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Políticamente... conservador

ASAMBLEA DE LOS OBISPOS: defender la unidad es un deber cívico

A propósito de la pasada Asamblea Extraordinaria del episcopado he leído las opiniones más diversas, algunas de ellas disparatadas e imaginativas. No logro entender por qué a unos les molesta y a otros repugna que los obispos defiendan la unidad de la nación Española.

Ahora bien, si la unidad no está en peligro y creen que no es importante, no tienen por qué escandalizarse ni injuriar a quienes les importa y preocupa; al punto de que, cuando dicen que la Iglesia no debe meterse en política, quieren que entendamos que la Iglesia debe aceptar la situación de facto y dejar de cuestionar la "filosofía" que la impregna.

Cosa bien distinta es unir la unidad de la fe católica con la unidad de España. Nadie en la jerarquía está en esta postura. Lo atestigua la obra "Moral Política", que tiene como subtítulo "Magisterio de la Conferencia Episcopal Española, 1972-2002". Acaba de publicarse y consta de nueve capítulos. El primero comienza con la declaración colectiva de la XVII Asamblea Plenaria de la CEE de 1972 titulada "La Iglesia y la Comunidad política". El último documento es el titulado "Valoración moral del terrorismo en España, de sus causas y de sus consecuencias", que se publicó en noviembre de 2002.

La experiencia histórica común es que la "indisoluble unidad de la Nación Española", artículo 2º de la Constitución, nos va bien prácticamente a todos. Ponerla en peligro, o en entredicho, ¿es sólo una fechoría política y jurídica y una traición histórica, o es algo más grave que merece todo tipo de reprobaciones? ¿Se puede romper este principio para generar otro modelo de nación al gusto de los nacionalistas excluyentes y de los terroristas? Por supuesto que no, y podemos aportar razones históricas, culturales, políticas, jurídicas y éticas para apoyarlo. Pero, de llevarse a cabo, debe decidirlo el pueblo soberano. Lo contrario es lo que algunos están imponiendo: la conquista y el reparto étnico del territorio, hasta consumar la caducidad de la Constitución, superada por los Estatutos de las autoproclamadas nuevas naciones. El fraude o el delito, no sé cómo definirlo, que se proyecta, es de órdago.

La paz y la unidad, como marco de mayor integración y solidaridad, como referencia a unos valores comunes y como sentido de pertenencia a unas raíces históricas, filosóficas, humanísticas, religiosas, éticas y culturales, no son incompatibles. En cambio, el régimen del terror es incompatible con la paz y la unidad.

A aquellos que prefieren la disgregación del pueblo intentan convencernos de que la unidad de España es un tema secundario, porque lo realmente definitivo es la paz. Sería de agradecer que aclararan sobre qué cimientos pretenden construir esa paz de la que hablan tanto. Aclaren si están de acuerdo en que se pase página sobre la masacre del 11-M, a partir de la cual se intensificó esta pesadilla en la que nos ha metido Zapatero, y que tantos beneficios está aportando a los objetivos de terroristas, socialistas y nacionalistas. Aclaren si les importa o no cuestionar los presupuestos de muerte y de mentira sobre los cuales apoyan el mal llamado "proceso de paz".

Aclaren qué están dispuestos a sacrificar para justificar el ocultamiento de las víctimas y la aceptación de las demandas de los asesinos.

Hay una perversión radical en la discusión. Y se trata de sanear de raíz los presupuestos, un saneamiento que no puede ser otro que el cumplimiento de la Constitución, la aplicación del Estado de Derecho y la recomposición del consenso del proyecto de 1978, proyecto común roto por Zapatero al ponerse en manos de los asesinos de ETA y del 11-M, que, por otro lado, van pareciendo una sola cosa.

La opción común decidida en la Transición (1975-1978), basada en la reconciliación entre los españoles, en la superación de traumas y fracasos colectivos y en la decisión de construir la convivencia sobre valores comunes recogidos en la Constitución, fue la opción más válida a lo largo de los últimos treinta y cinco años. ¿Se puede olvidar y enterrar este patrimonio, para tender puentes con la II República, una de las etapas más sangrientas de nuestra historia, y reconvertirla en los orígenes de la democracia actual?

A pesar de todo, afirmar que no se puede hablar de la unidad de España como "un bien moral" es discutible. No obstante, ¿podemos darle un sentido de deber si aceptamos buenamente que ya se ha discutido y que, hoy por hoy, mientras el pueblo soberano no apruebe otra Constitución, esta es la norma válida, legal y moralmente exigible, en la medida en que se adecua a la conducta responsable que se espera de cada ciudadano? La referencia jurídica y, me atrevo a decir, la base ética común de las opciones no puede ser el horizonte de la paz que promete Zapatero; ese horizonte es engañoso y perverso, porque es impuesto por los asesinos, construido sobre el antes y el después de la masacre del 11-M. La referencia jurídica y ética de las opciones comunes es la Constitución de 1978.

