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Políticamente... conservador

«La Iglesia no va a adulterar el mensaje de Jesús por ganar clientes»

El arzobispo de Iruñea y obispo de Tutera, Fernando Sebastián, aseguró ayer que pese a que los obispos están haciendo «una autocrítica» para encontrar las causas del alejamiento de los jóvenes de la Iglesia, ésta «no puede tocar lo que es fundamental para ella». Por eso, afirmó que «no piensan adulterar el mensaje de Jesús para ganar más clientes» y que una Iglesia que «pactara con los explotadores del sexo ni sería Iglesia de Jesús ni sería capaz de aportar algo útil a los jóvenes». Así respondió el arzobispo a la última encuesta de la Fundación Santamaría, de la que se desprende que el número de jóvenes que se consideran católicos baja por primera vez del 50% y que la Iglesia es la institución que más desconfianza suscita entre el colectivo.

 

Respecto a los resultados de la citada encuesta, señaló que «nada tienen de extraño» los resultados de esta encuesta, que «no ha sido una sorpresa para la Iglesia aunque siempre es un mala noticia» en una sociedad donde «el laicismo está en el poder y hay una gran permisividad o indolencia de una parte de la sociedad por las cuestiones morales y religiosas», afirmó.

 

Pese a esta situación, defendió que «no hay otra asociación que pueda convocar a un número tan grande de jóvenes en la que no hay borracheras, jeringuillas ni violencia». Por otra parte, aclaró que a la Iglesia no le preocupa la institución, sino que los jóvenes se encuentren con Cristo. «Estamos tratando de ver en qué podemos mejorar la relación de los jóvenes con Cristo, ya que es triste que se construyan sus vidas sin el tesoro que es Cristo», apuntó en la rueda de prensa convocada para presentar el Encuentro Nacional de Jóvenes que tendrá lugar en Iruñea los días 4,5 y 6 de agosto.

 

 

Gara, 25 de abril de 2006

 

Los derechos del hombre, y los del mono

El PSOE se dispone a tutelar los derechos de los grandes simios en España, medida sin duda loable pero necesitada de explicación en un país que experimenta con embriones humanos.

El Grupo Socialista presentará próximamente en el Congreso una proposición no de ley sobre los grandes simios. El Proyecto Gran Simio, una ONG presidida por Joaquín Araujo, aspira a garantizar jurídicamente la dignidad de chimpancés y orangutanes, argumentando tanto su proximidad genética con los seres humanos como sobre todo su sensibilidad, habilidades y costumbres que hacen particularmente penosos los malos tratos cuando se les dan. La proposición defenderá también "el establecimiento de territorios protegidos, para que los chimpancés, gorilas y orangutanes puedan seguir viviendo como seres libres, por sus propios medios".

A pesar de algunas críticas precipitadas, la proposición no es tan descabellada. Se habla en ella de los derechos de los animales, y no de los derechos humanos, lógicamente. La idea de proporcionar una protección especial a los grandes simios está avalada por científicos y antropólogos internacionales y nacionales de primer nivel. Y es cierto que los chimpancés, gorilas y orangutanes tienen unas características que los distinguen de otros animales, de tal manera que no se trata sólo de proteger la diversidad genética de la naturaleza y los derechos de los animales en general, sino también de tutelar –conforme a su índole animal, obviamente- a cada uno de los individuos de dichas especies.

Nadie pretende seriamente equiparar al hombre con el mono ni otorgar a estos animales la categoría de personas. Es por lo menos llamativo que se diga de los simios que "deben tener el derecho a apelar ante un tribunal de justicia", al tiempo que se niegan ciertos derechos a los humanos. Hay que perfilar mejor las ideas: sólo una lectura reduccionista y muy limitada de la teoría evolucionista permitiría considerar a los simios "parientes" cercanos del hombre, al menos con mayor dignidad que otros animales superiores. Y ahí radica la debilidad de la proposición: o se ha manipulado o se ha explicado mal o, en todo caso, aparece desconectada de medidas amplias y coordinadas de defensa de la vida. No es una mala proposición, pero puede explicarse mejor y debe ampliarse en su vigencia.

Es cierto, por ejemplo, que los grandes simios sufren con la vivisección, la experimentación científica basada en ellos, sin que esté probada y demostrada su oportunidad en todos los casos en los que se emplea. Pero la misma dignidad que se pide para los grandes simios debería pedirse para todos los animales, y así lo que debería estudiarse es la limitación y eventualmente la prohibición de la vivisección, como forma de maltrato animal en la medida en que no proporcione beneficios a la sociedad humana.

Es muy respetable, por último, que el uso y manipulación de animales se considere "una nueva forma de esclavitud". Ahora bien, si es así, ¿qué cabría decir del uso y manipulación en laboratorio de embriones humanos? Si los primeros tienen una dignidad merecedora de atención, respeto y protección, ¿qué no podrá decirse de seres humanos incapaces de defenderse que podrían ser empleados legalmente en experimentos estériles? La proposición ha creado polémica en un punto sensible de nuestro tejido ético, y la ocasión debe aprovecharse para definir los límites de lo humanamente admisible.

