Blogia
Políticamente... conservador

Derecha política, hoy

Confesiones de Losantos al periódico de Pedro J.: "E ibas a estudiar tú en una universidad americana..."

Confesiones de Losantos al periódico de Pedro J.: "E ibas a estudiar tú en una universidad americana..." Ha declarado Federico Jiménez Losantos que “hace unos 35 años” que no se confiesa y que no es “creyente”. Este episcopado es –como aquella España turística de Fraga y de Franco- “diferente”. Tienen a un no creyente dirigiendo y presentando el programa estrella de la cadena de radio católica, al tiempo que encargan a un pastor protestante como César Vidal –según revelaciones del propio pseudohistoriador- el programa de la noche. ¿Quién puede, pues, reprochar a los prelados españoles –a la vista de semejante plantel radiofónico- que no son ecuménicos y sí extremadamente comprensivos hasta con los agnósticos o ateos?

Me parece muy bien que la Conferencia Episcopal Española encomiende su emisora a profesionales ajenos a la ortodoxia católica. Es un ejemplo de aperturismo que cabría enmarcar en la doctrina más sobresaliente del Concilio. Pero como el contenido principal de esos programas está vinculado de forma estrecha con la política y muy poco, o muy marginalmente, con el magisterio de la Iglesia, el problema de fondo no radica en las creencias religiosas o no de Losantos o de Vidal, sino en cómo enfocan éstos sus noticiarios y sus comentarios.

En contra de la doctrina
¿Los enfocan de acuerdo con la doctrina católica? No lo parece en absoluto, excepción hecha de que algún cardenal u obispo de los que cortan el bacalao en la COPE pueda demostrar que tal doctrina apoya unilateralmente las opciones conservadoras o reaccionarias. ¿Dónde consta que los católicos sólo puedan salvar su alma si, en España, votan al PP o, en EEUU, a los republicanos? En parte alguna, máxime a partir de las enseñanzas del citado Concilio, aunque abunden los monseñores empeñados en confundirse, en la práctica, con los dirigentes políticos de la derecha. La identificación de la COPE con el PP –a pesar de que en ocasiones discrepe para reconvenir sus, por otra parte, escasas veleidades moderadas- es total. Su hostilidad a las izquierdas (también a los nacionalismos periféricos), indiscutible.

Ideario de Losantos
¿Cuál es, en todo caso, el ideario que mueve a Losantos? La respuesta se encuentra en el siguiente párrafo de la entrevista aparecida en El Mundo: “P.-¿Qué dicen sus hijos cuando le escuchan? Cuando alguno lo hace me dice: “¿Y no puedes decir eso de otra manera?”. Yo le respondo: ‘Ya, e ibas a estudiar tú en una universidad americana si lo digo de otra manera…`”. Más claro, el agua.

E.S.

Elplural.com, 15 de agosto de 2006

Estamos atrapados entre una derecha cobarde y una izquierda ignorante

Estamos atrapados entre una derecha cobarde y una izquierda ignorante El fracaso de las derechas no es sólo organizativo, sino intelectual y espiritual. Rajoy no puede ser cobarde ni conservador para vencer a un Zapatero que ya tiene su Prestige en Galicia.


El pasado sábado, mientras Galicia empezaba a arder y Zapatero seguía tomando el sol, tuve la oportunidad de hablar durante unos minutos ante un grupo de navarros de la Montaña. Gente endurecida por la presión terrorista de ETA, por la manipulación partidista de unos y por la desidia oficial de los otros. Pero españoles de una pieza, conscientes del problema fundamental de la España de hoy, que no es la política, ni la miseria moral, ni la indigencia exterior, ni los apátridas interiores, ni el pobre Zapatero, sino, sencillamente, la cobardía.

Y es que somos cobardes. Cuando intuimos parte de la verdad sobre la crisis de España, cuando vemos las raíces de lo que se nos avecina, nos da miedo. No importa si votamos a un partido, a otro o a ninguno, porque lo realmente grave es que nos escondemos. Tenemos al menos la tentación de huir de la realidad, de cerrar los ojos, de buscarnos un paraíso artificial, un mundo imaginario, utópico o ucrónico, para no afrontar la realidad. Siempre hay una ficción, una ensoñación, un pasado imaginado o ajeno, una presunta lealtad fosilizada, un enemigo de fantasía, una sutileza ideológica, una querella personal, una familia, un negocio, un bar de copas o una discoteca donde escondernos del deber. Porque abrir los ojos a los problemas reales de la patria nos obligaría a actuar con realismo en la España de 2006.

Así las cosas, la cobardía es el vicio más peligroso para los españoles que son conscientes de los males de España y son contrarios a ellos, la derecha. Y la ignorancia de esos males es el vicio más característico de la izquierda de buena fe, que también existe. De la izquierda y la derecha de mala fe –los pancarteros ambidextros del Prestige y de una mal llamada paz, que hoy callan ante los incendios o invierten sus argumentos para Líbano- hablaremos otro día.

Sin miedo a las palabras

¿Derecha? ¿Izquierda? ¿Tienen aún sentido esas palabras? Desde un punto de vista histórico, la "izquierda" ha sido en los dos últimos siglos la fuerza que en cada momento ha impulsado la destrucción del orden –tradicional- y su sustitución por los principios modernos, ilustrados y revolucionarios. Y la "derecha" ha sido el conjunto de fuerzas (nótese el plural) que se han opuesto a esa voluntad de la izquierda, rechazando en todo o en parte los sistemas, ideas, elementos y política de la modernidad. Así que ha habido diferentes "derechas", superpuestas, enlazadas, mutuamente enfrentadas, según los tiempos y los modos de su lucha contra los efectos de la modernidad. Ha habido muchas derechas políticas, llamándose así o no, y diferentes derechas ideológicas y metafísicas, que no son una mera ficción interna del modelo político actual.

Las derechas han acertado en parte en sus diagnósticos espirituales e intelectuales del proceso revolucionario y antiespañol; han fracasado a menudo en su acción política, social y cultural; pero precisamente de cada uno de esos fracasos ha surgido un nuevo haz de derechas, dado que cada paso de la izquierda genera nuevos resistentes y nuevos descontentos. Los politólogos no nominalistas llaman a eso "derecha". Por cierto: un signo claro de la cobardía derechista que nos ocupa es que nadie o casi nadie se reconoce en la palabra "derecha", como si estuviese contaminada o como si pese a su imperfección hubiese una mejor. Sea pues, no es grave, las palabras preocupan más que su significado sólo a los dogmáticos: no la utilicemos si prácticamente no es conveniente, pero saquemos los colores a quienes huyan de ella sólo por comodidad personal, si no es por ignorancia.

Una lucha que no cesa, salvo si se huye de ella

Así que el fracaso de las derechas españolas no es sólo organizativo, sino antes de eso intelectual y espiritual. Todo movimiento social que se oponga a la revolución moderna será una "derecha", de entre las muchas posibles. Ahora bien, la modernidad ha tenido lugar. El ciclo revolucionario iniciado en lo espiritual con el güelfismo, en lo cultural con el Renacimiento, en lo religioso con la Reforma, en lo político con la Revolución Francesa y en lo económico con la Revolución Industrial y el liberalismo nos ha dado siglos de sangre y sufrimiento por un lado, y de progreso por otro. Sus valores hoy imperan. No se trata ya de un cambio político, sino de un cambio radical que hace de todos nosotros, sean cuales sean nuestras convicciones, hombres en todo o en parte modernos. No podemos fingir que los revolucionarios -Gregorio VII, Maquiavelo, Martín Lutero, Robespierre, Adam Smith, Lenin- no han existido, no han condicionado lo que hoy somos o pueden ser aún hoy combatidos como si no hubiesen triunfado. Somos hijos de la modernidad, incluso quienes desearían otra cosa.

Para Werner Sombart la modernidad implica un determinado tipo psicológico al que el capitalismo ha permitido predominar. Pero el egoísta, egocéntrico, ególatra (dicho sea sin matices negativos: de eso se trata en la cultura de la razón individual y del beneficio individual) siempre ha existido. Para André Gide, podía haber burgueses tanto entre los nobles como entre los obreros. El hombre moderno se reconoce por el nivel de sus pensamientos. Es ajeno a la gratuidad, al desinterés, a todo lo que no puede llegar a entender, o a calcular. Para Gilles Lipovetsky, la acción conjunta del Estado moderno y del mercado (que históricamente han sido aliados y no adversarios, contra la vulgata liberal) ha dado lugar al tipo de sociedad en el que el hombre individual se toma a sí mismo por fin último y existe sólo para sí. He ahí una verdad auténticamente exportable.