En ninguna cabeza razonable y ordenada cabe la idea de que los obispos vayan a decir que es inmoral no defender la unidad de España. No puedo entender que se diga que si los obispos defienden la unidad de España estarán defendiendo una postura partidista... La Constitución es de todos; el principio de la "unidad indisoluble de la Nación" (artículo 2) no es propiedad de ningún partido, más bien genera un deber cívico que obliga a todos los ciudadanos.

Un obispo, como cualquier ciudadano, tiene derecho a tener su opinión nacionalista, y si no quiere defender la unidad de la Nación Española, también está en su derecho y en su responsabilidad. Por otro lado, decir que, si los obispos se pronuncian en defensa del principio de unidad de España, estarán tomando partido sólo por los católicos que lo defienden, estarán dividiendo a los católicos, se cae por si mismo. Los obispos son ciudadanos obligados, como todos los demás, a respetar la Constitución y no procede que inviten a lo contrario, tanto por acción como por omisión. Y no creo que vayan a decir a nadie que si no lo hacen cometen pecado.

En todo caso, defender la unidad de España incluye un compromiso ético indiscutible, en la medida en que invita a desplegar recursos, a hacer opciones y a emplear medios que transcienden los intereses particulares para buscar los intereses comunes, sin excluir a nadie; en la medida en que los derechos de las personas se anteponen a los posibles derechos territoriales y lingüísticos; en la medida en que es más acorde a la moral actuar según un orden legal justo (el principio de legalidad constitucional), refrendado soberanamente, que romperlo bajo la presión del asesinato, la extorsión, la persecución y la mentira.

Juan Souto Coelho (miembro del Instituto Social "León XIII"). 

Libertad Digital, suplemento Iglesia, 29 de junio de 2006.

La lección canadiense

La lección canadiense Cómo se pueden ganar las elecciones con un programa conservador aprovechando las políticas de la izquierda. Las contradicciones del Partido Popular ante el cumplimiento de la Transición  

El 6 de febrero de 2006 se ha constituido el nuevo gobierno canadiense de la mano de Stephen Harper, candidato del Partido Conservador, a pesar de que las elecciones no le hubieran otorgado la mayoría absoluta. Con su victoria ha sido derrotada una izquierda que gobernó durante trece años y ha sido confirmado – a ejemplo de las presidenciales americanas de 2004 – que es posible ganar unas elecciones con un programa neoconservador en política exterior (esto es, conscientes que las fronteras de Occidente se defienden interviniendo allí donde se presentan los peligros) y de “conservadurismo compasivo” (defensa de la vida, de la familia, de la identidad e historia nacional, principio de subsidiariedad, etc.) en política interior.

A menudo se considera a Canadá más próximo a Europa que a Estados Unidos, y de hecho en el 2005 fue aprobado el “matrimonio” homosexual cuando en 2004 el mismo fue rechazado por mayorías abrumadoras en once Estados de los Estados Unidos. Sin embargo, los sondeos demuestran que en Canadá (como en España) un número importante de electores no aprueba la unión “matrimonial” entre personas del mismo sexo. El punto ha sido uno de los temas de la campaña electoral del Partido Conservador y Harper ha anunciado que solicitará la abrogación de la ley. Quizás en el parlamento no hay la mayoría necesaria para su abrogación, lo cual, con toda probabilidad, le obligaría a pasar a una segunda fase, esto es, a convocar un referéndum popular.

Por otra parte, también han fracasado las maniobras para presentar a Harper como un meapilas manipulado por las denominaciones evangélicas más conservadoras cuando ha anunciado que no modificaría la ley del aborto, sino que trataría de aplicarla también en las partes que prevén medidas preventivas y disuasorias con el fin de reducir el número de abortos en lugar de multiplicarlo. Lo cual, a pesar de dejarme cierta insatisfacción ya que considero el aborto como un crimen abominable – cuando no como un auténtico genocidio digno de un severísimo Juicio de Nuremberg –, representa un primer paso hacia un cambio de actitud respecto del aborto: ya no es una “conquista civil”, sino un mal que hay que tolerar, y en la medida de lo posible, evitar. Ello sin contar las muchas víctimas inocentes que se conseguiría salvar si de verdad hubiera un compromiso serio y firme de utilizar todos los recursos que la ley ofrece para prevenir y/o disuadir, y para castigar los abusos y las ilegalidades (nuestras clínicas abortistas nos aleccionan al respecto...).

Repito: no es nada más que un primer paso en la justa dirección ya que la batalla a favor de la vida ha de proseguir hasta que el aborto en todos sus supuestos sea una mala pesadilla de la historia.

Otro de los problemas que ocupó el centro de la escena durante la campaña electoral canadiense fue el de la inmigración y el de la multiculturalidad. Canadá vive de inmigrantes y está orgullosa de la pacífica convivencia entre culturas distintas, las cuales, a pesar de sus diferencias, hallan en la identidad nacional canadiense su elemento de unión. La izquierda, sin embargo, ha confundido el recurso de la multiculturalidad, que es antes que nada un hecho, con la ideología de un multiculturalismo exasperado, según el cual todos los sistemas de valores – ya sean o no conformes a la historia y a la Constitución del país – tienen que ser acogidos sin más.

