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Políticamente... conservador

Identidad y cultura: el problema de la inmigración

El país anda revolucionado ante la avalancha de inmigrantes ilegales que cada día arriba a nuestro suelo. Los canarios demandan la instalación de un sistema similar el empleado por la Guardia Civil para controlar el estrecho, el famoso SIVE. Incluso se pide ayude a la Armada para poner fin al flujo de los cayucos, las nuevas pateras.El hecho es que es verdad que nos encontramos ante un fenómeno nuevo tanto por su intensidad como por su duración. Lo malo es que lo que estamos viendo ahora es sólo el comienzo de algo que por fuerza va a ir a peor. Por fuerza porque depende de dos variables: la galopante demografía de nuestros vecinos del sur que vuelve del todo imposible la integración de millones de jóvenes en su sistema económico y social; y las expectativas de riqueza y bienestar que ofrece Europa. No nos engañemos, mientras España siga creciendo y disfrutando de una buena calidad de vida, los inmigrantes seguirán sintiéndose atraídos por nuestro país. No en balde se concentran en las autonomías más ricas y dinámicas.Controlar los flujos es una tarea condenada al fracaso por muchos medios que se pongan. Nadie va a ordenar hundir un cayuco, o abandonar a unos pobres desgraciados a su suerte en alta mar. Lo que se podrá hacer es canalizar las rutas de llegada, pero poco más.Lo que sí puede y debe hacerse, no obstante, es acabar con el cinismo legal que rodea todo el asunto. Si un inmigrante viene a España y encuentra trabajo es porque el mercado y su juego de la oferta y la demanda se lo permiten. Pero lo que no se debe permitir es que llevados por el buenismo y el humanitarismo mal entendidos un emigrante ilegal tenga más derechos de facto que uno legal o, incluso, que un español nativo. Es más, lo que no debe admitirse nunca, salvo que uno esté dispuesto al suicidio, es que un inmigrante crea que tiene garantizada la residencia burlando la Ley o que, siendo ya legal, puede acceder a la nacionalidad española cumpliendo unos fáciles trámites administrativos.El problema de la inmigración no tiene por qué ser un problema económico y si es un asunto de seguridad ciudadana es porque la legislación actual favorece a la criminalidad extranjera, que encuentra en España un marco más que permisivo. Pero la inmigración sí plantea un problema real, el de la identidad nacional. Desde luego es una exageración afirmar que todos los musulmanes son terroristas, pero tampoco deja de ser cierto que si no tuviéramos bolsas musulmanas en nuestro suelo, el 11-M no habría sido posible. Cuando ciertas prácticas religiosas, como el Islam, o actitudes nacionales, árabes y norteafricanas, impiden la plena integración, es la identidad española lo que se pone en juego si a sus descendientes, por ser nacidos en tierra de España, se las da gratuitamente nuestra nacionalidad. Esa es una triste realidad de la que los franceses ya cuentan con una amarga experiencia.La economía exige inmigrantes. Bienvenidos sean mientras se comporten como personas de bien. Que les caiga el castigo merecido, incluida la expulsión por vía rápida administrativa, si delinquen. Pero España no necesita de españoles que no lo son más que en sus pasaportes de nuevo cuño. Ahí radica el problema. Los Mustafá, Mohamed, Amil y demás, aunque sean nacidos en Lavapiés, responden a otros parámetros de identidad y comportamiento. Y la integración no puede consistir en darles todos los beneficios sociales sin exigir nada a cambio. Es más, no puede consistir únicamente en concederle el derecho a ser como son, esto es, respetar que sean distintos a nosotros. De seguir actuando así por nuestra parte, acabaremos dominados cultural e identitariamente. Es cuestión de tiempo y de matemáticas.

GEES, Grupo de Estudios Estratégicos.
 

