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Políticamente... conservador

La nueva guerra de Israel

La naturaleza de la guerra contra Israel cambió, quizá irreversiblemente, esta semana*. Los procesos que se vienen desarrollando desde hace más de cuatro años confluyeron y nos plantearon una realidad político-militar distinta a la que conocíamos.
El rostro del enemigo ha cambiado. Si en el pasado era posible decir que la guerra emprendida contra Israel era única y distinta de la yihad global, tras los sucesos de la semana pasada ya no es posible sostener tal afirmación con un mínimo de credibilidad. Los ataques del Sinaí, la aparición de las cintas de Osama ben Laden y Abú Musab al Zarqaui y la detención de terroristas de Hamas por parte de Jordania, todo ello deja a las claras que a día de hoy es imposible separar las guerras. La nueva situación tiene consecuencias críticas para el carácter de la campaña que tiene que librar el Ejército israelí con el fin de defender el país, así como para la naturaleza de las políticas que el Gobierno israelí tendrá que adoptar e impulsar.
 
Los atentados del Sinaí fueron relevantes por varias razones. En primer lugar, fueron muy distintos entre sí. El primero, contra los turistas de Dahab, fue el típico ataque a un objetivo blando de los que estamos acostumbrados a ver en el Sinaí durante el último año y medio. El segundo, contra los observadores de la Fuerza Multinacional, fue más excepcional, pues sólo hay un precedente.
 
En un artículo publicado el pasado octubre en Meria, Reuven Paz explicaba que el estratega de Al Qaeda Abú Musab al Suri respaldaba el primer tipo de ataque. Su secuaz Abú Mohamed Hilali escribía en septiembre que, en la yihad contra el régimen egipcio, no hay motivo para atacar a las fuerzas extranjeras, o a las egipcias, porque no lleva a ninguna parte. Hilali alentaba a los terroristas a atacar, por una parte, objetivos blandos, como turistas u organizaciones no gubernamentales extranjeras, y, por la otra, objetivos estratégicos, como el gasoducto hasta Israel. Con ello se lograrían objetivos políticos. En oposición al punto de vista de Hilali se encuentra la estrategia de Zarqaui. Como es de esperar del comandante de Al Qaeda en Irak, Zarqaui defiende los ataques contra fuerzas extranjeras.
 
El análisis precedente no prueba que los ataques fueran perpetrados por dos ramas diferentes de Al Qaeda. Pero la combinación de enfoques esta semana sí concede crédito a la afirmación de que Al Qaeda presta en la actualidad mucha atención al vecindario de Israel. Y esto es algo enormemente significativo.
 
Hasta hace poco, Israel, como Jordania y Egipto, no interesaba particularmente a Al Qaeda. Cuando el lugarteniente de Ben Laden, Aymán al Zauahiri, y su jefe militar, Saif al Adel, fusionaron su organización terrorista, la Yihad Islámica egipcia, con Al Qaeda, adoptaron el enfoque de Ben Laden, que imponía la suspensión de la guerra contra el régimen egipcio para concentrarse en atacar América y a sus aliados. De la misma manera, cuando el terrorista jordano Abú Musab al Zarqaui ingresó en Al Qaeda se le obligó a dejar de lado su deseo de derrocar al régimen hachemita. Israel no aparecía en la agenda.
 
Pero hoy todo ha cambiado. Israel, como Egipto y Jordania, está en el punto de mira. Ben Laden en persona lo dejó claro en su última cinta. Al colocar a Hamas bajo su protección, Ben Laden hizo tres movimientos de golpe. En primer lugar, afirmó que los palestinos ya no son actores independientes. En segundo lugar, definió la Autoridad Palestina liderada por Hamas como parte de las tierras islámicas liberadas donde Al Qaeda puede sentirse como en casa. En tercer lugar, se dio un garbeo por la cuestión palestina, que es más popular en el mundo islámico que la guerra de Irak, donde aparentemente Al Qaeda se encamina hacia la derrota.
 
Por otro lado, ya en noviembre Zarqaui daba cuenta de su plan de retomar su antigua guerra y trabajar para tumbar a los hachemitas (y destruir Israel), tras ordenar el atentado suicida contra un hotel de Ammán, ese mismo mes. En aquel entonces Zarqaui proclamó que Jordania no era sino una escala en el camino hacia la conquista de Jerusalén.
 
En el vídeo de esta semana Zarqaui destacaba que uno de sus principales objetivos es la destrucción de Israel mediante la conquista de Jerusalén. Tanto él como Ben Laden dejaron claro que, para ellos, la guerra contra Estados Unidos y la guerra contra Israel son una misma cosa.
 
Ben Laden y Zarqaui ponían de manifiesto la estrategia a largo plazo de Al Qaeda, que Zauahiri expuso el año pasado al periodista jordano Fuad Husein. Zauahiri explicó entonces que hay siete etapas en la yihad previa al establecimiento del Califato global. Según Zauahiri, la yihad global comenzó en 2000 y terminará en 2020. Hoy nos encontramos en la tercera etapa, que incluye el derrocamiento de los regímenes de Jordania, Siria y Egipto y el señalamiento de Israel para su destrucción.
 
Mientras Al Qaeda pone la mira sobre Israel y sus vecinos, las detenciones de terroristas de Hamas en Jordania muestran que los palestinos trabajan para dar impulso a la yihad global. La tentativa de Hamas de perpetrar ataques en Jordania señala un cambio en la percepción que dicho grupo tiene de sí mismo: de terroristas locales, han pasado a ser miembros del eje islamista, liderado por Irán y que incluye a Siria, Al Qaeda y Hezbolá.
 
Una semana después de que Zarqaui perpetrase los ataques de Ammán, el ministro de Exteriores iraní, Manochehr Mottaki, se reunía en Beirut con los jefes de Hezbolá, Hamas, la Yihad Islámica, el Frente Popular para la Liberación de Palestina, el Frente Democrático para la Liberación de Palestina y el Frente Democrático para la Liberación de Palestina-Comando General. Al final del encuentro, Ahmed Jibril declaraba: "Confirmamos que lo que está pasando en la ocupada Palestina está orgánicamente vinculado a lo que sucede en Irán, Siria, Irak y el Líbano".
 
