Blogia

Políticamente... conservador

Para que abril vuelva a ser

 

El Viernes Santo, 14 de abril, coincide con el 75 aniversario de la proclamación de la II República. Lo recordaba el domingo Jon Juaristi citando los versos de la Tierra Baldía de Eliot: “Abril es el mes más cruel, el mes de la memoria y del deseo”. Viernes Santo de una República que Zapatero quiere recuperar, Viernes Santo de una democracia que no consiguió cuajar asediada por el afán milenarista de unos revolucionarios a los que la tutela de derechos y libertades les parecía un compromiso burgués, Viernes Santo para las católicos que empezaron a ser perseguidos. Más de 7.000 morirían por su fe.

 

Zapatero proclama que quiere hacer la III República, pero con Rey. Tendrá éxito porque la III República llegó ya hace tiempo. La supo ver, al otro lado de los Pirineos, Péguy. Ha sucedido algo -decía el francés- que no había ocurrido nunca hasta ahora, los hombres han abandonado a Dios y en su lugar no han puesto a nadie.

 

La III República ya ha llegado, Damián se ha ido. Damián es el personaje de la novela La Salamandra de Jiménez Lozano (¿para cuándo una reedición?). Damián ha perseguido curas durante la II República, ha fusilado sagrarios, ha predicado contra la religión. Damián está internado en un asilo de monjas. Damián ha recuperado la fe y le dice a su amigo Tomás: “que todos nacemos en este país bajo las alas de la Iglesia y, a la postre, no sabemos quién nos da a la luz, en verdad, si nuestra madre de la carne o la Iglesia. Que ésta nos marca como a fuego con la amarga sal del bautismo para toda nuestra vida y nuestra muerte (...). Y que cuando llegan los veinte años, creemos que escapamos de esa Iglesia persiguiéndola, quemando iglesias y matando curas, pero que es inútil todo y que el remusgillo de la Iglesia es más grande en el corazón de los españoles que la muerte, las mujeres y el hambre”.

 

Eso era en la II República, cuando Damián quemaba santos. Ahora en la III República, una república que no han hecho los políticos, ni sal ni luz, ni muerte ni mujeres ni hambre, sólo una prosperidad vulgar que silencia todas las preguntas.

 

Este Viernes el Nazareno vuelve a cargar con la cruz seguido por Nuestra Señora de la Soledad. Es la misma cruz, el mismo Nazareno y la misma María de Dolores. Pero hay que volver a comenzar desde el principio para que abril sea el mes más cruel, el mes de la memoria y el deseo. Hay que rehacer, en la III República, el cristianismo.

Fernando de Haro

 

Páginas Digital, 12 de abril de 2006

 

El juicio objetivo e imparcial de Mario Mauro ante la mal llamada «tregua» de ETA.

Quienes pretenden aplicar el método científico al ámbito de las Ciencias Humanas parten de los peligros de la casi inevitable subjetividad, de todo investigador, o escritor, como una de las principales dificultades para llegar a cualquier conclusión verídica y compartida.

Por ello proponen diversas medidas que, aplicándolas a la investigación en cuestión, asegurarían una mayor objetividad; que difícilmente podría darse entre los afectados de manera directa por el fenómeno o la situación  de que se trate.

Acaso por ello, cuando tratamos de desentrañar las claves de una noticia, si seguimos tales premisas de manera absoluta, podemos caer en un problematicismo metódico que cuestione por completo nuestra elemental objetividad, empujándonos hacia un relativismo que impide afirmar con convicción cualquier proposición.

Para evitarlo, los seguidores de dicho método propugnan, entre otras normas, que el investigador no se encuentre implicado directamente en un fenómeno dado: ser observadores externos, ajenos, fríos y, si puede ser, indiferentes. De esta manera, si bien venimos afirmando en nuestro caso, y con convicción, determinados análisis y juicios de valor ante la mal llamada «tregua» de ETA –no en vano se trata únicamente de la suspensión temporal de una parte de sus actividades terroristas-, es juicioso preguntarse si, tal vez, la pasión nos ciega y la subjetividad propia de nuestra innegable implicación personal, nos determinan indefectiblemente. Pero ello, sin llegar hasta el extremo de la duda total: estéril, por definición.