La derecha no puede ser ni cobarde ni conservadora

En la medida en que la izquierda alcanza sus objetivos se convierte en conservadora, y la derecha, en la medida en que deja de tener posiciones que conservar se torna revolucionaria en nombre de los principios permanentes que defiende. Hasta ahora, en España, una cierta derecha ha sido conservadora porque tenía más que conservar, pero estamos viviendo un punto de inflexión a partir del cual las derechas o aceptan el desafío de ser modernas y revolucionarias o tendrán que resignarse a no existir, a vagar en el limbo de los ensueños y a reducirse a ser tropas auxiliares de la izquierda triunfante.

La valentía necesaria en la derecha empieza por aceptarse a sí misma, si no en el nombre –realmente insignificante pese a su vigor histórico obvio- sí en el contenido, complejo y contradictorio. Tomando una idea de Filippo Ceccarelli, la "derecha" es esa acumulación compleja de liberales e intervencionistas, de proamericanos y antiamericanos, de europeístas y nacionalistas, de católicos tradicionales, anticlericales, laicos y paganos, de moderados y de integristas, de güelfos y gibelinos, de tradicionales y progresistas. Un sujeto para algunos imposible e indefinible, que causa más miedo a sus propios componentes –especialmente a los que niegan serlo, claro- que a la izquierda. Un sujeto que tenga como meta no el regreso, sino la superación, y que en vez de manejar viejas colecciones de lugares comunes sea valiente al articular las "nuevas síntesis" de las que viene hablando Marco Tarchi. Un sujeto necesario.

No todos son cobardes, ni ignorantes

La cobardía en la defensa de un principio es la mejor ayuda en su destrucción. Negarse a aceptar que la situación es de una determinada manera sería, por ejemplo, intentar hacer política en España sin conocer las características del sistema político y social, el nombre de los gobernantes o la historia del país. Cobardía, al fin, porque la consecuencia sería la inacción, el abandono de posiciones, la traición a los compañeros de trinchera. Y así la cobardía de unos reforzaría la ignorancia de otros y la habilidad de quienes impulsan la destrucción por principio.

Lo más curioso es que en las calles está más viva que nunca esa "derecha social española" de la que hablaba Juan Ramón Calero en 1985, "es decir, la de cuantos creemos que la persona es más importante que la sociedad y ésta más que el Estado". Mientras que algunos de los que se suponían más capaces, informados y formados huyen con distintas excusas de los tiempos recios que decían anhelar, la gente normal resiste, aunque sea por instinto. Ya saben ustedes, comunidad viva, como la resistencia españolista en algunas zonas de Navarra.

Tengo un amigo que en breve va a escribir "Cómo ser de derechas y no morir en el intento" y otro empeñado "En busca de la derecha perdida". Ambos usan sin pudor la palabra maldita, y ambos desean superar esa mecanización y esa soberbia que J.R.R. Tolkien consideraba definitorias del mundo moderno. Porque no todo empeora, y ahora toca construir, dejando atrás las ruinas y quienes se aferren a ellas. Toca superar, y no negar evidencias, porque estamos más que sobrados de miedos y de ignorancia.

Pascual Tamburri


El Semanal Digital, 11 de agosto de 2006

Cómo ser de derechas y no morir en el intento.

Cómo ser de derechas y no morir en el intento. Fragmentación; voluntarismo; falta de constancia; individualismo; predominio de la crítica destructiva sobre la propuesta; la acción antes que la reflexión; pasotismo y resignación por encima de la militancia; constatación de que ningún partido político, entre los parlamentarios, asume netamente nuestros valores consustanciales... Hablamos de nuestra derecha. Una mirada personal al tema.

Otra actividad de Fundación Leyre.

El pasado 13 de junio de 2006 se celebró, en los locales de la Fundación Leyre de Pamplona (http://www.fundacionleyre.com), una nueva sesión de los “Talleres de realidad”. Presentada por D. José Basaburua (Licenciado en Derecho y coautor del libro “La tregua de ETA: mentiras, tópicos, esperanzas y propuestas”), se analizaron diversas expresiones y perspectivas de la llamada “derecha” social y política bajo el título, algo provocador y desenfadado de “Cómo ser de derechas y no morir en el intento”.

A continuación reproducimos las líneas generales de su intervención.

Intervención.

El título está tomado -con la amable autorización de su administrador- de una web homónima (http://prevostmazp.blogspot.com/) que se presenta de la siguiente manera:

“Sal ya del armario, di que eres de derechas”. Ése ha sido hasta ahora, y será, el lema de esta bitácora. Hayas salido o no del dichoso armario, bienvenido a este blog. Es diario, personal de IV ciudadanos de derechas, liberales, y más que nada, enemigos de los liberticidas. Hay noticias, fotos, pero sobre todo humor, fundamental para sobrellevar el día a día”.

De derechas, ¿todavía?

De la lectura del párrafo anterior, verdadero programa y termómetro mental de todo un sector social español, se deduce una primera conclusión: para tal ámbito humano, que precisa fuertes “agarraderos” vitales y un ejercicio explícito de voluntad al objeto de mantener la propia identidad, la realidad es, por definición, hostil. Y ello es así pues partimos de una constatación: nuestra sociedad no es de derechas.

Lo “políticamente correcto” se ha impuesto en TODOS los ámbitos de la vida, con diversas proyecciones en las dimensiones de la afectividad, la religiosidad, la ética civil, el disfrute del ocio, la participación política, la historiografía, la concepción de la Ciencia… En definitiva, una auténtica y completa cosmovisión construida desde una calculada e impuesta artificialmente “escala de antivalores”.

La derecha marcha por las sendas actuales, por tanto, contra corriente. Y se siente en inferioridad de condiciones, acomplejada y a la defensiva. En resumen: somos una minoría marginada, criticada y vigilada.

Volvamos a la web con la que iniciábamos estas sencillas reflexiones. En ella se proporcionan las direcciones electrónicas de decenas de blogs y enlaces de interés; la mayoría de ellos bitácoras gestionadas por uno o unos pocos entusiastas y muchas de ellas agrupadas en algunas “redes” internautas, denominadas: “movimiento anti ZP”, “red liberal”, “red popular”, “red catalana”, “blogs pro Rajoy”…

Al igual que la mencionada, algunas tienen títulos memorables: Monclovitas; Los brother del Zapatazo; Liberalismo a tutiplén; Es la Libertad de Expresión, idiotas; No hay ZP que 100 años dure; Soy de Derechas ¿Algún problema?; El desgobierno de ZP; Amor, Patria y Libertad; Alianza de Mamones; Opiniones de un extraño; Anti ZetaPé; Políticamente incorrecto; Crónicas del Gulag; El país de las mentiras; Nunca caminaremos solos; ZaPatiesta; Pelayo rey el conquistador; País de zánganos; Latigazos Liberales; Archipiélago liberal; Despertaferro; Crónicas de un bobo solemne; Bitácora de Zeporro; Una máquina de Coca-Cola en el Reichstag; Liberales Irredentos… Sin duda, la nuestra, la de la derecha, es tal y como se titula otra de ellas, una “Dura historia”... pero con sentido del humor. Que no es poco.

Primer aspecto positivo a resaltar: existe vida en la derecha, por tanto. Al menos en internet. La “red de redes” es un medio en el que los de derechas nos movemos como pez en agua. Somos, casi, los amos. En sentido metafórico, evidentemente. Pero esta amplia y plural realidad contrasta con otros ámbitos de la presencia social de la derecha anónima y superdiscreta, ¿por qué? Por reunir este medio, pensamos, unas características que permiten el despliegue de algunas de las notas definitorias -para bien y para mal- de nuestra derecha política y social: anonimato, empleo de pocos medios, notables posibilidades de difusión, caracterizarse como un instrumento de contacto pese a la dispersión geográfica, su inmediatez, el ejercicio de una libertad de expresión sin restricciones… Resumamos: un medio que permite el desarrollo de una extraordinaria combinación de activismo, entusiasmo y… semiclandestinidad.

Pero, ¿cómo podemos caracterizar, ya, a la misma derecha? Con buena parte de las siguientes notas: fragmentación; voluntarismo; falta de constancia; individualismo; predominio de la crítica destructiva sobre la propuesta; preferencia de la acción sobre la reflexión; importantes vetas de pasotismo y resignación por encima de las de una militancia responsable; constatación de que ningún partido político, entre los parlamentarios, asume netamente los valores consustanciales de la derecha…

Apuntes para una definición del ser y estar de la derecha social y política.