Una semana después, Hezbolá lanzaba su mayor ataque con misiles katyusha contra el norte de Israel desde que el Ejército de este país se retirase del sur del Líbano, en mayo de 2000. Dos semanas después, la Yihad Islámica perpetraba un atentado suicida contra un centro comercial de Netanya. Al poco, agentes de la Al Qaeda de Zarqaui lanzaban desde el Líbano otra andanada de katyushas sobre el norte de Israel.
 
Asimismo, el 19 de enero el presidente iraní, Mahmud Ahmadineyad, celebraba en Damasco una cumbre del terror con los mismos protagonistas. Ese mismo día la Yihad Islámica perpetraba un atentado suicida en la antigua estación de autobuses de Tel Aviv. Y el 18 de abril, víspera del atentado suicida de la semana pasada, Ahmadineyad celebraba otra cumbre del terror en Teherán, con los mismos participantes. De nuevo, poco después de la cumbre Al Qaeda golpeaba en el Sinaí.
 
Las siete etapas de la yihad de Zauahiri están estrechamente relacionadas con un texto de 60 páginas redactado por Saif al Adel en algún momento posterior a la invasión norteamericana de Irak. Adel confió su manuscrito al mismo periodista jordano. Se dice que Adel, que lleva operando desde Irán desde la batalla de Tora Bora, en noviembre de 2001, es el comandante de Zarqaui en Irak y el enlace de Al Qaeda con el régimen iraní.
 
Adel fijaba en su manuscrito las intenciones de Al Qaeda en la tercera etapa de la yihad. Explicaba que la organización necesitaba nuevas bases y que buscaba un Estado fallido (o varios) para asentarse. Entre las posibles opciones estaban Darfur, Somalia, el Líbano y Gaza.
 
En palabras del escritor americano y experto en Al Qaeda Richard Miniter, "las fuerzas norteamericanas, junto con las keniatas y las etíopes, han logrado en gran medida que Al Qaeda no se radique en Somalia o Darfur". "Sólo les quedaba el Líbano, con todos sus problemas, con sus varias facciones políticas, los señores tribales y la ONU. Pero entonces, de pronto, como maná caído del cielo, Israel entregó a Al Qaeda el mayor regalo que haya recibido nunca, cuando Ariel Sharon decidió darles Gaza".
 
Israel, añade, proporcionó a Al Qaeda la mejor base que haya tenido jamás. Gaza no sólo se encuentra en una zona estratégicamente vital –entre el mar, Egipto e Israel–, también es bastante inmune a los ataques, puesto que el Gobierno de Kadima será reticente a reconquistar el territorio.
 
Por lo demás, como ocurrió cuando los terroristas de la Yihad Islámica egipcia y la Gamaa Islamiyya se fusionaron con Al Qaeda, en los años 90, los palestinos son una población ideal para ésta. Ya apoyan la yihad. Cuentan con una gran experiencia de lucha. Y si a Hamas apenas le llevó dos semanas hacer que todos los demás grupos terroristas –desde Fatah a los Comités de Resistencia Popular, pasando por el Frente Popular– le jurasen lealtad, la cooptación de Hamas por parte de Al Qaeda no debería ser muy difícil.
 
Al Qaeda está asentándose gradualmente en Gaza, Judea y Samaria. Atrae terroristas palestinos a sus filas y les proporciona adoctrinamiento ideológico y formación militar. Por ejemplo, en noviembre un reclutador de terroristas en Jordania que había atraído hacia las filas de Al Qaeda a dos sujetos procedentes de la zona de Nablus, y que les había dado órdenes de que reclutaran a otros, informó a aquéllos de que pretendía enviarles un entrenador militar de Gaza. Los dos sujetos, que fueron arrestados en diciembre, habían planeado perpetrar un doble atentado suicida en Jerusalén.
 
En mayo del año pasado, por primera vez una célula terrorista anunciaba su asociación con Al Qaeda. Cuando un periodista extranjero pidió a Raanan Gissin, portavoz del entonces primer ministro, Ariel Sharon, que comentase el suceso, Gissin expuso la postura del Gobierno de esta manera: "Existen algunas pruebas de vínculos entre militantes de Gaza y Al Qaeda… pero para nosotros los grupos terroristas locales son igual de peligrosos".
 
A primera vista, la arrogancia de Gissin parece apropiada. Después de todo, ¿qué nos importa quién sea el que envía terroristas suicidas a nuestras cafeterías y autobuses? Pero las cosas no funcionan así.  Al igual que los ataques de Egipto, las detenciones en Jordania y los últimos mensajes de Ben Laden y Zarqaui, todo indica que nos encontramos en una guerra mundial.
 
Los palestinos ya no son los únicos que se encuentran en guerra contra nosotros. Hoy, el eje islamista emprende la guerra contra nosotros a través de los palestinos. El centro de gravedad se ha desplazado. Hoy, los jefes que determinan el carácter y el calendario de las ofensivas de terror no se asientan en Gaza, Judea o Samaria, sino en Teherán, Waziristán, Damasco, Beirut, Ammán y Faluya. Las consideraciones que les guían a la hora de apretar el gatillo no son locales, sino regionales –en el mejor de los casos– o –en el peor– completamente desvinculadas de los acontecimientos locales.
 
Este nuevo estado de cosas exige un cambio en el modo en que las fuerzas de seguridad israelíes comprenden y libran la guerra. Es preciso reconsiderar todo el proceso de recopilación de información de Inteligencia para el descubrimiento y la prevención de ataques terroristas.
 
También es necesario reconsiderar las estrategias política y diplomática. Hablar de una barrera de separación, o de fronteras finales, por no mencionar el abandono de Judea y Samaria en manos de Hamas, suena alucinatorio cuando frente a nosotros están Zarqaui, que se especializa en guerra química y biológica, Ben Laden, que se especializa en volar aviones por los aires, e Irán, que amenaza con un holocausto nuclear.
 
¿Quién puede hacer que Ehud Olmert, Amir Peretz, Tzipi Livni o Yuli Tamir tomen las medidas necesarias para proteger a Israel de la realidad que reflejan los acontecimientos de la semana pasada?

