en algo poco menos que imposible de conocer. Los fósiles están muy dispersos y son difíciles de interpretar. Así pues, tenemos pocos hechos; pero ahora lo desconocido reside más en el pasado que en el futuro. Los fósiles nos dicen que la mayoría de los organismos que en una época poblaron la Tierra ya no lo hacen. De esto pueden extraerse un gran número de conclusiones, o quizás sólo una. Nos inclinamos fuertemente a sustituir la fe por la duda. Recientemente, Ben Adler, de la revista New Republic preguntó a una serie de eminentes científicos si "creían en la evolución". Se arrancaron afirmaciones rotundas ("Creo en ella", "Por supuesto", "Sí"). Fue una cosa un tanto extraña. Ninguna de estas personas parecía haberse dado cuenta de que la fe es algo más apropiado para los temas religiosos que para asuntos científicos. Por Tom Bethell Este artículo es un fragmento editado de la introducción de la Guía políticamente incorrecta de la ciencia, editada por Ciudadela y que estará a la venta a partir del 29 de mayo.


[1] Los periodistas que destaparon el Watergate. Libertad Digital, suplemento Libros, 26 de mayo de 2006 

La Fundación para la Defensa de la Nación Española se presenta en Barcelona

Más de 300 personas llenaron el Aula Magna de la Facultad de Derecho de la Universidad de Barcelona (UB) para protestar contra el Estatuto catalán, convocados por las asociaciones Fundación para la Defensa de la Nación Española, Convivencia Cívica Catalana  y Universitarios Liberaldemócratas. Al acto asistieron el vicepresidente del Parlamento Europeo, Alejo Vidal Quadras y el presidente de la Fundación para la Defensa de la Nación Española, Santiago Abascal y el presidente de Convivencia Cívica Catalana, Francisco Caja.Francisco Caja, destacó que "el nuevo Estatut incluye la reforma de la Constitución y crea una Carta Magna para Cataluña". "Así pues, a partir del 19 de junio, perteneceremos a una nueva nación donde España pasa a ser un protectorado de Cataluña y donde, apelando a derechos históricos, existirán privilegios para algunos", agregó. Por ello, criticó que el Estatuto "supone más poder para los políticos y menos libertades para los ciudadanos y, por eso, si las libertades fundamentales están por detrás de Cataluña, entonces yo votaré en el referéndum en contra de Cataluña".

Por su parte, el portavoz de la Asociación de Estudiantes Universitarios Liberaldemócratas, Ángel Escolano, opinó que en nuevo Estatuto es "un atentado para las universidades, más allá de ideologías, ya que amenaza de manera directa la autonomía de éstas".
 

Libertad Digital, 26 de mayo de 2006

China ya se ha despertado

Ocupados por el terrorismo internacional y el islamismo, a menudo olvidamos que el actor más pujante en el escenario internacional es China.

 

Ocupados por el terrorismo internacional y el islamismo, a menudo olvidamos que el actor más pujante en el escenario internacional es China, el único con capacidad real de desafiar a Estados Unidos y el que más intenciones expansionistas alberga. El quinto informe anual elaborado por el Pentágono bajo el título “Report on the Military Power of the People’s Republic of China” ha sido presentado esta semana en el Congreso de los Estados Unidos y confirma los peores temores.El mayor país comunista en la actualidad (un comunismo, es cierto, que asume aspectos capitalistas y, principalmente, nacionalistas, pero que sigue siendo dirigido con mano de hierro por el Partido Comunista Chino) ha conseguido, según el citado informe, inclinar el equilibrio de fuerzas en el estrecho de Taiwán a su favor, no se recata en afirmar que Taiwán es sólo un paso más en sus aspiraciones de expansión en el Pacífico, ha avanzado en su poder militar en armas estratégicas e impulsado el arma nuclear.

En un momento en que los frentes abiertos en los que está implicado el ejército norteamericano son varios y sus expectativas de cierre no parecen muy halagüeñas, la aceleración de la presión por parte de una China que se sabe fuerte y difícilmente atacable añaden incertidumbre a la evolución de la situación internacional. Junto a las zanahorias en forma de ventajas en caso de colaborar y asumir un papel pacífico y responsable en la región, cada vez se ve más claro que en la relación con China no se puede descartar el uso de algún palo que muy probablemente iría en la línea de marcar algunas líneas supuestamente infranqueables.

Unos límites que se hacen especialmente sensibles si consideramos la extrema rapidez con que se han modernizado las fuerzas armadas chinas a lo largo de la última década y que hacen que a lo largo de este año se prevea que China poseerá ya misiles con capacidad de alcanzar objetivos en el territorio continental de los Estados Unidos.

Pero sin necesidad de llegar hasta América, y más allá del evidente conflicto con Taiwán, el informe del Pentágono señala el incremento de acciones y movimientos hostiles hacia Japón y hacia los estados del Asia central que acogen bases norteamericanas. Todo parece indicar que la cuestión china no podrá seguirse pasando por alto y que la tensión política en la región de Asia-Pacifico seguirá incrementándose en el futuro inmediato.

Publicado en American Review por Jorge Soley Climent
25-05-2006