1.- Ante las dificultades existentes para la definición de lo que significa –hoy- la “derecha”, hay que partir de su realidad marcada por una nota evidente: su pluralismo, sin que consideremos pertinente entrar en discusiones puristas y legitimadoras de la “marca”. Son muy diversas las sensibilidades que la integran: la tradicionalista, la populista, la nacional, la conservadora, la democristiana, la liberal. No existe, pues, una única derecha; y sí una derecha plural, diversas maneras de vivir y entender la derecha. Diversas familias doctrinales, por tanto.

2.- ¿Dónde situar los límites naturales, mentales y doctrinarios de lo admisible en ese amplio espectro? Podemos establecer los siguientes: el totalitarismo, por un extremo, la socialdemocracia y el liberalismo progresista (en cuyo seno anidan peligrosas semillas de los otros totalitarismos), por el opuesto.

3.- Una precisión: no es lo mismo “derecha sociológica” que “derecha política”; de hecho no coinciden exactamente. La primera se puede, incluso, cuantificar, pues integra la mayor parte de la vida asociativa de la Iglesia, de los movimientos en defensa de la vida, la familia, la libertad de enseñanza… Se la puede reconocer en numerosas obras sociales (colegios, cooperativas, centros deportivos, iniciativas empresariales y cooperativismo…). Pero esa heterogénea realidad social ¿se corresponde por completo con algún partido político concreto? Evidentemente, no. Una expresión palpitante de esa falta de correspondencia es la polémica existente hoy día –de manera más o menos soterrada- acerca de la necesidad o no de un partido netamente conservador diferenciado del Partido Popular.

4.- “Ésta es la derecha”, se ha afirmado durante siglos; lo que venía a significar que una acción humana es ajustada a la realidad, algo adecuado, que corresponde a la naturaleza de las cosas. Y, ya situemos los orígenes históricos de la derecha en la bancada monárquica de la Cámara francesa o en la Reforma católica, existe un núcleo común a todas las derechas: una política y vivencia de VALORES (familia, valoración de la libertad personal, social y económica) apoyada en una concepción SACRA de la vida y el mundo; el pleno desarrollo del principio “más sociedad, menos Estado”; una valoración positiva de la propia tradición; cierto pesimismo antropológico/realismo; una concepción contrarrevolucionaria; la defensa y promoción de la unidad nacional.

5.- Para ser de derechas, ¿hay que ser católico? O, dándole la vuelta a la pregunta, ¿ser católico equivale a ser de derechas? En ambos casos no. Existen derechistas agnósticos, paganos, católicos por concepción filosófica o estética, protestantes; y encontramos católicos en el PSOE, IU, los nacionalismos… Pero estamos en España. Y España es inconcebible sin la tradición católica que la hizo; de modo que, también mirando al futuro, tal tradición debe ser contemplada y asumida de manera creativa, consciente y positiva.

6.- Vienen desarrollándose, en los últimos años en España pero también en otros entornos nacionales, nuevas formulaciones políticas, tanto doctrinal como organizativas (“movimientos transversales”, “política de los valores”), en las que, pese a no reclamarse derechistas, podemos sentirnos muy cómodos en ellas. Una realidad que no puede olvidarse y que, al contrario, debemos conocer con el objetivo de buscar una confluencia sectorial o política expresas.

7.- La cosmovisión derechista implican un ser y un estilo. Ser: que concretamos en una ética personal y social. Estilo: una presencia coherente en el mundo que puede estar acompañada de una estética. ¿Cómo unificar ambas dimensiones? Por medio de las virtudes de la honradez y patriotismo; dos virtudes “pasadas de moda” y que nos exponen a que nos den “tortas” por todos los lados y se nos asegure, por activa y por pasiva, que “estamos en la luna”. Pues no. Estamos en la tierra y con los pies en el suelo. Y muy en el suelo. Es más. Si algo es la derecha es REALISTA; no en el significado de “monárquico” (soy de derechas y republicano, ¿pasa algo?), sino en el de presentar un buen ajuste a la realidad y la naturaleza de la persona, la sociedad y el mundo. La derecha no es utópica. Bastantes utopías han masacrado a la humanidad, especialmente a lo largo del siglo XX, con el concurso y entusiasmo de las izquierdas.

8.- Si estamos en un escenario que no es exactamente el nuestro, si debemos actuar a la defensiva, ¿existen recetas mágicas que nos permitan transitar con facilidad por el mismo? No. Además, ese tránsito, no olvidemos la valoración positiva de lo difícil y lo heroico por la derecha, no debe eludirse. Pero existen algunas fórmulas que ayudan; verdaderas propuestas para una resistencia efectiva y humana: apoyarse en una compañía (asociación activa); cuidar la formación (especialmente, la lectura); práctica de un ocio creativo y militante; el recurso a Internet (que jamás debe degenerar en un fin en sí mismo); una militancia política; un empleo consciente y permanente del lenguaje como gimnasia mental y frente de batalla; una vivencia religiosa/ética que sustente toda la vida, incluida la militancia política.

9.- Una serie de interrogantes atraviesan nuestros ambientes: el Partido Popular, ¿defiende la identidad católica y al segmento de electorado derechista?; ¿es un partido con incidencia social o una mera oficina electoral?; ¿existe alternativa al “voto útil”?; ¿es el Partido Popular/Unión del Pueblo Navarro la “casa común” de la “derecha plural”? O, dándole la vuelta, el movimiento social derechista, ¿sabe hacerse valer ante el PP y los poderes públicos? A este conjunto de preguntas se han dado, básicamente, tres respuestas. Veámoslas brevemente.

1. No existe otra alternativa realista: pese a sus evidentes defectos, el PP es la casa común en la que los católicos sociales pueden sentirse más o menos representados. Además, sus políticas permiten el desarrollo de espacios de libertad que, desde otras opciones políticas, se niegan a la mismísima sociedad de la que formamos parte de una manera particularmente activa.

2.- No. Entrar en el Partido Popular es la manera de neutralizar los impulsos militantes y las sinergias de la derecha. En consecuencia, habría que trabajar fuera de PP/UPN, en el seno de unos crecientes movimientos sociales, y esperar mejores tiempos para la acción política expresa.

3.- No, pero en lugar de esperar hay que tomar la iniciativa y organizar, ya, un partido político claramente de derechas que agrupe a todas las sensibilidades derechistas que ya no se reconocen en PP/UPN.

Por nuestra parte, consideramos que, en las actuales circunstancias históricas y ante las tentaciones de disolución de nuestra identidad o de la formación de un partido netamente derechista, el Partido Popular/Unión del Pueblo Navarro son “casa común” de la “derecha plural”. Conscientes de muchas de sus carencias, tal concepción exige trabajar en varias direcciones: que la identidad católica social y el segmento de electorado derechista encuentren mayor acomodo y aceptación de sus propuestas (ganar presencia y representatividad real en PP/UPN); y transformar progresivamente este partido, desde dentro y desde los movimientos sociales autónomos, en estructuras operativas que faciliten e impulsen las presencias sociales vivas. Casi nada.

10.- Una propuesta de futuro, en unas líneas, desde la perspectiva anterior, para la derecha social española: trabajar hacia el fortalecimiento de un movimiento social estructurado que actúe sectorialmente y en diálogo con los partidos políticos y los poderes públicos –por sí o por medio de las plataformas transversales- haciendo valer su potencial electoral. Y son olvidar una tarea decisiva: generar una nueva clase política que se alimente de la vida social, la conozca, y la apoye. Y que le rinda cuentas. Demócratas, más que nadie: ni burocracias, ni caudillismos incondicionales.

11.- Una pregunta a la que cada uno debe responder: ¿qué es anterior y más importante, la política o la religión? Si respondemos que la política, en tal caso, la absolutizamos, convirtiéndola así en ideología (al igual que las sectas progresistas), con el consiguiente riesgo de dividir y limitar la realidad, al interpretarla. Una propuesta, por tanto, para creyentes, agnósticos y ateos: desacralizar la política; anteponer los valores de la persona, la razón y la libertad a las tentaciones de la política descarnada y de la ideología. En definitiva: concebir a la política como un medio; nunca un fin en sí mismo. Pero sin olvidar que la política puede determinar a la CULTURA social; de modo que no puede reducirse a una mera gestión macroeconómica y poco más. Una política al servicio de la sociedad y sus valores creativos y positivos.

Cuestiones pendientes.