Por Caroline Glick


·          La versión original de este artículo apareció en el Jerusalem Post el pasado día 28.
Libertad Digital, suplemento Exteriores, 2 de mayo de 2006.

 

La provocación iraní

El pasado 11 de abril el Gobierno de Irán lanzó un comunicado en el que informaba de que los científicos del país habían conseguido enriquecer uranio. La cuestión es saber qué cantidad han enriquecido, y si es para poner en marcha su programa "con fines pacíficos" o para fabricar clandestinamente armas nucleares con objeto de destruir Israel, tal y como Mahmud Ahmadineyad anuncia constantemente.

 

No obstante, recordemos que el 9 de agosto de 2005 el jefe del Estado, el ayatolá Alí Hoseini Jamenei, emitió una fatwa (en el Islam, un pronunciamiento legal emitido por un especialista en ley religiosa sobre una cuestión específica) que prohibía la producción, almacenamiento y uso de armas nucleares. Un tira y afloja propio de una política de desconcierto.

 

 

 

El pasado 30 de marzo se celebró en Berlín una reunión de alto nivel entre los representantes de Asuntos Exteriores de China, Francia, Alemania, Rusia, el Reino Unido, Estados Unidos y la Unión Europea. La declaración final, un tanto farragosa, incluía lo siguiente:

 

 

 

"Seguimos muy preocupados por lo que respecta al programa nuclear de Irán y el fracaso de Irán para dar los pasos que la OIEA le solicitó en su resolución de 4 de febrero, incluida la suspensión de todas sus actividades sobre enriquecimiento de uranio, investigación y desarrollo (...) Todos nosotros reconocemos el derecho de Irán, que bajo el TNP queda legitimado para desarrollar un programa nuclear civil seguro y sostenible (...) Y urgentemente pedimos a este país que busque una solución diplomática y que suspenda todas sus actividades de enriquecimiento de uranio, que permita un retorno a la mesa de negociaciones".

 

 

 

Irán se convirtió en república islámica en 1979, fecha a partir de la cual fuerzas clericales conservadoras, encabezadas por el ayatolá Ruhollah Jomeini, establecieron un sistema de gobierno teocrático que empezó a enseñar los dientes el 4 de noviembre de 1979, cuando un grupo de estudiantes tomó la embajada de los Estados Unidos en Teherán y retuvo rehenes hasta el 20 de enero de 1981. A partir de aquel momento Jomeini estableció un Consejo Revolucionario Islámico para expandir el movimiento fundamentalista, apoyando logística, económica y políticamente a grupos terroristas radicales que habían permanecido relativamente aletargados hasta entonces.

 

 

 

Actualmente, parece ser que son 20 los campos de entrenamiento para terroristas dirigidos por Irán, de la mano de su elitista Fuerza Qods del Cuerpo de Guardias Revolucionarios Islámicos, según informaciones facilitadas por uno de sus agentes, que ha desertado hace unas semanas del país. Este agente, que dio cuenta de los 20 centros terroristas ubicados en Irán, informó también de que parte de los miembros recientemente reclutados provienen de Irak y de Palestina, pero también de África del Norte, del Golfo Pérsico y del Sureste Asiático. Otros campos de entrenamiento de los guardias revolucionarios se encuentran en el Líbano oriental, en Baalbek, en el valle de la Bekaa, donde normalmente se entrenan los terroristas de Hezbolá.

 

 

 

Con este panorama, no es de extrañar que preocupe el hecho de que Irán fabrique armas atómicas. Su programa nuclear comenzó durante la Guerra Fría, de la mano de unos acuerdos bilaterales firmados con EEUU, lo que llevó al establecimiento de un Centro de Investigación Nuclear en Teherán en 1959. La colaboración con EEUU durante los años 70 fue muy intensa, de tal modo que Washington estaba dispuesto a ayudar a Irán para el desarrollo de tecnologías relacionadas con el enriquecimiento del uranio y plantas de elaboración, dos puntos clave para la fabricación de armas.

 

 

 

Con la revolución islámica el programa nuclear entró en un período de estancamiento, especialmente porque Jomeini deseaba huir de toda influencia occidental. Esta actitud llevó al exilio a miles de científicos, ingenieros y profesionales en general y dejó al descubierto la vulnerabilidad técnica del país, cuando Irak lo invadió (1980) y Sadam Husein atacó con armas químicas (diversas fuentes bibliográficas informan de que en 1984, a petición de Irán, una inspección internacional verificó que eran obuses llenos de gas mostaza fabricados por la empresa española Expal, Explosivos Alaveses) y misiles balísticos; además, bombardeó varias veces los reactores de la central de Bushehr, que se hallaban en una fase muy avanzada gracias a la colaboración de Alemania. La guerra con Irak, conocida como Primera Guerra del Golfo, duró hasta 1988.

 

 

 

A raíz de estos acontecimientos, Jomeini cambió de estrategia en el asunto nuclear y pidió –y recibió– la colaboración de Pakistán y de China en su nuevo programa. También envió a miles (se cree que cerca de 17.000) de estudiantes a centros extranjeros. En 1988 el presidente, Alí Akbar Rafsanjani, pidió públicamente a los científicos iraníes en el exilio que regresaran. Fereydun Fesharaki, que parece ser había dirigido el programa secreto de armas nucleares bajo el régimen del sha Mohamed Reza Pahlevi, regresó a Teherán, tras pagarle el Gobierno todos los gastos.

 

 

 

El impulso dado por Rafsanjani a la educación universitaria, a través de incentivos económicos y el fomento del sentimiento patriótico, lo continuó Seyyed Mohamed Jatami, y en la actualidad los programas relacionados con la investigación nuclear se hallan integrados en tres universidades: la Amir Kabir, la de Teherán y la Tecnológica Sharif, que, según fuentes de inteligencia, sirven de cobertura para obtener material e información aplicable a la fabricación de armas nucleares, especialmente la Sharif.