Libertad Digital, 26 de mayo de 2006

MORALEDA Y LA RELIGIÓN LAICISTA: Catequistas del laicismo

Al señor Fernando Moraleda, secretario a la sazón de prensa y propaganda, se le está atragantando la Iglesia y, como dijo algún protagonista de nuestra historia, de cuyo nombre no me quiero acordar, tendrá que tener muy en cuenta que la carne de cura es indigestaAl señor Moraleda le gusta calentar el ambiente, sea con el atizador o con los SMS. Tardó menos de lo que canta un gallo, el de la traición del apóstol Pedro por eso de que hablamos de las cosas de Roma, en replicar al Papa y, de paso, recordarle que lo que hace este Gobierno, que nos desgobierna, es seguir el programa del partido socialista y no el Catecismo, sin especificar a cuál de ellos se refería.No sé por qué me da que el señor Moraleda hace ya mucho tiempo que no lee catecismos, pese a que sigue a pies juntillas el origen etimológico de la palabra: meter ruido. Si acaso, ojea el libro rojo de Mao, que seguro le sugiere no pocas estrategias de conformación cultural de la ciudadanía. Aquí no se trata de catecismos, se trata de catequizados ideológicos y de catequistas del laicismo opresor. Se trata simplemente de cumplir la Constitución –artículos 16 y 27–, la Declaración de Derechos Humanos y los Tratados y Acuerdos Internacionales –Constitución, artículos 10 y 96– como es el caso de los firmados entre la Santa Sede y el Estado español.En la presentación de las cartas credenciales del nuevo embajador de España ante la Santa Sede, el católico confeso y confesante Francisco Vázquez –a quien Dios guarde muchos años por el bien de todos–, el Papa hizo, una vez más, un repaso de los principios de la relación entre la Iglesia y el Estado español. Su descripción iba acompañada de un fino ejercicio de contextualización, con el que recordó que "las multiseculares relaciones diplomáticas entre España y la Santa Sede reflejan el vínculo constante del pueblo español con la fe católica. La gran vitalidad que la Iglesia ha tenido y tiene en su país es como una invitación especial a reforzar dichas relaciones y fomentar la colaboración estrecha entre ella y las instituciones públicas, de manera respetuosa y leal, desde las respectivas competencias y autonomía, con el fin de lograr el bien integral de las personas que, siendo ciudadanos de su patria, son también en gran medida hijos muy queridos de la Iglesia".Con el tono mesurado que le caracteriza, con la precisión conceptual propia de un maestro del pensamiento, en coherencia con los últimos discurso de Juan Pablo II a los obispos españoles, Benedicto XVI recordó que los Acuerdos conforman un marco viable para las relaciones entre la Iglesia y el Estado en pos del bien común de todos y cada uno de los españoles. ¿Acaso está pensando el señor Moraleda que los católicos, por el hecho de tener convicciones, son sospechosos de ser malos ciudadanos, conflictivos, complejos, problemáticos? Convendría que no se confundiera, ni confundiera a la opinión pública con bonitas frases hechas, en el estela de su líder, quien suele repetir que la fe no legisla. Da la impresión de que el señor Moraleda y quienes le suministran las frases ni entienden ni quieren entender. Lo que ocupa y preocupa al Papa, y a los católicos españoles, es lo que un pensador de nuestro tiempo, nada sospechosos de ser seguidor del catecismo, Jürgen Habermas, escribió en el Die Welt: "Creo que el Estado liberal debe ser muy cuidadoso con las reservas que alimentan la sensibilidad moral de sus ciudadanos, porque además esto es algo que redunda en su propio interés. Estas reservas amenazan con agotarse, sobre todo teniendo en cuenta que el entorno vital cada vez está más sujeto a imperativos económicos".La contraposición que establece el señor que mora en la lerda dialéctica entre laicismo y confesionalidad oculta sus verdaderas intenciones. Hoy, si existe un cierto confesionalismo, es más laicista que religioso. Un Estado confesional no es sólo aquel que proclama una religión oficial y protege una religión determinada, sino también el que pretende orientar las decisiones éticas de los ciudadanos, privilegiando una concepción antropológica, del matrimonio, de la familia, de la vida, de los valores fundamentales de la enseñanza y de las relaciones humanas. En España, el Estado aconfesional proclamado por la Constitución ha pasado ya a ser un Estado confesional laicista por obra gracias de magos de la palabra y el ingenio como el señor Moraleda, a quien la Moncloa guarde muchos años.  Por José Francisco Serrano Oceja Libertad Digital, suplemento Iglesia, 25 de mayo de 2006

