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Políticamente... conservador

Tradición religiosa y política

Sólo hay democracia auténtica cuando hay justicia social, explica Benedicto XVI

CIUDAD DEL VATICANO, viernes, 19 mayo 2006 (ZENIT.org).- Benedicto XVI explicó este viernes que sólo hay auténtica democracia cuando hay justicia social, es decir, cuando cada persona tiene acceso a los bienes primarios.

El Papa afrontó el argumento al recibir en audiencia a los participantes en el congreso sobre «Democracia, instituciones y justicia social», que entre este jueves y viernes ha organizado la Fundación vaticana «Centesimus Annus - Pro Pontifice».

El Papa señaló dos elementos decisivos para que un sistema de gobierno pueda llamarse auténticamente democrático.

Justicia social
Uno de ellos es el «esfuerzo tenaz, duradero y compartido por la promoción de la justicia social».

«La democracia sólo alcanza su plena realización cuando cada persona y cada pueblo es capaz de acceder a los bienes primarios (vida, comida, agua, salud, educación, trabajo, certeza de los derechos) a través de un ordenamiento de las relaciones internas e internacionales que asegure a cada quien la posibilidad de participar», afirmó.

«Y sólo puede haber auténtica justicia social en una perspectiva de genuina solidaridad, que comprometa a vivir y a trabajar siempre los unos por los otros, y nunca los unos contra o en perjuicio de los otros».

«El gran desafío de los cristianos laicos en el contexto mundial de hoy consiste en hacer concreto todo esto», aseguró.

Instituciones creíbles
El otro elemento necesario para una democracia, según señaló el Papa son «instituciones apropiadas, creíbles y autorizadas, que no estén orientadas a la mera gestión del poder público, sino que sean capaces de promover niveles articulados de participación popular, en el respeto de las tradiciones de cada nación, y con la constante preocupación de custodiar su identidad».

Si bien el Papa constató «la lentitud con que se abre camino la democracia», indicó que «sigue siendo la herramienta histórica más valiosa, si se utiliza bien, para disponer del propio futuro de forma digna».

La Fundación «Centesimus Annus - Pro Pontifice» fue instituida en 1993 por Juan Pablo II con el objetivo de promover el conocimiento y la práctica de la doctrina social de la Iglesia. Su nombre se inspira en la última encíclica social de ese pontífice «Centesimus Annus» de 1991.
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Sarkozy: «La religión ofrece algo que el Estado no puede dar»

 

Madrid- Podría ser el próximo presidente de la República francesa, en caso de ganar las elecciones de 2007, frente a Villepin. Nicolas Sarkozy, de 51 años, líder del partido conservador UMP, ministro en uno de los países más secularizados de Europa, ha decidido afrontar con un enfoque sorprendente uno de los temas tabú de la sociedad francesa: la religión.