 

 

 

Irán tiene en funcionamiento 23 centros nucleares experimentales y de investigación. Francia y Alemania suscribieron importantes acuerdos de cooperación técnica en el campo nuclear en la época del Sha, acuerdos que fueron paulatinamente suspendidos durante los años 80. Es de destacar el dramático contencioso que Irán tuvo con Francia cuando ésta dejó de suministrar el uranio comprometido, y que se tradujo en una ola de atentados durante los años 1986-87 (envueltos en densas cortinas de humo), entre los que se cuentan la toma de rehenes franceses en el Líbano por parte de Hezbolá y el misterioso asesinato de Georges Besse, director de la sociedad Eurodif, que suministraba el material.

 

 

 

Alemania, que también había colaborado activamente hasta 1979, a través de la empresa Kraftwerk-Union, en la puesta en marcha de los reactores de Bushehr, retomó hace un par de años sus acuerdos bilaterales en los campos tecnológico y científico, habiendo suscrito uno específico en el sector energético.

 

 

 

Rusia, vecina de Irán, con costas comunes a lo largo del mar Caspio, es el aliado más importante de Teherán desde 1994. Ha colaborado activamente en la terminación y puesta a punto del reactor de Bushehr y en la formación técnica de científicos e ingenieros iraníes (en importantes instituciones como el Instituto de Física de la Ingeniería de Moscú, la Universidad Estatal de Moscú, la Universidad Técnica Bauman y el Instituto de Investigación Nuclear de Obninsk).

 

 

 

No obstante, Vladimir Putin aparenta hacer equilibrios, para estar a bien con Irán y con Estados Unidos, que, a cambio de ofrecerle interesantes acuerdos comerciales, le presiona constantemente para que deje de colaborar con los iraníes en su programa nuclear y de misiles, cooperación que aporta a Rusia miles de millones de dólares.

 

 

 

El 18 de febrero de 2005, en una visita realizada a Moscú, el máximo responsable del programa nuclear iraní, Hassan Rohani, dijo públicamente: "Moscú podría jugar un papel importante en las conversaciones de Irán con el Reino Unido, Francia, Alemania y los países de la Unión Europea". Estas declaraciones se unen a las halagadoras palabras que la prensa de Teherán dedica a su vecino ruso, cuyo compromiso lo considera un "factor clave" frente a los Estados Unidos e Israel.

 

 

 

Los tres centros nucleares más importantes son el de Natanz y los menos conocidos Arak y Lashkar-Abad, parte de cuyas instalaciones son subterráneas. Se sospecha que los dos últimos se dedican también al enriquecimiento de uranio, y que el primero puede tener un reactor de agua pesada para la producción de plutonio 239.

 

 

 

Con respecto al programa nuclear, es posible que para dentro de un año habrá en Natanz unas 5.000 ultracentrifugadoras, para cuya puesta a punto se necesitan unos tres años. Durante este tiempo pueden ir obteniendo pequeñas cantidades de uranio enriquecido. Con 2.000 ultracentrifugadoras se pueden obtener anualmente 20 kilos de uranio enriquecido al 94%, suficiente para fabricar una bomba atómica al año.

 

 

 

La cuestión es compleja, y existen diversas opiniones. Algunos expertos sostienen que los científicos iraníes no podrán desarrollar completamente este programa debido a las presiones internacionales, ya que, además, al haber ratificado Teherán el TNP el 2 de febrero de 1970, los inspectores vigilarán con mucho detalle que ese enriquecimiento no se produzca a más del 3%, que es el empleado para la energía eléctrica pero que no vale para las bombas atómicas. Otros expertos creen que, bien en Natanz, en Arak o en Lashkar-Abad, irán produciendo uranio enriquecido para las bombas empleando una política de distracción, confusión o engaño.

 

 

 

El 15 de abril Libertad Digital publicaba que miles de terroristas estarían disponibles para actuar en contra de intereses norteamericanos y británicos si Israel atacase las centrales térmicas de uranio en Irán. Esta nueva provocación no beneficia a nadie. No olvidemos que la arrogancia y fanfarronería de Sadam Husein fue el motivo, al menos aparente, que provocó la destrucción de Irak, el Enemigo Público Número Uno de Irán. Hemos visto cómo la neutralización de la nación iraquí y la ridiculez de la diplomacia occidental han dado unas alas asombrosas a las autoridades de Teherán, cuyo apoyo al terrorismo les vincula a países de la zona como Siria y Arabia Saudita, en su odio común a Israel.

 

 

 

Con respecto a este odio, y la permanente amenaza y constante presión psicológica ejercida sobre los israelíes, hace poco unos científicos del centro israelí Soreq de investigación nuclear me decían: "Cuando llegas a vivir durante tanto tiempo con un miedo permanente, llega un momento en que ya no se siente, es como si verdaderamente hubiera desaparecido". Esta actitud les honra, más teniendo en cuenta la flagrante amenaza por parte de la Autoridad Nacional Palestina, que, con Hamas al frente de su Gobierno, se ha responsabilizado sin pudor alguno del último atentado en Tel Aviv (17 de abril), con nueve personas asesinadas, más el terrorista suicida.

 

 

 

Si las apariencias engañan o, en su versión más drástica, nada es lo que parece, en cuestiones políticas estas palabras se quedan cortas; y si esas cuestiones políticas implican gigantescos intereses económicos, entonces el asunto se desborda. Ignoramos la verdad de lo que subyace en estos momentos a la actitud desafiante de Irán, aparte el hecho de que se han disparado los precios del crudo. Lo que sí sabemos es que Oriente Medio vive una gravísima desestabilización, dentro de la gran inestabilidad heredada de la Guerra Fría. Desestabilización preocupante, anclada en la pobreza y en la ignorancia de millones de personas que, manipuladas por estos gobiernos terroristas, pueden provocar mucho daño.

 

 

 

 

 

Natividad Carpintero Santamaría, profesora de la Universidad Politécnica de Madrid y miembro de la Academia Europea de Ciencias.

 

 

Libertad Digital, suplemento Exteriores, 2 de mayo de 2006

 

 

Coincidencia ruso-china ante el problema de Irán

El gobierno ruso ha evaluado de manera positiva la visita del presidente chino Hu Jintao a los Estados Unidos. Existía en Rusia una cierta preocupación ante las presiones de los EE.UU. a Hu Jintao para que China se sumase a las sanciones contra Irán propuestas por el gobierno Bush. Sanciones que en un primer paso responden al interés en someter a su control la política de Irán, y en un paso posterior a una posible intervención militar.