Españas previsibles, católicos en la frontera

El historiador y periodista Paul Johnson describe en Tiempos Modernos, un libro que se ha convertido en un clásico, el ambiente ideológico que explica el ascenso del nacionalsocialismo al poder en la Alemania de los años 30. Se forman dos bloques culturales e ideológicos férreos: la Alemania de la cultura, que defiende las supuestas esencias de la nación; y la Alemania de la civilización, occidentalista, moderna y relativista. No se pueden hacer paralelismos fáciles con las dos Españas que ahora parecen resurgir. Los bloques ideológicos no son simétricos por sus contenidos y, de momento, no parece estar fraguándose una amenaza totalitaria. Pero sí hay dos fenómenos que actualizan las páginas de Johnson: la radicalización de posturas y el incremento del esquematismo. El barómetro del CIS del mes de abril es significativo. En marzo de 2004 sólo se declaraba de derechas un 1,3 por ciento de los encuestados, ahora se define así un 2,8 por ciento. Hace dos años los encuestados que se consideraban de centro derecha eran el 8,1 por ciento y ahora ese porcentaje asciende al 10,4 por ciento. El centro se mantiene en el entorno del 32 por ciento, pero la adscripción al centro izquierda desciende y la adscripción a la izquierda pasa en dos años del 6,9 por ciento al 8,7 por ciento. Junto a este “corrimiento” del espectro político hacia los extremos hay otro fenómeno más difícilmente cuantificable. Tras la inesperada victoria socialista el 14 de marzo de 2004, el PP siente la necesidad de cerrar filas en torno a su anterior gestión. Desde el minuto cero, la política de Zapatero se dirige a aislar a la oposición, a echar por tierra sus conquistas. En una dinámica de acción-reacción, esta política del presidente socialista provoca una defensa del PP que ni revisa mensajes ni renueva líderes. Zapatero, apoyado por buena parte de los medios de comunicación, polariza a todo su partido y a la inmensa mayoría del centro izquierda. El miedo a lo peor, es decir, a ser tachados de “peperos”, lleva a este sector social a apoyar todas las políticas que están poniendo patas arriba el consenso constitucional. Políticas que, en muchos casos, el centroizquierda no consideraba necesarias (es el caso de la reforma de los estatutos). Esa España se vuelve desgraciadamente previsible: necesariamente acrítica con “la revolución social” de Zapatero, defensora a ultranza del nuevo federalismo asimétrico y anticatólica. Enfrente también fragua una España previsible de centro-derecha, identificada casi exclusivamente por su defensa de la unidad nacional, unidad nunca adecuadamente explicada ni críticamente actualizada. Buena parte de esa España de centro-derecha, herida por la derrota electoral y por las políticas de agresión de Zapatero, se refugia en mensajes simplificadores que alimentan la instintividad, la descalificación y que ahorran el siempre fatigoso ejercicio de la razón. Ninguna de las Españas previsibles parece estar interesada en cruzar la frontera que han construido, romper esquemas y entablar un auténtico diálogo. Es la consecuencia de una sacralización de las posiciones políticas, que acaban imponiendo su dinamismo a la sociedad. En este contexto, los católicos podrían ser los primeros en atravesar las fronteras, o los primeros en instalarse en ellas, para desacralizar la vida política y sanear la vida social. Es lo que hicieron sus antepasados en el Imperio Romano.  Fernando de HaroPáginas Digital, 24 de mayo de 2006