Existen diversas cuestiones doctrinales, históricas y culturales que, a lo largo de la historia, han ejercido una atracción muy relevante en el devenir y los conflictos de las derechas española.

Únicamente las mencionaré, lo que en absoluto indica que deban ignorarse o darse por sentadas: confesionalidad del Estado; derecha versus revolución; democracia y revolución; derecha y liberalismo; ¿liberalismo político ≠ liberalismo moral?; posibilidad de una derecha revolucionaria; ¿ha existido una izquierda patriótica?; el patriotismo ¿patrimonio de la derecha?

Anexo. Propuestas de trabajo en equipo.

Dos propuestas de ejercicios en grupo para el debate, la reflexión y la participación. Objetivo: una tormenta de ideas que faciliten la toma de una conciencia crítica y creativa en el actual contexto histórico.

1.- Ejercicio de agudeza visual, que diría Forges: ¿Cómo identificar a un derechista acomplejado o desorientado (sin que nadie se ofenda, por favor)?

Cuando emplea alguna de estas expresiones:

+ “El discurso izquierdas/derechas está superado”.

+ “Defiendo una política de valores: y los valores están en todas partes. Hay de todo en todas partes”.

+ “Soy liberal, moderado… ¿de derechas, yo?, ¡que va!”

+ Y una expresión que apenas se utiliza: “soy apolítico”.

¿Son razonables tales afirmaciones? Temas de fondo a discutir y sopesar, entre otros: valor de los conceptos y los términos, la batalla cultural actual, valores y política, valores y antivalores, lo común de la ética cívica actual y la derecha, ¿es mala la política?, la crisis de las ideologías, diferencias entre ideologías y doctrinas.

2.- Psicodrama.

En tu lugar de trabajo, el “sociata” más plasta te aborda, amablemente y con la delicadeza que caracteriza a quien se cree en la “cresta de la ola” y te suelta, delante de afines y acomplejados: “¡explícame por qué los de Jiménez Losantos estáis en contra de la libertad y de que los homosexuales se casen y adopten niños! ¿Es que no tienen derechos como tú?”

Algunas posibles respuestas. Véanse los aspectos favorables y desfavorables de cada una de ellas. Una posible técnica: dividirse en dos grupos que defiendan, consecutivamente, una valoración positiva y negativa de cada respuesta.

a) “No confundas libertad con libertinaje. El ejercicio de la libertad requiere unos límites que, especialmente en el caso de los más débiles, deben ser protegidos. Nos referimos, particularmente, a los niños. A situaciones distintas debe responderse con regulaciones y respuestas jurídicas y sociales diferentes. Etc., etc.”

b) “¿Realmente sabes lo que opino? No me juzgues y déjame en paz. Y no me digas qué dice el Boletín Oficial del Estado (por El País)”.

c) “Aquí el único intolerante eres tú. En la Edad Media sería el primero en ocupar las filas de mirones entusiasmados de las piras incendiarias de herejes. ¿Has captado, tío?”

d) “En realidad deberías exigir el derecho a casarte con tu perro. Y redactar ya un buen testamento para que el pobre no quede desatendido a tu temprana muerte…”

e) Con una sonrisa, faltaría más: “Vete a la m…”

f) “Nos vamos a comer, hablamos de la vida de verdad, del trabajo, de los problemas de tus hijos y, a lo mejor, entramos en ese tema”.

Tomar conciencia de lo que somos, de lo que podemos ser, de nuestra capacidad de transformación. Y seguir trabajando. O empezar, según los casos. O hacerlo MUCHO mejor.

Revista digital Arbil, número 106, agosto de 2006

El PP, en el punto de mira de los ultraconservadores

El PP, en el punto de mira de los ultraconservadores La plataforma ultraconservadora HazteOir.org ha iniciado una campaña contra el PP de Castilla y León por su apoyo a los matrimonios entre personas del mismo sexo. Desde su página web ha instado a sus internautas a manifestar al Partido Popular “su malestar” por presentar candidatos que no apuesten claramente por la familia.

Según HazteOir.Org, a raíz de las declaraciones de unos concejales populares de Castilla y León, quienes aseguraron estar dispuestos a celebrar bodas homosexuales, en contra del criterio de su partido y de la sociedad de la región, han iniciado una campaña contra el PP bajo el lema: ¿Defiende el Partido Popular de Castilla y León la familia?

Así, a través de su página web invitan a sus internautas a que manifiesten al PP “tu malestar” por presentar candidatos que no apuesten claramente por la familia.

Por las elecciones
HazteOir.org, conocida por estar en contra, entre otras cosas, del Estatut, de la política antiterrorista del Gobierno o de los métodos anticonceptivos, considera que esta actitud del PP de Castilla y León corresponde a la presión que estas ejerciendo “ideólogos y activistas del homosexualismo”, conscientes de que se están configurando los programas y las listas electorales para las elecciones locales y autonómicas.

Por ello, pide a sus seguidores que es el momento de pedir un “claro afianzamiento del PP” en la postura que manifestó en septiembre al interponer el recurso de inconstitucionalidad contra esta ley injusta, ya que no le parece “propio de políticos serios y confiables” aprovecharse del mecanismo de listas cerradas para actuar “contra los intereses y deseos de sus votantes”.

Las bodas gays
Y es que desde la polémica suscitada por la boda gay que ofició el pasado 29 de julio el alcalde de Madrid, Alberto Ruiz-Gallardón, se ha reabierto en el seno del PP y en los sectores más conservadores de la sociedad el debate sobre la ley de matrimonios homosexuales.

Pero Gallardón no ha sido el único que ha ido en contra de los principios de su partido. Al menos cinco alcaldes del PP han oficiado matrimonios entre homosexuales en la Comunidad Valenciana, uno de los feudos de los populares.

A los juzgados
Por ahora, las discrepancias en el PP en torno a este asunto se han hecho presentes en los tribunales de justicia, ya que el presidente de la Plataforma Popular Gay, Carlos Alberto Biendicho, ha presentado en los juzgados de guardia de León una denuncia penal contra los diputados nacionales del PP Ángel Acebes, Jorge Fernández y Gabriel Elorriaga como supuestos autores de discriminación e incitación a la discriminación con agravante de homofobia.

Elplural.com, 8 de agosto de 2006

Fernández Díaz, nueva revelación mediática

Si el PP pierde las próximas elecciones, serán las segundas. Esto le permitirá replantearse una renovación de ideas y de personas. Mientras eso pasa navegarán a la deriva ideológica que supone decir una cosa aquí y lo contrario allí.

Alberto Ruiz Gallardón utiliza la imagen que le han fabricado de hombre centrado y centrista. Sus enemigos, en su partido, no le perdonan que sea considerado el mejor político popular desde las filas socialistas. Esa es su traición. A mi entender, ocupar la centralidad política es entender hacia donde va la sociedad e incorporarse a su curso. Pero eso se debe hacer a tiempo, en el preciso instante en que las cosas suceden y no cuando ya no aporta nada tu incorporación. El Pp se opuso a la España de las Autonomías y ahora es su mayor defensor, era alérgico a la ley del divorcio y es la derecha española la que con más entusiasmo la utiliza. Con el Estatut pasará lo mismo, así como con las bodas entre personas del mismo sexo. Se apuntarán tarde, pero se apuntarán.

Pero en medio de este barullo de la boda popular-gay que se celebró la semana pasada en Madrid hemos ganado algo. Hemos conocido a una nueva revelación mediática. O mejor dicho, ya lo han conocido todos, porque algunos ya lo conocíamos por desgracia. Ha nacido una estrella y se llama Jorge Fernández Díaz. Ha sido gobernador civil, concejal, diputado en el Parlament, senador, diputado en el congreso, secretario de estado y cocinero del CIS. Lleva viviendo del tema toda la vida. A quien sabe que ha estado con Aznar siempre le pregunta: ¿te ha hablado de mi?. Es capaz de pasarse una rueda de prensa reordenando una y otra vez la posición de sus gafas y después de haber hablado durante media hora no haber dicho nada. Sin embargo, desde que milita en sectores católicos ultra conservadores, se dedica a repartir estampitas con imágenes religiosas a todo aquel que no sea capaz de esquivarlo con acierto. Pidió al alcalde de Madrid que no acatara una obligación legal, aceptó como buenas las órdenes del Arzobispado de Madrid pidiendo a los políticos católicos que obedezcan a los obispos. Es la mano derecha de Zaplana en el congreso y ariete de la familia más conservadora y opusiana del PP.

