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Políticamente... conservador

¿Hay una «solución irlandesa» para el país vasco?

Por STANLEY G. PAYNE, Profesor emérito de la Universidad de Wisconsin

 

 

| LA TERCERA DE ABC |
1 de abril de 2006

 

 


ESTÁ muy bien que el presidente Zapatero desee investigar el proceso de la paz en Irlanda y aprender de ello. Ha sido un éxito en la lucha contra el terrorismo. Pero si está buscando una «solución irlandesa» para el País Vasco, encontrará que el arreglo reciente que ha tenido lugar en el Ulster no es exactamente la «solución irlandesa» deseada por los nacionalistas vascos. La «solución irlandesa» buscada por ellos no es la del Ulster del siglo XXI, sino la del Estado Libre de Irlanda, negociada con el Gobierno británico en 1922.

El caso irlandés históricamente tenía mucha importancia para el PNV, tanto por su éxito político como por los lazos económicos entre el País Vasco y Gran Bretaña, que en cierto sentido acercaron más a los vascos a los asuntos británicos. Sobre todo durante los años veinte del siglo pasado, cuando el empeño nacionalista y secesionista irlandés fue coronado con éxito, sirvió como modelo e inspiración tanto para los nacionalista vascos como para los catalanistas de izquierdas. El hecho de que los nacionalistas irlandeses no consiguieran reestablecer de un modo eficaz el idioma gaélico fue lo de menos.

Tampoco el hecho de que no había casi semejanza alguna entre los casos de Irlanda y el País Vasco les detuvo. Irlanda fue históricamente una isla y un país totalmente separado de Inglaterra, luego conquistado directa y brutalmente por la fuerza de las armas, primero en parte durante la Edad Media, y luego totalmente durante los siglos XVI y XVII. La mayor parte de la tierra de la isla fue usurpada directamente por la nueva clase dominante inglesa, y la mayor parte de la población reducida a la servidumbre. No había nada parecido a la larga historia de asociación política semiautónoma y participante de las provincias vascas con la Corona de Castilla, una asociación que dejaba intactas las propiedades, la economía y la sociedad vascas, con un sistema elaborado de fueros negociado y establecido precisamente por esta misma Corona al fin de la Edad Media. Aunque finalmente más y más campesinos irlandeses consiguieron emanciparse en cuanto al acceso a la propiedad durante la segunda mitad del siglo XIX, la «guerra sucia» que tuvo lugar en Irlanda entre 1919 y 1921 no fue una campaña terrorista como la de ETA, sino una guerrilla contra una potencia colonialista, como la que ocurrió en el sur de los Estados Unidos contra Gran Bretaña entre 1779 y 1781, o en España contra las tropas de Napoleón, cuando se inventó, o al menos se popularizó, la palabra «guerrilla».

El problema que afrontaban ambas partes cuando se negoció la autonomía total para Irlanda tenía que ver con el sector discrepante o lealista de la población. En cierto sentido, esto fue más fácil en Irlanda que en el País Vasco, porque la porción de la población que deseaba mantener la misma relación con Gran Bretaña era minoritaria, y en muy gran parte concentrada en una sola región. Por contraste, el porcentaje -por otra parte, en muchos casos sorprendentemente valiente- de la población del País Vasco actual que no desea someterse a lo que se llama (solamente con una cierta exageración, aunque no completamente) el «nacionalismo totalitario» es bastante más grande. Otra diferencia es que el nacionalismo irlandés, aunque muy violento en su lucha antibritánica, no era «totalitario» en sus procedimientos internos, sino bastante más tolerante que el vasco, y no imponía controles lingüísticos, etc.

El arreglo de 1922 no concedía la independencia a Irlanda, sino la condición de «Commonwealth» igual a Canadá, Australia, Nueva Zelanda y África del Sur. Seguía formando una parte del imperio, y el Rey británico era todavía jefe del Estado. Los condados protestantes del Ulster estaban separados completamente, una secesión menor dentro de la secesión mayor.

Esta solución -muy imperfecta desde el punto de vista nacionalista-abrió paso a un año de guerra civil irlandesa entre los radicales y los moderados que controlaban el Gobierno nuevo en Dublín. El asesinato en emboscada de Michael Collins, el gran jefe del Irish Republican Army (IRA) que había ganado su guerrilla antibritánica, fue perpetrado por los nacionalistas radicales, aunque pronto depusieron las armas.

El jefe de los radicales, ahora olvidado generalmente por la opinión española, fue un profesor de matemáticas de instituto, de apellido español: Eamon de Valera. Éste nació en Nueva York, hijo de padres inmigrantes -español él, irlandesa ella- . Después de la muerte repentina del joven padre español, la viuda regresó a Irlanda con su hijo, que fue educado en la más pura ortodoxia nacionalista irlandesa.

De Valera -«Dev», como se le llamaba entre el público- volvió pronto a la legalidad y a la lucha puramente política. En 1932 llegó a ser elegido con apoyo mayoritario como presidente de Gobierno en Dublín, mientras el Estado Libre de Irlanda seguía formando técnicamente parte del imperio británico, pero cuatro años después promulgó una constitución nueva para Irlanda que no hizo la menor mención de la Corona británica ni del imperio. Fue esencialmente el paso a la independencia total, y no fue impugnado por el Gobierno británico.

En términos generales, esta es probablemente la «solución irlandesa» deseada por el PNV y ETA -naturalmente, sin el estorbo de la secesión de ningún Ulster vasco-. No ofrece nada, naturalmente, al sector democrático de la población de las tres provincias, y el progresivo abandono de este sector de parte del Gobierno español constituye uno de los problemas más hirientes y neurálgicos de las relaciones actuales con el País Vasco.

Hay una responsabilidad democrática con los derechos de los sectores democráticos que no se puede eludir.

Hubo una ocasión, en 1933, en la que Álava actuó como «el Ulster vasco», y aún más. Entonces la oposición alavesa a ser dominada por las dos provincias de mayor población e industria frustró totalmente el tercer intento de elaborar un estatuto de autonomía en la Segunda República, autonomía que no fue obtenida hasta después del comienzo de la Guerra Civil. Ha sido por eso, para reafirmar la identidad vasca de la provincia, por lo que la capital de la Euskadi actual está en Vitoria y no en Bilbao o en San Sebastián.

Naturalmente, los nacionalistas pretenderán más. No estarán satisfechos de extender aún más el dominio que ya ejercen sobre el País Vasco, no concediendo la misma tolerancia al sector democrático que ellos siempre se reclamaban por sí mismos. Ni siquiera estarán satisfechos con la expansión máxima de los términos de la autonomía, ni meramente con algún vago reconocimiento verbal del estatus de «nación».

El nacionalismo radical siempre tiende al totalitarismo y al imperialismo. Así, insistirán de un modo unilateral en la extensión de su proceso político a una Navarra que, con respecto a la inmensa mayoría de sus habitantes, no quiere tener nada que ver con ello. Los nacionalistas insistirán, como mínimo, en imponer su propio referéndum sobre los navarros, que no lo desean para nada, si no es que pretenden interferir aún más en los asuntos navarros. Para ellos es Navarra, y no su propia población democrática -la que rechaza el nacionalismo extremista-, lo que constituye el «Ulster vasco».

 

La libertad en el orden

Pocos libros como On ordered liberty, de Samuel Gregg, ofrecen una síntesis tan fiel de lo que piensa una parte relevante del mundo conservador norteamericano.


 
Uno de los propósitos de American Review es poner al alcance del lector español el renacer del pensamiento conservador en Estados Unidos. Para ello no basta con dar noticia de las iniciativas conservadoras en aquél país, sino que es preciso además exponer el pensamiento conservador contemporáneo o, mejor, el modo en que los conservadores proponen en nuestro tiempo la tradición occidental. Pocos libros como On ordered liberty, de Samuel Gregg, ofrecen una síntesis tan fiel de lo que piensa una parte relevante del mundo conservador norteamericano.
En este libro, Sam Gregg, Director académico del Instituto Acton, explica los fundamentos que deben guiar la construcción de un orden social libre. A primera vista, parecería que constituye una defensa del liberalismo clásico, y -de hecho- hay momentos en que así lo presenta el propio autor. No obstante, salvo por unos detalles en el último capítulo, en realidad el libro es un tratado de los principios de la civilización occidental, tal y como son defendidos por la escuela conservadora anglosajona.
Así, el libro comienza con una cita de Burke y otra de Péguy. La cita de Burke constituye una justificación de la autoridad, necesaria para el mantenimiento de la sociedad. La de Péguy dice que sólo en el orden es posible la libertad, mientas que el desorden conduce a la servidumbre. El tono, pues, se aleja del liberalismo desde el comienzo.
En el prefacio, que de nuevo comienza con una cita de Burke ("La única libertad posible es la que se enmarca en el orden, aquella que no sólo existe junto al orden y la virtud, sino que sin ellos no puede subsistir"), Gregg presenta el libro, justificando por qué, al hablar de una sociedad libre, es preciso comenzar precisando qué se entiende por libertad, la afirmación voluntaria del bien o el mero arbitrio individual desligado de la realidad, y cómo este debate marca la situación contemporánea en Occidente. Asimismo, Gregg justifica la legitimidad de los creyentes (específicamente los católicos) para contribuir a este debate público sobre el futuro de nuestra sociedad.
En el primer capítulo, “The case for liberty”, aborda la definición de libertad. ¿A qué nos estamos refiriendo al hablar de libertad? Aunque comienza con Hayek o Mill, subrayando la importancia del libre albedrío y la posibilidad de elegir, pronto pasa a inclinar la balanza en aquello que es elegido. Siguiendo a Finnis (en cierto modo, un neotomista), defiende la libertad en el sentido clásico, como adhesión voluntaria al bien. Las huellas de Aristóteles son, así, evidentes.
En el capítulo segundo, “Contra ratio: John Stuart Mill”, hace una crítica de los planteamientos utilitaristas que subyacen en muchos de los autores liberales clásicos. No sólo critica al propio Mill, o a Hume o Bentham, sino que también critica los razonamientos morales de Hayek, o de los liberales contemporáneos estilo Rawls. Gregg subraya cómo los planteamientos utilitaristas impiden un juicio razonable en materia moral, pues al final todo queda en estimaciones subjetivas, basadas en sentimientos o en intereses particulares.
El tercer capítulo, “The drama of human freedom”, comienza con una defensa de la libertad, de la posibilidad de elegir sin estar sometido a coacción. Es interesante destacar cómo para Gregg esta coacción puede venir, también, del escepticismo (la dictadura del relativismo denunciada por el entonces cardenal Ratzinger en la Missa Eligendo Pontifice. De nuevo aquí vuelve a la tradición clásica cristiana-occidental: relación entre razón y voluntad, conocimiento del bien para mover la voluntad en la elección, etc. Samuel Gregg presenta esta tradición tal y como la ha reformulado la escuela de John Finnis, German Grisez y Robert P. George. El pleno desarrollo humano requiere de la adquisición y participación en bienes humanos fundamentales (vida, religión, amistad, etc.), constituyendo la verdadera libertad la elección de estos bienes. Por otro lado, estos bienes se nos presentan como razones para la acción: una acción es razonable (y por tanto está justificada) cuando va dirigida a alcanzar alguno de estos bienes básicos, aun cuando las pasiones impulsen a perseguir algo distinto.
La convicción de que el pleno desarrollo humano sólo es posible en una comunidad política ordenada es la idea central del capítulo cuarto, “Law and Liberty”. En él, aborda la relación entre la libertad y el orden jurídico-político. Aun cuando lo propio del liberalismo clásico es considerar la ley como una limitación de la libertad, para Gregg el orden jurídico permite el florecimiento de la libertad. No sólo porque las leyes permitan coordinar las acciones de los diversos individuos que componen la sociedad, sino también por el valor pedagógico de la norma, que muestra aquellos bienes humanos que merecen la pena ser perseguidos. La ley, en opinión de Gregg, puede legítimamente cuidar de la “ecología moral” de las sociedades, lo que quiere decir prohibir comportamientos contrarios a la recta razón por medio del “paternalismo legal”. Obviamente, queda a la prudencia política del gobernante el señalar cuáles de los comportamientos inmorales deben ser prohibidos, atendiendo a las circunstancias concretas.
En el capítulo quinto, “Whither the State?”, siguiendo a santo Tomás de Aquino, aborda la cuestión de la comunidad política y su fin específico, que es la tutela del bien común. Si bien el modo de concretarse esta tutela es cuestión prudencial, Gregg defiende los logros del constitucionalismo anglosajón: imperio del derecho, gobierno limitado, protección de los derechos individuales, etc. Es interesante cómo relaciona los derechos individuales con el bien, negando expresamente que exista derecho a realizar el mal moral, en línea con la nueva escuela de derecho natural de Finnis y George.
De especial interés es el capítulo sexto, “Little platoons”, cuyo eje central está constituido por la reflexión acerca de cómo proteger la libertad en la democracia. Tanto la pasión por la igualdad como la tiranía de la mayoría pueden llevar a los regímenes democráticos a acabar con la libertad, como ha sucedido en numerosas ocasiones a lo largo de la historia. Para evitarlo, más que edificar un régimen no democrático, lo que propone el autor es revitalizar los cuerpos intermedios, de forma que en ellos el individuo esté protegido frente al Estado. Es sorprendente cómo al hilo de estas reflexiones reconoce que en Francia la libertad disminuyó después de la Revolución francesa, precisamente por la destrucción del orden corporativo por el individualismo revolucionario.
Como he indicado anteriormente, Samuel Gregg es Director de Estudios de un think tank. Por tanto, su quehacer está orientado a la acción. De aquí la importancia que concede a la cuestión de la participación de los católicos en las democracias pluralistas. Cuestión que desarrolla en el último capítulo del libro, “Reflections of a Catholic Whig”. En el mismo, Gregg intenta salir de la alternativa liberal/conservador, y por eso elige la expresión “whig”. A su juicio, los católicos tienen que estar en un mundo en que ha triunfado la modernidad, por lo que no pueden vivir añorando el mundo previo a 1789. Además, hay elementos de la modernidad que Gregg considera positivos, como son el constitucionalismo, la separación de poderes, la libertad de empresa, etc. Pero si no es posible vivir del recuerdo del Antiguo Régimen, tampoco tiene sentido una aceptación acrítica de la modernidad, pues ésta ha estado cuajada de elementos anticristianos.
No es el momento de entrar a juzgar esta propuesta de Gregg, ni tampoco de subrayar los posibles matices que pueden formularse al libro en su conjunto. Baste subrayar que en este libro el lector puede encontrar una síntesis del entendimiento y defensa que de la civilización occidental hace buena parte del mundo conservador norteamericano.
Publicado en American Review por Pablo Nuevo López
American Review, 04-04-2006

Religión en el debate político norteamericano

Las diferentes maneras de tratar la religión en la política norteamericana, en la que se busca al electorado cristiano con palabrería religiosa; y en la que los cristianos conservadores defienden sus argumentos.

En los últimos tiempos, la política norteamericana está  fuertemente influida por cuestiones religiosas, hasta extremos que –desde  la perspectiva europea- pueden resultar chocantes. Curiosamente, es el mundo  “progresista” quien está introduciendo con más fuerza  los argumentos religiosos en el debate político, a pesar de lo que repiten  continuamente los medios en este lado del Atlántico.
Es conocido el impacto que tuvo, en la reelección de Bush, la movilización  generalizada de los cristianos practicantes, quienes votaron en defensa de sus  principios, perdonando a la Administración republicana los errores en  materia de política económica. La apuesta de los demócratas  por la contracultura liberal (defensa del matrimonio homosexual, aborto, etc.)  motivó que gran parte del país (la América real) se haya  convertido en un bastión del partido republicano.
 A la vista del resultado electoral, los demócratas iniciaron una campaña  para atraer a los cristianos practicantes. Así, crearon en la Cámara  de Representantes el “Democratic Faith Working Group”, al tiempo  que en el Senado el líder de la minoría demócrata, el Senador  Harry Reid, impulsó un grupo de trabajo denominado “Word  to the Faithful”, literalmente “Palabra a los fieles”.
Hasta aquí nada fuera de lo normal en la política norteamericana,  en la que la conexión entre representantes y representados hace que los  políticos realmente estén pendientes de sus electores, por lo que  continuamente se reúnen con representantes de la sociedad civil.
El elemento distintivo de la atención “liberal” al impacto  político del fenómeno religioso está en la pretensión  de deducir del mismo consecuencias legislativas concretas. Así, partiendo  de una lectura secularizadora de libros del Antiguo Testamento (sobre todo de  las promesas mesiánicas), han presentado el incremento de gasto público  para financiar programas de bienestar social como una exigencia de la fe cristiana.  Es decir, como el libro de Isaías, por ejemplo, habla del Reino, donde  habrá abundancia y de los arroyos manará leche y miel, deducen  del mismo el imperativo moral de que sea el Estado –y no la sociedad- quien  haga llegar esa abundancia a todos los ciudadanos. De esta manera, el discurso  político está cada vez más plagado de argumentos “teológicos”.
No ha sido esta, no obstante, la forma de hacer de los cristianos conservadores,  quienes han se han limitado a argumentar su derecho a estar presentes, con sus  convicciones, en la vida pública, para defender en ella, con argumentos  de razón, sus convicciones: respeto a la vida, a la familia, etc.

Publicado en American Review por Pablo Nuevo López
American Review, 21-02-2006

TURQUIA: LA QUINTA COLUMNA AMERICANA EN EUROPA

SUMARIO:
INTRODUCCION
TURQUIA Y EUROPA: EL NUDO DE LA CUESTION
TURQUIA "ALIADA DE OCCIDENTE"
TURQUIA Y LA EUROPA
TURQUIA COMO RIESGO PARA LA U.E.
EL PERIODO PRE-ELECTORAL
OBSTACULOS PARA LOS ISLAMISTAS
CRONICA Y REPERCUSIONES DE UNA VICTORIA ANUNCIADA
LAS REACCIONES EN OCCIDENTE
LA UNION EUROPEA: ENTRE EL RECHAZO Y LA RESERVA
ANEXO I
TURQUIA: FICHA TECNICA SOBRE EL PAIS
ANEXO II
CASI UN SIGLO DE HISTORIA TURCA
ANEXO III
EVOLUCION POLÍTICA EN LOS ÚLTIMOS AÑOS.
ANEXO IV
RELACIONES ENTRE LA UNION EUROPEA Y LA OTAN. CRONOLOGIA
ANEXO V
LOS CONFLICTOS TURCOS (I). LA CUESTION KURDA
ANEXO VI
CONFLICTOS DE TURQUIA (II). ENTRE GRECIA Y TURQUIA
ANEXO VII
LA NATURALEZA DE LA CRISIS ECONOMICA TURCA