El símbolo de este multiculturalismo exasperado ha sido la ley de la Provincia de Ontario que permitía a los cónyuges musulmanes que lo desearan remitir las controversias en materia de derecho familiar a tribunales coránicos que aplicarían la ley islámica. La ley ha sido paralizada por el veto del gobernador de Ontario, pero ha sido merced a estas “escapadas” multiculturalistas de la izquierda que Harper ha jugado inteligentemente su partida proporcionando una sonora derrota a la izquierda.

Una lección esta última que sirve también para España, donde temas como los “matrimonios” homosexuales, la jurisprudencia sobre las uniones civiles, las políticas anti-vida, el proyecto social-comuno-nacionalista de destrucción de la unidad histórica, cultural y religiosa de España, las políticas sesentayochistas y multiculturalistas en tema de islam e inmigración, etc., merecerían toda la atención por parte del partido de la oposición, en lugar de la indecisión, ambigüedad y confusión que está demostrando.

No basta, por ejemplo, con oponerse tibia y contradictoriamente a los Estatutos “nacionales” de las varias regiones de España (cuando al mismo tiempo sus representantes elaboran o aprueban otros que son un calco de los criticados), o presentar en el último momento un recurso al Tribunal Constitucional – sin la firma del presidente del partido – contra el “matrimonio” homosexual (mientras – sólo por poner un ejemplo más de los muchos que se podrían poner – dirigentes homosexuales regionales y nacionales se “casan” con el beneplácito y/o silencio de las direcciones locales y nacionales).

Ello, sin contar la contradicción que representa tener como único referente a la Constitución vigente, cuando es precisamente esta última la que con sus ambigüedades, sus contradicciones (España como Patria indivisible de los españoles acompañada por el reconocimiento de “nacionalidades”...), sus silencios (ni una palabra sobre la imposibilidad de entender y vivir España sin la referencia obligada al Catolicismo y a la Iglesia, ni tampoco sobre la necesidad de blindar los derechos fundamentales de la persona empezando por la defensa de la vida, en todas sus fases, y el reconocimiento de la familia tradicional – única posible – como cimiento de la sociedad), etcétera, representa el punto de encuentro de todos los errores que se han dado cita (por la ingenuidad – por no utilizar otra palabra más fuerte, que aunque reconocida por la Real Academia, mal se adapta al estilo sobrio de esta publicación... – el oportunismo, las derivas ideológicas de los procuradores franquistas y el revanchismo de otros) en la reforma-ruptura que ha dado lugar a la conocida como “Transición”.

Pues bien, hasta que el Partido Popular no se decida abandonar el vacío doctrinal que le aboca al suicidio en el nuevo régimen social-comuno-nacionalista que da cumplimiento cabal a la “Transición” (no cabe olvidar que la primera transición fue sólo un apaño temporal para llegar a la actual fase, verdadero objetivo de las izquierdas y de los nacionalistas de todos los colores junto, como no, a los muchos topos de la “derecha”), la Derecha española (entendida como defensa de la ley natural y cristiana y como actualizadora de la misión histórica de España – Ramiro de Maeztu con su Defensa de la Hispanidad, enseña ), se verá abocada a buscar nuevas formas de representación y actuación (como ya, providencialmente, ocurre), abandonando el “centro-reformismo” a su suerte, que no es otra que la de ahogarse en el vómito con el cual Dios castiga a los tibios y a los fríos de corazón.

Ángel Expósito Correa

Revista digital Arbil, Nº 105, mayo de 2006

La rebeldía gira a la derecha

¿Puede aceptar una sana cabeza juvenil que un atentado cambie los destinos de una gran nación?

Uno de los factores principales del cambio histórico es el conflicto generacional. A la juventud se le suele atribuir, no siempre con razón, el descontento, la rebeldía y el afán de cambiar el mundo. Esa rebeldía no siempre ha ido bien encauzada, pues muchas veces conserva lo peor y combate lo mejor del legado de la generación anterior. En otras ocasiones, diagnostica equivocadamente las causas de los males que combate y termina por agravarlos.

Las buenas intenciones, por sí solas, no mejoran el mundo. También hay una juventud acomodada e integrada, atenta sólo a los valores inferiores. Pero, en sí misma, la juventud no es de derechas ni de izquierdas, sino que suele oponerse al poder vigente, pertenezca a un lado o a otro. Por eso no es extraño que cuando, como ahora sucede en España, el poder gira a la izquierda y se radicaliza, pueda preverse un viraje de la rebeldía juvenil hacia la derecha. Cuando la izquierda se acomoda e instala, la rebelión juvenil necesariamente la abandona. Y no parece dudoso que estamos ante una izquierda retórica, aburguesada y acomodada.

