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Políticamente... conservador

LOS LAZOS QUE COMPROMETEN: Cristianismo por cable

Se está librando una batalla entre distintos grupos evangélicos sobre una propuesta de ley que obligaría a los operadores de televisión por cable a ofrecer a los consumidores la opción de abonarse a su servicio escogiendo canal por canal

Por un lado, los cristianos conservadores y las organizaciones pro familia como Concerned Women for Americay Parents Television Councilestán a favor del llamado plan "a la carta" argumentando que permitiría a las familias un mayor control sobre el tipo de contenido que entra en sus hogares.

Por otro lado están las emisoras como Trinity Broadcasting Network y la Christian Broadcasting Network de Pat Robertson, que argumentan que la capacidad de los clientes para poder escoger individualmente los canales de pago socavaría su capacidad para llegar a los no cristianos.

En lo que ambos grupos fallan es en asumir que la opción (o la falta de ella) de canales en la televisión por cable es ante todo un asunto político.

Los temas de desregulación, privatización y gestión de la competencia por parte del gobierno se convierten en asuntos bastante espinosos en los casos de servicios esenciales como electricidad, agua y gas natural. La naturaleza voluntaria y no esencial de la televisión por cable la relega inmediatamente a un área en la que la intervención del gobierno debería ser mínima.

Las organizaciones laicas preocupadas con la regulación de la televisión por cable como Consumers for Cable Choice  y Cable Choice Now!no esconden su intención de apoyarse en el poder coercitivo del gobierno para alcanzar sus objetivos. En esencia, éstos son grupos políticos de presión y los grupos cristianos están ajustándose cada vez más a esa imagen. La politización de la televisión por cable es un indicio de la preocupación evangélica contemporánea con el poder político, un resultado en el que los grupos laicos y cristianos a menudo no se diferencian debido a sus métodos y objetivos.

Pero al recurrir al "gran garrote" de la regulación del gobierno, estos grupos están evadiendo procedimientos más responsables y métodos socialmente sensibles para conseguir sus fines.

Bajo la apariencia de defender los intereses de los niños y las familias y el rubro de la opción individual, los grupos evangélicos de presión ignoran la opción más básica que los cristianos tienen para hacer que se oiga su opinión: la opción de apagar la televisión.

Los operadores de cable, como entidades que buscan sacar un beneficio, por naturaleza están interesados en que sus clientes estén contentos con los servicios que les ofrecen. Si los activistas de la opción tomaran en consideración seriamente los intereses económicos de las compañías operadoras, se darían cuenta del poder fundamental que los consumidores poseen. Los boicots, las campañas de cartas y las coaliciones cívicas organizadas por personas privadas pueden ser formas efectivas de indicar un claro deseo del consumidor por mayores opciones de televisión.

Si la suficiente cantidad de consumidores hiciera oír su opinión, no estaríamos viendo estas apelaciones poco afortunadas a favor del intervencionismo del gobierno. Las pocas ganas de los activistas pro opción del cable de hacer uso de métodos no coercitivos de rectificación habla de su elemental desgana para sacrificarse y organizarse.

Puede que tome tiempo, energía y paciencia el intentar comunicarse con empresas y corporaciones. También hace falta organizarse y buscar recursos para juntar el suficiente poder del consumidor para hacerse oír de manera concertada. En lugar de trabajar diligentemente para crear ese tipo de campañas cívicas, es mucho más fácil usar la tradición largamente establecida del activismo político a través de los enraizados grupos de presión. En vez de buscar el recurso a la coerción política, hay que replantearse la idea de apagar la televisión. Muchos cristianos evangélicos, entre los que me incluyo, disfrutamos tanto con la cultura popular que no tenemos ganas de sacrificar el estar sin un medio potencialmente problemático y poco esencial como es la televisión por cable, ni siquiera durante el relativamente corto tiempo que tomaría hacerle llegar el mensaje a las operadoras.

En vez de molestarnos en instalar sistemas de bloqueo de canales o de vigilar más de cerca los hábitos televisivos de nuestros hijos, es más fácil tener a otro, como el gobierno, asumiendo la responsabilidad. En vez de cancelar nuestros abonos de televisión por cable y darle el dinero a nuestras iglesias, estamos tentados a consentir el materialismo seductor de la cultura televisiva.

Como promedio, los cristianos evangélicos donan alrededor del 4% de sus ingresos a grupos de beneficencia. En 2002, el encuestador George Barna, basándose en un conjunto de encuestas, concluyó que "el feligrés promedio pasa más tiempo viendo la televisión en un día que en todos sus ejercicios espirituales de una semana entera".

Si es cierto que la mala programación de la televisión por cable "supera con creces" lo bueno, como afirma Lanier Swann, directora de relaciones gubernamentales de Concerned Women for America, lo responsable para proteger a nuestras familias es abstenerse de patrocinar semejante medio corrupto hasta el momento en el que podamos inclinar la balanza aceptablemente a favor de lo bueno.

Imagine el tiempo y los recursos financieros que podríamos usar al servicio del reino de Dios si la preocupación cristiana con la televisión por cable se colocase en la perspectiva adecuada.

Jordan Ballor es editor asociado con el Instituto Acton para el Estudio de la Religión y la Libertad en Grand Rapids, Míchigan. 

 Libertad Digital, suplemento Iglesia, 22 de junio de 2006  

Una encuesta publica que la educación ha empeorado en los últimos años a causa de la falta de responsabilidad en las familias

El informe "Convivencia, conflictos y educación de los centros escolares de la Comunidad de Madrid" que encargó el Defensor del Menor, muestra que la educación ha empeorado en los últimos años a causa de la falta de responsabilidad en las familias

El 85% de los profesores de los centros de la Comunidad de Madrid considera que la educación ha empeorado en los últimos años, y un 62% atribuye a las familias responsabilidad en los problemas de convivencia por la falta de exigencia hacia sus hijos y despreocupación por su rendimiento académico.