Por ello, hemos querido escuchar lo que opina Mario Mauro, vicepresidente del Parlamento Europeo -en una entrevista realizada por Fernando Toda para el semanario ALBA (Nº. 79, 7 al 13 de abril de 2006) con motivo de su presencia en la Convención Católicos y Vida Pública recientemente celebrada en Barcelona- en torno a esta cuestión. Lo reproducimos literalmente.

«Pregunta: En España hay una gran expectación ante el anuncio de la tregua de ETA. ¿Cómo ha vivido Europa el comunicado de la banda terrorista?
 

Respuesta: Con mucha prudencia. Esta acción aparentemente unilateral no dice nada sobre cambiar su estrategia en relación al futuro del País Vasco. Además, existe el temor de que sea un instrumento táctico para imponer el control sobre la sociedad. También se tiene preocupación porque ETA no ha renunciado a nada ni ha pedido perdón. Y existe cierta perplejidad, porque España ha hecho ver a Europa que ETA no es más que un grupo terrorista, pero ahora se habla de político».

Imparcial, ajeno, sin implicación personal en el «conflicto»…, pero contundente, conciso y particularmente clarividente. 

No podríamos haberlo resumido y expresado mejor. Para nuestra satisfacción como analista. Para nuestra intranquilidad como ciudadano.
 

Fernando José Vaquero Oroquieta 

 Página Digital, 11 de abril de 2006

II República: ¿de qué siente orgullo Zapatero?

En su reciente comparecencia en el Senado, el presidente Rodríguez Zapatero ha formulado tres afirmaciones en relación a la II República que necesariamente deben de preocupar a la sociedad española.

Afirmó:
-que nos podíamos sentir orgullosos de aquel período de  nuestra historia,
-que su gobierno heredaba muchas de sus políticas
-y que aquella Constitución republicana “iluminaba” a la actual.
La República fue para una buena parte de los españoles, una ilusión. Véase a Ortega y Unamuno, por citar a dos personalidades relevantes. Al poco tiempo se había transformado en un mal sueño que evolucionó en pesadilla y terminó como una gran tragedia, la peor que ha vivido España a lo largo de su historia.
En el corto periodo que va del abril de 1931 a julio de 1936, cuando se inició el golpe de estado que dio lugar a la Guerra Civil, la República estuvo sembrada de arbitrariedades por parte de los gobernantes que la  promovieron: asesinatos políticos, insurrecciones, represalias brutales y un discurso continuado sobre la toma violenta del poder y la  proclamación de la dictadura del proletariado.
En todo ello el PSOE participó en  primerísima linea y por tanto tiene una responsabilidad histórica que nunca ha revisado ni por la que nunca ha pedido perdón, cosa que por ejemplo sí hizo la Iglesia Española en el año 2000.
De hecho, ninguno de los protagonistas bélicos se ha presentado ante a los españoles diciendo: “lo reconocemos, lo hicimos mal, tenemos buena parte de culpa. Nos ha servido de lección”. No solo esto, sino que va Zapatero y proclama formalmente su orgullo.
¿Orgullo de qué? ¿De los 6.800 curas, religiosos y monjas asesinados, la inmensa mayoría mucho antes que los obispos se inclinaran por el lado de Franco? Solo entre julio y agosto del 1936 se liquidaron a más de 3.000, y ya eran cerca de 6.000 en diciembre de aquel año.
En buena medida esta masacre, una de las mayores de la historia moderna junto con las cometidas por los comunistas y la revolución mejicana, ayudan a explicar el alineamiento posterior de la Iglesia. Hasta 12 obispos fueron asesinados y otros miles de laicos católicos pasaron por el paredon o fueron “paseados” por el simple hecho de serlo. Más de 20.000 edificios religiosos fueron destruidos y con ellos se perdió un patrimonio artístico de un valor incalculable.
Ante esto Zapatero debería haber callado o, mejor todavía, proclamado su congoja y su petición de perdón como representante de una de las fuerzas políticas que tanto daño hizo. El que el franquismo fuera una dictadura que evolucionó hasta confluir con la oposición en un régimen democrático, en ningún caso justifica el terrible daño que la República hizo a todos los españoles. Lo contrario del olvido no es la memoria, sino la verdad.