 

 

Editorial de El Semanal Digital, 25 de abril de 2006

 

El entierro de la sardina europea

La Unión Europea ha muerto. Todo el mundo lo sabe, pero nadie lo admite; oficialmente prefieren declararla en coma. La Unión Europea ha muerto, pero no Europa, porque Europa existía mucho antes que el Tratado de Roma. Es una vieja dama cubierta de cicatrices que no se deja engatusar ni por jóvenes oficiales de caballería ni por los yuppies del maletín, y aún menos por los burócratas políticos, que pululan y ululan, no tanto en Soria como en Bruselas, Estrasburgo y otras capitales. Y Europa, después de haber vencido al nazismo y al comunismo (pero con la ayuda primordial de los USA, que no se olvide), ha vencido a la UE.

Veamos algunas peripecias recientes. Aunque el paripé de la Constitución sea asimismo reciente, teniendo en cuenta la desmemoria y la desinformación, creo que vale la pena recordar porqué votamos "no". La modestia me impide emplear el plural; diré porqué voté "no".

– Odio la idea de una superpotencia europea, creada autoritariamente con el único (o esencial) objetivo de enfrentarse a los USA. Se expresaron diferentes matices, como no "enfrentarse" sino "independizarse" (?), y sofismas por el estilo, pero quedaba bien claro que se pretendía crear a marchas forzadas una superpotencia contra, y no estrechamente aliada (política, militar y económicamente) al resto del mundo democrático, los USA, claro, pero también Australia y Japón, pongamos.

– Rechazo la idea de una creación arbitraria, burocrática y autoritaria (incluso con el voto favorable de ese fantasmal Parlamento Europeo), de un Superestado que hubiera destruido las naciones europeas. Las naciones, sus señorías (y los españoles lo estamos viviendo trágica y pésimamente estos días), no se liquidan así como así, por voluntad imperial y anhelos de conquista de una clase política bastarda, y de ciertos estados de mediana potencia que sueñan convertirse en superpotencias.

Las naciones se han ido creando durante siglos, y ha corrido mucha sangre, mucho sufrimiento y muchas ilusiones para que lleguen adonde han llegado, y eso es una realidad histórica, política y cultural que no se anula por decreto.

– Y, last but not least, la Constitución era un monstruo, inaplicable y sumamente contradictoria, que permitía y a renglón seguido prohibía las mismas cosas. Cada artículo de moderada inspiración liberal se veía obstaculizado por veinte artículos en sentido contrario. Y lo único que quedaba claro y concreto, como lo reivindicaba el propio padre de la criatura, Giscard d’Estaing, era su voluntad imperial: un Superestado para una superpotencia. Todo ello embadurnando de falaciosas promesas (seremos más fuertes y, por lo tanto, más prósperos y más felices), en las que nadie creía.

Se han expuesto otros argumentos y críticas, pero estas tres me bastan para justificar mi "no". Como debería haber hecho el PP, si fuera consecuente con sus declaraciones liberales. Pero no fue le único: otros partidos europeos, reservados, reacios o contrarios al espíritu y a la letra del mamotreto constitucional de marras no se atrevieron a rechazarla con su voto, por conformismo, miedo a aislarse y parecer "antieuropeos", cuando era precisamente esa Constitución la que era antieuropea.

El "No" en Francia, evidentemente el más importante, también era el más ambiguo. Expresaba a la vez varias cosas: un lógico rechazo a la liquidación de la nación francesa, pero acompañado de una voluntad suicidaria de encerrarse en sus propias fronteras, de una nueva autarquía, a lo que se añadía la demagógica reivindicación de una nueva URSS, disimulada bajo los oropeles de la "Europa social". Porque una cosa es la destrucción de un plumazo de las naciones y otra, muy diferente, que esas naciones estén abiertas al mundo.

Bien sabido es que, desde el Tratado de Roma, lo único positivo, pese a inevitables altibajos, contradicciones y problemas, ha sido el Mercado Común, que procedía de una inspiración liberal, con la apertura de las fronteras económicas, la libre circulación de los capitales, las mercancías, las personas y los servicios, etcétera (¡Hola, Bolkestein! ¿Qué tal?), que la Constitución, en ciertos de sus artículos, impuestos por la socialburocracia, ponía de pronto en tela de juicio.

Pero resulta que, con la globalización, el mercado común europeo ha quedado ampliamente superado. Crear una frontera económica común para 25 países, en lugar de 25 fronteras, aunque sea a todas luces positivo, es insuficiente para impulsar el desarrollo económico, que exige mucha más libertad, a la vez que una política internacional. Y ya que los argumentos a favor de la UE son esencialmente defensivos, cabe preguntarse: ¿cómo resiste al chantaje petrolero, con su increíble aumento de los precios, o a la "invasión" de productos de consumo chinos? Son sólo dos ejemplos. En cambio, la gigantesca burocracia parasitaria de la UE, que despilfarra en balde billones de euros, a cargo de los contribuyentes, sí que constituye un obstáculo al desarrollo, y concretamente al consumo.