Estas son algunas de las conclusiones del informe "Convivencia, conflictos y educación de los centros escolares de la Comunidad de Madrid" que encargó el Defensor del Menor y cuyo titular, Pedro Núñez Morgades, presentó ayer junto a su autor, el catedrático de Psicología, Alvaro Marchesi.

El estudio, que se realizó a través de un cuestionario a 4.460 alumnos y a 1.400 profesores, concluye que la convivencia en la mayoría de los centros educativos de la Comunidad es satisfactoria, con un 80% de escolares que reconocen que los docentes "mantienen el orden" en la clase y un 78% que se muestra "satisfecho" con la relación que mantiene con sus profesores.

Sin embargo, existen problemas "graves" que, a juicio de Morgades y Marchesi, deben ser motivo de "intervención" y tienen su origen en la presencia de "un pequeño grupo" de alumnos conflictivos que distorsionan el orden dentro de la clase.

Aunque la convivencia en las escuelas madrileñas funciona bien y
los profesores realizan un "esfuerzo suplementario" para asegurarla, éstos y los alumnos coinciden en que en los últimos años se ha deteriorado, elevándose hasta el 85% los docentes que opinan que la educación ha empeorado.

El estudio pone de manifiesto la percepción diferente que de la familia tienen alumnos y profesores, y, así, mientras la mayoría de los escolares valoran a su familia, confían en ella y consideran que se preocupa por sus estudios, los docentes son mucho más críticos a este respecto.

El 23% de los profesores considera que los padres no prestan suficiente atención a las actividades escolares de sus hijos; el 36% piensa que el clima de convivencia en las familias se ha deteriorado; y el 62% les atribuye gran responsabilidad en los problemas de convivencia en las escuelas "a la falta de exigencia" hacia sus hijos, dijo Marchesi, que advirtió de la "desmoralización importante" que sufren los docentes españoles.

El Defensor del Menor abogó entonces por intensificar la colaboración entre escuela y familia, y recomendó a los padres que "nunca censuren a un profesor delante de sus hijos".

El informe incide en que la mayoría de los alumnos tiene una actitud contraria al maltrato, a pesar de lo cual el mayor porcentaje de víctimas se encuentra entre escolares de 5 y 6 de Primaria, y es mucho más frecuente entre hombres que entre mujeres.

Según los datos del estudio, el 3 por ciento de los menores reconoce que maltrata a sus compañeros, aunque se supera el 6 por ciento si se incluye el insulto como forma de maltrato.

Los profesores, que consideran que los medios de comunicación dan una imagen "distorsionada" de la convivencia en los centros, optan por la justicia y la responsabilidad como valores que más desean para sus alumnos y la sociedad, y eligen la moral como el factor más importante para el progreso de la sociedad.

Los escolares, por su parte, aseguran que su peor defecto es que se esfuerzan poco; eligen la justicia como virtud; y sitúan el maltrato y la violencia como los conflictos que más distorsionan la vida.

 

Análisis Digital, 22 de junio de 2006 

¿Es posible un diálogo entre religiones misioneras?

El cardenal Christoph Schönborn analiza la relación entre Islam y Cristianismo

VIENA, martes, 20 junio 2006 (ZENIT.org).- Las religiones que por naturaleza son misioneras, es decir, que quieren hacer discípulos, ¿pueden dialogar verdaderamente con miembros de otras religiones? A esta pregunta responde uno de los teólogos más reconocidos en estos momentos, el cardenal Christoph Schönborn, arzobispo de Viena.

Lo hace en el artículo «Vías de la misión», escrito por el purpurado en el tercer número del semestral internacional «Oasis», revista plurilingüe del Centro internacional de Estudios e Investigaciones «Oasis» (www.cisro.org) para el diálogo con el islam.

En su reflexión, el arzobispo de Viena, quien colaboró decisivamente en la redacción del Catecismo de la Iglesia Católica. se interroga sobre la posibilidad de lograr conjugar la dinámica misionera, que está en la esencia de religiones como el cristianismo y el islam, con los principios que deberían animar el diálogo interreligioso, es decir la tolerancia, la conciencia del otro, y el respeto a la libertad religiosa.

«El diálogo se ve con frecuencia como opuesto a la misión: o misión o diálogo --comienza constatando el cardenal Schönborn--. Pero tanto el cristianismo como el islam son religiones claramente misioneras. Lo demuestra toda su historia, su presente y sobre todo la historia de sus orígenes.

En la Biblia cristiana, al final del Evangelio de Mateo, se encuentra el encargo misionero universal que Jesús, antes de su Ascensión, dio a los apóstoles y por tanto a los cristianos: «Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes» (Mateo 28, 19).

«Pero también el islam se concibe como una religión misionera: en la revelación del Corán --sostienen los musulmanes--, estaría indicada el camino que Dios ha destinado a todos los hombres. Todos los hombres la deben conocer y por tanto deben poder decidirse por la verdadera vía».

Por tanto el islam ha tenido un carácter misionero desde el primer instante y «si no lo fuera, se traicionaría a sí mismo», añade.

«¿Cómo entonces puede crecer un diálogo entre nuestras religiones? ¿No será siempre sólo una jugada estratégica ante la situación del panorama internacional? ¿No será siempre visto el diálogo por los representantes celosos de ambas religiones simplemente como una “solución soft" y por ello despreciada?», se pregunta.

«Ni el cristianismo ni el islam son monolitos --observa sin embargo--. La cristiandad vive, como el islam, en una multiplicidad de direcciones, que tal vez se han combatido violentamente y que siguen combatiéndose siempre», explica.