Editorial de www.forumlibertas.com, 10 de abril de 2006

Dos caras de la misma moneda

Nuestro actual sistema democrático parte del principio de que el pueblo es soberano y delega el ejercicio de esa soberanía en los representantes que democráticamente elige. Éste es el origen de la política, entendida como actividad al servicio de los ciudadanos, a sus necesidades y aspiraciones. Y sin embargo, España sufre hoy una perversión de este principio. Los ciudadanos son cada vez más indiferentes a su destino común como pueblo, ya no delegan la gestión de su soberanía sino que renuncian a ella, como quien se libera de un fardo pesado, y se preocupan sólo de sus pequeños afanes y placeres individuales. De la otra parte, los representantes elegidos por ese pueblo indolente y hedonista abrazan la utopía y se convierten en gobernantes iluminados que corren en pos de una quimera. De esta estirpe son Zapatero, Ibarretxe, Maragall o Carod Rovira.

 

Hace unos días tuvimos dos ejemplos clarísimos de esta transformación. El pasado 4 de abril, la Fundación Santa María presentaba el estudio Jóvenes españoles 2005, elaborado por sociólogos como Javier Elzo, Juan María González o Maite Valls, a partir de 4.000 entrevistas. Según los resultados, los jóvenes españoles se sienten en mayor medida “egoístas, rebeldes, consumidores y con poco sentido del deber”, por el contrario se ven mucho menos “solidarios, trabajadores, generosos y maduros”. Durante la presentación del estudio, Elzo ofreció además algunas explicaciones: “la percepción que ofrece el estudio no es demasiado halagüeña, hay jóvenes que quieren vivir la vida y punto”. En efecto, el documento revela que, en la escala de los aspectos importantes de la vida, la política ocupa el décimo puesto y la religión el undécimo, ambas cuestiones quedan por debajo del tiempo libre o el ocio.

 

Al día siguiente de la presentación de estos datos, el presidente del Gobierno hacía en el Senado un encendido elogio de la Segunda República y reconocía que su mandato tenía como misión llevar a término las aspiraciones de ese período, al que definió como “el único democrático del pasado” con “valores enormemente avanzados para su época” y que fue “arrumbado por un golpe militar que desembocó en una trágica guerra civil”. Dejando de lado los errores históricos de esta concepción de los orígenes de la guerra civil, es preocupante ver cómo Zapatero se entrega ya sin rubor a la persecución de un sueño: la resurrección de un período histórico que tuvo muchas más sombras que luces y que fue el caldo de cultivo del brote más terrible de violencia sectaria de nuestra historia reciente.

 

Pudiera parecer que la indiferencia de los jóvenes no tiene nada que ver con el mesianismo de los gobernantes. Pero son dos caras de la misma moneda. Un gobernante iluminado nunca podría prosperar ni imponer su proyecto ideológico sobre un pueblo que sabe bien quién es, de dónde viene y adónde quiere caminar. Por eso, nuestra prioridad es educar en un amor consciente por la verdad, por la propia historia y el valor justo de las cosas. Sólo personas con esta conciencia son libres, sólo un pueblo formado por personas así puede ser indomable frente las utopías.

 

Ignacio Santa María

 

Páginas digital, 10 de abril de 2006.

 

 

 

Hacia el tercer suicidio de la derecha española

10 de abril de 2006.  Así, a bote pronto, salen tres, ¿no? El primero, en 1931: entre el hundimiento de Miguel Primo de Rivera y el autodesplome de la monarquía alfonsina, la derecha se escinde entre los que aceptan colaborar en el marco republicano y los que cultivan la doctrina tradicional. Para entendernos: de un lado sale Gil-Robles y del otro Acción Española. Si la izquierda no hubiera saboteado al Gobierno de la CEDA desde 1933 y, sobre todo, en 1934, quizá la derecha republicana hubiera podido sobrevivir –y, con ella, la propia República. No fue así. Luego vino Franco.

El segundo suicidio, en 1976: desde el desmantelamiento del régimen de Franco hasta las primeras elecciones, la derecha se escinde entre los que apuestan por el nuevo sistema constitucional –la UCD- y los que permanecen afectiva y doctrinalmente vinculados al régimen anterior. La fuerza que pilotó el cambio de sistema fue precisamente la derecha constitucionalista, pero, a cambio, la derecha social quedó excluida de la vida pública, condenada a un lugar secundario. No empezó a recuperarse hasta que Aznar reinventó la UCD. Jamás habría vuelto al poder sin los grandes desmanes socialistas de los GAL y la corrupción.