Mal puede encajar el materialismo más rastrero y ramplón con el idealismo que suele atribuirse a la edad juvenil. Mientras el poder parece complacido en conducirlos a la negación de la trascendencia y a la satisfacción de los deseos más bajos y pasajeros, los mejores de ellos se rebelarán contra la manipulación y aspirarán a los valores más elevados y permanentes. Cuanto más se les predique el abandono del espíritu, con más fuerza los rebeldes mirarán hacia él. Aquí acaso se encuentre la explicación del creciente movimiento juvenil hacia la religión y la causa de la decepción que proporciona la ausencia de Dios. Muchos jóvenes comprenden hoy que no luchan más y mejor contra la miseria quienes más invocan a los pobres o pretenden hablar en su nombre sino quienes más hacen por ellos. Una Teresa de Calcuta vale más que todas las ideologías reunidas. La juventud tolera mejor la bajura de miras que la hipocresía y sabe que quienes verdaderamente trabajan en favor de la paz y la justicia hacen poco ruido y no presumen de ello. El primer paso hacia la transformación del mundo consiste en mejorarse a uno mismo. Mala cosa es ese parloteo contemporáneo sobre la paz y la extensión de los derechos. Quien presume de justo no suele serlo. La injusticia del mundo no deja de ofrecerles motivos para la indignación y la acción inteligente, es decir, para la genuina rebeldía. Ahí están, entre nosotros, por ejemplo, las víctimas del terrorismo y su justa indignación. ¿Puede un hombre honrado situarse en una posición equidistante entre la dignidad de las víctimas y la abyección de los terroristas que puede leerse en sus rostros? Pocas cosas producen tanta vergüenza y sonrojo como la pretensión de que quienes se oponen a la negociación y claudicación ante la ETA, desean en el fondo que continúe el terrorismo por razones de interés partidista. Pues resulta muy claro que existe un camino muy fácil, pero perverso, hacia el final del terrorismo, que consiste en aceptar sus reivindicaciones y satisfacer algunas de sus exigencias.

El Gobierno de Aznar habría podido evitar el asesinato de Miguel Ángel Blanco, pero pagando el precio de la indignidad. Bastaría con haber satisfecho las exigencias de sus secuestradores. Pero nunca la derrota de la justicia es el camino hacia la paz.

También sospechan los jóvenes (o la mejor porción de ellos) de las bondades del pensamiento dominante y de la corrección política, de la manipulación del lenguaje y de la verdad histórica. Y así, dejan de repetir esos viejos falsos tópicos, que se les presentan como novedad y que suelen tener su fecha de nacimientos tres o cuatros siglos atrás, y sólo un poco más acá su fecha de caducidad. Pero, por encima de todo, quizá debieran los jóvenes rebelarse contra la educación plana, niveladora, mediocre, materialista, edulcorada y fácil a la que se les viene invitando o que se les impone, con la limitada excepción de la reforma educativa del PP, frustrada como consecuencia del cambio de Gobierno. Y, por cierto, ¿puede aceptar una sana cabeza juvenil que un atentado terrorista cambie los destinos de una gran nación? Por mi parte, creo que recuperaré la confianza en la juventud española el día en que la contemple clamar a favor de un sistema educativo exigente y reclame su derecho a aprender y a pensar, y que reivindique el valor de las escuelas, institutos y universidades como centros de estudio y reflexión, y no como lugares de propaganda y acción política. Y también el día que reclamen la verdadera libertad, que nace de la verdad, y no la servidumbre que procede de la satisfacción de los instintos. Mientras tanto, lo natural es que si el poder gira a la izquierda, la rebeldía gire a la derecha.
 

La Gaceta de los Negocios

Ignacio Sánchez Cámara

28-06-2006

¿De dónde vienen los progresistas españoles?

Detrás de la política seguida por el Gobierno de Zapatero en estos dos años hay varias cosas. Una, la personalidad del protagonista, que por ahora parece un misterio y dentro de algunos años causará asombro, como lo causa la de otros caudillos de un pasado no muy lejano. La otra, la que nos interesa hoy, es la actitud y la mentalidad que sostienen esa acción política, la de los progresistas.

En primer lugar, y dado que el partido del caudillo no ha cambiado de nombre, está el socialismo. El socialismo de Zapatero tiene poco que ver con el imaginado por los fundadores en el siglo XIX español, y tampoco con lo que siguió luego. Nunca hubo gran dosis de utopía en aquellos socialistas, más sindicalistas que otra cosa. Eso sí, en lo que no creyeron nunca fue en la democracia.  

Al principio desconfiaban de ella. Luego la concibieron como un instrumento al servicio de los intereses que decían representar. La democracia y el parlamentarismo nunca fueron para ellos valores absolutos, como no lo es la libertad que permiten. Eso es lo que el socialismo español de hoy conserva de sus antecesores.  

Con el tiempo perdió cualquier radicalismo y cualquier referencia al marxismo, siempre muy imprecisa. Conserva la idea de que las instituciones democráticas valen si sirven para la buena causa. La suya. Una segunda característica de la mentalidad de quienes ocupan el Gobierno hoy en España es el "progresismo", en el sentido histórico del término; una desviación específica del liberalismo decimonónico hacia una forma de radicalismo ocurrida en torno a los años de transición revolucionaria entre la muerte de Fernando VII y la subida al trono de su hija, Isabel II.  