«La diferencias conciernen por una parte y por la otra al método, la vía de la misión». En este sentido, la cuestión es «si la misión puede recorrer sólo la vía de la persuasión personal del otro, o si puede convertirse también en un instrumento de presión política, militar y económica».

«Sobre esto el cristianismo y el islam, en su historia tan llena de conflictos, pero también de contactos, han dado respuestas muy diferentes», observa.

Sin embargo, «estas pocas indicaciones bastan para recordar que la cuestión misionera, tanto dentro de nuestras comunidades religiosas como entre ellas, debería figurar en los primeros lugares de la agenda de nuestro diálogo».

Y esto porque la misión constituye «la señal de la vitalidad de las religiones» pero al mismo tiempo encierra también «un gran potencial de conflicto», explica.

El purpurado enumera tres tareas que pertenecen «a la urgente e inaplazable agenda de los próximos años», que permitirán a las dos religiones seguir con fidelidad su mandato misionero y al mismo tiempo «mostrar y promover su compatibilidad con las instancias de una sociedad pluralista y democrática».

En primer lugar, afirma, «necesitamos, dentro del cristianismo y del islam (y de otras comunidades religiosas) un diálogo iluminador sobre la pregunta acerca del significado de nuestra tarea misionera constitutiva».

«¿Qué es la misión según Jesús, según el Corán? ¿Cómo debe, como puede darse la misión? ¿Como se sitúa respeto a la libertad de conciencia y de religión? ¿Cómo se sitúa respecto a los requerimientos de un mundo plural?», indica.

En segundo lugar, «dentro de nuestras respectivas comunidades religiosas, hay una urgente necesidad de diálogo y clarificación sobre la cuestión del 'proselitismo'», tema recurrente entre las Iglesias ortodoxas y la católica, y que también se da en la sociedad islámica mundial, prosigue.

Por último, «necesitamos un diálogo intrarreligioso sobre la cuestión de la misión, un diálogo que considere nuestra historia (nuestras historias) de misión (...), que ponga sobre el tapete abiertamente nuestras preocupaciones recíprocas, que cite abiertamente los peligros de la intolerancia, de los atentados a la libertad religiosa y que los haga objeto de esfuerzos comunes de corrección», añade.

«Como religiones con un mandato misionero, somos, estoy convencido, responsables ante Dios y ante el mundo de buscar los puntos en común de nuestros mandatos misioneros y de llevarlos juntos a la práctica», subraya.

«¿Acaso el Omnipotente no nos ha dado quizá a todos nosotros a través de la revelación y de la voz de la conciencia la tarea santa de trabajar en todas partes por la justicia, aliviar la miseria, combatir la pobreza, promover la educación, reforzar las virtudes del vivir juntos y así contribuir a un mundo más humano?», se pregunta.

«Un día seremos llamados ante Dios para dar cuenta de si hemos cumplido juntos nuestra misión. Y seremos llamados a dar cuentas de si hemos dado, a los muchos hombres que no saben creer en Dios, un testimonio creíble de la fe en Dios, o si a través de nuestros conflictos hemos aumentado el ateismo», concluye.
ZS06062002

Si el referendum fuese en Italia o se aplicase la norma de la UE para Montenegro, la abstención anularía el Estatut.

La Cataluña con derecho a voto se ha dividido en dos mitades: la que fue a votar y la que no; éstos últimos, fueron más. En concreto, al final hubo más abstencionistas que votantes: los abstencionistas ganaron por 61.000 personas

Fueron a las urnas algo más de 2 millones y medio de catalanes (2.569.268). El Estatut ha sido aprobado por 1,88 millones de votantes, el 73% de los que han votado. Pero en un referéndum, los votos en blanco y la abstención también cuentan.

En Italia, con una participación del 49,4% -como ha sido el caso en este Estatut- un referendum no tiene validez y el Estatut no se habría aprobado.  

Hace unas semanas, la Unión Europea ponía un listón de participación del 50% y un 55% de síes en el referendum de Montenegro. En Cataluña no se ha llegado a ese 50%. Una participación tan baja, por lo tanto, deslegitima o invalida un referendum en muchos países y sistemas. La particularidad del sistema español es lo que permite brindar con cava hoy a los tres partidos que consiguieron reunir 1,88 millones de votos después de dos años y medio de campaña intensiva y con el apoyo de los grandes medios públicos y privados.  

La UE pedía una participación del 50% en el referendum de Montenegro; Cataluña no ha llegado..La abstención ha sido la más alta de todos los referendos celebrados en Cataluña (excepto el pasado de la Constitución Europea, con sólo un 40,9% de participación). Este Estatut ha contado con una participación 10,2 puntos menor que el de 1979: del 59,6% al 49,4%. 

También es curioso comparar con las elecciones catalanas de hace tres años. Cuando a los catalanes se les pidió que se pronunciasen sobre quién les ha de gobernar durante sólo 4 años, el 63,4% fue a las urnas. En cambio, cuando se les pide que se pronuncien sobre un Estatut que les va a afectar 20 años o más, no va a votar ni la mitad del censo.  

La diferencia con las generales del 2004 es abismal (de ¡26 puntos!): el 75,6% del censo catalán fue a votar en 2004 quién gobernaría España durante 4 años. Una tercera parte de estos no ha ido a votar cómo se legislará en Cataluña los próximos decenios.  

La abstención castiga a los partidos 

Los partidos del sí (CiU, PSC, ICV) en las pasadas elecciones catalanas del 2003 sumaban un 43,18% de la población con derecho a voto (ojo, no sobre voto emitido). Los del no, un 17,66%. ¿Han conseguido activar e ilusionar a sus votantes para este referendum? En absoluto.