El tercer suicidio puede ser –puede- el que hoy tenemos entre manos. La guerra mediática sólo es una de sus manifestaciones. Tras la explosión del aznarismo bajo las bombas del 11-M y ante el cambio de sistema que está auspiciando el Gobierno ZP, la derecha se escinde entre quienes niegan toda legitimidad al zapaterismo y quienes, al contrario, aceptan la nueva situación como algo inevitable. No es difícil marcar los campos ni atribuir nombres y rostros a cada uno de ellos. Lo más inquietante es la pasión con que las gentes de la derecha, en todos los ámbitos, están tomando partido por unos u otros. Eso es lo que despierta temores de suicidio. Nadie en la derecha ganará: todas las bajas, al final, estarán en el mismo campo.

Una constatación, si no una ley: con la izquierda en el poder, a la derecha siempre le ha costado muchísimo volver a gobernar. Porque la izquierda española, ya sea en fórmulas revolucionarias o democráticas, tiende a desplegar una mecánica de poder excluyente y frentista, basada en la sustracción de toda legitimidad al oponente. Hoy estamos ante un proceso de ese género: la gran ofensiva del PSOE y sus aliados no se dirige contra una alternativa electoral, sino contra los principios, los valores, la propia historia que podría fundamentar esa alternativa.

¿Remedios? Seguramente no hay: el tercer suicidio de la derecha seguirá consumándose y es imposible saber qué nueva conmoción podrá empujar a este singular Fénix a renacer de sus cenizas. Pero, de momento, podríamos ir intentando algo inédito en esta orilla: buscar la reconquista en el nivel más hondo, el de la calle, las aulas, las conciencias. Toda reconquista exige partir de un baluarte inexpugnable.

José Javier Esparza

El Semanal Digital


Profesionales por la Ética denuncia que la LOE impone 'una moral de Estado'

ANALISISDIGITAL.COM .- Ramón Novella, portavoz del Área de Educación de Profesionales por la Ética, ha resumido en cinco los motivos para decir ‘No’ a la nueva materia que introduce la reforma educativa socialista en “Educación para la Ciudadanía”.

En primer lugar, y tal como lo ha planteado el Ministerio de Educación, “tiene un peligro real de ser un instrumento de adoctrinamiento ideológico en la escuela”. Así, se remite al artículo 27 de la Constitución Española, que expresamente reconoce el derecho de los padres a elegir la educación que quieren que sus hijos reciban de acuerdo con sus propias convicciones morales y religiosas.

Además, se recortan las horas lectivas de otras asignaturas como Tecnología o Filosofía y “se opone a los dictámenes del Consejo de Estado y del Consejo Escolar del Estado que consideraron desmesurada la presencia de Educación para la Ciudadanía en el curriculum escolar”.

En tercer término, denuncian que los contenidos de la materia no han sido negociados con la comunidad educativa y critican que el Ministerio solo haya convocado una reunión para tratar de esta materia con asociaciones y entidades “mayoritariamente afines al PSOE”. Éstas son la Federación Española de Religiosos de Enseñanza-Titulares de Centros Católicos (FERE-CECA) y Educación y Gestión (EyG).

Por otra parte, califican de “preocupante” el hecho de que el Secretario de Estado de Educación, Alejandro Tiana, haya propuesto a la Fundación Cives y a la Universidad Carlos III la elaboración de los contenidos de la nueva asignatura de “Educación para la Ciudadanía” porque ambas están regidas por “ideólogos socialistas” como Victorino Mayoral y Gregorio Peces-Barba. En realidad, promueven la expulsión de la religión de la escuela.

Finalmente, esta “imposición”, supone un “verdadero sarcasmo” que se “menosprecie” la asignatura de Religión. Ramón Novella concluyó que la inclusión de esta materia “nos lleva a la imposición de una verdadera moral de Estado”.

Antonio Gramsci

Hubo un tiempo en que se leía a Marx. Hoy, es dogma. No solamente está de moda: la inmensa mayoría de lo que se publica en el dominio ideológico se sitúa en el interior del marxismo. El marxismo, y sus epígonos que introdujeron un cierto número de variaciones personales (Lukács, Rosa Luxemburgo, Wilhelm Reich..), se han instalado en la cultura popular y en los análisis massmediáticos de un modo subliminal, penetrándolo todo, aun sin darnos cuenta.