"LA TRAICIÓN DE LOS PROFES": Revel y la pedagogía

Formé parte de ese "colectivo" de profesores progres que quería hacer la revolución desde la escuela. Nos guiamos, yo diría que con buena intención, por unos principios pedagógicos que, con el correr de los años, se han ido transformando en dogmas y se han llevado por delante la autoridad del profesor, la disciplina en las aulas y el interés por el saber y el conocimiento.Abandonar el progresismo, descubrir sus falacias, engaños y mentiras, exige mucho esfuerzo; exige que uno vuelva sobre los propios pasos en la búsqueda desesperada del punto del camino en que se abandonó la buena dirección. En esas andaba yo cuando, en 1996, los socialistas de Felipe González fueron derrotados en las urnas y en España comenzó a gobernar la derecha de José María Aznar. Fue entonces, también, cuando empezaba a generalizarse la implantación de la ley de educación elaborada por los gobiernos socialistas, la LOGSE.  Un buen día, un amigo con el que charlaba del desastre educativo que se avecinaba me recomendó que leyera El conocimiento inútil, de Jean-François Revel, y, en particular, que me fijara en uno de sus capítulos, "La traición de los profes", en el que el pensador francés expresaba sus ideas sobre lo que estaba ocurriendo con la enseñanza en su país.  Así fue como descubrí a Revel. Debo decir que me quedé un tanto aturdida por la claridad y firmeza con que denunciaba la responsabilidad que habían tenido los maestros y profesores de izquierdas en el destrozo de la escuela pública francesa. Más que leer, estudié esas páginas de Revel, que, fotocopiadas y subrayadas, he guardado desde entonces y he utilizado en charlas y artículos sobre asuntos relacionados con la educación.  Para Revel, no cabía duda alguna de que la decadencia de la enseñanza pública francesa era "consecuencia de una opción deliberada, según la cual la escuela no debe tener por función transmitir conocimientos", y de que su origen está en aquel movimiento del 68 que nació en Estados Unidos con un carácter fundamentalmente antiautoritario y de revolución de las costumbres y que, al trasladarse a Europa, se vio rodeado de todos los tópicos de la izquierda más totalitaria.  Para el pensador francés, la pedagogía que desde entonces dominó en Europa se inspiró en dos principios fundamentales: uno de ellos, un feroz antiliberalismo que llevó al profesorado a combatir abierta y decididamente la sociedad capitalista; el otro, que "la simple transmisión del conocimiento era reaccionaria". Según Revel, después de la Segunda Guerra Mundial la enseñanza francesa sufrió una extraña estalinización. La mayoría de los libros de texto de geografía e historia de los años 50 eran bolcheviques. Pero a partir de los 60, en un momento determinado, "el profesorado, no contento con estar inconscientemente sometido a la ideología marxista, decide utilizar su situación privilegiada ante la juventud para combatir la civilización liberal". A partir de entonces, escribió Revel, "la misión de los maestros ya no será enseñar sino acabar con el capitalismo e impedir el paso del imperialismo". En esta nueva tarea no se librarán de participar ni siquiera los libros de lenguas extranjeras. Las escuelas se convertirán en centros de convivencia donde la "apertura al prójimo y al mundo" tomará mayor importancia que el cultivo del saber. Se eliminará completamente el criterio, considerado reaccionario, de la competencia: "El alumno no deberá aprender nada y el profesor podrá ignorar aquello que enseña".  Esto que decía Revel de las escuelas francesas es perfectamente aplicable a la situación española. La izquierda domina en la enseñanza pública, y ¡ay de aquel que, desde ideas conservadoras o liberales, se atreva a enmendar el trabajo llevado a cabo por sus pedagogos, sindicatos, asociaciones y políticos! Cuando lo intentó hacer el Partido Popular, primero con la ministra liberal Esperanza Aguirre y más tarde con la Ley de Calidad de la Educación de Pilar del Castillo, todas las fuerzas del trasnochado progresismo se pusieron en guardia, y no vacilaron en utilizar todo tipo de falacias y subterfugios para impedir que les fuera arrebatado lo que consideran suyo: el control absoluto de la escuela pública. Ahora que las nefastas consecuencias de esa pedagogía progre y de aquella LOGSE igualitaria están saliendo a la luz, y que muchas voces denuncian la decadencia que viene sufriendo la enseñanza pública en España, la izquierda, que no está dispuesta a aceptar su responsabilidad, culpa a los políticos de derechas de favorecer la enseñanza privada y de no haber dado los suficientes recursos económicos a la escuela pública. He leído artículos de sesudos intelectuales progres en los que se responsabiliza del destrozo educativo al "capitalismo neoliberal", que intencionadamente, dicen, ha querido construir una generación de consumidores manejables y desinformados. En fin, como bien sabía y denunciaba Jean-François Revel, el poder de la propaganda es demasiado poderoso, y contra él no vale argumentar con la verdad y el razonamiento. Así que cada vez que ante mí se plantea la discusión de quién es el culpable de lo mal que está la enseñanza en España, saco esas páginas manoseadas y subrayadas de "La traición de los profes", del fallecido pensador francés, y aconsejo su lectura a mis interlocutores.  Alicia Delibes Libertad Digital, suplemento Ideas, 24 de mayo de 2006 