INTRODUCCION
Las recientes declaraciones de Giscard d’Estaing afirmando que la entrada de Turquía en la Unión Europea supondría el fin de esta institución, así como la reciente victoria islamista en las elecciones, han colocado a este país en el centro de la actualidad.
La Turquía moderna surgió del líder laico Kemal Ataturk que hizo de la occidentalización del país el eje de su política. Pero este intento -por lo demás no alcanzado completamente- no puede hacer olvidar que lo que hoy llamamos Turquía surgió de la invasión y destrucción del Imperio Romano de Occidente, el Imperio Bizantino; no puede hacer olvidar que si los turcos no hubieran sido vencidos por una coalición europea a las puertas de Viena, si Lepanto no hubiera supuesto el fin de sus aspiraciones en el Mediterráneo y si los moriscos, aliados de los turcos, no hubieran sido vencidos en las Alpujarras y expulsados de España, hoy Europa entera estaría bajo el control islámico. Turquía, ha sido el enemigo geopolítico de Europa. Y sigue siéndolo.
En tanto que la "cuestión turca" afecta a la política de Democracia Nacional (por su impacto en la política europea de defensa común, por su incidencia en el fenómeno de la inmigración y por implicaciones geopolíticas e históricas) hemos decidido elaborar el siguiente dossier, en el que los cuadros, militantes y simpatizantes del partido, encontrarán todos los elementos de análisis para adoptar una posición política que en este caso solamente puede ser contraria a la integración de Turquía en la Unión Europea, a la consideración de ese país como algo exterior y alógeno a Europa y como quintacolumna norteamericana. Por eso es importante conocer con detalle la "cuestión turca" y por eso es importante que nuestros militantes y cuadros sepan de qué se está hablando.
TURQUIA Y EUROPA: EL NUDO DE LA CUESTION
La victoria de un partido islamista en las elecciones turcas supone la victoria de un partido que se aparta de los fundamentos de la Turquía moderna fundada por Kemal Ataturk. En los anexos se encontrarán los datos históricos de lo que supuso Ataturk para aquel país. Su principio de las "seis lanzas" que se convertirían en el fundamento de la nueva Turquía (populismo, republicanismo, nacionalismo, secularismo, estatismo y reformismo) supuso la deposición del sultán de Constantinopla, la abolición del califato y de las instituciones islamistas, la sustitución de la sharia por el sistema jurídico inspirado en occidente. Este panorama de reformas legislativas se completó con medidas que eran algo más que anecdóticas: cortar la barba a los fundamentalistas e imponer la forma de vestir occidental… Pero ochenta años de república no han servido ni para asentar la democracia en Turquía (que se ha visto periódicamente salpicada con golpes de Estado y ha concluido finalmente en lo que se ha llamado "una democracia de segunda división"), ni para hacer del país algo similar al resto de países occidentales. Hasta la victoria islamista del 3 de noviembre podía decirse que "Turquía no era completamente oriental, ni completamente occidental". Hoy es evidente que ha vencido en Turquía un partido completamente oriental, una ideología completamente oriental. TURQUIA "ALIADA DE OCCIDENTE" Hasta ahora los lazos de Turquía con la OTAN son extremadamente sólidos. De hecho los turcos han sido utilizados como peones de brega en varios conflictos: los americanos los enviaron a morir en Corea; antes de que los rusos situaran mísiles en Cuba, EEUU ya había hecho otro tanto en Turquía; en las sucesivas crisis que han sacudido oriente medio, Turquía siempre ha puesto a su disposición sus bases militares para los aviones y las tropas americanas. Finalmente, su situación avanzada y fronteriza con Rusia hizo que, durante la guerra fría, el papel geopolítico de este país creciera y, paradójicamente, este país alejado 4000 km del Atlántico, se convirtió en uno de los puntales de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN).
Pero no hay que engañarse: Turquía, más que "aliada de Occidente", ha sido aliada de Estados Unidos. La amistad que este país ha deparado hacia Turquía le eleva al rango de "aliado preferencial". Y así es, por que, paradójicamente, el principal valedor de Turquía para su entrada en la Unión Europea es… EE.UU.
El por qué EE.UU. trata a Turquía como aliado preferencial se entiende mejor su se recurre a un mapa de la zona. En efecto, la geopolítica ha determinado que Turquía sea un país fronterizo con Iraq, Irán, Siria, Georgia y Armenia. En otras palabras, Turquía es una cuña en las zonas por las que EE.UU. muestra en estos precisos momentos un mayor interés. En efecto, es una cuña situada entre el país con las segundas mayores reservas petrolíferas mundiales (Iraq) y la zona del Caspio en donde se encuentras las terceras mayores reservas petrolíferas… Con Bush, gobierna en Washington el lobby de los petroleros. No es raro que se preocupen de aquel país que les permite estar presentes, con armas y bagajes, en aquella zona que para ellos constituye en la actualidad su principal teatro de operaciones.
Turquía no se ha mostrado muy partidaria de un conflicto con Irak. En el momento en que las encuestas detectaron el ascenso imparable del Partido de la Justicia y el Desarrollo (el partido islamismo local), Este hecho hacía que pasase a segundo plano el temor turco a que un conflicto armado afectase negativamente a la economía del país. Por que el apoyo a la agresión contra Iraq tenía una clara compensación económica ya negociada por la administración Clinton y que consistía en una moratoria a la deuda externa contraida con EE.UU., un aval a Turquía por valor de 16.000 millones de dólares concedidos por el FMI y el Banco Mundial. Ankara no puede negar su dependencia económica (y, por tanto, política) de EE.UU.
Durante las conversaciones con Elisabeth Jones, el gobierno turco entregó una larga lista de condiciones a cambio de su apoyo, incluidas compensaciones financieras. Y, por supuesto, EE.UU. ofrece garantías suficientes, complementarias a Turquía, para que la era post-Saddan Hussein no concluya en la formación de un Estado independiente kurdo en el norte de Irak que, inmediatamente repercutiría sobre aquel país.
En diciembre de 1997, se produjo un acontecimiento apenas divulgado por los medios: la visita de Mesut Yilmaz, Primer Ministro de Turquía, a EE UU. El entonces presidente Clinton declaró: "…creo que es muy importante que hagamos todo lo posible por anclar a Turquía en el Oeste. Tiene un gobierno secular islámico que ha sido un aliado serio de la OTAN. Han apoyado también muchas de nuestras operaciones en Irak y sus alrededores desde la guerra del golfo y han sido buenos aliados nuestros. Creo que esto es extremadamente importante. Si miramos al tamaño del país, su significado geo-estratégico, donde está, qué puede bloquear y a qué puede abrir las puertas, es extremadamente importante". Bush, no ha hecho sido confirmar esta política…
TURQUIA Y LA EUROPA
Pero esto no es todo. La argumentación de Clinton, como la frenética actividad imperialista y agresiva de Bush, sirve a los intereses de la política americana.
El 8 de octubre, la Comisión Europea, dio un espaldarazo a la ampliación de la U.E. con la recomendación oficial de que se incorporaran 10 países del Este Europeo en el año 2004, en lo que constituirá la ampliación más importante de la U.E. Así, mientras que la República Checa, Hungría, Polonia, Eslovenia, Eslovaquia, Lituania, Letonia, Estonia, Chipre y Malta reciben el aprobado de Bruselas, se rechazó la entrada de Turquía. A juicio de la Comisión Europea, "a pesar de los avances registrados desde el verano, Turquía no cumple todavía los requisitos políticos ni económicos para convertirse en un futuro en miembro de la UE".
Los "burócratas" de Bruselas niegan la entrada de Turquía en la U.E. fundamentalmente por dos motivos: el país no cumple los mínimos exigidos en su forma política y su legislación, de un lado, y de otro, Turquía no alcanza los mínimos exigibles para ingresar. Pero, aunque Turquía cumpliera con las exigencias económicas y políticas, Turquía no debería entrar en la U.E.
TURQUIA COMO RIESGO PARA LA U.E.
Nuestra tesis es que Turquía no solamente es un país alógeno y exterior a la U.E. sino un riesgo para Europa. Es un riesgo por tres motivos:
1) La entrada de Turquía en la U.E. supondría la ruptura de la continuidad cultural de la federación. Se trata de un país construido con la sangre y la destrucción de los fundamentos greco-latinos y cristianos operada por la invasión islámica del siglo XIV. El 29 de mayo de 1453, el Emperador Constantino IX Paleólogos, heredero de Constantino el Grande, murió al frente de las tropas griegas en la defensa de Constantinopla. Los turcos realizaron la primera limpieza étnica de la historia, masacrando a los habitantes de la ciudad y realizando un pillaje que duró varios días. Cuando el sultán ordenó el fin de la matanza se iniciaron los cuatro siglos de esclavitud y exterminio del pueblo griego que ha durado hasta prácticamente nuestros días. Este episodio, no constituyó solo el fin del Imperio Bizantino, sino que puede ser considera como una tragedia para Europa, por que no solo la población fue masacrada, sino por que la cultura occidental fue abolida y perseguida, exterminada y sepultada bajo el emblema de la media luna. Un país que ha nacido del exterminio de europeos no puede formar parte jamás de una unión de europeos.
2) La entrada de Turquía en la U.E. permitirá la diseminación por el territorio de Europa Occidental de 70 millones de potenciales inmigrantes. En efecto, hasta ahora la inmigración turca se ha concentrado en Alemania en donde ha generado ghettos en las grandes ciudades industriales. En aquel país se concentran casi 3.000.000 de turcos. Si bien existían comunidades turcas en Alemania a partir de los años 70, en los primeros años 80 la tasa empezó a crecer de manera desmesurada, alcanzando hasta un 19% por ciento de aumento en 1982. Las autoridades explicaron que no habría ningún problema y que pronto se integrarían por la vía del mestizaje. Sin embargo no ha sido así, sino todo lo contrario, la población turca se ha ghettizado. Cem Özdemir, parlamentario federal de la Alianza 90/Los Verdes y de origen turco explicó en una entrevista que "El que un 50 por ciento de los jóvenes turcos que viven en Berlín decidan traer a sus esposas de Turquía se debe a que para ellos las mujeres alemanas son demasiado emancipadas, o a que las quieren vírgenes". Habría que añadir que la política de tolerancia ha dado casos grotescos como la decisión de un Tribunal Contencioso-Administrativo de Berlín que sentenció que una chica musulmana podía ser eximida de las clases de educación sexual. Es evidente que una comunidad que, a estas alturas, busca vírgenes y niega la educación sexual, es inintegrable en una sociedad moderna. Por lo demás, resulta evidente que la precaria e inestable situación económica turca, la opresión contra la minoría kurda, generaría una fuga masiva de inmigrantes hacia Europa central, muy superior a lo que es posible soportar.
3) Turquía no es un aliado de Europa, es un aliado de EE.UU. Turquía sería el primer país islámico que entraría en la U.E., como ya hemos dicho, eso rompería con la continuidad y uniformidad cultural de la U.E. y aumentaría su inestabilidad interna. Pero, Turquía es algo más que un país de mayoría islámica construido sobre la destrucción de la cultura europea, es, sobre todo, un aliado preferencial de EE.UU. Y, no hay que olvidar, que si la U.E. tiene futuro, este pasa por ser un contrapeso internacional a la agresividad y el expansionismo norteamericano. De hecho, EE.UU. ya considera a la U.E. como un competidor comercial, previo paso a considerarla como un adversario político. Es imposible permitir la entrada en la U.E. de un país que viene avalado, precisamente, por el adversario de esa misma U.E.
Es por ello que cuando Giscard d’Estaing, presidente de la comisión para la reforma de la U.E., explicó claramente lo que se dice soterradamente en la cúpula de las instituciones comunitarias, a saber, que Turquía es un país extra-europeo, tenía toda la razón. Existe más lógica en la incorporación de Australia a la U.E. que la de Turquía. Para colmo, las recientes elecciones turcas han aportado nuevos elementos que justifican el desenganche de ese país de Europa.
EL PERIODO PRE-ELECTORAL
El 4 de agosto, los turcos se prepararon para una larga campaña electoral ante las legislativas que deberían celebrarse tres meses después. El Parlamento saliente intentó fijar, por última vez un calendario de las negociaciones de adhesión con la UE. Unos días antes había adoptado un conjunto de reformas, entre las que se incluye la abolición de la pena de muerte y el reconocimiento cultural de la minoría kurda, exigidas por la UE para negociar la entrada turca.
Los votantes estaban preocupados por la peor recesión económica vivida desde 1945 y que provocó, no solo la devaluación de la moneda sino la pérdida en pocos meses de un millón de puestos de trabajo. Por entonces las encuestas empezaban a ser desfavorables a la coalición tripartita de Gobierno, integrada por el Partido de la Izquierda Democrática (PID), del primer ministro, Bulent Ecevit, el Partido del Movimiento Nacional (PMN) y el Partido de la Madre Patria (PMP). Las encuestas alertaban sobre la posibilidad de que el PID y el PMP consigan más de un 10 por ciento de los 550 escaños de la Cámara. Esos mismos sondeos pronosticaban una mejora de resultados para el Partido para la Justicia y Desarrollo (PJD) de raíces islámicas. Pero se preveía que la victoria más espectacular correspondiera al Partido de la Nueva Turquía (PNT), de tendencia social-democrática, creado en julio pasado por el ex ministro de Asuntos Exteriores, Ismail Cem. El PNT se presentaba como de izquierdas, progresista y favorable a la liberalización de la economía y al ingreso del país en la UE.
El Parlamento turco decidió a finales de julio adelantar al 3 de noviembre las legislativas, previstas en principio para abril del 2004, ante la crisis institucional abierta después de que varios diputados del PID decidieron pasarse al grupo mixto, lo que dejó en minoría a la coalición de Gobierno.
Pero la pre-campaña se había iniciado mucho antes. La crisis se desencadenó en 2001 a raíz de los graves problemas de salud de Bulent Ecevit, quien no admitió adelantar los comicios, ante la popularidad de su partido que había caído hasta el 2 por ciento según las encuestas.
Era evidente que Turquía no podía seguir adelante con un gobierno sin respaldo popular y una situación económica catastrófica. El Fondo Monetario Internacional (FMI) había aprobado un programa de ayuda a la economía turca, valorado en 16.000 millones de dólares, a cambio de "pequeños ajustes", esto es, de arrojar al paro a dos millones más de ciudadanos.
OBSTACULOS PARA LOS ISLAMISTAS
Quien ha definido a la democracia turca como una "democracia de segunda" no se equivocaba. A medida que Turquía se aproximaba a las elecciones y ante la victoria islamista que cada vez se hacía más evidente, la Oficina Superior Electoral asestó diversos golpes a las candidaturas del PDJ y a sus líderes. Sus dos principales candidatos, Necmetin Erbakan y Tayib Erdogan, líder del PDJ, fueron vetados debido a su expediente judicial. En efecto, ambos habían sido sentenciados tiempo atrás a diferentes penas de cárcel por el contenido de sus discursos políticos y proscritos de toda actividad política. El impacto de la medida fue extraordinario en el país e incluso se habló del aplazamiento de las elecciones. Si no se hizo fue por las repercusiones contrarias que podía tener la medida de cara a la integración en la UE. Pero, a pesar de que la mayoría de partidos deseaban abiertamente el aplazamiento de las Elecciones, las autoridades no se sintieron con respaldo suficiente para tomar esta medida sin que estallara la cólera popular. Sin embargo, el Partido de la Justicia y el Desarrollo (PJD), que preside el propio Erdogan, se apresuró a indicar que concurriría a las elecciones a pesar de que su líder no pudiera ser elegido.
La sombra argelina planeaba en aquellos momentos sobre Turquía. En efecto, el PJD advirtió que la decisión de la Oficina Electoral "ensombrece la democracia turca", y subrayó que "acepta la sentencia pero no la respeta". Junto a los islamistas, la Oficina Electoral había vetado la candidatura del líder del pro kurdo Partido Democrático del Pueblo (PDP), Murat Bozlak, y el del Partido Democrático Socialista (PDS), Akin Birdal, conocido activista pro derechos humanos. El cerebro del aplazamiento de los comicios fue Ecevit, el candidato de la embajada americana.
CRONICA Y REPERCUSIONES DE UNA VICTORIA ANUNCIADA
La victoria electoral islamista terminó siendo, no sólo más grande de lo que se podía esperar, sino mucho más grande de lo que se era capaz de imaginar en Occidente. El sistema político hecho para primar a los partidos mayoritarios y excluir a los minoritarios, fue víctima de su propia trampa. Los partidos gubernamentales quedaron apeados del parlamento y los islamistas se llevaron 363 de los 550 diputados. Los islamistas podrían gobernar en solitario.
Las razones de esta victoria son fáciles de comprender. Por una parte, Turquía es un país de mayoría islámica. Los 70 millones de habitantes de Turquía son un 98% musulmanes. A pesar de ser Asia Menor una de las cunas del cristianismo y, a pesar de ser la zona de dominio del Imperio Bizantino, la limpieza étnica solamente ha dejado a 29.000 católicos. Era lógico que un partido que se declaraba islámico consiguiera el favor del electorado. Pero concurrían otros factores.
En efecto, la crisis económica había alcanzado tal calibre que los turcos, sin saber a donde asirse encontraron en el islamismo un clavo ardiendo. Y, por lo demás, la corrupción de la que habían hecho gala los partidos de gobierno, hacían imposible su reelección. Estaba claro, pues, que algo iba a cambiar. Occidente consideró que la victoria no sería tan absoluta para el PJD. Hasta última hora, los informes de la embajada americana insistían en que, si bien el PJD sería el partido mayoritario, no podría gobernar y debería plegarse a coaliciones con partidos que, históricamente, comen de la mano de EE.UU. No fue así. El electorado sorprendió a los observadores más pesimistas. A partir de ahora se abrían dudas sobre el futuro de Turquía, sobre su permanencia en la OTAN y sobre su integración en la UE.
LAS REACCIONES EN OCCIDENTE
El Gobierno español y los principales partidos políticos recibieron con prudencia la victoria por mayoría absoluta del islámico Partido de la Justicia y el Desarrollo en las elecciones y "confiaron en que mantenga el objetivo de ingresar en la Unión Europea". Ana Palacio, subrayó que la UE "no es un club cristiano", por lo que no hay "ningún obstáculo" para integrar a una Turquía. La ministra confió en que "se consolide un Gobierno de verdad islamista moderado, que continúe la senda abierta por gobiernos anteriores respecto a la UE", pero recalcó que la candidatura de ingreso de Turquía debe cumplir los criterios fijados en Copenhague, que son "claros" sobre "determinadas condiciones que la Unión Europea considera de orden público".
Otras fuentes diplomáticas españolas precisaron hoy que la UE "no es un club cristiano, pero sí laico", con una clara separación entre religión y Estado, por lo que habrá que vigilar si el nuevo Gobierno turco mantiene el laicismo de su Estado, ya que el concepto de "democracia religiosa" es para la UE una contradicción en sus términos. En esa misma línea se pronunció el portavoz del PP en la Comisión de Exteriores del Congreso, Gustavo de Arístegui, para quien lo sucedido en Turquía será la "prueba de fuego para el Islam moderado" ya que "el mundo entero va a ver por fin si es compatible el Islam moderado y la democracia". Arístegui dijo que "hay que desearle éxito al Gobierno turco en este momento por el bien de su país, de los europeos y de Oriente Medio, en un momento especialmente delicado de la geopolítica regional".
Pero al mismo tiempo, el diputado del PP subrayó que lo que haga el Gobierno de Turquía "va a confirmar o desmentir la posibilidad de que gobiernos islámicos -que no islamistas- moderados, puedan llegar a gobernar con todo tipo de garantías democráticas", una posibilidad que él sí ve factible.
Rodríguez Zapatero, por su parte, mostró su deseo de que el próximo Gobierno de Turquía "trabaje y siga en el objetivo de dar pasos" para que la "cercanía y comunicación" con la UE sea posible. Para el líder socialista, hay que ser "respetuosos" con la voluntad de los ciudadanos y con el proceso político de un país con el que la UE "tiene una cercanía y un destino por trabajar común" y hay que dejar que el próximo Gobierno turco "trabaje, siga y continúe con el objetivo de dar pasos para esa cercanía y comunicación con la UE". Zapatero solicitó además al nuevo Gobierno de Turquía que fuera respetuoso con todos los derechos fundamentales.
Ignasi Guardans de CiU, consideró "positiva" la victoria del Partido Justicia y Desarrollo y afirmó que el nuevo Gobierno podría ser un "ejemplo de democracia" para otros países musulmanes de la región. Guardans, en declaraciones a Efe, opinó que el triunfo islamista "no debe generar alarma" y sí "confianza", puesto que, según él, "hoy por hoy" no supone un riesgo de "radicalización" en Turquía. "El que haya un gobierno democrático de tono moderadamente islámico no nos escandaliza y puede ser bueno, porque si funciona, podría acabar siendo un ejemplo de democracia para otros muchos países", explicó.
En Francia las reacciones fueron similares. "Tomamos nota de las diversas declaraciones de los responsables del PJD" sobre la candidatura de Turquía al ingreso en la Unión Europea, señaló el portavoz del Ministerio francés de Exteriores, Francois Rivasseau. Jacques Chirac, tras la reciente cumbre de Bruselas, señaló que "las reformas emprendidas en Turquía constituyen progresos con respecto a los criterios de Copenhague" (sobre derechos humanos y la democracia) y que si bien esos criterios están "todavía lejos" de cumplirse, "el camino es alentador".
Los resultados de las elecciones en Turquía fueron evocados por la ministra delegada francesa para Asuntos Europeos, Noelle Lenoir, y su colega alemán, Hans Martin Bury. La primera recordó "la vocación europea de Turquía". Por su parte, el alemán señaló que es demasiado pronto para tener una apreciación "definitiva" del resultado de las elecciones en Turquía.
Luís Solana, el verdugo de Yugoslavia, otro perro de presa y procónsul del "imperio", expresó su deseo de que en la cumbre europea que de Bruselas se diera un mensaje "muy claro" y, sobre todo, "positivo" a Turquía. Ante todo, dijo Solana "pienso que debemos ser muy claros sobre el momento en que debe adoptarse la decisión" en torno a si se inician o no las negociaciones de adhesión con este país, que es el único de los 13 candidatos que todavía no ha comenzado a negociar con la UE. En las instituciones europeas de Bruselas, el 4 de noviembre, tras las elecciones turcas, cundió la desorientación. La Comisión Europea se limitó a "tomar nota" del incontestable resultado de los comicios, que han proporcionado al PJD 363 escaños de los 550 de que consta la Asamblea nacional y ha barrido de la Cámara a los viejos partidos en el poder, incluido el del primer ministro saliente, Bulen Ecevit, gran amigo de Solana.
LA UNION EUROPEA: ENTRE EL RECHAZO Y LA RESERVA
El vuelco en el panorama político turco se producía justo cuando la UE comenzaba a dar señales positivas sobre los futuros pasos de la candidatura turca al ingreso en el club comunitario. Justo en los mismos días en los que se producía la victoria del PJD, Giscard d’Estaing y el Partido Popular Europeo, que ejerce la mayoría tanto en el Consejo Europeo como en el Parlamento, se habían mostrado partidarios de dejar sentado en la futura Constitución de la UE la raíz cristiana de la construcción europea.
Turquía, con 65 millones de habitantes, en su inmensa mayoría musulmanes, y una renta per cápita de 3.200 euros (frente a los 22.520 de la UE), plantea a Europa un considerable desafío político, económico y cultural que todavía no ha encontrado respuesta. En la cumbre de Bruselas, los cuatro "grandes" de la UE -Alemania, Reino Unido, Francia e Italia- unieron por primera vez su voz para enviar a Ankara un "mensaje positivo" y animar a la clase dirigente a resistir el empuje del fundamentalismo con una perspectiva cierta de adhesión. Pero la señal no fue lo suficientemente fuerte.
Los portavoces comunitarios insistían en que la Unión juzgará al nuevo gobierno turco "por los hechos y no por las etiquetas". "No tenemos ningún apriorismo, ni en un sentido ni en otro", afirmó Jean-Christophe Filori, portavoz del comisario para la Ampliación, Günter Verheugen. "No hay ninguna razón para que una Turquía que cumpla los criterios no pueda ser miembro pleno de la UE", aunque esté gobernada por un partido confesional, abundó el portavoz de Prodi, Jonathan Faull, quien llegó a poner como ejemplo su propio país, el Reino Unido, donde la Reina es la cabeza de la Iglesia anglicana. En un comunicado, la Comisión mencionó el hecho de que durante la reciente campaña electoral los dos partidos que estarán representados en la Asamblea, el PJD y el socialdemócrata PRP, prometieron poner en práctica una política pro-europea.
Ahora, Bruselas "espera de Turquía que confirme sus compromisos a favor de las reformas con el fin de adecuarse a los criterios de adhesión". Por nuestra parte está claro que, aunque Turquía cumpla todas esas condiciones -algo ya de por sí problemático- Turquía no deberá incorporarse a la U.E. y existen caminos legislativos como para impedirlo.
ANEXO I
TURQUIA: FICHA TECNICA SOBRE EL PAIS