Antonio Gramsci es, junto con Lukács, el más célebre de los "marxistas independientes". Es también, y sobre todo, el teórico del "poder cultural".

Nacido en Cerdeña en 1891, una leyenda a lo Don Bosco hizo de él el hijo de un pastor. De hecho, su padre fue un funcionario estatal. A los tres años, a consecuencia de una desgraciada caída por la escalera, se deforma la columna vertebral, quedando jorobado para el resto de su vida. A los diecisiete años, una beca le permite acceder a la universidad de Turín, a donde llega en 1911.

Dos años más tarde se afilia al Partido Socialista Italiano (PSI), donde milita en el "ala izquierda". Comienza a escribir en el diario "Avanti" y en el semanario "Grido del popolo". El 1 de mayo de 1911, junto con Terracini y Palmiro Togliatti, lanza el semanario "L´Ordine nuovo".

El mundo comunista se encontraba entonces en plena ebullición. A partir de 1918 ciertas corrientes se pronuncian por un "apoyo crítico" al bolchevismo ruso. Estas corrientes rechazan aceptar sin contestación la hegemonía de la Komintern (la Internacional Comunista). En Alemania, es el caso de los grupos que, en 1920, se agruparon en el KAPD (Partido Comunista Obrero Alemán), con Rosa Luxemburgo y Karl Korsch; en los Países Bajos, de los "consejistas" de Pannekoek. Su oposición queda mostrada en la acción parlamentaria, que consideran inadecuada para la lucha por el socialismo, y en el papel de los sindicatos, puesto que dudan de sus virtudes revolucionarias.

Esta posición será duramente criticada por Lenin en su obra El izquierdismo, enfermedad infantil del comunismo.

En Italia, en el interior del PSI, se enfrentan dos grupos "izquierdistas": el dirigido por Amadeo Bordiga y el liderado por Antonio Gramsci.

Reagrupados desde Nápoles en torno al diario "Il Soviet", los bordiguistas proponen la creación de un partido revolucionario ultrajerarquizado y ultracentralizado. La dirección de "L´Ordine nuovo", al contrario, opone el "comunismo de los consejos" al "comunismo del partido": denuncian el ; es decir, la idea de que todo debe estar subordinado a los intereses del partido.

El sindicato, escribe Gramsci, , consistente en , lo cual nada tiene que ver con la revolución. En cuanto a la , ligada al burocratismo y al elitismo, se traduce en (Notas sobre Maquiavelo). Conclusión: el partido y el sindicato pueden ser agentes de la revolución, pero no pueden ser formas privilegiadas, ni la revolución puede confundirse con ellos.

Con su figura corvada, su gruesa nariz, su melena negra y sus eternos "quevedos", Gramsci está presente en todos los congresos, donde lanza su célebre palabra de orden: .

Paralelamente elabora una teoría del "consejismo de las factorías". La idea central es que el proletariado debe instituir su dictadura mediante organismos creados espontáneamente en su seno. Aquí, la palabra-clave es "espontáneamente": implica un retorno a la base.

Bordiguistas y "social-traidores"

 

Gramsci se vuelca hacia los "consejos de las factorías", que supone la síntesis entre la infraestructura económica y la superestructura política: en el penúltimo estadio de la sociedad comunista, el Estado mundial de los proletarios nacerá de la coalición entre los consejos de las factorías y los consejos de los campesinos. Será la .

.

Desde abril hasta septiembre de 1920, un inmenso movimiento de huelga general sacude el norte de Italia. Es todo un acontecimiento: ("L´Ordine nuovo", 14-04-1921). Desde Turín, Antonio Gramsci anima los "soviets de empresa". .

Pero el entusiasmo se derrumba con la misma rapidez con la cual había surgido. El ala derecha del PSI "rompe" el movimiento. La socialdemocracia pierde terreno. Por lo demás, la decisión de Lenin de acelerar las escisiones comunistas en el seno de los partidos comunistas precipita los acontecimientos. El 21 de enero de 1921, en Livorna (Suiza), la "Fracción Comunista" (FC) del PSI se transforma en el Partido Comunista Italiano (PCI). Gramsci y Togliatti participan en su fundación, pero es Bordiga quien toma el control del partido.