Aunque sea brevemente, quiero aludir a dos cuestiones fundamentales: la "Europa de las regiones" y la "política exterior" de la UE. "La violencia se ha acabado y la sociedad vasca no la permitirá nunca más", ha declarado Ibarreche. ¿Quiere esto decir que la sociedad vasca la permitía hasta ayer por la tarde? ¿O que los amos absolutos de la violencia, quienes deciden cuándo empieza y cuándo termina, son él y el PNV, y ETA sólo sus locos de alaeuskalduna, asesinos disciplinados y obedientes? Hay veces en que los discursos se convierten en confesiones involuntarias. También declaró que la única Constitución de los vacos son sus "derechos históricos", o sea nada, porque tales "derechos" no existen, los han inventado para nutrir la Leyenda y el "sacrificio", o sea el asesinato.

Pero el nacionalismo vasco, además de un irredentismo fanático que no piensa, sólo odia, pretende en su vertiente "política" sitúar su futuro en la "Europa de las regiones", considerando, en su delirio, el futuro País Vasco como una de las más importantes, después de haber conquistado Navarra y el suroeste de Francia. Pues resulta que la "Europa de las regiones" no existe, ni existirá jamás, y ese retorno al paraíso medieval perdido, bucólico y placentero, soñado por algunos bretones –y que históricamente fue un periodo de guerras incesantes y de hambrunas–, tiene infinitamente menos realidad de la que tuvo la difunta UE.

No, no hemos terminado con el drama vasco, pese a que tantos se hagan ilusiones y otros parezcan alelados e impotentes.

Lo más grave en relación con la "política exterior" de la UE no es que apenas exista, es que sea catastrófica y reaccionaria. Hace ya tiempo que la UE apoya y mantiene a los tiranos en América Latina, como en Oriente Próximo y Medio. Su paranoia antiyanqui, como sus intereses petroleros, le impulsa a un política "proárabe" –o sea pro déspotas musulmanes– que a veces le conduce a elegir Ben Laden contra Bush, y no hablemos de Sadam Husein, ayer, como de los demás tiranos, hoy.

Desde luego, no siempre existe unanimidad, y, por ejemplo, durante la crisis iraquí Tony Blair, José María Aznar, los gobiernos de los países de la Europa ex comunista, otros, la mayoría en realidad, se opusieron a la política anti Bush y pro Sadam de la minoría, encabezada entonces por Francia y Alemania, pero los medios y la calle lograron, sin embargo, arrinconar hasta cierto punto a los partidarios de la solidaridad internacional de las democracias contra el terrorismo. Lo cual demuestra, si fuera necesario, la importancia que tiene la batalla y la victoria en los medios y en la calle.

Y ante los problemas candentes de hoy, como las armas nucleares y las amenazas del totalitarismo iraní, muy concretamente contra Israel, la única democracia de la región, o la victoria de los fusiles de Hamas en las elecciones palestinas, quienes reafirman su voluntad de destruir Israel, lo mismo que sus aliados ayatolás, ¿qué hace la UE, sino tergiversar y claudicar, tragándose los sacrosantos valores europeos y los derechos del hombre –¡y de la mujer!–, a cambio de "treguas" y "paces" ilusorias?

Una vez más, Europa depende de los Estados Unidos para salvarse y salvar la democracia.

Por Carlos Semprún Maura

Libertad Digital, suplemento Exteriores, 25 de abril de 2006

Un «sol rojo» alumbra Nepal.

Muerto Mao, y descafeinado el maoísmo en la propia China, algunos de sus rescoldos, sorprendentemente, continúan provocando incendios por el mundo; alimentados por una ideología inhumana cargada del «culto a la personalidad» a un desaparecido. Si antaño fueran Perú -de la mano de la sanguinaria organización terrorista Sendero Luminoso- y algunos estados indios los golpeados por sus correligionarios locales, es en Nepal, actualmente, donde se sufre una «guerra popular» planteada al más puro estilo maoísta, a lo que se suma una grave crisis política.

 

La semana pasada Nepal disfrutó de espacios preferentes en las primeras portadas de diarios y en los noticiarios televisivos de todo el mundo: muchedumbres en manifestación se enfrentaban, en la capital, a la policía nepalí mientras que, según otras informaciones, la guerrilla maoísta seguía avanzando. ¿Qué está pasando en el «techo del mundo»?

 

Desde hace, ya, 10 años, el Partido Comunista de Nepal (Maoísta), en lo sucesivo PCN (M), se decidió de nuevo, tras unos años de acatamiento de la legalidad, por la conquista armada del poder. Poco a poco fue consolidando su control sobre los territorios «liberados», siguiendo la ortodoxia maoísta del «cerco de las ciudades por el campo», conforme sus tácticas de la «guerra popular prolongada y de desgaste». Y, de este modo en la actualidad, ya controla un 40 % del territorio de Nepal, aunque no las ciudades.