SISTEMA DE GOBIERNO:
Turquía se considera una República parlamentaria, cuyo jefe de gobierno desde mayo de 2000 es Ahmet Necdet Sezer. Hasta las pasadas elecciones, el primer ministro fue el socialdemócrata Bulent Ecevit, que había alcanzado la victoria en las elecciones generales del 18 de abril de 1999, si bien es cierto que con promesas demagógicas, ambiente de corrupción y denuncias de fraude.
PARTIDOS POLITICOS:
Los principales partidos políticos que hasta ahora han actuado en el ruedo turco son:
- Partido de la Madre Patria (conservador);
- Partido Demócrata (DTP);
- Partido de la Izquierda Democrática (DSP);
- Partido de la Virtud (islamista moderado);
- Partido del Bienestar (islamista);
- Partido de la felicidad -SP (fundado en 2001);
- Partido de la Justicia y el Desarrollo (PJD);
- Partido de la Recta Vía (DYP);
- Partido Popular Republicano;
- Partido de la Gran Unión (BBP);
- Partido de Acción Nacionalista (MHP);
- Partido Democrático Popular (HADEP).
FUERZAS ARMADAS:
Turquía es miembro de la OTAN desde 1952. En agosto de 2000 el total de Fuerzas Armadas ascendía a 609.700 miembros (495.000 soldados en el Ejército de Tierra, 54.600 en la Armada y 60.1000 en el Ejército del Aire). El presupuesto destinado a Defensa para el año 2000 fue de 4.742.000 millones de liras turcas (LT).
ECONOMIA:
El país está afectado por una fortísima inflación (84,6 % en 1998, de 64,9 en 1999, de 54,9 en 2000, y 54,2 en 2001), y un crecimiento real del PIB de 7,1 en el 2000, frente al 8,0 negativo de 2001, y las previsiones para el 2002 es de un 2,0 %.
Su tasa de desempleo en 1999 era de 7,3 por ciento; en el 2000 de 8,3; en el 2001 del 9,5 y para el 2002 esta previsto que alcance el 10 %. La deuda externa en 2000 sumaba 116.100 millones de dólares y en el 2002 podría ser de 111.700 millones de dólares.
En la balanza comercial de España-Turquía, las importaciones en el 2000 sumaban 940,38 millones de euros, frente a unas exportaciones de 2.129,23 millones de euros. La UE mantiene con Turquía un Acuerdo de Asociación desde 1963 y una Unión Aduanera desde el 1 de enero de 1996.
ANEXO II CASI UN SIGLO DE HISTORIA TURCA
Tras la Primera Guerra Mundial, en la que el Imperio otomano fue vencido por las potencias occidentales, el 28 de enero de 1920 es elegido un Parlamento que adoptó el Pacto Nacionalista de Declaración de Principios, programa de la nueva Turquía. El 23 de abril se forma un gobierno provisional en Ankara presidido por Mustafá Kemal.
En 1921, el Parlamento abolió el nombre de Imperio otomano y Kemal es elegido presidente del parlamento o Asamblea Nacional. El 29 de octubre de 1923 nace la República Turca presidida por él, era el primer presidente de la República, que recibió el sobrenombre de Ataturk (padre de los turcos).
Un año más tarde se ratifica la abolición del Califato y en abril de 1924 se aprueba la Constitución. Desde 1932 Turquía forma parte de la Sociedad de Naciones. A la muerte de Kemal Ataturk en 1938, fue nombrado presidente Ismet Inonu, antiguo primer ministro. En la II Guerra Mundial Turquía fue un país neutral, impidió el paso de tropas de Alemania, con quien rompió relaciones en agosto de 1943 y le declaró la guerra, así como Japón en febrero de 1945.
Turquía ingresó en Naciones Unidas el 24 de febrero de 1945. En 1946 el presidente Inonu es reelegido y ocupó la presidencia hasta 1950, en que le sucede Celal Bayar, jefe del Partido Demócrata. Su estratégica posición entre el mundo oriental y el occidental, así como su pertenencia a la OTAN desde 1952, le ha costado tomar decisiones polémicas como en la Guerra del Golfo (1990-91) durante la cual apostó por los aliados frente a la comunidad árabe.
El asunto kurdo (la lucha armada iniciada por el PKK en 1984 en pro de la independencia de los 12 millones de kurdos que viven en Turquía) y la tensión con Grecia delimitación de los espacios aéreos y marítimos en el Egeo, amén del asunto chipriota), son hoy por hoy dos referentes vivos para Ankara.
ANEXO III EVOLUCION POLÍTICA EN LOS ÚLTIMOS AÑOS.
En 1989 el civil Turgut Ozal es elegido presidente de la república, en un mandato durante el cual se produjeron las elecciones legislativas de 1991, que dieron el triunfo al Partido de la Recta Vía (DYP), liderado por Suleimán Demirel, que pactó con el Partido Populista Socialdemócrata (CHP) para formar un Gobierno de coalición.
La inesperada muerte de Ozal a causa de un ataque cardiaco, en abril de 1993, propició el ascenso de Demirel a la Presidencia y su sustitución al frente del Gobierno por Tansu Ciller, la primera mujer que ocupaba ese cargo en la historia del país.
Las elecciones municipales de 1994 apuntarían otro hecho histórico: el imparable avance del islamismo en la hasta entonces laica y aconfesional República turca, encarnado en el Partido del Bienestar (RP), que dobló sus votos respecto a los comicios anteriores. A la difícil situación económica que sufría el país, se unió el 20 de septiembre de 1995 una crisis política motivada por la ruptura de la coalición gubernamental y la posterior dimisión de Ciller tras la pérdida de una moción de confianza en el Parlamento.
El pactado "final feliz", que incluyó un nuevo acuerdo de coalición DYP-CHP, liderada por Ciller, derivó en la celebración de elecciones legislativas el 24 de diciembre del mismo año.
Esos comicios marcaron el triunfo del islamista RP, por estrecha mayoría, pero la negativa de los partidos laicos a formar coalición con ellos forzó una serie de conversaciones, que concluyeron el 28 de febrero de 1996 con un acuerdo de coalición entre el DYP y el también conservador Partido de la Madre Patria (ANAP), de Mesut Yilmaz.
Sin embargo, la apertura, el 25 de abril, de una investigación parlamentaria a Ciller por la presunta utilización fraudulenta de seis millones y medio de dólares a cargo de los fondos reservados del Estado, rompió la recién estrenada coalición, y llevó a la dimisión de Yilmaz como primer ministro y a que se encargara formar gobierno al islamista Necmettin Erbakan, del RP.
Después de 70 años de gobiernos laicos en Turquía, Erbakan accedía el 29 de junio de 1996 al poder, tras pactar con Ciller la alternancia por un sistema de rotación bienal. El nombramiento de Erbakan propició un aumento de la tensión entre los sectores laicistas y religiosos que se intensificó en febrero de 1997, durante el Ramadán.
El día 4 de ese mismo mes, los tanques salieron a la calle en Sincan, donde la mayoría integrista islámica pidió la imposición de la "sharia", o ley islámica. La presión de los militares -enemigos radicales del integrismo musulmán- contra Erbakan siguió en aumento, hasta presentar su dimisión el 18 de junio de 1997.
Tras varios intentos fallidos de formar gobierno, el presidente Demirel encomendó la tarea a Yilmaz, quien ese mismo mes logró encabezar un Gabinete con apoyo del Partido de Izquierda Democrática (DSP) (socialdemócrata) y el Partido Demócrata Turco (DTP). En enero de 1998 el Tribunal Constitucional deslegalizó al Partido del Bienestar "por actividades contra la República laica". Los militantes del proscrito se reagruparon entonces bajo la bandera de una nueva fuerza, el Partido de la Virtud, de Recay Kutan, que sumó sus fuerzas a las del socialdemócrata CHP, en la moción de censura que desbancó al Gobierno en noviembre de 1998.
La caída del Yilmaz, acusado de conexiones con la mafia, abrió entonces una nueva crisis política que concluyó el 11 de enero de 1999 con la aceptación por parte de Demirel de un nuevo Gobierno a cargo del histórico líder socialdemócrata Bulent Ecevit, del Partido de Izquierda Democrática.
La detención el 15 de febrero en Kenia del líder guerrillero kurdo Abdalá Ocalán, por los servicios de inteligencia turcos, favoreció el triunfo del partido gobernante (22,19% de los votos) en las elecciones legislativas y municipales de abril de 1999. El 16 de mayo de 2000, asumía la presidencia de Turquía Ahmet Necdet Sezer, al concluir su mandato Suleimán Demirel.
El 17 de septiembre de 2001, durante una visita del presidente del Gobierno español, José María Aznar, a Turquía, este y el primer ministro turco, Bulen Ecevit, suscribieron una declaración conjunta de condena contra el terrorismo internacional tras los atentados del 11 de septiembre en EEUU.
Del 17 al 27 de mayo de 2002, el primer ministro, Bulent Ecevit, permaneció hospitalizado por segunda vez, en poco más de dos semanas, tras sufrir la fractura de una costilla y una tromboflebitis en la pierna izquierda. En consecuencia, dirigía el país desde su residencia privada en Ankara, al mismo tiempo que varios dirigentes políticos señalaban como inevitable el adelanto de las elecciones, previstas para el 2004.
El 10 de julio, tras permanecer más de dos meses en su domicilio por razones de salud, Ecevit se trasladó a la sede de la Jefatura del Gobierno para encabezar una reunión de los líderes de la coalición gobernante para analizar la situación política y económica. El 8 de julio el viceprimer ministro, Husamettin Ozkan, presentó su dimisión y anunció su salida del PID. Horas después, le siguieron el ministro de Cultura, Ishtamihan Talay, y los ministros de estado para Administraciones Públicas, Recep Onal: para Asuntos de la Infancia y la Mujer, Hasan Gemici, y para Asuntos Rurales, Mustafa Yylmaz. El día 11, lo hacía también el ministro de Asuntos Exteriores de Turquía, Ismail Cem, hasta ese momento al menos 34 diputados habían abandonado el partido, entre ellos seis miembros del Gobierno.
Ozkan fue sustituido como nuevo viceprimer ministro por Sukru Sina Gurel. Finalmente el día 31, el Parlamento anunció el adelanto de las elecciones legislativas para el 3 de noviembre, en lugar de abril de 2004, previstas en un principio. El 3 de agosto, el Parlamento aprobó una serie de reformas que fueron aplaudidas desde la UE, entre ellas destacan la abolición de la pena de muerte en tiempos de paz y el reconocimiento de los derechos de la comunidad kurda.
Turquía vive actualmente la crisis económica más grave desde 1945. El ministro de Economía, Kemal Dervis, diseñador de las reformas económicas, presentó el 10 de agosto su dimisión en medio de la campaña electoral.
Dervis, independiente, formó parte del nuevo Partido de la Nueva Turquía (PNT), liderado por el ex ministro de Exteriores, Isamil Cem, de centro izquierda y uno de los impulsores de la entrada de Turquía en la UE.
El 13 de septiembre, la Fiscalía general del Estado en Turquía envió una notificación a la Oficina Superior Electoral para comunicar que dos líderes políticos islamistas, el ex primer ministro Necmetin Erbakan y el ex alcalde de Estambul, Tayib Erdogan, del Partido de la Justicia y el Desarrollo (PJD), no están legalmente autorizados a participar en las elecciones generales de noviembre por tener cuentas pendientes con la Justicia. El 23 de octubre, la Fiscalía General de Turquía pidió la ilegalización del partido integrista islámico Partido de la Justicia y el Desarrollo (PJD), que se perfila como posible ganador en los comicios del 3 de noviembre.
Por otra parte, el día 24 de octubre el presidente de turno de la UE, el primer ministro danés, Anders Fogh Rasmussen, informó que sobre a las negociaciones para el ingreso de Turquía en la UE, no se abordará hasta la Cumbre de Copenhague, en diciembre de 2002. Unos días antes los Quince anunciaron el ingreso de diez países en la UE, entre los que no se encontraba Turquía, por no alcanzar los criterios exigidos. Anuncio por el que el gobierno turco ha expresado su descontento.
ANEXO IV RELACIONES ENTRE LA UNION EUROPEA Y LA OTAN. CRONOLOGIA
- 3 jun 1999.- Los Quince acuerdan, durante el Consejo Europeo de Colonia, dotar a la UE de capacidad militar propia en el manejo de misiones humanitarias y de pacificación en situaciones de crisis regionales.
- 4 jun 1999.- El gobierno de EEUU acoge favorablemente la decisión de la UE de asumir una mayor autonomía militar, pero insiste en que ello no debe significar un debilitamiento de la relación con la OTAN.
- 11 dic 199.- Los líderes de la UE sientan las bases de la futura defensa europea y de la creación de una fuerza de acción rápida de entre 50.000 y 60.000 soldados en el año 2003, desplegable en el plazo de 60 días y para un periodo mínimo de un año. Dicha fuerza ejercerá "toda la gama de misiones de Petersberg" (mantenimiento de paz y gestión de crisis encomendadas a la Unión Europea Occidental (UEO). El texto aprobado especifica que la autonomía militar de la UE se aplicará sólo en operaciones en las que no intervenga la OTAN, para evitar duplicaciones.
- 13 dic 1999.- El secretario general de la OTAN, el británico George Robertson, aplaude la creación de una fuerza militar europea y expresa la disposición de la OTAN a "cooperar con la UE con total transparencia y la participación de todos los aliados".
- 5 feb 2000.- Representantes de la UE y la OTAN, reunidos en la 36 Conferencia de Seguridad de Múnich, intentan frenar los temores de EEUU ante la iniciativa de defensa europea. El secretario de Defensa de EEUU, William Cohen, afirma que respaldará la iniciativa europea bajo tres condiciones: que los europeos mejoren sus capacidades militares, que Turquía y otros miembros europeos de la OTAN no integrados en la UE estén incluidos en el sistema y que la alianza transatlántica siga siendo indivisible.
- 17 feb 2000.- Se inicia el ejercicio "Crisex 2000" en los cuarteles generales de la UEO y la OTAN en Bruselas, con una amplia participación de los miembros de ambas organizaciones. Cada país ha creado en su capital una "célula de crisis" para seguir el ejercicio, desarrollado en los despachos y sin maniobras sobre el terreno. Por primera vez ambas organizaciones prueban su capacidad para mantener consultas y coordinarse en una eventual operación de paz dirigida por la UEO y con medios de la OTAN.
- 21 feb 2000.- Los secretarios generales de la OTAN, George Robertson, y de la UEO, Javier Solana, califica de exitoso el ejercicio virtual conjunto "Crisex 2000", que duró una semana.
- 22 feb 2000.- Miembros de la Asamblea Parlamentaria de la OTAN y de la comisión de Exteriores y Defensa del Parlamento Europeo se reúnen por primera vez para discutir sobre la identidad europea de defensa.
- 24 mayo 2000.- Los ministros de Exteriores de la OTAN destacan, en su cumbre de Florencia, el valor simbólico de la aprobación, el día antes por la UE, de un primer acuerdo para crear grupos de trabajo conjuntos con la OTAN.
- 19-20 junio 2000.- En el Consejo Europeo celebrado en Santa María da Feira, los Quince aprueban la creación de cuatro grupos de trabajo entre la UE y la OTAN. Con ello se instaura una coordinación permanente en: cuestiones de seguridad, capacidades militares, modalidades de acceso de la UE a los medios de la OTAN y definición de los acuerdos sobre consultas bilaterales. El documento aprobado prevé reuniones ministeriales semestrales con los países de la OTAN que no pertenecen a la UE (Turquía, Noruega, Islandia, Hungría, Polonia y la República Checa, además de EEUU y Canadá). Estos participarán en las operaciones de la UE con "los mismos derechos y obligaciones" que los países comunitarios.
- 19 septiembre 2000.- Por primera vez en 50 años la UE y la OTAN celebran una reunión oficial que inaugura la nueva etapa en la que fijarán las reglas de su cooperación militar. Hay acuerdo en buscar la complementariedad, y se destaca el "interés de todos" en que imperen unas relaciones de "transparencia, cooperación y flexibilidad".
- 20-21 nov 2000.- Los ministros de Defensa de la UE logran reunir para la Fuerza de Reacción Rápida europea más de cien mil soldados de tierra, 400 aviones de combate y 100 barcos de guerra.
Por su parte, los países europeos de la OTAN que no pertenecen a la UE y los candidatos a una futura integración, comunican sus futuras aportaciones a la Fuerza de Reacción Rápida de la UE y muestran su voluntad de participar en las futuras misiones de los Quince. Turquía y Noruega anuncian aportaciones de 3.500 hombres cada uno.
- 28 nov 2000.- Alain Richard, ministro de Defensa de Francia, que ocupa la presidencia de turno europea, afirma que la UE no puede dar "un estatus especial" a Turquía, país que exige una representación permanente ante el COPS y el Comité Militar de la UE. Las objeciones de Turquía retrasan la conclusión del acuerdo de cooperación militar UE-OTAN.
- 4 dic 2000.- La UE ofrece a los países europeos de la OTAN no socios de la Unión nombrar un representante político en sus embajadas en Bruselas para las relaciones con el COPS, y otro militar "acreditado ante el Estado mayor de la UE". Además, en los casos de crisis, "el diálogo y las consultas serán intensificadas a todos los niveles, comprendido a nivel ministerial, en el periodo precedente a la toma de decisiones".
- 5 dic 2000.- El secretario de Defensa de EEUU, William Cohen, advierte, en la reunión de ministros de Defensa de la OTAN, que si la UE crea estructuras paralelas de planificación militar se debilitará a la OTAN y "sufrirá la seguridad colectiva". EEUU apoyará la creación de la Fuerza de Reacción Rápida de la UE "a condición de que no compita con la OTAN".
- 8 dic 2000.- En la cumbre de Niza los líderes de la UE transforman en permanentes los tres órganos de defensa, el Comité Político y de Seguridad (COPS), el Comité Militar y el Estado Mayor Militar. Además, respaldan los pasos dados para formar una Fuerza de Reacción Rápida europea, que "no supone la creación de un Ejército europeo", y que tendrá "capacidad autónoma para lanzar y dirigir operaciones militares en respuesta a crisis internacionales allí donde la OTAN como tal no quiera implicarse". A la Fuerza de Reacción Rápida España contribuirá con 6.000 soldados, y entre 4.000 y 6.000 más permanecerán en la reserva. Los países que anunciaron aportaciones más altas son Alemania, con 18.000 soldados, y Francia, Reino Unido e Italia con 12.000 cada uno sin contar las fuerzas de reserva. A estos efectivos hay que añadir 400 aviones de combate y 100 barcos de guerra.
- 15 dic 2000.- En la reunión de ministros de Exteriores de la OTAN, Turquía impide que se apruebe el "acceso garantizado" de la UE a la planificación militar y capacidades de la Alianza en las futuras misiones de la Fuerza de Reacción Rápida. Por razones de "seguridad nacional"- debido a su estratégica situación geográfica, muy próxima a potenciales escenarios de crisis- Turquía reclama a la UE "una participación igual" a la de los socios comunitarios en las consultas en situaciones de pre-crisis y en la fase de planificación durante las crisis.
Se logran avances en el capítulo de las consultas permanentes, al garantizarse "dos reuniones ministeriales al año" y la posibilidad de aumentar los encuentros entre el Comité Político y de Seguridad (COPS) de la UE y el Consejo Atlántico de 1 a 3 cada semestre.
- 5 feb 2001.- El Consejo Atlántico y el Comité Político y de Seguridad (COPS) de la UE celebran su tercera reunión, la primera desde que el COPS tiene carácter permanente. Pese al estancamiento en la negociación del acceso de la UE a los medios de la OTAN debido al veto de Turquía, la reunión ofreció la novedad de que por primera vez la UE y la OTAN abordan la situación en los Balcanes.
- 6 feb 2001.- Nueva advertencia de EEUU, esta vez a través del secretario de Estado Colin Powell, quien expresa su apoyo a la Iniciativa de Defensa y Seguridad Europea (IDSE), pero "desde el entendimiento de que está firmemente incrustada en la OTAN y de que no se están duplicando capacidades de planificación".
- 27 feb 2001.- El secretario general de la OTAN, George Robertson, es el anfitrión de una reunión con la UE, la ONU y la OSCE para coordinar su actuación en los Balcanes. Participan el Alto representante de Política Exterior y de Seguridad (PESC) de la UE, Javier Solana, la ministra sueca de Exteriores, Anna Lindh, cuyo país ejerce la presidencia de turno, y el comisario europeo de Exteriores, Chris Patten.
- 14 mar 2001.- La situación en Presevo (sudeste de Serbia) y en la frontera de Macedonia, donde actúa la guerrilla separatista albanesa, centra la reunión del Consejo Atlántico y del COPS de la UE.
- 19 marzo 2001.- El secretario general de la OTAN, George Robertson, se reúne por primera vez con los ministros de Exteriores de la UE para tratar la crisis en Macedonia, tras la decisión de ambas organizaciones de coordinar su actuación ante la nueva crisis en los Balcanes.
- 15 mayo 2001.- Los ministros de Exteriores y de Defensa de la UE reiteran su rechazo a las exigencias de Turquía y trasladan a la OTAN la responsabilidad de solucionar el veto de Ankara al acuerdo para dar a la UE un acceso automático a los medios militares de OTAN.
- 17 mayo 2001.- El Consejo Atlántico de la OTAN y el COPS de la UE se reúnen en el cuartel general de la Alianza en Bruselas intercambiar información y análisis sobre la crisis de los Balcanes.
- 23 mayo 2001.- El Comité Militar de la UE, que cuenta con representación de los quince socios comunitarios, se muestra dispuesto a desarrollar sus propias capacidades militares si la OTAN no logra un acuerdo sobre el acceso automático de la UE a los medios militares de la Alianza.
- 30 may 2001.- Los ministros de Exteriores de la OTAN y la UE celebran su primera reunión oficial en Budapest, en la que constatan progresos técnicos. Se destaca que en la práctica la OTAN y la UE ya cooperan con éxito en los Balcanes. Turquía ha dado las primeras señales de aceptar una fórmula ofrecida por el Reino Unido, con apoyo de EEUU, sobre un procedimiento de consultas con la UE en situaciones de crisis.
- 12 jun 2001.- Los máximos órganos militares de la OTAN y de la UE, ambos denominados Comité Militar, celebran su primera reunión en la que abordan las relaciones entre ambas organizaciones y los aspectos militares de su actividad.
- 13 jun 2001.- Los líderes de los países de la OTAN, reunidos en Bruselas, no logran dar un impulso definitivo a los acuerdos de cooperación con la UE, al no levantar Turquía sus reservas.
- 14 jun 2001.- En la declaración final de la cumbre UE-EEUU, celebrada en Gotemburgo (Suecia), el presidente de EEUU, George W. Bush, respalda la creación de la Fuerza de Reacción Rápida europea pero sólo "cuando la OTAN en conjunto no se implique y de una manera plenamente coordinada con la Alianza". Además, reclama "la máxima participación posible" a países europeos de la OTAN que no pertenecen a la UE, sobre todo en los casos referidos "a las capacidades militares".
- 26 jun 2001.- Se reúnen el Consejo Atlántico de la OTAN y el COPS de la UE tras los violentos incidentes en Macedonia. El secretario general de la OTAN George Robertson, y el representante PESC de la la UE, Javier Solana, reiteran su compromiso a propiciar una salida política a la crisis.
- 2 dic 2001.- El primer ministro de Turquía, Bulent Ecevit, anuncia el levantamiento del veto turco a la conclusión de los acuerdos de cooperación UE-OTAN. Turquía consiente en dar libre acceso de la fuerza europea a las instalaciones militares de la OTAN en este país con la condición de que no pueda intervenir en Chipre y zonas del Mar Egeo.
- 6 dic 2001.- Por primera vez los ministros de Exteriores de la OTAN, entre ellos el secretario de Estado de EEUU, Colin Powell, visitan a sus colegas de la UE en el Consejo de Ministros de la Unión. Los temas de la agenda son: las relaciones OTAN-UE, las consecuencias de los ataques terroristas del 11 de septiembre y la situación en los Balcanes.
- 15 dic 2001.- En el Consejo Europeo de Laeken, los Quince declaran la operatividad de la fuerza militar europea para algunas operaciones, aunque supedita su plena capacidad para misiones de paz de envergadura a la conclusión de los acuerdos de cooperación con la OTAN. Grecia rechaza los términos del acuerdo alcanzado por Turquía con Reino Unido y EEUU. Según la prensa turca, Ankara habría obtenido garantías de que la fuerza de reacción rápida europea no se desplegaría en un eventual conflicto en Chipre ni en el mar Egeo, donde Turquía y Grecia mantienen un largo contencioso por la soberanía de varios islotes.
- 22 mar 2002.- El ministro griego de Defensa, Yanos Papantoniou, reclama que la solución para un acuerdo de cooperación permanente con la OTAN se busque en el marco de la UE, y subraya que para su país es una condición innegociable la preservación de la "autonomía de decisión" de la UE. Para Grecia supondría un "desequilibrio" que terceros países (Turquía) invoquen "intereses nacionales" para poder intervenir en el proceso de toma de decisiones de la UE.
- 18 abr 2002.- El secretario general de la OTAN, George Robertson, y el primer ministro griego, Costas Simitis, se reúnen en Atenas para encontrar una salida a las objeciones griegas sobre la participación de Turquía en las Fuerzas de Reacción Rápida europeas (FRR).
- 30 abr 2002.- El Consejo Atlántico de la OTAN y COPS de la UE abordan el posible relevo por los europeos de la misión "Amber Fox" (Zorro ámbar), que dirige en la actualidad la Alianza en Macedonia, con un nuevo horizonte fijado para el mes de octubre. El Consejo Europeo, reunido en Barcelona en marzo, supeditó la toma del relevo por la UE a que "esté plenamente en vigor" el acuerdo permanente de la Unión con la OTAN.
ANEXO V LOS CONFLICTOS TURCOS (I). LA CUESTION KURDA
Repartidos entre Turquía, Irak, Irán, Siria y diversas repúblicas de la antigua Unión Soviética, los kurdos (héroe en persa) constituyen la minoría étnica más numerosa que carece de estado propio, a pesar de ser el tercer pueblo más importante en número de Asia Occidental, después de los árabes y los turcos.
Alojados en el Kurdistán, 500.000 kilómetros cuadrados que se extienden desde los montes Taurus de la Anatolia oriental, en Turquía, a los montes Zagros del oeste iraní y el norte de Irak, 25 millones de kurdos malviven sobre uno de los territorios más ricos en petróleo de todo el planeta luchando por disponer de su propia patria. Alrededor de 800.000 residen en el extranjero.
El subsuelo del Kurdistán está considerado como una de las mayores reservas petrolíferas de Oriente Próximo. Prácticamente todo el crudo extraído por Turquía y Siria surge de los pozos perforados en el territorio habitado por los kurdos.
Con una sociedad fundamentada en la tribu, los kurdos poseen creencias propias adscritas a la religión mazdeísta en su origen, si bien tuvieron que cambiar al Islam para sobrevivir, sin renegar de sus antiguas creencias en espíritus que habitan en cavernas, montañas y valles. Como su lengua, este pueblo es indoeuropeo y su idioma pertenece a la rama iraní.
En muy pocas ocasiones han conseguido algún tipo de autonomía, sólo en 1945, cuando se fundó la República Independiente de Mahabad (Irán), que duró un año, y, en la década de los 70 en Irak, cuando los kurdos que habitan en el norte de Irán obtuvieron ciertos derechos colectivos.
Pero, los antecedentes históricos del Kurdistán arrancan del Tratado de Sevres. En 1920 dicho acuerdo, que trazó las nuevas fronteras en Oriente Medio tras la caída del Imperio Otomano, también incluyó la independencia del Kurdistán, en recompensa al apoyo que prestaron los guerrilleros kurdos a las potencias aliadas durante la I Guerra Mundial. Sin embargo, ese Tratado nunca se ratificó y fue sustituido por el de Lausana, en 1923, que omitió por diversos intereses, entre ellos los petrolíferos, aquella promesa hecha al pueblo kurdo y los 500.000 kilómetros cuadrados de un territorio que históricamente les pertenecía fueron repartidos entre Turquía, Irak, Irán, Siria y escasamente la antigua república soviética de Armenia.
Después del Tratado de Sevres, no ha habido ninguna iniciativa internacional para encontrar una solución global a la "cuestión kurda", tan sólo algunas resoluciones de la ONU, de la Unión Europea y del Parlamento Europeo, que solicitan a los distintos países que respeten los derechos humanos en la zona e instruyan los mecanismos necesarios para proteger a la población.
Los kurdos que viven en Turquía -12 millones, un quinto de la población turca-, lideraron en los años treinta la rebelión contra el reparto de Lausana. Concretamente, en 1937, el levantamiento conocido como la "Guerra de Dersim", se saldó con más de 40.000 muertos.
Acallados durante medio siglo por la fuerte represión estatal, el movimiento de liberación recobró su protagonismo con el ilegal Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK), de ideología marxista leninista, fundado en 1978 por Abdulá Ocalan, "Apo", su máximo dirigente.
El PKK cuenta con un ala política, el Frente de Liberación del Kurdistán, con sede en Bruselas, y otra militar, el Ejército Popular de Liberación del Kurdistán. En 1984, el PKK (10.000 guerrilleros más 50.000 militantes activos) desencadenó una guerra abierta contra el Gobierno turco en el sureste de Anatolia, de mayoría kurda, por la independencia del Kurdistán, que superó los 35.000 muertos en ambos bandos y obligó a Ankara a una movilización permanente de 200.000 soldados más 70.000 campesinos armados por el Ejército, con un coste anual de unos 10.000 millones de dólares.
Los militantes del PKK depusieron las armas en 1999, al ser arrestado Ocalan, que se encuentra detenido en la isla prisión de Imrali, condenado a muerte por traición. En 2002, el Partido de los Trabajadores del Kurdistán anunció el fin de sus actividades y su transformación en el Congreso para la Libertad y la Democracia en Kurdistán (KADEK). En el Kurdistán iraquí viven 4,5 millones de kurdos, en una región protegida por Estados Unidos y el Reino Unido, que impiden que las autoridades de Bagdad ejerzan su soberanía sobre la "zona segura" declarada por encima del paralelo 36.
El 1961, Mustafá Barzani protagoniza la mayor revuelta kurda en Irak, que se extiende hasta 1970, cuando los kurdos consiguen el dominio de una región autónoma gracias al acuerdo logrado con el Gobierno de Bagdad, pacto que Irak rompe en 1975, lo que desencadena una guerra que dura hasta 1991.
En 1988, después de que las guerrillas kurdas se aliaran con Irán en la Guerra irano-iraquí, miles de kurdos murieron (algunos por armas químicas) y cientos de poblados fueron destruidos por las tropas iraquíes.
Tras la Guerra del Golfo a principios de 1991 y después de la derrota de las tropas iraquíes por una coalición internacional, varias facciones kurdas del norte de Irak se levantan contra Bagdad. El presidente Saddam Husein aplasta la revuelta y, como consecuencia, miles de kurdos huyen a Turquía, Irán y las zonas montañosas del norte de Irak.
Un año después, en 1992, las facciones kurdas, pese a su rivalidad y reiterados enfrentamientos, constituyeron un Gobierno, encabezado por Barham Saleh, que se encarga de la gestión administrativa de la zona.
Los dos principales grupos armados iraquíes, el Partido Democrático del Kurdistán (PDK) y la Unión Democrática del Kurdistán (UPK), mantienen una fuerte rivalidad, que ha llevado al líder del primero de ellos, Masud Barazani, a aliarse en ocasiones con Sadam Husein, mientras el líder de la UPK, Yalal Talabani, que tiene el apoyo de Irán y buenas relaciones con el PKK, nunca se ha acercado al régimen de Bagdad.
La población de la zona paga las consecuencias de la inestabilidad generada por todas las fuerzas que actúan en el Kurdistán iraquí, que padece, asimismo, reiteradas invasiones turcas en persecución de los guerrilleros del PKK.
Estas intervenciones y las luchas tribales y partidarias obligan periódicamente a grandes grupos de kurdos iraquíes a trasladarse al Kurdistán iraní, una zona algo más segura para ellos.
El Kurdistán iraní ha sido el único Estado kurdo independiente de los tiempos modernos, sueño autonómico que interrumpió el Sha de Persia. La República Independiente Kurda, proclamada en 1946 en Mahabad (Irán) de un año de duración, fue cercenada por los Gobiernos de Ankara, Bagdad y Teherán. Desde entonces no ha vuelto a desplegarse el emblema rojo, amarillo y verde del Kurdistán libre.
Principales hechos de la historia moderna kurda:
15 agosto 1984.- El PKK, fundado en 1978, inicia la lucha armada.
1985.- Turquía instaura el "sistema de las milicias populares", que consistía en armar a los campesinos y ofrecerles dos millones de libras por cada guerrillero kurdo.
19 julio 1987.- El Gobierno turco levanta la ley marcial impuesta en 1978 en cuatro provincias de Anatolia oriental y proclama el estado de emergencia.
Marzo 1988.- Irán e Irak utilizan armas químicas contra la población kurda iraquí en Halabja, lo que cuesta la vida a más de 4.000 personas. Cientos de pueblos son destruidos por las tropas de Saddam Husein.
1990
10 marzo.- Husein concede una amnistía general para los kurdos que se encuentren fuera del país.
28 agosto.- El Comité del Kurdistán ante la subcomisión de Derechos Humanos de la ONU acusa a Turquía de aprovechar la crisis del Golfo para deportar a cientos de kurdos y arrasar los poblados en los que habitan.
1991
30 enero.- El Ejecutivo turco de Turgut Ozal anula la prohibición de hablar kurdo en público, impuesta en 1980, en un primer intento de congraciarse con los kurdos de cara a la guerra con Irak. Sigue siendo ilegal escribirlo o enseñarlo en las escuelas.
8 abril.- La Comunidad Europea apoya la idea británica de crear un enclave seguro en el norte de Irak para proteger y asistir a los miles de refugiados kurdos que huyen de la represión iraquí.
5 diciembre.- Según la Alta Comisaría de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), unos 700.000 kurdos se encuentran desplazados en el norte de Irak, a causa de las operaciones militares.
1992
Enero.- Unos 900.000 kurdos se encuentran en situación de extrema necesidad a causa del bloqueo económico impuesto desde el mes de octubre por el presidente Husein.
17 mayo.- Los kurdos del norte de Irak celebran sus primeras elecciones libres, pese a que Bagdad las declaró "ilegales", ya que fueron "apoyadas por EEUU y los países occidentales con el propósito de dividir Irak".
27 mayo.- El líder del Partido Patriótico Democrático de Kurdistán (PPDK), Yalal Talabani, y el del Partido Democrático de Kurdistán (PDK), Masud Barzani, acuerdan la formación de un Gobierno autónomo.
16 octubre.- El Ejército turco inicia una gran ofensiva contra los rebeldes, que causó al menos 2.000 muertos, y destruye sus principales bases en el norte de Irak, en una zona fuera del control de Bagdad. Un mes después, Ankara anunció que la guerrilla estaba prácticamente desmantelada.
1993
17 marzo.- El PKK proclama unilateralmente una tregua para tratar de abrir un diálogo con el Gobierno. Ankara exige la rendición incondicional. Tres meses después, la guerrilla rompe el alto el fuego y anuncia la "guerra total" contra Turquía, en particular contra el turismo.
24 junio.- Militantes kurdos desencadenan una oleada de ataques contra intereses turcos en Europa -Alemania, Francia, Suiza, Dinamarca y Suecia-, con el asalto a embajadas y Consulados y toma de rehenes.
1994
27 febrero.- Según documentos secretos iraquíes hallados tras la Guerra del Golfo y analizados por un grupo norteamericano pro derechos humanos, Irak utilizó repetidamente armas químicas en su campaña de genocidio contra la minoría kurda en 1987 y 1988.
Marzo.- Más de 6.000 kurdos protagonizan violentos enfrentamientos con la Policía durante manifestaciones celebradas en distintas ciudades alemanes.
Junio.- En los dos últimos meses, más de 12.000 kurdos huyeron al norte de Irak para escapar del Ejército turco.
28 noviembre.- Ankara rechaza la oferta de alto el fuego y mediación internacional del PKK para poner fin al conflicto.
1995
19 marzo.- Turquía lanza en el norte de Irak la mayor operación militar desde la invasión de Chipre en 1974, para acabar con la guerrilla kurda: Más de 40.000 soldados turcos participaron en la ofensiva que duró más de un mes y llegó hasta la frontera con Siria. La incursión militar, que causó miles de muertos, fue duramente criticada por sus aliados occidentales.
15 diciembre.- Ocalan decreta un alto el fuego incondicional, tras un año de intenso acoso gubernamental. La tregua estará vigente hasta que Ankara defina su política sobre el problema kurdo.
1996
19 mayo.- El líder del PKK, Abdala Okalan, afirma que ya no es partidario de crear un Estado kurdo soberano y, a cambio, propone un sistema federal en Turquía.
12 julio.- Importante gesto del primer Gobierno de mayoría musulmana en la historia moderna de Turquía, al apoyar el regreso de los refugiados kurdos (unos tres millones) a sus aldeas, en las conflictivas provincias surorientales.
11 septiembre.- el presidente de Irak, Sadam Husein, recupera el control del Kurdistán iraquí, cinco años después de la derrota sufrida al ser expulsadas sus tropas de Kuwait y establecida por la coalición internacional una zona protegida para los kurdos, que se levantaron en armas con la esperanza de terminar con el gobernante.
12 septiembre.- El Gobierno iraní informa de que unos 39.000 refugiados kurdos desplazados por la caída de la ciudad de Suleimaniya, cruzaron la frontera y se encuentran en Irán.
26 diciembre.- Más de 3.500 personas murieron este año en enfrentamientos entre kurdos y fuerzas de seguridad turcas, indican fuentes oficiales de esta país. En doce años han muerto más de 23.000 personas.
1997
17 enero.- La Unión Patrótica de Kurdistán (UPK) rompe relaciones con los kurdos turcos del PKK.
14 mayo.- El Ejército turco emprende una ofensiva a gran escala en el norte de Irak para destruir las bases del PKK: mueren más de 2.500 kurdos y un centenar de soldados en la operación que duró más de un mes.
6 agosto.- Miles de efectivos del Ejército de Turquía lanzan una nueva ofensiva contra los rebeldes kurdos turcos en el norte de Irak.
13 agosto.- Turquía decide abolir para finales de año el estado de excepción que instauró el Gobierno hace una década en las provincias del sureste del país, de población mayoritariamente kurda.
26 diciembre.- La aviación turca, en un nuevo intento de arrinconar a los rebeldes kurdos, bombardea sus rutas de escape en el norte de Irak.
1998
28 agosto.- El PKK proclama un alto el fuego unilateral por un periodo no determinado a partir del 1 de septiembre y, por primera vez en su historia, reconoce la integridad y la soberanía de Turquía. El Gobierno del conservador Mesut Yilmaz hizo caso omiso de la tregua y siguió con la ofensiva contra los kurdos.
18 septiembre.- Los dos principales grupos kurdos de Irak ponen fin a años de rivalidad armada y se comprometen a crear un gobierno común. Los líderes del Partido Democrático Kurdo, Masud Barzani, y el de la Unión Patriótica de Kurdistán, Jalal Talibani, establecerán una autoridad provisional común en el norte de Irak, sin que duden de la integridad territorial iraquí.
10 noviembre.- Estados Unidos, Reino Unido y Turquía emiten una declaración conjunta en la que se descarta cualquier cambio de la frontera iraquí y la creación de un Estado independiente kurdo en el norte de Irak, en apoyo a la unidad e integridad territorial iraquí.
12 noviembre.- El líder kurdo Abdulá Ocalán es detenido en Roma. Ankara exige su extradición, pero Italia se niega a concedérsela.
1999
16 enero.- Ocalán abandona Roma al denegarle el Gobierno italiano su solicitud de asilo.
16 febrero.- Agentes turcos capturan a Ocalán en Kenia, que estaba refugiado en la Embajada griega de ese país, y lo trasladan a Turquía.
- Exiliados kurdos ocupan decenas de sedes diplomáticas griegas y de otros países en Europa.
31 mayo.- Comienza en la isla-prisión de Imrali (oeste turco) el juicio contra Ocalan, acusado de traición y separatismo, cargos por los que el 29 de junio siguiente fue condenado a muerte. El líder kurdo instó al fin de la lucha armada y pidió perdón a los familiares de los muertos en la guerra del PKK contra el Estado.
29 junio.- Organismos europeos, gobiernos, partidos políticos y defensores de los derechos humanos rechazan la sentencia de muerte dictada contra Ocalan y subrayan que dicha pena es incompatible con los fundamentos básicos de la UE.
3 agosto.- Ocalan pide al PKK que retire a sus fuerzas de Turquía sin condiciones. Dos días después, la dirección de la guerrilla notificó su decisión de deponer las armas y retirarse de territorio turco el 1 de septiembre.
2000
12 enero.- Ankara suspende los trámites para la ejecución de Ocalan.
12 julio.- Grupos kurdos turcos e iraquíes vuelven a enfrentarse en el norte de Irak, donde murieron decenas de personas, tras casi dos años de tranquilidad en la zona.
15 diciembre.- El Tribunal Europeo de Derechos Humanos acepta a trámite denuncias presentadas por Ocalan contra Turquía.
2001
19 febrero.- El desembarco de más de 900 indocumentados kurdos en la Costa Azul francesa pasa a manos de la Justicia, que abre una investigación para tratar de identificar a los responsables de este tráfico de inmigrantes.
16 julio.- El presidente iraquí, Sadam Husein, anuncia su intención de dialogar con los dirigentes kurdos que dominan el norte del país.
1 noviembre.- El presunto responsable para Europa del PKK es detenido por la Policía alemana bajo la acusación de pertenencia a banda criminal.
2002
28 enero.- Tropas turcas se despliegan una vez más en territorio iraquí, en la zona bajo control del Gobierno Regional Kurdo. En ocasiones anteriores, Turquía había justificado sus incursiones alegando que perseguía a rebeldes del PKK, pero las autoridades regionales señalan que en este momento, aunque conocen la existencia de grupos del PKK escondidos en las montañas del Kurdistán de Iraq, no se registran enfrentamientos con ellos.
16 abril.- El PKK anuncia que "pone fin a sus actividades" y su transformación en el Congreso para la Libertad y la Democracia en Kurdistán (KADEK).
ANEXO VI CONFLICTOS DE TURQUIA (II). ENTRE GRECIA Y TURQUIA.
La histórica rivalidad entre Grecia y Turquía -dos aliados de la OTAN- tiene en las 2.000 islas e islotes del Mar Egeo el principal escenario de sus cíclicas crisis. En marzo de 1987 ambos países estuvieron al borde del enfrentamiento armado, cuando un navío oceanográfico turco se aproximó a la isla de Thasos, destacada área económica disputada por los dos.
Una de las últimas de mayor relevancia tuvo lugar el 25 de enero de 1996, cuando el capitán de un barco turco naufragado se negó aceptar la ayuda de una nave griega "porque estoy en tierra turca". El asunto se agravó cuando, dos días después, un grupo de periodistas turcos arriaron la bandera griega e izaron la turca en la isla de Imia (Kardak en turco), un islote deshabitado de unos 500 metros cuadrados, situado a 3,7 millas de las costas turcas y a 1,9 millas de la isla griega de Kalimnos. Todo ello ante la presencia de ambas armadas y constantes sobrevuelos de cazabombarderos de ambos países sobre el islote.
La acción del Gobierno turco -provisional entonces desde las elecciones del 24 de diciembre de 1995 que dieron el triunfo a los islamistas- desató el resentimiento popular de Grecia -que estrenaba Ejecutivo tras la dimisión de Papandreu- contra los turcos y a punto estuvo de llevar a la guerra a ambos países, si no llega a mediar en el último minuto EEUU.
El incidente formaba parte de un conflicto más amplio, el de la discusión de la plataforma continental del Egeo, en la que se ha encontrado petróleo si bien hasta ahora en cantidades moderadas.
Grecia teme que Turquía persigue un nuevo reparto, ya que no acepta lo dictado por el Derecho Internacional, que dichas islas tienen su propia plataforma continental, y propone que debe dividirse en dos mitades iguales para poder controlar una de ellas o, en el mejor de los casos, que se reduzca el espacio aéreo griego de diez millas a seis. Ankara instó a Grecia al diálogo al considerar que Imia no estaba incluido en el acuerdo de 1932 firmado entre Italia y Turquía, por el que se delimitaron las aguas territoriales en dicha zona, ni en el acuerdo de París de 1947 por el que Italia devolvía a Grecia las 12 islas del Dodecaneso y "los islotes adyacentes", entre los cuales -según versión griega- se encuentra Imia.
Pero Grecia, que controla el 43,68% del Mar Egeo -el 7,47% pertenece a Turquía y el resto está clasificado como "aguas internacionales"-, rechazó conversaciones sobre cualquier asunto relacionado con el espacio aéreo en el Egeo y sus aguas jurisdiccionales y actualmente sólo acepta la discusión sobre la plataforma continental de las 2.000 islas griegas en el Egeo, pero en el Tribunal Internacional de La Haya, foro que Ankara rechaza.
Grecia se reserva además el derecho a extender su zona de 6 millas a 12 -posibilidad que le da el Tratado sobre Derecho del Mar, ratificado en marzo de 1995 por Atenas-, una acción considerada por Turquía como "casus belli", ya que la zona este del Mar Egeo se convertiría en una "laguna griega".
La disputa greco-turca ocasiona problemas en la OTAN y en la UE. Grecia bloqueó en abril de 1996 la ayuda financiera comunitaria a Turquía de 375 millones de ecus (unos 460 millones de dólares) -como parte del cumplimiento de la unión aduanera turca con la UE que entró en vigor el 1 de enero de 1996-, así como los fondos MEDA de ayuda a los países del Mediterráneo, de 4.600 millones de ecus (5.658 millones de dólares) porque parte de los mismos beneficiarían a Turquía.
El incidente de Imia no es aislado. En marzo de 1987, Grecia y Turquía estuvieron al borde de la guerra cuando un buque oceanográfico griego emprendió prospecciones petrolíferas al norte del Egeo, y las flotas de los dos países se pusieron en estado de alerta de combate.
Otro altercado surgió el 31 de mayo de 1996, cuando Turquía exigió que en las maniobras que la OTAN tenía previsto realizar en el Egeo no se incluyera la isla de Gavdos, habitada por griegos, ya que Ankara considera que no está definida su pertenencia territorial.
Lo cierto es que ambos países miembros de la OTAN crean desde hace años un clima de inestabilidad en la región, que Europa y EEUU desearían ver resuelto, ya que Turquía, estado laico con 60 millones de habitantes, está considerada como la barrera hacia el caos que se extiende hacia Oriente Medio.
Grecia, por su parte, se siente amenazada en el Egeo y en Tracia Occidental, lugar en el que habitan los 150 mil integrantes de la "minoría musulmana", y gasta en defensa el 4,6% de su presupuesto.
En junio de 1998, Grecia y Turquía manifestaron su disposición de aplicar medidas pacificadoras en el mar Egeo, tras una mediación de buena voluntad del entonces secretario general de la OTAN, Javier Solana.
Al mismo tiempo ambas partes pretenden, desde hace tiempo, ceñirse a un acuerdo greco-turco de 1988, firmado por los entonces ministros de Asuntos Exteriores de Grecia, Carolos Papulias, y Turquía, Messud Yilmaz.
El 16 de mayo de 1999, una lancha patrullera de la capitanía griega interceptó dos barcas turcas con una decena de pasajeros, posiblemente periodistas, intentaron abordar el islote de Imia.
El portavoz oficial griego, Dimitis Repas, ha declarado que acciones como éstas "envenenan las relaciones greco-turcas" y dificultan la convivencia pacífica.
Unos días antes, la tensión entre ambos países aumentó cuando Turquía última protestó contra la decisión de una pareja (un griego y una italiana) de contraer matrimonio y vivir en el islote Platía, situado a 20 millas de Imia, que Grecia reclama.
El 17 de mayo de 1999, el primer ministro griego, Costas Simitis, afirmaba que el Tribunal Internacional de la Haya es la "única solución" para resolver los problemas territoriales que existen entre Grecia y Turquía.
Ambos países han estado dos veces al borde de la guerra en los últimos tiempos: en marzo de 1987 por unas prospecciones petroleras turcas frente a la isla griega de Thasos y en enero de 1996 por la soberanía de los islotes de Imia (Kardak en turco).
ANEXO VII LA NATURALEZA DE LA CRISIS ECONOMICA TURCA
El Gobierno turco inició a partir de 1998 un ajuste estructural y un programa de estabilización trianual que tenía como principales objetivos frenar la inflación, garantizar un crecimiento sostenido de la producción y había hincapié en la realización de reformas estructurales.
Estas medidas redujeron los tipos de interés se redujeron, lo que incrementó la actividad de la Bolsa de Estambul, la inflación pasó del 84,6% de 1998 al 64% en 1999 y cerró 2000 en el 55%, el desempleo se situó en el 6,9 por ciento en 1999 y el PIB crecía a un buen ritmo.
En diciembre de 1999 Turquía llegó a un acuerdo con el FMI que garantizaba una línea de crédito de 3.900 millones de dólares durante los años siguientes si continuaba con las reformas.
Sin embargo, en noviembre de 2000 la situación empeoró. Los inversores empezaron a recelar del sistema bancario y a dudar de la liquidez de los bancos turcos y se produjeron las primeras fugas de divisas del país. En febrero de 2001, un enfrentamiento verbal con acusaciones de corrupción entre el presidente, Necdet Sezer, y el primer ministro, Bulent Ecevit, provocó una salida masiva de dinero del país y tres días después, el Gobierno tuvo que abandonar el cambio fijo de su moneda, la lira, después de haber perdido 4.500 millones de dólares en su defensa.
El cambio oficial del Banco Central estaba en 685.391 liras por dólar, pero el mismo día que empezó a negociarse libremente la lira, el Is Bank, principal entidad turca, vendía el dólar a 1.031.865 liras.
La banca turca está considerada por los inversores débil y corrupta. Ya en enero de 2000 el Fondo Monetario Internacional (FMI), en su revisión anual de Turquía, destacó la "urgente necesidad" de que este país pusiera en marcha un sistema de regulación bancaria. A finales de año el Fondo aprobaba un préstamo de 11.000 millones de dólares a cambio de privatizaciones del sector público, telecomunicaciones y saneamiento de la banca. El Banco Mundial (BM) también concedió un crédito a Turquía, en diciembre de 2000, para la creación de un organismo de supervisión bancaria que creara normas de aceptación internacional en el sistema. Ambas ayudas financieras se frustraron en febrero con la caída de la moneda turca después de abandonar el tipo de cambios fijo.
Estas son las fechas más importantes:
2000
- 6 de julio.- El FMI aprueba un crédito de 295 millones de dólares a favor de Turquía al considerar que está cumpliendo con el programa de reformas económicas. Este crédito forma parte de un plan de asistencia financiera por un total de 3.900 millones de dólares que el Fondo aprobó en diciembre de 1999.
- 6 de diciembre.- El FMI y Turquía acuerdan la concesión de un crédito de urgencia por 10.000 millones de dólares. Turquía se comprometió a acelerar el proceso de privatizaciones, continuar la política anti-inflacionista, y a tomar medidas adicionales para atraer divisas fuertes al país. Uno de los principales objetivos del préstamo fue devolver la confianza en el sistema bancario turco.
- 21 de diciembre.- El Banco Mundial (BM) aprueba dos proyectos financieros para Turquía, una para el sector financiero y otro de apoyo a la privatización, en el marco de un programa de asistencia que incluye la entrega de 5.000 millones de dólares hasta 2003. El préstamo para el ajuste del sector financiero tenía como uno de sus objetivos la creación de un organismo de supervisión bancaria que creará normas de aceptación internacional en el sistema.
2001
- 19 de febrero.- El presidente de Turquía, Necdet Sezer, insulta en público al primer ministro, Bulent Ecevit, al comienzo de la reunión del Consejo de Seguridad Nacional (MGK), instancia formada por oficiales militares de alta graduación y altos cargos del Gobierno. Ecevit abandonó la reunión y culpó al presidente Sezer de la crisis política y económica. El enfrentamiento entre ambos líderes políticos causó una caída del 16 por ciento en la bolsa turca y la retirada de 7.000 millones de dólares del Banco Central por parte de los inversores, a pesar de que los tipos de interés subieron hasta el 6.200 por ciento.
- 22 de febrero.- El Gobierno de Turquía decide dejar fluctuar libremente la lira tras haber gastado 4.500 millones de dólares en los últimos tres días para mantener un tipo fijo. La moneda turca se depreció un 36%. Esta circunstancia hizo fracasar el programa de asistencia acordado en diciembre pasado entre el FMI y el BM y Turquía que preveía una asistencia de 15.000 millones de dólares.
- 23 de febrero.- El presidente de EEUU, George Bush, llamó por teléfono a Bulent Ecevit para pedirle su colaboración con el FMI y respaldar el programa de reformas económicas puesto en marcha por el Gobierno turco. Turquía pertenece a la OTAN y es una pieza clave de la estrategia estadounidense en Oriente Medio, el Golfo Pérsico y el Cáucaso. Por ejemplo, los aviones estadounidenses que patrullan la zona de exclusión de vuelo del norte de Irak operan desde bases en el sur de Turquía.
- 24 de febrero.- Dimite el gobernador del Banco Central Turco, Gazi Ercel.
- 26 de febrero.- Selcik Demiralp, subsecretario del Tesoro de Turquía, dimite de su cargo a consecuencia de la crisis económica. Ese mismo día, la reunión del MGK termina sin ninguna alusión a la crisis económica y política que sufre el país.
- 2 de marzo.- Bulent Ecevit nombra a Kemal Dervis, funcionario del BM, nuevo ministro de Economía. Dervis se convirtió en el máximo responsable de la economía del país, con poderes para supervisar el comportamiento del Banco Central, de la Institución Interbancaria de Regulación y Control, del Banco de Desarrollo, del Banco Agrícola, del Banco Popular y de la Institución de Mercados de Capital. Asimismo, Sureyya Serdengecti fue nombrado nuevo gobernador del Banco Central.
- 14 de marzo.- Kemal Dervis anuncia varias medidas urgentes para recuperar la confianza de los mercados, como la rehabilitación de los bancos del sector público, la fusión de los dos bancos estatales más grandes, Emlat y Ziraat, y la aceleración de la privatización de empresas gubernamentales.
- 16 de marzo.- El ministro de Economía, Kemal Dervis, anuncia que Turquía ha llegado a un acuerdo con el FMI sobre el programa económico, que incluye la reforma bancaria y una política monetaria que permitirá a la lira seguir fluctuando. Dervis avanzó para 2001 una previsión de crecimiento negativa de la economía turca (-2 por ciento) y una subida de la inflación, aunque para 2002 ésta se situará en el 15 por ciento.
- 27 de abril.- Los responsables del FMI, Horst Koehler, y del BM, James Wolfensohn, anuncian un plan de asistencia financiera a Turquía que podría rondar los 10.000 millones de dólares.
- 15 de mayo.- El FMI aumenta en 8.000 millones de dólares el crédito contingente concedido a Turquía en 1999 tras completar la sexta y séptima revisiones del programa económico de ese país. Con este aumento asciende a 19.000 millones de dólares el crédito recibido del FMI. El Banco Mundial se hace cargo de otros 2.000 millones de dólares para completar lo acordado a finales de abril.
- 6 de junio.- El ministro turco de Interior, Sadettin Tantan, considerado el mayor luchador contra la corrupción, dimite después de conocer que había sido cesado y nombrado ministro para las Aduanas, un cargo que considera "incompatible con mis principios personales y mi concepto de la política". La corrupción está considerada uno de los factores que provocaron la crisis económica de febrero pasado.
- 22 de junio.- El Tribunal Constitucional de Turquía prohibe la mayor formación política de la oposición, el Partido de la Virtud Islámica (FP), por actividades "anti-laicas", y retira el acta de dos de sus 102 diputados.
- 12 de julio.- El FMI da el visto bueno al programa económico del Gobierno de Turquía y aprueba un crédito de 1.500 millones de dólares, que puede retirar inmediatamente, con lo que despeja la vía para que el Banco Mundial le otorgue otro préstamo de 1.700 millones de dólares.
- 16 de julio.- El temor de contagio a Turquía de los problemas de Argentina provoca una nueva caída de la lira frente al dólar, que fue contrarrestada con una subida del tipo de interés por parte del Banco Central del 63% al 67%, mientras los dirigentes del FMI lanzaban mensajes tranquilizadores. Ese mismo día los sindicatos denunciaron que la crisis ha provocado la desaparición de cerca de un millón de empleos en el primer semestre de 2001. La economía sumergida en Turquía alcanza en algunos sectores el 80 por ciento, lo que dificulta el cálculo real del desempleo, que según el Instituto Nacional de Estadística se situó en 350.000 durante los tres primeros meses del año.
- 13 de agosto.- La crisis económica ha causado una reducción del 6,2 por ciento en la producción industrial de Turquía en los últimos seis meses en comparación con 2000, según el Instituto Estatal de Estadísticas (DIE).
2002
- 4 de febrero. El FMI aprueba un nuevo crédito extraordinario para Turquía de 12.000 millones de dólares, que se inscribe dentro de un nuevo programa de tres años de duración. Esta ayuda se suma al paquete actual, de 19.000 millones de dólares, del que hoy mismo se ha aprobado un desembolso de 4.000 millones de dólares.
Tras el nuevo préstamo, el FMI tiene comprometidos en Turquía 31.000 millones de dólares, 9.000 más que en Argentina, cuyo programa se encuentra paralizado.
17 de mayo. Bulent Ecevit es hospitalizado por segunda vez en dos semanas. La enfermedad del primer ministro ha generado incertidumbre sobre su continuidad y hace caer la cotización de la lira frente al dólar a niveles de hace siete meses.