Mas Hu Jintao se ha definido de nuevo contra la imposición de sanciones y contra presionar fuertemente a Irán, lo que ha provocado un respiro en Moscú. El gobierno ruso intenta de forma muy activa alcanzar y sobrepasar un día a los EE.UU. en el mercado chino, y temía que una política común hacia Irán favoreciese la interdependencia económica entre Washington y Pekín.

Coinciden tanto los expertos chinos como rusos en que una posible guerra contra Irán supone un peligro para Pekín y para Moscú, pues representaría una amenaza para la zona del Mar Caspio y el Asia Central.

En el caso de una posible ocupación de Irán, la salida al Caspio de la potencia militar norteamericana creará problemas para los gobiernos de Kazajstán y Turmenikstán, con sus gigantescas reservas de gas, y detrás de ellos a los restantes Estados de Asia Central. Estaría bajo control estadounidense el transporte por mar del petróleo y del gas líquido iraní a China vía Golfo Pérsico. China recibe de Oriente Próximo y Medio el 80% de sus importaciones petrolíferas, y EE.UU. le ofrece que quede bajo control norteamericano el 15% de sus suministros energéticos actuales, que es la cifra que corresponde a Irán.

Pero China se encuentra hoy en una posición bastante ventajosa en el Próximo y Medio Oriente, ya que, aun sin alcanzar el nivel de intermediación de Rusia o de la UE, cuenta con una buena disposición tanto de los países árabes como de Israel por su actitud no intervencionista.

En otro orden de cosas, pero relacionado también con la cuestión energética, el presidente ruso, Vladimir Putin, ha "sugerido" modificar el recorrido del oleoducto Siberia Oriental-Pacífico, desviándolo cuarenta kilómetros al norte para evitar la amenaza de contaminación del lago Baikal, la mayor reserva de agua dulce del mundo. El coste del nuevo recorrido supondrá un considerable incremento de los costos, ya que según los cálculos de los expertos cada cien kilómetros de oleoducto costarán casi trescientos millones de euros.

 

 

Ángel Maestro

 

El Semanal Digital, 2 de mayo de 2006

 

Evo Morales decreta «el fin del saqueo extranjero de nuestros recursos naturales»

El decreto del presidente otorga al estado boliviano el «control absoluto» de los hidrocarburos

El presidente de Bolivia, Evo Morales, firmó ayer un decreto gracias al cual el Estado recupera el «control absoluto» sobre las reservas de gas y petróleo. Las empresas extranjeras que operan en el país tienen 180 días para entregar su producción a la petrolera estatal YPFB, que gestionará a partir de ahora los recursos naturales bolivianos. Morales cumple, antes de lo previsto, con la promesa insignia que le aupó a la Presidencia.

 

DONOSTIA

 

El presidente de Bolivia, Evo Morales, firmó ayer un «decreto supremo» que da al Estado el «control absoluto» de todos los hidrocarburos, actualmente en manos extranjeras. Ese decreto establece que las empresas extranjeras que operan en Bolivia deberán entregar toda su producción a Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB, estatal) y regularizar en menos de 180 días sus actuales contratos, si quieren seguir operando en el país. De lo contrario, el Gobierno intervendrá sus instalaciones.

 

Morales anula así el proceso de «capitalización» de empresas públicas, que significó para el país la pérdida del control estatal sobre la riqueza nacional, y que fue promovido por gobiernos afines al neoliberalismo, como el depuesto presidente Gonzalo Sánchez de Lozada. «Se acabó el saqueo de nuestros recursos naturales por empresas extranjeras», advirtió Morales. Una vez concluido el proceso, YPFB comercializará los recursos en el país y tendrá a su cargo los convenios de exportación.

 

El presidente de Bolivia anunció la confiscación de las acciones necesarias de varias empresas mixtas para que YPFB tenga en ellas más del 50%, entre ellas Andina, filial de la hispano-argentina Repsol YPF, y una subsidiaria de Petrobras Bolivia.

 

Anuncio sorpresivo

 

Varias fuentes diplomáticas comentaron que el «decreto supremo» va más allá de lo que preveían y que a las petroleras extranjeras no les quedará más remedio que recurrir a arbitrajes internacionales, o abandonar Bolivia.

 

La nacionalización fue anunciada sorpresivamente por Morales en el campo de San Alberto, el más rico del país, operado por la brasileña Petrobras y situado en la localidad de Carapari, a unos 100 kilómetros al sureste de la ciudad de Tarija.

 

Los campos San Alberto y Sabalo, desde donde se exporta el 70% del gas boliviano y que están operados por Petrobras, están ahora obligados a entregar el 82% de su producción a YPFB, lo que permitirá generar para el Estado 300 millones de dólares adicionales en 2007.

 

El anuncio se produjo al mediodía, a una hora en la que estaba anunciado que el presidente iba a encabezar en La Paz una manifestación por el Día del Trabajo.

 

El mandatario dijo que ésta es la «tercera y definitiva» nacionalización del gas, después de que en 1937 se estatalizara ­por primera vez en Sudamérica­, la empresa Standart Oil, y en 1969 la Gulf Oil, ambas norteamericanas.

 

Morales exhortó a los bolivianos a movilizarse frente a «cualquier intento de sabotaje de algunas empresas» y dijo que serán bienvenidos los trabajadores de las petroleras que se sumen «a este cambio».

 

«Pedimos a las empresas petroleras que respeten la dignidad de los bolivianos, que respeten esta decisión del pueblo boliviano. Si no respetan, nos haremos respetar a la fuerza, porque se trata de respetar los intereses de un país», advirtió Morales. Como advertencia, las Fuerzas Armadas tomaron el control de medio centenar de campos petroleros distribuidos por el país.