En el principal partido de la oposición todo vale a fin de acabar con el inquietante Gallardón. En la COPE pasaron de la crítica al insulto y en Génova de la espada a la navaja. Entre todos los héroes de cloaca que pretenden mantener firme el estandarte del neocatolicismo popular destacará el chulangano Jorge Fernández Díaz. Ya lo veréis.

MARC VIDAL

Elplural.com, 4 de agosto de 2006

Una visión neoconservadora del mundo de hoy

I.- En que creemos los Neocons

Para entender el credo de los neoconservadores, hay que tener dos cuestiones bien presentes: la primera, que no hay tal cosa parecida a una doctrina del neoconservadurismo, sino que se dan aportaciones de individuos ante cuestiones concretas y que varían en el tiempo. Hay neoconservadores, más que neoconservadurismo. Al menos, hasta cierto grado, pues también es verdad que todos los neocons coinciden en algunos asuntos básicos que sí son compartidos.

En segundo lugar, que hay una especie de corte epistemológico entre las dos generaciones de neoconservadores claramente marcadas en suelo americano: La primera, simbolizada por Irving Kristol y la segundo, caracterizada por, casualmente, su hijo, William Kristol. La primera generación, que tiene como arranque su anticomunismo y antitotalitarismo, no se centró en asuntos de política internacional, sino que prácticamente trabajó en su integridad en cuestiones sociales y culturales, esencialmente dando una batalla en contra de una sociedad progresivamente secularizada y carente de valores sociales por encima del individualismo y materialismo galopante, como era la sociedad norteamericana de los 60 y primeros 70.

La segunda generación, cuyos orígenes pueden correlacionarse con el ascenso de Ronald Reagan a la presidencia, está mucho más focalizada en los temas de política internacional. De hecho, tomando la base anticomunista de sus progenitores, harán de la derrota de la URSS una de sus preocupaciones centrales.

En los 90, esta nueva generación experimentará una nueva transformación, esencialmente de la mano del equipo que lanzará el Weekly Standard a mediados de los 90. No sólo propugnarán relanzar una política exterior neo-reaganita, sino que se desembarazarán completamente de los rasgos que aún conservaban del realismo y abogarán por una política americana activista y comprometida con la lucha contra el genocidio y las tiranías, en un programa expansivo de la democracia en el mundo.

La clave para entender la nueva generación de neoconservadores en los Estados Unidos (y parcialmente en Europa) es 1989 en tanto que fecha que simboliza, con la destrucción del muro y la posterior desmembración del imperio soviético y final desaparición de la URSS, el final del régimen bipolar de la Guerra Fría. A partir de ese punto en la Historia, el orden internacional le otorga una significativa preeminencia a América. Como dijo Charles Krauthamer, era “el momento unipolar” de los Estados Unidos, pues sólo ellos contaban con todos los ingredientes requeridos para ejercer como una auténtica superpotencia (poder militar, dinamismo económico, innovación tecnológica y voluntad de actuar como tal).

La disyuntiva que se le abría a los Estados Unidos a comienzos de los 90 era actuar como una potencia más (que no lo era), sujeta a todos los aspectos positivos y negativos de la trama institucional heredada de la Guerra Fría, retraerse de la escena internacional a fin de disfrutar de la nueva era de paz y tranquilidad (¿recuerdan aquello del final de la Historia de Fukuyama?) o aceptar comportarse como lo que realmente eran, una hiperpotencia, la única, de hecho, de talante liberal. O, en otras palabras, en una potencia hegemónica benigna.

La globalización impedía en buena medida un aislamiento respecto al mundo, pues el dinamismo económico de Norteamérica sólo podía sostenerse beneficiándose de una mayor liberalización económica en general. Y, de hecho, la prosperidad bajo los años de Clinton puede explicarse por los beneficios de la globalización. La opción institucionalista y multilateral se vino enseguida abajo, toda vez que la apuesta de Bush 41 por un “nuevo orden mundial” quedó en nada habida cuenta de que nadie, salvo América, estaba equipado intelectual o materialmente para darle contenido. La crisis de los Balcanes dejó en evidencia que en contra de lo que se decía, “la hora de Europa” estaba lejos de haber llegado.

Los años que van de 1989 a 1995, es decir, del final del sistema bipolar a la intervención en Bosnia, van a marcar de manera clara el pensamiento de la nueva generación de los neoconservadores. Por un lado, se juzga que el esfuerzo de los años de Reagan para mermar al “Imperio del mal”, dieron sus resultados. Esto es, que la URSS cayó precipitadamente porque se la empujó a ello, no sólo por su implosión natural. La URSS fue debidamente vencida. En gran medida, esta lectura de los acontecimientos inspirará una gran confianza en la acción política para superar los demonios del mundo. Pocas cosas podían ser peores que el imperio soviético.

Bosnia, a su vez, servirá de campo de batalla ideológico entre quienes preferían que los estados Unidos se mantuvieran al margen al no estar sus intereses vitales o estratégicos amenazados, en la estela del realismo político, y quienes, como los Kristol y Kagan, defenderán una intervención americana robusta al entender que detener la barbarie en la zona es un interés estratégico norteamericano. El desarrollo de la idea de intervencionismo activo, defensa de los derechos de la persona y promoción de la democracia, cuajará en estos años en el ideario de los nuevos neocons.

De nuevo, una nota de precaución. No es justo pensar que son estos nuevos autores los que introducen estos temas. Con toda certeza se pueden encontrar sus prolegómenos intelectuales en la obra de sus predecesores, pero de manera esporádica o no sistemática, puesto que, como ya se ha dicho, las preocupaciones de la primera generación no giraban en torno a la política internacional. En todo caso, en aquellos donde sí eran un asunto central (y que podrían estar a caballo entre una generación y otra, como son los casos de Richard Perle y Paul Wolfowitz, entre otros) las ideas de intervención, imperialismo benigno, poder hegemónico, extensión de la democracia, y otras, ya estaban bien presente.

Sea como fuere, es en estos años cuando van a madurar los conceptos básicos que caracterizan las propuestas exteriores de los neoconservadores y que pueden abreviarse de la siguiente forma:

a) asunción del papel global de los Estados Unidos lo que unido a su naturaleza moral obliga a América a sumir un papel predominante o hegemónico en los asuntos mundiales;

b) convicción de que el uso de la fuerza puede hacerse de manera eficaz para promover los valores y los sistemas democráticos y liberales. Que la política de cambio de régimen es viable y deseable en aquellos casos que supongan un obstáculo real a un mundo mejor, bien porque sean una amenaza a la paz y la estabilidad, bien porque caigan en acciones genocidas;

c) acentuado escepticismo sobre la capacidad y la voluntad de actuar en tiempos de crisis por parte de la comunidad internacional y de los propios aliados de los Estados Unidos. La legitimidad internacional debe buscarse hasta donde sea posible, sin que esto suponga un veto a la capacidad de actuación por parte americana. Multilateralismo cuando sea posible, uní lateralismo cuando no quede más remedio.

Estas ideas se verán reafirmadas con la experiencia de Kosovo, donde quedó claramente patente la distancia que mediaba entre América y Europa a la hora de decidir y conducir operaciones de combate. Igualmente, Kosovo marcaría indeleblemente en el Pentágono y en la mente americana la imagen de una “guerra por comité”, en la que quien no ponía tropas disponía política y estratégicamente sobre quien sí las aportaba.

El segundo gran capítulo en la destilación del pensamiento neoconservador en materia internacional vendrá de la mano de los ataques islamistas del 11-S. Por primera vez, destacados personajes de la primera generación se unirán al esfuerzo de sus vástagos por intentar definir el papel que Norteamérica debe jugar en el mundo. Tanto Irving Kristol como, sobre todo, Norman Podhoretz, animarán el debate intelectual sobre los nuevos conceptos que se irán codificando en la práctica de la Administración Bush 43 en su guerra contra el terror. En ese sentido, la distancia entre las dos generaciones de neoconservadores se ha reducido notablemente.