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Nota. Este documento fue elaborado por el partido español Democracia Nacional, hace ya unos años, cuando todavía contaba con algunas figuras de notable consistencia intelectual.
Aunque desfasado, ya en fechas y eventos relevantes, fue de los escasos escritos que, con profundidad, trataron de aproximar al lector español en torno a la realidad de Turquía y sus implicaciones en su aproximación a Europa. Sin compartir, como en el resto de textos, todos sus criterios, lo hemos rescatado como un elemento más de reflexión acerca del futuro de Europa.

 

 

 

 

El «Manifiesto por Occidente», redactado por el presidente del Senado Marcello Pera, reivindica la civilización europea

Políticos italianos promueven la «defensa de las raíces cristianas» en plena campaña electoral.
  
Roma- «Occidente está en crisis. Atacado desde fuera por el fundamentalismo y el terrorismo islámico, no es capaz de responder al desafío. Agredido en su interior por una crisis moral y espiritual, no encuentra el valor para reaccionar». Así comienza el «Manifiesto por Occidente», firmando por casi todas las caras conocidas de la derecha italiana y redactado por el presidente del Senado, Marcello Pera, amigo personal de Benedicto XVI, con quien escribió un interesante libro epistolar («Sin Raíces») cuando todavía era el cardenal Joseph Ratzinger.


En su escrito, Pera enumera uno por uno los «complejos de Occidente» y otorga al Papa el mérito de haber sido la única personalidad capaz de defender el legado de nuestra cultura. «Nos sentimos culpables de nuestro bienestar, nos causan vergüenza nuestras tradiciones, consideramos el terrorismo una reacción a nuestros errores. El terrorismo, sin embargo, es una agresión directa a nuestra civilización y a la entera humanidad». Italia celebra este fin de semana elecciones y Pera, miembro de Forza Italia (el partido de Silvio Berlusconi) pretende usar su manifiesto como caballo de batalla electoral. Aunque es algo más. «Esta es la verdadera diferencia entre una y otra coalición. Sólo el centro derecha defiende los valores de Occidente», aseguró el presidente.


Sin complejos. Es en el capítulo de las tradiciones donde Pera, que no milita en los partidos herederos de la democracia cristiana, hace referencia a la religión y aplaude las posiciones del Papa. «Nuestras tradiciones se discuten. El laicismo y el progresismo reniegan costumbres milenarias de nuestra historia. Pierden sentido así los valores de la vida, de la persona, del matrimonio y de la familia. Se predica que todas las culturas valen lo mismo. Se deja sin guía y sin regla la integración de los inmigrantes», asegura.


La primera parte de su manifiesto acaba, precisamente, con una cita del Papa: «Occidente ya no se ama a sí mismo». Para superar esta crisis, propone Marcello Pera, es necesario «más empeño, más valor sobre los temas de nuestra civilización».


Posteriormente, el presidente establece once prioridades y promete que la coalición presidida por Berlusconi luchará por defenderlas. Comenzando por Occidente, que considera «fuente de principios universales e irrenunciables, contrastando, en nombre de una común tradición histórica y cultural, cualquier intento de construir Europa como alternativa o contraposición a Estados Unidos». El segundo eje, la lucha por un «nuevo europeísmo» basado en su identidad cultural. Le siguen la seguridad ciudadana (con especial referencia al terrorismo) y la integración de la comunidad de inmigrantes. Después viene la defensa de la vida que, según Pera, «estamos obligados a sostener desde la concepción hasta la muerte natural». El manifiesto propone también «sostener y afirmar el valor de las familias como sociedades naturales fundadas en el matrimonio y protegerlas de cualquier otra forma de unión». Le siguen la defensa y difusión de la libertad y la democracia. Sobre la religión, el político italiano confirma la «distinción entre Iglesia y Estado», pero «sin caer en la tentación laicista de relegar la dimensión religiosa solamente a la esfera de lo privado».El Manifiesto por Occidente concluye remarcando el derecho a la educación privada y a modo de colofón, añade esta frase: «No puede ser ni libre ni respetado quien olvida sus propias raíces».
   >«Afirmamos el valor de la civilización occidental como fuente de principios universales»
   >«Sostenemos el derecho a la vida desde su concepción hasta la muerte natural y reconocemos al nascituro como “alguien”, nunca como “algo”»
   >«Afirmamos el valor de la familia como sociedad natural fundada en el matrimonio, distinta a cualquier otra forma de unión»
   >«Distinguimos entre Estado e Iglesia, sin relegar la dimensión religiosa a la esfera de lo privado»
   >«No puede ser libre ni respetado quien olvida sus propias raíces»
   Roma- «Occidente está en crisis. Atacado desde fuera por el fundamentalismo y el terrorismo islámico, no es capaz de responder al desafío. Agredido en su interior por una crisis moral y espiritual, no encuentra el valor para reaccionar». Así comienza el «Manifiesto por Occidente», firmando por casi todas las caras conocidas de la derecha italiana y redactado por el presidente del Senado, Marcello Pera, amigo personal de Benedicto XVI, con quien escribió un interesante libro epistolar («Sin Raíces») cuando todavía era el cardenal Joseph Ratzinger.