 

El segundo factor relevante de la situación política nepalí deriva de la anormalidad constitucional que se vivía desde que el discutido rey Gyanendra efectuó un autogolpe de Estado el día primero de febrero del año 2005, asumiendo un poder casi absoluto; tras destituir al Gobierno democráticamente electo y disolviendo el Parlamento. Los objetivos alegados: acabar con la corrupción política y frenar la ofensiva guerrillera.

 

Obligado por las más numerosas manifestaciones que ha conocido Katmandú –la capital- en toda su historia, el rey anunció el pasado viernes 21 de abril que devolvía el poder ejecutivo al pueblo, a la vez que instaba, a los siete partidos políticos opositores coaligados, a que nombraran un nuevo primer ministro. Oferta rechazada y que no ha impedido que las manifestaciones se sigan sucediendo.

 

En el pasado mes de noviembre de 2005 la llamada «Alianza de los Siete Partidos» llegó a un acuerdo de colaboración con el PCN (M) en el común objetivo de reimplantación de la democracia mediante una asamblea constituyente; un partido que desarrolla un curioso y nada inocente «doble juego». Por una parte decretó un «alto el fuego» en el valle de Katmandú, donde se han desarrollado las manifestaciones multitudinarias; por otra, ha relanzado su ofensiva armada en otras zonas del país. Y no oculta que su objetivo final es «la implantación del socialismo y el comunismo». Todavía hoy. Increíble. Esta posibilidad, ya no tan lejana, es alentada, en parte, por la vecina China que, si bien ya no manifiesta los fervores revolucionarios de antaño, contempla el hipotético triunfo del PCN (M) como una posibilidad para la ampliación de su influencia. Por otra parte, India observa con preocupación que su temido vecino chino se le asome, con mayor ventaja, desde la enorme terraza himalaya, inflamándose así las energías de los diversos grupos guerrilleros maoístas operativos en varios de sus estados.
 
La clase política nepalí, desprestigiada por diversos escándalos, no parece que controle el movimiento popular manifestado estos días. En tal contexto: ¿serán los comunistas, decididos e implacables, quienes capitalicen los cambios y, en un movimiento de pinza –lucha armada y movilizaciones populares-, se haga con el poder?

 

Baburam Bhattarai, quien era miembro del Politburó y Jefe del Departamento de Relaciones Exteriores del PCN (M), fue entrevistado por el semanario Nepali Times en su número del 13 al 19 de julio de 2001. Allí encontramos, como especialmente significativa, una respuesta que desvela el material con que está forjada esta organización con que replica a la siguiente pregunta.
«Nepali Times: Luego de seis años de la guerra popular y de más de 2.000 nepaleses muertos, ¿piensa que ha valido la pena el precio pagado hasta ahora?
Baburam Bhattarai: Aunque es un anacronismo colgarle una etiqueta de “precio” a un trascendental proceso revolucionario en términos de bajas de seres humanos, consideramos que el “precio” pagado hasta ahora por las masas nepalesas en los seis años de la guerra popular ha sido antes bien algo bajo. Tales “precios” en las auténticas revoluciones se pagan en millones y no en miles. ¿Recuerda la Revolución Francesa? Si se considera el poder y el prestigio ganados por las masas pobres y oprimidas del campo nepalés durante los últimos seis años, el “precio” pagado definitivamente ha valido la pena» (http://www.cpnm.org/new/Spanish/baburam_jul2001.htm;23.04.06).
Más adelante agradece el apoyo hacia su causa mostrada por el autodenominado Movimiento Revolucionario Internacionalista, que agrupa a varios partidos maoístas liderados por ¡Sendero Luminoso! Si usted quiere consultarla por internet, cosa bien sencilla, encontrará en sus ediciones el mismo lenguaje, las mismas valoraciones y numerosas loas recíprocas. Por cierto, la revista de esta anacrónica organización peruana se llama «Sol Rojo», en homenaje al «camarada» Mao; uno de los mayores genocidas de la historia de la humanidad. Para que luego se diga que las ideologías han muerto. No todas, ni en todas partes, evidentemente.

 

De nuevo, viejas estrategias e ideologías, que parecían arrojadas a los trasteros de la historia, impactan en la realidad humana, ganando voluntades y trastocando la evolución normal de una nación y de sus gentes. Otra vez, de manera acaso insospechada, una ideología provoca una verdadera mutación antropológica; y en el único país confesional hinduista del mundo.

 

Páginas Digital, 24 de abril de 2006

¿El III Cisma de Occidente?

El distanciamiento entre Europa y EEUU parece una cuestión política. Sin embargo, lo cierto es que por primera vez el corazón de Occidente propone una forma espiritual contradictoria con su propia civilización.