Europa, de resaca

La historia enseña, una y otra vez, que no hay atajos. Las sociedades humanas avanzan siguiendo el camino duro; no hay alternativa. El comunismo prometía la Utopía en la Tierra. Tras tres cuartos de siglo de sufrimientos indecibles, la Unión Soviética colapsó entre privaciones y miserias, dejando a la inmensa Rusia con una economía no mayor que la de la minúscula Holanda. Ahora asistimos al espectáculo que nos depara otro experimento hedonista, la UE, en el momento en que aprende las cosas desagradables de la vida.La Unión Europea se erige sobre una fantasía: que los hombres y las mujeres pueden trabajar cada vez menos, tener vacaciones cada vez más largas y jubilarse a una edad más temprana al tiempo que ven crecer sus ingresos, en términos reales, y su nivel de vida. Este milagro debe ser obra y gracia de una iluminada regulación burocrática de todos y cada uno de los aspectos de la vida. La UE es un concepto francés, y en gran medida sigue siendo gestionada con ideas francesas. Y Francia es el país arquetípico de la Unión. Si usted tiene un trabajo fijo en el Hexágono, su vida es, en teoría, idílica: trabaja 35 horas a la semana; por lo general, tiene cuatro semanas de vacaciones en agosto y otras tres a lo largo del año, además de 11 festividades nacionales; y recibe una completa atención médica incluso durante la jubilación. La edad de retiro varía, pero ahora suele estar en los 55 años. Las pensiones pueden ascender a entre dos tercios y tres cuartas partes del salario percibido en el momento de acceder a la jubilación.  Todo esto es maravilloso, pero depende, incluso en teoría, de que la Unión Europea se expanda continuamente, de que su economía funcione a pleno rendimiento, de que su productividad se incremente sensiblemente y de que el mundo viva en una paz profunda, resguardado en un lujoso nido, mullido y bien tranquilo. Pero en la vida real las cosas son distintas.  La UE ha descubierto, desde el otoño de 2001, que tiene poca capacidad para determinar los acontecimientos porque sus fuerzas armadas son reducidas, carecen de recursos suficientes y están obsoletas y mal entrenadas. Aparte de provocar problemas en la ONU, Francia y Alemania –esos antiguos gigantes militares que una vez hicieron temblar al mundo– son meras comparsas. Francia, seguida de la aún más reticente Alemania, se ve obligada a tomarse en serio la Defensa por primera vez en muchos años, con lo que sus cálculos presupuestarios se han visto desbordados.   Francia recibió un tremendo golpe cuando más de 10.000 ancianos murieron, exhaustos, durante una ola de calor –algunos de ellos, mientras se encontraban, supuestamente, bajo cuidado médico en los hospitales–. Por culpa de la jornada semanal de 35 horas y las largas vacaciones de agosto, los hospitales estaban cortos de personal. Las familias de los que murieron también estaban de vacaciones.  Y, otro duro golpe que cayó al mismo tiempo, el Gobierno francés descubrió que su plan de beneficios al desempleo para trabajadores a tiempo parcial de la industria del ocio, aunque generoso, no contaba con la financiación suficiente y estaba al borde del colapso. El Gobierno decidió súbitamente suspender los beneficios. A resultas de ello los trabajadores fueron a la huelga, y prácticamente todos los festivales culturales importantes, el orgullo de la industria turística francesa, hubieron de ser cancelados.  Todo esto son síntomas de una dolorosa enfermedad: una depresión, de alcance continental, nacida del descubrimiento de que la prosperidad de la UE es una casa construida sobre la arena. Mientras la economía americana remonta, la de la UE permanece estancada, rozando la recesión. La jornada semanal de 35 horas es espléndida... si uno tiene un empleo; pero ¿qué pasa con los millones de personas, y cada vez son más, que están fuera del mercado laboral y cuyos subsidios se ven amenazados ahora por recortes o por adelantos en el plazo de vencimiento? El paro, ya elevado, está creciendo en Francia y Alemania.  Hay planes para recortar la mano de obra en prácticamente todas las industrias. Los trabajadores han pasado a ser demasiado caros, especialmente en Francia y Alemania, donde los pagos a la Seguridad Social cuestan al empresario casi tanto como los salarios. En una tentativa desesperada por poner su economía en movimiento, Francia está determinada a recortar los impuestos, aunque esto elevará su déficit a unos niveles estrictamente prohibidos por las normas que rigen para la divisa común europea, el euro. París se arriesga, así, a que le sean impuestas enormes multas, o, más probablemente, a que se derrumbe la confianza en el euro.  La verdad es que la UE ha estado viviendo por encima de sus posibilidades, y las facturas le están llegando puntualmente.  Los pronósticos para la Europa continental son siniestros. El plan de mejora perpetua del que depende la UE se basa en la expansión económica contínua. No hay previsión para el estancamiento. Como vemos en Japón, el estancamiento, una vez entra en escena, puede durar muchos años. Los americanos deberían estar contentos, sobre todo por la suprema bendición de contar con una economía gestionada por empresarios, no por burócratas, o que –bajo una sabia gobernanza– se gestiona a sí misma.   El eminente historiador Paul Johnson acaba de presentar su último libro: American Presidents Eminent Lives Boxed Set: George Washington, Thomas Jefferson, Ulysses S. Grant.  Libertad Digital, suplemento Exteriores, 23 de mayo de 2006 

Cómo persuadir a los nuevos líderes palestinos para que renuncien al terrorismo

El problema no es que Hamás no reconozca a Israel. El problema es que Hamás no puede reconocer a Israel.