En su escrito, Pera enumera uno por uno los «complejos de Occidente» y otorga al Papa el mérito de haber sido la única personalidad capaz de defender el legado de nuestra cultura. «Nos sentimos culpables de nuestro bienestar, nos causan vergüenza nuestras tradiciones, consideramos el terrorismo una reacción a nuestros errores. El terrorismo, sin embargo, es una agresión directa a nuestra civilización y a la entera humanidad». Italia celebra este fin de semana elecciones y Pera, miembro de Forza Italia (el partido de Silvio Berlusconi) pretende usar su manifiesto como caballo de batalla electoral. Aunque es algo más. «Esta es la verdadera diferencia entre una y otra coalición. Sólo el centro derecha defiende los valores de Occidente», aseguró el presidente.


Sin complejos. Es en el capítulo de las tradiciones donde Pera, que no milita en los partidos herederos de la democracia cristiana, hace referencia a la religión y aplaude las posiciones del Papa. «Nuestras tradiciones se discuten. El laicismo y el progresismo reniegan costumbres milenarias de nuestra historia. Pierden sentido así los valores de la vida, de la persona, del matrimonio y de la familia. Se predica que todas las culturas valen lo mismo. Se deja sin guía y sin regla la integración de los inmigrantes», asegura.


La primera parte de su manifiesto acaba, precisamente, con una cita del Papa: «Occidente ya no se ama a sí mismo». Para superar esta crisis, propone Marcello Pera, es necesario «más empeño, más valor sobre los temas de nuestra civilización».


Posteriormente, el presidente establece once prioridades y promete que la coalición presidida por Berlusconi luchará por defenderlas. Comenzando por Occidente, que considera «fuente de principios universales e irrenunciables, contrastando, en nombre de una común tradición histórica y cultural, cualquier intento de construir Europa como alternativa o contraposición a Estados Unidos». El segundo eje, la lucha por un «nuevo europeísmo» basado en su identidad cultural. Le siguen la seguridad ciudadana (con especial referencia al terrorismo) y la integración de la comunidad de inmigrantes. Después viene la defensa de la vida que, según Pera, «estamos obligados a sostener desde la concepción hasta la muerte natural». El manifiesto propone también «sostener y afirmar el valor de las familias como sociedades naturales fundadas en el matrimonio y protegerlas de cualquier otra forma de unión». Le siguen la defensa y difusión de la libertad y la democracia. Sobre la religión, el político italiano confirma la «distinción entre Iglesia y Estado», pero «sin caer en la tentación laicista de relegar la dimensión religiosa solamente a la esfera de lo privado».El Manifiesto por Occidente concluye remarcando el derecho a la educación privada y a modo de colofón, añade esta frase: «No puede ser ni libre ni respetado quien olvida sus propias raíces».

 
Ángel Villarino, La Razón, 5 de abril de 2006
 

El Señor de los Anillos en Elsemanaldigital.com (2001 - 2002 – 2003)

24 de diciembre de 2001
El Señor de los Anillos. I. La Comunidad del Anillo.
Después de veinte años como lector de El Señor de los Anillos y admirador de John Ronald Reulen Tolkien, he asistido al estreno de una película que deseo ver desde la infancia. La monumental trilogía tiene, por fin, una representación cinematográfica proporcional a su importancia sociológica y a su valor literario; quedan atrás muchas dudas y el muy lamentable intento de Bashki y Zaentz, que, completamente ajeno al sentido y al contenido de la obra tolkeniana, es preferible olvidar para siempre.
Dos malentendidos lastran aún la imagen del profesor Tolkien. Muchos bienpensantes siguen creyendo y afirmando que se trata de una literatura menor, destinada al público infantil y juvenil. Por otro lado, con alguna mayor generosidad pero no menor imprecisión, se acepta su entidad artística pero se ignora completamente su dimensión espiritual, “mítica”. La divulgación inevitable que seguirá a esta película debe tener en cuenta, en cambio, que John Tolkien fue un docto medievalista oxoniense, filólogo de oficio y de vocación, editor del Beowulf, experto mundial en la cultura de los primitivos pueblos germánicos; su obra literaria, paralela a su obra científica, es de gran calado, y no sólo revela una maestría ejemplar del inglés, sino un indiscutible brillo artístico.
Más importante aún: Tolkien, con su obra, quiso expresamente rebelarse contra el sistema de valores materialistas y productivistas del mundo moderno. A diferencia de otros “mundos secundarios” literarios, y de gran parte de la inmensa literatura medieval-fantástica, la Tierra Media es la contrafigura de la Europa premoderna como pudo ser, si no geográficamente sí en cuanto a los grandes principios enfrentados. No es lícito hablar en este caso de literatura de evasión, sino de literatura de combate. El ciclo del Anillo trata de reflejar la lucha entre dos mundos antitéticos, que no se asemeja a ninguno de los conflictos del siglo XX sino, más bien, a la crisis del mundo europeo occidental que está culminando en el siglo XXI.
Cuando una película se inspira en una gran obra literaria hay que preguntarse tanto por el rigor de la adaptación como por la calidad de la película en sí misma. En este caso, no quedarán satisfechos los eruditos que busquen una fidelidad estricta a la obra literaria. Contentarles habría requerido unas dieciocho horas de proyección, que sólo unos pocos resistirían. Pero hay algo más importante: se respeta la esencia íntima del producto, haciéndolo a la vez comprensible para los no lectores y atractivo para un público amplio. La prueba de las virtudes de la película esta en que no gustará tampoco a los amantes del cine hollywoodiano al uso. Hobbiton está en los antípodas (estéticos y morales) de Hollywood, al que los autores del filme no han hecho demasiadas concesiones, y ninguna substancial. La película será comercial por su excelente difusión y publicidad, y por la preexistencia de un público bien predispuesto, pero no se adapta a los cánones que últimamente imponen las grandes productoras.
Comentario aparte merece la banda sonora. Es la gran ocasión perdida de la película. Howard Shore ha compuesto una música correcta, de circunstancias, que será otro éxito de ventas, y más contando con la colaboración de Enya. No estropea la película; pero tampoco añade nada. Si en esto no se hubiesen aceptado las imposiciones comerciales de la Warner Bros, habría sido la ocasión de recurrir al inagotable filón de la música romántica europea, de alguna manera en la línea de “Excalibur”. Tal vez estén a tiempo de enmendarse en las dos siguientes entregas, cuyas obligadas escenas épicas merecerán una música no menos gloriosa.
El Señor de los Anillos (I) es, en suma, una película para todos los públicos, pero especialmente para gentes de espíritu joven, dispuestas a dejarse contagiar por la pasión y por el fervor en la defensa de principios eternos - el sacrificio, la abnegación, el amor, la lealtad, la lucha más allá de toda esperanza razonable. Sería oportuno que con esta excusa se lea o se relea el libro, insuperable en su género. Y, por supuesto, que se perciba el espíritu del autor y el mensaje más hondo que trató de transmitir, desde las amargas trincheras de la I Guerra Mundial, donde comenzó a fraguarse en su prodigiosa mente esta epopeya. Tenemos ante nosotros una síntesis de la mitología europea para una Europa que ha olvidado demasiado deprisa sus raíces espirituales y míticas. La Compañía del Anillo debe seguir marchando.
Pascual Tamburri
23 de diciembre de 2002
El Señor de los Anillos. II. Las Dos Torres.
Una película para adultos, y para niños. Una epopeya en celuloide, nacida de una pluma genial. El Señor de los Anillos, en su segunda entrega, es un éxito comercial, pero sobre todo un fenómeno cultural. El mundo asiste al triunfo de un producto artístico basado en la tradición cultural europea, y ajeno a los principios políticamente correctos del mundo moderno. Una película que simboliza el renacer de una cultura que no es de izquierdas.
¡Un año! Después décadas de espera, en diciembre de 2001 se presentó la versión cinematográfica del primer volumen del el Señor de los Anillos. Y doce meses después, por fin, hemos asistido al estreno más esperado. El Señor de los Anillos (II) es, una vez más, una película para todos los públicos, para jóvenes de edad y para jóvenes de espíritu. La adaptación cinematográfica de ’El Señor de los Anillos’ no defrauda a los más exigentes expertos en Tolkien. No es una película para pasar el rato, no es una película de acción y poco tiene que ver con un Harry Potter infantil y globalizado.
 Tolkien enfrenta principios eternos - el sacrificio, la abnegación, el amor, la lealtad, la lucha más allá de toda esperanza razonable – a la amenaza, oscura, viscosa y seductora, del Mal. Es, sin duda, una síntesis de la mitología europea para una Europa que ha olvidado demasiado deprisa sus raíces espirituales y míticas. Allí donde haya un joven que se identifique con Boromir, un niño que admira a Frodo, un adulto que comprenda el drama de Gandalf, hay un síntoma de renacimiento cultural, frente a décadas de dictadura izquierdista, materialista y globalizante.
Tolkien, con su obra, quiso expresamente rebelarse contra el sistema de valores materialistas y productivistas del mundo moderno. El Ciclo del Anillo refleja la lucha entre dos mundos antitéticos, que no se asemeja a ninguno de los conflictos del siglo XX sino, más bien, a la crisis del mundo europeo occidental que está culminando en el siglo XXI. En los corazones intrépidos, reconfortados por esta admirable película, la Compañía del Anillo debe seguir marchando.
Pascual Tamburri
Razones para ver,  y para leer
Aún recuerdo cuando mi padre me recomendó por primera vez que leyese El Señor de los Anillos, me dijo que a él le marcó y que a partir de entonces vería las cosas de otro modo. Supongo que por la rebeldía (y la estupidez) de la adolescencia no le hice caso y fueron pasando los años hasta que por fin me decidí a leerlo. Empecé casi por casualidad, sin querer, uno de esos fines de semana en los que la juventud española se encuentra vacía, sin nada que hacer.
Los primeros pasos fueron temblorosos, confusos, sin saber muy bien cómo y porqué aparecía tanta gente y qué demonios tenían que hacer. Una vez superados los primeros contratiempos que se le presentaban a alguien como yo, que no estaba acostumbrado a leer, me sumergí en un mundo paralelo que me traía a la memoria aquellos tiempos de aventuras y de grandes gestas, tan propios de nuestra historia, y que hoy han quedado apartados, en el fondo del baúl, como si nos diese vergüenza recordarlos o como si no tuviesen nada que ver con nosotros.
El libro te envuelve, te abraza y te obliga a seguir, una página más, un capítulo más. Van pasando las horas y cuando ya por fin te ves obligado a dejarlo y volver al mundo real, lo haces con pena, y no dudas en buscar unos minutos para retomar otra vez el espíritu de la Tierra Media. Y cuando por fin lo terminas, la tristeza te embarga y te preguntas dónde se puede seguir disfrutando de ese mundo maravilloso, tan distinto al actual, donde reina el amor verdadero, el compañerismo y el sacrificio.

Quizás a la juventud actual le vendría mucho mejor dedicar su tiempo libre a bucear en la obra de Tolkien, en vez de preocuparse tanto por el “botellón”, por hacer tanta huelga de estudiantes y por tanto fútbol y por tanto partido del siglo. Sería interesante ver qué ocurriría si los jóvenes españoles tomasen como ejemplo a seguir a los singulares miembros de La Compañía del Anillo, en vez de a tanto Gran Hermano, a tanto cantante de karaoke o a tanto futbolista.
David Fontaneda Calzada

Tolkien, los intelectuales y el jabón

El otro día presencié una curiosa escena en el metro. Dos veinteañeros discutían sobre “El señor de los Anillos”. Uno de ellos, con la bolsa de deporte al hombro, hablaba emocionado, -entusiasmándose más y más a medida que se oía a sí mismo-, del arrojo de Gimli, del carisma de Aragorn, de la agilidad y elegancia de movimientos de Legolas, de lo épico de la redención de Boromir...
A tan inocentes ilusiones no tardó en responder el otro con gestos cargados de la agresiva indiferencia de quien se sabe por encima del bien y del mal. “Yo no me rebajo a sentir las humanas emociones”, parecía querer decir con los paulatinos levantamientos de su ceja agujereada. Su pelo, hábilmente enmarañado y grasiento, era todo un alegato contra el Sistema imperante. Con sus exagerados gestos iba desacreditando las palabras de su compañero, que él había convertido en combatiente. Y así hasta que llegó el momento en que, extasiado ante tanta inmadurez, tuvo que coger al toro por los cuernos y esbozar unas nociones básicas sin las cuales el pobre y desorientado tolkieniano tendría seguramente muchos problemas en la vida. Qué todo es mucho más difícil, que el mundo es un asco, que el heroísmo no existe, que esa película de los duendes es para niños, que qué bobadas hace la humanidad, que ser humano apesta, etc. No digo yo que esté totalmente en desacuerdo con este chico, pero creo que era un necio. Y sobre todo era cruel. Cruel y despiadado, por empeñarse en contagiar su nihilismo y desesperación a quienes sí son capaces aún de ilusionarse en esta Europa agonizante.
Hoy en día la sociedad occidental emana pesimismo por todos los poros, por razones fáciles de detectar e imposibles de denunciar. Puede llegar a resultar comprensible que un hombre maduro se sienta asqueado después de trabajar horas incontables durante décadas para poder pagar con ello a los de siempre los intereses de la hipoteca de su celda en una colmena de hormigón, todo ello aderezado con el humo y los pitidos del tráfico. E incluso que durante las pocas horas libres de que dispone no tenga ganas de disfrutar, de puro cansancio, de los hijos que ya no tiene y prefiera enfangar su espíritu con la telebasura.
Pero es el colmo de la pedantería el pesimismo “como estilo” que en los últimos veinte años les ha dado por adoptar, se deduce que por contagio, a tantos adolescentes. Y son cada vez más. Unos deciden hacerse “okupas”, otros “porretas”, otros “heavies”. Muchos, drogadictos de uno u otro tipo. Y la mayoría de ellos, pesimistas. Aunque sólo sea para hacerse los interesantes, incapaces de llamar la atención de las chicas de su edad de otra forma más digna. Se desea con serenidad el paso de esta moda, vacía y absurda por definición, como todas las demás. Y el retorno a tiempos más luminosos, en que se vuelva a recuperar la ilusión, en que la palabra “emprendedor” se vuelva a asociar con ámbitos de la vida ajenos a los mundos económico y financiero, y en que los intelectuales recuperen el sano hábito de enjabonarse periódicamente.
Allí estaban los dos, dos mundos opuestos, dos concepciones enfrentadas de la vida: la ilusión frente al pesimismo, el alegre frente al parásito.
La coyuntura parece indicar que los hombres-hongo seguirán proliferando. Cada vez más. Ha llegado su hora, y seguramente ni siquiera tengan ellos la culpa. Pero la obligación de los tolkienianos, de los que aún crean poder seguir haciendo algo constructivo en esta época difícil en que nos ha tocado vivir es hacerlo, sin pararse a pensar en sus posibilidades de éxito. Si Frodo hubiese concedido un sólo segundo a la reflexión, el Anillo habría caído sin remedio en manos de Sauron.
Francisco Olmedo
"Las dos Torres": vuelve el mito
Hoy me he parado a contemplar el cartel promocional de "Las dos Torres" en la parada del autobús. A menudo pasamos la mirada ante estos productos del marketing sin demasiada atención. Yo al menos así lo hago. Pero, quizá llevado por mi interés en este cuento, esta vez me han llamado la atención dos cosas: un color sepia difuminado, que envuelve la historia en esa dimensión exacta de lejanía, misterio e inalcanzable belleza que posee "El Señor de los Anillos"; y dos fortalezas desafiantes y colosales ribeteadas de ejércitos innumerables, como una marea tumultuosa.
Recuerdo que he pensado: ¿qué distancia habrá entre esas dos torres de apariencia tan amenazadora? Y, sobre todo: ¿cómo es ese mundo que se extiende a lo largo de un camino plagado de peligros? Es entonces cuando mi memoria ha vuelto a la experiencia única que supuso leer "El Señor de los Anillos" por primera vez. Aquella sensación de una profundidad histórica que se extendía más allá de los bordes de un libro envejecido después de tantas visitas; los ecos del lamento élfico ante la irrecuperable caída de un mundo largo tiempo amado, pero destinado a pasar; la esperanza forjada y esculpida a golpe de lealtad; la muerte digna de ser alabada en un glorioso cantar de gesta; esa pugna entre el amor, la muerte y la inmortalidad como caras de una misma realidad de perfiles "afilados como espadas", en palabras de Tolkien; el reconocimiento de los propios límites; el arrepentimiento y la piedad; la vuelta a la naturaleza, a un modo de vivir esencialmente contemplativo, de tempo lento; la lucha entre el bien y el mal librada en los campos de batalla de esa casi infinita gama de grises; o el final feliz que se torna amargo... porque la vida es un cuento de hadas hecho realidad, y la realidad es tan dura y tan feliz, en ocasiones, como una epopeya. Y al revés...
Y así se me ha pasado el tiempo, pensando y recordando. ¿Reflejará "Las dos Torres" este tumultuoso ir y venir de pensamientos de manera adecuada? ¿Sabrá Peter Jackson mantener la tensión épica que logró con "La Comunidad del Anillo"? Tengo para mí que sí, que estamos ante una saga cinematográfica que va a volver a fundar la épica y el arte de convertir una historia única en un poderoso guión cinematográfico. Es más: estoy convencido de que a J.R.R. Tolkien le habría gustado esta película. Pero me quedo con este pensamiento, mientras subo al autobús que me acercará al cine, donde podré ver -por fin- la película: la puesta en escena de "El Señor de los Anillos" es una ocasión única para volver a esa irrepetible experiencia que significa leer una obra de arte. Es ésta una oportunidad estupenda de recorrer el camino de vuelta desde la pantalla hasta las páginas de un libro que forma parte de la cultura de Occidente por derecho propio. Y, una vez hecho esto, no comparar: disfrutar.
El cine cuenta las cosas de una manera necesariamente distinta a como se narran los mismos hechos entre las páginas de un libro. Ambas son experiencias enriquecedoras. Así pues, ante el que nos ha sido vendido como el estreno de esta Navidad, "pasen y vean"... y lean.

Eduardo Segura


 

La música para el cine: Mea culpa de un escéptico

Howard Shore ha compuesto la banda sonora con el mismo criterio que en la primera entrega: una música enteramente nueva, compuesta en su totalidad para la obra, hilando temas comunes con las otras partes pero dotada de una coherencia propia.

Desde las páginas de elsemanaldigital.com, en diciembre de 2001, se expusieron algunas dudas obre el buen hacer de Howard Shore. Sin criticar la banda sonora, que era y sigue siendo lo mejor que la industria del cine ofreció el pasado año, nos parecía entonces que un respeto estricto al espíritu de Tolkien habría exigido recurrir a fragmentos clásicos, de música romántica, en cierto moco en la línea de “Excalibur”.

Escuchando las bandas sonoras de ambas películas es hora de reconocer que aquella observación era errónea. Shore ha compuesto auténtica música, con entidad propia y digna del más alto reconocimiento. No sólo una música adecuada a la película, sino una parte esencial de la obra de arte cinematográfica. Y más aún.
Por un lado, en “El Señor de los Anillos”, como antes en “Gladiator” e incluso en “La Guerra de las Galaxias” grandes producciones épicas, de profundo calado ético, llegan a una perfecta simbiosis con sus bandas sonoras. En el caso que nos ocupa, Shore ha alcanzado una de las cimas recientes de su arte. La identificación musical de los personajes, la asociación de Leitmotiv a determinados hechos, la brillantez lírica y por supuesto épica, todo esto y mucho más sería impensable sin la música. Y además en perfecta sintonía con los valores de John Tolkien y con su criterio. El mal se asocia a motivos africanos y asiáticos, siendo Mordor la síntesis de todo lo que Europa – la Europa de Tolkien - no es. Y por el contrario las fuerzas del bien se asocian a música popular europea, empleándose incluso instrumentos y temas escandinavos para los Rohírrim, manifiestamente inspirados en los germanos protomedievales.
Por otro lado, aún más importante, hay que considerar el papel de obras como “Las Dos Torres” en la historia de la música. El gran cine,  en especial el poco que se hacer inspirado en valores diferentes de los políticamente correctos, es la reserva ecológica de la música culta europea. La música ligera, o peor aún, las distintas variantes de música sincopada, dominan el mercado y los ambientes. Sólo el cine permite que se siga creando verdadera música Shore merece, aunque sólo sea por esto, un Óscar. Esta vez sí.
Pascual Tamburri
18 de diciembre de 2003
J.R.R. Tolkien y Jackson conquistan el mundo por tercera vez

"El retorno del rey", la tercera parte de la saga de "El Señor de los Anillos", está siendo recibida con entusiasmo por un público que sabe ver el sentido de la literatura tolkieniana.
La tercera parte de la saga imaginada por J.R.R. Tolkien llega a su final con el magno espectáculo –tres horas y media de metraje– de El retorno del rey. Las fuerzas de Saruman han sido destruidas sin remisión. Ha llegado el momento de que la Comunidad del Anillo se disponga a dar la mayor batalla de todos los tiempos para derrotar de forma definitiva a Sauron, que continúa empeñado en su perversa idea de dominar el mundo. ¿Conseguirá Aragorn la fuerza suficiente para asumir su destino? Ahora se ha convertido en un héroe y una esperanza. El futuro de la Tierra Media descansa sobre sus hombros.
El "hobbit" Frodo habrá asimismo de lograr su victoria: alcanzar el Monte del Destino, aunque sea con sacrificio. Pero cada victoria precisa de esfuerzo y ahí reside el fulgor de la superación personal, la capacidad de cambiar la realidad, de capturar y hacer posibles los sueños.
La epopeya del señor de los anillos concluye, aunque sus personajes –flor de eternidad– nos acompañarán mientras continúen existiendo los libros y, ahora, el Séptimo Arte.
Peter Jackson, hasta el momento un director estimable pero no excepcional, ha encontrado en la obra de Tolkien el trabajo de su vida. Y, ciertamente, su empeño en la monumental trilogía le emparenta con los grandes creadores del cine entendido como la suma de las artes, con aquellos cineastas que hicieron del cine la expresión más grandiosa (en el sentido casi físico del término) del lenguaje artístico. David Wark Griffith e Intolerancia, Abel Gance y Napoleón, Francis Ford Coppola y la trilogía de El Padrino, Erich Von Stroheim y Avaricia, Cecil B. de Mille y Los Diez Mandamientos, Anthony Mann y Samuel Bronston y El Cid, John Wayne y El Álamo, David Lean y Lawrence de Arabia, King Vidor y Guerra y Paz, William Wyler y Ben Hur o el gran esfuerzo colectivo de Lo que el viento se llevó capitaneado por David O´Selznick y Victor Fleming.
Tal vez la única diferencia es que De Mille, Coppola o Griffith lograron películas intensamente personales y tal vez intransferibles. Jackson ha trabajado sobre un material gigantesco, la obra de Tolkien, y desde luego los libros originales no van a quedar desdibujados por la película sino que en todo caso van a ser complementarios. Peter Jackson no ha sido un creador original (aunque ha dotado a las imágenes de una violencia y de un sentido del fantástico un tanto inhabituales en las grandes superproducciones de Hollywood), sino un fiel artesano que con medios generosos y los mayores avances de la técnica, ha sabido recrear un universo literario peculiar.
El retorno del Rey mantiene las constantes de las dos partes primeras de El señor de los anillos, pero como buen desenlace resulta aún más colosal, aún más grandioso, tratando de recuperar el sentido de la épica (y la fantasía) en toda la extensión del término.
La batalla de los Campos de Pelennor es espectacular y nos retrotrae a secuencias similares de obras maestras como Espartaco o El Álamo, aunque el metraje se dilata en exceso, como también en otros instantes (por ejemplo en el desenlace) se percibe una presencia excesiva de la realidad virtual, los efectos especiales y una estética tan apabullante que ronda el artificio.
Pero sin duda, el despliegue de los 20.000 guerreros generados por ordenador (en la época de De Mille eran extras) para entablar el combate definitivo resulta impresionante desde todos los puntos de vista.
No sólo hay espectáculo visual en El retorno del Rey, el espectador asiste a la relación entre un rey y su hijo y vislumbra reminiscencias del Rey Lear de Shakespeare, en tanto que la fuerza arrolladora del destino que envuelve a Aragorn posee un poderío épico absolutamente colosal. Todos los elementos técnicos brillan a su máximo nivel y los actores cumplen de sobra con su cometido, desde Ian McKellen hasta Elijah Wood, aunque la envergadura de la historia y los efectos apabulle de algún modo el lucimiento personal de los intérpretes. Lo mismo sucede con Viggo Mortensen, eficaz en su personaje de héroe pero lejos del carisma individual de, por ejemplo, Charlton Heston en El Cid.
Penetrar en el mundo del Señor de los Anillos requiere el previo conocimiento de la realidad literaria de Tolkien, sin ella el espectador puede llegar a perder el contacto con el hilo narrativo de una historia plena de interpretaciones, parábolas y propuestas humanistas pletóricas de fantasía e imaginación. Los hombres y los Hobbits, los Elfos, los enanos, las razas y criaturas de la Tierra Media convulsionan la pantalla y ofrecen una explosión de luz y entusiasmo que al final se resume en lo que Tolkien quiso expresar en su trilogía, la lucha entre el bien y el mal. Una lucha eterna que según San Agustín habría de traer el triunfo, doloroso pero alegre al fin y al cabo, de las fuerzas del bien. Ése es el desenlace de El señor de los anillos, la potencia del ser humano para crear nuevos mundos, la posibilidad de que las corrientes perversas amenacen la vida y la idea final de que con el impulso del espíritu y los valores positivos, cada uno puede ser fiel a su destino y lograr la victoria.
La película concluye la trilogía, pero la leyenda no ha hecho más que empezar. Los autores de la película han logrado transmitir imágenes poderosas y sentimientos profundos a toda una generación y en una época en la que el materialismo (todo lo contrario que el universo de Tolkien) ha hecho mella. Aunque sólo haya sido por ello –y hay mucho más–, el esfuerzo ha merecido la pena.