 

 

Muchos han demostrado que es el vigor espiritual, y no la técnica industrial o política, el principio sustentador de las civilizaciones. El cristianismo cumple esta función en Occidente, aunque de un modo cada vez menos homogéneo. En 1378, el I Cisma de Occidente dividió la cabeza de la Iglesia entre Roma y Aviñón. El malentendido duró cuatro décadas y no afectó a la unidad occidental. En el s.XVI, el Cisma protestante provocó duraderos enfrentamientos entre la Europa latina y la germánica, pero el cristianismo siguió unificando la civilización común. ¿Puede afectar la contradicción política entre Europa y EEUU, iniciada a mediados del s.XX y cada vez más evidente, a la unidad espiritual de Occidente?.

 

La intelectocracia europea tiende a negar que la religión explique la actual pugna con EEUU, que sería meramente política. En su reciente libro “El hombre europeo” (2006), el gaullista Dominique de Villepin y el socialista Jorge Semprún reprochan a EEUU su alejamiento de la herencia europea, como una “hija rebelde y orgullosa” que no ha salido del esquema clásico de poder. Sus medios tecnológicos y financieros serían incluso contraproducentes para dar a los retos actuales una respuesta con acuerdo mundial. Sólo Europa podría lograr este objetivo, pues tras los dramas del s.XX estaría en condiciones de lograr un modelo de “gobierno mundial” que combinara soberanía y multilateralidad. Se alcanzaría así el “imperio de la paz”, “la felicidad de una humanidad reconciliada, de una alianza de civilizaciones contra el terrorismo, la pobreza y la autodestrucción del planeta”. Esto confirmaría la tesis de Robert Kagan en “Of Paradise and Power” (2003): la separación entre EEUU y Europa sería política, provocada por una concepción diferente del ejercicio del poder.

 

Sin embargo, el argumento de Semprún y Villepin es en realidad teológico. Se basa en el rechazo de las raíces cristianas de Europa por “indistinguibles”, y en la consideración del cristianismo como una mera etapa en la formación de la conciencia autónoma del individuo. El nuevo europeo habría refundado su espíritu “abrazando los principios emanados de la Revolución de 1789”. Razón, Historia, Luces y Democracia, con mayúsculas, serían los ídolos de la nueva Europa, que se definiría como “democracia y secularización de la vida pública”. Su misión sería entregar este nuevo principio civilizatorio al resto del mundo, empezando por la Europa del Este, que de modo tan irritante se habría alineado con EEUU en la última guerra de Iraq. Por consiguiente, el laicismo antirreligioso, lo que George Weigel llamó “política sin Dios” en “The Cube and the Cathedral” (2005), es la clave de la contradicción entre EEUU y Europa.

 

Así pues, por primera vez en la historia el corazón de Occidente está culminando casi unánimemente la sustitución de sus fundamentos cristianos por una idolatría secularista ajena a su ser, mientras la potencia más poderosa de Occidente mantiene, sin complejos pero con contradicciones, los principios sustentadores occidentales. ¿Qué puede ocurrir en lo que parece el III Cisma de Occidente? Quizás una meiosis civilizatoria, donde el Atlántico separe definitivamente a Occidente de Laicilandia, que no tardaría mucho en sucumbir ante el islam. Quizás el continente americano se rinda a la cultura de la muerte, y Occidente desaparezca para siempre de la historia. Quizás el amor y la unión de los cristianos en una nueva evangelización derrote a la fantasmagoría milenarista del laicismo, incapaz ya de ilusionar a nadie, y devuelva a Europa al corazón de la civilización occidental.

 

 

Publicado en American Review por Guillermo Elizalde Monroset
21-04-2006

 

El muñeco de ETA

Aunque ETA había vuelto a ejercer el terror unas horas antes del mitin de Vista Alegre, el domingo por la mañana estaba crecido el presidente del Gobierno. Se sentía el principal promotor de este horrible vertedero de residuos terroristas, o sea radioactivos, en que se ha convertido España. Acaso por eso, nadie con ganas de vivir al aire libre, sin contaminación, soporta tanta inmundicia. En cualquier momento todo puede saltar por los aires. De hecho, sólo quien se ha adaptado a vivir entre la basura, o sea, quien se ha convertido él mismo en basura, puede vivir como si esto fuera lo normal. Sólo quien se engaña hasta la imbecilidad puede soportar la tiranía de este cruel cementerio: España ha muerto, pero sus residuos, los nacionalismos, imponen por todas partes su criminal dictadura. Algunos ingenuos creían que se iban a salvar del terror de los nacionalistas, por ejemplo, los nihilistas andaluces, pero ya empiezan a sufrir en sus carnes el rigor del terror. Vivir en una España rota será cada vez más duro. Los ciudadanos de bien están amargados porque, desde que el terrorismo internacional coadyuvó a que Zapatero llegara a la Moncloa, los políticos nacionalistas y de izquierdas no han hecho otra cosa que adaptarse a lo impuesto por el terrorismo nacional.