 
El problema no es que Hamás no reconozca a Israel. El problema es que Hamás no puede reconocer a Israel.Hamás es un grupo terrorista que se ha convertido en un partido político. Y sin embargo, hay algo mucho más significativo, es una organización religiosa y parte de un movimiento global.Ese movimiento va bajo varios nombres: Islamismo militante, fascismo islámico, yihadismo radical y salafismo, entre otros. Los rivales por el liderazgo del movimiento incluyen a Osama bin Laden y al presidente iraní Mahmud Ahmadineyad. Hace poco hablé con un distinguido erudito religioso musulmán moderado y me decía que en el islam no sólo la gente y las comunidades tienen derechos. Dios también tiene derechos. Para Hamás, es un artículo de fe – en el sentido más literal – que cualquier territorio conquistado por guerreros islámicos pasa a pertenecer a Alá. Si esas tierras son reconquistadas por infieles, es obligación de los musulmanes librar una yihad, una guerra santa, para recuperarlas. Uno puede materializar esta obligación religiosa o puede no conseguirlo. Lo que uno no puede hacer, según Hamás, es violar Sus derechos. Tal como lo dicen claramente los Estatutos de Hamás: “La tierra de Palestina ha sido un Waqf [don] islámico a través de generaciones y hasta el Día de la Resurrección, nadie puede renunciar a ella o a una parte de ella, no abandonar ni a una parte de ella”. Por esta razón, Hamás “lucha por izar la bandera de Alá sobre cada centímetro de Palestina”. Esto no significa que Hamás tenga que empezar una guerra total contra Israel de forma inmediata. Los líderes de Hamás pueden tener buena voluntad, hasta el deseo de mantener una hudna, un período de tranquilidad con Israel. No es ningún pecado – ni religioso ni de estrategia – pelear después si eso significa que hay más posibilidades de ganar, mejor que hacerlo antes si eso significara que hay más posibilidades de perder.Entender esto es darse cuenta que es poco realista que los diplomáticos le exijan a Hamás que renuncie y contenga la violencia por interés propio.Los líderes de Hamás necesitan ser guiados para llegar a la conclusión – por ahora – de que Israel es demasiado fuerte para ser retado. Se les debe comunicar de manera muy clara que ellos serán personalmente responsables por cada ataque que se origine en el territorio que ellos controlan, incluso si se puede afirmar plausiblemente que ha sido otro grupo terrorista – por ejemplo la Yihad islámica palestina o las Brigadas de los Mártires de al-Aqsa – quien haya disparado un misil o enviado a un terrorista suicida. A Israel no se le debe impedir que responda con dureza a cualquier provocación, tan enérgicamente que incluso los líderes de la línea más dura en Hamás tengan que reconocer que la violencia es contraproducente. Hamás no debería recibir ninguna ayuda de ninguna clase por parte de la comunidad internacional a menos que demuestre que sí puede controlar a los asesinos y que así lo hará. En otras palabras, una vez que Hamás tenga la autoridad, debe forzársele a aceptar también la responsabilidad; más aún porque Hamás no se ha impuesto sobre los palestinos sino que han sido elegidos por los palestinos. Es ingenuo por parte de americanos, europeos e israelíes creer que pueden lograr que los líderes de Hamás cambien sus profundas creencias religiosas. Pero hacer cálculos por intereses propios afectará su comportamiento. Ahora no es el momento de tratar de cerrar un acuerdo de paz o un tratado final sobre las fronteras entre Israel y un estado palestino. Lo que se puede lograr es lo que Henry Kissinger ha llamado “un entendimiento interno a largo plazo”. Según las encuestas hechas desde que Hamás ganó las elecciones, dos tercios de los palestinos no están de acuerdo con el rechazo al derecho de existir de Israel basado en la religión. La mayoría de los palestinos siguen estando a favor de la solución con dos estados, especialmente si la alternativa es la disputa y las privaciones por tiempo indefinido.¿Podría ser que Hamás se comportara como un partido político normal y que cambiase sus posiciones para alinearse mejor con el sentir de los electores? Eso es muy, muy improbable. ¿Podría Hamás persuadir a la mayoría de los palestinos a asumir su opinión de paz con Israel basada en la religión como una imperdonable apostasía? Sí, por supuesto, pero eso será menos probable si se castiga constantemente al terrorismo, no que se le premie; y si los palestinos se dan cuenta que su odio e intransigencia antiisraelí es lo que no permite que sus vidas y las vidas de sus hijos prosperen. Si llegan a entenderlo, los palestinos elegirán líderes diferentes: Políticos que puedan llegar a acuerdos en lugar de extremistas religiosos que no pueden conseguirlos.Gobernar es escoger. Una comunidad internacional que respete a los palestinos permitirá que ellos escojan y que acepten la responsabilidad de su elección. No los tratará como bebes, tratando de protegerlos de las consecuencias de sus decisiones (incluyendo la elección de Hamás). También garantizará que cuando los palestinos estén listos para elegir otros rumbos, tengan la libertad de poder hacerlo así.Clifford D. May, antiguo corresponsal extranjero del New York Times, es el presidente de la Fundación por la Defensa de las Democracias. También preside el Subcomité del Committee on the Present Danger.

 Publicado en American Review por Clifford D. May / Miryam Lindberg
American Review, 23-05-2006 

Solidaridad entre generaciones.

Un encuentro en Roma subraya responsabilidades y desafíos

ROMA, sábado, 20 mayo 2006 (ZENIT.org).- Un encuentro reciente en Roma ha considerado la «grieta generacional» desde una perspectiva diferente. En lugar de las preocupaciones normales sobre el mal comportamiento de la juventud, el tema a debate fueron las obligaciones de la generación adulta con respecto a los más jóvenes.

La Pontificia Academia de Ciencias Sociales tuvo su 12ª sesión plenaria del 28 de abril al 2 de mayo sobre el tema «¿Desaparece la juventud? Solidaridad con los niños y los jóvenes en una época turbulenta». En la mañana del primer día de sesiones, el cardenal López Trujillo, presidente de la Pontificio Consejo para la Familia, trató el tema de «El don de la Vida».