El Señor de los Anillos. El retorno del rey.
[The Lord of Rings. Return of the king]. USA-Australia 2003. Una producción New Line.
Director: Peter Jackson.
Guión: Franks Walsh, Phulippa Boyens y Peter Jackson, según el libro de J.R.R. Tolkien.
Música: Howard Shore.
Fotografía: Andrew Lesnie.
Con Viggo Mortensen (Aragorn), Elijah Wood, (Frodo), Orlando Bloom, Cate Clanchatt, Brad Dourif, Sean Astin (Samsagaz), John Rhys Davies, Christopher Lee, Ian McKellen (Gandalf), Miranda Otto.
Fernando Alonso Barahona
UN FENÓMENO SOCIAL IMPARABLE. Ayer se estrenó la tercera parte de El Señor de los Anillos
Maestro indiscutible de la narrativa fantástica actual, J.R.R. Tolkien es considerado por muchos una figura clave de la cultura contemporánea. Sin duda, El Señor de los Anillos es mucho más que la trilogía cinematográfica de Peter Jackson. Para algunos, es también más que una obra literaria.
El mito vive en el siglo XXI
John Tolkien ya no necesita presentación, y  a sus cientos de miles de lectores españoles se han unido los millones de espectadores de la trilogía épica que Peter Jackson ha dirigido. Se ha culpado a Jackson de infidelidad a la obra escrita –como si el cambio de soporte no obligase a un cambio de estilo comunicativo- y se ha llegado a criticar la falta de originalidad de Tolkien, que evidentemente tiene ilustres predecesores. Críticas que, por otro lado, no han hecho mella en el público.
El éxito de la Trilogía, y especialmente el triunfo de esta tercera película, ha venido a demoler uno de los mitos culturales del siglo pasado. En efecto, Tolkien no es, ni pretende ser, “original”, como no es original su adaptación cinematográfica. El fenómeno Tolkien se basa, precisamente, en la fidelidad a una tradición cultural y espiritual mucho más que milenaria, ajena a todo individualismo y a todo divismo. Ayer, desde la incertidumbre de Cirith Ungol hasta el triunfo, pasando por la desesperanza de Gorgoroth, esto se hizo evidente.
Las historias de las que se nutre Tolkien son eternas e impersonales, y sus ecos se encuentran desde el Kalevala finlandés hasta su amado Beowulf, desde la Ilíada hasta los Evangelios. No se trata –ni en la obra escrita, ni en la obra filmada- de afirmar novedades, sino de transmitir una sabiduría eterna, que es mucho más que mera literatura o que cine en estado puro.
Tolkien no crea, sino que recrea; no trata de hallar una forma brillante o atractiva –aunque lo logre- sino de reunir y renovar con apariencia de ficción fantástica y novelada el conjunto de mitos que siempre ha sustentado la cultura europea. Escéptico ante la absolutización moderna de la razón individual y de la originalidad, el profesor Tolkien re-creó un mundo secundario en el que viven, entrelazados por lenguas insólitas y por recuerdos nebulosos, las sombras de Aquiles, de César, de Carlomagno y de Godofredo de Bouillon. El “Libro Rojo de la Frontera del Oeste”, que como ficción literaria es el eje del relato, no sólo es un recurso literario: es también una manera de colocar en un pasado fabuloso una serie de mitos ejemplares, destinados a florecer en el presente y en el futuro, más allá de la personalidad del creador.
Nuestro siglo necesitaba a Tolkien, y seguramente Tolkien necesitaba ser llevado al cine. Frente al relativo desdén de Hollywood, el Círculo de Críticos de Cine de Nueva York eligió el pasado lunes El Retorno del Rey como la mejor película del año. Estos galardones están considerados como una alternativa a los Oscar en la que se valoran sobre todo cuestiones estéticas sin presiones comerciales.  Que tanto Tolkien en su modestia como Jackson en su fidelidad han logrado su misión viene demostrado por el éxito. Éxito de público, como ayer pudo verse en todas las ciudades españolas; pero éxito moral, sobre todo, porque el heroísmo, el sacrificio, la abnegación, el amor y la lealtad han encontrado un nuevo y triunfal vehículo para llegar a una generación que, como todas, y pese a la corrección política y cultural, necesita esos principios.
Pascual Tamburri

El retorno del Rey: algo más que una gran aventura

Por fin llega la película que cerrará la trilogía creada por Tolkien. Por el trepidante desenlace de la novela y por las escenas adelantadas de “El retorno del Rey” se puede intuir que este último episodio no defraudará las expectativas creadas por los dos anteriores.
Pero desgraciadamente, todo terminará en algún momento. Se encenderán las luces, se abrirán las puertas, y muchos saldrán en tropel, con prisa. Porque todo sigue, mañana hay que trabajar, se acerca un examen como no ha habido otro en la historia o se celebra una reunión trascendental para el futuro del negocio. Habrá sido un buen rato, como una sesión de fuegos artificiales o un buen partido de fútbol en la tele.
Pero, además de la acción a borbotones y de los espectaculares efectos especiales, que están garantizados ¿es posible ver algo más en este “cuento de elfos, enanos y princesas”? Algunos creen que así es. Serán los que se queden quietos cuando las luces se enciendan. Sonarán los primeros teléfonos móviles y los primeros chistes, pero ellos permanecerán mudos, y mudos se irán hacia sus casas. No hay mejor señal de una impresión fuerte que el silencio.
En primer lugar, encontraremos en esta película –y en toda la trilogía-, una muestra excepcional de música romántica del siglo XXI, motivo de esperanza para sus amantes y razón más que suficiente para ir al cine.
También está la ambientación: los paisajes inenarrables en que se desarrolla la acción y la sensibilidad del director para captarlos en toda su grandeza aportan una belleza estética poco habitual en el cine actual.
Además, Tolkien nos dejó una profunda moraleja ecologista y antiurbana que Peter Jackson ha sabido transmitir a la perfección: Saruman, el ángel caído, no tiene ningún escrúpulo para arrasar hasta la última astilla del último bosque con el fin de llevar a cabo la Revolución Industrial que debe permitirle satisfacer su ambición de poder. Los propios árboles y todos aquellos que los aprecian sufren por ello. Los malos destruyen los árboles. Los buenos, los cuidan.
Pero por encima de todo lo anterior, podemos encontrar en “El Señor de los Anillos” todo un manual de ética a través de las actitudes ejemplares de sus múltiples protagonistas. Y por encima de todas ellas, quizá, está el heroísmo de Frodo. El hobbit resulta especialmente interesante porque es para nosotros un ejemplo cercano. No es ningún superhéroe cortado por el patrón de Hollywood, sino un personaje sencillo y humilde que podría ser perfectamente nuestro compañero de trabajo o nuestro vecino. Al principio de la historia es simplemente un Bolsón, es decir, un campesino con espíritu burgués. Aspira a una vida plácida, en la que el mayor acontecimiento sean las meriendas con sus amigos.
Pero los hechos se desencadenan de forma sorprendente y le sitúan en el ojo del huracán. Frodo se convierte en el responsable de una misión de cuyo éxito depende el futuro del mundo en el que vive. El portador del anillo muestra grandes debilidades. Es atraído una vez tras otra por la tentación, se cansa, y más de una vez se deja llevar por la desesperación. Pero finalmente logra reunir las características del verdadero héroe: la valentía y la entrega. La valentía, porque es capaz de superar todas esas debilidades y otra más, el miedo, y afrontar los peligros más extremos. Y la entrega, porque no sólo arriesga su vida una vez tras otra, sino que la pone al servicio de una causa superior a su propia pequeñez individual.
Así es como Frodo se convierte en héroe. Al final, su victoria más importante no consiste en vencer a Sauron, pues al fin y al cabo todo ello forma parte del argumento de una aventura de ficción. Lo esencial es que Frodo vence al burgués que lleva dentro. Se vence a sí mismo para alcanzar un estado de conciencia algo más elevado.
Éste es el guante que Tolkien nos lanza a través de Frodo. Podemos apartar la vista o recogerlo. En el primer caso, disfrutaremos sin ninguna duda de la aventura y aspiraremos a una vida cómoda y agradable. En el segundo, habrá que afrontar renuncias y asumir sacrificios y asperezas dentro de un mundo en el que hay muchos anillos que destruir. Se contará eso sí, con la satisfacción de una vida dura y recta. Y quién sabe, quizá algún día sea posible hacerse digno del elogio que Gandalf, el ángel bueno, dirige a Frodo al final de su viaje: “has crecido, mediano”.

Francisco Olmedo

Entre el libro y la pantalla

El Retorno del Rey ha llegado por fin a las pantallas, la trilogía cinematográfica ha terminado. La obra de J.R.R. Tolkien se ha convertido en un objeto fácil de consumir para la mayoría del público. Ya no hay hacer el esfuerzo de leer los tres volúmenes de El Señor de los Anillos. Lo que antes estaba reservado a aquellos que habían mostrado interés y se habían preocupado por conocer la Tierra Media, ahora puede saborearse casi por casualidad, dejándose caer en el cine más cercano o en el videoclub del barrio.
Esta globalización de El Señor de los Anillos está bien. La película tiene muchos mensajes positivos (menos que los libros, por supuesto, pero con más fácil acceso) y puede dejar alguna semilla en los millones de espectadores de todo el mundo que vayan a verla. Incluso puede encender la curiosidad en éstos para ponerse a leer el libro. En estos tiempos en los que hay tanta facilidad para acceder a la información y en los que hasta El Señor de los Anillos se globaliza, se corre el riesgo de hacerse una idea equivocada de lo que en realidad Tolkien quería transmitir a todos sus lectores.
Para los jóvenes españoles, educados en nuestra peculiar ESO, El Señor de los Anillos puede quedarse en una simple película de aventuras, con final más o menos feliz, para pasar el sábado por la tarde antes de irse al mítico y glorioso botellón, que sí que es verdaderamente importante. Gracias a la anterior reforma educativa, la historia de Frodo Bolsón puede quedarse en una suma de caballeros, duendes y magos que se ha alargado demasiado. La juventud, hoy en día, no tiene claro, ni mucho menos, lo que es una empresa común y grandiosa, en la que es necesario el trabajo de toda una comunidad para conseguir llevarla a cabo. La juventud de hoy tiene suficiente con encerrarse en su cuarto a jugar horas y horas a la PS2 o perder el tiempo chateando sobre cosas intrascendentes en chats estúpidos, viviendo absolutamente al margen de la sociedad, buscando su propio placer y bienestar, siguiendo el axioma “si me gusta, por qué no lo voy a hacer” tan propio de la generación ESO. Mi generación, a mi pesar.
Resulta cómico pensar en algún miembro de La Compañía del Anillo poniendo excusas infantiles y burdas a la hora de llevar el anillo hasta el Monte del Destino. No me imagino a Sam de resaca, durmiendo hasta las tres de la tarde, diciéndole a Frodo “hoy mejor no, mañana” porque el día anterior se había pasado con los calimochos y había caído algún que otro peta en el botellón de la Comarca. ¿Qué les hubiese pasado a Merry y Pippin si Aragorn, Legolas y Gimli se hubiesen puesto a ver Crónicas Marcianas o alguno de esos talking-shows tan sórdidos que engullen todas las tardes nuestros jóvenes y se les hubiese hecho tarde? Deberían haber grabado unas tomas falsas representando a La Compañía debatiendo si era o no justo que lo estuviesen pasando tan mal. Haciendo manifestaciones folclóricas para perder el tiempo o alguna que otra fiesta universitaria para recaudar fondos. En suma, buscando mil y una excusas en vez de hacer lo que realmente tenían que hacer.
Peter Jackson ha hecho tres buenas películas. Las dos primeras han sido un gran éxito en todas las salas españolas y lo está siendo la tercera. Miles de jóvenes ESO –mis compañeros de clase, no lo olvidemos- irán a verlas, algunos las disfrutarán y otros no. Algunos leerán el libro y la mayoría no. Se hablará muchísimo de la trilogía y seguramente “El Retorno del Rey” se llevará un par de oscars de la Academia. Pero lo más importante se habrá conseguido si por lo menos alguno de esos jóvenes, que parecen orcos por la cantidad de abalorios y agujeros que gastan en su cuerpo, es capaz de entender que El Señor de los Anillos es la historia de un grupo de individuos que es capaz de sacrificarse y sufrir por el que tienen al lado, que son capaces de trabajar y luchar codo con codo por una empresa imposible que a cada momento se vuelve más y más difícil.
Si algún joven espectador, después de conocer la obra de Tolkien, es capaz de apagar su PS2 o de dejar de chatear para preocuparse de formar un grupo de amigos sano y con las mismas inquietudes, de volver la vista a su familia y comportarse de tal forma que el grupo se vea beneficiado, entonces, las películas de El Señor de los Anillos habrán valido mucho más que los millones de dólares y euros que sin duda van a recaudar.

David Fontaneda

Un fenómeno social sin precedentes

“Un anillo para gobernarlos a todos. Un anillo para encontrarlos, un anillo para atraerlos a todos... y atarlos en las tinieblas”. A finales de los noventa, sendas encuestas de la BBC y el Daily Telegraph, preguntando por el mejor libro del siglo XX, dieron como resultado “El Señor de los Anillos”. En España, el ABC Cultural lo situó como el séptimo mejor libro de todos los tiempos, a pesar de haber estado marginado hasta hace poco en nuestro país como “literatura juvenil”. Hasta la fecha, unos cien millones de lectores han sido “atraídos y atados” al fantástico universo de la Tierra Media. Ahora, con el estreno de la última entrega de la versión cinematográfica, se cierra el ciclo que habrá de multiplicar la difusión del mensaje de Tolkien, elevando definitivamente su genial creación a la altura de obra inmortal.
No cabe ya la menor duda de que estamos hablando de una de las cumbres de la literatura del siglo pasado. En palabras del profesor de la Universidad de Lancaster, Jeffrey Richards: “es una obra de una envergadura, una imaginación y un poder únicos. El lenguaje de Tolkien es rico y evocador. Sus descripciones son maravillosas”. No obstante, no debemos buscar la fuente de su irresistible magnetismo en factores meramente estilísticos o literarios, puesto que la raíz de su éxito se halla sobre todo en la plasmación de un nuevo mundo mítico, comprensible y aceptable en pleno siglo XXI.
El pulso eterno entre el bien y el mal, la vida como misión personal que debe ser cumplida de forma noble y la inevitable tentación del Poder, son los ejes principales en torno a los cuales gira la trama. Estos temas, que el autor tomó de las mitologías indoeuropeas, forman parte del núcleo central del subconsciente humano, lo que le confiere al relato un halo de atemporalidad y profundidad extraordinario e indescriptible. Mientras que la mayoría de los críticos consideran el mito como falsas invenciones, para Tolkien es la única manera de hacer tangibles ciertas verdades superiores y trascendentes. Así, revistiendo su trama con el manto de una pseudo Edad Media claramente inspirada en la occidental, consigue salvar la inmensa distancia existente entre el lector contemporáneo y las enseñanzas míticas, haciendo comprensibles los valores de estas últimas.
Sin embargo, el fenómeno social sin precedentes que se está formando en torno a la historia del Anillo nunca hubiese alcanzado semejante magnitud – ni tendría tantos visos de seguir creciendo – de no ser por la versión cinematográfica de Peter Jackson. Pese a las reticencias de algunos – el propio hijo del escritor, Christopher Tolkien, rechazó asistir al estreno de la primera entrega en Londres – la película se ha mantenido fiel al espíritu del libro, y le proporcionará a este una fama inaudita. Ha habido pequeños cambios al adaptar el guión a la pantalla, pero lejos de desentonar, le dan al argumento vitalidad, haciéndolo comprensible para quienes aún no han leído la epopeya. Y es aquí precisamente donde reside la importancia de estas tres cintas: “la inspiradora defensa de virtudes inestimables tales como la lealtad, el servicio, la camaradería y el idealismo” – en palabras del profesor Richards – llegará ahora, a través de la imagen y el sonido, a decenas de millones de espectadores que traspasarán así la mágica puerta de la Tierra Media.
Hace un año, al término de la proyección de la segunda parte de la saga, “Las Dos Torres”, me di cuenta del valor real de lo que acababa de ver. Tras el encendido de las luces, se mantuvo aún el silencio durante unos segundos, a pesar de que la sala estaba repleta. ¡La misma juventud apática del botellón y la telebasura se había quedado literalmente pegada a sus butacas, con los ojos abiertos como platos y el rostro radiante! Inmediatamente después, decenas, centenares de voces se alzaron estruendosas narrando nuevamente las gestas que hace solo unos minutos estaban presenciando. Cada uno levantaba más la voz que el de al lado, intentando hacer patente que había sido testigo de algo extraordinario: el heroísmo. No la violencia gratuita que habitualmente nos venden desde Hollywood, sino el heroísmo de verdad, puro, sincero y altruista.
Ahora, con “El Retorno del Rey”, el mito vuelve a encarnarse – por última vez – en Frodo y sus compañeros, haciendo vibrar a jóvenes y mayores como ya se hizo en Europa con “La Ilíada” o ”El Cantar del Mio Cid”. El heroísmo arde de nuevo, reinterpretado por la magistral pluma de Tolkien y también, aunque de forma indirecta, por las cámaras de Peter Jackson. ¡Qué no se apague la llama!
Juan G. de la Vega Muñoz
20 de diciembre de 2003
ESTRENO DE “EL RETORNO DEL REY”. Vence la Luz y el cine bien hecho
Peter Jackson no ha decepcionado. Naturalmente, por largo que fuese el metraje de El Retorno del Rey, resultaba imposible incluir todas las escenas, todos los lugares, todos los personajes y todas las referencias de la tercera parte de El Señor de los Anillos. Había que elegir, y había que hacerlo manteniendo el equilibrio entre la fidelidad a la obra literaria y las necesidades de la película, que es una obra de arte independiente. Además, era importante evitar la pedantería de los eruditos y estudiosos fanáticos de El Señor de los Anillos, de los que tanto desconfiaba el profesor Tolkien en vida.
Otro medievalista, Marco Tangheroni, ha recordado este recelo del maestro inglés, más abierto a las sugerencias profundas y abiertas que a las exégesis frígidas. Y Peter Jackson ha acertado al asumir el reto, aunque se le haya negado hasta ahora un reconocimiento adecuado en forma de Oscar.
Tolkien explicó al editor Milton Waldman, ya antes de publicarse el libro, que éste se articulaba en torno a tres temas fundamentales: la Caída, la Muerte y la Máquina. No se trata sólo, ni esencialmente, de una historia de aventuras; esas aventuras, y el mundo imaginario que las sustenta, sirven de vehículo para una empresa cultural y espiritual de gran calado. Se trata, nada más y nada menos, que de reelaborar amplios sedimentos míticos y éticos de la tradición europea y hacerlos asumibles tras el fin de la modernidad. Por eso es lógico que Tolkien –un medievalista, un católico, un conservador en estado puro- sea llevado, y con éxito, al cine.
Aragorn es en esta tercera película el elegido, el rey largamente esperado que regresa a su reino, asumiendo la dignidad de salvador, de liberador profetizado. Junto a él, Frodo Bolsón comparte el protagonismo desde la humildad de quien lleva una carga demasiado pesada, pero que no renuncia a ella por un profundo sentido del deber. Por último, más humilde aún pero no menos digno, Samsagaz Gamyi, representación viva de la lealtad personal más allá de toda esperanza y de toda comprensión. Nacidos los tres personajes de la pluma de Tolkien y de unos cuantos milenios de elaboración, han encontrado en esta trilogía una sede digna y no por adecuada a los tiempos menos efectiva.
“Deep roots are not reached by the frost”, las raíces profundas no se hielan. Afirmando esto, John Tolkien cimentó su obra en sólidas raíces, y sobre ellas Jackson ha elevado un monumento que, con el tiempo, será valorado mejor que ahora.
Pascual Tamburri
La gran música y el cine: Howard Shore
Alrededor de la Primera Guerra Mundial y de la gran crisis política e ideológica de la que ella fue a un tiempo causa y consecuencia, tuvo lugar en Europa un fenómeno insólito que cambió para siempre la producción artística occidental: la pérdida de la inteligibilidad.
Hasta ese momento el arte occidental, al igual que en las demás civilizaciones, se había caracterizado por su sujeción a las normas de la belleza y la comprensión. No importa la época, el género o el estilo, toda manifestación artística se había sujetado siempre a dichos principios.
Pero llegó el siglo XX, y ya desde su inicio dejó clara su voluntad de romper con toda tradición y crear un mundo enteramente nuevo según principios sacados de la nada. La pintura y la escultura, hasta entonces dedicadas al cultivo de la forma, optaron por darle la espalda y, paso a paso, desembocaron en el arte abstracto. La literatura, hasta entonces sujeta a las normas de la gramática y la sintaxis, intentó autodestruirse alejándose por los aparentemente originales y sin embargo necios caminos de la incomprensibilidad. Y la música, que vivía los todavía vigorosos coletazos de la gran época romántica, decidió romper con la eufonía y, mediante la eliminación de la armonía, la melodía y el ritmo, abrir entre ella y sus amantes un abismo que no se ha vuelto a cerrar.
Curiosamente este abismo vino a ser llenado, sobre todo a partir de los años 50 y 60, por lo que se ha venido conociendo como "música popular", aunque, para ser exactos, debería denominarse "comercial", pues nada más alejado de lo popular, nada menos relacionado con la producción musical de cada pueblo, que esas uniformes creaciones ajenas a cualquier tradición y destinadas a un fugaz consumo internacional de masas.
Pero lo que es indudable es que esta débil y perecedera rama del gran árbol de la música ha conseguido aparecer ante la inmensa mayoría de nuestros contemporáneos como la única música posible. Hasta tiene ya sus clásicos -Elvis, Lennon-, origen último, según parece, de toda la música que en el mundo ha habido y que merece la pena de ser escuchada. Y, mientras tanto, la gran música, a pesar de sus muchos siglos de inabarcable riqueza, ha quedado arrinconada como un aburrido fósil, carente de interés salvo para una ínfima minoría de pedantes y digno de reposar en los museos de arqueología.
Sin embargo aún queda un ámbito, y de no pequeña importancia, en el que la gran música sobrevive: el cine. Porque, muy significativamente, cuando se necesita apuntalar las imágenes con músicas que reflejen, acompañen y expliquen las realidades más profundas del ser humano -el amor, el odio, la alegría, la tristeza, el miedo, la desesperación, la grandeza, el heroísmo- no queda más remedio que acudir de nuevo al lenguaje musical clásico, fundamentalmente el decimonónico, arquetipo indudable de la gran música.
El último ejemplo es el trabajo de Howard Shore para El Señor de los anillos, cuya tercera y última entrega acaba de ver la luz. Porque, como tantos otros compositores pasados y presentes que han puesto su mayor o menor talento al servicio del séptimo arte (Miklós Rózsa, Erich Korngold, John Williams, John Barry...), Shore ha utilizado en su partitura, con gran acierto y sin renunciar a su propia personalidad musical, la arquitectura y el lenguaje orquestal del romanticismo, en concreto el del gran sinfonismo germánico de la segunda mitad del siglo XIX -Liszt, Wagner, Bruckner, etc-.
Ojalá sirva esta notable aportación de Shore, merecedora sin duda del Oscar, para que quienes se sientan conmovidos por la música que acompaña la épica tolkieniana experimenten curiosidad por conocer las fuentes de las que ha manado. Y quizá así consigan sorprenderse al adentrarse en el inmenso y maravilloso mundo de la música de verdad.
Jesús Laínz

La Tierra Media vista por un hobbit del siglo XXI

Los hobbits tienen la reputación –entre los adultos de hoy- de ser los niños de la Tierra Media. Esto se debe a que no tienen un papel muy importante en el mundo de Tolkien, y claro está a que son bajitos y en apariencia tiernos, insignificantes, comodones e incapaces de cosas importantes. Pero los hobbits, por muy pequeños que sean, son muy importantes en la historia del Anillo y eso llega a los chavales que disfrutan de la obra y les/nos hace pensar que aunque sean insignificantes pequeños y estén “al borde del ancho mundo” también pueden/podemos luchar porque cambien las cosa. Sin rendirse a la Oscuridad.
Un niño asiste a las películas de El Señor de los Anillos de una forma que no se aleja demasiado de lo que nos transmite el libro. No puede ser de otro modo: el bando de la Luz lucha para que reine el bien y no haya maldad. Enfrente, la Oscuridad crece donde triunfan el miedo, la ignorancia, la codicia y los “caminos fáciles”.
Los más jóvenes, al fin y al cabo, podemos entender esto muy bien, aunque no hayamos leído hasta hace poco los libros de Tolkien, y aunque no sepamos dónde se inspiró él. El honor de Boromir –que vence pese a la tentación de la Oscuridad-, la abnegación de Aragorn y amistad entre Legolas y Gimli -que florece en una lucha sin esperanza- son algo fácil de comprender incluso en el patio de un Instituto. Son principios que llegan a nosotros  través de Tolkien y del cine, porque no es demasiado frecuente que se nos ofrezcan.
Nunca se es demasiado pequeño para entenderlo. No importa que los hobbits sean las criaturas mas pequeñas y más insignificantes, pues tienen un valor inimaginable. Es Frodo quien lleva la carga del anillo y Sam quien siempre está a su lado, y aunque se encontraban en las peores situaciones no se lo pensaban dos veces ni tampoco pensaban en su beneficio. Siempre miraban hacia delante, como tal vez el más forzudo y barbudo guerrero no habría conseguido hacer. Además de la fuerza física, está la fuerza que cada uno lleve dentro, y eso es verdad aunque la programación de mi E.S.O. tenga más en cuenta otros valores.
Pippin y Merry podían haberse vuelto a la Comarca y vivir en paz sin que nadie les molestase. No piensan en ellos mismos y siguen luchando y gracias a sus esperanzas los ents luchan en Isengard y dan un gran paso en contra de Sauron.
Aunque el libro no es fácil de leer para un niño merece la pena. Yo encuentro triste, en cambio, que haya jóvenes que no hayan leído el libro y hayan ido a ver la película haciéndose unas ideas falsas de lo que representa El Señor de los Anillos. Por ejemplo el amor entre Aragorn y Arwen, que no es esencial en la acción del libro pero que en la película tiene mucha importancia. Jackson, que ha hecho una película muy buena, ha tenido que pensar en esa inmensa mayoría de espectadores que (aún) no ha leído el libro, y sobre todo en la parte de la juventud que normalmente no lo leería y apreciaría. No es que disguste ver más a Lyv Tailer, pero lo mejor de la trilogía tolkieniana es todo lo que hay en ella de tolkieniano, la épica, las batallas, los héroes, la pasión, la fe y la victoria sobre la debilidad humana. Jackson & Tolkien nos han abierto una puerta a todo un mundo, mucho más importante que las armaduras, que los efectos especiales y que los millones gastados en el rodaje. Espero que se ruede finalmente El Hobbit y se complete el proyecto, pero lo que es seguro es que gracias a esta oportunidad hay muchos más chicos dispuestos a ser hobbits.

Jaime Fontaneda Calzada, 2º E.S.O.