El "sí" sólo ha activado al 37% de las personas con derecho a voto y el "no" apenas un poco más del 10%. Miles y miles de votantes de los partidos se han quedado en casa. ¿Qué votantes y qué partidos? Esa es la clave para saber qué significa la abstención.  

Al final, después de dos años de campaña, con el Estatut ocupando portadas y más portadas, como el proyecto principal de los partidos catalanes, sólo el 37% de las personas con derecho a voto lo ha apoyado con su voto  

¿Cuánta gente será gobernada bajo este Estatut?

  El Estatut generará leyes que se aplicarán en Cataluña. ¿Cuántos habitantes tiene Cataluña? Aunque los niños y extranjeros no tienen derecho a voto, son muchos habitantes que serán gobernados bajo las leyes que salgan del Estatut.  

Según anunciaba en enero de 2006 la consellera de sanidad, Marina Geli, el número de tarjetas sanitarias en Cataluña roza los 7,2 millones.

Este documento se concede a quien esté empadronado y pasa a recogerlo, por lo que según Marina Geli la cifra de casi 7,2 millones de personas "es la Cataluña real", aunque admitió que la población puede ser ligeramente superior porque todavía quedan ciudadanos que, por ignorancia, no reclaman la tarjeta sanitaria para no desvelar la situación irregular en la que se encuentran.  

Si hay 7,2 millones de habitantes, y serán regidos durante años por un Estatut que contó con 1,88 millones de votos, significa que sólo el 26% de los habitantes reales de Cataluña (de la "Cataluña real", que dice Geli) ha apoyado con su voto favorable el Estatut.  Es decir, el 74% de los actuales habitantes de Cataluña serán gobernados por una ley que aprobó sólo el otro 26% de habitantes (los que, pudiendo votar, votaron sí).  

Más allá de la reflexión sobre cómo nuestro sistema político debería representar de alguna manera a los niños o los extranjeros (habitantes sin cauce de expresión en el actual sistema), el ciudadano puede pedir a los medios de comunicación que sean más estrictos al hablar de "el Estatuto de todos los catalanes" o incluso de "la mayoría de los catalanes".

Matemáticamente, sólo uno de cada cuatro habitantes ha votado a favor.  

Forum Libertas, 19 de junio de 2006

Gays y de derechas (y2)

 A mediados de los 90, y en el propio movimiento gay, empezaron a surgir las voces que lanzarían una propuesta que entonces pareció descabellada: el matrimonio gay. Para estos militantes, como el escritor y bloguero Andrew Sullivan, el matrimonio entre personas del mismo sexo ofrecía una solución al callejón sin salida en que se había metido el movimiento gay, con su doble reivindicación de una ética de la abstención y una masiva intervención del Gobierno sin fundamentos morales que la sustentaran.

 

Con el matrimonio gay se trataba, al mismo tiempo, de normalizar la homosexualidad, encauzar institucionalmente las relaciones amorosas entre homosexuales –merecedoras del mismo tratamiento que las heterosexuales– y crear pautas de conducta que evitaran a las futuras generaciones los desastres que había vivido su propia generación. La respuesta más virulenta vino del propio movimiento gay. 

Cuando Andrew Sullivan promocionaba su libro a favor del matrimonio gay, a mediados de los 90, no era raro que grupos homosexuales radicales –Sullivan recuerda uno llamado Sexual Avengers, algo así como "Las Lesbianas Vengadoras"– lo acogieran como a un reaccionario. La propuesta de Sullivan, que se consideraba y se sigue considerando un hombre de derechas –aunque no toda la derecha esté de acuerdo con él–, tenía un componente fuertemente conservador.

Para él, se trataba de ampliar y consolidar la familia, no de destruirla. Sullivan no ha cambiado su posición desde entonces. Sí lo ha hecho, y mucho, el movimiento homosexual, que pasó de considerar la propuesta del matrimonio gay una extravagancia, o una aberración ultraconservadora, a asumirla como la punta de lanza de sus propuestas. El cambio se ha producido, curiosamente, sin abdicar de sus pretensiones radicales. 

El movimiento gay sigue empeñado en considerar a los homosexuales uno de los sustitutos del proletariado desvanecido. Los homosexuales vendrían a ser el sujeto de un proceso revolucionario del que los militantes atrincherados en los departamentos universitarios de humanidades, literatura y estudios culturales constituyen la nueva vanguardia. 

La contraofensiva ha procedido de ensayistas y escritores abiertamente homosexuales, como Camille Paglia, Tammy Bruce y Jonathan Rauch. Algunos de ellos, como Rauch, se han declarado favorables al matrimonio entre personas del mismo sexo. Pero ninguno se ha resignado a ver la condición homosexual manipulada por nostálgicos, izquierdistas y aspirantes a vivir de subvenciones gubernamentales, como ha ocurrido con el movimiento gay español, puesto al servicio de un proyecto político tan repugnante como el socialismo zapaterista. 

A estas alturas ya no se sabe muy bien para qué reivindican la familia los movimientos militantes progresistas gays: si es para destruirla, como decían en los años 80, o para cambiar la sociedad. Lo que es seguro es que la reivindicación ha concentrado prácticamente todo el esfuerzo del movimiento gay, que no va a renunciar a algo que sabe que no va a poder conseguir.

De ahí los problemas de los demócratas con unos militantes con los que sienten cierta afinidad pero que les piden algo que ni les puede negar con claridad ni les pueden conceder con naturalidad. 

*** 

En la derecha, en cambio, la propuesta de matrimonio gay ha suscitado múltiples reacciones. 

Está la oposición frontal articulada en múltiples movimientos, como el Family Research Council y Concerned Women for America, con la activista Phyllis Schlafly a la cabeza.