 

Bolivia posee reservas de 48,7 billones de pies cúbicos de gas, los segundos del continente tras los de Venezuela, que tiene el triple. En Bolivia, además de Repsol YPF y Petrobras, operan las Bristish Gas y British Petroleum y la franco-belga TotalFinaElf. También tienen inversiones las estadounidenses Panamerican Energy y Exxon Mobil, la argentina Pluspetrol, la Canadian Energy y la coreana Dong Wong.

 



Repsol YPF: «No parece una buena noticia»
La petrolera Andina, filial de Repsol YPF en Bolivia, reconoció ayer, nada mas darse a conocer el decreto, que «no parece a priori una buena noticia». La valoración oficial vendrá de la Cámara de Hidrocarburos española, a la que pertenece Repsol YPF, que estaba analizando el decreto punto por punto. No obstante, adelantó su preocupación porque «a partir de ahora todo puede pasar». Así, consideró que «se está empezando a vivir» lo mismo que en Venezuela. -

 



Campaña para la Asamblea que «refundará» el país

 

LA PAZ

 

Los candidatos a elaborar una nueva Carta Magna en Bolivia comenzaron ayer oficialmente sus campañas en los medios de comunicación, aunque el Gobierno y la oposición hacen proselitismo desde hace meses de cara a la elección de la Asamblea Constituyente el 2 de julio. Los 255 diputados que resulten elegidos comenzarán sus deliberaciones el próximo 6 de agosto y tendrán un plazo máximo de un año para reemplazar la Constitución actual, vigente desde 1967.

 

Evo Morales se reafirmó en su promesa de «refundar» el país en esa Asamblea y cambiar radicalmente las estructuras estatales, administrativas, jurídicas y políticas.

 

El presidente de Bolivia se lamentó de que el actual sistema legal y constitucional le impide gobernar en favor de las mayorías indígenas marginadas por siglos, que no participaron en la primera fundación de Bolivia como república en 1825. «El pueblo debe convertirse en constituyente para encontrar la verdadera independencia. Esta es una lucha por la independencia, por la liberación. Queremos de verdad refundar nuestra Bolivia», aseguró recientemente.

 

El primer presidente indígena de Bolivia apuntó, además, contra las políticas neoliberales y las privatizaciones de sus antecesores en el Palacio Quemado, políticas que ­añadió­ han convertido al país en un «estado colonial».

 

El mismo 2 de julio los bolivianos se pronunciarán en referendo sobre si conviene o no reformar el régimen de autonomías departamentales.

 

Gara, 2 de mayo de 2006

 

Estrategias

Durante los años 30, la revolución fue el núcleo de las tendencias y sucesos que arruinaron la república. La misma posición ocupan hoy los separatismos  en la corrosión de nuestra democracia.

 

En el simbólico año 1998, centenario del “desastre” --  pérdida de las últimas colonias españolas en América y el Pacífico--, los secesionistas catalanes, vascos y gallegos articularon en Barcelona una orientación estratégica hacia una “segunda transición”, desde la democracia a otra cosa. Esa otra cosa consistía en reducir la nación española a un conglomerado de nuevas naciones unidas,  sólo y provisionalmente, por algunas conveniencias prácticas muy secundarias.  El plan entrañaba liquidar la Constitución e impulsar un proceso de erosión o franco ataque a los derechos ciudadanos en toda España, como el que llevaba años realizándose en Cataluña y las Vascongadas. A ese fin trabajarían conjuntamente los tres separatismos. Invocaban, no por azar, el precedente de 1923, durante la grave crisis institucional causada por la confluencia del terrorismo anarquista, la mala conducción militar en Marruecos y la demagogia desestabilizadora del PSOE. Aprovechando la crisis,  los tres secesionismos habían proclamado, también en Barcelona, su decisión de separar a sus regiones de España, apelando a la violencia.

 

La violencia abierta y directa debía descartarse en 1998. Pero no su uso indirecto, el uso del terrorismo etarra como chantaje para hacer claudicar a la sociedad española. Pues, desde la Transición, la ETA ha sido el verdadero motor de los separatismos y de sus esperanzas de éxito.

 

Con todo, el peligro no era grave, pues se trataba de partidos menores, incapaces de alcanzar sus objetivos sin la complicidad de un partido nacional. Es decir, sin la complicidad del PSOE. Y éste,  por el momento, parecía inclinarse a colaborar con el PP en la salvaguardia de los dos principios básicos de la convivencia democrática: la unidad de España y las libertades.  El año 2000 pareció culminar ese talante con el Pacto Antiterrorista, aunque hoy sabemos que los líderes socialistas lo estaban saboteando ya entonces. Arzallus no ahorraba esfuerzos por convencer al PSOE de que su verdadero enemigo y competidor estaba en la derecha nacional.

 

Dentro del PSOE y aledaños existían, desde luego, sectores muy coincidentes con Arzallus, fuera por temor a perder influencia política y los correspondientes cargos, al  aliarse con el PP, fuera por motivos más ideológicos. Para ellos, nada peor que el  Pacto Antiterrorista y por las Libertades. Era preciso liquidarlo o,  más precisamente, invertirlo, transformándolo en Pacto Prosecesionista y contra las Libertades.  Parece haber sido Juan Luis Cebrián, antiguo  colaborador del franquismo, quien diseñó la nueva estrategia. La cual incluía, por fuerza, la complicidad política con el terrorismo etarra, pues éste era y es, debe insistirse en ello,  el verdadero motor de todas estas maniobras.

 

Una estrategia tan inmoral y brutalmente contraria a los intereses y deseos de la gran mayoría de los españoles no podría desarrollarse sin dos instrumentos poderosos: un aparato mediático capaz de distraer, enredar y adormecer a gran parte de la población, y un número de agentes lo bastante corrompidos intelectual y económicamente para aplicar las directrices. De las dos cosas disponen en abundancia.  Frente a ello, lo menos que puede decirse del PP es que carece, simplemente, de estrategia. Desconcertado por la audacia y velocidad de la ofensiva contra la España democrática,  se bate, cuando lo hace, a la defensiva y con movimientos descontrolados. Y carece de instrumentos comparables a los puestos en acción por la Alianza Anticonstitucional.