   En un libro-entrevista titulado «La République, les religions, l'espérance», editado por la católica Éditions du Cerf, el ministro Sarkozy reflexiona sobre el laicismo, pero también sobre la fe, las personalidades espirituales que le han marcado, la Iglesia católica, las convicciones que quiere transmitir a sus hijos. Una amplia reflexión, recogida en el diario «Avvenire», sobre los valores necesarios de la religión en la República del laicismo.
   La revisión de Sarkozy presenta párrafos tan significativos como éstos: «La religión ofrece un gran servicio a la sociedad, dota a los hombres de la esperanza espiritual que el Estado no puede darle». Según el ministro, el concepto de laicismo debe ser «profundamente revisado». El viejo concepto debe renovarse porque «creer que el Estado puede permanecer totalmente indiferente al hecho religioso es una posición desmentida constantemente por la realidad de los hechos», asegura el primer ministro.
   Más lugares de culto. «Debemos volver a una laicidad activa, no pasiva, debemos decir abiertamente que hoy en día es más importante abrir lugares de culto en las grandes áreas urbanas que inaugurar recintos deportivos, también utilísimos. Debemos conseguir que se conviertan en los ideales para la juventud que crece, para todos esos jóvenes que no tienen ideales. Ése es el gran reto», explica Sarkozy a sus entrevistadores, el profesor de filosofía Thibaud Collin y el dominico Philippe Verdin. La sorpresa continúa cuando el primer ministro hace referencia a las estrictas normas de 1905 que hablan de la separación entre Iglesia y Estado, unas normas que, según Sarkozy, podrían modificarse: «Estas normas no están esculpidas en mármol, no son imposibles de modificar», asegura, mientras concreta la reforma en «una cuestión que no es coyuntural ni episódica: la de la financiación de las tres grandes religiones de Francia».
   Financiación. «Admitámoslo sin hipocresía: hay una contradicción entre la voluntad de reconocer las religiones como un factor positivo en la sociedad y después negarles cualquier forma de financiación pública», asegura. Lo más llamativo, según Sarkozy, es «que el Estado financie un campo de fútbol, una biblioteca, un teatro, una residencia, pero en cuanto las necesidades tienen que ver con el culto, el Estado no entrega ni un céntimo».
   Las propuestas del ministro francés continúan: «Deberían construirse más lugares de culto, la ayuda fiscal debería ser mayor para los fieles que participan en el mantenimiento del clero». También se refiere el ministro a la «financiación para la formación del clero», «poniendo a disposición maestros en las materias no espirituales, prestando locales, firmando convenios con los representantes de las religiones para educar a los ministros de culto francés...».
   También hay lugar en el libro para hablar de la Iglesia católica. Sarkozy recuerda a sus entrevistadores que «en Francia existe una vieja desconfianza heredada del periodo de las grandes luchas laicas», y pide un planteamiento crítico ante las generaciones anteriores que han «vilipendiado, burlado y ridiculizado a curas y frailes». Para el primer ministro, la función de la Iglesia es ante todo, social: «Si la Iglesia no se preocupara de los más pobres, ¿quién podría hacerlo?», se pregunta. «Respetar a la Iglesia significa reconocerle la vocación de defender a quienes nadie defiende, mantener la tradición de apertura, de consuelo, de fraternidad», sostiene.
   El periodista Carlo Cardia hace una reflexión al respecto en el diario «Avvenire»: «Es evidente -escribe- que Sarkozy siente la necesidad de decir a sus ciudadanos que el Estado laico busca deliberadamente excluir a quienes sostienen a los más pobres e indefensos, a quienes pueden alimentar la esperanza de los jóvenes y de los no tan jóvenes, a quienes cultivan una vida espiritual, pero al final se convierte en un Estado empobrecido y sin alma».
   Aunque, según cuentan los expertos, no es eso lo que está ocurriendo en Suiza, Alemania y, en general, en los países europeos más secularizados, donde se está produciendo una «inversión de tendencia con un creciente interés por el hecho religioso». Y esta vez Francia parece que abre camino.

Mar Velasco Fe y Razón, 17 de mayo de 2006

La Santa Sede ilustra en la ONU el papel de las religiones en la lucha contra el terrorismo

NUEVA YORK, viernes, 12 mayo 2006 (ZENIT.org).- La Santa Sede ha ilustrado en las Naciones Unidas la clave para que las religiones se conviertan en «la solución y no en el problema» del terrorismo.

«Las religiones están llamadas a crear, apoyar y promover la precondición de todo encuentro, de todo diálogo y de todo entendimiento del pluralismo y de la diferencia cultural. Esta precondición --aclaró este jueves el arzobispo Celestino Migliore, observador permanente de la Santa Sede, es «la dignidad de la persona humana».

El representante del Papa ante el palacio de cristal de la ONU presentó su propuesta ante la sesión general de la asamblea que está realizando consultas informales sobre estrategias de lucha contra el terrorismo.