Las ideas que se han diseminado en estos años a través de revistas como la ya citada Weekly Standard, pero también en la clásica Commentary, pueden resumirse en las siguientes:

d) estamos en guerra, nos guste o no. Una guerra declarada por el extremismo islámico, siendo Al Qaeda su vanguardia y cuyo origen no es el 11-S, sino la caída del Sha de Persia y la retirada soviética de Afganistán;

e) Al Qaeda y Bin Laden no son la jihad, son la punta del Iceberg, cuya masa está integrada por los clérigos radicales de la Hermandad Musulmana, el wahabbismo y el jomeinismo, en su vertiente ideológica, y el dinero del petróleo, sobre todo saudita, en su aspecto material;

f) la guerra contra el terror tiene que centrarse en lo más urgente, la eliminación de la amenaza de los terroristas, pero también en la lucha contra la ideología que los alimenta, el jihadismo o el extremismo fundamentalista islámico;

g) la introducción de la democracia, en su vertiente institucional y cultural, en el mundo árabe es un requisito imprescindible para prevalecer sobre el terror islámico. Es la única alternativa viable, por costosa y compleja que pueda resultar, para evitar el flujo constante de la frustración al odio y la violencia;

h) en el mundo actual, donde la proliferación del conocimiento y las tecnologías asociadas a los sistemas de destrucción de masas, así como en plena era del megaterrorismo con armas convencionales, confiar en la defensa pasiva y en la reacción policial, es simplemente inaceptable. La disuasión se ha agotado en su eficacia, la represalia no evitaría los daños inflingidos por un ataque devastador, por lo que sólo queda como herramienta válida la anticipación y la prevención;

i) en la medida en que estamos en una guerra global, hay que entender los hechos vinculados al jihadismo como un continuum, los puntos que unen el 11-S con Madrid, Londres, Casablanca o Hamas y Hizbuláh en su agresión contra Israel;

j) Israel, de hecho, ocupa en estos momentos un papel central en la lucha contra el terrorismo, no sólo porque está librando una batalla a grupos terroristas, sino porque, a través de ello, está luchando contra los designios de una potencia que es inspiradora en buena medida del terrorismo islamista y la jihad, como es Irán;

k) Vencer en Irak, igualmente, es asestar un golpe mortal a los planes del terrorismo islámico, a la vez que introducir un elemento de cambio fundamental en la dinámica política y social del Oriente Medio.

II.- De la influencia de los Neocons

Si los neocons han saltado a la fama se debe a dos acusaciones que hacen sus enemigos: haber secuestrado la mente del presidente George w. Bush desde el 11-S; y ser los inspiradores de la intervención para derrocar a Saddam Hussein en Irak.

En gran medida estas acusaciones se dirigen tanto desde la izquierda como desde la derecha más tradicionalista porque, en realidad, Bush 43 sí parece haber asumido buena parte del ideario de los neoconservadores. Cabe preguntarse si por un ejercicio intelectual o por la tozudez de los hechos. O tal vez porque las otras alternativas ideológicas no le dieran las respuestas adecuadas para hacer frente a los retos del mundo post 11-S.

Sea como fuere, el hecho es que lo que se conoce como doctrina Bush se ha asociado indisolublemente a ideario neoconservador.

De la misma forma, todo retraimiento de la ejecución de dicha doctrina por parte de la administración americana actual, suele leerse como una pérdida de influencia de los neocons en la política americana. Ya he argumentado en otra parte (Cuadernos de pensamiento político nº 10, “A dónde va América”) que sigue sin haber un cambio sustancial de la doctrina estratégica americana, a pesar de la fatiga de Irak y el penoso avance de la democracia en el mundo árabe. Por no hablar de las dificultades en Afganistán o el continuo chalaneo con Irán.

La única alternativa viable al neoconservadurismo para la política exterior americana no es una vuelta al realismo, porque sus recetas de apoyo a la estabilidad, están precisamente en la base de muchos de los problemas que hoy vivimos. Son recetas bien conocidas, además. Y, como digo, ya se sabe cuáles son sus resultados.

Hoy la única alternativa para América sería una especie de neo-aislacionismo. Una retirada estratégica apoyada por unos sistemas de defensa y homeland security que les asegurara la práctica impenetrabilidad de los terroristas en suelo americano. Pero ésta es una promesa demasiado arriesgada. Y costosa de mantener. Es más, aunque el suelo americano quedara debidamente protegido, los intereses de América en el exterior, que son muchos y crecientes, no. Desde mi punto de vista, esta corriente es peligrosamente ilusoria puesto que no tiene en cuenta la realidad de la globalización y el precio que tendrían que pagar todos y cada uno de los americanos por desengancharse de la misma. Para empezar por su nivel de vida.

Por tanto, la importancia de las ideas neoconservadoras no estriba en la presencia de tal o cual nombre en la administración americana; ni en la ejecución o no de tal o cual política en un momento dado. Sino en que representan el único marco teórico que le da suficiente esperanza a los dirigentes americanos. Lo bueno de definir la situación actual como una guerra es que una guerra da sólo dos opciones: Ganarla o perderla. Las alternativas al neoconservadurismo no prometen la victoria. Y mientras esto siga siendo así y no surja otra alternativa de esperanza para el pueblo americano, el gobierno no tendrá más remedio, le guste o no, que seguir promoviendo las ideas que ha venido defendiendo George W. Bush.

III.- De la centralidad de Israel

Una acusación constante a los neoconservadores americanos es de constituir una cábala judía que busca, en realidad, primar los intereses de Israel sobre cualquier otra lógica. Y es cierto que buena parte de los neocons son judíos. No obstante, lo que no se sostiene es que formen una secta pseudoreligiosa de oscuros propósitos. Esencialmente porque si algo son los neconservadores son publicistas de sus ideas. Ninguno rehúsa un buen debate ni esconde sus ideas. Bien al contrario. Por otra parte, a medida en que sus ideas han ido calando en más gente, las asimetrías personales crecen, desdibujando la fe de sus fundadores. Esto es todavía más cierto al hablar de la expansión del neoconservadurismo fuera de las fronteras de los Estados Unidos.

En todo caso, e independientemente de la religión -o la falta de- a la que se adscriba cada cual, es verdad que Israel juega un papel central en el ideario neocon. Por varias razones.

En primer lugar, por ser una democracia, la única democracia de hecho, en el Oriente Medio. Israel está en el Oriente Medio, pero es plenamente occidental y forma parte de occidente por sus valores e instituciones, a pesar de la geografía. Defender el único régimen liberal en la zona, es ya de por sí algo positivo para quienes quieren ver transformado todo el mundo árabe y musulmán.

En segundo lugar, porque Israel es un estado acorralado, en permanente peligro y amenazado por la continua agresión de sus vecinos, que nunca lo han aceptado. Permitir que las dictaduras y autocracias de la zona acabasen con el Israel democrático sería un grave golpe contra el mundo liberal y una traición a los principios democráticos. Israel tiene derecho a existir y a gozar de unas fronteras seguras y respetadas y no puede no debe aceptarse el chantaje de sus atacantes, sean gobiernos o grupos terroristas.

En tercer lugar, porque la amenaza sobre Israel ha ido mutando con el tiempo y ha pasado, de hecho, de ser producto del panarabismo y el nacionalismo palestino a formar parte de la ola de islamismo radical que asola el mundo árabe. Israel ha pasado a formar parte del puzzle del terrorismo islámico que lo combate en tanto en cuanto vanguardia del mundo democrático en tierra del Islam. Por eso, la solidaridad con Israel en la lucha contra el terrorismo no es un acto gratuito. Luchando contra Hamas y Hizboláh Israel está haciendo una enorme contribución a la lucha global contra el terror islamista.

Por último, Israel es inaceptable para los dictadores árabes, sean seculares o religiosos, porque les pone en evidencia: no hay nada intrínseco en la zona que impida a un pueblo disfrutar de la libertad y la prosperidad. Pero también Israel es importante porque es un irritante recordatorio para el mundo -y para los europeos más en particular- de la necesidad de amar al estado y de hacer sacrificios personales en su defensa.

Israel se ha convertido en las últimas décadas en la bestia negra de la izquierda y de los radicales europeos quienes han sumido ciegamente el discurso palestino más extremista, aquel que rechaza la existencia de Israel. Es más, la izquierda entiende ser anti-israelí como prolongación de su antiamericanismo. Al mismo tiempo, comparte con parte de la derecha carpetovetónica un anti-semitismo primario.

Por todo ello, ahora, los neocons entendemos que la supervivencia de Israel debe ser garantizada a toda costa. Su derrota o su desaparición supondría el auge del radicalismo islamista, al haber alcanzado uno de sus objetivos estratégicos. Igualmente, significaría un empuje para el radicalismo en Europa, tanto de la izquierda como de los propios musulmanes. Supondría haber perdido la esperanza de poder cambiar el Oriente Medio y, si me apuran, hasta de poder defendernos a nosotros mismos. Al menos a quienes sostenemos la visión de una Europa engarzada en Occidente, respetuosa de la libertad individual pero consciente de sus límites, con una clara conciencia de sus valores y tradiciones.