Se centró en los primeros momentos de la relación entre las dos generaciones: es decir, la transmisión de la vida. La procreación humana, explicaba el cardenal, es vista por la Iglesia como el fruto de un total darse a sí mismos. En este contexto, se considera a los hijos como el supremo don del matrimonio, y la familia, un santuario de vida.

Los hijos son tanto un don como una responsabilidad, apuntaba el cardenal – un don que viene, en primer lugar, de Dios. Son también una responsabilidad conjunto para el marido y para la esposa. El «nosotros» de los padres se convierte en el «nosotros» de la familia y, desde los primeros momentos de la vida del niño, comienza el proceso de educación. Desgraciadamente, si los padres no cumplen con esta responsabilidad, los hijos pagan un alto precio. En algunos casos, se les puede considerar «huérfanos con padres vivos», afirmaba el cardenal López Trujillo.

Las familias también se enfrentan a desafíos externos, añadía, refiriéndose a las presiones de los círculos neomaltusianos que buscan restringir el número de hijos. Otras dificultades surgen de dentro, cuando prevalece un punto de vista egoísta de la sexualidad, en la que el amor no se da como un don, sino que se reduce a placer.

Frente a estas dificultades, el cardenal López Trujillo, invitaba a las familias a dar a sus hijos valores sobre los que puedan construir para dar significado a la vida y a sí mismos. Esta «urgente necesidad de comunicar certezas», afirmaba, es de suma importancia en un mundo que destila subjetivismo y relativismo moral.

En su presentación, Kenneth Arrow, un profesor de economía de la Universidad de Stanford, sostenía que las obligaciones éticas de los padres no se han estudiado a fondo. El discursa secularista de hoy ve a todos los individuos teniendo derechos y obligaciones, afirmaba Arrow, «pero no una énfasis especial en la relación padres-hijos».

Valorar a los hijos
Visto desde una perspectiva económica, los recursos fluyen de los padres a los hijos, que no son todavía miembros productivos de la sociedad. Así, bajo una perspectiva utilitaria resulta difícil desarrollar una teoría de la justicia que proporcione lugar suficiente a los hijos. El premio Nobel Gary Becker da un paso más en la teoría económica, al considerar a los hijos como bienes de consumo duraderos, permitiendo que su bienestar entre dentro del bienestar de la familia. Visto desde esta perspectiva, los padres actúan como administradores de sus hijos.

Arrow consideraba importante desarrollar más este concepto de los padres como administradores. Es especialmente importante a la luz del siempre mayor número de hogares con un solo progenitor. La extensión del divorcio unilateral ha tenido un impacto negativo significativo en el bienestar de los hijos, añadía. Por otro lado, la capacidad del Estado para compensar los defectos de las situaciones familiares de pobreza es muy limitada.

Pierpaolo Donati, de la Universidad de Bolonia, también consideraba algunos de los problemas a que se enfrentan los niños y los jóvenes. Entre los desafíos que mencionaba están:

-- La ciencia y la tecnología aplicadas a la procreación humana amenazan la dignidad del ser humano desde el momento mismo de la concepción.

-- La erosión de la familia como institución social quita una de las protecciones primarias de los hijos.

-- Las presiones económicas tienen diversas manifestaciones: explotación de menores como trabajadores; indiferencia hacia los que no producen; y presión por adoptar un estilo de vida centrado en el materialismo.

-- Las presiones psicológicas y culturales vuelven más problemático el paso de la adolescencia a la edad adulta.

Donati también observaba que, paradójicamente, la proliferación de declaraciones y cartas de los derechos del niño y de informes sobre su situación han hecho poco por mejorar estos temas. En muchos casos se han convertido en poco más que un indicador de problemas, más que lograr algún verdadero progreso en la protección de los niños.

En general, insistía Donati, necesitamos cuestionar el tipo de civilización mundial que estamos construyendo y el lugar que los niños y jóvenes tendrán en esta civilización. Con demasiada frecuencia, indicaba, el miedo al futuro invade la cultura secularizada actual, percibiendo sólo los riesgos y las dificultades.

Contra esta visión, la Iglesia expresa su esperanza en la juventud. Donati citaba las palabras del Papa Juan Pablo II en «Tertio Millennio Adveniente», No. 58: «El futuro del mundo y de la Iglesia pertenece a las jóvenes generaciones».

Desafíos

Algunas de las presentaciones durante el encuentro resaltaron la gran diversidad de problemas a los que se enfrentan los jóvenes. Paulus Zulu, de la Universidad de KwaZulu-Natal, de Sudáfrica, trató el problema de los niños excluidos de África. En muchos casos los gobiernos son incapaces de poner a disposición de la población los bienes y servicios básicos. Estos lleva a altos niveles de mortalidad infantil, hambre, y a graves deficiencias en la educación.