«Nuestra común dignidad es una auténtica precondición, pues precede toda consideración o principio metodológico, incluso los del derecho internacional», reconoció.

Se trata de la «ley de oro» que «puede encontrarse en las religiones del mundo» --«no hagas a los demás lo que no quieres que a ti te hagan»--, explicó. Esto es, lo que quiere decir, con otras palabras el concepto de «reciprocidad».

Según el representante vaticano, «alentar la conciencia y la experiencia de esta herencia común entre todas las religiones ayudará sin duda a traducir esta visión positiva en categorías políticas y sociales que, a su vez, influirán en las categorías jurídicas ligadas a las relaciones nacionales e internacionales».

«La Santa Sede quiere apoyar iniciativas que alienten a los creyentes a ser agentes de paz y unirse a todos los que quieran ser puentes de nuestra convivencia pacífica», afirmó monseñor Migliore.

«Cuando es comprendida y vivida la auténtica naturaleza de la religión, puede convertirse en parte de la solución y no en el problema, pues promoverá un compromiso y un respeto de la dignidad de los demás, y del bien común de todos nosotros», aseguró.

El prelado explicó que Benedicto XVI ha invitado a los católicos y a todos los hombres y mujeres de buena voluntad «a unir sus esfuerzos de reflexión, cooperación, diálogo y oración para superar el terrorismo y edificar una convivencia pacífica en la familia humana».

Estudiar las causas del terrorismo, explicó, no significa justificarlas. «Ninguna causa, por justa que sea, puede legitimar el asesinato o mutilación de civiles y no combatientes», advirtió.
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¿Qué ocurre en la iglesia de Bush?

Los metodistas están en plena batalla entre liberales y conservadores. Y los últimos van ganando.
 