IV.- La batalla por Irak

No hay neocon que no apoyara la intervención en Irak. Aunque fuera por motivos y con argumentos diversos. De hecho, hay cuatro razones que salen normalmente a relucir en los debates:

a) el argumento humanitario. No era posible hacer la vista gorda más ante los horrores de Saddam para con su propio pueblo. Era de justicia poner fin a ese sufrimiento colectivo;

b) el argumento de seguridad nacional. Ante la erosión del régimen de sanciones y la constancia de la ambición de Saddam por hacerse con sistemas de destrucción masiva, lo más conveniente era derrocarle ahora y no tener que enfrentarse a él más tarde cuando ya tuviera esas armas a su disposición;

c) la lucha contra el terror. Sabiendo de las conexiones del régimen de Saddam con el terrorismo, incluido el islámico y Al Qaeda, así como del odio a América profesado por Saddam, su continuidad en el poder suponía correr un grave riesgo en el futuro mediato. Saddam podía alimentar a terroristas con sistemas de destrucción que resultasen muy dañinos para los Estados Unidos. Había que abortar esa posibilidad antes de que llegara a materializarse;

d) la democratización del Oriente Medio. Irak, librado del régimen de Saddam podía llegar a convertirse en un faro de cambio para toda la zona si enraizaba en su suelo el germen de una democracia liberal. Es más, podía pensarse que dada las circunstancias, Irak podía ser el país donde la democratización fuera más sencilla y rápida.

No hubo neocon que sostuviera como único argumento que la intervención era necesaria para eliminar una amenaza inminente por parte de Saddam. Es más, se puede argumentar que la guerra de Irak, en contra de lo que dicen sus críticos, no es un buen ejemplo de la doctrina Bush de acción anticipada. Sino más bien de un caso de guerra preventiva clásico: mejor ahora que más tarde.

Tampoco he encontrado neocons que critiquen la acción. Fukuyama por oponerse ahora a la intervención se declara él mismo fuera del campo del neoconservadurismo (si es que algún día estuvo dentro de él, cosa más que dudosa). Eso sí, lo que no faltan tampoco son críticas punzantes sobre la gestión de la Administración americana, y en especial del pentágono, de esta guerra.

Para los neoconservadores en su mayoría, no hay más opción que la victoria y se debe hacer cuanto se deba para lograrla, incluyendo un aumento de las tropas desplegadas en Irak y, sobre todo, un cambio de actitud en la conducción de sus operaciones. Si hay que combatir se combate; si hay que matar, se mata. Es tanto lo que está en juego, en términos de credibilidad de la política americana frente al mundo árabe, en relación a la lucha contra el terror, en el frente de la transformación del Norte de África y Oriente Medio, que si hay que imponerse brutalmente sobre el enemigo, mejor eso que prepararse calladamente para una derrota.

V.- Los Neoconservadores fuera de América

El “movimiento” neoconservador es de marcado origen americano. Su guerra cultural de los 60 y 70 así lo exigió históricamente. Sin embargo, a medida que los asuntos de política internacional y económicos comenzaban a despuntar en su agenda, el neoconservadurismo fue ampliándose, en especial a Europa, hasta convertirse en un ideario global.

En el caso europeo, los ecos de la guerra cultural en los Estados Unidos se sienten aquí como la reacción ante una profunda crisis de valores en Europa. Secularismo galopante, relativismo moral, areligiosidad, olvido del valor de la vida, despreocupación por las generaciones venideras. En suma, olvido del pasado y del futuro.

Este fenómeno, asumido de forma natural por la izquierda y la derecha, se va a ver en cuestión tras 1989, con el agudo contraste entre la Vieja Europa y la Nueva Europa, sociedades con el mismo fin compartido, paz, prosperidad y progreso, pero con expresiones concretas radicalmente distintas. Baste recordar, por ejemplo, quien estaba a favor de incluir una referencia al cristianismo en el preámbulo de l Tratado constitucional de la UE y quienes se opusieron a ello.

Por otro lado, la hegemonía del proyecto francés en el proceso de construcción europea, también llevará a muchos a replantearse el modelo de Europa que queremos para nuestro futuro. Frente a una Europa económica esclerótica e intervencionista, un sistema abierto y liberal; frente a una Europa contrapeso a los Estados Unidos, una Europa atlántica; frente a una Europa que no reconoce su propia identidad y la equipara a la de cualquiera, una Europa integradora sobre la base de nuestros principios, Historia y valores. En fin, frente a una Europa decadente, una Europa dinámica; frente a una Europa débil, un continente fuerte.

En gran medida, el debate sobre el futuro de Europa servirá para precipitar buena parte de las ideas neoconservadoras. Es más, servirá para descubrir cuantos neocons hay en Europa, promoviendo su contacto y su colaboración en una relativamente tupida red.

En cualquier caso, el detonante último fue, sin lugar a dudas, la crisis de Irak, expresión de todas las contradicciones entre europeos.

Llegado a este punto convendría preguntarse hasta qué punto la presencia en escena de Tony Blair y de José María Aznar impulsó el auge repentino de la comunidad de neocons en Europa, hasta ese momento relativamente marginada a los debates académicos.

VI. Los Neocons en España

En España había neoconservadores antes de Aznar y los habrá después de Aznar. No obstante, José María Aznar ocupa un lugar destacado en la formación del ideario neocon en nuestro país. Aunque él no lo sepa. Y no sólo por Irak, que como ya he dicho, sirvió de galvanizador en Europa.

La política de Aznar resulta importante porque expresa una visión de grandeza nacional para España, algo que cuadra muy bien con las ideas de los necons. Por ejemplo, hay que actuar en el mundo sin complejos; no pasa nada por defender los intereses nacionales; la fuerza es un elemento más de la realidad y si es necesario recurrir a ella porque todo lo demás fracase, pues se usa; los compromisos y las promesas están PARA ser cumplidas, pues la seriedad es una cualidad para cualquier nación que se precie; no todo vale, hay buenas ideas y malas ideas y hay buenas políticas y malas políticas; el mayor peso internacional conlleva mayor responsabilidad y, por ende, mayor sacrificio; la solidaridad con los amigos es un bien necesario; las instituciones internacionales sirven si son eficaces... en fin, toda la retahíla de nociones y conceptos que son bien conocidos.

Precisamente, porque Aznar tenía un modelo y un proyecto para España, abría la puerta a unas políticas distintas. Y así como Bush 43 se encontró el 12 de septiembre sólo, únicamente con las ideas de los neocons dando sentido a lo que tenía que hacer, la España de Aznar sólo podría haber seguido engrosando su valor de haberse seguido con el ideario neoconservador, porque todo lo otro no habría dado el mismo resultado. A la prueba está la realidad actual derivada del credo zapaterista.

En fin, si sigue habiendo un proyecto neoconservador, además de por la herencia de los años de Aznar, se debe a que los propios neocons españoles han sabido tejer una intensa red de relaciones con los colegas europeos y americanos, lo que les hace estar plenamente insertados en su conspiración universal.

Por Rafael L. Bardají (Ponencia impartida en FAES, el 25 de julio de 2006).

http://www.gees.org

Análisis nº 135, 27 de Julio de 2006

Nicolas Sarkozy, hablando claro

Franqueza, claridad de ideas y un carisma a prueba de revueltas callejeras y escándalos políticos. Sarko se está ganando a pulso la victoria en las presidenciales francesas de 2007.

Un reformista liberal incrustado en un país que abomina tanto del liberalismo como del reformismo. Así le definen quienes han seguido de cerca la trayectoria del actual ministro del Interior francés, Nicolás Sarkozy, líder del partido conservador gobernante y más que probable aspirante de la derecha gala a las presidenciales de 2007, según escribe Maite Alfageme para la revista Época.

Un animal político. Un tipo que entiende la gestión de lo público con la mentalidad de un ejecutivo eficaz. Que abomina de la palabrería vacua de la mayoría de sus colegas, que hablan y hablan -dice- y no hacen nada.

De un tiempo a esta parte, muchos analistas internacionales han querido ver en él al hombre que puede salvar del naufragio las desvencijadas tablas de la política europea. A nadie escapa que si Sarko consigue instalarse finalmente en el Eliseo y logra enderezar el timón de una Francia desnortada, su ímpetu no tardará en revolucionar también el maltrecho tablero de la Unión Europea.

Pero antes de salvar a Europa de su inmovilismo, tendrá que rescatar a Francia de su decadencia. Y en ello anda.