También está la oposición intelectual, como la que expresó el profesor James Q. Wilson en su ensayo "Contra el matrimonio homosexual", publicado tempranamente, en 1996, en la revista "neocon" Commentary. La veta tradicionalmente libertaria de una parte de la derecha norteamericana –la representada, por ejemplo, en los trabajos del Cato Institute–, postula que el Gobierno debe permanecer neutral ante lo que considera un asunto estrictamente privado, el del matrimonio. 

En el propio Partido Republicano hay pequeños grupos, como el Log Cabin Republicans, que han hecho suya la argumentación conservadora a favor del matrimonio entre personas del mismo sexo. No tienen gran influencia, pero existen y han alcanzado, como es natural, dada su condición de "gays de derechas", una cierta visibilidad.

También hay foros de debate y discusión en la red, como el Independent Gay Forum, y el blog Gay Patriot, donde se enfoca la condición homosexual desde puntos de vista liberal conservadores, frente a cualquier pretensión radical progresista. 

Pero quizás más importante que el debate intelectual, incluso que el político, sea que la derecha norteamericana, como el conjunto del país, ha tenido que enfrentarse a la realidad de una homosexualidad cada vez más integrada y menos politizada. En los últimos años se ha esfumado la posible construcción de una identidad homosexual.

Los siempre precarios intentos de elaborar una "cultura gay" que diera contenido a la supuesta identidad homosexual se han venido abajo, pulverizados en la trivialidad. No se construye una identidad cultural con música de discoteca, películas de serie B y héroes sacados de las series de televisión, cuando no del cine pornográfico. No se puede reivindicar la promiscuidad sexual como un espacio de libertad al tiempo que se exige el matrimonio como un derecho inalienable de la persona. Ni se reconstruye y compensa el supuesto martirio secular del "colectivo" homosexual a base de grotescos desfiles de carnaval como los que celebran en el llamado "Día del Orgullo Gay".  

El éxito de una película como Brokeback Mountain, que cuenta una clásica historia de amor –pero entre dos cowboys en las montañas de Wyoming– demuestra hasta qué punto la homosexualidad está dejando de ser una seña de identidad para convertirse en un elemento de la personalidad individual, integrado en una sociedad que se esfuerza seriamente por asimilar la pluralidad de las formas de vida. 

*** 

Cuando el Tribunal Supremo dictó la sentencia de Lawrence vs Texas, en 2003, una de las reacciones más explosivas provino del senador republicano Rick Santorum, uno de los líderes del partido en el Congreso. Santorum, hombre siempre polémico, declaró que, si el Supremo respaldaba el derecho a la vida privada hasta el punto de admitir las prácticas homosexuales, quedaría legalizado cualquier otro acto sexual, incluidas las peores aberraciones. 

Rick Santorum sabía que se estaba exponiendo a una polémica despiadada. Y, como suele ser común en este terreno, la discusión acabó en el terreno privado cuando su director de comunicación, Robert Traynham, tuvo que reconocer su condición homosexual, presionado por los rumores que habían empezado a circular. Santorum publicó un comunicado de apoyo, atento y respetuoso. No negaba sus convicciones morales y políticas acerca de la homosexualidad, pero estaba claro que la ideología se había venido abajo ante la realidad individual. 

Otro tanto ha ocurrido en las familias de Phyllis Schlafly y el vicepresidente Dick Cheney. Phyllis Schlafly respaldó a su hijo John cuando la revista militante Queer World hizo pública la condición homosexual de éste sin su consentimiento. Mary Cheney, la hija del vicepresidente de Bush, es reconocidamente homosexual, y, aunque ha ayudado a su padre en sus campañas políticas, no quiso nunca adoptar un perfil público muy visible.

Lo obtuvo a pesar suyo cuando, en plena campaña para las presidenciales de 2004, John Kerry, el candidato demócrata, sacó a relucir el asunto en la televisión.  

En el tercer y último debate presidencial, el moderador preguntó al presidente Bush si pensaba que la homosexualidad era una opción o una condición sobre la que el individuo no tiene ninguna capacidad de acción. Bush contestó que no lo sabía. Luego, como era de esperar, siguió hablando del matrimonio entre personas del mismo sexo, un asunto que centró una parte no del todo desdeñable de la campaña.  

Bush habló de respeto y tolerancia, pero también de defensa del matrimonio, que es, dijo, un hecho que concierne obligadamente a un hombre y a una mujer, sin que eso tenga nada que ver el respeto que le merece la condición, o la opción, sexual de cada uno. Más adelante, Bush respaldaría la legalización de las parejas de hecho. Siguiendo con el debate, explicó su propuesta de enmienda constitucional contra el matrimonio. No estaba encaminada, dijo, a interferir en la legislación de los Estados, sino a impedir que unos jueces cambien por su cuenta la naturaleza de lo que la mayoría de los norteamericanos piensan que es el matrimonio. 

En su turno, Kerry explicó que para él la homosexualidad no es una opción, sino una condición. Lo había podido comprobar, según dijo, por conocidos suyos que había intentado luchar contra "aquello" y no había podido. Expresó luego su negativa al matrimonio entre personas del mismo sexo, un rechazo que formaba parte de su programa electoral. Tuvo que explicar, para aclarar bien las cosas, que eso no suponía voluntad de discriminación alguna…

Total, que entre la lucha contra la homosexualidad y su no pero sí a la equiparación de las parejas de distinto y del mismo sexo, Kerry se empezaba a empantanar. Y fue en ese momento cuando sacó a colación la homosexualidad de la hija del vicepresidente Dick Cheney. El comentario, de tono melifluo, fue comprendido como lo que era: una intromisión en un asunto de orden privado que concierne sólo a la persona afectada (abiertamente homosexual, recuérdese). Es probable que perjudicara a John Kerry, que escenificó, tal vez a pesar suyo, la mala conciencia y la escasa consistencia moral de una posición progresista que se ha dejado encerrar en la voluntad de manipulación política de un asunto que los individuos y el conjunto de la sociedad han incorporado a la vida cotidiana más deprisa que los ideólogos y los militantes. 