 

 

Pío Moa

 

 

Libertad Digital, 1 de mayo de 2006

 

Revel: un muerto que nace todos los días

Hace más de veinte años, en los primeros ochenta del siglo pasado, tuve el gran honor de conocer personalmente a Jean François Revel. Fue durante una cena en el restaurante “El Molino” en honor del más influyente de los intelectuales liberales del último medio siglo y uno de los pocos y verdaderos amigos de España que ha dado Francia en todo ese tiempo y su anfitrión fue el gran periodista y crítico gastronómico Xavier Domingo. Asistimos también Carlos Dávila, periodista político de Diario 16, y yo, recién llegado desde la literatura y la docencia al diario dirigido por Pedro J. Ramírez y a la revista Cambio 16, donde colaboraba ya Revel.

 

 

 

Aquella noche, Revel bebió vino como para tumbar a dos o tres hombres robustos –él lo era, en un estilo que siempre me recordaba a Von Stroheim– y durante la sobremesa quedó en una posición varada, entre diagonal e inclinada, que le permitía asistir a la charla sin participar en ella pero sin, aparentemente, perderse nada. Ni se levantó ni se derrumbó. Era un milagro de solidez moral, política, ideológica y hepática. Como para los demás presentes, Revel era ya entonces un maestro; o mejor: el maestro. Para mí, antes de aquella noche y sin duda después, significó mucho más que un modelo intelectual: un estilo de agitación política; la prueba de que cualquier política realmente liberal en las sociedades democráticas es inseparable del periodismo; que no existe un  periodismo comparable al de las ideas; que no hay idea comparable a la de la Libertad.

 

 

 

De las demás veces en que lo vi y pude hablar con él recuerdo su participación en una de las primeras Jornadas Liberales Iberoamericanas, que es donde comenzaron a gestarse “La Ilustración Liberal” y “Libertad Digital”. Fue en tierras alicantinas y el mismo día en que Carlos Alberto Montaner me presentó a un brillantísimo Plinio Apuleyo Mendoza y  poco antes de que aparecieran en las Jornadas Mario Vargas Llosa y su hijo Álvaro. Prácticamente todos los intelectuales iberoamericanos importantes de nuestra cuerda acabaron yendo alguna vez a Albarracín cuando las Jornadas Liberales se trasladaron definitivamente allí, gracias al patrocinio de Manuel Pizarro e Ibercaja.

 

 

 

La penúltima vez que le recuerdo fue en un homenaje al propio Revel organizado por José María Álvarez en la Universidad de Murcia. Yo fui uno de los invitados y pronuncié una conferencia sobre sus Memorias: “El ladrón en la casa vacía”. No recuerdo si la llevé escrita del todo o solamente el guión. Tampoco la tengo a mano. Sí recuerdo que en la cena su problema con el alcohol parecía haberse agravado, pero seguía estando lúcido y brillante como siempre por la mañana, que era cuando escribía.

 

 

 

La última vez fue en la imposición de la Gran Cruz de Isabel la Católica que se celebró en La Moncloa y que fue el acto de despedida de Aznar al frente del Gobierno. Antes del presidente y del condecorado Revel hablaron Miguel Ángel Cortés y Esperanza Aguirre, que pronunció un gran discurso en el que nos reconocimos, como liberales y españoles, todos los presentes. Fue la última gran reunión de intelectuales y políticos españoles de la derecha liberal, porque asistió todo el que pudo, y recuerdo que yo hice la crónica para Libertad Digital. Fue una mañana diamantina, de sol y frío, de indecible melancolía, porque todos teníamos la conciencia de vivir el final de una época, aunque nunca esperamos semejante entierro. Hablé un rato con Revel y, lejos del estilo amable, distante y tendente a la deserción de los compromisos sociales que solía cultivar, le vi sinceramente emocionado. Tanto o más que nosotros. Me pareció un gran gesto de Aznar y un homenaje que le debíamos todos, como liberales y como españoles.

 

 

 

Me he enterado de su muerte en el sitio en que debía hacerlo: “Libertad Digital”. Y al escribir este recuerdo del maestro más importante para toda nuestra generación liberal he recordado también una larga entrevista en “La Linterna”, que debo tratar de rescatar. Pero sobre cualquier prueba física del contacto personal que con él mantuvimos, queda el agradecimiento sincero por todo lo que le debemos. Nadie ha defendido la libertad como él. Y probablemente en ningún país ha influido tanto como en España. Tal vez por eso su muerte no significa silencio sino recuerdo; no desaparición sino reconocimiento. Su enseñanza periodística, su probidad intelectual y su valentía política, siempre al servicio de la Libertad, están tan frescos y tan vivos que bien podemos decir que, para  nosotros, Jean François Revel sigue naciendo todos los días.

 

 

Federico Jiménez Losantos

 

 

 

Libertad Digital, 1 de mayo de 2006

Muere el escritor francés Jean François Revel a los 82 años debido a un problema cardíaco

El escritor y periodista francés Jean François Revel, miembro de la Academia Francesa desde 1997, ha muerto en la noche de este sábado como consecuencia de un problema cardíaco en el hospital Kremlin Bicetre, en las afueras de París. Su familia ha dado a conocer su muerte un día después. El autor de "El conocimiento inútil", de 82 años y casado en segundas nupcias con la también escritora Claude Sarraute, había sido hospitalizado hace dos semanas. A diferencia de otros intelectuales, Revel se mantuvo fiel a sus creencias hasta el fin.

 

 

L D (EFE) Conocido por su inconformismo y por definirse como intelectual liberal, el académico deja una obra compuesta por una treintena de libros que empezó con un ensayo filosófico en el que anunciaba que la filosofía había muerto ("Pourquoi des philosophes?") en 1957, el mismo año que comenzó su carrera periodística.

En esa faceta profesional, trabajó desde mediados de los años 60 como editorialista del semanario L'Express, del que fue director desde 1978 hasta que dimitió en 1981. Empezó a colaborar después, y hasta muy recientemente, en otro de los principales semanarios franceses de información general, Le Point, así como con cadenas de radio como Europe 1 y RTL.