Esperando al rey que retornará

La avalancha de naves espaciales, mutantes y psicópatas asesinos que pululan por el cine actual tiene el nefasto cometido de aislarnos respecto de los relatos que conforman nuestra propia tradición y que nos ubican a todos en un determinado contexto cultural.
Se debe a eso que el estreno de “El retorno del rey” evoca precisamente una tendencia contraria. Bajo el título épico late con fuerza el eterno arquetipo de la Restauración en el origen. Se trata de un mito; un mito “oscurantista y opaco”, que diría Gustavo Bueno, pero lleno de luz para los que hace tiempo que no confiamos en esa racionalidad en apariencia omnipotente. El mito del retorno del rey, la esperanza en el rey que ha de volver, es algo común a todas las civilizaciones que a hombros de la religión han intentado elevarse sobre el materialismo puro. Así, el rey es el símbolo de luz que baja a la Tierra para acabar con las potencias del caos. En la tradición hindú, el Kalki Avatara, encarnación providencial de Dios, restablece de nuevo el orden perdido. Para el Islam, es el Mahdí y para el budismo el Buda Maytrey, quienes devuelven la claridad a la época oscura.
Nosotros, dentro de la tradición europea y cristiana que nos ha formado y dentro de la cual muchos nos sentimos propiamente “en casa”, la Parusía de Cristo –su segunda venida- es la idea más arquetípica del retorno de Rey que, sin embargo, late también en otros mitos como Lohengrin, el Sebastianismo o el emperador Barbarroja. En la historia de Lohengrin, bellísimamente representada en el drama wagneriano y hoy mancillada por el escenógrafo semidelictivo Harry Kupfer, la injusticia de la acusación de fratricidio que pesa sobre Elsa de Brabante es dirimida por un personaje de origen divino que irrumpe en la escena, procedente del reino del Graal, a bordo de una barca tirada por un cisne.  Para la nación portuguesa, el rey don Sebastián, encarnación del caballero cristiano, no ha muerto a orillas del río Mezajen, en el campo de batalla de Alcazarquivir, sino que vive oculto y espera su momento para retomar los más altos destinos de su pueblo. Tampoco el emperador Federico Barbarroja ha muerto en las cruzadas, solo duerme en la montaña Kyffhauser, en los bosques de Turingia, y volverá con sus caballeros al final de los tiempos para combatir al Anticristo; según otra versión es su nieto –Federico II- quien reposa en el seno del Etna esperando la hora de su despertar.
Todas estas historias son diferentes versiones de la irrupción de las potencias de la luz en plena era de tinieblas, a fin de restablecer un orden perdido. La misma nación española se cimienta, durante la Reconquista, sobre la idea motor de “la España perdida”, anhelada por todo el pueblo cristiano y defendida en los campos de batalla durante ocho siglos. Una idea que arranca de lo sucedido en el Santuario de Covandonga. En relación con esto hay varias versiones, unas afirman que Pelayo vio en el cielo una cruz rodeada de luz con las palabras "In hoc signo vincitur inimicus" (se vence al enemigo con el signo de la cruz), mientras que otras afirman que Pelayo llegó a la Cueva del Auseva persiguiendo a un malhechor y que un ermitaño que cuidaba con veneración una imagen rústica de la Virgen, le dijo que invocara la protección divina de la Virgen para lograr el triunfo de las armas cristianas. Como reza un monolito en la misma Covadonga "aquí en el monte Auseva, morada inmemorial de la Virgen, renació la España de Cristo con la gran victoria de Pelayo y de sus fieles sobre los enemigos de la Cruz". Siempre es la misma idea: Dios reconduciendo los destinos humanos bien directamente o bien a través de un instrumento providencial.
En paralelo con la más antigua tradición europea y cristiana, desde lo más genuino de la “sophia peremnis”, la obra de Tolkien, con sólidos fundamentos religiosos, describe una tierra sumergida en las tinieblas, cuya salvación depende de dos personajes de apariencia humilde pero interiormente gigantescos, unos personajes que pese a sus limitaciones se empeñan en seguir la senda del Bien y de la Verdad. Que esta obra nos sirva, en esta época oscura, sin certezas y con tantas sombras, para renovar la esperanza, para aguardar vigilantes el Retorno del Rey.
Eduardo Arroyo
E. Segura y G. Peris, eds., Tolkien o la fuerza del mito. La Tierra Media en perspectiva. Libroslibres, Madrid, 2003, 268 p.. ISBN 84-96088-08-1
Todo lo que J.R.R. Tolkien escribió en vida ha sido publicado; incluso lo que no escribió o lo que tal vez no deseó publicar, pero ese es otro tema distinto del que nos ocupa. Lo cierto es que la Tierra Media, su creador, su vida, su obra y sus ideas están hoy de moda, gracias en parte a la lectura de sus libros, pero gracias sobre todo a la proyección de la trilogía cinematográfica basada en El Señor de los Anillos.
Después de Tolkien, han surgido los tolkienólogos y los tolkienianos, y basta una exploración superficial en la red o en la librería de la esquina para comprender que todo lo que se publique de, sobre o en torno al ilustre oxoniense tiene lectores y ventas garantizados. Y además han surgido las interpretaciones más o menos autorizadas del fenómeno, lo que no deja de ser curioso tanto si se considera el carácter del autor como la naturaleza íntima de su obra épica.
Eduardo Segura y Guillermo Peris son parte de esta gran e imparable corriente. Su obra, oportunamente editada en vísperas del estreno de la tercera parte de la obra de Peter Jackson, no es sin embargo un artículo para todos los públicos, sino un intento serio, aunque plural y diverso, de adentrarse en las intenciones de Tolkien como narrador y en las connotaciones sociales y culturales de su “mundo secundario”.
Este concepto, el de mundo secundario, recorre los artículos que componen el libro, que en realidad son ponencias de un congreso celebrado hace once años, con motivo del centenario de Tolkien, a los que se han añadido dos más. Mundo secundario y mito, en realidad, son dos aspectos complementarios, tanto desde el punto de vista académico como en la narración de Tolkien. Cierto es que Tolkien partió de las lenguas y de su entorno como creador de este nuevo/viejo mundo, pero no menos cierto es que pronto asumió –mucho antes de publicar El Señor de los Anillos- que su Tierra Media tendría una interacción con nuestro mundo moderno.
Es interesante comprobar –con Thomas Shippey- en qué contexto histórico y cultural escribió y vivió Tolkien (con las naturales consecuencias narrativas), o de qué manera retomó la tradición romántica decimonónica, que según Chris Seeman precisamente gracias a él va a entrar viva en el siglo XXI. Sin embargo, lo radicalmente novedoso, positivo y apasionante del libro de Segura y Peris es la convicción, iluminada desde ángulos muy diversos, de que hay de un modo sublime en Tolkien una nueva y vieja ética, un nuevo pero eterno modo de entender la vida y el mundo, que está “profundamente enraizado en la cultura autóctona” (europea), en palabras de Patrick Curry.
El mito ha sido objeto de descrédito, de mofa y de disección desde que la parte occidental de Europa eligió el materialismo y el individualismo progresista como filosofía de vida. Sin embargo el mito no es más que una manera de transmitir conocimiento y de conocer, tan aceptable y tan falible como la razón o la experiencia directa, y con la ventaja añadida de permitir el legado cultural de principios y verdades intemporales. Un mito no es rechazable por ser mito, sino por transmitir valores negativos; y de hecho el mito es parte inevitable de la conciencia individual y comunitaria de los hombres, incluso de aquellos que se presumen inmunes a él. Como citaba hace unas décadas Adriano Romualdi –en cuyo entorno se produjo uno de los redescubrimientos de J.R.R. Tolkien- el mito “es el sentido de lo infinito que arde en el interior del hombre”.
La obra de Tolkien es voluntariamente mitopoyética, porque retoma los viejos materiales míticos europeos, incluyendo no pocas constantes religiosas, y los vuelca en un continente moderno, contemporáneo, asumible desde la crisis de la postmodernidad. Es lógico que una parte creciente de la juventud vuelva sus ojos a Tolkien en busca de las respuestas que el mundo hoy no da. Y el libro de LibrosLibres ayuda a entender qué se va a hallar en Tolkien, por qué se acumula allí ese depósito precioso de sanos principios y adónde puede llevar todo esto a nuestra cultura.
Pascual Tamburri

La derecha norteamericana como ejemplo para la española (II)

En la primera parte de esta colaboración mostramos las respuestas que la derecha norteamericana ha venido dando a la permanente propaganda de las izquierdas, es decir las tendencias que se agrupan como enemigas del liberalismo conservador. El caso de la nominación y confirmación del Juez Samuel Alito sirvió en la anterior entrega como paradigma revelador al respecto. No existe mejor ejemplo para comprobar la aspereza moral de esas izquierdas que el teatrillo montado en estas audiencias judiciales contra Samuel Alito por parte de los senadores del Partido Demócrata presentes en el Comité Judicial para la confirmación.
 
El lector interesado podrá leer por su cuenta las formulaciones y preguntas de senadores de la izquierda en el Partido Demócrata como Ted Kennedy, Joe Biden, Chuck Schumer, Dianne Feinstein o Pat Leahy. Cada vez que alguno de estos senadores, presionados por el activismo que los arropa y financia, lanzaba preguntas sobre temas judiciales, Samuel Alito respondía con el conocimiento propio de un juez de prestigio y con la elegancia de un conocedor de la Constitución. Su arrollador y notable conocimiento de la jurisprudencia probó una y otra vez que las negativas calificaciones y los ataques contra su persona y su papel como Juez Federal de Apelaciones resultaban tan maliciosos como infundados. Se trataba de la repetición de la historia con las audiencias del Juez John Roberts el pasado otoño.
 
La actitud de los senadores del Partido Demócrata –los amigos de John F. Kerry a quien José Luis Rodríguez Zapatero apuntó erróneamente como su favorito en las elecciones presidenciales de 2004- revelaba una vez más la enorme falta de ideas y de tacto en el ala más a la izquierda del Partido Demócrata. Para decirlo más claro, estas audiencias, unidas a otros asuntos con los que hemos abierto el 2006, está mostrando a la ciudadanía norteamericana que la izquierda se derrumba cada vez que entra en la batalla de las ideas.
 
Por todo lo que vamos contemplando en la vida política norteamericana, faro y guía de las políticas democráticas occidentales, sería deseable que los senadores y diputados de la derecha española tomaran buena nota de todo esto y que aprendieran a sistematizar un pensamiento verdaderamente ubicado en el liberalismo conservador. Al hilo con las situaciones que vive ahora nuestra España y como respuesta permanente a las falsas alegaciones de las izquierdas, hora es ya de avanzar en esa dirección.
 
En esta segunda parte de  nuestra colaboración haremos énfasis en este particular como invitación a la derecha política española a movilizarse y generar verdadera oposición. Porque cada vez que la derecha ha hecho eso, cada vez que el liberalismo conservador ha hablado claro y ha mostrado sus argumentos se ha evidenciado una claridad de ideas muy superior al desbarajuste de las izquierdas y los secesionismos antiespañoles.
 
Hacia una derecha liberal-conservadora sin empachos
 
Lamentablemente en España nos hemos acostumbrado a escuchar las mismas argumentaciones y frases demagógicas repetidas hasta la saciedad por el socialismo y el comunismo pasando por sus variantes independentistas y los supuestos partidos nacionalistas (mal llamados de “derechas” o “conservadores”) que sobreviven sobre la música anticonstitucional e ilegal del separatismo. A excepción de algunos valientes medios de comunicación, algunos tanques de ideas como GEES y un grupo de comentaristas políticos y periodistas de opinión, el dominio mediático está en las izquierdas gracias al despiste en materia de medios de comunicación de la acomplejada derecha.
 
Va siendo hora, por tanto, de que España y sus políticos de la derecha despierten de ese letargo y se unan a su amplia base social de votantes para llevar a cabo una seria estrategia de acción política, claridad de ideas y respuestas contundentes y menos ambivalentes. Cuando los políticos de la derecha española lo han hecho así, cuando hemos oído y visto a la derecha hablar claro y sin complejos, los resultados han sido claros y la respuesta ciudadana ejemplar. En realidad, la  historia moderna y contemporánea de España es la de la general ausencia de políticos de talla, pero también la de un pueblo español que se siente primero español y después todo lo demás. Cuando a ese pueblo lo pretende raptar un grupo de políticos mediocres, los resultados son los que ahora estamos viviendo.
 
Por eso insistimos en que la derecha política debe reflexionar y moverse adelante, entusiasmar a la ciudadanía y hablar sin lindezas sobre la base de argumentos. El caso judicial norteamericana que expusimos líneas atrás y la contundencia de la respuesta de la derecha norteamericana nos lleva a pensar en la fuerza de los argumentos de la derecha constitucional frente a los actuales hechos judiciales en España y el reciente auto del Juez Fernando Grande Marlaska haciendo frente al terrorismo. Por eso escribimos que la derecha tiene la obligación en España de hablar más claro y representar bien el ideario de su amplia base social. Cuando lo hace, gana.
 
La izquierda norteamericana, como la española, está llena de personajes que jamás pueden ser ejemplo y modelo ni de nada ni de nadie. Más allá de las cuestiones personales –contrastables por el interesado en las hemerotecas y aun en libros y artículos sobre el tema, desde los turbios episodios del senador Ted Kennedy a la X de Felipe González hasta llegar a las minorías independentistas que ahora controlan La Moncloa- lo que se desprende de todo esto es que estamos asistiendo a la desmitificación del libreto de las izquierdas, un libro intelectualmente exhausto.
 
En España estamos convencidos de que el libreto es todavía mucho peor que en el caso norteamericano, porque cualquiera de los políticos de las izquierdas españolas es una absoluta ruina intelectual al lado de los senadores demócratas norteamericanos, incluso de los peores de la nómina. Al menos estos últimos tienen unas pruebas y una historia política que pasar para alcanzar un puesto en la política, particularmente en el Senado. En España, cualquier comadre ocupa escaños y asientos en acción culiparlante como muestra el mismo actual Presidente del Gobierno Español y el equipo que lo rodea.
 
El silencio de estos pasados años del actual jefe de Gobierno en España durante los años de la corrupción, el saqueo de los fondos reservados, Filesa y otros varios escándalos son significativos del verdadero talante de las izquierdas actuales en España. No hace falta que entremos en la cuestión de la preparación y curriculum de nuestros políticos. Hacerlo incluiría también a algunos figurones de la derecha, que no faltan en España. Por eso resulta tan importante sanear nuestra clase política española y salir adelante con lo mejor que hay y a través de ideas claras. Digamoslo claro: si la derecha quiere ganar las próximas elecciones y evitar la quiebra definitiva de España debe actuar desde ahora mismo.
 
Insistimos que el saneamiento de la clase política española no se limita únicamente a los partidos de la izquierda: los del nacionalsocialismo, el comunismo, el independentismo anticonstitucional y otras matracas remuneradas con el erario público español-. El saneamiento pasa por prescindir de una amplia turba de mediocres políticos ubicados en las acequias y lindes del seno mismo del Partido Popular. El reciente caso del senador popular por Melilla y sus nefastas declaraciones resultan por sí mismas razón para cesarlo. No basta que Angel Acebes, el secretario general del partido de la derecha española, lo desautorice. Falta que lo expulsen directamente del partido y lo sustituyan por otra persona más competente. Dicho de otro modo, la derecha debe cortar de raíz la política barata y chulesca, las declaraciones demagógicas y pendencieras.
 
Estamos convencidos también de que entrar en la dinámica propagandística de las izquierdas es fallar en el análisis de la situación e involucrarse en peleas dialécticas que favorecen siempre a las izquierdas al poseer éstas a día de hoy la inmensa mayoría de los medios de comunicación en España. La derecha tiene suficientes argumentos e ideas para desmontar la falsificación de la realidad que Zapatero y sus aliados están planteando en la España de hoy. Para eso, hace falta ideas, reclutar gentes con compromiso, jóvenes emprendedores que desean colaborar para una España mejor. Para eso no sirven tampoco los cuatro nenes de camisa y caballito, como servidor presenció este verano en un supuesto encuentro de Nuevas Generaciones.
 
La nueva generación real de la derecha española pasa por la creación de fundamentos e ideas, conocimiento de la historia política, pasa por leer a los grandes propulsores de la derecha liberal y conservadora. Y pasa, sobre todo, por la creación de un movimiento que entusiasme a la ciudadanía y que genere la búsqueda honesta de fuentes económicas para poder aumentar y producir más y mejores tanques de pensamiento –ampliar los existentes- y establecer nuevos y variados medios de comunicación en la derecha española.
 
En otro lugar hemos escrito ya que cuando el ideario liberal-conservador más avanza y más se fortalece y adelanta es precisamente cuando más claro habla y cuando presenta sin complejos sus ideas, sin medias tintas ni miedo al qué dirán. La supuesta “moderación”, el mal llamado “centrismo”, el “reformismo” casi arrepentido y toda esa bagatela de eufemismos mediadores con las izquierdas delatan un complejo innato en la derecha española-. Algunos de sus políticos de medio pelo parecen ruborizarse y ponerse nerviosos ante cualquier insinuación de las izquierdas al acusarlos, cuando menos, de “fascistas”, “franquistas” y otras mil injurias hechas ya partitura en el desafinada y archisabida opereta de las izquierdas.
 
El reciente caso de las palabras en Bruselas del eurodiputado socialista Yáñez contra la COPE es un caso paradigmático que debería servirle a la derecha para ver el nivel intelectual de sus oponentes políticos. Por eso hay que insistir en la tesis que sostienen estas páginas: que la derecha española debe tomar ejemplo de una vez de las estrategias e ideas de la derecha norteamericana.
 
En primer lugar, la derecha norteamericana no tiene ningún empacho en denominarse de derechas, o sea, liberal y “conservadora”. Sí, es el Partido Republicano donde sus miembros se consideran “republicanos” pero sobre todo “conservadores”. Es un conservadurismo equivalente a lo que nosotros denominamos pare España “liberalismo conservador”, o sea conservar una tradición, una cultura y unas formas de vida dentro del necesario progreso y avance de la humanidad. El lector observará la importancia del verbo conservar. La derecha norteamericana desea conservar su nación norteamericana, no elaborar una quimera a modo de nación de naciones. También la derecha norteamericana busca conservar la libertad individual, la de cada ciudadano, no una libertad impuesta por un Gran Gobierno omnipresente.
 
La derecha norteamericana anhela también conservar su Constitución y reformarla sólo cuando la ciudadanía lo reclame verdaderamente y cuando sea legítima y legalmente apropiado. En esa conservación de la Constitución, los norteamericanos parece que saben bastante más que los españoles, al menos al decir del número comparativo de constituciones usadas en la historia de uno y de otro país. Sigamos. La derecha norteamericana busca también conservar sus tradiciones y su herencia, o sea las de la tradición judeo-cristiana en una apertura a todas las culturas y creencias pero que nunca olvida la raíz occidental del fundamento de su identidad nacional. La derecha norteamericana desea asimismo conservar los valores familiares tradicionales, los del hombre y la mujer como núcleo de la familia. Quiere también conservar la idea del trabajo y la perspectiva del éxito personal y el derecho de todo ciudadano a buscar la felicidad sin imposiciones ni injustas restricciones gubernamentales.
 
Hay más. La derecha norteamericana desea también conservar la igualdad de oportunidades para todos y no el igualitarismo falseado bajo el proteccionismo de un Estado controlador y todopoderoso. La derecha norteamericana busca conservar la seguridad del individuo y la ciudadanía mediante la defensa de los valores constitucionales y la lucha sin cuartel contra los enemigos de EEUU, más allá del cobarde apaciguamiento ante los terroristas. En todo ello y para todo ello, la derecha norteamericana no se esconde y sus políticos tampoco haciendo frente continuamente a la carroña que llega día sí y noche también desde el antiamericanismo internacional y las izquierdas babeantes.
 
Es de este modo, bajo el impulso de un ideario claro que no se tambalea, el modo en que la derecha norteamericana sigue ganando una a una casi todas las elecciones que se han ido dando en los últimos años. Así es como la derecha norteamericana ha ganado siete de las últimas diez elecciones presidenciales. Y así es como desde la fortaleza y claridad de ideas de un Ronald Reagan, la derecha liberal-conservadora sigue moviendo adelante sus ideas. Los políticos de la derecha estadounidense se preparan, estudian, se rodean de equipos de asesoramiento con ideas y talento, cuentan y apoyan a los centros y tanques de ideas que en su mismo pensamiento conservador van dando valoraciones de la situación que favorece el debate de las ideas y la búsqueda de soluciones.
 
Por eso, cada vez que políticos como Howard Dean –el líder de la campaña electoral del Partido Demócrata- o senadores izquierdistas como Ted Kennedy entran en el debate político salen escaldados porque sus argumentos fracasan ante el bagaje intelectual que el ideario de la derecha ha ido perfilando desde hace ya varios años. Tal ha sido el caso del tal Ted Kennedy al enfrentarse al Juez Samuel Alito en estos días de audiencia judicial, según mostramos anteriormente. ¿Debe o no tomar ejemplo la derecha española? En la politización del sistema judicial –que vimos en el caso Alito-, los españoles tienen gran experiencia debido a un sistema democrático que debe ser reformado en varios aspectos, desde la configuración de los tribunales judiciales en España a la cuestión de la Ley Electoral Española que premia a las minorías en perjuicio de las mayorías.
 
Reconozcamos que cada vez que la izquierda en EEUU ha atacado a la derecha en la persona misma del Presidente Bush ha salido escaldada porque la respuesta conservadora no se ha dejado esperar. Se debe esto a que en la vida norteamericana la derecha no se ha acomplejado nunca sino que ha ido creando unas bases y unos fundamentos ideológicos bien enraizados y fundamentados en el respeto a la Constitución y a las libertades. La izquierda busca mostrar lo contrario y cada vez que lo intenta falla estrepitosamente, pese a los apoyos internacionales y los gobiernos errantes como el de la actual España socialista.
 
Pensemos que en los últimos meses a Bush se le ha atacado de mil formas y maneras: con papeles falsificados sobre su servicio militar, con mentirosas acusaciones de ejemplares del Corán lanzados a un retrete en el Ejército, con el intento de hacer de Abu Ghraib un símbolo de la política norteamericana, con las falsas acusaciones sobre Guantánamo, con el Tratado de Kyoto, con Irak, con el escándalo del “lobby” Abramoff, con la supuesta espía Valerie Plame, con las escuchas “ilegales”, con las cárceles secretas de la CIA y los vuelos… Luego con la nominación de John Roberts y ahora con Samuel Alito… Así hasta hoy. Tanto acoso generó, sin duda, un descenso de popularidad del Presidente, normal en EEUU en todas las segundas legislaturas, pero un descenso que ya no es tal con la nueva subida en sus números de aceptación del Presidente y el progreso que es obvio no sólo en lo económico sino también en lo geopolítico.
 
Ninguno de esos casos, ninguno de esos ataques ha hecho doblegarse a la derecha norteamericana ni a la mayoría de sus líderes políticos. Cada vez que la derecha se ha decidido a responder ha acabado venciendo ante las acusaciones. Podríamos ir uno por uno desgranando cada uno de esos ataques y cada vez la derecha ha sido capaz de poner en evidencia a la izquierda y mostrar el talante falso y ridículo de sus ataques. A final de cuentas, a la izquierda le importa poco o nada la seriedad o el rigor de las acusaciones. Simplemente atacan, acusan porque algo queda, quebrantan la presunción de inocencia y luego andan por ahí corriendo y berreando con la Declaración de los Derechos Humanos en la mano, la misma que ellos no respetan como ocurre en los lugares donde las izquierdas suelen gobernar, desde Pekín a La Habana pasando por Caracas... y ahora también ya en Madrid.
 
Esas son las izquierdas, las del cupo feminista y sus amigas que luego callan cuando a Condoleezza Rice la insulta un viejo e impresentable comunista ruso. Pero en EEUU la derecha se lo dice a la cara hasta sacar los colores de estos senadores “progres” que viven del pataleo y la confusión, de la financiación de la extrema izquierda y de bobos útiles como Jimmy Carter. La derecha española debe tomar ejemplo.
 
No resulta muy difícil plantar cara a esas izquierdas que sueñan siempre con subir los impuestos, con manipular a su gusto la judicatura y con organizar lo que se enseña en las universidades y en las escuelas, bajo el guiño de los mequetrefes de Hollywood, tan dados ahora a tildar de primitivo, rudimentario y homófobo al pueblo norteamericano al que le importa un rábano esa historia de amor de dos cowboys en Wyoming. Hablamos de la misma izquierda norteamericana que lleva usando el idéntico libreto durante varios años, del mismo Hollywood que David Victor Hanson ha equiparado con un auténtico terrorismo intelectual en línea con lo que nosotros también describimos aquí hace unas semanas al tratar de Hollywood como arma política.
 
En cualquier caso, la realidad es que las izquierdas sobreviven –tanto en España como en EEUU. Pero sobreviven sobre la premisa fundamental de que el ciudadano medio es idiota, estúpido, ignorante, desinformado, incapaz de saber qué es lo bueno para él, lo bueno para la sociedad y para su país. De ahí que el mensaje sea: nosotros, el Gran Gobierno, cuidamos a los ciudadanos, hacemos una gran infraestructura gubernamental y para eso necesitamos de dinero e impuestos salidos de los ciudadanos. La derecha, en cambio, debe apostar por su idea asentada de que cada ciudadano puede y debe ser lo mejor posible como decisión y mérito individual y jamás bajo los dictados de una banda de burócratas a sueldo público.
 
Para que todo eso ocurra, hace faltan individuos con fuerza, confianza, valor, individuos que se arriesguen a avanzar y a los que, bajo una economía libre y sin trabas, les llegue el premio lógico por sus esfuerzos. Mientras las derechas reales premian el esfuerzo y el trabajo, las izquierdas se convierten en proteccionistas y cercenan el esfuerzo individual y la búsqueda de prosperidad. El problema de la derecha española es que no explica ni repite nada de esto, como tampoco explica que el hecho de ser libres no viene por descontado, sino que la libertad hay que protegerla y cuidarla al calor de la Constitución y al calor de un Ejército de soldados listos para defender España y no reconvertidos en miembros de acciones “humanitarias”.
 
Como sobre la base de las ideas, las izquierdas no tienen argumentos contra el pensamiento liberal-conservador, su solución es el activismo judicial. Por eso tratamos y expusimos la importancia del caso Alito líneas atrás. Y vale recordar que se trata de la misma izquierda norteamericana que quiso dar al traste la confirmación de John Roberts y, antes, con el Juez Thomas –a este último sacándole la falsa historia de acoso sexual contra Anita Hill-. No extraña así que los paralelismos sean interesantes respecto a España. Piénsese por ejemplo cómo en nuestro país el gobierno socialista actual ignora e incumple la Constitución cuando y como le da la gana, manipula el Poder Judicial y altera la Justicia, según muestra el actual Fiscal General del Estado o algunos miembros del Consejo General del Poder Judicial, por dar sólo dos ejemplos. El resultado es que la izquierda, una vez más en la historia de España, acaba quebrantando la estabilidad y la unidad nacional.
 
Por todo cuanto decimos, la derecha española debe salir adelante con fuerza, con explicaciones bien diseñadas sobre la violación del articulado de esa Constitución. Debe mover montañas y acudir a su base social para movilizarla, crear ideas y hacer frente a la manipulación de la democracia española y de la Constitución nacional. Sin embargo, decepciona ver cómo buena parte de los representantes políticos de la derecha en el Partido Popular de Cataluña aparecen medianamente callados, comedidos, se acomplejan y apenas rechistan. Les falta hacer, insistimos, lo que desde hace varias décadas viene realizando la derecha norteamericana: salir al combate de las ideas.
 