Un sondeo de la CNN calculó que en las últimas elecciones presidenciales un 23 por ciento de los votantes que se declararon gays votaron a George W. Bush. El mismo porcentaje que en las elecciones de 2000. 

Por José María Marco 

Libertad Digital, 20 de junio de 2006

Suplemento Exteriores 

Charles Glenn: “Negar la libertad de elección de los padres es injusto e indigno en una sociedad libre”

El catedrático de la Boston University de EEUU y uno de los mayores expertos del mundo en cuestiones educativas, Charles Glenn, aseguró en Encuentromadrid 2006 que “negar la libertad de elección de centro a los padres es injusto e indigno en una sociedad libre”.

Glenn participó en la mesa redonda titulada “Libertad de educación: un bien para todos”, junto al director general de Centros Docentes de la Comunidad de Madrid, Javier Restán, y el director de la campaña “Tiempo de Educar”, Ángel Mel.

Durante su intervención, el ex responsable del Departamento de Educación del Estado de Massachussets y autor del libro El mito de la escuela pública criticó la pretensión homologadora de la ecuación estatal, al ponerse como objetivo “convertirse en un mecanismo para moldear a las personas para que sean exactamente iguales y se ejerza un despotismo en la mente”.

Glenn aseguró que “verdadera educación pública será aquella en la que los padres y profesores elijan libremente la escuela que quieran para sus hijos”.

Por su parte, Javier Restán criticó a los defensores de una educación “única, pública y laica”, que son aquellos que pretenden la ruptura del vínculo entre la familia y el centro correspondiente, así como la ruptura de toda tradición familiar. En contrapartida, “se generan unos nuevos valores culturales, que son los que interesan al poder público”, cuya expresión en estos momentos se concentra en la nueva asignatura de Educación para la Ciudadanía. Restán aseguró que la libertad de educación estará asegurada cuando se tome en serio la autonomía propia de los centros escolares, con sus propias identidades; entonces, según Javier Restán, se garantizará una mayor pluralidad.

Con este acto se clausuró la campaña “Tiempo de Educar”, que durante este año ha generado un debate social en torno a la importancia de una verdadera educación en nuestro país.

Páginas Digital, 20 de junio de 2006

EDUCACIÓN DIFERENCIADA: UNA OPCIÓN DE LIBERTAD

Las escuelas diferenciadas están aumentando en los países más desarrollados. En Estados Unidos republicanos y demócratas unieron fuerzas para revisar la legislación educativa, y en 2002 lograron derogar la ley federal que imponía la enseñanza mixta en el sistema público; en 2004 se anunciaba un proyecto de ley que obliga al sistema público a ofrecer proyectos de educación diferenciada por sexo.  

En 2004, los socialistas y los verdes de Alemania, con el apoyo de los movimientos feministas, consiguieron que se autorizasen clases diferenciadas por sexo en algunas asignaturas. Sus colegas austriacos y suecos los siguen de cerca. En Australia, en un solo año, crecieron las solicitudes de plaza para centros diferenciados en un 50%.  

El auge de la educación diferenciada en estos países responde a la experiencia y a investigaciones que demuestran que "la escuela diferenciada beneficia el proceso de aprendizaje, ayuda a un mejor desarrollo de la personalidad de los alumnos y consigue mejores resultados académicos" (1). Según algunos estudios, este modo de organización escolar está en mejores condiciones para superar los estereotipos de género y para mejorar las actitudes de respeto hacia el otro sexo.

En un primer momento, las investigaciones se centraron preferentemente en las ventajas de esta educación para las chicas, y sus conclusiones provocaron un cambio de postura de gobiernos, partidos políticos y movimientos feministas. Luego, se han valorado también las ventajas para los chicos, especialmente desde la publicación del estudio "The fragile male" por S. Kraemer, que inició un gran debate científico sobre "la vulnerabilidad masculina". UNA MIRADA ATRÁS    Hasta mediados del siglo XX, la educación separada para chicos y chicas era la regla general en toda Europa. En la década de los 60, empieza a generalizarse la escuela mixta porque parecía un modo de responder, con facilidad y rapidez, a la gran demanda de plazas escolares que había provocado la llegada masiva de estudiantes al sistema educativo, a causa de la elevada natalidad en los años precedentes y por la generalización de la enseñanza obligatoria. España seguirá esta tendencia a partir de 1970, pero será en la década de los 80 cuando la enseñanza mixta se imponga como modelo único en la escuela pública, y cuando las presiones políticas a la escuela concertada lleven a generalizar ese modelo, salvo contadas excepciones.  

La escuela mixta ofrecía ventajas para atender con rapidez la demanda en determinadas zonas, con un coste presuntamente menor. A esto se añadieron las presiones ideológicas de algunos grupos feministas, pero no hubo una investigación previa serena y rigurosa que avalase la validez pedagógica y formativa de la enseñanza mixta. Simplemente se aceptó como un postulado que no necesitaba demostración. 