Poco tiempo después una nueva crisis se declara en la Internacional. Inquieto ante los progresos de la "reacción", Lenin propone una estrategia de Frente Popular. Bordiga, en Italia, rechaza colaborar con los "social-traidores". Asegura que el fascismo, , desaparecerá automáticamente con ella. Esta actitud sectaria le priva del apoyo de las masas. El 29 de octubre de 1922, los fascistas llegan a Roma después de su larga marcha; al día siguiente, Mussolini accede al poder.

Pocos meses antes, en Moscú, Gramsci había sido designado miembro del Comité Ejecutivo de la Komintern. Meditando la importancia y la gravedad del desacuerdo entre el PCI y el Kremlin, decide atacar a los bordiguistas y tomar, desde el interior, el control del partido. Pero los apoyos que esperaba no se materializan. En Alemania, una tentativa de alianza entre socialistas y comunistas fracasa en octubre de 1923. Moscú, que creía en la posibilidad de la formación de una internacional de izquierdas, animada por Bordiga con el apoyo de Trotsky (ya en la oposición), encuentra la ocasión para desarrollar una ofensiva contra la "derecha". Gramsci se encuentra solo.

En enero de 1924 es elegido diputado por Venecia. El 12 de febrero lanza el diario "L´Unitá". En enero de 1926, el congreso del PCI debe celebrarse en Lyon, en Francia. Gramsci imponen sus tesis y es nombrado secretario general. Pero es demasiado tarde: carente ya de electorado, desgarrado por luchas intestinas, el partido es ilegalizado el 8 de noviembre y entra en la clandestinidad. Gramsci es arrestado y enviado a la isla de Utica, condenado a veinte años de prisión.

Allí, en su celda, escribe sus textos más importantes: los Cuadernos de prisión. Treinta y tres tomos, tres mil páginas manuscritas.

Libre de las contingencias de la acción, Gramsci repasa toda la praxis del marxismo-leninismo. Reflexiona, en particular, sobre la gran huelga general socialista de 1920. ¿Cómo lograr que la conciencia de los hombres actúe según aquello que debería dictarle su situación de clase? ¿Cómo es que los estratos dominantes se hacen obedecer "naturalmente" por los estratos dominados? Gramsci responde a estas cuestiones mediante el estudio de la noción de "ideología", y operando una distinción decisiva entre "sociedad política" y "sociedad civil".

La teoría del poder cultural

 

Por "sociedad civil" (termino ya usado por Hegel y, por cierto, criticado por Marx) Gramsci designa el conjunto del sector "privado"; es decir, el sistema de necesidades, la jurisdicción, la administración, las corporaciones, pero también los dominios intelectual, religioso y moral.

El gran error de los comunistas ha sido creer que el Estado se reduce a un simple aparato político. Pero, ; es decir, dirige por medio de una ideología implícita, que reposa sobre los valores admitidos por la mayoría de los societarios. Este aparato "civil" comprende la cultura, las ideas, los modos, las tradiciones –e incluso el "sentido común".

En otras palabras, el Estado no es solamente un aparato coercitivo. Al lado de la dominación directa, del mando que ejerce por medio del poder político, también se beneficia, gracias a la actividad del poder cultural, de (cfr. la distinción hecha por Althusser entre el y los ).

Separándose aquí de Marx, que reduce la a la infraestructura económica Gramsci asegura (sin percibir todavía que la ideología también está ligada a las mentalidades; es decir, a la constitución mental de los pueblos) que es en la sociedad civil donde se elaboran y difunden las visiones del mundo, las filosofías, las religiones y todas las actividades intelectuales o espirituales, explícitas o implícitas, por medio de las cuales se forma y se perpetúa el consenso social. Por ello, reintegrando la sociedad civil al nivel de la superestructura y agregándole la ideología, de la que ella depende, Gramsci distingue, en Occidente, dos formas de superestructura: por una parte la sociedad civil, por la otra la sociedad política o el Estado propiamente dicho.

Mientras en Oriente el Estado lo es todo, en tanto la sociedad civil es , en Occidente, los comunistas deben ser conscientes del hecho de que lo "civil" se ajusta a lo "político". Si Lenin, que ignoraba tal cosa, pudo acceder al poder, fue precisamente porque en Rusia la sociedad civil era prácticamente inexistente. En las sociedades desarrolladas, no es posible la toma del poder político sin la previa captura del poder cultural: <por un largo trabajo ideológico en la sociedad civil que permita preparar el terreno>> (Hélène Védrine, Las filosofías de la historia, 1975). El "paso al socialismo" no pasa ni por el putsch ni por el enfrentamiento directo, sino por la subversión de los espíritus.