 

Sin embargo, en Vista Alegre, algunos de esos ingenuos, y también un sector de los cantores de las hazañas de Zapatero, acostumbrados a vivir arrastrados entre la basura nuclear, esperaban que el presidente del Gobierno condenase el atentado de ETA contra un ciudadano navarro de UPN. Sus "esperanzas" eran autoengaños para soportar un rato sus indignas vidas. Pero Zapatero no podía condenar lo que le da un poco de vida política. Sería ir a la contra de su parasitismo. Además, era imposible, porque el dueño del cementerio no es Zapatero, sino los terroristas. El presidente de Gobierno es un muñeco en manos de ETA. Zapatero no puede hacer otra cosa que callar y tragar. Disimular y decir imbecilidades para otros tantos correligionarios. En su ayuda han salido, inmediatamente, Llamazares, Durán y Carod-Rovira, quienes han justificado que el atentado de ETA en Navarra es el mejor método, el único, que la población puede esperar para sobrevivir a lo que se nos viene encima.

 

Mientras tanto, en Vista Alegre, Zapatero, representando a la perfección el papel que le ha reservado el terrorismo, entretenía a los suyos haciéndoles olvidar por unas horas que están al borde de la muerte. El PSOE apenas es nada sin los nacionalismos. Todo está pendiente del "proceso de paz", o sea de ETA. En fin, como muñeco parlante, Zapatero resumió con exactitud la basura producida por este cementerio, durante los dos últimos años. Ha ocultado una estatua de Franco, sobre todo para que no investiguemos en el pasado de alguno de sus compañeros de partido, ha aprobado una ley contra el matrimonio heterosexual y ha sacado un Estatuto, especialmente para que los políticos salvajes de Cataluña, los nacionalistas, sigan exprimiendo al resto de los españoles. Ahí está el resumen de la mitad de la legislatura. Dice Zapatero, con mucha razón, que eso es imposible de reciclar o, por decirlo literalmente con sus palabras, "es imposible de derogar". Sin duda, nadie podrá transformar en abono esa basura. Contaminará irremisiblemente a las próximas generaciones.

 

Agapito Maestre

 

 

Libertad Digital, 24 de abril de 2006

Desintegración nacional. La España soviética

Algunos prestigiosos sovietólogos reconocían al terrible régimen comunista una única virtud después de 70 años de totalitarismo: haber acabado con las luchas nacionales en el territorio de la antigua URSS. Algo parecido debió pensar algún franquista convencido tras 40 años de dictadura. La realidad, al menos en lo que a la Unión Soviética se refiere, no puede haber sido más distinta.

 

 

Ahora Alfonso Guerra ha comparado el proceso de disolución de la Unión Soviética tras la caída del régimen comunista con el proceso de desmembración al que puede estar abocada España con el cambio de régimen que impulsa Zapatero. La reflexión es intelectualmente sugerente, aunque lo primero que hay que decir es que si se cumplen los vaticinios de Alfonso Guerra, él sin duda tendrá su cota de responsabilidad, como diputado y como presidente de la Comisión Constitucional del Congreso de los Diputados, en la historia de ese desastre.

 

 

En todo caso, la cuestión a analizar es qué probabilidades tiene España de disgregarse en una sucesión de repúblicas independientes como ocurrió en la década de los 90 en la antigua URSS. Lamentablemente, hay que reconocer que las posibilidades son muchas si Rodríguez Zapatero se mantiene en el poder.

 

 

El primer capítulo de este proceso es el proyecto del Estatuto catalán aprobado recientemente en el Congreso de los Diputados. Este estatuto tendrá al menos cinco efectos.

 

1. El reconocimiento de Cataluña como nación rompe conceptualmente la unidad política que había sustentado España en los últimos cinco siglos.

 

2. El sistema de financiación diseñado atenta contra la cohesión y la solidaridad entre las distintas partes de España.

 

3. La práctica desaparición del Estado de Cataluña y el establecimiento de una relación bilateral en pie de igualdad con el resto de España sitúan de facto a Cataluña como una entidad política semi-independiente.

 

4. El intervencionismo que propugna el nuevo texto puede ser un arma poderosa en manos de los nacionalistas catalanes para hacer reingeniería social y crear su propia conciencia nacional.

 

5. Finalmente, hay que tener presente que el conjunto de los nacionalistas ven el nuevo Estatuto como un mero tramite para alcanzar su verdadero objetivo, la independencia.

 

 

El segundo capítulo en este proceso de disgregación lo constituye la negociación con ETA. Es muy posible que ni los terroristas ni los nacionalistas vascos ni siquiera se conformen con un estatuto como el catalán. Ellos, que ya gozan de total autonomía financiera, aspirarán a ir un paso más allá que los catalanes. La amenaza de una vuelta al terrorismo, que resultaría letal en términos políticos para el actual presidente del Gobierno, actuará además como un poderoso acicate para que Rodríguez Zapatero ablande aún más sus posiciones. Se guardarán las formas, en el sentido de que la negociación política no se hará con ETA, sino con el nacionalismo vasco. Pero no hay que olvidar que los objetivos de independencia y anexión de Navarra son comunes a ambos. Y los terroristas, en todo caso, mantendrán la supervisión del proceso y no dudarán en volver a la actividad criminal si no obtienen los resultados esperados de la negociación política.