Los últimos meses han sido testigos de su eclosión. En mayo de 2004, tras la crisis que supuso el no de los franceses a la Constitución Europea, Sarkozy se quedó a las puertas de ocupar el cargo de primer ministro -en sustitución del dimisionado Jean Pierre Raffarin-, una responsabilidad que Chirac encomendó finalmente a Dominique de Villepin, su más íntimo enemigo.

Sarkozy accedió entonces a la cartera de Interior. Una plataforma que, contra pronóstico, le ha catapultado a los más altos índices de popularidad en los sondeos de opinión a raíz de los incidentes acaecidos en los suburbios de las grandes ciudades el pasado otoño, y de su discurso de “tolerancia cero” con la violencia desatada durante aquellas semanas.

Además, Sarko ha conseguido salir airoso de la crisis del Contrato del Primer Empleo, la gran derrota de Villepin. Y los franceses se han puesto de su parte en el llamado caso Clearstream, ese escándalo mayúsculo en el que Villepin encargó a los servicios secretos que le involucrasen falsamente en un sucio affaire de comisiones ilegales.

Aunque lo que realmente le ha hecho subir enteros a ojos de la opinión pública es la Ley de Inmigración recientemente aprobada en la Asamblea gracias la mayoría conservadora de la cámara legislativa, y a pesar del ruido y las protestas -que atufan a electoralismo- orquestados por la izquierda “pancartera” desde la oposición.

Porque la ley Sarkozy aborda sin complejos el problema de la inmigración. Endurece la obtención de los permisos de residencia. Establece una “inmigración escogida, no sufrida”, en función de las necesidades del mercado laboral y la capacidad de acogida de Francia. Suena, en fin, tan políticamente incorrecta como valiente, justa, firme y convincente. Tanto que, cuando le acusan de flirtear con los votantes de la extrema derecha, Sarko tiene a bien contestar: “Si Le Pen dice que el sol es amarillo, yo no puedo replicar que es azul...”.

Periodista Digital, 27 de julio de 2006

Los complejos de la derecha.

¿Está la derecha condenada a avergonzarse siempre de sí misma? Esta pregunta surge de la observación de su falta de ánimo en defender los valores que tradicionalmente se le han atribuido. Esto viene ya de antiguo. El proceso comenzó posiblemente a principios del siglo XX con el cuestionamiento de la moral victoriana, y no hizo más que avanzar durante el siglo con el sucesivo desmoronamiento de los valores tradicionales, alcanzando su clímax en los años sesenta y posteriores, mostrando a una derecha cada vez más medrosa y dispuesta a adaptarse a los nuevos tiempos, abandonando u ocultando sus principios.

En el antivictoriano Grupo de Bloomsbury, con su Virginia Woolf, John M. Keynes, Lytton Strachey, E. M. Forster, Bertrand Russell, Clive Bell y demás, se observan ya los elementos que caracterizan al «progresista» moderno: odio al Imperio, pacifismo, desprecio a la religión y a la patria, individualismo, particularismo… y homosexualidad. Esta última estimulada en parte por el deseo de transgredir la moral tradicional. En este círculo estaba la semilla de lo que floreció plenamente cinco décadas después, en los años sesenta. Entonces se trataba de una elite, cuya influencia fue modesta de momento.

Un golpe devastador para la derecha burguesa fue el triunfo de la Revolución de Octubre de 1917 en Rusia, que tuvo muy poco de grandiosa, pese a los bellos delirios estéticos de S. M. Eisenstein. En aquel golpe de Estado no hubo grandes masas que se rebelaran contra la tiranía, ni hazañas titánicas, sino la ocupación de puestos clave por parte de un limitado número de personas con un también limitado número de muertos. Éstos ya vendrían después. Lenin confesó más tarde, en unos de sus raros momentos de franqueza, que aquella revolución sólo se podía haber dado en un país como Rusia. Pero el efecto de esta victoria sobre el pensamiento europeo fue inmenso. Al poco, triunfó Mussolini en Italia, y la intelectualidad se dividió a favor del comunismo o del fascismo. En aquella época, años veinte y treinta, las ideas liberales burguesas iban declinando y parecían destinadas a desaparecer. No ocurrió así, pues los fascismos fueron destruidos en la II Guerra Mundial, y la Unión Soviética se derrumbó cuarenta y cinco años más tarde, con lo que el comunismo desapareció como opción económica válida. Parecía que la derecha liberal burguesa era la lógica beneficiaria. Pero desde la llegada de Franklin D. Roosevelt a la Presidencia de Estados Unidos a principio de los años treinta, con la consiguiente ocupación por parte de «liberals» izquierdistas de toda la Administración, se había ido produciendo un fenómeno de cambio en las ideas de la sociedad liberal burguesa que iba dejando arrinconada en este terreno a la derecha tradicional. El cambio se había desarrollado fundamentalmente en el campo de la moral y las costumbres, afectando directamente a la cultura, transformándola. Siguiendo conscientemente o no la teoría marxista de Antonio Gramsci, quien preconizaba que había que atacar directamente y sin demora la cultura burguesa sin esperar el advenimiento de la dictadura del proletariado, se estima que los componentes de la Escuela de Frankfurt (M. Horkheimer, H. Marcuse, W. Benjamin, T. Adorno, E. Fromm, etc.) tuvieron un papel muy relevante en este cambio de cultura tanto en América como en Europa. La última vuelta de tuerca se dio en los años sesenta con la revolución contracultural. En estos momentos, estamos viviendo el resultado de estos ataques profundos a la tradición cristiana occidental. Quedan sólo residuos de la antigua moral victoriana, la cual, si bien toma su nombre de la reina Victoria de Inglaterra, lo cierto es que estaba vigente más o menos en todo el mundo occidental en sus líneas esenciales.

En el presente, los medios de comunicación (cine, televisión, Universidades, Editoriales, Prensa y Radio) están fundamentalmente en manos «progresistas» e izquierdistas, que detentan también la mayor parte del poder económico. La auténtica derecha, la clásica, la conservadora liberal, ha quedado muy disminuida. Se ha convertido en una derecha vergonzante, puesto que, ante la presión ambiental, no se atreve ya a defender los tradicionales valores cristianos que eran su patrimonio ideológico. En muchos de sus componentes anida el deseo de ser considerados también «progresistas», y esto les empuja a desempeñar un papel muy ridículo y lamentable. Más deplorable es aún la posición de las Iglesias, tanto la católica como las protestantes, que, salvando las excepciones de rigor de las altas jerarquías, están muy lejos, debido a su amilanamiento o a su participación en el pensamiento secular, de atreverse, no digo a combatir, ni siquiera a criticar levemente esta situación.

En España, donde las tendencias, las malas tendencias, de Europa se crispan y exageran, tenemos el caso curioso de un Presidente que, llegado al Poder a impulso de causas anómalas, empuja y acelera de forma enloquecida el proceso disolvente de la nación tanto en el campo político como en el moral. Y la derecha está más acomplejada que en ninguna otra nación de Occidente, pues el fantasma de la dictadura le sigue atosigando.

Parecería que la derrota final de la derecha está asegurada. Sin embargo, existen algunos datos externos que permiten la duda: en Estados Unidos se desarrolla una reacción muy fuerte que está consiguiendo triunfos importantes; en España se han dado manifestaciones de protesta de enormes dimensiones…

Y es que hay algo intrínseco al proceso disolvente con lo que creo que hay que contar: que es profundamente antinatural. Tanto el aborto como la unión sodomítica, que son las más graves consecuencias de la ideología que ha ido imponiéndose, constituyen transgresiones frontales de la ley natural. Sabemos que los «progresistas» niegan la existencia de tal ley. Pero los que pensamos que sí existe nos hacemos la pregunta: ¿puede una sociedad seguir un camino aberrante y permanecer próspera y tranquila por tiempo indefinido? Parece imponerse la respuesta negativa.

Es necesaria, por tanto, la recuperación de los principios tradicionales y esta tarea de regeneración le corresponde a la derecha (guste o no al mayoritario clero «progre»). La batalla partidaria ha de darse en el terreno moral más que en el de las ideas económicas, pues aquí apenas hay diferencias entre derechas e izquierdas. El acomplejamiento debe cesar necesariamente. Si es el miedo a perder votos lo que paraliza, conviene recordar que George W. Bush (guste o no este señor) ha ganado por dos veces la Presidencia de Estados Unidos gracias al voto decidido de la «Mayoría moral».

Antonio de Oarso

El Risco de la Nava, Nº 332, 18 de julio de 2006.