El metodismo fue iniciado por John Wesley como movimiento dentro de la Iglesia de Inglaterra en el siglo XVIII, centrado en el estudio de la Biblia, exigente en el plano ascético y activo en lo que a predicación se refiere. Los primeros metodistas reaccionaron contra la apatía de la Iglesia de Inglaterra, empezaron a predicar al aire libre sermones entusiastas acompañados de himnos y cantos y establecieron sociedades metodistas por doquier. Destacaba su insistencia en la necesidad de un nuevo nacimiento (los famosos “reborn”) y en la acción del Espíritu Santo. Muy pronto se les acusó de fanatismo e incluso de superstición y después de la Revolución Americana, la Iglesia de Inglaterra cortó con aquellos de sus miembros que eran norteamericanos, impidiendo que se pudiesen ordenar como ministros. Wesley decide ordenar ministros, y puesto que no era obispo, esto supuso un cisma que originó la Iglesia Metodista como cuerpo separado.Esta breve introducción que ayudará al profano a situarse es por supuesto simplificadora: el mundo protestante es muy cambiante y de hecho existen hoy más de cuarenta agrupaciones que se reclaman herederas de Wesley y por tanto metodistas. Pero lo que aquí nos interesa es lo que está sucediendo entre los metodistas norteamericanos actuales y qué tendencias refleja. Como muchas otras denominaciones protestantes, la Iglesia Metodista Unida ha experimentado en las últimas décadas el avance de las posturas más liberales, al menos entre los pastores que las dirigen. Esto se ha traducido en una caída de sus fieles de 11 a 8 millones y en el lanzamiento de costosas campañas publicitarias para captar nuevos miembros, si bien los escándalos sexuales y la batalla sobre la homosexualidad han dejado en un segundo plano todos estos esfuerzos.Los metodistas conservadores, tras luchar por la supervivencia, empezaron a organizarse y a plantar batalla dentro de su iglesia siguiendo el ejemplo de los baptistas del Sur, quienes en los años 80 consiguieron la presidencia de su convención después de años de intensa preparación. En el caso de los metodistas, los conservadores evangélicos empezaron a conseguir éxitos en la década de los noventa con el apoyo clave de las iglesias metodistas africanas. En efecto, mientras que el metodismo liberal de la Costa Oeste y del Noreste americano declina en número, los metodistas africanos, teológicamente conservadores, no cesan de crecer y en 2004 ya representaron el 20% de la Conferencia General que rige los destinos de la Iglesia Metodista Unida (convocado cada cuatro años, se calcula que en 2012 los africanos superarán el tercio de los asistentes). Esto significa que la alianza de los metodistas del Sur con los venidos de ultramar está a un paso, si no la ha alcanzado ya, de la mayoría. El caso de Beth Stroud es significativo de lo que se cuece entre los metodistas. Stroud anunció su relación sexual lésbica con otra mujer desde el púlpito de su congregación liberal en Filadelfia hace dos años. Pero el obispo metodista del lugar, disconforme con este paso, inició un proceso judicial que acabó con sentencia condenatoria por haber infringido la prohibición para los pastores de mantener relaciones sexuales fuera del matrimonio. En abril de 2005 un comité de apelación de mayoría liberal dictaminó que como se prohíbe la discriminación basada en el “status” la sentencia era nula. El caso pasó entonces al Concilio Judicial, una institución que vegetaba en la inactividad pero que es ahora crucial en la batalla sobre la homosexualidad dentro de la Iglesia Metodista Unida. El Concilio Judicial, encargado de hacer cumplir las leyes aprobadas en las Conferencias Generales, tiene en la actualidad una mayoría conservadora (entre sus nueve miembros hay un filipino y un congoleño) y votó 6-2 contra Stroud. Los tiempos y los equilibrios numéricos parecen decantarse pues cada vez más hacia las corrientes más conservadoras dentro del metodismo. La reacción de los metodistas liberales ha sido furibunda y han llegado hasta a proponer la expulsión de dos miembros de la Iglesia Metodista Unida, George W. Bush y Dick Cheney, por haber “lanzado una guerra inmoral”. Se puede aplicar aquí lo de mucho ruido y pocas nueces: la influencia conservadora crece y se consolida; dos datos nos ayudarán a comprender que este viraje a estribor va a ser muy difícil de rectificar: ya hay más metodistas en el sureño estado de Georgia que en toda la Costa Oeste y los estados de las Rocky Mountains juntos; por otra parte ya hay más asistentes dominicales metodistas en el Congo que en todo Estados Unidos. Las congregaciones liberales están cada vez más vacías mientras las conservadoras son las únicas que crecen. La tendencia que ejemplificaron los baptistas del Sur y que después ha sido clave para consolidar la hegemonía política republicana se está repitiendo entre los metodistas. Publicado en American Review por Jorge Soley Climent
09-05-2006

«La Iglesia no va a adulterar el mensaje de Jesús por ganar clientes»

El arzobispo de Iruñea y obispo de Tutera, Fernando Sebastián, aseguró ayer que pese a que los obispos están haciendo «una autocrítica» para encontrar las causas del alejamiento de los jóvenes de la Iglesia, ésta «no puede tocar lo que es fundamental para ella». Por eso, afirmó que «no piensan adulterar el mensaje de Jesús para ganar más clientes» y que una Iglesia que «pactara con los explotadores del sexo ni sería Iglesia de Jesús ni sería capaz de aportar algo útil a los jóvenes». Así respondió el arzobispo a la última encuesta de la Fundación Santamaría, de la que se desprende que el número de jóvenes que se consideran católicos baja por primera vez del 50% y que la Iglesia es la institución que más desconfianza suscita entre el colectivo.

 

Respecto a los resultados de la citada encuesta, señaló que «nada tienen de extraño» los resultados de esta encuesta, que «no ha sido una sorpresa para la Iglesia aunque siempre es un mala noticia» en una sociedad donde «el laicismo está en el poder y hay una gran permisividad o indolencia de una parte de la sociedad por las cuestiones morales y religiosas», afirmó.