 

 

El tercer capítulo será la emulación de los procesos seguidos por vascos y catalanes por otras autonomías. En Galicia, los nacionalistas comparten poder con los socialistas y ya han anunciado que ellos no pueden ser menos. El presidente de Canarias, de corte nacionalista, ya ha anunciado su pretensión de convertir el archipiélago en nación. Incluso los socialistas andaluces han reivindicado su carácter nacional, a pesar de que la inmensa mayoría de sus habitantes no comparte ese sentimiento. El proceso será ya imparable.

 

Comunidades gobernadas por el PP como Baleares o Valencia aspirarán también a la plena autonomía financiera, a su policía autonómica, a más competencias. En definitiva, se trata de un juego de acaparar dinero y poder, que son las dos principales motivaciones políticas. Una vez el proceso está en marcha, nadie querrá ser menos que nadie, ninguna autonomía querrá ser relegada a ser una comunidad de segunda, todo el mundo velará por sus intereses particulares, pero nadie lo hará por los intereses generales.

 

 

La mayor parte de los nacionalistas radicales sueñan con un estado independiente.

 

 

Pero muchos nacionalistas moderados, hoy por hoy mayoritarios en País Vasco y Cataluña, aspiran simplemente a una confederación en la que tengan todas las ventajas de la independencia y todas las ventajas de la confederación, pero sin asumir ningún coste por pertenecer a ella. La pregunta que se hacen cada vez más españoles es si, en esas condiciones, Cataluña o el País Vasco no se terminarán convirtiendo en un lastre para el resto de España que conviene expulsar cuanto antes.

 

 

Desgraciadamente, ese sentimiento puede acelerar aún más el proceso.

 

 

Pero conviene que nadie se llame a engaño. La explosión de la Unión Soviética no fue ni pacífica ni ordenada, sino violenta y sangrienta. Hay muchos potenciales conflictos civiles dentro de cada una de las comunidades que aspiren a independizarse. Las fronteras entre las posibles republicas ibéricas independientes serían otra fuente inagotable de conflictos. Hay también afanes expansionistas en algunas comunidades.

 

 

Los enemigos externos, en especial la yihad islamista, verán en la disgregación de España una oportunidad para alcanzar sus metas. El desastre que puede suponer el fin de España tendría un altísimo precio para las futuras generaciones. A tiempo estamos de evitarlo.

 

 

Grupo de Estudios Estratégicos (GEES).

 

 

Libertad Digital, 6 de abril de 2006

 

El seudofeminismo almodovariano

Me encantaría hablar alguna vez de cine. Pero no puedo porque cada vez que voy al cine me encuentro con otra cosa. En este caso, con Almodóvar. Con una película titulada Volver, en la que una Penélope Cruz pretendidamente disfrazada de Anna Magnani –para que al público no le queden dudas, hay una cita explícita en una tele, tele dentro del cine– canta el tango homónimo en versión seudoflamenca con la ostensible intención de que las cenizas de Gardel –el hombre murió quemado– den unas cuantas vueltas en su tumba.
Confieso que me he visto sorprendido desde el principio, cuando apareció en la pantalla el sello del Ministerio de Cultura, no después del detalle de los productores privados y la consabida frase "con la ayuda de", sino antes, como anunciando que lo que se va a presenciar es un producto oficial. Y lo es.
 
Permítanme un apresurado resumen del argumento, para los lectores que no la hayan visto. Penélope Cruz vive con un señor y con la que se supone es hija de ambos. Penélope Cruz ha perdido a sus padres en un incendio. Hasta ahí todo bien. Pero empiezan a ocurrir cosas: el señor que vive con PC intenta violar a la hija que se supone de ambos y la chica, una adolescente, lo repele con un cuchillo y lo mata. Mientras esto ocurre, él le dice que no es su padre. La niña le cuenta lo ocurrido a su mamá, PC, y ésta se ocupa de hacer desaparecer el cadáver: finalmente, el asesinato quedará impune, nadie descubrirá el cuerpo del delito.
 
Entre tanto, la madre de PC, de la que todo el mundo cree que ha muerto en el incendio con su marido, reaparece en la vida de su hija. No ha muerto, ha quemado vivos a su marido y a la amante de éste y se ha largado. No lo ha hecho como mujer despechada ni para castigar el adulterio, sino porque el padre de PC, su marido, ha abusado de su hija: la niña que acaba de matar a su supuesto padre descubre que es fruto de una violación, para colmo incestuosa, y que es hija de su abuelo y hermana de su madre. Desde luego, pasan muchas cosas más en el proceso, pero lo esencial es lo que acabo de contar.
 