LA FUERZA DE LOS HECHOS   

Las investigaciones recientes han comparado determinados parámetros en escuelas mixtas y diferenciadas, y han constatado que en la escuela mixta es más difícil atender a la diversidad de los alumnos, son más frecuentes los problemas de disciplina y de absentismo escolar, y más altas las tasas de fracaso escolar (2). La presencia de alumnos y alumnas en la misma aula genera dificultades de atención (3) y, sorprendentemente, las aulas mixtas refuerzan los estereotipos de género (4), cuando los partidarios de la coeducación señalaban su eliminación como un postulado de la escuela mixta. Tres razones avalan el valor pedagógico de la educación diferenciada:   

1. ATENDER MEJOR A CADA ALUMNO  

Ser hombre y ser mujer son dos modos diferentes de ser persona. La idéntica dignidad de cada ser humano se realiza de modo diferente en cada sexo, incluso desde antes de nacer (5). Este hecho es aceptado hoy por un amplio sector del feminismo, como muestran declaraciones de personas tan señaladas como Cristina Hoff Sommers, Christa Meves, Heidi Simons, Hillary Clinton o Rosa Montero.   Los padres tienen claro que los ritmos de maduración personal son diferentes en niños y niñas. Las chicas adelantan su madurez en la educación secundaria y, en las aulas coeducativas, suelen acaparar los primeros puestos. Esto provoca con frecuencia que los chicos renuncien a una estimulante competencia, al reducir sus aspiraciones intelectuales. Como reacción a esta percepción de inferioridad, los chicos suelen reaccionar con excesos de violencia y actitudes sexistas (6). Esta situación se acentúa por el hecho de que el 90% de los docentes no toma en cuenta las diferencias de sexo (7) exigiendo lo mismo y del mismo modo a niños y niñas, lo cual no beneficia a nadie.

   En ese marco no es infrecuente que los chicos sean castigados por comportarse como chicos: rebosantes de vitalidad, inquietos, desordenados. El axioma de la identidad de los sexos provoca, en ocasiones, que algunas conductas completamente normales se interpreten como síntomas patológicos e, incluso, se lleguen a tratar médica mente sin necesidad, como se ha llegado a comprobar en el 20% de la población escolar masculina de algunos distritos de Estados Unidos (8). Por el contrario, no faltan los casos en que los chicos acaparan la atención de los profesores, en detrimento de la atención que reciben las chicas (9).   

Las investigaciones señalan que las chicas educadas en colegios femeninos tienen una actitud menos estereotipada, más elevado autoconcepto y mejor control interno. En estas escuelas les resulta más fácil adquirir capacidad de liderazgo y establecer relaciones más sólidas con las compañeras y el profesorado.   

2. MEJORAR EL PROCESO DE SOCIALIZACIÓN  

Una de las misiones fundamentales de la escuela es ayudar a las familias a enseñar a los chicos a vivir en sociedad. Dado que la vida es mixta, una teoría afirma que la coeducación resultará más eficaz a estos efectos; sin embargo, algunos estudios señalan lo contrario: la conducta de los chicos suele ser más agresiva en centros mixtos, a pesar del pretendido efecto moderador que supondría la presencia de las chicas.

En los centros diferenciados, los chicos se encuentran más cómodos para escoger asignaturas o carreras "típicamente de chicas" (arte o literatura) y lo hacen en mayor proporción. De modo similar ocurre a las chicas con asignaturas "masculinas", como ciencias o ingeniería.   Por otro lado, los jóvenes necesitan ver personas adultas que les sirvan como modelo. Cada persona necesita modelos de su mismo sexo, especialmente si han crecido en hogares monoparentales, y los centros diferenciados suelen ofrecer una mayor proporción de profesores que pueden servir de punto de referencia a los alumnos, con los que es posible un diálogo natural, profundo y enriquecedor.   

3. MEJORAR EL RENDIMIENTO ACADÉMICO   

Cuando hay niños y niñas en el aula, el profesor ha de elegir, porque con un método ellas se aburren, mientras que con el otro los chicos se pierden. Probablemente ésta sea una de las causas del mejor rendimiento académico de los alumnos de escuelas diferenciadas, junto al diferente ritmo de maduración de chicos y chicas. Como muestra de los muchos estudios que se han realizado, podríamos citar:   El Australian Council for Educational Research siguió durante seis años a 270.000 alumnos escolarizados en ambos tipos de centros. El informe publicado en 2001 señala que las escuelas diferenciadas habían obtenido entre un 15 y un 22% mejores resultados.   Los resultados del General Certificate of Secundary Schools indicaban en 2002 que el 60% de los colegios públicos mejor clasificados en Inglaterra y Gales no eran mixtos. En los resultados de los últimos cinco años del estudio Top Independent schools, publicado por Financial Times, las 25 mejores escuelas ofrecían enseñanza diferenciada.   Lee y Bryk investigaron una muestra de 75 High Schools de los Estados Unidos y constataron que los alumnos de centros diferenciados obtenían mayor rendimiento académico y manifestaban aspiraciones más altas (10).  

El informe correspondiente a 2003 sobre las escuelas de Ontario (Canadá) manifiesta que diez de los dieciséis centros con mejores resultados ofrecen enseñanza diferenciada. UN MODELO EDUCATIVO NO DISCRIMINATORIO    La libertad de enseñanza, reconocida por el artículo 27 de nuestra Constitución, ha de ser interpretada "de conformidad con la Declaración Universal de los Derechos Humanos y los tratados y acuerdos internacionales sobre las mismas materias ratificados por España" (11).  

En 1960, la UNESCO indicó expresamente que "no es discriminatorio mantener centros de enseñanza separados para los alumnos de sexo masculino y para los de sexo femenino", siempre que se ofrezcan a chicos y chicas iguales oportunidades en las escuelas separadas, con un nivel de calidad semejante. En 1999, el Comité de Derechos Económicos, Sociales y Culturales de la ONU recordó la plena vigencia de este artículo.