 

Pese a esta situación, defendió que «no hay otra asociación que pueda convocar a un número tan grande de jóvenes en la que no hay borracheras, jeringuillas ni violencia». Por otra parte, aclaró que a la Iglesia no le preocupa la institución, sino que los jóvenes se encuentren con Cristo. «Estamos tratando de ver en qué podemos mejorar la relación de los jóvenes con Cristo, ya que es triste que se construyan sus vidas sin el tesoro que es Cristo», apuntó en la rueda de prensa convocada para presentar el Encuentro Nacional de Jóvenes que tendrá lugar en Iruñea los días 4,5 y 6 de agosto.

 

 

Gara, 25 de abril de 2006

 

Los católicos ante el gobierno de Zapatero

El Gobierno ha iniciado un proceso dirigido a difundir los extraordinarios progresos que España ha realizado en los dos años de gobierno Zapatero.

 

El balance es, como nos tiene acostumbrados la política de este país, excesivamente triunfalista y faltado de la más mínima racionalidad autocrítica.

 

El acento de lo que presenta el gobierno está situado precisamente en el área menos ideológica, más “estándar” podríamos decir, la economía regentada por Solbes y en la que el propio Presidente del Gobierno y su equipo prácticamente no han intervenido. Este es un rasgo a retener.

 

Es exacto que la economía española ha funcionado bien a lo largo de estos dos años, tanto en términos de crecimiento económico como de su gestión pública, pero también lo es que esta política no presenta ningún carácter singular que la diferencie de la del PP. Al celebrar estos resultados el PSOE está diciendo que la estabilidad en la política económica ha resultado una buena receta, quizás por aquello que con las cosas de comer mejor no jugar.

 

Pero el balance económico omite que este crecimiento no es sano, al contrario de lo que predica el portavoz del PSOE, José Blanco, porque presenta un grave desequilibrio en su balanza exterior y una amenaza por nuestra baja competitividad a partir del momento en que la construcción y el consumo interior por si solos no sean suficientes.

 

En otro plano, son datos positivos el aumento de la ayuda al desarrollo, hasta los 3200 millones de euros y las subidas de las pensiones mínimas, entorno a un 15%, a pesar de que se continúan manteniendo por debajo del límite de subsistencia.

 

También cabe señalar como un factor en el haber, la legalización de más de medio millón de inmigrantes, aunque se pueda criticar la forma como se realizó y el hecho de que por falta de medidas de continuidad, la bolsa de los ilegales continúe creciendo.

 

Los Estatutos de autonomía, y en concreto el de Cataluña, no son señalados en el balance como un hecho destacable, a pesar de que han concentrado una gran parte de la tensión política. Esta omisión es todo un discurso en si mismo.

 

Como lo es la escasa relevancia que se otorga a las leyes que mayor conflicto han provocado entre los católicos: las relacionadas con la reducción del contrato matrimonial a la nada, y el matrimonio y adopción homosexual, la LOE, con sus limitaciones a la clase de religión y al derecho de los padres, y la particularísima Ley de Reproducción Asistida. Precisamente éste es el ámbito donde el equipo de Zapatero ha actuado con absoluta dedicación y prioridad.

 

El resultado es una paradoja: el gobierno exhibe aquello en lo que menos participa de la “filosofía Zapatero” y silencia o sitúa en la penumbra, lo que le es más propio y singular, lo que ha convertido a España en una sociedad anormal en el contexto europeo, occidental y mundial.

 

 

Editorial de Forum Libertas, 19 de abril de 2006.

 

¿Cuál es el país del debate?