Aquellos progresistas fracasaron en su intento de establecer un régimen propio, y a partir de ahí se atascan en una compulsión de repetición del pasado que deben reactualizar una y otra vez para hacer, por fin, la revolución que, según ellos, no les dejaron hacer. Aquí encontramos el origen de otros dos componentes del socialismo actual: negar cualquier interés a todo lo que el progresismo considera de derechas, condenado como absolutamente reaccionario y deleznable; y, sobre eso, un elemento alucinatorio que niega el tiempo transcurrido y la realidad que ha ido surgiendo con él.  

En el siglo XIX tenían que volver a hacer la revolución liberal, que estaba hecha, aunque no como ellos hubieran querido. Ahora tienen que ganar la guerra que perdieron y restaurar la República, en cuyo desastroso transcurso y final, ni que decir tiene, no tuvieron nunca la menor responsabilidad. El progresismo español es el adanismo perpetuo. La tercera característica es la crítica radical contra España.

El liberalismo y el conservadurismo español del siglo XIX son patriotas naturalmente, porque construyen la Nación y el Estado modernos. Los progresistas, desmarcados de ese proyecto, problematizan la idea de España, a la que identifican con uno de los llamados "obstáculos tradicionales" que les impiden llegar al poder y hacer de una vez "su" revolución. Así que empezarán a explorar el terreno del republicanismo (que aquí quiere decir, sobre todo, antiespañolismo) y el federalismo.  

Identificarán la idea de España con un proyecto retrógrado, oscurantista, y acabarán pactando con los nacionalistas. Éstos los traicionan siempre, aunque no por eso los progresistas dejen de considerarlos sus aliados. La misma pulsión antiespañola, la misma vivencia antinatural y acomplejada de su propia nacionalidad tienen hoy los socialistas españoles encabezados por Rodríguez Zapatero. 

Queda una última veta. Al principio fue una corriente muy minoritaria del progresismo primero. Derivó en una secta que incorporó elementos a medias místicos, a medias panteístas (es decir, que diluyen a Dios en la totalidad del mundo) procedentes de una oscura rama del idealismo alemán. Se llamó krausismo, por el nombre del personaje, bastante delirante, que lo inspiró, y combina elementos sumamente originales. Muchos de sus adeptos habían sido sacerdotes, y de hecho querían fundar una Iglesia nacional española. Pretendían hacer aquí la reforma que no se hizo… ¡en el siglo XVI! Los principios, en cambio, eran nuevos. Era una espiritualidad transida de laicismo militante. No sólo no reconocían valor a la autoridad de la Iglesia Católica. Tampoco aceptan el valor normativo de la moral cristiana y borran la diferencia entre el Bien y el Mal. Sustituyeron la moral y la ética por una estética ascética, al mismo tiempo moderna, en su tiempo, y postmoderna, en lo que tiene de completo relativismo. Por eso ha triunfado ahora, ya derrotado el ideario socialista.  

Esta aspiración de armonía universal que quiso representar el krausismo permite entender muchas cosas: la amoralidad –es decir, la corrupción– en la gestión de la Institución Libre de Enseñanza, que fue la puesta en práctica de la escuela en la segunda mitad del siglo XIX, y ahora la exaltación de la palabra "paz", la clave de la política de Rodríguez Zapatero, desde la deserción en Irak hasta la rendición y el desmantelamiento de España y de la Constitución de 1978 en el altar del terrorismo nacionalista.  

¡Ah, la paz, la armonía de los mundos, el diálogo de civilizaciones! Pero no hay que tomárselo a broma, ni desviar la mirada.

Es un paso más en una demolición sistemática, dispuesta a llegar hasta el final.  

José María Marco

Libertad Digital, suplementos Ideas, 28 de junio de 2006 

¿Quiénes son los candidatos a la presidencia de México?

Las elecciones presidenciales del próximo 2 de julio en México se disputarán principalmente entre el polémico candidato de izquierda, Andrés Manuel López Obrador, quien ha estado a la cabeza durante la mayor parte de la contienda, y el candidato de centro-derecha, Felipe Calderón Hinojosa, quien le sigue tan de cerca que el resultado final de las elecciones resulta incierto.

Cada uno de estos candidatos representa un proyecto económico, político y social muy distinto para México, de ahí la expectación con que muchos esperamos el día de la votación y la intensidad con la que estamos viviendo la circunstancia política.

En tercer lugar se encuentra Roberto Madrazo Pintado, quien difícilmente logrará remontar.

A continuación presentamos una breve semblanza de estos tres candidatos, los cuales concentran la mayor intención del voto: quiénes son, su trayectoria y algunas de sus propuestas.