Sin salir de nuestras fronteras, la Audiencia Nacional sentenció en 1999 que "el hecho de que en un centro docente se impartan enseñanzas sólo a niños o a niñas no puede considerarse que suponga una discriminación por razón de sexo". Anteriormente, el Tribunal Constitucional había declarado que la Constitución "no prohíbe toda diferencia de trato en el ejercicio de los derechos y libertades: la igualdad sólo es violada si la desigualdad está desprovista de una justificación objetiva y razonable". La educación diferenciada no discrimina a los alumnos, sino que pretende atender mejor a la diversidad natural de chicos y chicas en aulas diferentes, siempre con "una educación de igual calidad, con idénticos contenidos, pero de la forma más adecuada a las capacidades de cada uno”. (8) 

UNA OPCIÓN DE LIBERTAD   

La Declaración Universal de los Derechos Humanos en su artículo 26.3 establece que "los padres tendrán derecho preferente a escoger el tipo de educación que se dará a sus hijos". La Constitución Europea en su artículo 74 consagra "el derecho de los padres a garantizar la educación y la enseñanza de sus hijos conforme a sus convicciones religiosas, filosóficas y pedagógicas" .  

Un modelo único, sea el que sea, atenta contra los derechos de la persona. En una sociedad democrática y plural, los poderes públicos deben asegurar que todos los padres puedan elegir el modelo educativo que prefieren para sus hijos y garantizar la gratuidad de la enseñanza obligatoria, independientemente del modelo que cada cual haya escogido. 

Notas 1 "La educación diferenciada", COFAPA, 2004,
2 CONLON, R.W. "Teaching boys.
New research on masculinity and gender strategies for schools", Teachers College Reeords, 98. 1996.
3 Fisher and Potter (1977), Sarah et alii (1980), Barba ft Cardinale (1991), etc.
4 Lenskyj 1990, entre otros.
5 RHOAOS, Steven. Taking sex differences seriously, 2004.
6 MOSCONI, Nicole. Effets et limites de la mixité seo/aire, 2004.
7 WOLCOTT, Jennifer en The Christian Science Manitor ; 25-10-2004.
8 CALVO CHARRO, María: "Todos iguales pero diferentes, El derecho a una educación diferenciada".
2004.
9 American Association of University Women: How Schools Shortchange Gir/s. Washington 0:0:, 1992,
10 LEE, V,E. ft BRYK, A.S: "Effects of single-sex secondary schools on students achievements and attitudes", Journal or Educational Psychology, 78, 1986,
11 Constitución Española.
Artículo 10.2, 

Fernando RUIZ RETAMAR

www.bitacorapi.blogia.com  

Reseña en Minuto Digital del libro "La tregua de ETA: mentiras, tópicos, esperanzas y propuestas"

Desde que se difundiera el esperpéntico vídeo de los tres encapuchados de ETA, hace ya casi tres meses, por el que anunciaban la interrupción temporal de algunas de sus actividades terroristas, las palabras al respecto nos anegan: opiniones, juicios, exclusivas, rumores, veladas amenazas, posicionamientos partidarios e institucionales… Realmente hace falta ser un experto analista profesional para separar el polvo de la paja. Incluso para ellos, seguramente, el trabajo resultará agotador. Y terminará por aburrir a casi todos. Por ello, este libro, fruto del esfuerzo conjunto de nueve historiadores y comunicadores, ayuda a “sedimentar” lo esencial de lo occidental.

Desde la Historia, la Victimología, la Doctrina Social de la Iglesia, y el análisis del terrorismo y sus expresiones como fenómenos totalitarios, se proporcionan claves imprescindibles para comprender y enjuiciar un debate nacional que nos afecta a todos; tal y como se puso de manifiesto con ocasión de la multitudinaria manifestación celebrada en Madrid -el pasado 10 de junio- convocada por la Asociación de Víctimas del Terrorismo. Por ello, aunque cambiaran radicalmente las actuales circunstancias –lo que no parece sencillo- el libro permanecería vigente; gracias a un enfoque multidisciplinar, pero coherente, dotado de una evidente unidad de criterio.

¿Qué persigue ETA, realmente, con su tantas veces cuestionada “tregua”? La paz, aseguran algunos. Pero ¿qué paz? Por el contrario, otros, aseguran que no sería sino un instrumento más al servicio de su estrategia secesionista de siempre. El lector, después de leer este libro, confirmará sus temores o adquirirá nuevos elementos de juicio: en cualquier caso, todo apunta a la segunda de las hipótesis. Y para ello los coautores se apoyan, además, en las opiniones cualificadas de hasta 13 personalidades relevantes del panorama mediático actual y algunas de las entidades más implicadas en la denuncia del terrorismo.

También se incorporan, a ese amplio anexo, relevantes documentos de la Iglesia católica y cuyo juicio del terrorismo es especialmente clarividente; lo que se complementa con una amplia bibliografía y varias decenas de direcciones electrónicas de interés. No parece que ETA haya cambiado. La independencia y el socialismo siguen siendo los soles que la guían. Es más: está logrando imponerse, en medios y calendarios, al mismísimo Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero desvelándose una vía secesionista acelerada y decidida.

En este contexto, no es aventurado asegurar, al igual que otras muchas voces lúcidas así lo afirman, que “su” paz no es sino un “frente” más de su línea de combate. Pero si el Estado abandona aquellos instrumentos que más le ayudaron en esa lucha -el Pacto por las Libertades y Contra el Terrorismo y la Ley de Partidos- ¿sobre qué bases afrontará este potente reto? De ahí que sus reflexiones respecto a la consistencia de la actual Ética civil, y la correspondiente necesidad de una moral cívica de resistencia, sean particularmente pertinentes.

Minuto Digital, 19 de junio de 2006