¿Es realmente EUA una sociedad fundamentalista y fanática y Europa el paraíso del debate intelectual?
Dice el cliché que los Estados Unidos son una sociedad inmovilista y fanatizada, dominada por los fundamentalistas protestantes y donde el disidente es condenado al ostracismo. En claro contraste, Europa sería el paraíso del debate intelectual, el lugar en el que la libertad de expresión campa a sus anchas y se generan las ideas que hacen avanzar el mundo. Una mirada, aunque sea superficial, a la realidad, tanto norteamericana como del Viejo continente, nos convencerá de que una vez más el cliché está equivocado. De hecho es precisamente todo lo contrario.
¿Quién osa en Europa a cuestionar las teorías darvinistas? (nada importa que ya ningún “evolucionista” sostenga lo mismo que Darwin, el padre fundador merece un respeto sacrosanto) ¿Quién se atreve en Europa a cuestionar el modelo educativo de escuela única y mixta? ¿Alguien puede defender en nuestros países el derecho de los padres a, si así lo desean, escolarizar a sus hijos en casa sin ser tomado por un loco peligroso y asocial? ¿Se puede hablar en España de los daños psicológicos infligidos por el aborto a las mujeres que se someten al mismo sin ser tildado de oscurantista? Y no digamos nada si a uno se le ocurre sacar a colación los estudios, serios, que afirman que someterse a un aborto incrementa la probabilidad de padecer cáncer de pecho. Prefiero ahorrarme la lluvia de epítetos que caería sobre semejante hereje. Podríamos seguir incidiendo sobre cuestiones tan dispares como el futuro energético o sobre el papel de los clásicos en la educación superior; descubriremos que mientras en Europa quien disiente de las posiciones oficiales es condenado al silencio cuando no directamente descalificado, en Estados Unidos existe un verdadero y a menudo rico debate intelectual.
Así, las teorías del Diseño Inteligente ganan cada día más adeptos entre la comunidad científica; en el ámbito educativo la diversidad de posibilidades permitidas es sencillamente deslumbrante: homeschooling, charter schools, cheque escolar… Los estudios en torno a lo que supone el aborto están en la avanzadilla de la investigación científica y la promoción de energías renovables independientes del petróleo es una de las grandes apuestas de la actual administración norteamericana. Otro de los tabúes intocables en Europa pero muy seriamente cuestionados en Estados Unidos es lo que se conoce como el “calentamiento global”. Más allá del mito, comprensible y un modo de cristalizar los miedos de una humanidad desorientada, lo cierto es que la teoría del calentamiento global causado por la inconsciencia del hombre industrializado hace aguas por varias vías. El periodista especializado Alan Caruba titulaba recientemente un artículo como “Is Global Warming Getting Colder?” donde cuestionaba mucho de lo sostenido por los agoreros del desastre climático. Allí precisamente recordaba lo evidente para cualquier persona con un mínimo de sensibilidad ecológica: el deshielo de partes de Groenlandia no es un signo de catástrofe sino de vuelta a lo que fueron aquellas tierras hace un milenio. En efecto, cuando los vikingos arribaron a las costas de Groenlandia la llamaron tierra verde (green land) precisamente porque era verde y no blanca. Hacia principios del siglo XV los hielos avanzaron hasta cubrir la mayor parte de la superficie de Groenlandia; la actual retirada de los hielos no supone un fenómeno nunca visto causado por la acción malévola del hombre, sino una repetición de un ciclo natural ya observado con anterioridad. Pero esto no se puede decir en Europa, al menos en voz alta. En España tesis como las de Caruba te convierten en objeto de burla o incluso te condenan al ostracismo. ¿Dónde habíamos quedado que había espacio para el debate real?
Publicado en American Review por Jorge Soley Climent
American Review, 18-04-2006

La sorpresa italiana y el voto católico

En contra de las predicciones y las encuestas a pie de urna (que venían dando una ventaja de cuatro puntos a la Unión, el conglomerado de partidos que apoyan a Prodi) se ha producido un empate que puede bloquear la política italiana.

 

 

 

La diferencia de una sola décima en el primer recuento de la Cámara de Diputados es clave, porque con la nueva ley electoral automáticamente quien gana, aunque sea por una décima, por un voto, se lleva la mayoría de diputados.