1. Andrés Manuel López Obrador (52 años de edad), Alianza por el Bien de Todos: Partido de la Revolución Democrática (PRD), Convergencia y Partido del Trabajo (PT). Originario de Tabasco, López Obrador estudia Ciencias Políticas y Administración Pública en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). En 1976 inicia su carrera política en el Partido Revolucionario Institucional (PRI), el partido emanado de la Revolución Mexicana que gobernaría México por 70 años mediante el autoritarismo de Estado, el fraude electoral, el clientelismo, e incluso la represión de sus opositores. Durante su pertenencia al PRI, López Obrador ocupa diversos cargos públicos. En 1989 se une al Partido de la Revolución Democrática (PRD), recién fundado por un grupo de políticos priístas descontentos por el fraude electoral de 1988. Se convierte en presidente nacional del PRD en 1996, y en jefe de Gobierno de la Ciudad de México en 2000. Su gestión en la Ciudad de México se caracteriza por generosos programas gubernamentales de corte asistencialista en favor de los ancianos, los hijos de madres solteras y los discapacitados, y por grandes obras viales. Ante las críticas por ciertos aspectos de su desempeño y los escándalos de corrupción en que se ven envueltos algunos de sus colaboradores, responde airadamente que todo es parte de un “complot” de los ricos y poderosos contra el pueblo, del que se erige como representante incuestionable. Muestra cierto desdén por la ley y, en cambio, es partidario de grandes movilizaciones sociales.

Durante su campaña presidencial continúa explotando una retórica populista, estatalista y de lucha de clases. Si bien López Obrador no ha querido definir su postura en temas como la defensa de la vida o la estructura de la familia, algunas facciones de su partido se reconocen a favor del aborto, la eutanasia y el matrimonio entre homosexuales. En materia de educación, propone expandir la educación pública, mantener su carácter laicista y su control por parte del Estado. Sus propuestas más sonadas atañen a lo económico: incrementar el gasto social a través de transferencias gubernamentales, subsidiar los precios de los energéticos, e implementar una política industrial orientada a la sustitución de importaciones.

2. Felipe Calderón Hinojosa (43 años de edad), Partido Acción Nacional (PAN). Hijo de Luis Calderón Vega, uno de los principales ideólogos del PAN, Felipe Calderón ingresa formalmente en ese partido en 1980. Estudia Leyes en la Escuela Libre de Derecho, un master en Economía en el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM) y otro master en Administración Pública en la Universidad de Harvard. En 1996 es elegido presidente nacional del PAN. Después del triunfo de Vicente Fox, queda encargado de coordinar la bancada panista en el Congreso. Más tarde, es nombrado secretario de Energía por Fox, e intenta negociar la reforma energética sin éxito. A finales de 2005 gana la candidatura a la presidencia por su partido.

Es el único candidato que, durante una entrevista televisiva en cadena nacional, se ha pronunciado expresamente a favor de la protección de la vida desde la concepción hasta su muerte natural y de la definición legal del matrimonio como la unión entre un hombre y una mujer. En materia de educación pública, una de sus propuestas es otorgar mayor autonomía a nivel escuela, promover la rendición de cuentas y fomentar la participación de los padres de familia. Su propuesta económica incluye mantener la estabilidad macroeconómica y la apertura de la economía, promover la inversión y seguir adelante con reformas estructurales que permitan una mayor competitividad de México con el resto del mundo, así como continuar con el ejercicio prudente y focalizado del gasto social en educación, salud y combate a la pobreza. Representa, a grandes rasgos, la continuidad de la línea de política económica de años recientes. Por lo anterior, Calderón es percibido como un candidato mesurado, aquél del cambio moderado con responsabilidad social.

3. Roberto Madrazo Pintado (53 años), Alianza por México: Partido Revolucionario Institucional (PRI) y Partido Verde Ecologista de México (PVEM). Roberto Madrazo estudia Derecho en la UNAM y un posgrado en la Universidad de California en Estados Unidos. Originario de Tabasco e hijo de Carlos Madrazo, prominente político del PRI, desarrolla su carrera política exclusivamente dentro de este partido y ocupa diversos cargos, entre ellos la dirigencia nacional del PRI en el 2002. En 1994 compite por el gobierno del Estado de Tabasco contra Andrés Manuel López Obrador y obtiene el triunfo mediante un sonado fraude electoral. Su proyecto económico actual no difiere mucho del que se ha desarrollado en los últimos años en México: apertura comercial, estabilidad macroeconómica e impulso moderado a las reformas estructurales. En lo social, no se ha pronunciado explícitamente a favor cambios legales en cuanto al aborto, la eutanasia o la definición del matrimonio, y su partido parece más inclinado a mantener el status quo en estos aspectos y también en materia de educación. Con todo, Roberto Madrazo no ha podido despuntar del tercer lugar en las preferencias electorales, debido a que su figura es emblemática de aquel grupo de políticos que han hecho de la corrupción y el fraude parte esencial de su carrera política.

Laura Juárez y Yuritzi Mendizábal

Páginas Digital, 27 de junio de 2006

Mujeres: resistid, que van a por vosotras

Lo decía el legendario agente Cooper en el Twin Peaks de David Lynch: "Cuando dos acontecimientos relacionados con un mismo caso aparecen simultáneamente, conviene prestar la máxima atención". Sincronicidad, lo llamaría Jung. Y sincrónica es la aparición simultánea de dos noticias que apuntan en un mismo sentido: la vida de las mujeres empieza a ponerse complicada; el sistema las quiere devorar.