Mina Ramírez, del Asian Social Institute de Manila, en Filipinas, también trató los problemas relacionados con la salud y la educación. El trabajo infantil y la explotación sexual presentan también una serie de desafíos.

Kevin Ryan, de la Universidad de Boston, habló sobre la situación de los jóvenes en Norteamérica. Indicó tres factores dominantes:

1) Una familia con problemas y debilitada. Estados Unidos y Canadá tienen en conjunto 88,3 millones de personas con menos de 20 años. Los cambios en la vida familiar en las últimas décadas han conducido a que haya mucho menos contacto entre padres e hijos, además de una reducción de la autoridad de los padres. Unos lazos matrimoniales menos estrechos y las presiones económicas han llevado más problemas a la familia.

2) Colegios con muchos recursos, pero desiguales. En Norteamérica hay muchas universidades buenas, pero muchas de sus escuelas elementales y secundarias son académicamente pobres, con resultados mediocres. Aunque una vez la educación sirvió de nivelador social, la tendencia actual la lleva a ser fuente de estratificación social.

3) El mundo cultural de los jóvenes altamente sexualizado, debido a los medios. La televisión, internet, la música, los mensajes instantáneos y el creciente número de dispositivos portátiles que hacen que los jóvenes pasen más tiempo en contacto con los medios que en clase. Los medios suelen explotar la sexualidad y ahogar la conciencia de los costes físicos y psicológicos de una actividad sexual descontrolada.

A este factor hay que añadir la dificultad a la hora de transmitir la fe a los jóvenes. Los adolescentes católicos, además, pagan un mayor precio que otros grupos cristianos cuando se trata de cuestiones de práctica religiosa y creencias.

Ryan invitaba a la Iglesia a hacer un esfuerzo global, tanto por parte del clero como de los laicos, por evangelizar a los jóvenes, comenzando con los padres que tienen que ser los primeros educadores religiosos de sus hijos. Este nuevo programa educativo debe desarrollar mejores materiales educativos y requerirá la participación de un gran número de laicos.

No obstante, no debe limitarse a aprender, afirmaba Ryan. La juventud necesita que se le enseñe cómo actuar como cristianos y que se le dé oportunidades para testimoniar su fe. Ryan también animó que se dé una gran cabida a la oración y al culto como parte de un esfuerzo educativo renovado. Dar la fe es una forma clave para que los adultos puedan mostrar su solidaridad con la próxima generación.
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500 NÚMEROS DE MINUTO DIGITAL

Llegamos hoy a la edición número 500 de nuestro diario electrónico. Un proyecto que siempre ha querido basarse en el compromiso. Compromiso con la defensa de ideas y valores: la unidad de España como empresa común de futuro, la igualdad entre todos los españoles, la libertad responsable, la salvaguarda de nuestra identidad cultural y del legado de las generaciones pasadas, el respeto por nuestras raíces cristianas, la defensa de la dignidad de las víctimas del terrorismo y su recuerdo, el rechazo al relativismo o la necesidad social de controlar la inmigración, han estado y están entre nuestros compromisos asumidos como línea editorial.

Un compromiso eminentemente popular, porque Minuto Digital esta ante todo con la gente de la calle. No somos la voz de un partido político, ni de un grupo empresarial o una elite cultural. Somos la voz de la base social de la derecha española. Por ello nuestro proyecto, a sabiendas de que no íbamos a cosechar agradecimientos de poderosos ni reconocimientos de otros medios -al contrario-, decidió dar cabida, sin complejos de ningún tipo, a todas las sensibilidades de la derecha española. Minuto Digital es un especio de libertad dentro de esa derecha en el que cabe la opinión y la visión desde el liberalismo hasta el tradicionalismo católico, pasando por la derecha social o las tendencias conservadoras.

Ante el predominio del mensaje “progresista” en el ámbito cultural y mediático quien pretenda defender y transmitir una cierta concepción de la vida y la sociedad, un sistema de pensamiento, precisa contar con medios de comunicación. Minuto Digital es una apuesta que quiere servir de instrumento para hacer llegar a la ciudadanía otros puntos de vista, otras formas de entender los problemas de la moderna sociedad española. En estos momentos España se enfrenta a una encrucijada histórica, sin posibilidad de aplazamiento, por ello no queremos dejar de dar un paso al frente para exponer a los ciudadanos que creen en la continuidad de su patria que es posible tener voz para decidir bajo qué signo operaran las transformaciones. Durante estas 500 ediciones hemos intentado con nuestros humildes medios llevarles esa visión alternativa.

Muchas gracias a nuestros lectores por visitarnos más de 250.000 veces a la semana.

Editorial de Minuto Digital, 22 de mayo de 2006