Nacido en Marsella en 1924 y llamado en realidad Jean-Francois Ricard, hizo sus estudios secundarios en Lyon y en 1943 entró en la elitista Escuela Normal Superior, donde se especializó en Filosofía. Tras la guerra, en la que se implicó en la resistencia contra la ocupación nazi de Francia, fue nombrado profesor de Filosofía primero en la ciudad de Tlemcen (1947-1948), en Argelia (entonces colonia francesa) y luego en el Instituto Francés de México (1950-1952) y en la Facultad de Letras de Florencia (1952-1956), en Italia.

De vuelta a Francia, trabajó en un gabinete ministerial y estuvo destinado de nuevo como profesor en Lille y París hasta que abandonó la universidad en 1963. Como escritor, varias de sus obras fueron galardonadas, entre ellas la titulada en español "Cómo terminan las democracias", que obtuvo los premios Aujourd'hui 1983 y Konrad Adenauer 1986, o "El conocimiento inútil" (1988), distinguida con los galardones Chateaubriand y Jean-Jacques Rousseau.

Su último gran ensayo, publicado en 2002 y también traducido al español, de nuevo abordó un tema polémico (la animadversión por EEUU) con ironía y a la contra de la mayor parte de los intelectuales franceses: "La obsesión antiamericana: dinámica, causas e incongruencias". Otro de los libros que ilustran su carácter es "El monje y el filósofo", que escribió desde su condición de ateo en un diálogo con su hijo Mathieu Ricard, budista declarado.

 

 

Libertad Digital, 1 de mayo de 2006

 

Un programa para conservadores

          Hoy no está de moda ser o declararse conservador. La culpa la tienen varios factores, entre ellos la perezosa costumbre de no pensar por uno mismo y, desde luego, la colosal manipulación ideológica del lenguaje y los conceptos políticos que Occidente ha sufrido en el último tercio del siglo.            En el libro “Políticamente incorrecto” tuve la oportunidad de analizar en profundidad las propuestas del pensamiento conservador de cara al siglo XXI, desde su origen (la intuición de Parménides en el siglo V AC al descubrir que hay un núcleo fijo y natural en las cosas que es su propio consistir) hasta su contenido heterogéneo, complejo y pleno de riqueza.

           El conservatismo es, por naturaleza, reformista y siempre está en movimiento, el carácter reaccionario, la simpleza y la mediocridad son, desde antiguo, elementos contrarios al auténtico espíritu conservador.

          Una de las mentes más preclaras del conservatismo contemporáneo es el norteamericano Russell Kirk, autor de dos libros imprescindibles: "The conservative mind" y "A program for conservatives". En mis libros anteriores (el citado "Políticamente incorrecto" y "La derecha del siglo XXI") me referí ampliamente al primero. En este artículo quiero hablar del segundo, un espléndido ensayo (con traducción española: Rialp, 1957) que debería ser leído, estudiado y, en la medida de sus posibilidades, comprendido por muchos políticos actuales, por supuesto los apologetas del llamado "centro reformista", pero también por todos aquellos que aplican (no solo defienden, que es fácil, sino practican) la magia y la aventura del pensamiento independiente.

          El conservador entiende -escribe el maestro Kira -que las circunstancias humanas son casi infinitamente variables, y que cualquier medida política o económica debe decidirse a la luz de las particulares circunstancias de tiempo y lugar. Esa es la base del realismo político desde los tiempos de Aristóteles. El secreto del conservatismo reside en saber conocer en cada tiempo lo que es permanente y lo que es mudable. Ahí reside la esencia del reformismo.

          El conservador cree en unas reglas naturales que están por encima de los poderes de los Estados (por ello su naturaleza es de raíz antitotalitaria), cree en el poder del individuo por encima de gregarismos y colectivismos que conducen a la revolución y al caos, defiende el orden y la jerarquía en una organización de hombres libres donde se aprecian las libertades concretas y, por supuesto, hace bandera del esfuerzo, el afán de superación y la excelencia. El héroe suele ser, por tanto, conservador, el antihéroe es, por naturaleza, anticonservador.

          El conservador moderno -continua Russell Kira - ha de plantearse un ambicioso programa que sea capaz de dar respuesta a los problemas más acuciantes de nuestro tiempo, y que seguirán siendo los del siglo XXI: -el problema de despertar nuestras inteligencias del adormecimiento de la masa. -el problema de resucitar las aspiraciones espirituales del ser humano sacudiendo el materialismo que corroe en ocasiones la vida. -el problema de rescatar de la deshumanización a los hombres y mujeres de nuestro tiempo. -el problema del colectivismo que anula la libertad individual -el problema de la justicia social, o de cómo lograr que la avaricia y la envidia no levanten al hombre contra su hermano. -el problema de preservar la identidad y la complejidad frente la pensamiento único, lo políticamente correcto y el intervencionismo controlador. -el problema de renovar en el mundo de hoy la lealtad, el respeto a la tradición (la continuidad imprescindible que liga a una generación con otra) y el ansia de excelencia. Solo sobre una base sólida se puede reformar, mejorar y asimilar el cambio acelerado que, sin duda, caracteriza al mundo tecnificado del siglo XXI.

          ¿No es acaso un programa lleno de luces y atractivos? Russell Kirk se muestra más incisivo que nunca al afirmar: "en la defensa de la tradición el conservador no debe acobardarse ante la probabilidad de ser malentendido y atacado por todos aquellos cuyos intereses materiales parecen ir ligados a una degradación continua de las masas. El conservador debe afrontar el hecho de que puede salir vencido, contrariamente al marxista, el conservador no profesa una creencia fanática en el triunfo inevitable de su causa". Y la gran cuestión del siglo XXI bien puede ser la que Kirk describe con visos de profecía: "La vida, ¿merece la pena vivirla?, ¿van los hombres y mujeres, formados a imagen de Dios, a conservar su naturaleza espiritual o bien van a convertirse en criaturas infrahumanas, agrupadas como un rebaño por los amos del Estado totalitario". ¿Acaso no es una visión profética del pensamiento único, de la uniformidad, de la mediocridad endiosada en todos y cada uno de los aspectos que nos rodean?

Un programa para conservadores invita a la reflexión, porque es, sobre todo, un programa para seres humanos libres en la sociedad avanzada del siglo XXI.

Fernando Alonso Barahona.

30 noviembre 1999