Primera estampa: Holanda. Una diputada laborista, Sharon Dijksman, ha propuesto multar a las mujeres con título universitario que, en vez de trabajar, opten por ser madres y amas de casa. Repetimos: si tú, cariño, eres licenciada y rehúsas trabajar por cuenta ajena, porque prefieres dedicarte a tu casa, en Holanda te podrían multar. Porque un talento que no se ponga al servicio del sistema –dice la diputada- es un desperdicio, y eso debe ser castigado. Curiosamente, la señora
Dijksman estima que criar hijos no es un servicio a la comunidad.

Segunda estampa: Australia. Allí el sistema médico tutela el diagnóstico prenatal y el aborto en caso de diagnosis grave –malformaciones, enfermedades serias, etc.-, pero no contempla que la madre que se halle en tal situación desee proseguir el embarazo. ¿Y si la madre decide llevar adelante su embarazo a pesar del diagnóstico? Se quedará, en la práctica, sin asistencia médica. Y se verá acusada de sobrecargar a la sociedad con un gasto innecesario. Lo más notable es que el diagnóstico prenatal falla más que una escopeta de feria: un estudio de 300 autopsias sobre fetos abortados descubrió que el diagnóstico sólo se confirmaba en el 39% de los casos. Todo esto lo ha contado Melinda Tankard Reist en Nacimiento desafiante: Mujeres que se resisten a la eugenesia médica (Defiant Birth: Women Who Resist Medical Eugenics, Spinifex Press).

Ambas noticias, la australiana y la holandesa, coinciden en algo importante: son el perfecto ejemplo de banderas que uno agita en nombre de la libertad y que terminan convirtiéndose en instrumentos de esclavitud. Tanto la incorporación de la mujer al mercado laboral como el derecho al aborto han venido siendo, desde hace tiempo, materias reivindicativas de la "emancipación femenina". Pero obligar a las mujeres a trabajar fuera de casa o presionar a las mamás de riesgo para que aborten no son cosas que uno pueda exhibir como ejemplos de libertad.

Más al fondo, todo esto es un síntoma del naufragio de los mitos modernos. La modernidad se desplegó sobre nosotros bajo una máscara de libertad, y así creció, junto a los derechos individuales, la gran civilización de la técnica. Pero ahora, al final del camino, cae la máscara de la libertad y lo que nos queda es sólo la técnica, la máquina. Y nuestra misión pasa a ser la de mover los engranajes para que la máquina no se detenga, como los esclavos de la Metrópolis de Fritz Lang.

Una vieja maldición china: "Los ferrocarriles terminarán siendo arrastrados por los hombres". O por las mujeres.

Resistid, chicas: van a por vosotras.
 

José Javier Esparza

El Semanal Digital, 27 de junio de 2006

La izquierda y el Estado de Derecho

Entre los analistas internacionales que observan la realidad latinoamericana está de moda hablar de la "nueva" y la "vieja" izquierda para referirse a grupos que gobiernan en la región. Según esa óptica, hay una división tajante entre las dos izquierdas: una estaría integrada por los "modernizadores"; la otra, por los "revanchistas".

La primera vendría a ser la "izquierda dura que tomó el buen camino". Estaría integrada por Lula da Silva (Brasil), Michelle Bachelet (Chile) y Tabaré Vázquez (Uruguay). Se dice que sus gobiernos son responsables, que ponen los intereses nacionales por encima de la nostalgia, la retórica grandilocuente y las ideologías estridentes. La otra sería aquella izquierda no reestructurada que tiene sus raíces en la gran tradición populista de América Latina. Entre sus miembros más conspicuos estarían Hugo Chávez (Venezuela), Evo Morales (Bolivia) y Néstor Kirchner (Argentina). La gran pregunta es: ¿de acuerdo con qué parámetros hacen esa distinción?

¿Existen tan sólo dos variantes de izquierda?

¿O no será que existe una tercera, quizás la potencialmente más nefasta de todas? En nuestra opinión, los que dividen a la izquierda latinoamericana en esas dos ramas se guían fundamentalmente por las cifras macroeconómicas. Pero ¿es eso lo realmente importante?

El premio Nobel de Economía Friedrich Hayek aseveró: "Yo siempre dije que un economista que no es más que economista ni siquiera puede ser un buen economista". 

A nuestro entender, un Gobierno "moderno" y "responsable" es aquél que garantiza la vigencia plena de los derechos individuales. Uno que respeta la efectiva separación de poderes. Por lo tanto, el dato relevante para evaluar a un Gobierno no es el funcionamiento de la macroeconomía, sino el del Poder Judicial. Con respecto al Uruguay, no hay duda de que ha habido un gran cambio desde que asumió Vázquez. Hasta hace poco se observaba con orgullo que nuestro Poder Judicial actuaba con independencia y no estaba sometido a las presiones de los diferentes gobiernos.