Hay tres papeles masculinos con letra (brevísima): el padrastro muerto (un hombre que, bien o mal, se ha casado con una mujer embarazada), el propietario de un bar que PC usurpa sin mayores cargos de conciencia y un cliente de ese bar que dice dos frases. Los demás son papeles femeninos. De las tres protagonistas, dos, la hija y la madre reaparecida de PC (Carmen Maura), han matado cada una a un hombre entregado a los abusos deshonestos, que, al parecer, son el deporte favorito de los varones. La tercera, PC, es cómplice activa de su hija y comprende perfectamente a su madre porque el abrasado ha sido su propio padre incestuoso.
 
Almodóvar, naturalmente, conoce algunos principios elementales de su oficio, pero los elude sin vacilar. Así como no se siente obligado, en su papel de narrador, a respetar el principio de verosimilitud (la historia se sostiene con dificultad y choca con evidentes imposibles), no se siente ligado a la idea de generalización que tan bien explicó en su día Bertolt Brecht: si en una obra (o película) hay un solo personaje judío y es el malvado, la obra es antisemita; si en la obra hay varios personajes judíos y son todos indeseables, la obra es antisemita. De modo que si en la obra hay sólo dos personajes masculinos y son archimalvados, violadores, estupradores e incestuosos, la obra es misándrica e intenta convencer de que todos los hombres (en el film, ése es el universo masculino) son como los que en ella se pintan. Y si en la obra la mayoría de los personajes femeninos son asesinas, sus crímenes quedan impunes y, además, son justificados por el narrador fundándose en el horror de la condición masculina, la obra es filogínica, falsamente feminista y, nuevamente, misándrica.
 
Pero resulta que eso mismo –y permítaseme atribuir un pensamiento a un colectivo, como licencia sintáctica– es lo que piensa el Gobierno del presidente de la sonrisa, y para eso ha creado una ley de igualdad que finalmente es de desigualdad: los varones son el depósito de lo peor, y todo lo peor se expresa siempre como violencia; las mujeres son la expresión de todo lo opuesto (y mejor), y son siempre víctimas de los varones. Hay quienes, atosigados por los telediarios y la prensa basura, que cada día dedican al tema una porción de palabras, dan por buena esta teoría, y si alguien dice lo contrario lo rebaten con un argumento ad hominem, tildándole de machista aunque ese alguien sea mujer.
 
Fundándose en tan peregrina concepción del mundo, de los sexos y de los géneros, el Gobierno ha conseguido abolir de hecho en la legislación española la noción de ciudadano, instaurando dos categorías, los ciudadanos y las ciudadanas, con diferentes derechos y deberes. Dado que tal cosa es tan insostenible como manifiesta, y pueden quedar almas cándidas capaces de discutirla, hay que dotarla de forma cultural y social, generando un arte que la cuele en las cabezas de la plebe, que para eso están Carmen Calvo y los numerosos almodóvares dispuestos a colaborar con ella en labores de agit-prop. Nada de esto es nuevo, pero pocas veces el resultado ha sido tan penoso como en Volver, donde cada vez que un hombre muere en forma violenta, una mujer se libera. Sin cargos de conciencia.
 
Tenemos los datos objetivos: hay muchas muertes de mujeres a manos de varones, más que de varones a manos de mujeres. Eso es lo único cierto, y no hay por qué traducirlo en: 1) las mujeres tienen un derecho de venganza e impunidad del que no tienen por qué gozar los varones (o: los negros tienen un derecho de venganza e impunidad del que no tienen por qué gozar los blancos); 2) una legislación diferencial que, por un mismo crimen, castigue muchísimo menos a la mujeres que a sus conciudadanos varones; 3) la idea de que todos los varones son malvados violadores estupradores incestuosos y, en cambio, ninguna mujer es nada de eso. Chesterton decía que un error es una verdad que ha perdido la razón.
 
Lo de Volver es un alegato a favor de las tres falsas conclusiones que enumero en el párrafo precedente a partir de la constatación de que hay más hombres que matan mujeres que al revés. Al menos, mediante la acción violenta. La tragedia de la historia de Almodóvar, no obstante, no es que esos hombres de los que él se vale para explicar la maldad del colectivo masculino no existan (existen, pero son minoría), sino que esas mujeres que matan y celebran no existen en absoluto, ni como mujeres ni como seres humanos, porque no existe persona que mate sin inmutarse, sin trauma ni limitación, a menos que se trate de un sociópata peligroso que rara vez queda impune.
 
Y lo curioso es que hay críticos que se extasían escribiendo hiperbólicos elogios del conocimiento del alma femenina que posee el director manchego. Si el alma femenina es la de estos personajes, hay que pensar en deshacerse de algunos libros de García Lorca, de Chejov, de Ibsen o de Lawrence Durrell, en los que la creíamos reflejada. Y no digamos nada del alma masculina. Al final, sólo nos quedará el paradigma moral de Aníbal Lecter.

 

 

 

Por Horacio Vázquez-Rial
 
Libertad Digital, fin de semana, 22 de abril de 2006
 
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