El premio de esta "guerra de posiciones": la cultura, que es el puesto de mando de los valores y las ideas.

Gramsci rechaza a la vez el leninismo clásico (teoría del enfrentamiento revolucionario), el revisionismo estaliniano (estrategia del Frente Popular) y las tesis de Kautsky (constitución de una vasta concentración obrera). El "trabajo de partido", pues, consistiría en reemplazar la por la . Conquistada por valores que ya no serán los suyos, la sociedad vacilará sobre sus bases. Y entonces será la hora de explotar la situación sobre el terreno político.

De ahí el rol designado a los intelectuales: . El intelectual es aquí definido por la función que ejerce frente a un tipo dado de sociedad o de producción. Escribe Gramsci: <orgánicamente, una o varias capas de intelectuales, que le dan su homogeneidad y la conciencia de su propia función, no solamente en el dominio económico, sino también en los dominios social y político (Los intelectuales y la organización de la cultura).

A partir de esta definición (demasiado extensa), Gramsci distingue entre los intelectuales orgánicos, que aseguran la cohesión ideológica de un sistema, y los intelectuales tradicionales representantes de los antiguos estratos sociales que persisten a través de las relaciones de producción.

A partir de los intelectuales "orgánicos", Gramsci recrea el sujeto de la historia y de la política, el Nosotros organizador de los otros grupos sociales, por retomar la expresión de Henri Lefebvre (El fin de la historia, 1970). El sujeto ya no es Príncipe, ni el Estado, ni el Partido, sino la Vanguardia intelectual ligada a la clase obrera. Es ella quien, mediante un , cumple una "función de clase" convirtiéndose en portavoz de los grupos representantes en las fuerzas de producción.

La Vanguardia intelectual es quien debe dar al proletariado la y la conciencia necesaria para asegurar su hegemonía –concepto que, en Gramsci, reemplaza y desborda al de "dictadura del proletariado" (en la medida en que desborda la política para englobar la ideología).

Pluralismo y consenso evanescente

 

De paso, Gramsci detalla todos los medios que estima propios para la : apelación a la sensibilidad popular, inversión de los valores del poder creación de , promoción del teatro, del folklore, del cine. Para la definición de estos objetivos, se inspira en la experiencia inicial del fascismo y su estrecha vinculación con la cultura vanguardista (con el futurismo, particularmente). L comunismo, dice, debe resolver sus problemas teniendo en cuenta la experiencia soviética, pero sin seguir pasivamente este modelo. Esto le conduce a subrayar la especificidad de las problemáticas nacionales. La acción y la estrategia políticas no pueden, a sus ojos, negar la complejidad de las sociedades, ni el temperamento, la mentalidad, la herencia histórica, la cultura y la tradición de las naciones, ni mucho menos las relaciones de las clases entre sí (incluyendo sus aspectos ideológicos), etc.

Gramsci comprende muy bien que el postfascismo no será socialista. Pero piensa que este periodo, durante el cual reinará de nuevo el liberalismo, será una excelente ocasión para practicar la subversión cultural, pues el socialismo estará moralmente en una posición de fuerza.

De este surgirá un nuevo bloque histórico, bajo la dirección de la clase obrera, en tanto que los intelectuales tradicionales serán asimilados o destruidos. Por , noción formada a partir, especialmente, de la situación en el Mezzogiorno italiano, Gramsci entiende un sistema de alianzas políticas que asocien la infraestructura y la superestructura, centrado en torno al proletariado y basado en la "historia"; es decir, sobre las clases y la estructura de las clases en la sociedad.

Esta visión se ha revelado profética. No solamente porque es en los regímenes liberales donde la subversión tiene una mayor libertad de actuación, sino también porque tales regímenes, siendo pluralistas, son el lugar de un débil consenso que favorece la inmersión de los intelectuales en las luchas políticas. (¿Qué es la ideología?, 1976).