Esa situación ha variado de forma alarmante. Ahora la sensación que prevalece entre la opinión pública es la incertidumbre, incluso el miedo. El presidente de la Cámara de Industrias declaró recientemente: "El Poder Ejecutivo no entiende que la propiedad privada está garantizada por la Constitución". Y añadió: "Hoy, la Justicia ya no es un baluarte donde uno se pueda refugiar". Esa aprehensión no es producto de un caso específico, sino de muchos que van marcando un nuevo rumbo inquietante. Por ejemplo, recientemente el dueño de una curtiembre fue procesado con prisión por tratar de recuperar su fábrica, que estaba ocupada por un grupo de trabajadores. Se le tipificó un delito de "justicia por mano propia".

Pero ese delito sólo lo puede cometer aquél que elude los procedimientos de justicia establecidos. Sin embargo, el decreto que "legalizó" las ocupaciones no prevé otra justicia. Si las fábricas son ocupadas no hay a quién recurrir. Vázquez afirmó que su Gobierno "no presiona a la Justicia". No obstante, cuando un alto funcionario se enojó porque un juez no procesó con prisión a unos ciudadanos, como él esperaba, declaró públicamente: "En el sistema judicial uruguayo, por suerte, los Eguren [el juez de la causa] son minoría (...) Con un juez así, ninguna sociedad puede funcionar". 

Asimismo, cuando se pretendió cumplir una orden de una jueza de lo laboral para sacar la maquinaria de una planta textil, los trabajadores sindicalizados bloquearon su cumplimiento. ¿Por qué no recurrió a la fuerza pública, como es de rigor? Hay confusas versiones. Lo que declararon las autoridades fue que, ante una petición verbal de la Suprema Corte de Justicia al ministro de Interior para que fuerzas policiales apoyaran el procedimiento, el ministro expresó que "no podría cumplir [la] orden judicial por razones de tiempo y porque tenía que viajar". Sin estridencias, con números "macro" inobjetables y gran refinamiento, los uruguayos vamos rumbo al infierno.  

© AIPE 

Hana Fischer, analista uruguaya.  

Libertad Digital, suplemento Exteriores, 27 de junio de 2006

Es «obligación» de la Iglesia pronunciarse sobre las «implicaciones morales» de la política

MADRID, viernes, 23 junio 2006 (ZENIT.org-Veritas).- El secretario general y portavoz de la Conferencia Episcopal Española (CEE), padre Juan Antonio Martínez Camino, compareció este viernes en rueda de prensa para informar sobre la Asamblea Plenaria Extraordinaria, que finalizó el 22 de junio, y en la que se ha abordado por primera vez un sólo tema: los retos pastorales que plantea la situación actual de España.

Además de algunas acciones ya previstas en el Plan Pastoral 2006 2010, a las que los obispos han decidido dar prioridad (iniciación cristiana, cuidado del domingo, y matrimonio y familia) se ha acordado también iniciar los trabajos de una futura Instrucción Pastoral «sobre la misión de la Iglesia en la actual situación».

Según recoge Veritas, el portavoz reveló que 50 de los 64 obispos presentes en la Plenaria apoyaron la elaboración del documento, mientras 9 votaron en contra, 3 se abstuvieron y 2 votos fueron declarados nulos.

El portavoz quitó importancia a los votos negativos y dijo que el documento «La Iglesia y la comunidad política» (de 1972) tuvo más votos en contra (20) y «nadie lo pone en cuestión». En este contexto, consideró necesario insistir en «la unidad de los obispos», porque «cunde la idea en la opinión pública de que hay división».

Martínez Camino explicó que la Instrucción «abordará todas las cuestiones que preocupan» de modo similar a como se ha hecho en otras ocasiones (el portavoz hizo referidas alusiones en este sentido al libro «Moral Política», que recoge 9 documentos del magisterio de la CEE, aparecidos entre 1972 y 2002).

En este marco, el tema de «la unidad de España» podría también estar presente si se viera que «hay implicaciones morales». El portavoz defendió la «obligación» de los obispos de iluminar las realidad humanas y afirmó que «cuando no se ha hecho (y a veces no se ha hecho suficientemente) se les ha pedido cuentas», aunque reconoció que es «delicado» abordar estas cuestiones.

En cualquier caso, Martínez Camino dio por seguro que la Instrucción no será exclusivamente «sobre la unidad de España», aunque reconoció que este tema es uno de los asuntos «que está entre las preocupaciones de la sociedad actual y de los obispos».

Asimismo, dijo que «la unidad» tiene muchos aspectos, pero que la intención de los obispos no es abordarla desde el punto de vista político, sino desde las «implicaciones morales». «Otra cosa son las interpretaciones», añadió.

Junto al tema de «la unidad de España», la Instrucción abordará otras cuestiones que preocupan a los obispos, algunas de las cuales ya han recibido pronunciamientos por parte de la CEE (Ley Orgánica de Educación, Ley de Reproducción Asistida, Educación para la Ciudadanía, etc.)

El secretario y portavoz de la CEE dijo que aún no hay una agenda de trabajo para la elaboración de la Instrucción y que ni siquiera se ha fijado fecha para la primera ponencia.
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