 

 

 

Esto es lo que ha sucedido dando la victoria a Prodi, pero este hecho no desvirtúa la división prácticamente por la mitad del electorado italiano.

 

 

 

Los votos de la emigración han dado también una ajustadísima mayoría en el Senado a la Unión. El resultado es tan apretado que el ganador deberá gobernar con un especial cuidado integrador. Ello añade problemas a la situación italiana que atraviesa por un periodo de dificultades económicas tanto en el ámbito privado como el de las finanzas públicas, pero que dada la plasticidad que caracteriza la práctica política italiana, también puede dar lugar a nuevas dinámicas que mejoren las actuales perspectivas.

 

 

 

De hecho, en el fondo del resultado late una añoranza implícita por un gran partido de centro, no entendido como una banal equidistancia, sino como expresión de centralidad política de lo que es la sociedad italiana. Un centro dotado de alas a derecha e izquierda, y que en realidad prefigura lo que en su momento fue la democracia cristiana (DC), el gran partido que a pesar de todas las críticas ha configurado la Italia de la post-guerra, como un país democrático, económicamente competitivo, fundador de la UE.

 

 

 

El resultado de las crisis generadas por las intervenciones judiciales que acabaron fragmentando a la DC, pone de relieve que nada ha substituido a su papel y que sus componentes se encuentran hoy redistribuidos entre el centro-derecha y buena parte del centro-izquierda, como lo acredita el propio Prodi y la Margarita, además de otros grupos menores.

 

 

 

La centralidad política entendida en términos de partido con capacidad para vertebrar el conjunto de la sociedad o, al menos de gran parte de ella y, al mismo tiempo con un proyecto propio y bien definido, más allá del simple márqueting político, constituye el factor determinante de toda la política europea. Van bien aquellos  países en que este objetivo se alcanza.

 


Un factor que es necesario subrayar por su carácter positivo es la elevada participación. Han votado el 83% de los italianos, el 81% en las anteriores generales. Esto demuestra una población muy consciente de sus derechos y deberes. En realidad se trata de las cifras más altas nunca alcanzadas en Europa y, a años luz de las que caracterizan a la política española.

 


Un segundo factor es la importancia del voto católico, que ha resultado determinante a pesar de que los católicos practicantes se sitúan en torno al 30%. 

 

 

 

A diferencia de España, el catolicismo italiano posee un vigor cultural y una presencia en la sociedad civil más allá de los límites de las organizaciones estrictamente religiosas o diocesanas, lo que le confiere una gran capilaridad, o también podría decirse que las organizaciones religiosas y diocesanas poseen tal potencia cultural y sensibilidad civil y política que irradian más allá de lo que son sus límites estrictamente religiosos.

 

 

 

Esta característica se ve favorecida por un fenómeno reciente en Europa y especialmente fuerte en Italia como es el catolicismo cultural o “los católicos agnósticos”, fenómeno que representa, por ejemplo, el  presidente del Senado Marcello Pera. Su apuesta por el catolicismo no nace de la profesión de la fe sino del reconocimiento en esta cultura y en la doctrina social de la iglesia de la mejor respuesta que un país europeo puede tener a su alcance y que mejor puede definir su identidad.

 

 

 

Es curioso que un país de la entidad católica que tiene España esta presencia y este debate sea perfectamente inédito. Pero quizás no debería extrañar tanto dado que la sociedad española, sus elites culturales y políticas han estado ausentes de todos los grandes debates sobre las ideas que se han producido en el mundo occidental después de los años 70 del siglo pasado.

 

 

 

Parece  como si la reinstauración de la democracia en España hubiera comportado una especie de rutina o inanidad intelectual, una especie de vuelo gallináceo que tiene por ejemplo en los tópicos de Fernando Sabater y las inanidades de Tamayo algunos de sus mejores exponentes.

 

 

Editorial de forum Libertas, 12 de abril de 2006