Se llega así a un círculo vicioso. La actividad de los intelectuales contribuye a destruir el consenso general, la difusión de las ideologías subversivas se ajusta a los defectos intrínsecos de los regímenes pluralistas. Pero, contra más se reduce el consenso, más se fortalece la demanda ideológica, a la cual responde la actividad de los intelectuales. Así, el efecto es contrario a la mayoría ideológica.

Antonio Gramsci murió de tuberculosis el 25 de abril de 1937. Su hermana Casilda reunió sus Cuadernos y los puso en circulación.

En la primavera de 1944, el PCI aguardaba su gran día bajo la dirección de Palmiro Togliatti (1893-1964). Retomando por cuenta una parte de las tesis de Gramsci se convirtió en el abogado del "policentrismo" –de la ortodoxia plural de los diferentes partidos comunistas. A principios de 1960, esta tesis ejercerá una fuerte influencia sobre los jóvenes comunistas disidentes.

En Italia, la obra completa de Gramsci fue publicada entre 1948 y 1950. Su biografía "oficial" apreció en 1951.

El izquierdismo europeo (el "marxismo occidental", en la terminología de Gramsci) pronto comprendió la lección esencial de Gramsci. A saber: que la mayoría ideológica es más importante que la mayoría parlamentaria y que la primera siempre anuncia la segunda, en tanto la segunda, sin la primera, está llamada a derrumbarse.

["Contrafiguras", Vu de Droite], de Alain de Benoist. Traducción: Santiago Rivas.

 

 

¿Qué fue de la nueva derecha?

Esparza, José Javier, et al: ¿Qué fue de la nueva derecha?, revista núms. 16-17, Madrid 1998, págs. 547a 874.
La revista "Hespérides" dedica un doble número monográfico a analizar los avatares intelectuales de la denominada Nueva Derecha, un movimiento encabezado por el pensador francés Alain de Benoist hace más de un cuarto de siglo y que ha echado raíces en otros países. Varios de los libros de Benoist han sido traducidos al español, empezando por uno de los primeros y de mayor eco internacional, Vu de droite.

La Nueva Derecha cometió el imperdonable "crimen" de enfrentarse con el abanico de tópicos que, al abrigo del marxismo, constituyeron durante décadas un "pensamiento único" y que, últimamente, se ha ido reciclando de liberalismo para revestir la mascarilla de lo "políticamente correcto". Ese supuesto delito levantó acres hostilidades y el coro de los denuestos. Entre estos últimos, el más repetido era el de "fascista". Tales descalificaciones no se apoyaban sobre citas textuales, sino sobre procesos de intención, desinformaciones y caricaturas.

La verdad es que la denominada nueva derecha no era ni es una derecha política en la acepción periodística del vocablo. Al contrario, en muchos puntos discurría paralela a los izquierdismos, pero siempre sin ortodoxias ni sumisión a consignas. Uno de los puntos más polémicos de la nueva derecha fue una cierta hostilidad nietszcheana hacia el cristianismo y, sobre todo, un neopaganismo de perfiles fluidos. También una hostilidad, a veces radical, contra el estilo norteamericano de vida y la pretensión estadounidense de actuar como gendarme de la civilización occidental. En realidad, resulta muy difícil caracterizar a esta corriente de opinión como derechista en las acepciones dominantes de un térrmino tan relativo y equívoco.

Lo verdaderamente característico de la Nueva Derecha es su independencia frente a lo que en cada momento los medios tratan de imponer como el consenso sobre lo políticamente correcto. y éste es el mayor atractivo de unos escritores que rara vez caen en los tópicos democratizantes o socialistizantes y en las modas intelectuales del momento como lo fueron el existencialismo, el personalismo, el estructuralismo, y, ahora, el llamado postmodernismo. Otro mérito de los neoderechistas es haber extraído consecuencias filosóficas y sociales de las ciencias modernas desde la filología hasta la genética.

En este doble volumen colabora una veintena de autores, la mitad extranjeros, como el propio Benoist, Sokal, el debelador del postmodernismo, y el neoconservador alemán M. Wiesberg. Entre los trabajos españoles destacan los del director de la publicación José Javier Esparza, y los de J. Alsona, y M. Soria.

El editorial es una inteligente respuesta a la campaña que algunos mediocres del oportunismo han desencadenado contra quienes se atreven a separarse de los eclécticos carriles del subvencionado consenso coyuntural.


J.L. Núñez

 

Razón Española, Nº 91, 1998