En tiempos del presidente demócrata Franklin Delano Roosevelt, pocos habrían apostado por el éxito de la derecha norteamericana y sus valores. La permanente defensa del ideario liberal-conservador fue dando sus frutos. Cierto es que en 1964 la derecha norteamericana se vio decepcionada al no salir elegido como presidente su candidato Barry Goldwater. Lo mismo ocurrió en 1976 cuando Ronald Reagan tampoco fue elegido. Peor aún, la derecha perdió mucha credibilidad cuando Richard Nixon erró en el caso Watergate, el mismo sobre el que todavía vive el Partido Demócrata en la actualidad. La derecha reconoció sus errores y decidió mejorar sus planteamientos, hablar claro y directo sobre temas y hechos. Al final, tras patéticos años con Jimmy Carter y la vergüenza y humillación en el caso de los rehenes en Irán, la derecha y el pueblo norteamericano tuvo a Ronald Reagan.
 
Para llegar a eso, la derecha pensó, trabajó, peleó ideológicamente dejando claras sus ideas, sus creencias, el fondo constitutivo de su ser político, ese “ser de derechas” del que escribió Germán Yanke para el caso español. Desde diversos frentes, la derecha se metió en el debate político, en la batalla de las mentes y los corazones del pueblo norteamericano. Desde entonces hasta 1994 con el éxito electoral en las dos cámaras de gobierno en Washington. Luego llegó la presidencia de Bush y así hasta hoy. Al final, en el análisis y debate de los temas los días de las izquierdas estaban contados en EEUU y ahora la derecha va viendo ya los frutos de ese esfuerzo.
 
Pensemos por un momento en España lo que se podrá hacer cuando la derecha se dé cuenta, por fin, de que no puede seguir avergonzándose de su pasado. Precisamente porque su pasado histórico es mucho más brillante que el del golpismo de las izquierdas, a pesar de lo que se nos cuente desde la  reinvención socialista y separatista de la historia de España. El pueblo español, y no sólo su base social de la derecha, está falto de ideas claras, necesitado de menos burocracia y menos falsificación política. Al pueblo español hay que explicarle las mentiras del llamado “estado del bienestar”, lo negativo del proteccionismo económico gubernamental socialista, lo falaz de la manipulación de los sindicatos en la vida política, el error de la subida de impuestos, la falsa santificación de la sanidad pública universal, el control de los medios de comunicación, las empresas y los mercados, la falta de libertad en materia educativa, lingüística y legislativa.
 
Para explicar todo eso hace falta empezar de una vez por todas. Sobran políticos de medio pelo y se necesitan verdaderos representantes del pueblo con talento e ideas. En la derecha española hay algunos buenos políticos, pero sobran otros tantos que se han dormido ya en la comodidad de un cargo casi vitalicio. Hay voces interesantes que deben salir a la palestra y no seguir el guión de dirigentes que necesitan ser ya renovados porque han aportado poco o nada a la mejora de la España democrática. Cuesta escribir esto pero hay que hacerlo si realmente España quiere seguir siendo España.
 
El modo de hacerlo es crear nuevos votantes, mostrar y contrastar las realidades, la historia, los hechos, los números, como ya van haciendo algunos comentaristas, diarios y tanques de ideas en España. Por eso, cuando comprobamos la reciente historia de EEUU podemos verificar las enormes diferencias en la política que desarrolló Reagan respecto a Carter, o el mismo Bush respecto a Clinton. No se olvide que mucho de lo que hoy el mundo está sufriendo por obra del terrorismo procede de la mala política de un presidente demócrata –ligado a varios grupos del activismo de las izquierdas- más ocupado en las becarias que en solventar las amenazas a la libertad. Y en España, repasemos y comparemos a Aznar con González o con el mismo Zapatero. No hace falta ser un experto en política para observar dónde estaba España y donde está ahora como nación en el escenario y el concierto internacional.

Todo cuanto decimos sobre la situación actual de la política norteamericana, sobre los avances de la derecha y el paulatino fracaso de la izquierda en EEUU debería ser, a nuestro juicio, un ejemplo a tener muy en cuenta por la derecha española y su principal partido, el Partido Popular. En estos mismos días, Daniel Rodríguez Herrera exponía con claridad la necesidad de utilizar bien los recursos de internet para llevar a cabo la batalla de ideas. Explicaba cómo la derecha norteamericana había logrado que los militantes tuvieran ideas claras sobre el ideario de su partido y las maneras de ayudarlo.
 
Efectivamente, la derecha norteamericana, a través de su órgano, el Comité Nacional Republicano (RNC, “Republican National Committee”), aprovecha cualquier oportunidad para animar a su base electoral y generar entusiasmo. Se proponen y organizan incluso fiestas y encuentros voluntarios en las casas de los afiliados del Partido Republicano para ver al Presidente dar su discurso anual del Estado de la Unión, se favorece la creación de tales encuentros y fiestas, ideas y contactos desde lo local a lo estatal. Incluso se promueven reuniones abiertas de afiliados en restaurantes y grupos para animar a nuevos afiliados. Hay paquetes de ayuda pagados privadamente por el propio comité de la derecha política para la creación de esos encuentros y el impulso del ideario liberal-conservador.
 
Lo mismo cabe decir con la promoción de imágenes e informes para revitalizar los valores de la derecha liberal-conservadora, como el reciente vídeo en Tributo a Ronald Reagan al cumplirse en estos días veinticinco años de su primer juramento como Presidente en 1981. Tal es la democracia vivida y contemplada desde la raíz misma del pueblo norteamericano, de ahí que juzguemos que no resultaría muy difícil iniciar un esfuerzo en esa dirección por parte del Partido Popular.
 
En el caso español, todo esto parece una quimera porque ni los militantes ni los simpatizantes, ni los dirigentes de la derecha española tienen demasiado claro cuáles son sus objetivos y sus estrategias. La habilidad de movilizar a su base social ha sido en España siempre muy superior desde las izquierdas que desde las derechas. Aun así, la iniciativa para recoger firmas en favor de la libertad de expresión para la cadena COPE y las manifestaciones contra el terrorismo y en favor de la Constitución son prueba clara de que la base social de la derecha española está deseosa de un liderazgo claro y contundente.
 
En resumidas cuentas, el caso de las audiencias de confirmación del Juez Samuel Alito al Tribunal Supremo en el Comité Judicial del Senado es un ejemplo que nos ha servido para verificar la labor ideológica de la derecha norteamericana y que debe servir de reflexión para España. Por eso estamos convencidos de que la labor del ideario liberal-conservador norteamericano encarnado en el Partido Republicano debe ser un espejo en el que la derecha política española y el Partido Popular deben mirarse una y otra vez para avanzar. Hay que dejar claros algunos principios y elaborarlos en un verdadero programa. Se necesita hablar más de la fortaleza de España como nación y de la importancia de creer en la libertad y la responsabilidad individual. Hace falta insistir en la igualdad para todos, bajo una justicia equitativa, sin prejuicios de raza, sexo, religión o cualquier incapacidad.
 
Se requiere insistir la importancia del libre comercio, el fomento de la iniciativa individual como fuente de oportunidades, crecimiento económico y prosperidad. Lo mismo en cuanto a la defensa de un gobierno reducido y nada intervencionista, responsable fiscalmente pero que permita que el ciudadano conserve en su bolsillo la mayor cantidad posible del dinero que gana. Estas son algunas de las ideas que hace falta explicar y contrastar en España con lo que las izquierdas predican y luego hacen. Lo mismo decimos en cuanto a la defensa del fundamento liberal-conservador de que la función clave del gobierno es la de velar por la libertad y proporcionar la seguridad de los ciudadanos, así como ocuparse de proveer a los ciudadanos únicamente los servicios básicos que no son ofrecidos por los individuos o por las organizaciones privadas.
 
También la derecha española debe explicar que bajo la Constitución que une a todos los españoles, la nación que llamamos España debe buscar ideas innovadoras para enfrentarse a las dificultades del futuro, valorar y mantener nuestra fortaleza y orgullo nacional, al tiempo que luchamos por la libertad y la paz en el mundo. Y luchar por la paz significa defendernos de quienes nos atacan, incluidos los que quieren romper la nación y violentar la Constitución.  Podríamos seguir. Cerraremos aquí diciendo que se requerirá todavía de mucho tiempo, pero la labor hay que comenzarla inmediatamente, al menos antes de que no quede ya una España que gobernar.

 
 
Alberto Acereda es catedrático universitario, escritor y analista político, especialista en temas culturales transatlánticos.

Colaboraciones nº 778   |  2 de Febrero de 2006

La derecha norteamericana como ejemplo para la española (I)

En varios lugares hemos insinuado la importancia de que la derecha liberal-conservadora española tome buen ejemplo de la norteamericana. La trayectoria de ésta en el último medio siglo debería ser una necesaria hoja de ruta para la derecha española, siempre tan necesitada de sacudirse de sus fobias, su apatía y sus complejos. La encrucijada histórica que vive ahora mismo España como nación soberana bajo el desgobierno socialista de José Luís Rodríguez Zapatero y sus aliados separatistas requiere de una profunda y bien diseñada respuesta democrática.
 
La gran base social de la ciudadanía española que votó y sigue votando a la derecha constitucional, o sea a la que en buena parte encarna el Partido Popular, merece -cuando menos- una representación política sin medias tintas y una acción directa de oposición. Sobre las vías democráticas de todo Estado de Derecho, la derecha española a través del Partido Popular debe desafiar con ideas y respuestas claras el permanente desvarío en el que va cayendo la vida política española y la amenaza a la que se enfrenta España como nación y su Constitución como salvaguarda de las libertades y el Estado de Derecho.
 
El liberalismo conservador español está obligado a realizar una oposición directa, eficaz, con estrategias claras y con un objetivo fundamental: recobrar con ideas e iniciativas el gobierno de España en las próximas elecciones generales democráticas. Aquí pretendemos apuntar sólo algunas ideas de la actual realidad política norteamericana que quizá puedan servir de ejemplo a la derecha española sobre la imperiosa necesidad de iniciar con seriedad un proyecto claro, decisivo y con verdadera visión de futuro.
 
Entendemos que las realidades norteamericana y española son distintas y variadas, al igual que las leyes electorales y el proceso político de cada pais. Con todo, en ambos casos late una lucha entre los valores del ideario liberal-conservador y aquellos otros de las izquierdas, generalmente remozados y anunciados demagógicamente, pero opuestos siempre a la auténtica libertad individual y el progreso que proponen –en su raíz- las fórmulas del liberalismo conservador. Dicho de otro modo, los posicionamientos y respuestas de la derecha norteamericana sobre distintas áreas y asuntos de la vida política pueden ayudar a combatir  la demagogia de los partidos que atacan sus valores, en el caso español llámense socialistas, comunistas o nacional-separatistas.
 
En el fondo, las lacras y la maquinaria propagandística de las izquierdas adquieren similares esquemas y contenidos en distintas geografías, incluidos también los EEUU. El supuesto ideario político de las izquierdas en España –si es que de verdad existe tal ideario- puede y debe ser puesto en evidencia por parte de la derecha española, y todo ello en la arena del sano debate de las ideas y a través de los sólidos argumentos procedentes del liberalismo conservador.
 
El caso Samuel Alito
 
En el momento de escribir estas líneas hay un asunto judicial con el que se ha abierto el año político norteamericano que ilustra el camino que la derecha puede y debe tomar en España para avanzar su ideario. El caso ha recibido escasa atención en la prensa general y medios de comunicación europeos y españoles. Nos referimos a las actuales audiencias en el Senado y a la próxima confirmación del Juez Samuel Alito al Tribunal Supremo de los EEUU. Este particular sirve para entender con claridad los modos y maneras en que la derecha norteamericana es capaz de ganar la batalla de las ideas y contrarrestar el sempiterno sectarismo de las izquierdas y el activismo propagandístico de la desinformación.
 
Antes de entrar en los detalles del caso Alito, valoremos lo que 2006 supondrá políticamente para EEUU. Washington tendrá que hacer frente a varias cuestiones importantes, en especial la lucha contra el terrorismo internacional, aspecto que pasa por asentar la paz y la democracia en Afganistán, en Irak, en todo Oriente Medio y buena parte del mundo. La Guerra de Irak seguirá siendo objeto de ataques contra el Presidente Bush, a través de la sarta de acusaciones de supuestos espionajes ilegales, cárceles secretas y otros asuntos tan del gusto de la demagogia del Partido Demócrata y del antiamericanismo internacional.
 
Otro asunto clave es la amenaza nuclear de Irán a Israel y al mundo entero, área que exige también la urgente atención de Europa y de la comunidad internacional, incluida la ONU, si es que ésta quiere empezar a recobrar algo de credibilidad. Otro asunto fundamental será la cuestión de la inmigración y las ideas para solucionar un problema tan largo como urgente que no es exclusivo de un país concreto. Otra cuestión, aunque bastante menor en las prioridades norteamericanas, serán las relaciones que los EEUU deberán llevar a cabo ante la turba de líderes populistas y marxistas en Hispanoamérica.
 
Iniciamos, por tanto, un año que en la política estadounidense y para su gobierno de la derecha resulta importante como año electoral. En noviembre, los norteamericanos tendrán la oportunidad de elegir a muchos de sus representantes en las cámaras del Congreso y del Senado. A ello se unirán también otras varias elecciones locales y estatales de gobernadores, alcaldes y representantes. Las diversas campañas electorales de los diversos candidatos de la derecha norteamericana, su tratamiento de los variados temas y la aplicación de las estrategias deberían servir de ejemplo a nuestros políticos españoles en la derecha sobre cómo hacer frente a los viejos lemas de las izquierdas y cómo debatir sobre problemas y hechos concretos.
 
Comentemos el caso Alito como paradigma de cuanto decimos. El lector avisado sabrá de la importancia del Poder Judicial en todo sistema  democrático y de la necesidad de acabar con el activismo judicial. En el sistema norteamericano los magistrados del Tribunal Supremo de Justicia (un equivalente al español Tribunal Constitucional) son nominados por el Presidente de la nación y deben ser confirmados por el Senado en cargos vitalicios. La importancia de dicho Tribunal radica en ser el lugar supremo y más importante a la hora de definir la constitucionalidad de distintas decisiones judiciales en el ámbito de todo el país. Esos jueces tienen durante décadas gran influencia por sus decisiones, de ahí que resulte fundamental que los nueve miembros de dicho Tribunal se ajusten al verdadero sentido de la Constitución de los EEUU, base de la legalidad de ese país.
 
La derecha norteamericana lleva muchos años defendiendo con uñas y dientes su ideario e intentando asegurar que el poder de dicho Tribunal y sus decisiones vayan parejas a la Constitución: es decir, que la valoración de las distintas legislaciones que llegan al Tribunal se realice sobre la base del articulado constitucional y no sobre las opiniones y preferencias ideológicas de jueces particulares. Al final de la presidencia de Bill Clinton, y al decir de las decisiones del Tribunal Supremo, en EEUU existían cuatro jueces verdaderamente constitucionalistas, otros cuatro de talante activista y un noveno juez que rompía el equilibrio y acababa volcando la balanza a uno u otro lado.
 
Es por eso que, al tratarse de cargos vitalicios nombrados directamente por el Presidente y confirmados por el Senado, la elección presidencial de 2004 resultó tan importante para el futuro del Poder Judicial y la democracia norteamericana. Con la reelección de George W. Bush y tras la muerte del Juez Jefe Rehnquist –de talante constitucionalista-, el Presidente nombró al Juez John Roberts que fue confirmado tras varios días de sesión y audiencia por parte del Comité de Asuntos Judiciales del Senado. Su nominación generó ya desde la izquierda del Partido Demócrata y sus grupos de presión acusaciones permanentes sobre el talante “conservador” de dicho Juez. Con todo, y tras una demostración ejemplar de conocimiento y dominio de la legalidad y la Constitución, Roberts fue confirmado.
 
El pasado otoño y ante la jubilación voluntaria de la jueza Sandra Day O´Connor –la magistrada que precisamente venía siendo el voto que decidía la balanza- Bush se encontró ante la posibilidad de nombrar a una segunda persona para ocupar ese puesto. En medio de las críticas crecientes y presiones por la política de Bush, acosado por los medios de comunicación afines a la izquierda norteamericana, Bush nominó a la abogada Harriet Miers. La base social de la derecha norteamericana y los intelectuales conservadores mostraron abierta y diligentemente su desacuerdo ante tal nominación. Con argumentos convincentes, la derecha norteamericana mandó un mensaje muy claro a su presidente sobre el error de nominar a una abogada desconocida, con falta de experiencia como jueza y de no reconocida tendencia constitucionalista.
 
Bush se dio cuenta de su error y Harriet Miers acabó dimitiendo antes del inicio del proceso de confirmación. La batalla ideológica de la derecha liberal-conservadora norteamericana dio resultado. Tras varias décadas esperando la posibilidad de acabar con un Tribunal Supremo dominado por el fatal activismo judicial y por jueces escasamente constitucionalistas y severamente anticonservadores, los intelectuales de la derecha no dudaron en exponer en los medios de comunicación y en los centros de ideas  la vital importancia de nombrar a una persona de prestigio judicial, comprometido con la verdadera defensa de la Constitución.
 
Con acierto, Bush optó por nominar al Tribunal Supremo al Juez Samuel Alito, cuyas audiencias para la confirmación se están produciendo en el momento de escribir estas líneas y cuya confirmación tendrá lugar a final del mes de enero. Alito, de 55 años, es el nominado con mayor experiencia judicial y que ha sido ya durante quince años miembro del importante Tribunal Federal de Apelaciones del Tercer Distrito. La izquierda, enmarañada en su demagógica maquinaria propagandística se dedicó ha presentar a Alito como hostil a las mujeres, a las minorías, a los niños, al medio ambiente, a la naturaleza, a los animales. Al decir de los senadores del Partido Demócrata, obligados por el activismo de su base social más radicalizada, estábamos ante un auténtico ogro judicial.
 
No han faltado los activistas de la izquierda más radical iniciando campañas destructivas y atroces contra Alito. Esos llamados “defensores” de los derechos civiles, los sindicatos, varias organizaciones y otros grupúsculos antiliberales y anticonservadores afirmaron que en Alito había una filosofía ideológica estrecha que no tenía cabida en el más alto tribunal de EEUU. Manipulando el fondo de sus decisiones judiciales y alterando su currículum, acusaron a Alito de estar en contra de la idea de que todo ciudadano tiene derecho a un voto, de haber sido miembro de la Administración Reagan (como si eso fuera negativo…), así como de ser un racista que favorecía la discriminación racial. A Alito, hijo él mismo de emigrantes italianos, se le acusaba también de ser un gran opositor de los derechos de los trabajadores.
En suma, la izquierda y sus medios de comunicación afines pintaron a un nominado con opiniones personales diferentes a las de la mayoría de la sociedad norteamericana. En la permanente tergiversación de la realidad, se escarbó en la vida personal de Alito y en su pertenencia a una asociación de ex alumnos de la Universidad de Princeton. Falsamente se le acusó de oponerse a la admisión de mujeres y minorías en dicha universidad, así como de varias barbaridades encaminadas a mostrar a un hombre cuyo único interés era socavar los valores de libertad, imparcialidad y justicia. Alito, en fin, significaba el extremismo de derechas y por tanto, se presentaba como otra decisión errónea de Bush y la derecha, alguien que no debía acceder jamás al Tribunal Supremo.
 
En medio de todo ese ruido, las audiencias y las respuestas de Alito a las preguntas de los senadores del Partido Demócrata han ido aclarando las cosas y probando una a una la falsedad de tales acusaciones. Tanto es así que el Juez Alito fue recibiendo, uno tras otro, elogios y apoyos permanentes por parte de la inmensa mayoría de los expertos del sistema judicial norteamericano. En lugar de retroceder, y como es costumbre en todas las áreas de la vida política y la vida pública, la derecha norteamericana, sus analistas políticos, sus comentaristas, institutos y centros de pensamiento, así como algunos medios de comunicación lanzaron una batalla intelectual directa y contundente contra tales acusaciones y contra la izquierda norteamericana.
 
La batalla se inscribía sobre la base de hechos y realidades, no de demagogias ni fanfarronerías. El resultado es que Samuel Alito será confirmado en estos días, coincidiendo con el discurso presidencial del Estado de la Nación. Su confirmación será tan justa como injustos han sido los ataques desde la desesperada izquierda del Partido Demócrata y sus activismos de presión. Es así como Samuel Alito será el Juez número 110 del Tribunal Supremo de EEUU. Su confirmación es el resultado de la fuerza de la derecha conservadora para exigirle a su Presidente la dirección constitucionalista que debe tomar el más alto tribunal de la nación.
 
La confirmación de Alito constituye, en sí, la demostración de que sobre la razón de una necesaria batalla de ideas, la izquierda norteamericana tiene poco o nada que rebatirle a la derecha. La táctica no es otra que mostrar con datos, hechos y claridad los fundamentos que sostienen su ideología y las maneras en que esa ideología revierte en el bien y el progreso de la ciudadanía. En el capítulo judicial, la derecha norteamericana quiere jueces que respeten la Constitución; la izquierda prefiere el activismo judicial de jueces que lean e interpreten a su modo y voluntad esa Constitución. La derecha desea jueces que se centren en la órbita judicial; la izquierda anhela jueces que dicten sentencias desde presupuestos políticos, o sea confundiendo el fondo del Poder Judicial y politizando la labor de los jueces.
 
A la luz de este ejemplo judicial, es posible ver algunas realidades sobre el fracaso de las izquierdas en la arena de las ideas y cómo la derecha norteamericana, lejos de complejos y temores, es capaz de avanzar sus proyectos sobre la claridad de argumentos y la exposición detallada de asuntos e ideas. Según los enemigos de la derecha norteamericana, Alito –como antes los otros jueces nombrados por presidentes republicanos (Scalia, Thomas, Roberts) iban a destruir el “equilibrio” del Tribunal Supremo. Las minorías iban a perder su derecho al voto, Bush se convertiría en un dictador, la derecha era la extrema derecha asesina que aumentaría la pobreza, que permitiría que las niñas de diez años fueran desnudadas para buscar droga en sus genitales… y así barbaridad tras barbaridad.
 
El lector puede ver estas ideas en las declaraciones, preguntas, insinuaciones y escritos de la izquierda del Partido Demócrata y en su amenaza permanente de bloquear el proceso de confirmación con el llamado “filibuster”, o sea algo filibustero y pirata muy propio de las izquierdas políticas incluidas las de EEUU. Escribimos esto porque el mandato presidencial incluye este derecho del Presidente a nombrar al candidato que mejor considere, de ahí que la derecha norteamericana debió aceptar –aunque no le gustara- las dos nominaciones activistas y extremistas de Bill Clinton en los años noventa, una de ellas la de Ruth Bader Ginsburg, actual jueza del Tribunal Supremo de EEUU, cuyos escritos y posicionamientos resultan absolutamente radicales y heredados de su antigua presencia en sindicatos como la ACLU y en otros grupos del feminismo radical, siempre tan alejados del constitucionalismo.
 
No decimos –porque sería erróneo- que la izquierda en EEUU esté muerta. Si tras varias décadas de asalto a la libertad no ha muerto, dudamos que jamás lo haga. Pero sí puede hacérsele frente aclarando a la ciudadanía las permanentes falsedades y tergiversaciones que se venden como verdades incontestables. Es de esperar que el Partido Demócrata entre de nuevo en su sano juicio y deje atrás la turba de grupúsculos de presión y cabildeos que lo apoyan y presionan. Pero pensemos por un momento en las fallidas tácticas y argumentos de la izquierda norteamericana, puestas en la picota por la rectitud y claridad de ideas del ideario liberal-conservador. El caso Alito es un ejemplo a tener en cuenta.
 
La izquierda norteamericana, variante más suavizada de las otras izquierdas internacionales, revela siempre un idéntico modus operandi: la demonización del enemigo, la conversión de gentes honradas en personajes diabólicos. Thatcher, Reagan, Aznar, Bush… y ahora el mismo Juez Samuel Alito. Es la misma historia con el mismo libreto de destrucción. Eso es lo único que pueden hacer porque su ideario –si existe de verdad- es incapaz de competir intelectualmente con el ideario y la sólida base del liberalismo conservador de la derecha. De ahí surge la arrogancia y el mito creado sobre la mentira de que las izquierdas son intelectualmente superiores.
 
Por eso al Juez Alito, la izquierda le ha llamado veladamente mentiroso, racista, sexista, homófobo… y todo lo imaginable hasta el punto de que la misma esposa del nominado tuvo que salir llorando de la sala de audiencias en el Senado ante los improperios, malignas insinuaciones y ataques a la persona de su esposo por parte de los senadores demócratas, más pendientes de servir a su base radical de izquierdas que a la justicia. Frente a tanta tergiversación, Samuel Alito ha sido elogiado por varios jueces federales y, en ese sentido, fue ya confirmado unánimemente en dos ocasiones anteriores como Juez Federal por votación de todo el Senado.
 
La actitud de la izquierda estadounidense ahora –y particularmente de senadores como Kennedy, Schumer o Biden- confirma la desesperación en que está cayendo esa ideología. La razón no es otra que la batalla intelectual sobre las ideas que la derecha norteamericana viene dando todos los días sobre argumentos sólidos y obras comprobables. Para realizar esa batalla se echa mano de todos los medios legales posibles y de toda una base intelectual de ideas y pensamiento que ejemplifican muy bien varios medios de comunicación y centros independientes y privados. El último número de la revista Weekly Standard es un ejemplo de cuanto decimos, con magníficos artículos realizando un análisis riguroso sobre la cuestión judicial en torno al caso Alito. Lo mismo podemos decir de las páginas del Progress for America Voter Fund, donde se incluyen excelentes vídeos que, para cada caso y acusación, desmontan con ideas las falsedades suscritas por la izquierda.
 
El progresivo triunfo del ideario liberal-conservador en EEUU, mostrado por la claridad intelectual de la base social de la derecha norteamericana, va dejando claro que se recogen los frutos ideológicos en un país que se niega a aceptar los extremismos de unas izquierdas fatídicamente alejadas del espíritu y la letra de la Constitución. Al margen de las notables diferencias, los paralelismos con España resultan más obvios de lo que inicialmente pudiera parecer. De ese particular y de la aplicación del fondo de todo esto al caso español trataremos en nuestra próxima colaboración.


 
 
Alberto Acereda es catedrático universitario, escritor y analista político, especialista en temas culturales transatlánticos.
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Colaboraciones nº 767   |  25 de Enero de 2006